Disclaimer: Los personajes y todo lo que sea referente a los libros de C.S Lewis no son mios, ok?

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Uf! Demasiado tiempo para mi gusto n.n'

Pero por fin hay capítulo! :D

Espero que lo disfruten :)

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26- Pesadillas

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Lo que más odiaba de todo era el frío, no era como el frío normal de cada invierno, este frío le oprimía el pecho y penetraba en sus huesos como agujas, tenía una sensación horrible de que poco a poco su cuerpo se congelaría hasta convertirse en otra más de las estatuas de la bruja ¿Sería otra clase de magia que estaría usando en él? Lo habían encerrado en la misma celda en la que había estado cautivo años atrás, sabía que ella lo había hecho a propósito para hacerle recordar aquel momento y estaba dando resultado, imágenes surcaban su mente, el señor Tumnus, la bruja exigiendo saber dónde estaban sus hermanos, la culpa, el miedo… creyó que nunca más pisaría ese lugar, después de todo lo mal que lo había pasado, no tenía deseos de volver, pero ahí estaba, prisionero nuevamente. Encadenaron sus manos y lo colgaron en el centro de la celda como si fuera un jamón, sus pies apenas y tocaban el suelo y sus muñecas comenzaban a dolerle por el peso.

No sabía cuánto tiempo exactamente había pasado pero cada segundo le parecía una eternidad, el lugar estaba completamente en silencio a excepción de sus fuertes respiraciones. Se sentía avergonzado de sí mismo por haberse sentido tan débil, tan vulnerable ante la bruja, ella simplemente lo miró con burla disfrutando cada segundo de su sufrimiento, parecía que el desconcierto al verlo con vida ya lo había superado y ahora se deleitaba con verlo otra vez para asegurarse que se arrepintiera de "volver a la vida" cosa que por supuesto no había hecho pero claro que eso ella no lo sabía o al menos eso parecía, en cualquier caso, después de haberlo mandado a la celda no había vuelto a aparecer y eso para él estaba bien pero no sabía cuánto duraría. Por otra parte, la angustia lo comía por dentro, no sabía qué es lo que había pasado con sus hermanos, rogaba por que estuvieran bien, quería creer con todas sus fuerzas que Nar no había tenido éxito, que de alguna forma fue descubierto, pero él sólo podía esperar que así fuera, no podía hacer nada al respecto, debía pensar que estarían a salvo y que Aslan ayudaría.

Fue en ese momento que Jadis pensó que sería un buen momento para una visita, aún no había llegado hasta la celda pero Edmund sabía que era ella, podía reconocer sus pasos secos en cualquier lugar, no es que no tuviera pesadillas similares antes, pero al menos en las pesadillas podías despertar y convencerte que nada era real, que todo iba a estar bien, ahora al ver su mirada fría y su sonrisa altanera asomarse tras la puerta sabía que esta vez no despertaría de la pesadilla y la realidad sería mil veces peor.

- ¿Has disfrutado de tu estadía? -preguntó Jadis con burla al entrar en su celda, un enano negro la acompañaba sosteniendo un látigo entre sus manos. Edmund no respondió y se concentró en mantener la calma, preparado para lo que estaba por venir- ¿No sientes nostalgia en este lugar? -preguntó una vez más caminando lentamente en círculos alrededor de él- ¿Recuerdas que justo ahí… -sujetó su barbilla con su mano fría como el hielo y lo hizo girar la cabeza hacia la dirección que quería- estaba el fauno que delataste? ¿Cómo se llamaba? -hizo ademán de recordar- ah, claro, Tumnus ¿No es cierto? - una sonrisa se extendió por su cara- Luce muy bien en mi jardín, por cierto, una excelente estatua - Edmund reprimió un escalofrío cuando Jadis se acercó a él hasta estar cara a cara- Sabes Edmund-continuó ella mirándolo a los ojos, Edmund sintió muchos deseos de cerrarlos y apartarse lo más que pudiera de ella- hay algo que me intriga… -dijo ella tocando su pecho con un dedo- Estoy segura que te atravesé el corazón hace tres años en la mesa de piedra ¿Lo recuerdas? - él le sostuvo la mirada pero se negó a responder- Ahora dime -prosiguió comenzando a dar vueltas nuevamente en torno a él- ¿Qué clase de magia utilizaste para escaparte de la muerte? ¿Cómo es que sigues con vida? -Se detuvo frente a él esperando una respuesta. ¿Magia? ¿Ella creía que había hecho algo para revivir? Creyó que para estas alturas aquel mago que le servía le habría dicho algo, pero tal parecía que no y él no iba ser quien lo hiciera. La bruja al ver que no respondía mostró un débil signo de frustración que ocultó rápidamente con una falsa sonrisa.

- Respuesta equivocada -dijo calmadamente, en ese instante un dolor intenso le recorrió a Edmund por la espalda y dejó escapar un grito de dolor, el enano que la acompañaba se había puesto a espaldas de él y lo había golpeado con su látigo, respiró profundamente intentando no mostrar signos de dolor, la bruja lo miró deleitándose en su sufrimiento- Lo preguntaré una vez más… ¡¿Cómo-es-que-estas-vivo?! -esta vez no se molestó en ocultar su ira. Edmund no iba a dejarse amedrentar por ella y reuniendo todo el coraje la encaró.

- Porque tú nunca ganarás -le espetó con desafío. Jadis se rio ante su respuesta.

- Sigues siendo el mismo niño ingenuo de siempre -se burló- ¿No lo has notado todavía, Edmund? ¡Ya he ganado! Para este momento tus hermanos ya deben estar todos muertos y el mismo destino te aguarda si no me dices lo que necesito saber.

- ¡Ellos no están muertos! -gritó Edmund seguro- ¡Aslan no dejará que Nar les haga daño!

Nuevamente el dolor surcó por su espalda, pero esta vez cerró fuertemente la boca para no gritar de dolor.

- Mira a tu alrededor, Edmund -le espetó la bruja- Ese león no está aquí, los abandonó a todos después de su miserable derrota ¿Crees que en verdad volvería para ayudarlos? Ese cobarde hizo lo más inteligente que pudo, huyó como un gato asustado y dejó a todos aquellos a los que decía amar morirse en este lugar.

- Eso no es verdad -le aseguró Edmund- Él volverá para derrotarte.

La bruja intentó no demostrarlo pero Edmund sabía que en el fondo temía que eso pasara y estaba seguro que sería muy pronto, aunque él no llegara a verlo sabía que Aslan no los abandonaría, nunca lo haría. Jadis dio media vuelta y se retiró del lugar con una última frase.

- Procura no matarlo todavía, Varick.

El enano no respondió pero después de unos segundos el dolor atravesó su espalda nuevamente.

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Despertó en penumbras, la única luz provenía a través de las rejillas de la puerta, no sabía cuánto tiempo había pasado desde que se desmayó la última vez, pero seguramente sería la madrugada del quinto día, se sentía débil y adolorido, durante ese tiempo sólo había visto a Jadis dos veces más y en ambos interrogatorios al negarse a responder había recibido varios latigazos, estaba cansado de estar colgado todo el tiempo y las pocas veces que le permitían descansar aunque sea por poco tiempo era para comer lo cual no era gran cosa, un pan duro y un vaso de agua. Cada día que pasaba era una agonía, se preguntaba si conseguiría salir de esta, no sabía de sus hermanos, no había ninguna forma de escapar, no sabía que más hacer, sólo podía resistir, esperar a que un milagro sucediera, todos los días rogaba porque Aslan lo ayudara, que alguien lo sacara de ese lugar. No sabía cuánto tiempo tenía antes de que la bruja se hartara de él y decidiera matarle.

Pero lo que más lo torturaba del encierro además del horrible silencio eran las pesadillas, pero estas eran diferentes, no eran como las que solía tener siempre con la Bruja Blanca al acecho, en estas veía a sus hermanos, pero a los de su verdadero tiempo, no sabía cuánto había pasado desde la última vez que los vio, debían ser meses. En sus sueños los veía destruidos, llorando por su desaparición, otras veces veía a Peter buscándolo por toda clase de lugares, llamándolo, pidiéndole perdón por su última discusión, le partía el corazón verlos así, deseaba poder decirles que estaba bien, aunque en teoría en la situación que se encontraba actualmente no podía clasificarse como tal, con al menos que supieran que seguía con vida le sería suficiente, pero cada vez que intentaba hablarles que intentaba acercarse a ellos, desaparecían o aparecían cada vez más lejos de él, sentía como si los estuviera perdiendo de verdad. Despertaba agitado y con un sudor frío en su cuerpo, después de eso pasaba horas preguntándose qué sería de sus hermanos, de los de su tiempo y los del actual, el encierro lo estaba matando ¿Cuánto más podría resistir antes de perder la cabeza?

Escuchó un ruido proveniente del pasillo y sus sentidos se alertaron, pasos rápidos y ligeros se acercaban a su celda y una sombra bloqueó la luz que pasaba entre las rejillas, la puerta se abrió y un hombre encapuchado entró mirando tras de sí cómo si cuidara que nadie lo viera. Emparejó la perta y se encaró a Edmund retirándose la capucha de la cabeza.

Aunque Edmund jamás lo había visto en su vida sabía de quién se trataba, aquel hombre que causó todo este lío en primer lugar, aquel que alteró el tiempo y cambió la historia, el mago que vino desde su tiempo para conseguir que la Bruja siguiera gobernando Narnia sepultándola en la nieve. Era un hombre mayor, con varias canas sobre su cabeza, los ojos redondos y negros, una sonrisa torcida y unas arrugas que resaltaban su ceño fruncido, en su mano llevaba su bastón que brillaba con un débil resplandor.

- ¿Me recuerdas verdad? -preguntó el mago con seriedad.

- ¿Cómo podría olvidarte? Si destrozaste la vida de mis hermanos -le espetó Edmund con rencor, si sus manos no estuvieran atadas le hubiera dado un golpe en la cara. El mago ignoró el comentario y se acercó amenazante.

- ¿Cómo llegaste hasta aquí? -le preguntó visiblemente alterado.

- De la misma forma que tú -respondió sin inmutarse.

- ¡Eso es imposible! ¿Cómo podrías haber sabido…?

- No lo hice. Te seguí hasta la cueva y llegué aquí por accidente-le dijo, no veía por qué ocultarlo, no había manera de regresar, la cueva se había derrumbado por completo- ¿Por qué hiciste esto?-El mago se mostró sorprendido y enfadado a la vez.

- ¿Para qué más? ¡Para revivir a la verdadera Reina! -dijo como si fuera obvio- Y verlos a todos ustedes destruidos, pero son tan escurridizos, en estos tres años no han hecho más que correr, oh pero al menos conseguí lo que quería, soy la mano derecha de Jadis después de aconsejarle tan sabiamente de matarte a ti en vez de al león.

- Sabes que nada de lo que hagas cambiará las cosas -le advirtió Edmund- La Bruja Blanca será derrotada de una forma u otra.

- Me temo que no -se burló el mago-Después de todo lo planee así desde el principio, no tienen ninguna posibilidad. Yo gano.

- Si estás tan seguro de eso entonces para qué has venido a verme ¿Te preocupa que pueda alterar tus planes? Después de todo yo conozco la verdadera historia, ya destruimos la vara de Jadis, no falta mucho para que ella caiga también -Parecía que había acertado puesto que el mago se mostró nervioso y comenzó a retorcer sus manos en el bastón, eso le recordó algo más que tenía curiosidad por saber- ¿Por qué no le dijiste de dónde venías? - El mago soltó una risa amarga.

- ¿Por qué crees? Si ella sabía lo habría utilizado para sus propios fines arruinándolo todo -dijo enojado- No iba a dejar que eso sucediera, ella no necesitaba saber que conocía el futuro porque había estado ahí.

- Yo podría decírselo -le amenazó Edmund- ¿Cómo crees que reaccionaría ante tu mentira? -El mago lo miró con una sonrisa de lado.

- Piénsalo bien antes de abrir la boca, muchacho -le advirtió el mago- Si mi cabeza rueda la tuya rodará conmigo. Cuando Jadis sepa que no resucitaste con alguna magia extraña, lo único que tendrá que hacer será matarte de nuevo y no se preocupará más porque regreses, yo que tú me mantendría callado.

Por más que lo odiara admitir, el mago tenía razón, ambos estaban entre la espada y la pared.

- ¿Qué te impide no matarme ahora mismo? -le preguntó Edmund- Después de todo tu sabes la verdad.

- Jadis aún quiere mantenerte con vida -dijo con amargura- pero no te preocupes, cuando se canse de tus negativas ella misma acabará contigo y ya no tendré que preocuparme más por ti - Un ruido se escuchó en el pasillo alertando al mago, le dirigió una última mirada de desprecio y se dirigió a la puerta- Recuerda mantener tu boca cerrada y quizá vivas un poco más.

- Recuerda tú también -dijo Edmund antes que el mago cerrara la puerta- Que todo lo que has hecho se volverá contra ti -La puerta de la celda se cerró y todo volvió a sumergirse en silencio.

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Para su desgracia, esa tarde la Bruja Blanca le hizo una visita que no sería para nada agradable, como siempre el enano negro la acompañaba cargando con su látigo listo para utilizarlo a las órdenes de ella, mientras que ésta sonreía disfrutando del miserable aspecto de Edmund. Demasiada alegría alertó los sentidos de Edmund, sabía que cualquier cosa que hiciera feliz a Jadis no sería nada bueno para él.

- Esta vez no habrá interrogatorio, Edmund -dijo Jadis sonriendo con suficiencia mientras se acercaba- ¿Sabes por qué?

- No será porque eres bondadosa -soltó Edmund con desprecio. La bruja rio ignorando el comentario.

- Te sorprendería lo bondadosa que puedo llegar a ser -le dijo sin perder ni por un segundo la sonrisa que inquietaba tanto a Edmund- Pero no he venido aquí a discutir eso, sino que tengo una gran noticia que darte -Él sabía que ninguna buena noticia podría salir de ella- Esta mañana he recibido una excelente visita ¿Sabes? -el miedo se instaló en su estómago al escucharla- Seguramente recuerdas a tu fiel soldado Nar -explicó resaltando la palabra "fiel" con deleite, en ese momento todo su miedo se transformó en ira. Peter había confiado en Nar y él los había traicionado sin ningún remordimiento, pero si él se encontraba ahí… qué había pasado con sus hermanos, la ira quedó sosegada al instante con la oleada de temor que le inundó- Fue de gran ayuda al capturarte- continuó Jadis- y dentro de poco nos guiará a nuestro siguiente destino -dijo regodeándose con cada palabra, su penetrante mirada le atravesó con un escalofrío antes de terminar- Tu precioso Refugio.

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Gracias por seguir leyendo y también por todos sus comentarios :)

Un saludo!

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