Cuando Levi no estaba molestando al niño idiota, se encontraba durmiendo o revisando qué parte de la casa tenía polvo o no. Aunque últimamente lo que más hacía era dormir. Le sorprendía un poco haber pasado casi dos meses sin poder escuchar el nombre de su mocoso. Carla le decía «cariño» y Grisha solía llamarle «hijo», llegó debatirse si ese niño en verdad tenía nombre. ¿Qué tan mala podría ser su suerte? Parecía que la vida tenía un sentimiento de amorodio con él. No podía quejarse, no del todo, había encontrado a su mocoso.
Estaba con él.
Estaban juntos.
¿Qué más podía pedir?
«Tantas cosas...»
No podía enojarse, no por completo, ha logrado que quería. Lo que deseaba. Se encontró con su mocoso, estaba a su lado, incluso tenía a Hanji apoyándolo y molestándolo. Eran momentos así, cuando se ponía a analizar su situación, en los que no sabía cómo reaccionar. Iba a quedarse con él, lo haría, era lo que había deseado desde que tuvo consciencia, pero terminaría viendo cómo se enamoraba de alguien más y, si llegaba a vivir tanto, cómo se casaba con otra persona. Se iría y lo dejaría solo, estaba convencido de que pasaría tarde o temprano. Pero no importaba, claro que no, él está preparado para eso. O por lo menos eso es lo que él cree. Tiene un boleto en primera fila para que le rompan el corazón. Para que él lo haga.
«Sería un privilegio que me rompieras el corazón».
Querido Levi, espero que digas lo mismo cuando eso pase.
Si es que llega a pasar.
¿Alguna vez has pensado que quizás seas tú quién lo haga?
Quizás tú le rompas el corazón a él y no al revés.
