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º XXIII Quebrantando la "Ley"
Couvade ¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤
Despacho
del Profesor Severus Snape. Sala.
– Ésta no era la forma en que un padrino debería enterarse –rumió Sirius, paseándose delante de Harry. Éste solo miraba al suelo, en silencio. El agobio de no saber qué decir exactamente le carcomía los nervios–. ¡Merlín! ¡Esa no fue una de las mejores formas para que YO me enterara! Primero que nada, nunca hubiese imaginado que... que –la oración no quería salir, y Sirius gimoteó–. ¿¡Con un Malfoy?... ¿¡Por qué? ¡De toda la masa de alumnos, un Malfoy fue tu opción...! ¡Simplemente no le veo lo interesante a uno de los miembros de la familia más Slytherin que haya tenido la desgracia de conocer...! –pausó, exhalando el aire que se le había escapado, haciendo que su voz sonara dramáticamente estrangulada–. Sin contar con que me has evitado, ¡A mí! ¡Huyendo como un chiquillo por el colegio!
Harry se sonrojó, apenado por eso último.
– Yo no quise decírtelo hasta estos momentos...–pausa, y tomó una bocanada de aire–. En realidad temía tu reacción cuando te enteraras que soy... Gay –hizo una mueca ante esto–, y sobretodo que salía con Draco –confesó, tímido. Temía una reacción explosiva de parte de su padrino... bueno, la segunda del día–. Pero principalmente, no sabía que esto pasaría...
Sirius se detuvo en seco, sin encarar a su cohibido ahijado, pero después de unos segundos de silencio, se sentó en el sillón delante del chico, mirándolo fijamente. Harry se sentía como bajo un microscopio, obviamente resentía la intensidad de esos tormentosos ojos, matiz casi gemelo a los de ciertos ojos plateados.
Sirius, terminando su estudio, soltó un suspiro resignado, y comenzó a hablar lo más condescendiente que podía.
– No me preocupa en absoluto que seas gay, porque sería una hipocresía de mi parte –carraspeó, incómodo ante la mirada desencajada de Harry. Por supuesto, lo atribuía a la escena de Severus y él. Obligándose a recuperar la compostura, habló con voz más severa–: Lo de Draco Malfoy, eso sí que no es muy confortante de tu parte, pero yo no puedo juzgar tus sentimientos –de nuevo, turbado ante lo similar de su relación con cierto hombre siniestro–. Pero eso sí, exactamente, ¿qué quieres decir con que "no sabias que esto pasaría"?
Había cierta tensión en su voz, pero procuró no sonar rudo. En tanto, Harry se mordió el labio inferior y encontró muy interesante ver sus manos en esos momentos.
– No sabía que podía... que podía tener un bebé –soltó lentamente, cerrando sus puños por sobre la tela del pantalón, tratando de contener la opresión de un ataque nervioso. Sólo que la presión era demasiada y terminó haciendo varios ademanes desesperados– ¡Es frustrante enterarte de las cosas que nunca imaginarías que te pasarían, ya después de que te pasaron...! ¿¡Un hombre se puede embarazar! ¡Cómo demonios iba a saber yo tal cosa! Y... ¡Y tampoco sabía que sería a la primera vez! ¿¡Qué tantas posibilidades hay de que quedes embarazado a la primera? ¡Son casi nulas!
A Sirius le pareció comprensivo, y dejó que su ahijado se desquitara. En todo caso, no podía culparlo... ¿Quién podría decirle a un chico de 15 años que un hombre se podía embarazar? ... ¿Sus parientes? Por favor, si ellos hubiesen sabido tal cosa, probablemente nunca se les hubiese ocurrido acogerlo... No que lo hubiesen deseado nunca. Y ahí estaba, la niñez de Harry. Le enervaba tal hecho, odiaba saber lo que aquellos Muggles hacían con su ahijado, odiaba no haber estado ahí para evitarle este tipo de inconvenientes a su Cachorro.
Frotándose fuertemente la cara, Sirius miró a Harry, lo más compresivo que pudo, aunque el agobio seguía allí.
– No estoy enojado –paró un momento y resopló–, no contigo en realidad, sino conmigo mismo por no haberte platicado sobre este tipo de... cosas.
– No es tu culpa –sonrió Harry, ligeramente triste–. No tienes la culpa, además, nadie podía haber imaginado que... que yo... que... hice... Draco y yo hici... ¡Tú sabes! Todo ese asunto de los rivales, el odio mutuo... –exclamó frustrado y con un leve rubor en sus mejillas, por lo cual, Sirius no pudo evitar sonreír–. Y Gracias por aceptarlo, significa mucho para mí –suspiró en confort. En serio, tenía que acostumbrarse a esperar este tipo de sobresaltos por parte de la gente que le rodeaba. ¿Dónde están los gritos que juraban una muerte dolorosa? ¿Dónde quedó la decepción y desprecio?... Tenía que hacer algo con ese estigma que los Dursley le enterraron.
– Tengo que hacer esta pregunta o me voy a volver loco –habló Sirius, con la impresión justa de su frustración–, ¿eres feliz con esto, Harry? ¿Deseas pasar por esto? –hizo un gesto con su cabeza, señalando la parte baja de Harry, su vientre.
Harry se sintió levemente oprimido... ¿pasar por esto?... ¿Qué era exactamente por lo que pasaba...? Pero algo sí sabía. Sabía justamente lo que sentía... Lo amaba, sentía la ansiedad embargarle en todo momento, pero eso no significaba que odiase pasar por eso. Quería tenerlo, quería a su bebé, quería tener el bebé de Draco.
– Yo quiero esto –dijo, inflexible–. Yo quiero tener a mi bebé. Y no me importa qué tanto deba dar a cambio por ello, mi salud, mi poder... Daré todo.
Sirius se deslizó más en su asiento, abrumado. Aunque no dejó de verlo intensamente, como buscando un quiebre o duda en el chico. La cosa era: que no encontró nada que se lo indicara.
Y sólo le quedaba preguntar algo.
– ¿Por qué darías todo? Tienes 15 años y no es normal que un adolescente sienta tranquilidad en esta delicada situación –ratificó, fijando sus tormentosos ojos en los verdes–. Suponía que odiarías tener una responsabilidad más.
Harry no dudó en contestar rápidamente.
– Porque yo nunca he sido normal –Sirius tuvo que reprimir la decepción de sí mismo por permitir que Harry lo sintiera–, amo esto, amo pasar por todo esto... Mi bebé, lo amo desde que supe de su existencia. Tal vez desde mucho antes, y daría todo por tenerlo.
Pasaron eternos segundos donde Sirius estudió la severidad de las palabras y la expresión determinada.
– Eso –se levantó de su asiento, arrodillándose delante de Harry–, era lo único que necesitaba saber –y lo abrazó fuertemente, susurrándole tiernamente–: Y ten por seguro que no estarás solo, ahora me tienes a tu lado, mi testarudo Cachorro.
Harry tenía ganas de romper a llorar, del puro y entero alivio. ¡Dios! Era como si un peso se hubiese liberado de su corazón. Y devolvió el abrazo, con todo el cariño que le tenía a ese hombre. Ese hombre que tomó sin darse cuenta un lugar que consideraba el de un padre.
Se mantuvieron en silencio, en donde se la pasaron confortándose en ese apretado abrazo. Hasta que Sirius se separó un poco, mirándolo con cierta reticencia. Le incomodaba, era como si quisiera ver a través de sus ojos, buscando en su alma.
– ¿Qué? –espetó al fin, notando su propio nerviosismo.
– Malfoy Jr. no te drogó o algo por el estilo para que gestaras su serpiente, ¿no?
Harry le miró como si hubiese dicho que Voldemort era su verdadero padre.
"¿¡Por qué no me sorprende?"
– ¡Sirius! ¡Es de mi bebé del que estamos hablando, no le digas así...! ¡Y no! ¡Draco no me obligó a nada!
– No me puedes culpar por pensar así –dijo Sirius, bufando y sentándose en su sillón–. Lucius no ha sido el mejor ejemplo de Malfoy en el cual dejar mi confianza –Su mente insultando de forma variable, pero no nueva, al Jefe de la familia Malfoy "Maldita serpiente de poca ma..."
Por otro lado, Harry tenía que darle cierta razón. Aunque ciertos factores decían lo contrario, ya sabía sobre el trabajo doble que Lucius Malfoy hacía para la Orden del Fénix. Y sólo eran contadas las personas que lo sabían. Snape, Dumbledore, Sirius (al ser su inocencia también un secreto para la mayoría de la Orden) y Remus, la madre de Draco también estaban al tanto del doble "trabajo". Naturalmente la revelación le había parecido muy shockeante, al punto de mirar largamente a su novio, con esa mirada de "Debes estar bromeando y yo, seguro, ando en el piso revolcándome de la risa".
A Draco le había preocupado, no obtenía señas de "salud mental" de su parte, hasta que sólo después Harry se había... carcajeado... y mucho, en serio, nunca lo había visto en ese estado. Desde el punto de vista de Harry, de todos los esnobistas ex—Slytherins, nunca esperó que Malfoy-padre fuera un espía, y la única forma de liberar su sorpresa fue riendo, casi al punto de la risa histérica. Su excusa no tuvo mucha valía, pero para el rubio fue suficiente.
Enfocó de vuelta la vista hacia su padrino, quien le dejaba nadar en sus conclusiones, al igual que el animago lo hacía.
– No te culpo por las cosas que el Sr. Malfoy hizo como para que lo odiaras tanto (aunque me gustaría saberlo). ¡Maldición! Ni siquiera yo me sentiría culpable por detestarlo, pero no puedes dejar que Draco pague por ello.
Sirius miró hacia otro lado cuando se mencionó a Malfoy-padre, pero la regresó de inmediato cuando escuchó el nombre del chico Slytherin. Encontrándose con la expresión expectante de Harry.
– Los hijos son el reflejo de la crianza de los padres –fue la respuesta y Harry elevó ambas cejas en total sorpresa.
"Sev se sentiría orgulloso..." pensó Sirius.
– Bueno... eso sonó muy convincente, pero también me da puntos a mi favor: el Sr. Malfoy ha criado bien a Draco.
Sirius gruñó, un poquito irritado por la terquedad de Harry al defender al otro chico, y más al notar la lealtad hacia Malfoy-hijo (o Junior, como prefería llamarle "cariñosamente"). "Pequeño rubio lava cerebros, hijo de..." Y se dio cuenta que no le había cuestionado sobre la reacción del otro padre.
– Ilumíname, Harry, ¿Qué dijo Malfoy Jr sobre el bebé? –maquinando un plan homicida si al rubio se le ocurrió rechazarle.
Sonaba muy sosegado, y muy ligero. Harry agradecía eso, agradecía que su padrino lo tomara de esa forma, no importando si fingía o no. Situación que no sabia de todos modos, Sirius podía ser un buen actor muchas veces.
Se las arregló para lucir muy encantado al contestar, no necesitó esforzarse.
– Lo mismo que he dicho yo: él ama esto, me ama a mí y ama a nuestro bebé.
– Disculpa que lo diga, pero, no imagino al chico decir esas palabras. En ningún sentido, menos en el sentido de "papi"... Tal vez algo como... –carraspeó, cómicamente, y habló en un tono "profesional"–: Soy asquerosamente rico, guapo, deseable, ningún cabello fuera de lugar, ninguna arruga en mi carísima ropa de marca, el más perfecto cutis, la imagen viva del padre del año que obtendrás... –hizo la mímica de una sonrisa deslúmbrate y una pose ridículamente elegante–. Compra uno porque se acaban.
Harry no pudo más que reír ante la ocurrencia. Y el animago le acompañó en el acto.
– No sé de dónde sacas eso. Aunque Draco no lo dijo con esas palabras… –rompió en una nueva ronda de risas, hasta que sólo quedó una sonrisa de adoración–. Pero sí dijo que nos amaba.
Sirius se le quedó mirando largamente.
– En realidad disfrutas esto, incluso ya te refieres en plural cuando hablas de ti.
Harry le regaló la más clara y bella de sus sonrisas, esa sonrisa que siempre se gana algo a cambio.
– No sé por qué tanto revuelo por ello. Sí, soy un adolescente, pero no me importa. Si éste fue el momento justo para convertirme en "mamá" pues yo no voy andar menospreciándolo.
– ¡Merlín, chico! –exclamó con frustración, pero la sonrisa le delataba–. Eres demasiado serio para mi gusto, sin duda alguna eres hijo de la pelirroja.
Harry se encogió de hombros, sonriendo. La aflicción hacía rato que había desaparecido, y ambos se enfrascaron en otra platica. Todo girando en torno del futuro miembro de la familia.
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Oficina.
– Me esperaría esto de Potter, pero no de ti, Draco –reprochó Severus, sentado detrás del escritorio. Su imperante/lúgubre figura no era para tomársela a broma. Nunca.
Draco suspiró hondamente, sentado frente a su padrino. Sabiendo de antemano que Harry tenía la misma conversación con Black al otro lado de la puerta.
– Decir que me mata escuchar eso viniendo de ti sería mentirte –habló, la petulancia en su voz era remarcable–. Pero entre tú y los seres que amo, sabes muy bien cual es la preferencia.
Severus entrecerró sus oscuros ojos, un poco dolido por la declaración.
– No pretendo poner en evidencia el amor que le profesas a Potter y... al bebé, pero sí a tu falta de responsabilidad al no cuidarte. ¡Eres un adolescente, por Salazar! No se supone que debas andar convirtiéndote en padre a ésta edad.
Draco, muy a su pesar, tenía que estar en acuerdo.
– Quiero pensar que esa no es la razón por la cual estás tan furioso –dijo, sus plateados ojos centellando con suspicacia–, te conozco y me conoces mejor que nadie, por lo mismo, me extraña que me amonestes por algo que hacía todo el tiempo en el pasado y tú ni te dignabas a constatar.
Mirándolo fijamente, Severus dejó que su hermética expresión se deslizase y que Draco notara la resignación aplastante.
– De las decenas de alumnos en Hogwarts tuviste que haber escogido al Niño-Que-Vivió.
Y el rubio le fulminó por unos momentos. Eso no era lo que quería escuchar en esos instantes, mucho menos de parte de su padrino. Si así iba a ser con Severus Snape, su padrino, figura a seguir después de Lucius, ¿Cómo sería con éste último?... La más grande de las jaquecas de su vida se acercaba.
– Me sorprende lo que tus conflictos pasados contra el padre de Harry llegue hasta estos terrenos; y si me equivoco, corrígeme por favor o tendrás a un ahijado muy decepcionado. "Igual de furioso, pero eso me lo guardo para otro momento"
– Eso no es lo quise decir y deberías haberlo sabido –alegó, entre dientes y fulminándolo también–. A lo que me refiero es que te arriesgas en una relación de por vida con alguien tan inestable como Potter; y no, no es por su actitud –agregó ante la futura protesta–, es simple: Potter siempre está en constante peligro. ¿Crees que el Lord lo dejará de lado solo porque espera un niño? Tampoco lo hará si se entera que son... –se detuvo al no saber cómo calificarlo. Sin querer reprimir su mordacidad–. Por cierto, ¿Cómo se le puede llamar a su relación?
– No dejaré a mi hijo sin nombre... Y no dejaré a Harry pasar esto fuera del aspecto legal, es mi prometido, si tanto le interesa a ese estúpido maníaco –la expresión era impasible, pero el matiz estaba lejos de serlo. Derrochaba desprecio en cada uno de sus insultos, contrastando con el cariño que destilaba al mencionar a Harry.
– ¡Draco! –exclamó Severus, alarmado–. ¿Sabes exactamente lo que el Lord te haría por todo lo que dices?
– Mírame a la cara –haciendo un gesto fino con su dedo, efectuando un círculo para graficar que le viera de completo–. ¿Se ve que me importa? ¿No? Pues muy mal por el adefesio, pero se puede ir mucho a la mier...
– ¡Basta! He escuchado suficiente; la Oclumancia es un arte en la cual me considero orgulloso. Pero admito, irrefutablemente, que el Lord es el maestro de la Legeremancia. No me arriesgaré a que Él vea esto.
Draco elevó una elegante ceja platinada. Indudable su gesto de '¿Y a mí que me importa que lo vea?'. En parte, sabía muy bien porqué no debería ser tan impulsivo.
– Puedes decir que soy un indigno y que sólo hacías tu trabajo de incógnito.
Severus le fulminó.
– No juegues con fuego, Draco.
– Pero, padrino, yo no juego –con una media sonrisa–. Voldemort puede hacer lo que le venga en gana, con tal de que no se nos acerque, puede seguir jugando a la 'Dominación del Mundo'.
– ¡Detente! ¡Compórtate como debes hacerlo...! –inspiró y exhaló varias veces–. Sinceramente, Draco, estoy llegando a pensar que Potter ha sido una muy mala influencia.
Draco sonrió socarronamente.
– Como diga, Señor. Usted nunca ha dejado de hacer notar su negatividad en contra de Potter.
Mientras Severus seguía mascullando frases como 'La indignación del Lord será implacable' o 'A Lucius le va a dar un ataque' incluyendo '¿Se habrá juntado con el chucho?', Draco se sentía en la gloria en el momento que dejó libres esas palabras en contra del maniaco del Lord, un tercio divertido por su último comentario, mofándose de el intento de manipulación de su padrino. Era mejor seguirle la corriente.
Mentalmente, pronunció Lord Voldemort. Y se dio cuenta de que no temía decirlo, no le temía, ¿por qué?... Porque ahora tenía motivos por los cuales no temía perder su propia vida... Tener a alguien más hacía que tu vida no significara nada a comparación a la de ellos... Le asustaba lo que Él podría hacerle a Harry y a su hijo. Y ahora... ¿Cómo ve al Lord Oscuro?
Una Enfermedad.
Él era una enfermedad, una que se teme conforme al nivel de gravedad con que ataque al cuerpo. Voldemort se teme conforme al nivel de sus atrocidades a la comunidad. La enfermedad, si bien en muchos casos no es curable, puede ser contenida y eliminada. Voldemort era una plaga, una aberración de lo que se convirtió un Mago Oscuro hambriento de poder, que puede y debe ser eliminado. Pero todo el mundo le teme, por ello, el temor les lleva a la ignorancia. Voldemort sigue siendo mortal. Y morirá siendo mortal en el momento que todos se den cuenta de que Él no era un Dios ni un Demonio.
Miró, casi atravesando los ojos de su padrino, tratando de que viera lo que él ve del tan afanado Lord de la Oscuridad. De todos modos, la Oscuridad era la nada, no valía su miedo.
– Has estado tanto tiempo en sus filas que tu convicción ante su derrocamiento está decayendo, padrino, no me pidas que acalle las verdades. Puedo mentir, como todo mundo lo hace cuando se refiere a Él, pero no lo haré, y más ahora que estoy con la única persona que tampoco se reprime. Harry nunca dejó que la sombra de Voldemort le hiciera mentir ni mucho menos temerle, cuando el mismo Lord Voldemort le teme en respuesta.
Severus tuvo la necesidad de contradecirle, pero no se pudo, pues el chico tenía toda la reverenda razón. Situación que le hizo sentir muy, pero muy, avergonzado.
– No puedo creer que mi ahijado me esté sermoneando –habló, circunstancialmente–. Pero eso no quita que seas prudente en la presencia de uno de sus aliados –Draco frunció el entrecejo, nada feliz de fraternizar con ellos–. Eres hijo de su Mano Derecha, no arriesgues el bien de tus padres, no lo hagas por mí, hazlo por ellos. Que, por muy arrogantes y cerrados que sean, siguen siendo tus padres.
Suspirando pesadamente, Draco asintió, irguiéndose de su asiento.
– ¿Necesitamos discutir más?
– Creo que es todo, solo necesitaba saber hasta dónde estas dispuesto a llegar.
Draco no contestó inmediatamente, pero antes de salir por la puerta, se giró para ver a su padrino. La convicción en su expresión eran las cosas que Severus tenia el privilegio de ver. No la frialdad ni la indiferencia dadas al resto de la humanidad.
– Mi vida, padrino, daría mi vida. Hasta ese punto llegaría, donde la vida separa de la muerte. Por ambos, Harry y mi hijo.
– No necesitaba preguntar, lo sé, pero siempre no están de más las palabras, ¿no?
Draco sonrió. Una sonrisa franca y sincera brillaba en sus labios, que llegaba justo a sus ojos, dándole un brillo inusitado al color mercurio en sus orbes.
– Nunca están de más...
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Little Hangleton. Mansión Riddle. Mazmorras.
– ¿¡Estás loco? –exclamó una voz que en condiciones favorables sonaría suave y tranquilizadora... Ahora sonaba totalmente escandalizada–. ¡No se puede salir caminando como si nada de los confines de la guarida Oscura! ¡Si así fuera, desde hace mucho me hubiese dejado atrapar por mi cuenta y no porque un psicópata Hombre-Lobo quiere joderme!
En otro momento, Remus John Lupin se hubiese avergonzado de ese último comentario, peroooo... en esos momentos le importaba una reverenda mierda. Este tal Khayman pretendía sacarles de la mazmorra como si saliese de su propia casa... Así, sin pelea y sin toparse con ningún inconveniente. Según él.
Para Khayman, era una situación de total deleite... Le fascinaba la pasión que desbordaba el castaño en cada uno de sus actos. Pero lo que causó una reacción negativa en su interior fue esa última declaración. Nadie iba a joder a nadie, mucho menos a SU castaño. Le sacaría las entrañas al atrevido que le metió esa idea, y se las iba hacer tragar hasta que muriese desangrado, y todo sin necesidad de ensuciarse las manos.
Sonrió cálidamente, al contrario de sus oscuros propósitos. Estaba recargado en una de las paredes, en una pose indolente. Se había liberado de sus cadenas como si nunca hubiesen sido un martirio para su deplorable cuerpo. Ahora lucía igual de pálido mortuorio (cosa normal), pero saludable ante el ojo crítico de un conocedor de su raza.
– Sólo confía en mí, tu presencia ha hecho mucho bien a mi salud, y por eso mismo necesito la ayuda externa de un amigo. Pronto estará aquí.
Remus le echó una mirada incrédula. ¿Quién demonios tenía el valor (o idiotez) como para venir directamente a las guaridas de Voldemort?
– Permíteme dudarlo –comentó conciliadoramente–. No un hombre cualquiera se dirige a sí mismo directo a su suicidio.
Khayman volvió a sonreír, pero esta vez lo hizo tiernamente.
– Eres muy ingenuo –cerró los ojos, y su expresión resultó absurdamente indiferente y al mismo tiempo expresiva.
Remus encontró eso muy atractivo. En el momento que pensó eso, se abofeteó mentalmente.
– ¿Por qué pienso que estás haciendo algo que no haría una persona normal? –interrogó Remus en un murmullo.
– Porque ya lo he dicho, soy un Vampiro... Y me pareces muy hermoso.
El castaño bajó la vista nerviosamente. Y algo cálido se removió al escuchar esas palabras. Omitiendo lo de Vampiro.
– Hummm... Gracias... creo.
¿No se supone que deberían andar en una tensión asesina?... Bueno, estar algunos metros separados confirmaba un poco esa teoría, pero no sentía la necesidad de cortarle el cuello como había sentido con el Líder Vampiro, Lioncourt. Y la verdad, Vampiro o no, Khayman le causaba sensaciones muy agradables.
El Vampiro se felicitó por haber logrado esa reacción. Ahora... sólo necesitaba controlar la ansiedad de saltarle y morderle para beber el cálido líquido escarlata que corría por las venas de ese hermoso ser. No para matarlo, claro. Nunca le haría daño.
«Si tienes la amabilidad de apresurarte, Armand, no me ofenderé»
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Saliendo de la oficina, Draco se encontró con Harry, riendo suavemente, sentado al lado de Black, quién mantenía una gran sonrisa que desapareció en el momento en que éste le vio salir. Harry –consternado por el repentino cambio de humor en su padrino– dirigió su vista hacia Draco, saltando del sofá y lanzándose literalmente a los brazos del rubio, quien lo recibió gustoso.
– Por tu efusiva reacción, figuro que todo salió bien –susurró Draco, cálidamente. Sintiendo como Harry se pegaba más a él y suspiraba en su fino oído.
– Sí, mejor de lo que esperaba. ¿Y tú?
Draco dejó salir una risa igual de suave.
– No pudo conmigo.
– La presunción no se te quita nunca, ¿eh? –aunque quería sonar reprobador, lo único que logró fue ampliar la sonrisa en Draco.
– Tú me conoces...
Harry levantó la vista hasta detallar el rostro de Draco, deteniéndose en los labios finos.
– Sí, te conozco –acercándose lentamente y permitiendo que la mano de Draco le tomara por la nuca, atrayéndolo.
– ¡No se les ocurra hacer eso cuando yo estoy aquí! –Sirius, en su fase paternalista les separó, desalentando a ambos y dirigiendo a Harry al sillón anterior. Todo ante la diversión de Harry y molestia de Draco, quien se acomodó junto al moreno, no dejándose intimidar por la mirada asesina de su "tío".
De hecho, su reacción fue parcial: mitad molesto, mitad aliviado. Preocupado por su propia reacción, Draco estaba comenzando a tomarse en serio ese estúpido síndrome. Francamente, lo había dejado de lado, su orgullo le empujaba a pensar que no era afecto a ese tipo de cosas ordinarias. Aún así, nadie dijo que el Síndrome de Couvade era "normal" en chicos de su edad, y menos aún que la raíz de eso era su novio embarazado... Y en realidad no lo era, no era cotidiano. Mentalmente, se encogió de hombros (cosa que nunca se atrevería a hacer a la vista pública). Con todo ese asunto, no podía culparse a sí mismo –mucho menos a Harry–, él había sido criado con la finalidad de que nada en su vida debía afectarle como a los Magos comunes. Sólo por el hecho de ser un Sangre Pura y toda esa aristocracia.
Obligándose a recomponer una postura más adecuada, Draco delineó una sonrisa cordial, directamente hacia Sirius. Quien no lo vio tan a ligera como esperaba el joven rubio. "Esto va ser un día frío en el Infierno" pensó lacónicamente.
– Es un placer conocerle finalmente, Sr. Black, mi madre me ha contado mucho sobre usted.
La sonrisa cordial se amplió y Sirius entrecerró sus ojos, nada interesado en ocultar su disconformidad mezclada con obvio recelo.
– Ella no es apta para hablar sobre un "deshonrado" a la familia –respondió, neutro.
– Madre no cree que usted lo sea, ni tampoco que lo haya sido. Aunque, como ya dije, no lo hablaba anteriormente hasta que padre le mencionó sobre su... liberación en 3er año. Sólo hace poco decidió hablarme sobre ello, y me ha contado cosas maravillosas de usted.
Harry les dejaba analizarse mutuamente, Draco era el más "civilizado" en esos momentos. No podía hacer nada por amortiguarle la situación salvo mantenerse a su lado, evitando que Sirius tomara cualquier excusa para saltarle encima y ahorcarlo ahí mismo. Aunque por el momento Draco iba bien, empezar por los lazos familiares es bueno...
– Oh, apuesto que sí. Narcissa siempre ha sido una mujer de muchas... palabras –respondió Sirius, la frase había quedado incompleta-. Tal vez también te dijo que soy padrino de Harry, él es como mi hijo, ¿sabes?
Draco no era idiota. Como sea, los problemas entre su madre y su "tío" eran eso, SUS problemas Black. No tenía porqué andarse metiendo en otros aspectos que no tenían que ver con Harry y él.
Sonrió forzosamente.
– No habla mucho de la familia, a excepción de tía Andrómeda y mi prima Nymphadora... Recientemente empezó a hablarme de usted.
Sirius elevó ambas cejas, levemente consternado. "Así que Cissa aún mantiene contacto con Andy..."
– Me parece inusitado, la verdad. Narcissa no era muy apta a las relaciones de Andrómeda y su familia desde que ella se casó con tu padre. De hecho, rompió todo lazo con los Black desde entonces.
Una indirecta lanzada. Y Harry le mandó una mirada de advertencia a su padrino. Draco ladeó ligeramente su cabeza, divertido.
– Madre siempre quiso mantener contacto con ellos, el punto era que padre pretendía acostumbrarla a relacionarse con los Malfoy –miró hacia otro lado y sonrió, ligeramente burlón–. Pensé que era algo inculcado desde niños. ¿Sr. Black, no se supone que es común entre las familias de linaje antiguo? Usted debe saberlo... –dijo, con toda la inocencia y causalidad infringidas–: La familia de parte de la esposa debe cortar lazos con ella, y adaptarse a la de su esposo. Conocimiento común entre Sangres Puras.
– ¿Insinúas que no tengo educación? –Oh, sí. Contrario a Draco, Sirius no se guardaba su indignación. La prueba pasó con un 100 en las probabilidades que el rubio ya había previsto.
– ¡Sirius...! –exclamó Harry, sorprendido ante lo rápido que cambió la postura del hombre, de indolente a hostil en sólo un comentario. Y antes de que dijera más, fue detenido por Draco, quien sostenía su mano, por debajo de la larga túnica que cada uno usaba. Por lo mismo, Sirius no lo veía. Tal vez, eso le enervaría más, y eso era lo último que querían.
– No, para nada. Sólo quería constatar lo que algunas personas se aferran a decir de usted.
– Y esas personas son... ¡déjame ver! – fingiendo una expresión pensativa–: Tú... junto a ¿tu padre?.. ¿Narcissa...? Alguien como ¿Bellatrix...?
– ¡Sirius! –nuevamente Harry, tratando de calmar a su padrino. Aunque ni tenía idea de quien era 'Bellatrix', el tono venenoso del animago le había indicado que no era de buenas fuentes.
– No me refería... –quiso reacomodar Draco.
– ¡Oh, para nada... ¡Tal vez fue...! –aún ignorando a su ahijado. Los decibelios en su tono ácido iban subiendo–. ¿¡Mortífagos? ¿¡Tu Señor...? ¿Serías capaz de entregarle a Harry en bandeja de plata?
En ese punto, Draco no lo toleró más. Podía gritar a los cuatro vientos que él y su familia eran Mortífagos. Pero una cosa era acusarle de serlo, y otra afirmar de esa forma tan resoluta que sería capaz de esa atrocidad. Peor aún, frente a la persona más importante de su vida. Y lo que más le afectaba era que no había dudas en Black.
Apretando los labios, se paró hasta enfrentarlo, pues Sirius se había levantado también. Sus ojos habían tomado una tonalidad gélida, a diferencia del fuego que transmitían los ojos de Black.
– Yo nunca...
– ¡Un Mortífago, eso es lo que tu padre es, y es en lo que te convertirás, Malfoy...! ¡JÁ! ¡Probablemente ya lo eres, un sucio ase...!
– ¡Basta! ¡No le hables así! –intervino Harry, saltando literalmente de su asiento y alejando la mano de Draco, quien trataba de tranquilizarlo. Pero Harry no estaba molesto, estaba furioso. "¿¡Cómo se atreve a acusar de esa manera al padre de mi bebé?" –. Nunca, escúchame bien, nunca vuelvas a hacer eso. Cuando me llegue a enterar... –se detuvo, dejando la frase brutal en el aire. Sus brazos a los costados en una pose tensa, apretando los puños fuertemente–. Atente a que si te atreves a acusar a Draco de ser un sirviente de Voldemort de nuevo, ten por seguro que perderás algo más que mi respeto.
El tono serio y terminante de Harry hizo que Sirius guardara silencio finalmente. Fue ese exacto momento en que Severus escogió salir de su despacho, y lo que encontró no le hizo mejorar la jaqueca que su querido ahijado le había provocado. La tensión era aplastante, y el profesor se preguntaba si era buena idea intervenir. Mas no necesitó debatirlo mucho, pues Sirius hizo el primer movimiento, mandando una mirada de muerte a Draco, y saliendo hecho una tormenta fuera de la habitación.
Unos segundos pasaron, en donde escucharon los fuertes pasos alejarse y la puerta de la recamara siendo azotada con fuerza. Con un suspiro resignado, el adusto hombre se dirigió a la recámara, sin decirles nada, ni mirarles.
Fue como si un globo fuese desinflado, la furia disipándose y el agobio empezando a llenarle. Sintiendo como el cuerpo le temblaba, Harry se dirigió con pasos inseguros hasta el rubio. Recargó su cabeza en el hombro del otro, abrazándolo por el cuello y enterrando su rostro en los largos cabellos de Draco, sintiendo inmediatamente como le rodeaban dos brazos firmes, amorosos. Un beso suave fue presionado en la base del cuello, y Harry dejó de temblar ligeramente.
Draco esperó a que el Gryffindor se decidiese a hablar, él no le iba a presionar, sólo se encargaría de confortarlo. A él nunca le había gustado que le presionaran a hablar, y era obvio que a Harry tampoco. En un momento o en otro, Harry hablaría.
Y tuvo razón, no esperó mucho.
– Siento mucho todo lo que Sirius dijo... yo... yo pensé que se iba a comportar...
– ¿Directo, compulsivo, atacante? –Suspiró–, no esperaba menos de él. Y no hay necesidad de disculparse, tiene todo el derecho de expresar su opinión.
Harry negó, aún escondiendo su expresión, estrechando su abrazo, obligando con ello a que Draco le elevara un poco para disminuir el peso ejercido.
– No... No tenía derecho alguno, no a expensas de tus sentimientos –susurró Harry, abatido.
– Mis sentimientos no pueden ser alterados por nadie, nadie traspasa esa puerta, y solamente tú tienes la llave... Así que espero que no seas tan poco Gryffindor como para que la utilices de esa manera –Harry dejó escapar una risita ante eso, logrando que Draco se sintiera satisfecho por su proeza.
– Le desagradas –habló Harry después de varios minutos, un poco temeroso a la reacción del rubio–, y mucho.
Draco dirigió una mano escurridiza por el cuello del otro, hasta enredar sus largos y finos dedos en los cabellos azabaches, cerrando los ojos y disfrutando de la calidez que proporcionaba el cuerpo de Harry.
Como había dicho, nadie más podía afectarle de forma negativa.
– No le desagrado, me odia...
– Yo cre...
– Me odia, Harry, y mi padre tiene que ver con ello. Así como Severus te odia por las acciones pasadas de tu padre.
Harry se separó finalmente, retirando con delicadeza la caricia, y mirando fijamente los ojos plateados.
– ¿Por qué esto no te afecta tanto como a mí?
Draco dejó deslizar una sonrisa maliciosa, girando al moreno sobre sus pies, con el propósito de abrazarle por detrás y llevar sus manos por debajo de la camisa del Gry.
– Porque yo no soy el que gesta a nuestro bebé –murmuró, acariciándole el vientre ligeramente curvo, provocando una deliciosa sensación en Harry.
– ¿No se supone que tú eres el de las "consecuencias"...? Deberías estar "sensible".
Draco elevó una ceja inquisidora, pero el gesto no valió, pues Harry no podía verlo desde su posición.
– Yo no he dicho tal cosa, y que yo sepa, no tengo porqué serlo.
– Ooooh, pero Draco –voz ligeramente divertida–, tú me dijiste que padecías ese extraño Síndrome... –a Harry se le iluminaron los ojos de pronto–. Aún no terminamos ese asunto de la otra vez... ¿Crees que podríamos hacer algo relativo a hacer el amor?
Sabía que esa engorrosa idea le iba a regresar el golpe tarde o temprano "Debí de haber sido más creativo, sé que pude haberlo sido..."
Malditas hormonas.
Desenredando sus brazos de la aún estilizada cintura, Draco le habló en un tono algo turbado.
– Errr... ¿Sabes? No me acordaba, pero tengo que irme, ya sabes... Ummm tengo que ver a Blaise... para... para algo importante. Nos vemos después, amor –despidiéndose con un beso fugaz en la mejilla y enfilando directo a la salida.
Harry permaneció ahí, parado y aturdido. Dándose cuenta de algo: Draco le besó en la mejilla, no en los labios, no en le cuello, no en una parte específicamente sensible de su cuerpo. El rubio nunca hacía eso, darle un beso tan... ¿casual? Tal vez Draco estaba cansado, afectado por sus síntomas, tal vez las hormonas de su propio cuerpo le afectaban en sobre manera...
Pero eso no le quitaba el peso de la acción.
Parpadeó, alejando las gotas saladas que pretendían salir de sus confines. NO iba a llorar, por ningún motivo, por muy absurdo que sea, iba a permitirse a llorar. ¡No era una chica sensible por el amor a Dios! Él era un hombre y no iba a llorar como una colegiala enamorada que fue ignorada por su sexy novio.
En todo caso, ni él, ni Draco tenían la culpa..., era esa estúpida norma Couvade. Además, no podían hacer nada hasta que el bebé naciese, para no forzar un Lazo que podría hacerle daño...
Frunció el entrecejo. Rebobinando las palabras de su novio:
'No me es posible tocarte de nuevo, no hasta que mi herencia salga a flote y no te una a mí cuando más necesitas tu magia para nuestro pequeño' asociado a: 'Un enlace de ese calibre requiere una ingente cantidad de magia pura'
Y la última pieza: 'que el Veela efectúa después de sus 16'
Pero..., Draco aún no tenía 16..., y... ¿De verdad su bebé era un impedimento a esa clase de "ejercicios"?
De una cosa sí estaba seguro, nada había pasado anteriormente; y los hechos posteriores al día de la concepción... Solo una vez fue necesaria, y... la segunda... ¿Por qué no pasó nada cuando lo hicieron esas veces? ¿Qué, en el nombre de Dios, había de diferencia de ese momento a éste? El bebé no fue, porque todavía no estaba embarazado esa primera vez.
Se cruzó de brazos, mirando con insistencia a la nada, pensando, recordando. Las fechas no mentían, se embarazó en aquella ocasión, siendo Harry mismo el pasivo. Sus mejillas se tiñeron de un rosa ligero. La siguiente fue cuando Draco le tocó serlo. El tono rosado pasó a ser escarlata. Y... hasta ahí... Sólo habían sido casi dos meses en donde la relación se construía y ni se habían presionado en ese aspecto. Uno, porque Harry no haría nada hasta tener la palabra del otro, y dos, porque Draco mismo trataba de ajustarse a la idea.
Así que... ¿eso no significaba que debió haber pasado "algo" cuando le hizo el amor a Draco?... "Eso se oye tan bien... Hummm" golpeándose mentalmente Harry se obligó a analizar de nuevo la situación. Y concluyó que nada de eso tenia sentido, ni un hecho ni el otro.
Había varios factores que explicarían eso: posiblemente fue por la sangre Veela –su entrecejo se pronunció más– pero que él supiera (la necesaria información que obtuvo), los cambios se producían hasta el día de la Herencia... y eso sería dentro de varios meses todavía... Tal vez, ¿la sangre Vampirice?... No, algo le decía que no era eso. Puede... que Draco hubiera olvidado decirle algo... ¡Nah! Él no haría tal cosa... ¿o sí?
Un idea se encendió en su cerebro... ¿Por qué no se le había ocurrida antes? ¿Quién más tenia todo el conocimiento posible en la materia...? ¡Hermione, quién más...! Bueno, de hecho, no era nada más en esa rama, también tenía una genialidad endemoniadamente arrolladora en TODAS las materias.
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Torre de Astronomía.
Un chico rubio, con la cresta de la Serpiente en su túnica, yacía recargado en el alfeizar de la enorme ventana. En profundo pensamiento.
Era absurdo, hilarante, ridículo, idiota, estúpido... Bien, el punto estaba claro, ¿no?... Se odiaba a sí mismo por lo que últimamente hacía.
Se comportaba normal, como el altivo y arrogante Slytherin de siempre, incluso en la presencia del Gryffindor, pero éste último sabía que era la naturaleza del rubio... así que las discusiones de antaño ya no salían a flote... Ambos se amaban, y con ello venia la comprensión mutua. No era necesario hacer muchas preguntas, era como si se conocieran de toda la vida... Tal vez, su continua contingencia del uno con el otro por lo largo de 4 años había sido el detonante... Es como siempre dicen (y era renuente en admitirlo) 'Hay una línea delgada que separa el Odio del Amor' y ellos ya la habían cruzado desde hace mucho tiempo... O al menos él lo había hecho.
Pero eso no era lo prescindible en esos instantes, en su interior, algo le mantenía en continuo estrés, el asunto era que cierto tema frenaba todo tipo de acercamiento más allá de los besos y abrazos. Él, sin vergüenza ni pudor, admitía que era un promiscuo. Nada le había eclipsado las sensaciones placenteras del arte del sexo, ni persona, ni situación. Ahora, Harry era la primera persona que le hacía olvidar los demás especimenes que le rodeaban... Ya no más salidas furtivas en la noche para una buena sesión de sexo ardiente. Simplemente ya no lo deseba así, ese particular deseo desembocaba directamente en una sola persona –y figuraba que seguiría así hasta el final de sus días– entonces, ¿qué era diferente?... Oh, sí... El Síndrome de Couvade...
¡No quería admitirlo!... Lo hizo frente a Harry, sí, pero eso no significaba que lo hiciera interiormente. Es que simplemente un Malfoy. NO. Se. Altera. ¿Que la naturaleza del cuerpo humano (tanto mágico, como No-mágico) no entiende que un Malfoy no cae en esos estándares?
Que alguien se atreva a decirle ¿¡Por qué habría de dejar que un estúpido síndrome le manipulara su vida íntima?
Ahora la confusión fue sustituida por otra cosa: Ira...
¡Oh, qué bien, ahora estaba furioso!... Él nunca dejaba que nada le llevara a ese nivel. "Control, Draco, control o terminaras maldiciendo al primero que se te cruce... después de todo aún eres la viva imagen de un Mortífago en entrenamiento... ¿¡Y por qué demonios me habría de importar lo que piensan?" acompañando su ira interior, se irguió de golpe, y el mundo se movió ante sus ojos, causando que los cerrara y se apoyara rápidamente en el barandal. Como si no fuera suficiente, su estomago se retorció de forma abrumadora...
¡Mierda! Él no acababa de marearse, él tenía el suficiente autocontrol como para evitar esos factores que la gente común sufría. Lo había hecho durante tres semanas, y lo seguiría haciendo por meses más. "Autocontrol... autocontrol... sólo... necesito... sentarme y respirar varias veces" hizo lo propuesto, colocando sus codos en sus piernas, inclinándose hasta tener la cabeza mirando el pulcro suelo. "Listo... esto se siente mejor, solo se necesitaba autocon..." algo quemante subiendo por su garganta cortó de forma abruta todo pensamiento coherente, se llevó una mano a la boca, pero la quitó de inmediato y... vomitó. Mucho.
Pues... al parecer el autocontrol no era suficiente.
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"¡Lo voy a matar lenta y dolorosamente!" Era el mantra constante de Harry, dirigiéndose en donde el mapa del Merodeador le indicaba la localización de Draco Malfoy.
Podría decirse que estaba molesto, enojado, irritado o furioso... pero estaba más allá de furioso. ¿Cómo se atrevió? ¡El Slytherin le había mentido! Su bebé no era un impedimento para tener relaciones ¡y el rubio va y se atrevía a ponerlo como excusa!
Hermione le había aclarado (con señas y todo) que la Herencia Veela no interfería pues, naturalmente, ésta aún no aparecía hasta que ambas partes de la relación estuvieran listas para ello (para el Lazo), que incluso la fecha en que llegaba pasaba a ser también intranscendente si uno de ellos no estaba en condiciones de completar el Lazo. El embarazo era una de esas condiciones. Es decir, Draco podía estar tranquilo de no saltarle a su pareja en necesidad aunque fuera el mismo 'Gran Día de la Herencia' si Harry aun no tenía al bebé. Así que nada tenía que ver la sangre Veela.
Sus pensamientos fueron cortados por una voz detrás de él.
– ¡Hey! ¡Ojos Verdes! ¡Hi, Hi!
Harry quiso aumentar su velocidad ante la reconocible, molesta, voz. Pero se vio imposibilitado de tal propósito por el pegoste llamado Reaven Black.
– ¿Qué quieres? –casi ladró el enunciado. Para la suerte del otro chico, pudo controlarse.
– ¿Puedo peguntarte algo sencillito? –pidió con voz tierna. Sus grandes y bellos ojos plateados veteados de marrón haciendo mella en el temperamento de Harry. Estaba suavizándose por esos ojos endemoniadamente dulces.
"Me arrepentiré de esto. Oh, Dios, como lo sé"
– Suéltalo.
– ¿Sabes si mi Padre tuvo algo que ver con tu padrino? –dijo, su tono un poco serio, pero sin dejar su suavidad. Sabía que el morenito de ojos verdes era muy volátil, sobretodo con su presencia.
"Chico celoso" pensó, divertido. Le parecía dulce también.
– ¿Perdón? –se las arregló para decir Harry finalmente. Totalmente fuera de lugar.
– Si, tú sabes –hizo un gesto, reforzando la aparente obviedad del asunto–. Mi padre y tu padrino solían ser los mejores amigos en Hogwarts, algo así como hermanos... Lo siguieron siendo después... Y en algún punto, después de que nací... Ambos, creo que llegaron a algo... Pero no sé exactamente a qué, por eso te pregunto ¿sabes si fueron amantes ocasionales o de verdad fue seria la cosa?
Harry, removiendo sus lentes, se frotó el puente de su nariz, frustrado por no entender al otro chico.
– Mira, para serte sincero, no capto lo que me tratas de decir, que yo sepa, no conozco a tu padre... Y con respecto a mi padrino -Harry entrecerró sus ojos-. Es un prófugo, por si no lo sabías, no lo conozco y no pretendo hacerlo...
Se mordió la lengua para no irse de más y decir que su padrino era inocente de todo cargo del cual se le acusaba, pero si no quería arriesgarlo, necesitaba contenerse.
Reaven le dio una mirada de total extrañeza. ¿No se supone que tío Black era inocente y que Harry ya lo sabía?... ¡Espera!
– ¿¡Cómo está eso de que no conoces a mi padre?
Harry cerró los ojos ante el tono alto. Gruñó. No estaba de buen humor que digamos.
– ¡No tengo tiempo para esto! Si me disculpas tengo que buscar a MI novio. Hasta luego Black.
Sin otra palabras más, e ignorando al aturdido rubio, Harry se dirigió a su inicial destino. Esperando que su humor volviese a su estado normal... O al menos bajara algunos niveles de ira. No tenía tiempo para lidiar con eso de conocer al padre del chico Black... pero... ¿No se supone que era Sirius?... Su sospecha se transfirió a otro lado y ahora no sabía hacia quién.
Soltó una exclamación frustrada.
"¡Voy a matar a todos lo rubios idiotas...! ¡Y tú, Draco Malfoy, vas a ser el primero! ¡Tienes mucho que explicarme!"
Dejando el tema de lado, Harry seguía su camino, cuando casi se cae al chocar contra alguien. Quien, gracias a Dios, le sostuvo antes de dar contra el duro suelo.
– ¡Hey! Cuidado, petit, deberías ir más despacio, podrías lastimarte a ti o la preciosa carga que llevas en tu interior.
Cayó en la misma posición en la cual aquel hombre se empeñaba en mantenerlos. Y Harry lo encontraba agradable, pero incómodo a la vez. Sentir dos fuertes brazos rodeándole de forma cariñosa, sinceramente, era una situación que nunca había tenido el privilegio de sentir desde pequeño, ni sus amigos eran tan fervientes... de hecho, el único había sido Draco... y ahora esta persona. Recordando que tenía a un rubio que "asesinar", se desembarazó de la posición, sonriendo nerviosamente. Esa clase de acercamientos le ponían fuera de balance y no sabía como actuar.
– Uh, lo siento mucho profesor Lioncourt...
– Lestat...
– ¿Ah...?
El rubio profesor sonrió.
– Dime Lestat, toda la formalidad me hace sentir más viejo de lo que en realidad soy, pero de lo que en realidad me veo –al sonreír ampliamente, sus blancos colmillos se dieron a notar. Sobresaltando a Harry. Inmediatamente después desaparecieron al comando de su dueño–. Lo siento, olvidé que estás acostumbrado a no ver este tipo de cosas... todavía.
Harry ignoró ese 'todavía' y sonrió.
– Muchas gracias de nuevo, pro... Lestat. También puede llamarme Harry, si así lo desea.
Usualmente lo haría, pero Lestat estaba acostumbrado a decirle 'petit'. Gajes de ser un libertino incontrolable.
– No hay problema, cuando quieras –tono sugerente. Ignorado olímpicamente. Lestat suspiró. El chico no estaba hecho para ese tipo de malicia–. Creo que tienes asuntos por atender, ¿no es así? –Harry asintió tímidamente, preguntándose si el profesor había leído sus pensamientos. Lestat le sonrió, confortante–. Si me necesitas, sólo llámame... ¡Ah! Lo olvidaba, el Director me pidió que les informara que la habitación que requirieron se encuentra justo al lado de la sala de requerimientos. La contraseña se la dirá el retrato que se les fue asignado. Disfruta tu día, petit.
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Maldiciendo a todos sus antepasados, Draco continuaba recostado en su nueva cama. En su camino desde la Torre a las mazmorras de Slytherin se había encontrado con la profesora McGonagall, informándole sobre la habitación que tanto quería desde hace un tiempo.
Estaba confortable, a pesar de la desagradable sensación en su estomago. Acababa de tomar un vial de antináusea de la cual se había hecho por parte de su padrino, en un momento de debilidad. No estaba acostumbrado a resolver sus problemas con la ayuda de otros, ni siquiera un simple mareo. Pero ya saben, en la agonía todo se vale...
Sip, exageraba, ¿¡pero qué esperaban? Él nunca se había enfermado, más que en aquella ocasión que le dio viruela... No muy agradable de verdad.
Lo más remarcable de todo eso eran exactamente las enormes ganas de vomitar. También resentía algo de cansancio, insomnio. Ganas de comer algo que nunca en su vida comería. Los mareos, los mareos secundaban al vomito. Lo de sentirse poco atractivo era pura basura... Él sabía muy bien que era atractivo. Según el Síndrome, las ganas de tener sexo dependían del humor del padre hacia sí mismo, si se sentía bien o no con su cuerpo... Repetía, era pura basura. Lo que sí decía era sobre la inseguridad, pero no consigo mismo, tal vez... algunos términos trabajan de igual manera pero en otros factores. De algo sí estaba seguro, se sentía jodidamente atractivo y deseado, igual a la inversa, deseaba fervientemente a Harry... ¿Entonces por qué no lo hacían? No era porque no podía, ni tampoco porque algo le frenara obligatoriamente. No había normas de por medio, bueno, ninguna por la cual dependiera la vida... o un daño... No a él... pero...
La resolución le golpeó de pronto.
Temía lastimar a Harry...
– Mierda... –murmuró en la silenciosa habitación. No había tenido tiempo de pensar en ello y por eso mismo no había llegado a esa conclusión anteriormente.
No era consigo, era con Harry. Su pareja cargaba con su bebé y temía hacerle daño, a los dos.
Bueno... sonaba estúpido. Sabía perfectamente bien que nunca les haría daño. Tenía autocontrol en todo, el acto sexual no era ni por mucho una excepción...
Pero... ¿con su sexy y adorable Harry?...
– Mierda...
"Autocontrol" no era exacto con el Gryffindor. Con ese chico de hermosos ojos jade, piel ligeramente bronceada, figura esbelta y trabajada, sus lagas piernas, y su firme trasero...
– Maldición...
¿Cómo pudo dejar que su estúpida inseguridad le dominase de ponto? Ah, sí... por el "Sr. Couvade".
¡Maldición! Él era un Malfoy y un Malfoy no deja que nada se meta en su camino. Cuando encontrara a Harry no se iba detener, ¡Lo cargaría a esa misma cama y le iba a hacer el amor hasta quedar exhausto!
"¡Óyeme bien quien quiera que inventó esto, romperé el ciclo de tu dichoso Síndrome como nunca antes lo habías diagnosticado!"
Su fiera amenaza mental (si le preguntas a alguien coherente te diría que era una ridiculez) fue cortada por la abrupta entrada de Harry a la habitación. Sin tener tiempo de decir nada, Draco fue aplastado contra la cama en un apasionado beso. Sintió la ya memorable necesidad de alejarse, pero recordando su "promesa" estrechó el cuerpo del moreno y regresó el beso con la misma pasión. Él, recostado en los almohadones y Harry sentado en su regazo, con las piernas a ambos lados de su cuerpo.
– Draco... –gimió Harry, sintiendo las caricias de esas finas manos. No deseba ser rechazado. Y cuando sintió los fuertes brazos rodeándole y el beso ser regresado casi salta de felicidad–. Por favor, hazme el amor.
Y no había forma de que Draco se negara ante eso. Empujando esa duda que le consumía, y ahora solo deseba complacer a su Harry.
"¡A la mierda con el Síndrome de Couvade!" juraron ambos chicos, luchando por deshacerse mutuamente de la ropa que les alejaba de la piel deseada. Las manos estaban por todas partes, tocando, acariciando y luchando para deshacerse del textil. Después de segundos de frenética labor, al fin, estaban bendecidamente desnudos. Ambos se contemplaban el uno al otro, viendo la perfección del ser amado. Y Draco inmediatamente acercó el otro cuerpo, estremeciéndose ante el placentero contacto de piel contra piel, haciendo que sus erecciones se tocaran, mientras Harry dejaba ir un jadeo, arqueándose en busca de más contacto.
– ¡Dios...! Te extrañaba tanto... mmmmm...
Continuando con la fricción, Draco se acercó hasta atrapar sus labios y susurrar en un tono profundo que hacia temblar a Harry en cada fibra de su ser.
– Te amo, Merlín... Siento tanto haberme mantenido tan distante...
– Ya no importa –susurró Harry–. Te amo.
La boca del rubio viajó directo al hueco entre el cuello y el hombro, succionando hasta saber que más tarde dejaría marca. Diciendo con ello que ese cuerpo, esa alma y corazón le pertenecían, y Harry dio todo su consentimiento al exponerlo, inclinando la cabeza hacia atrás y dejando ir suaves jadeos.
Draco quería escuchar más de esos deleitantes sonidos, así que continuó prodigando besos tiernos en los labios, en el cuello, los hombros, el pecho, capturando con sus dientes un delicado pezón, recibiendo a cambio un gemido apenas reprimido. Sintiendo los brazos de Harry acariciar los suyos con devoción, escuchando la respiración agitada en anticipo a cada avance. Continuó su deliciosa tortura en el otro pezón, escuchando esta vez el gemido audible, acompañado de un respingo.
En un movimiento, lo recostó sobre su espalda, de modo que ahora Draco yacía sobre él. Reinició las caricias, dedicándose a dejar que sus manos tomaran caminos separados por el cuerpo bronceado, una en las caderas, y la otra, constante en el pezón, mientras comenzaba un vaivén, rozando ambas intimidades. Los gemidos fueron en aumento y Draco atrapó la carmesí boca, deslizando su lengua dentro de los suaves labios que se abrían en aceptación, aún ahogando los gemidos. El deseo de hacerlo desesperadamente desapareció de ambos conscientes, la necesidad de sentirse, amarse, les envolvía por completo... Deseaban hacerlo lento... Placenteramente lento.
Draco amaba cada leve respingo de Harry, cada profundo gemido en zonas que se había encargado de tocar anteriormente, pero que ahora provocaban más efecto. Sobre todo en los pezones y, por supuesto, en su miembro. Descendió por el vientre, dejando estelas de besos en su camino, logrando que la respiración de Harry aumentara su ritmo. Llegando a las caderas, Draco se detuvo en el palpitante y deseoso miembro, sonriendo maliciosamente, continuo su camino, dejando sin tocar esa sensible parte, y Harry tuvo que reprimir un queja y a la vez dejar de gemir tan fuerte en el momento que el rubio decidió lamer, besar y acariciar el interior de sus mulos, alejado inconvenientemente de su necesitado miembro.
Viendo, y sintiendo, el debate emocional de Harry, sonrió de forma predadora cuando lo tomó desprevenido, acercando su boca, introduciéndolo de golpe y logrando que Harry liberara un gemido profundo en el mismo instante en que se arqueaba.
El moreno creyó morir en el instante que esa misma boca y lengua húmedas comenzaron a darle atenciones, provocando que su cuerpo se moviera al ritmo marcado. Hasta que un fuerte hormigueo en su vientre bajo le indicó que el orgasmo estaba cerca, pero las atenciones se detuvieron y Harry protestó por ello.
– ¡Draco, te necesito!
Levantando la vista, Draco se maravilló con la imagen de un hermosamente arrebatador Harry, la manera en que contenía los gemidos era casi tan dulce que mandaba descargas de necesidad en él. Y se acercó hasta besarle de nuevo.
– ¿Seguro, amor?
Harry sólo pudo asentir ligeramente, mordiendo su labio inferior, adorando la sensación que las manos de Draco hacían con cada acto.
Con un movimiento inconsciente de su mano, Draco hizo aparecer un frasco de lubricante. Separando gentilmente las piernas, se acomodó hasta tener acceso a la entrada, introduciendo un dedo lubricado con tanta delicadeza como se le era posible aplicar, dejando de lado su agobiante necesidad hasta que Harry se acostumbrara. No era la primera vez, era la segunda, y había pasado tiempo de eso, sabía perfectamente bien que Harry no había estado con nadie más, al igual que él. Por esa razón no deseaba incomodar a su pareja.
El segundo dedo acompañó al primero, y el tercero al segundo. En ese punto, Harry ya había dejado atrás la punzante incomodidad, mientras movía ligeramente las caderas al compás de esos dedos que le dilataban con ternura. A la par que los labios de Draco se encargaban de distraerle, y una de sus manos bajaba y subía por su intimidad.
Sin resistirse por más tiempo, Draco sacó sus dedos de esa calidez y antes de que hubiese una protesta, tomó a Harry por la cintura hasta mantenerlo elevado y posicionándolo sobre su palpitante necesidad, bajándolo lentamente, deteniéndose una, dos, tres veces hasta sentir como la apretada cavidad se cernía a su alrededor por completo. Harry gemía ligeramente a su oído, no en dolor, sino en completo placer, mermando el autocontrol que Draco forzosamente mantenía en pie.
Era glorioso sentirse así. Sentirse lleno, completo, por el amor de su vida. Y Draco, sentirse envuelto, dulcemente apretado era una sensación indescriptible en palabras.
– ¿Mi amor?
– Mmmju...
Tomándolo como un sí, Draco salió hasta dejar solo la punta y empujó dentro con firmeza hasta golpear ese punto que volvía loco a Harry. Una y otra vez efectuaba el mismo proceso, embestía con suavidad hasta ir aumentando el ritmo considerando uno adecuadamente cómodo y conveniente para prolongar el placer. Mientras Harry se aferraba a la espalda albina, sin reprimir los dulces gemidos, que se convirtieron en desesperados ante el inminente aumento de las penetraciones.
Draco buscaba hundirse en ese cuerpo ferviente de seducción, aferrando sus manos en las caderas para hacerlo subir y bajar, firme y suave al mismo tiempo que empujaba. Era tan estrecho que Draco apenas y mantenía el control de la situación, arreglándoselas para medir su fuerza al tiempo que complacía a ambos. Harry en la nebulosa de su placer, sentía como el miembro de su amor entraba y salía con un cuidado casi inadmisible, quería sentir más, tener más de Draco y casi llora de la felicidad al sentir como el cuerpo del rubio reaccionaba y se introducía con más profundad. Enredó sus piernas en su cintura, hasta estrecharlo lo suficiente para sentir las embestidas entrar más profundo en su interior, si es que era posible. Y sus bocas se buscaban ansiosas, besándose con el apasionado amor que tanto tiempo habían deseado profesarse en completa consciencia.
Por un breve instante ambos sintieron el golpe exacto del clímax, se atrajeron en un beso apasionado, gimiendo el nombre del otro, rompiendo el ciclo de su vaivén arrebatador. Liberando su carga entre el abdomen de ambos y en el interior de ese estrecho túnel, respectivamente.
Sin soltarse ni un momento, se recostaron lentamente, uno entre los brazos del otro, extenuados. Draco, levantándose un poco, de deslizó fuera de la sensible cavidad, obteniendo un ligero gemido de Harry, e inmediatamente lo atrajo entre sus brazos.
– Eso fue... ¡Wow! –dijo Harry en un profundo suspiro somnoliento.
Draco sonrió ampliamente y besó amorosamente su cabeza.
– Duerme, mi amor.
Siguiendo la petición, Harry murmuró un 'Te amo' y permitió que el mundo de los sueños le cubriese por completo. Con una sonrisa, al saberse satisfecho de tener de vuelta a su Dragón.
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Mansión Riddle.
Una solitaria figura yacía frente a la reja que le separaba de los terrenos sinuosos de la vieja mansión. Con las manos en los bolsillos del pantalón de mezclilla, y la cabeza inclinada hacia un lado, inspeccionaba detalladamente la ilusión.
– ¿Cómo pasar por ahí sin ser visto o activar trampas...? Hummm... –se concentró por unos momentos y una sonrisa se perfiló en sus labios–. Son pésimos en barreras mentales.
«Si tienes la amabilidad de apresurarte, Armand, no me ofenderé»
Armand entornó los ojos.
«Hummm... ¿Por qué tanta prisa? Hace poco ni sabía nada de ti y ahora quieres salir de la nada»
«¿La verdad? Encontré un interesante espécimen»
Armand tenía alguna idea clara acerca el "Nuevo espécimen". Pero prefirió no comentar su sospecha.
«Oh, eso es nuevo... Espero que no sea un impedimento en mi misión "Rescate improvisado"»
«Ya lo veremos... Sólo, apresúrate por favor...» le escuchó decir. Algo de seriedad fue mandada también.
«Ok, pero luego les explicas a los demás mi repentina desaparición...»
«¿No les avisaste?» Le llegó la incrédula pregunta y Armand sonrió infantilmente.
«Nop...»
Continuara... NA:
Ehmmmm... Tengo un nuevo fic que surgió de una sesión con la psicóloga de mi Colegio ¬¬ll... Bueno, trataré de no enterrarme entre tantos fics, y para aquellos que pueden con tantos... Mis más sinceros respetos o
Gracias por leer!
Kisses!
Yth-chan
