Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J. K. Rowling.
Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en inglés Gilded Soul
Autora: Digitallace
El alma dorada
Capítulo 26 – Autosacrificio
Salió de la oficina de Snape abrumado y sombrío. Quería a Harry con cada fibra de su cuerpo, sólo había una cosa que le importara más, que Harry estuviera seguro. Era preciso que superaran esa etapa, hasta que Harry destruyera Voldemort… y después volverían a estar juntos. ¿Pero cómo iba a hacer para alejarlo de él? Porque Snape había sido claro, tenía que alejarlo de él lo antes posible. Iba a ser muy difícil pero tenía que hacer que Harry lo odiara. No iba a ser algo definitivo… pero aunque fuera sólo por un tiempo… no sabía si iba a ser capaz de soportarlo. Iba a tener que aguantárselas, por más que lo destrozara, la seguridad de Harry era lo más importante. Y en tanto él fuera su Dragón pálido y Harry su León, el Gryffindor no estaba seguro.
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Harry regresó muy ansioso a la Sala de los Pedidos, tenía tantas cosas que contarle a Draco. Había sido una clase brillante. Había aprendido a controlar completamente su magia, a retenerla si eso era lo que quería o a concentrarla en algo particular si ésa era su intención.
Cuando entró Draco no estaba. Se sentó en un sillón cerca de la chimenea, aparentemente no había habido fuego en todo el día porque la Sala estaba muy fría. Movió los dedos y las llamas se encendieron. Se quedó dormitando junto al hogar.
Se despertó dos horas después, el fuego se estaba apagando, se desperezó, Draco no había vuelto, ¿estaría enojado con él? Decepcionado se fue a acostar sólo. Recordó entonces cuál era la fecha, se dio un golpe en la frente. –¡Qué boludo! –acarició el lado de la cama que siempre ocupaba Draco– Mañana te lo voy a compensar, ¡feliz día de San Valentín, Draco!
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Esa noche no soñó con el laberinto porque Draco se había quedado levantado y despierto a propósito. No esta todavía listo para una confrontación, y cuando les tocara tenerla sería mejor que no fuera dentro del laberinto, solían estar muy ocupados sorteando los peligros que se le presentaban.
Estaba en la sala común de Slytherin y se sentía muy extraño. Extrañadas también habían sido las miradas de sus compañeros que hacía tanto que no lo veían por ahí. Pero todos los demás ya se habían a acostar, sentado en un sillón junto al fuego estaba tratando de hacer una lista mental de todas las cosas que aborrecía de Har… de Potter… quizá así se le haría más fácil lo que estaba dispuesto a hacer. Ya iba temiendo que la lista iba resultar muy corta… prácticamente inexistente.
El complejo de héroe, ¡condenado Gryffindor, siempre tratando de salvar a todos!, incluyéndolo a él, Draco, y en más de una ocasión.
Su cabello, ¡siempre hecho un desastre! …pero tan suave –¡Esto no va a funcionar! –gritó en voz alta frustrado.
Trató de distraerse con otra cosa y tomó un libro de Transfiguración. El día siguiente iba a ser muy difícil. Si evitaba dormir durante la noche iba a estar de muy mal humor… era mejor así, irritable iba a ser más fácil mostrarse desagradable con Har… con Potter.
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Harry se despertó a la mañana siguiente y recordó de inmediato la noche previa. Draco no había venido a dormir. Quizá Snape lo había obligado a quedarse en su dormitorio. Cuando se levantó para ir al baño se dio cuenta de un detalle que se le había pasado por alto. Las cosas de Draco no estaban… ¿no pensaba volver nunca? Trató de dominar el pánico… todo se iba a arreglar cuando le pidiera disculpas…
De camino al Gran Salón para el desayuno lo vio en uno de los corredores, casi se desmaya. Su Dragón pálido, que al parecer ya no era tan suyo, tenía a Parkinson colgada de un brazo y le susurraba algo al oído arrancándole risitas descontroladas.
Harry quedó paralizado durante unos segundos en el lugar, no podía creer lo que veía. Cuando se pudo recuperar, marchó a grandes pasos hasta él, lo agarró del brazo libre y lo sacudió violentamente. –¿Qué significa esto!
–¡Pará! –le replicó Draco obligándolo a que lo soltara– No te me vengas a poner tan posesivo ahora, Potter.
–¿Qué! –exclamó Harry blanco como un papel.
Draco revoleó los ojos. –Mirá… creía que lo habías entendido… que esto no era una cosa exclusiva… estuvo bien, fue divertido… pero últimamente te estabas poniendo demasiado pesado para mi gusto
Todo el cuerpo de Harry empezó a vibrar, casi imperceptiblemente, la magia iba acumulándosele en la yema de los dedos, como juntando presión para explotar de un momento a otro. Draco lo percibió e hizo una mueca entre desdeñosa y atemorizada.
Por suerte Harry apretó los ojos y pudo contenerse, quién sabe lo que hubiera podido pasar si se descontrolaba. Draco aprovechó el corto instante de vacilación y prácticamente escapó de allí a grandes pasos llevándose a Parkinson del brazo.
Harry respiró hondo varias veces y luego partió corriendo en dirección contraria. No paró hasta llegar a la orilla del lago y recién entonces liberó el dique que contenía su magia. La tremenda marea de calor derritió una inmensa superficie del casquete de hielo y el agua más cercana a la orilla entró en ebullición.
Sintió la mano de Hermione que se posaba sobre su hombro.
–¿Fue él el que te contó?
–No, yo vi lo que pasó, pasaste a mi lado cuando corrías para acá.
–Perdón. No quería perder el control ahí dentro.
Ella le apoyó la frente sobre la espalda. –Recién ahora tomo consciencia de lo impresionante que son tus habilidades… derretiste todo ese hielo… y sin varita…
–Ya no la necesito. La sigo usando para guardar las apariencias.
Ella suspiró. –Sí que sos un chico muy especial, Harry Potter.
Harry rió, fue una risa áspera, ella hizo una mueca. –Será mejor que regreses… si no vas a llegar tarde a clase . –le aconsejó él.
–Vos también vas a llegar tarde.
–Hoy no voy a asistir a clases.
–Harry, Snape te va a poner una penitencia…
Él sólo se limitó a encogerse hombros. De nada hubiera valido que insistiera. Lo dejó solo junto al lago y emprendió el camino de regreso al castillo.
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