Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de LyricalKris, yo solo traduzco con su autorización.

Capítulo veintiséis

Premiere

—Oh, rayos —dijo Edward por lo bajo. Estaba encantado que su laptop estuviera sobre su regazo porque su reacción al ver a Bella en su pantalla de Skype fue instantánea. Ella se encontraba sobre su estómago en la cama, sus piernas balanceándose en el aire. Estaba en unos shorts que resaltaba su culo bastante bien.

—Hey, tú —dijo con una sonrisa.

—Hola, patito. —Suspiró—. Te extraño mucho.

—Yo también. —Sonrió ella, y él quiso tanto pasar sus dedos por sobre sus labios.

—Dime todo lo que me he perdido en las últimas… —miró al reloj—, seis horas desde que hablamos. No estoy muy contento por eso, por cierto.

Ella puso los ojos en blanco.

—Lo siento. Pensé que no se suponía que abandonara el estudio para que seas mi sugar daddy.

—Te perdono esta vez.

—Qué alivio.

—Hablando de perdón… ¿Cómo están Rose y Emmett?

Bella hizo una mueca.

—Rose siempre me está gritando. Siempre pone esos noticieros de celebridades últimamente. Compra todas las revistas y habla de ellas cada vez que estoy presente. Es como si hubiese descubierto una forma de castigarme porque me quedo en la habitación cuando no estoy en clase.

—¿Y Emmett?

Ella intentaba ocultarlo, pero él notó la mirada dolida.

—Él está… incómodo a mi alrededor. No me mira a los ojos. Es como si cuando me ve, nos ve a nosotros juntos.

Edward se estremeció.

—Eso sería incómodo. —No le gustaba la idea de su hermano viéndolos juntos mucho más de lo que estaba seguro que Emmett apreciada—. Bueno, ¿qué piensas acerca de escaparte mañana?

Ella se sorprendió.

—¿Mañana? ¿Qué quieres decir?

—Ven a verme. Sube a un avión después de tu clase de la mañana y ven por el fin de semana.

—¿Acaso no tienes la premiere mañana?

Edward tragó un nudo en la garganta.

—Tenemos que enfrentarlo en algún momento. Si no quieres, lo entendería. Creo que te gustará la película. Tu amigo, el señor Hemsworth. Creo que es bueno.

La pantalla se movió y enfocó unos momentos después con Bella sentada con las piernas cruzadas en la cama. Lucía tan preocupada que él ansiaba consolarla.

—¿Quieres que vaya a una premiere? ¿Una alfombra roja contigo?

—Te quiero siempre conmigo.

—Es una alfombra roja, Edward. Personas increíblemente hermosas en vestidos increíblemente hermosos. Camarógrafos por doquier. Y me quieres allí contigo.

Edward suspiró.

—No es tan terrible todo eso. Tú y yo sabemos que no vamos a ser capaces de evitar los paparazzis. Hablamos de eso, ¿no?

—Sí… —Ella sonaba tan nerviosa.

—Pensé… que la primera vez podría ser en un entorno controlado. Se supone que lo son en este tipo de eventos. Hay espacio donde ellos pueden estar y donde estaremos nosotros. Tampoco seriamos la atracción principal.

Ella asintió.

—Yo, em… tiene sentido. Solo… —Bufó—. Edward, el vestido más elegante que tengo me haría el hazmerreir.

Edward pasó una mano por su cabello. Recordó haberle gritado a Rose no hace mucho. No había nada malo en la manera que se vestía Bella, para nada. Pero él conocía su trabajo. Él sabía que frente a esas cámaras, más que en cualquier otro lado, lo que importaba era lo que ella vestía. No importaría lo inteligente que ella fuera, lo fuerte, lo increíble. Ellos solo verían cada falla en su maquillaje. Él odiaba traerla a un mundo donde incluso por unos minutos, ella no podía ser ella misma.

—Quiero que entiendas que estaría orgulloso de caminar allí en unos jeans viejos y una camiseta gastada. Me vestiría exactamente así, si eso es lo que quieres —dijo.

—Tú y yo sabemos que eso sería lo contrario a útil. Es lo que es, Edward.

Él sonrió y deseó otra vez poder tocarla.

—Si vienes, un equipo de hombres y mujeres muy talentosos te llevarán de compras. Sabrán lo último en la moda, y te ayudarán a encontrar algo que te sea cómodo usar. Te peinarán y maquillarán como quieras. Eres hermosa, Bella. Naturalmente hermosa, no de plástico como las hay allí afuera. Me sorprendería si al menos un agente no se te acerca.

Ella cerró los ojos.

—¿Te das cuenta que es una idea aterrorizante para mí, no?

—Créeme, amor. No quiero que se te acerquen. Eres perfecta así como eres.

Su sonrisa era más sincera, sus rasgos menos aterrorizados cuando abrió sus ojos otra vez.

—¿Y hay una fiesta?

Había pasado mucho tiempo desde que Edward se había quedado más allá de los obligatorios veinte minutos en una fiesta de estreno que no fuese para su propia película. Incluso entonces, solo se había quedado porque era lo que esperaban de él. Había pasado mucho tiempo desde que una fiesta de Hollywood tuviera atractivo, pero era diferente ahora. Se encontró emocionado ante el hecho de ver el rostro de Bella.

—Sí, habrá una fiesta después sin camarógrafos invitados.

—Y Chris Hemsworth.

—Tenías que aferrarte a ese dato. —Le dio una mirada irónica.

Ella sonrió.

—De acuerdo, lo haré.

Él se emocionó.

—¿En serio?

—Sí. Tenemos que enfrentarlo tarde o temprano, como dijiste. Y realmente me encantaría verte.

Ella inclinó su cabeza. Sus mejillas sonrojadas, pero su expresión era seductora.

—Tengo algunas cosas en mente.

Edward gruñó.

—Atrevida.

—Bueno, vamos, sugar daddy. ¿Dónde está mi pasaje? Faltaré a mi clase. No voy a ser capaz de concentrarme.

—Un pasaje saliendo, mañana a primera hora.

.

.

.

Edward estaba perturbado. Le irritaba mucho no haber sido capaz de recoger a Bella del aeropuerto. Ellos querían hacer esto en sus propios términos, y los paparazzis tenían una extraña habilidad para tomar control de la situación. Mandó un coche a buscarla. Entonces solo tuvo unos pocos besos antes que los estilistas que había contratado se la arrebataran de sus brazos. Se la llevaron de compras. Entonces solo tuvo vistazo de ella cuando volvieron. Los estilistas no le dejaban verla.

—Se va a alegrar de esperar —dijo uno de ellos, Edward pensó que su nombre puede que sea Eric.

Lo dejaron dando vueltas en la planta baja como una cita de baile abandonado hasta que finalmente, ella apareció.

Tenía que admitir que Eric tenía razón. Era un momento perfecto e irreal sacado directamente de una película cliché. Apareció en lo alto de la escalera y le quitó el aliento. Los estilistas ni se molestaron en ocultar su obvia juventud detrás de falsa elegancia. El vestido era corto y atrevido. Su cabello estaba recogido en un simple nudo. Su maquillaje era sutil, sus mejillas y labios de color rosa.

—Eres tan perfecta —dijo mientras extendía una manos hacia ella.

Ella lo observó.

—Dios Santo, te ves bien en un traje. ¿Estás seguro que tenemos que ir?

—Pastelito, vas a ir a esa fiesta. —Eric sacudió su cabeza y se apoyó contra el otro estilista, admirando su trabajo—. Ha sido un placer, en serio. Piel perfecta. Grandes ojos, y esos labios… —Silbó.

Bella bajó la cabeza, tímida pero satisfecha.

—Gracias —les dijo Edward, aunque no quitó sus ojos de ella. Llevó su mano a sus labios—. ¿Estás lista?

Ella rió.

—No, pero vayamos de todos modos.

.

.

.

El viaje en limusina fue corto, y demasiado pronto, estaban estacionados frente una multitud chillante.

—Oh, Dios. —Bella tiró de su vestido por milésima vez.

Edward apretó su mano una última vez antes de salir de la limusina. Como ya estaba acostumbrado, sonrió ampliamente y saludó a los fans. Los gritos aumentaron. Luego giró y le ofreció su mano a Bella. Ella lucía pálida. Envolvió su brazo alrededor de ella, acariciando su espalda mientras la sostenía a su lado. La atrajo hacia él así podía murmurar en su oído.

—Mírame. —Tomó su mejilla y trató de inclinar su rostro, pero ella se negó—. Estás bien. Todo está bien.

Su respiración era acelerada.

—Siento como si voy a enfermarme.

—Respira por la nariz y exhala por tu boca. —Acarició su mejilla—. Respiraciones profundas.

Ella cerró los ojos y tomó unas cuantas respiraciones profundas. Tomó su mano y la apretó tranquilizadoramente. Sus palmas sudaban.

—Está bien. Estoy bien.

—¿Estás segura?

Ella asintió. Su mano todavía sudaba, pero no lucía tan mal. Sin embargo, estaba nerviosa, y su atención se dirigió a los fans y camarógrafos. Había muchos flashes. Él la había preparado tanto como pudo, pero había una gran diferencia entre describir la escena y vivirla.

—Mírame —dijo él otra vez. Esta vez, lo hizo—. Vas a seguir a la encargada. Ella te llevará al teatro. No hay cámaras allí. Seré lo más rápido que pueda. Media hora como máximo. —Le acaricio la mejilla—. ¿Ok?

Le apretó la mano.

—Ok.

—¿Puedo besarte?

Eso hizo que ella sonriera.

—Sí.

Lo hizo. Fue un beso suave y casto, y cuando se apartó, ella parecía mucho más tranquila.

—Te amo —dijo él.

—Te amo.

Se encontraba reacio a dejarla ir, pero la quería lejos de los gritos lo más rápido posible. La observó mientras la llevaban y sonrió cuando ella miró por sobre su hombro. Se paró bien derecha. Ella era increíble, reflexionó. Debe sentirse intimidada, pero se controló rápidamente.

—Señor Cullen, por aquí.

Edward asintió y se puso su sonrisa de trabajo. Caminó hacia los fans y comenzó a firmar autógrafos.

Para cuando llegó a los camarógrafos, estos estaban hambrientos.

—¿Esa era Isabella Swan, no, Edward?

—Ese fue más que un beso amistoso.

Edward sonrió satisfecho hacia ellos, cegado como siempre ante los flashes.

—¿Nada que decir, Edward?

—¿Se hizo la difícil, eh?

—¿Terminamos aquí? —preguntó Edward al encargado.

El hombre le indicó la línea de reporteros. Edward tomó aire profundo.

El "solo estoy aquí para apoyar a mi futuro compañero. Estoy emocionado por nuestro nuevo proyecto" no funcionó por mucho.

—En serio, Edward. Viniste con Isabella Swan. La última vez que hablamos, dijiste que eran solo amigos.

Edward le dio al reportero su sonrisa más amplia.

—Las cosas cambian.

—Wow, amigo, ella… es bastante joven.

Edward se encogió de hombros, como si no le molestara. Realmente, no era de su incumbencia si lo era o no.

—El corazón quiere lo que el corazón quiere.

—¿Es serio, entonces?

—Bastante. —Le dio una palmada en el hombro al tipo—. Es bueno verte. Voy a irme de aquí así puedes hablar con Robert Downey. —Asintió con su cabeza hacia donde estaba la superestrella.

El proceso se repitió una y otra vez. Edward se encontraba tenso y exhausto para cuando al fin llego al teatro.

—Tienes huevos, Edward. —Alistair Deas, otro actor, le dio unos golpecitos en la espalda—. Bien por ti, amigo. ¿Puedo conocerla? —Movió sus cejas.

Edward flexionó sus puños y se recordó que Alistair era un buen tipo, Edward solo estaba de mal humor.

—En la fiesta —prometió.

Entró al auditorio y encontró a Bella. La abrazó. Ninguno de los dos habló. Ella no preguntó cómo fue. Ambos sabían que su historia estaba fuera, y estaría en todas partes pronto. No había nada más que decir.

Él tomó aire profundo y se apartó, besando su mejilla.

El resto de la noche fue como era de esperar. La introdujo tanto como pudo antes que apagaran las luces. Él podía notar cuando ella estaba deslumbrada, pero se contuvo. Durante la película, sostuvo su mano y cuando eso no era suficiente, acarició su muslo.

La fiesta fue otra cosa. La mayoría de la gente era agradable. Algunos parecían sorprendidos cuando lo veían con ella, veían como sostenía su mano y besaba su mejilla. Pero Bella era inteligente y atrayente.

Le dijo a Robert Downey Jr. que era muy viejo para ella y le guiñó un ojo. Él echó la cabeza hacia atrás y rio.

—Me gusta —le dijo a Edward.

Tanya estaba en la fiesta, y aunque Edward la saludó cálidamente, la mirada de ella era fría. Sus ojos iban y venían de Bella a él.

—Pensé que eras mejor que eso.

Por mucho que le molestara el comentario, Edward sabía muy bien que no había nada que podía decir para borrar los hechos. Bella tenía la mitad de su edad, y las personas iban a tener sus opiniones.

—Ambos estamos felices —dijo encogiéndose de hombros, y luego se alejó, de vuelta a donde Bella estaba hablando con un agente. El agente intentaba convencerla de ir a una prueba de pantalla. Él inclinó su cabeza como diciendo "te lo dije".

En la mayor parte, fue lo más divertido que lo había pasado en una fiesta en al menos una década. Mirar a Bella mientras se sentía cada vez más cómoda con el ambiente, las personas, lo hacían sentir orgullo y enamorado de nuevo.

Se fueron temprano. Era fue la peor parte – caminar de la avenida al coche. Los paparazis salieron. Edward mantuvo a Bella bajo su brazo, cerca de él, pero aún así la tocaron. Todavía gritaban algunas insinuaciones bastante viles de las que no podía protegerla. La ayudó a entrar en la limo y la abrazó fuerte, odiando que terminaran la noche como la habían comenzado – con ella temblando de miedo en sus brazos.

—Eso fue horrible. ¿Siempre son así?

—Siempre son un dolor en el culo, pero no siempre son tan agresivos. —Sacudió su cabeza—. Debería haber pensado en contratar un guardaespaldas.

Bella rió – un sonido sin humor.

—¿Esto es la vida real? —preguntó con un gruñido.

Edward acarició su cabello.

—¿Te arrepientes de nosotros ya?

Ella levantó su cabeza.

—No. Nunca. —Ella tomó aire profundo y puso sus manos en su pecho—. Vale la pena totalmente.

Entonces la besó. Seguía besándola cuando llegaron a casa. Le tomó toda la fuerza de voluntad no arrancarle la ropa antes de pasar por la puerta. Aún así, dejaron un camino por las escaleras y por el pasillo. La recostó en medio de su cama. Entró en ella y dejó que cualquier otra persona en el mundo se desvaneciera.