Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1.

Capítulo 26: La festividad rosa y roja.

Al día siguiente, Draco evitó a Hermione tanto como le fue posible. Se despertó temprano, antes que ella, y se dirigió al acantilado para practicar. Pasó ahí toda la mañana, saltándose el desayuno, y sólo regresó a la casa cuando ya no pudo moverse debido al hambre. Se sentó afuera en el porche hasta que estuvo seguro de que Hermione no estaba en la cocina, entró y se hizo algo de comer rápidamente. Comió en el porche, y regresó al acantilado hasta entrada la tarde.

De nuevo espero hasta estar seguro de que no se toparía a Hermione antes de entrar a su habitación, tomar un baño y relajarse. Después de dos horas, su estómago comenzó a sonar. Escuchó atentamente, y cuando escuchó que alguien se movía en la cocina, decidió que era seguro aventurarse a la cocina y hacer algo rápidamente y comer en su habitación.

Draco se deslizó suavemente por las escaleras y fue directo hacia la cocina. Esperaba ver algo caliente en la estufa, una ensalada, incluso algo de pan, pero no había nada. Revisó todas las encimeras, pero casi no había comida, solo unas latas de frijoles y una barra de mantequilla. Gimió internamente, sabiendo que tendría que hablar con Hermione.

Entró a la estancia, donde estaba Hermione, temiendo el encuentro, aunque no podía decir con exactitud porque. Cuando vio a Hermione, tuvo que contenerse para no reír.

Estaba sentada en medio del sofá, aún en sus pijamas, con pañuelos usados alrededor de ella. Su cabello estaba recogido en una desordenada coleta, y sus ojos brillaban debido a las lágrimas; en una mano sostenía un cartón de helado y en la otra una cuchara que estaba congelada a mitad de camino hacia su boca. Sus ojos estaban pegados a la televisión y frescas lágrimas corrían por su rostro, cayendo en su regazo.

–Granger. –dijo.

Ella brincó y lo miró, sin siquiera intentar arreglarse o al menos pretender que no estaba llorando.

–¿Qué?

–¿Qué hay para cenar?

–¿Huh?

–Cenar. Comida. Es hora de comer.

–Oh. Uhm, no voy a cocinar. Hazte algo si quieres. –Regresó la mirada a la televisión.

–No hay nada que comer. Ya revisé.

Hermione detuvo la película y le prestó más atención.

–¿Oh, en serio?

–Sí.

–Uhm, bueno, lo siento. Supongo que había olvidado ir de compras.

–¿Qué vas a cenar?

–Helado. Hay mucho en el congelador.

–Pero necesitas comida real.

–El helado es comida real. –protestó.

–No, no lo es.

–Bueno, eso es lo que comeré. Tú puedes hacerte lo que desees. En serio, hay ahí como tres sabores diferentes. Estoy segura de que encontrarás uno que te guste.

–¡Me niego a comer helado de cena!

Hermione frunció el ceño.

–Entonces no lo hagas.

–¿Entonces qué sugieras que haga?

–¿Comida rápida?

Draco rodó los ojos y gimió.

–¿Granger, en verdad no vas a hacer nada? –Ella asintió. –¿Por qué?

–Porque es… hoy es el día del mal, y quiero sentarme aquí, como lo he estado haciendo todo el día, y comer helado y llorar.

–Eso es ridículo. El helado no es comida y llorar todo el día no te hará bien.

–No me importa, es lo que hago cuando este día llega y no tengo nadie con quien pasarlo.

–Yo no tengo a nadie y no me ves pudriéndome los dientes. En verdad, ¿no son tus padres dentistas?

Hermione lo fulminó con la mirada.

–Sí, ellos eran dentistas, gracias. Ahora si me permites, estoy en medio de la mejor parte. –Se giró hacia la televisión y reanudó la película. Draco estaba congelado, mirándola, sorprendido. Ella continuó ignorándolo, y Draco dejó salir un suspiro de alivio. Ella no había pensado nada de su error, así que antes de que pudiera notar que la miraba, salió de la habitación y subió las escaleras.

Fue a su habitación y caminó hacia el clóset. Sacó su juego favorito, la color azul oscuro, y bajó las escaleras. Se dirigió hacia la estancia y le aventó la túnica a Hermione, quien la atrapó, bastante sorprendida.

–Me voy en diez minutos. Si vas a venir, entonces ponte algo decente y por el amor de Merlín, arregla tu cabello. –Entonces se giró y subió hacia su habitación, sonriendo debido al comentario del cabello. Porque en verdad le gustaba su cabello; era una parte de ella.

Hermione pasó uno de esos diez minutos en shock. Entonces pasó medio minuto tratando de decidir si hablaba en serio o no. Otro minuto completo lo pasó decidiendo si quería ir o no. Tres cosas corrieron por su mente. Uno, ¿era una cita? Probablemente no lo era, dado que no le había preguntado si quería salir. Dos, ¿Podría arreglarse en diez –ahora ocho minutos? La respuesta era sí. Tres, ¿quería ella salir con él precisamente en este día, el malvado día rojo y rosado?

Esa pregunta le llevó casi sesenta segundos analizarla. Estaba bastante cómoda, y casi al final de su película. Tendría que cambiarse y hacerse ver presentable, y si la túnica que le había aventado indicaba algo, irían a un lugar elegante. Recordó la última vez que salieron a cenar –o mejor dicho, cuando fue forzada a acompañarlo a reunirse con esas personas. Aun así había una parte de ella que era arrastrada hacia él y cada día se hacía más fuerte. Actualmente le estaba gritando que se pusiera de pie y se cambiara. Después de todo, tenía sentimientos por él, y no había ningún daño en salir a cenar.

Corrió escaleras arriba y se quitó rápidamente la pijama, poniéndose un simple vestido negro. Entró brevemente en pánico debido a su cabello, pero no tuvo otra opción más que recogerlo. Con un suspiro, puso su cabello en un suave bollo y se puso unos broches con forma de pájaros. Eso le tomó seis minutos; le quedaban dos. Se aplicó un poco de gloss en los labios, se limpió los ojos y se vio brevemente en el espejo. En verdad se veía bastante bien, algo bastante bueno para diez minutos. Hermione bajó y se sentó de nuevo en el sofá, con treinta segundos de sobra.

Draco bajó en diez minutos exactamente, usando pantalones negros, una camisa gris y una túnica negra. Obviamente no había esperado que Hermione lo acompañara, porque se dirigió directamente a la puerta sin mirarla.

Hermione se aclaró la garganta, y él la miró. La miró dos veces se arriba abajo, sentada en el sofá donde la había dejado, mientras ella lo miraba expectante.

–Pensé que te acompañaría. –dijo Hermione, poniéndose de pie. Draco se quedó sin respiración cuando la vio completamente. No podía creer que era la misma chica que había ocupado ese sofá hace once minutos. Su corazón comenzó a latir rápidamente, y ni siquiera podía pensar en algo que decir. Sólo asintió y la esperó a que caminara hacia él, embriagándose en la vista que ella representaba.

–¿A dónde vamos? –preguntó.

–Conozco un pequeño lugar. –dijo, intentando sonar tan tranquilo como pudiera, a pesar del hecho de que claramente no estaba tranquilo. No estaba preparado para ver a Hermione de la manera en que se veía hoy. Draco pensaba que era la más hermosa criatura del planeta. O al menos de Gales, probablemente del planeta. La locura que sintió la semana anterior regresando a toda fuerza y golpeándolo.

–Pero no puedes andar paseando por ahí.

–Y estoy consciente de ello, gracias por tu preocupación.

–No estoy preocupada, sólo quería que pensaras en ello.

–Y por supuesto, lo he hecho. –Metió las manos en los bolsillos de su túnica y sacó un frasco pequeño. –Salud. –dijo y bebió su contenido. Lentamente su cabello se volvió negro y sus ojos azules, como cuando fue a Nueva Zelanda. –Y tú probablemente querrás asumir también a tu alter–ego.

Hermione asintió.

–Yo… sólo será un segundo. –dijo, corriendo escaleras arriba y entrando a su habitación. En el cajón de arriba de su cómoda, quedaban dos botellas de la poción que había creado. Tomó una de las botellas. Entonces se miró en el espejo.

Pensó que había visto, aunque fuera por solo un instante, algo en los ojos de Draco cuando la vio en la estancia. Los pensamientos que estaba teniendo comenzaban a asustarla. Por solo un instante, ¿él pareció… aprobarla? Más que eso, él pareció casi… casi deslumbrado. Prácticamente sin palabras.

Hermione sacudió la cabeza en un intento por detener sus pensamientos. Si no se apuraba, no tenía la menor duda de que la dejaría. Con una última sonrisa al espejo, bebió la poción y observó cómo su apariencia cambió, su cabello tornándose rubio y sus ojos cambiando a una profunda tonalidad de verde.

Cuando bajó, Draco estaba ligeramente decepcionado de no ver a la Hermione que había llegado a adorar. Sabía que era Hermione, pero al mismo tiempo no lo era. Su Hermione no tenía el cabello perfecto ni los ojos verdes, y a él le gustaba de esa manera. Con un suspiro, se dio cuenta de que probablemente podría concentrarse cuando ella se veía… como otra persona.

–¿Así que a dónde vamos?

–Australia.

–¿Qué?

Draco tomó su brazo, y tomó una gran bocana de aire para calmar sus nervios, y sonrió.

–Sostente. –dijo y desaparecieron.

Llegaron a oscura calle que parecía de mala muerte, llena de tiendas.

–¿Eh, Malfoy? ¿Qué sucede?

–Relájate, Granger. Es un establecimiento mágico. –Caminó hacia la puerta principal, poniéndola detrás de él. Abrió la puerta y casi la empujó a través de ella.

Hermione entró a un restaurante muy elegante. De hecho, elegante no era la palabra correcta; no creía que hubiera una palabra correcta. Quitaba el aliento. Ricas maderas, mármol invaluable, cristales brillantes, porcelana china, plata, y seda la rodeaban. Había cientos de velas encendidas flotando alrededor, siendo la única fuente de luz. Parpadeaban constantemente, así que la habitación estaba bañada en una luz que le recordaba mucho al océano del que se había enamorado.

Un cuarteto de cuerdas estaba en la esquina, tocando una encantadora melodía, y mientras Hermione veía alrededor jadeó. Oro, plata y preciosas joyas brillaban cuellos, orejas y dedos de todas las mujeres en la habitación. Los hombres estaban igual de deslumbrantes, aunque no en exceso. Hermione miró a Draco por la esquina de los ojos y notó algo que no había visto cuando estaban en la casa –su elegancia natural era igual de brillante que la de los otros hombres ahí presentes. Se sentía fuera de lugar y tal vez un poco miserable. No encajaba, eso lo supo de inmediato. No era simplemente la falta de brillo, pero sentía que hasta en el aire de la habitación estaba muy extraño como para que pudiera respirar y sabía que probablemente todos estarían de acuerdo con ella.

–Malfoy. –siseó. –No quiero quedarme aquí.

Él frunció el ceño.

–¿Por qué?

–Yo… simplemente no quiero.

Draco estaba a punto de responder cuando un hombre se acercó a ellos.

–Ah, Sr. Greene, que alegría verlo esta tarde. Ha pasado algún tiempo desde su última visita. ¿Mesa para dos? –dijo el hombre, vestido de traje y con un fuerte acento australiano.

Draco miró al hombre y asintió, sonriendo brillantemente.

–Sí, Murphy, eso sería perfecto.

–Por aquí, por favor. –Guio a Draco y a una petrificada Hermione a una mesa con vista al océano. –Nuestra mejor mesa, por supuesto. –Sacó la silla para que Hermione se sentara, lo que hizo, sintiéndose incapaz de respirar. Murphy les dio los menús y le dio a Draco la lista de vinos.

Draco ni siquiera la abrió.

–La mejor botella, por favor. –dijo, regresando el menú.

Murphy sonrió cálidamente.

–Claro, señor. ¿Hay algo que pueda traerle a la señorita? –dijo, girándose hacia Hermione.

–No, gracias. –dijo.

Murphy inclinó la cabeza con una breve sonrisa y se fue.

Hermione sólo se quedó mirando al menú frente a ella. La comida se veía increíble, cada entrada descrita con tanto detalle que se te hacía agua en la boca, además de un vino recomendado. Y no había precios. Sabía que si preguntaba, costaría demasiado. Bajó el menú y miró a Draco, quien la estaba estudiando intensamente.

–¿Estás bien? –preguntó.

–Me siento… ridícula.

–¿Por qué?

–¡Este… lugar! Es tan… estirado* y demasiado rico para mi sangre y me siento fuera de mi liga, para ser honesta. –siseó, intentando no ser muy ruidosa, aunque su corazón latía desbocado.

Draco frunció el ceño.

–Es un buen restaurante, Granger. Disfrútalo.

Hermione hizo una mueca.

–Estoy sorprendida de que siquiera me dejaran entrar, sin las decoraciones del millón de galeones y todo eso.

–¿De qué estás hablando? No hay requerimientos.

–¿No has mirado a tu alrededor? –indicó a la mesa más cercana a ellos. –Mira; el anillo de esa mujer probablemente cuesta más que todo el dinero que pudiera ganar en tres vidas. –miró a la siguiente mesa. –Y su collar es tan brillante que me duele incluso verlo. Necesito lentes de sol.

–¿Necesitas qué? –preguntó, confundido.

–Olvídalo. Mi punto es que no pertenezco aquí.

–¿Por qué no?

–Por favor, Malfoy, ¿en verdad tenemos que tener esta conversación?

–Hermione, tu perteneces aquí tanto como cualquiera de ellos. De hecho, tú probablemente eres más agradable y menos aburrida que todos ellos juntos. No dejes que las apariencias te engañen.

Hermione se cruzó de brazos y continuó haciendo muecas, empujando la agradable sensación que la invadió ante el uso de su nombre.

–Es fácil para ti decirlo.

–¿Qué se supone que significa eso?

–Nada. –se detuvo. –Excepto que obviamente este es un lugar que frecuentas. Tú perteneces aquí; yo no.

–¿Y por qué no? ¿Por qué no estás cubierta de cosas brillantes? Tú eres más cautivadora sin ninguna de esas cosas que lo que ellos serán con todas las joyas del mundo. No te dejes intimidar por personas que no son mejor que tú aunque tengan el dinero. Todos están bastante celosos de ti en este momento, estoy seguro. Las mujeres ricas y viejas aman hablar sobre otra gente; las hace sentir importantes.

Hermione no podía creer lo que había escuchado. Draco acababa de decir que era cautivante. Y sabía, aunque nunca había escuchado que un cumplido saliera de sus labios, aunque no había estado segura de que incluso fuera capaz de pensar bien de otras personas, que en verdad hablaba en serio. Estaba sin habla.

–¿Por favor, podrías relajarte? Dale un vistazo al menú y escoge algo.

Hizo lo que le pidió, demasiado sorprendida para cuestionarlo o pelear. El mesero se acercó y les trajo el vino. Les sirvió a ambos un vaso y puso la botella en la mesa, dentro de una cubeta llena de hielo.

–¿Han decidido, señor?

–Sí. Yo quiero el pato. –Draco le dio el menú al mesero y ambos miraron a Hermione.

–El filete de salmón, por favor. –dijo, dándole también el menú.

El mesero asintió y se fue. Hermione tomó unas bocanadas de aire para tranquilizar su corazón. Se sentía mejor; Draco tenía razón, el dinero no significaba nada. Sabía eso, siempre lo había sabido, pero cuando se dio cuenta de la perfección con la que él encajaba, la hizo sentir incómoda. Era tan fácil olvidar, alejados en su propio mundo, que él venía de un mundo completamente diferente. Cuando pensaba en ello, que él mismo hacía que eso fuera fácil de olvidar. El no presumía lo que tenía como un niño mimado. De hecho, parecía que había minimizado su riqueza, al escoger vivir en una pasa sencilla.

–Te conocen aquí, como alguien más.

Draco se encogió de hombros.

–Sí. ¿Tengo que comer, no es así?

Ella no dijo nada.

Justo entonces una tercera e inesperada voz llegó a los oídos de ambos.

–¿Sarah? –dijo. Al principio Hermione no registró que la voz se dirigía a ella. –¡Sarah! –reapareció, más cerca esta vez. Hermione miró a Draco, quien tenía una ceja levantada, mirándola.

En un segundo, la fuente de la voz estaba en la mesa; era David Watts. Hermione dejó salir un suspiro de alivio y se puso de pie.

–David, hola. –dijo, dándole un pequeño abrazo.

–Wow, te ves… hermosa.

Hermione se sonrojó un poco.

–¿Qué haces aquí? –preguntó.

–Oh, mis padres viven en Perth. –Movió un poco sus pies y le dio una sonrisa avergonzada. –Puede parecer tonto, pero cada año en San Valentín vengo aquí con mis padres a comer. Lo hecho por años ahora, y si llegara a encontrar a alguien con quien pasar la tarde, creo que me desheredarían. –dijo mirándola significativamente. –¿Qué estás haciendo tú aquí?

–Oh, solo comiendo. –dijo, golpeándose mentalmente por sonar tan estúpida; claro que estaba comiendo.

–No, en Perth.

–De nuevo, solo vine a cenar.

Draco se aclaró la garganta. David y Hermione lo miraron. Draco se puso de pie y extendió su mano.

–Andrew Greene.

David la aceptó.

–David Watts, un placer conocerte.

–Igualmente. ¿Cómo conoces a Sarah?

David miró a Hermione de nuevo, con un evidente toque de celos en su rostro.

–Pasó un tiempo conmigo en el hospital en Londres. Es muy inteligente.

Hermione sonrió, regresando a las tácticas que había usado en el hospital.

–Oh, vamos, era un ambiente tan fascinante. No pude evitar envolverme en él.

David parecía herido, pero le sonrió a Draco.

–¿Así que por él me rechazaste, huh? –La atención de Draco cambió hacia Hermione, quien se veía bastante infeliz sobre la dirección de la conversación.

–¿Qué? Oh, no. Andrew y yo somos… ¿qué? ¿Amigos? –dijo, ligeramente insegura sobre si era o no verdad. O solo conocidos con un propósito en común viviendo en la misma casa. La respuesta no le agradaría a ninguno de los dos.

El rostro de Draco se tensó mientras que el de David se relajó un poco, y continuó como si Draco no lo hubiera interrumpido.

–Oh, bueno, fue genial verte de nuevo. Deberías volver al hospital. Si alguna vez necesitas un trabajo, te daré una buena recomendación.

Ella sonrió.

–Gracias, recordaré eso.

David tomó la mano de Hermione y la besó.

–Ve que te trate bien, Sarah. –Hermione solo asintió y David se fue.

Hermione se sentó y tomó un gran trago de su vino. Podía sentir los ojos de Draco en ella, pero no podía mirarlo, no aun. Miró hacia el océano en su lugar. Se veía casi igual al que tanto amaba, pero este no estaba tan molesto.

–Granger. –gruñó.

Finalmente lo miró. Por un momento, hubo algo en sus ojos –algo crudo y molesto– y después se fue. La pared había regresado. Pero había sido… desconcertante, casi atemorizante en su intensidad. El cambio en su humor había sido tan dramático que no le podía sostener la mirada.

–¿Sí?

–Explícate.

Hermione se encogió de hombros.

–Él es un sanador al que asistí.

Draco rodó los ojos.

–Eso lo descubrí por mi cuenta, gracias. Aunque parecía interesado en ti en algo más que una estudiante.

Hermione pasó saliva.

–Sí, tuve esa impresión.

–¿Lo rechazaste?

–Me pidió una cita.

–Así que no fuiste.

–No, si fui.

Draco sintió que había estado volando a cientos de kilómetros por hora y entonces alguien le puso un gran garfio en la cintura y lo jaló con la misma intensidad. Era horrible.

–¿Y?

–Y le dije que era demasiado joven para algo serio. Se suponía que acaba de salir de Hogwarts.

–¿Eso es todo?

–Sí; ¿Qué más quieres?

Ciertamente no quería escuchar los detalles de su cita. Así que se enfocó en la parte que los haría discutir de nuevo y se sentiría más cómodo. Esto de los celos era más de lo que había esperado.

–Fuiste a una cita con él.

Hermione respiró pesadamente.

–Sí, algo así. Pero no entres en pánico. Comimos en el hospital; le dije que no podía salir a ningún lado.

–Qué dulce. Cena para dos frente a una cama de hospital. –se burló, su voz soltando más malicia de la que esperaba.

–No fue nada.

Justo entonces llegó la comida.

No parecía como nada, Draco pensó para sí mismo.

Ninguno de los dos habló por casi diez minutos. Hermione concentrada en pensar sobre lo idiota que era Malfoy.

Los pensamientos de Draco, sin embargo, tomaron una ruta diferente. Pensó sobre el sanador, y en cómo había visto a Hermione. Bueno, Sarah en realidad. El hombre claramente estaba atraído hacia ella. Y él era bueno. Por el amor de Merlín, ¡llevó a sus padres a cenar! Eso deletreaba B–U–E–N–O en el libro de todos. Bueno. Pensó en eso un momento. Bueno.

Hermione merecía alguien bueno. Alguien quien pudiera bañarla en rosas y cosas parecidas, siempre decirle cosas lindas y pasar su vida adorándola y amándola sin cesar.

En otras palabras, alguien no cómo él. Aunque imaginaba que podía amarla sin cesar, una realización que lo sorprendió bastante.

Otro pensamiento lo golpeó entonces y miró al otro lado de la habitación cuando previamente hacía cenado. Partes de recuerdos, que ahora eran tan claros como el cristal, se reprodujeron en su mente: Jane riendo de un chiste que había contado, Steve sacando su cartera y haciendo un exagerado show sobre pagar la cuenta cuando todos sabían que Draco pagaría. Los había traído en algunas ocasiones.

Hubo un cambio incómodo en su mente al tiempo que se había dado cuenta en lo que había pensado. David había traído aquí a sus padres, y él había traído a los de ella, las dos personas que mejor pensaban de él en el mundo. Lo había hecho porque en verdad le importaban y quería demostrárselos, justo como David había hecho con sus padres. Había igualado el acto de David con inherente bondad, solo para darse cuenta de que había hecho casi algo idéntico, la misma conclusión podría ser pensada para él.

Frunció el ceño; nunca había pensado en sí mismo como bueno, ni una vez. Incluso después de todo lo que estaba haciendo con Harry, de todo lo que había hecho por Hermione, no sentía ninguna sensación de bondad dentro de él. Había comenzado como preservación y aunque en gran parte había permanecido de esa manera, parte de él había indudablemente evolucionado a… algo más. Genuinamente se preocupaba por Hermione y quería verla fuera de esta guerra en una vida libre del miedo por Voldemort.

Él… la amaba, una realización que aún lo atemorizaba. Había asumido que nunca experimentaría lo que verdaderamente era el amor, no habiéndolo sentido nunca. La crianza de los Granger había comenzado a quitar las capas de su decadencia y Hermione –procurando por ella– había terminado el trabajo. Pero también se dio cuenta de que él podría pasar el resto de su vida amándola, algo más que diferente de adorarla. Para amarla, necesitaría ser parte de su vida.

Los celos comenzaron a descender. Esta locura no lo llevaría a ningún lado, y rápido. Aún no podía imaginar el estar en verdad con Hermione, incluso aunque lo quisiera más que nada en este mundo. No era correcto; alguien como él no debería de estar con alguien como ella. Mientras aceptaba la idea de nuevo, sintió una silenciosa calma sentarse como un peso más en su corazón.

No había forma de que Draco Malfoy, asquerosamente rico y arrogante sangre pura, el sueño de cada bruja, fuera lo suficientemente bueno para Granger, sabelotodo, sangre sucia. Rio amargamente ante la ironía.

Finalmente rompió el silencio.

–Deberías salir con él.

Hermione bajó su tenedor haciendo demasiado ruido.

–Malfoy, por favor dime que no has comenzado a manejar también mi vida personal. –siseó.

–No, sólo estaba pensando en ello. Se ve que es un buen chico.

Hermione lo miró, incrédula.

–Salí con él.

–Lo sé. Me refiero a que lo hagas de nuevo.

–¿Me obligarás? –preguntó mordazmente. –¿Huh? ¿Me dirás que será bueno para tu misión?

Draco estaba sinceramente confundido. Le había parecido que a Hermione le gustaba un poco el tipo. Pensó que tomaría de inmediato la oportunidad de verlo de nuevo.

–No, sólo pensé que querrías hacerlo.

–Bueno, pues pensaste mal.

–¿En serio? –preguntó, genuinamente sorprendido.

–En serio. Si quisiera verlo de nuevo, ya lo hubiera hecho. Ciertamente no estaba esperando tu permiso.

–¿Pero por qué no? Es apuesto, agradable, obviamente rico… ¿Qué es lo que no te gusta?

Hermione sólo lo miró. Momentos antes, había parecido estar a punto de gritarle en medio del restaurante por haber visto a David –y ahora estaba casi motivándola para que comenzara a salir con él. En todo el tiempo que llevaba viviendo con él, sólo había sido ridículamente sobreprotector y casi llegando a los celos cuando ella había salido con otras personas. La manera en que se veía momentos antes, cuando demandó que le explicara sobre David… en verdad parecía celoso. Pero eso era absurdo, ¿no es así? Buscó en sus ojos y sólo encontró genuina curiosidad, pero no podía quitarse de encima el sentimiento de que algo más estaba pasando.

–Si debes saber, no hubo magia.

Draco parpadeó.

–¿Estamos hablando sobre magia sin varitas ni hechizos, cierto?

–Sí.

Huh. No había esperado algo así. Entonces su estómago revoloteó y los engranes comenzaron a funcionar de nuevo. Magia. Un toque.

–¿Entonces te tocó?

Hermione frunció el ceño.

–¿Qué?

–Esa… magia de la que hablas. Tienes que tocar para sentirla.

–Oh. –dijo, sintiéndose un poco incómoda. –Bueno, no. –Ahora en verdad estaba confundido y Hermione lo sabía. –Hay otras formas de sentir la magia, Malfoy.

–Ya veo. ¿Cuáles son esas otras formas?

–Sentidos, más que nada. Por ejemplo, la vista. El solo ver a esa persona puede darte escalofríos en pleno julio. –Y entonces un recuerdo entró en su mente sobre cómo se sentía cada vez que lo veía justo después de que él acaba de despertar –Malfoy adormilado. Sólo había sido una o dos veces en las que lo había visto así, pero la perezosa sonrisa que él le había dado se aferraba fuertemente a su memoria. Se estremeció, sólo un poco, esperando que el gesto no haya sido notado.

–O el sonido. –continuó. –El sonido de la voz de esa persona, o la forma en que dice tu nombre. –Hermione. Podía contar con los dedos de ambas manos el número de veces que él había dicho su nombre, y cada vez que sucedía que su corazón se aceleraba, como una ola rompiendo contra la pared del acantilado.

–Y está el olfato. Tal vez él huele de cierta manera, y cada vez que lo hueles, lo recuerdas a él y a la manera en que te sentiste la última vez que lo oliste. –Se sonrojó al tiempo que él la miraba inquisitivamente. Sus pensamientos fueron a la forma en que se sentía al despertar con su túnica alrededor de ella. Se había acostumbrado a respirar su esencia casi todas las mañanas.

Oh, no, creo que esto está bastante mal, pensó con pesar.

Draco sólo la miró.

–Oh. –Miró a su cena a medio comer y tomó un bocado. –¿Qué hay sobre el gusto?

–No puedes probar a una persona, Malfoy. –dijo, tratando de tranquilizar su voz.

–Claro que puedes. Besándolos.

–Besar es tocar.

Él sonrió de lado.

–No si es francés.

Hermione se sonrojó y tomó otro trago de vino. Draco no podía evitar notar el color que había llenado las mejillas de Hermione y el brillo en sus ojos. Y una pequeña burbuja de orgullo masculino creció en su pecho al tiempo que se daba cuenta de que podía tener ese tipo de efecto en ella; él ya sabía que ella lo afectaba a él de esa manera.

–¡Whoa, tranquila! No quiero tener que llevarte de vuelta inconsciente y sosteniendo tu cabeza mientras vomitas porque te embriagaste.

Hermione lo fulminó con la mirada.

–Puedo controlarme.

–Sí tú lo dices. –dijo, agradecido por el territorio familiar. Sabía que duraría mucho y que de nuevo sería arrastrado bajo la superficie. Y a pesar de su resistencia a escuchar su respuesta, procedió a preguntar lo que quería saber.

–¿Entonces qué sentido te falló? –preguntó, intentando sonar indiferente.

–Bueno, encontré la vista poco confiable. Puedes pensar que alguien es atractivo, pero cuando abren su boca y te das cuenta de que es un idiota la atracción se desvanece bastante rápido.

–¿En serio? –Draco preguntó, de nuevo honestamente interesado.

–Oh, sí. Es la razón por la que desalentaba a Viktor de hablar. –Sonrió para sí un poco. –Tristemente, no funcionó.

Viktor Krum. Ew.

–El sonido y el olfato son muy volubles. En realidad sólo confío en el tacto.

–Y esto me trae a la pregunta original. ¿Entonces te tocó?

–Sí. Lo hizo. –No iba a darle detalles.

–Oh. Y no hubo magia.

–No hubo magia. Y no puedes forzarla. No puedes forzar a que la magia exista. –Pensó en Ron. –Justo como no puedes forzarla tampoco puedes detenerla. –Dijo la última parte para recordarse a sí misma de que no había nada que pudiera hacer sobre lo que sentía por Draco. Sólo tendría que sobrellevarlo y algún día lo olvidaría.

El resto de la cena pasó tranquilamente. Hermione tomó su último bocado del pescado y suspiró.

–Estaba demasiado delicioso.

Draco sonrió, una sonrisa real.

–Me alegra que lo hayas disfrutado. ¿Te gustaría pedir un postre?

Hermione rio.

–No, gracias. Tengo mucho helado esperando por mí en casa.

Draco parpadeó, sólo registrando lo que ella había dicho: casa. No lo mencionó por supuesto, probablemente no significaba nada.

–Muy bien, llamaré al mesero. –dijo. Draco pagó por la cena y entonces ambos se pusieron de pie y dejaron el restaurante. Una vez afuera, Hermione suspiró pesadamente.

–¿Estás bien? –preguntó Draco.

–Sí. Eso fue… interesante. ¿Podemos volver ahora?

–Claro.

Ambos desaparecieron.

Cuando llegaron a la casa, Draco abrió la puerta para dejarla entrar primero. Cuando entraron a la estancia, regresaron sus apariencias a la normalidad, y Draco se quedó de nuevo sin respiración ante la vista de Hermione.

Ella le dio una pequeña sonrisa.

–Gracias por la cena. Fue mejor que la última ocasión.

Draco asintió, pero no podía decir nada. Pensó que nunca la había visto tan más hermosa, y no era por la ropa, o por su cabello tranquilizado por una vez. No había parte de ella que resaltara, señalizando que era adorable; todo de ella gritaba a todo pulmón a cada célula y fibra de su ser. Era… Hermione misma, todo lo que la hacía ser lo que era, lo que encontraba tan atractivo. Era desalentador darse cuenta de que se había enamorado completamente de ella.

Hermione se alejó lentamente de él, una vez más considerando su falta de respuesta y regresando al sofá entre las pilas de pañuelos usados. Draco se estremeció ligeramente al ver cómo ella se sentaba sobre la túnica, pero después sonrió un poco al pensar sobre el cómo ella no estaba preocupada por mantenerse perfecta.

Draco fue a su habitación y se cambió; se puso unos jeans deslavados y una vieja playera de Slytherin. Estuvo moviéndose en su habitación media hora, hasta que no pudo resistir el deseo de estar en la misma habitación que Hermione.

Aún estaba sentada mirando la televisión, con helado en mano. Si no hubiera sido por la túnica, no hubiera pensado en que se movió de ahí en toda la tarde.

Entró a la habitación y movió los pañuelos con su varita, mirándolos asqueado. Entonces se sentó en el borde del sofá. Hermione sintió cientos de mariposas revolotear dentro de ella cuando se percató de su presencia.

–¿Cuál es esta? –preguntó.

–Orgullo y Prejuicio. –Se sentó a ver a Hermione y a la película por algunos minutos, y después se relajó en su asiento.

–Granger, pásame el helado.

Se giró hacia él y se quedó sin respiración. En verdad se veía guapo con ropa muggle y su cabello algo desordenado.

–Sólo hay una cuchara. –le advirtió, y se giró de nuevo a la televisión.

Draco miró a la cuchara, se encogió de hombros y una tomó una gran cucharada. Vio a Hermione sonreír ligeramente cuando lo hizo.

Harry volvió a casa dos horas después para encontrar a sus compañeros de casa en la estancia. La televisión estaba en un volumen muy bajo, casi inaudible y el cambio de escenas hacía que la luz parpadeara. Había botes de cartón de helado tirados en el piso. Hermione estaba recostada dormida en el sofá, sus pies en un extremo y su cabeza junto a la de Draco, quien estaba sentado en el extremo opuesto.

Harry miró a la televisión y frunció el ceño ante la película de chicas que estaba puesta, y sin embargo Draco no despegaba su vista de la televisión.

–Hey. –dijo Harry en un susurro, entrando en la habitación y sentándose en la silla junto al sofá. Y fue entonces cuando notó que Hermione llevaba puesta una de las túnicas que Malfoy le había comprado, y que había unos zapatos negros el pie del sofá.

–Hey. –Dijo Draco, mirando a Harry.

–¿Qué es eso? –preguntó Harry, indicando la película.

–¿Uhm, como dijo que se llamaba? Orgullo y Prejuicio, creo.

Harry arrugó la nariz en disgusto.

–¿Cómo puedes ver esa basura?

–En verdad es buena, Potter.

–Lo que sea. –Harry estudió a Hermione. Se veía tan tranquila que le dolía pensar en lo que se avecinaba, para todos en realidad. –Es hermosa.

Draco la miró también, y sin pensar sobre lo que iba a decir, respondió.

–Sí, lo es.

Harry lo miró sorprendido y sonrió.

–¡Aha!

Draco miró a Harry.

–¿Qué?

–¡Acabas de aceptar que es hermosa!

–¿Y? No soy ciego, sabes. –Draco estaba irritado por haber sido tan descuidado con sus pensamientos.

–¿Y qué pasó esta noche? –preguntó Harry. Estaba sonriendo ridículamente y sólo sirvió para molestar más a Draco.

–¿Qué quieres decir?

–Bueno, cuando me fui esta mañana, ella me aseguró que se quedaría en pijamas todo el día. Y claramente no está usando eso en estos momentos.

Draco pensó sobre cómo decir su respuesta.

–Me negué a comer helado como cena. Ella vino conmigo.

–¿Así que salieron?

–Fuimos por comida.

–¿Dónde?

–¿Por qué importa a dónde fuimos? –La sonrisa de Harry estaba comenzado a fastidiarlo.

–¿Fue una cita?

–¡No! –dijo Draco, más fuerte de lo que pretendía. Hermione se movió, pero no despertó. Al menos eso fue lo que ellos pensaron.

–¡Shh! –lo regañó Harry. –¡No la despiertes!

–¡Si dejaras de hacer preguntas ridículas no lo haría!

–Tú eres el que se está molestando y siendo ruidoso al respecto.

Draco lo fulminó con la mirada.

–No fue una cita.

–¿Entonces que fue?

–Una cena.

–¿Una cena en qué día?

–El día es irrelevante. Ella iba a hacer que comiera helado de cena.

–Parece de que todas maneras comieron.

–Postre.

–Ah. Cierto. Y Orgullo y Prejuicio, la última basura de chicas.

Draco rodó los ojos.

–Supéralo, Potter.

–Dijiste que era hermosa.

–No, tú lo dijiste, yo solo estuve de acuerdo. Es diferente.

–No realmente. Aun piensas que es hermosa.

–Te vas a arrepentir mañana, Harry.

–¿Qué vamos a hacer?

Draco sonrió malvadamente.

–Ya lo verás. Sólo digamos que no será como ninguna sesión de entrenamiento que hayamos tenido antes.

–Oh, tengo tanto miedo.

–Pues deberías.

–Pero no lo tengo, Malfoy. Es decir, ¡te estás ablandando! ¿Orgullo y Prejuicio?

–Es buena, no es como si tú supieras diferenciar lo bueno.

Harry rodó los ojos.

–Por favor, Malfoy. No me has dado miedo en mucho tiempo.

–Pero te asusté. Recuerda eso. Canaliza eso.

Harry se puso de pie, mirándolo como si estuviera loco, y caminó hacia la puerta.

–¡No puedo esperar a ver de nuevo al Malfoy de miedo mañana! ¡Será como en los viejos tiempos!

Draco rodó los ojos y regresó a la película.

Hermione en verdad se había despertado cuando Draco la gritó a Harry. Se quedó quieta, respirando regularmente, escuchando su pelea. Lo había escuchado decir que pensaba que era hermosa. O estar de acuerdo en ello. Lo que sea. Recordando el halago que le hizo en la tarde, Hermione no pudo evitar sentir que estaba flotando. Harry pronto dejó la habitación y Hermione vio la película unos minutos más con Draco antes de quedarse dormida con una enorme sonrisa en el rostro.


Sí, estoy viva y bien. Lamento los retrasos, pero en serio mi mente al parecer y no sabe dar prioridades. En fin, gracias por la espera y por su apoyo. Sus reviews son hermosos! GRACIAS!

PD: DRACO POR FIN ACEPTÓ QUE LA AMA... AHORA SOLO NOS FALTA EL BESO! u.u