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CAPÍTULO 26:
"Sin Control"
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El día siguiente llegó y el ojiazul estaba en una de las salas de visitas esperando a que Blaine apareciese. Le pareció raro que no lo citase en la habitación o un lugar más privado, aunque también sabía que a esa hora nadie iría al lugar.
- Amm... Hola.
Kurt volteó y lo vio a un costado. Su rostro evidenciaba que no había dormido probablemente nada en toda la noche, lo cual no era muy diferente de sus condiciones. – Hola.
- Gracias por venir tan temprano. Sé que tu turno no empieza sino hasta dentro de unas horas.
- No hay problema. ¿Cómo te sientes?
- Muy confundido y dolido todavía. Hay muchas cosas que necesito aclarar. Una de ellas es lo que dijiste ayer acerca de tus sentimientos.
- ¿Qué hay con lo de...?
- No quiero hablar de ningún otro tema por ahora. Es demasiada información que procesar y no lo he hecho todavía.
- Bien. Entonces...
- Dijiste que te importo.
- Es así, y lo sabes.
- Dijiste también que estás... que tú...
- Estoy enamorado de ti. Es verdad.
- ¿Por qué no lo habías mencionado antes?
- Porque fue hasta ese momento en que lo tuve claro.
Me han pasado tantas cosas contigo, pero no entendía la magnitud de las mismas. Sabía que quería estar a tu lado todo el tiempo, cuidarte, ayudarte, apoyarte, verte feliz siempre y mucho más.
Blaine, te veo, te siento, y todo aquello que eres, es lo que quiero en mi vida. Te quiero a ti en mi vida. Y a pesar de estar consciente de eso, no me había dado cuenta que mis sentimiento por ti no son sólo de amistad.
- Yo... También tengo sentimientos hacia ti, pero todo es tan confuso y estoy lleno de temores por lo que me ha sucedido. Tenía tanto miedo de volver a enamorarme, sin embargo, aun cuando no me había dado cuenta, ya había sucedido. Te has convertido en parte de mi vida, y me aterra que sea así, pero es algo que no puedo ni quiero cambiar.
- Blaine... – Los dos fueron acortando la distancia. – Podemos probar. Realmente quiero hacerlo.
- ¿Y si no funciona?
- Nunca lo sabremos si no lo intentamos, aunque tengo un buen presentimiento. – Se acercó más y se inclinó hacia el de rizos.
Los dos temblaban en la anticipación, estaban nerviosos hasta que sus ojos se conectaron, dándole después paso a sus labios de juntarse.
Sólo fueron unos segundos, sin ningún movimiento, únicamente la ligera presión de sus bocas, pero eso bastó para que ambos hombres suspirasen.
- Kurt...
- ¿Sabes? Creo que al decir que eras mi novio, estaba manifestando mi deseo inconsciente de que lo fueses.
- ¿Qué rayos acabas de decir? – Una voz masculina los hizo voltear de inmediato.
- ¿Qué haces aquí, Kenneth? Esta es una conversación privada entre Blaine y yo.
- Es una broma, ¿cierto? Ustedes dos no pueden... No... No es posible.
- Claro que es posible, de hecho, lo es. Blaine y yo somos novios. Y no hay ninguna razón para que intervengas.
- ¡La hay! Tú y yo tenemos que...
- Tú y yo no somos nada y nunca lo seremos. Eres el pasado, Blaine es mi presente y mi futuro.
- ¡No lo acepto! ¡No puedes tener nada con él! – Vociferó.
- ¡No le hables en ese tono! – Intervino el pelinegro.
Lo que empezó siendo un intercambio de opiniones terminó convirtiéndose en una gran pelea. Era un enfrentamiento feroz entre los tres hombres, quienes gritaban a viva voz y alarmaron al personal del centro.
El ojiverde sujetó con fuerza al fisioterapeuta del brazo, exigiéndole una explicación de las cosas que había dicho, porque para él nada de eso no tenía ningún sentido.
Todavía lo amaba, estaba dispuesto a hacer todo para recuperarlo, y escuchar que había alguien más en su vida, lo puso furioso y empezó a sacudirlo, pero Kurt logró soltarse.
Kenneth empezó a gritar más y el ojimiel se puso en medio de ellos exigiéndole que se fuese y los dejase en paz.
Rachel iba pasando por la sala cuando escuchó los gritos y decidió pedir ayuda para evitar que ocurriese algo.
Susuan y la Sra. Silver alcanzaron a oir que alguien buscaba al personal de seguridad, y fueron de inmediato a ver lo que estaba sucediendo.
Las tres mujeres ingresaron y fueron testigos de la situación que se estaba viviendo en ese momento.
Y en una fracción de tiempo, de forma tan rápida que no le dio a nadie oportunidad de reaccionar, el médico de ojos verdes le dio un golpe con tal fuerza al de rizos que lo hizo caer de la silla.
- ¡Eres un salvaje! – Dijo Susan con voz firme.
Blaine se fue incorporando con dificultad y la castaña se agachó para ayudarlo, pero él estaba descontrolado a tal punto que empezó a gritar y moverse violentamente para tratar de alcanzar al que fuese uno de sus médicos.
Rachel retrocedió para evitar salir lastimada, pero el castaño intentó retenerlo sujetándolo por los brazos desde atrás.
El ex artista estaba fúrico y completamente fuera de sí, segundos después Kurt caía al suelo luego de recibir un fuerte golpe en el rostro por parte de éste.
- ¡Blaine, detente! – Gritó la ojimarrón horrorizada, corriendo hacia su amigo para ayudarlo.
- Está bien, Rachel, estoy bien. Tranquila.
- No lo estás, creo que te rompió la nariz.
El personal de seguridad llegó y por orden de la dueña del lugar, sacaron a Kenneth y lo llevaron a la oficina de ella, quien salió totalmente consternada.
Susan, quien observaba aterrada la escena, pidió que llevasen un sedante para calmar al ojimiel.
- No lo permitas. Tú eres su enfermera y eres la única que puede hacer eso. – Dijo el fisioterapeuta a su amiga, limpiando la sangre de su rostro. – No quiero que seden a Blaine, cuando despierte se sentirá mucho peor.
- Yo tampoco quiero, Kurt. Pero mira lo alterado que está.
- Esto es mi culpa, así que yo me hago cargo.
Cuando el enfermero ingresó a la sala con la inyección en la mano, Rachel lo detuvo y se la pidió, a lo que accedió de inmediato. Todos en el centro sabían que sólo ella y Nancy podían hacerse cargo de Anderson en cualquier aspecto.
- No podemos permitir que tenga otro ataque de esos.
- Lo sé, Susan. Pero mientras más personas estén tratando de intervenir, eso sólo lo alterará más. Kurt y yo nos haremos cargo.
La mujer de ojos azules miró hacia un costado y observó como el médico había envuelto con sus brazos fuertemente al pelinegro mientras le decía algo al oído, y éste aunque todavía forcejeaba, parecía estar calmándose.
- Bien, pero si necesitan ayuda, pídela de inmediato. Voy con la Sra. Silver. – Salió del lugar y el enfermero detrás de ella.
La chica corrió a donde estaban los dos en el suelo y se arrodilló a un costado. ¿Qué quieres que haga?
- Nada. Ya te dije que yo me encargo de esto.
- Estoy cansado... – Sollozó el de ojos dorados con un dejo de rabia en su voz combinado con tristeza. – Ya no más... Ni siquiera puedo defenderte... No sirvo para nada. – Las palabras salían de forma ahogada y cada vez le costaba más respirar, estaba incluso empezado a temblar.
- Kurt, Blaine está en shock. Tal vez lo mejor si sea al menos ponerle una dosis pequeña de...
- No. Nada de sedantes. – Lo meció contra su pecho suavemente. – Todo está bien. Vamos a estar bien.
- Ni siquiera puedo defenderte... No sirvo para nada. – Seguía repitiendo con la mirada perdida.
- Eres la persona más maravillosa de este mundo, y claro que me defendiste. Lo hiciste muy bien, pero él es un idiota... Shh, tranquilo, estoy aquí contigo.
La enfermera se levantó y salió de la sala, regresando un par de minutos después con varios pañuelos húmedos que pasó por el rostro del castaño. A ese punto, el pelinegro estaba mucho más tranquilo, únicamente sollozando, lo que le permitió a ella revisarle la nariz a su amigo.
- No está rota. – Dijo con alivio al terminar de examinarlo.
- Lo sé. Ya dejó de sangrar también. Fue sólo el golpe, aunque se va a hinchar.
- Voy a traerte hielo.
- Ahora no. Mi prioridad es él. – Al darse cuenta que el chico había comenzado a susurrar cosas que no lograba entender, lo fue soltando suavemente y se trasladó hasta quedar frente a él.
- Espero que sepas lo que haces. – Dijo Rachel preocupada.
- Blaine, – lo tomó del rostro con ambas manos – mírame. Estoy aquí, estamos juntos y nada puede contra nosotros. Vamos a superar cualquier obstáculo que la vida nos ponga, lo prometo.
- Te golpeé... Te golpeé...
- Sé que no lo hiciste intencionalmente.
Los ojos amielados estaban completamente perdidos en algún punto y seguía balbuceando toda clase de cosas, así que Kurt hizo lo que pensó sería lo mejor en ese momento. Fue acercándose lentamente y unió sus labios a los de éste, besándolo muy despacio.
Blaine continuaba murmurando algo, pero lo hacía de forma más débil hasta que comenzó a corresponder el beso con dificultad.
- Ok... ¿Qué es lo que ocurre aquí? ¿De qué me perdí? – Preguntó la chica impresionada ante lo que estaba viendo.
Cuando se separaron, el castaño juntó sus frentes. – Eres todo lo que siempre había soñado, y soy muy afortunado de tenerte en mi vida. – Volvió a unir sus labios, esta vez en un beso dulce.
- Definitivamente hay algo de lo que me perdí en algún momento. – Aseguró Rachel. Me debes una gran explicación, Kurt.
Al separarse nuevamente, Blaine llevó su mano al rostro del ojiazul y pasó sus dedos temblorosos por la nariz de éste, la cual estaba tomando un color violáceo y se estaba hinchando.
- Lo siento. No quise... Perdóname.
- Ya te dije que sé que no fue con intención. – Acarició con su pulgar el pómulo del de rizos. – Tu hermoso rostro está golpeado. – ¿Te duele algo?
- El hombro, parte de la espalda, y en el costado.
Maldijo a su ex por haberle hecho eso. – ¿Te golpeaste la cabeza?
- No.
- Eso es bueno. Ya nos vamos a encargar de que te sientas mejor.
Rachel, ¿puedes por favor levantar la silla? Debemos ir a la habitación.
- Seguro. – Se movió ágil y velozmente a hacer lo que se le pidió.
Kurt se acomodó y se levantó del suelo, llevando en sus brazos al ojimiel para sentarlo despacio y con cuidado de no lastimarlo. Luego de eso, los tres se dirigieron hacia su cuarto.
Una vez que las curaciones fueron realizadas, el fisioterapeuta le pidió a su amiga que los dejase solos, a lo que ella accedió, pero antes de salir colocó la inyección con el sedante sobre la mesa, sólo por si algo se presentaba.
El castaño se acercó a Blaine y se inclinó hasta quedar a la misma altura, sus ojos empezaron a nublarse y hacía fuerza para que las lágrimas no saliesen. – Lo lamento tanto. Nada de eso debió suceder. Fue mi culpa y quedaste atrapado en el medio.
- Quise defenderte, apoyarte, pero ni siquiera pude...
- Lo hiciste, y te lo agradezco tanto. Es maravilloso cuando alguien se preocupa por uno.
- Lo volvería a hacer si fuese necesario.
Una lágrima logró escaparse de la prisión azul donde estaba siendo resguardada. El dedo gentil del pelinegro la retiró suavemente y se mantuvo acariciando el camino que ésta había recorrido. – No me gusta verte llorar.
El castaño suspiró y acortó la distancia entre ellos, depositando un beso en los suaves labios del pelinegro, los cuales se movieron al compás, como si ejecutasen un baile ya conocido.
- Te amo. – Susurró.
- Kurt... No me amas, es sólo el momento lo que...
- Sé muy bien lo que siento. He tenido tanto miedo a enamorarme y salir lastimado que no me había dado cuenta la forma en la que fuiste traspasando los muros que había construido a mi alrededor para protegerme. Sin pensar te volviste parte indispensable de mi vida, y ahora no veo el futuro sin ti a mi lado.
Varias lágrimas rodaron por las mejillas del ojimiel. – No deberías amarme, en mi estado no tengo nada que ofrecerte más que puras molestias y limitaciones.
- No te menosprecies por favor. Eres tan fuerte y valiente. Me encanta lo independiente que eres, o cuando te propones algo y nunca te rindes hasta que lo consigues sin importar si te asusta o te resulta difícil al comienzo, así como sucedió con lo de la piscina.
Te admiro y te respeto, te lo he dicho infinidad de veces porque es así, a diario me enseñas nuevas lecciones de vida, y eso no tiene precio.
En estos meses me has dado mucho más de lo que puedas imaginarte, tanto así que me enamoré de ti.
El joven de cabello oscuro cerró los ojos y bajó la cabeza por varios segundos. – Yo... yo también te amo.
- No necesitas decirlo sólo porque yo...
El chico levantó la cabeza y lo miró fijamente. – Sabes que odio las mentiras, por lo tanto no diría algo que no sienta. Desde hace un tiempo me di cuenta que eras diferente a los demás y te estabas convirtiendo en alguien muy importante para mí.
Mis muros eran más grandes que los tuyos, y sin embargo lograste de algún modo ir ingresando hasta llegar a mi corazón.
No te voy a mentir, estoy aterrado de esto que siento por ti Kurt porque no sé de qué manera manejarlo. – Realizó una respiración profunda. – Pero tengo más miedo de perderte.
- Ahora que te encontré, nunca te voy a dejar ir. – Se fundieron en un beso suave que abría todo un mundo de emociones para ellos.
Luego de una pequeña plática, Blaine manifestó la molestia en su cuerpo por la caída, así que acordaron que lo mejor era que se acostase a descansar un poco.
Kurt sabía muy bien que el hombre junto a él era capaz de trasladarse hacia la cama sin problema, y él no pretendía en ningún momento quitarle esa independencia que tanto le había costado obtener, jamás haría algo así, pero consideró que el momento ameritaba su intervención. – ¿Te puedo ayudar?
El de ojos dorados asintió y colocó un brazo alrededor del cuello del médico cuando este se inclinó, quien lentamente lo levantó y llevó hasta la cama, ayudándolo a acomodarse de lado, para así no hacer presión sobre la parte maltratada de su cuerpo.
Blaine cerró los ojos con desilusión cuando lo escuchó caminar hacia la puerta debido a que quería que se quedase con él al menos unos minutos más. Pero fue grande su sorpresa al oírlo cerrar con llave y regresar para luego quitarse los zapatos y acostarse a su lado.
El ojiazul fue moviéndose con cuidado hasta amoldarse al cuerpo del de rizos. Siempre le había encantado la posición de "cucharita" porque para él era un sinónimo de amor y protección, y era justamente lo que quería transmitirle al hombre que estaba acostado delante de él. Pegó su pecho a la espalda de éste y finalmente lo abrazó
- Me gusta que estés aquí. – Murmuró Blaine y colocó su mano sobre la de Kurt.
El castaño inclinó la cabeza y le besó la mejilla golpeada. – A mí también me gusta estar contigo. – Movió sus dedos hasta dejarlos entrelazados.
- ¿Te puedes quedar hasta que me duerma?
- Me voy a quedar a tu lado todo el tiempo del mundo.
- No lo había dicho antes, pero gracias por pagar el mes.
- No tienes nada que agradecerme.
- Ya encontraré la forma de devolvértelo.
- No voy a aceptar algo así.
- No puedo permitir que gastes tal cantidad de dinero en mí.
- El dinero no es nada. Lo que importa es el bienestar y felicidad de mi novio.
- ¿Tu novio?
- Sí, ¿o me equivoco?
- No recuerdo que me lo hayas pedido.
El castaño esbozó una sonrisa. – Tienes toda la razón. Blaine, hermoso y maravilloso, ¿me harías feliz aceptando ser mi novio?
- Tengo que pensarlo. – Respondió con una pequeña sonrisa.
- Blaine...
- Sí, sí quiero. – Giró la cabeza hacia tras, buscando los labios de su ahora pareja. – Al separarse, volvieron a acomodarse en la posición anterior. – Te amo Kurt, susurró antes de cerrar los ojos.
- También te amo Blaine.
