HOLAA! Aiiish, por favor qué alegría me dáis cuando veo vuestros comentarios =). Siento haber estado un poco ausente estos días, pero lo cierto es que ando bastante ocupada con el trabajo final de mi carrera y apenas he tenido tiempo de nada. Sin embargo, porque sé que sois los mejores lectores que he tenido, os dejaré hoy al menos dos capítulos.
P.D.: no dejéis de comentar, porfis =)
P.D. 2: no me matéis después de leer esto, jijiji. BESOS DESDE ESPAÑA!
Capítulo 25
Tres días después de llegar al valle, Elsa y Jack divisaron a lo lejos un puerto pequeño. Elsano había vuelto a tener esos ataques de la arena negra, por lo que anduvieron todo ese día para llegar cuanto antes y se sorprendieron al ver que el puerto formaba parte de un pequeño pueblo de pescadores. Acamparon a las afueras del asentamiento y decidieron que entrarían a la mañana siguiente. Era noche cerrada cuando Jack se despertó, sobresaltado. Había tenido un sueño extraño y el susto le había desvelado. Se incorporó con un movimiento seco y miró a todos lados con los ojos muy abiertos y la respiración acelerada. Elsa se removió a su lado y pestañeó, confusa.
-¿Qué ocurre, Jack?-preguntó, somnolienta.
Pero el príncipe apenas la escuchó. Aunque había sido el sueño lo que le había despertado, un movimiento a lo lejos fue lo que le puso en guardia. Sin cambiar mucho su posición para que quien los estuviese vigilando no se percatara de nada, Jack movió con lentitud su mano derecha hacia su bastón, que descansaba en el suelo a su lado. Se había convertido en un gran aliado y raramente se separaba de la gran rama. Elsa vio la tensión acumulada en los hombros de Jack y vio por el rabillo del ojo que se movía con lentitud. Supo de inmediato que algo andaba mal y se preparó para correr si era necesario.
Entonces, lo siguiente ocurrió muy rápido. Una luz se encendió en el lugar donde se situaba el desconocido y viajó con rapidez hacia ellos. Elsa abrió mucho los ojos y se retiró a tiempo, antes de que la flecha en llamas la atravesara de parte a parte. Jack se levantó de un salto y lanzó un potente rayo de hielo contra su enemigo, peor este ya había desaparecido. Elsa se apresuró a intentar coger lo necesario para salir huyendo mientras que Jack buscaba con los ojos atentos al agresor. No tardaron mucho en tener que esquivar otras tantas flechas con fuego, al mismo tiempo que Jack atacaba todo lo rápido que era capaz. Sin embargo, el enemigo era sumamente rápido y calculador. A medida que el tiempo pasaba, se iba acercando más y más a la pareja hasta que, de repente, desapareció.
Elsa y Jack se miraron, alterados.
-¿Estás bien?-preguntó Jack, dando un paso hacia ella.
-Sí... ¿Y tú?
-Sí.
Elsa sonrió un momento, pero no le duró mucho la sonrisa. Una cuerda salió de la nada de los matorrales que tenían alrededor y se enredó en la cintura de la reina, arrastrándola en dirección opuesta a Jack. Elsa profirió un chillido y Jack la llamó a gritos mientras corría tras ella.
-¡VIENTO!-bramó Jack y, enseguida, una fuerte corriente de aire lo arrastró por las alturas.
Vio que el captor de Elsa era el mismo que su agresor y se apresuró a coger las mejores corrientes para llegar hasta ella. Cuando lo tuvo a tiro, le apuntó con su bastón y un rayo de hielo partido en tres ramas se estampó contra el pecho, la espalda y las piernas del enemigo, que cayó al suelo y se golpeó la cabeza. Elsa acabó también el suelo y vio desde su postura cómo Jack se acercaba cada vez más. Sin dudarlo un segundo, intentó deshacerse de su atadura, pero la cuerda era demasiado gruesa y el nudo que tenía hecho era imposible de deshacer. Entonces, vio que su captor se levantaba con esfuerzo y blandía una espada.
-¡Jack, cuidado!-le advirtió Elsa.
El príncipe se percató del movimiento del agresor y volvió a la carga. Montado sobre el bastón, recorrió la distancia que le separaba de ellos y, justo en el momento en que iba a chocar, se levantó y rodeó al enemigo con su bastón mientras invocaba una presa de hielo a su alrededor. A medida que iba girando, el captor quedaba atrapado en un sinfín de estacas de hielo que le separaron las piernas y los brazos del cuerpo, le cubrieron los tobillos y las muñecas y le obligaron a soltar la espada.
Cuando Jack se aseguró de que estababien sujeto, movió la mano izquierda e hizo aparecer un cuchillo de hielo para cortar la cuerda de Elsa. Una vez libre, Elsa corrió hacia Jack, pero no se paró para darle un abrazo, si no que se dirigió al enemigo y le quitó la tela que llevaba por máscara. Una fría mirada la atravesó de parte a parte. Elsa contuvo un grito por la intesidad de sus ojos y se separó corriendo. Jack ocupó su lugar y le cruzó la cara al hombre con un fuerte golpe de su bastón.
-¿¡QUIÉN ERES!?-dijo Jack con voz potente y enfadada.
El enemigo giró la cara despacio y escupió sangre por el golpe recibido. Miró al príncipe a los ojos, pero no respondió.
-¡RESPONDE, BASTARDO!-exigió Jack, volviendo a golpearle con la rama.
Elsa no se movía ni un ápice. Observaba con horror cómo Jack exigía respuestas con tanta violencia. Había pasado miedo, sí, pero dudaba de que aquel método fuese el mejor para saber los motivos del hombre para capturarla.
-Jack-se atrevió a decir entonces Elsa, agarrándole con firmeza el brazo derecho para evitarle otro golpe al secuestrador-, así no te va a decir nada.
-Lo hará-repuso él sin dejar de fulminarle con sus ojos azules.
-No, Jack-trató de convencerle Elsa, acercándose a su oído-. Lo mejor es que lo dejemos aquí. Tal vez consigamos que nos pierda el rastro-susurró.
-¿Y permitir que este... vuelva a intentar hacerte daño?-preguntó Jack, anonadado, volviéndose brevemente hacia su amada.
-Los habitantes del pueblo deben saber ya que algo ha ocurrido a las puertas de sus casa. Si lo dejamos aquí, ellos se ocuparán de él.
Jack estudió el rostro de Elsa, que mantenía el miedo vivo en sus ojos a pesar de la firmeza y seguridad de sus palabras. Pensó que, tal vez, ella tuviera razón, aunque algo en su interior le decía que ese personaje no había salido al paso solo para robarles o violar a Elsa.
-¿Qué te dice que este maldito imbécil no es un enviado de Pitch?-dijo Jack, desbaratando los pensamientos de Elsa.
La reina no respondió. No había caído en aquella posibilidad y, de repente, algo se removió en su interior: un miedo y un terror tan oscuros que apenas los podía controlar. Un gemido se escapó de los labios de Elsa y la reina contrajo el rostro en una mueca extraña. El color de los ojos de Elsa comenzó a cambiar, pero el azul seguía resistiendo al ataque de la arena negra. La raíz del pelo de Elsa empezó a variar su tonalidad y a oscurecerse. Jack se percató de lo estúpido que había sido y cogió el rostro de Elsa entre sus mano, olvidándose por completo del secuestrador.
-Elsa, Elsa, Elsa-la llamaba Jack, haciendo todos sus esfuerzos para hacerla volver-. Tranquila, cariño. Todo está bien.
Sin embargo, Elsa no reaccionaba como él quería. Aunque sus ojos seguían luchando por permanecer azules, el color en la piel de Elsa se fue desvaneciendo y pasó a ser de un gris ceniza, el color oscuro del pelo iba ganando terreno y apenas las puntas conseguían mantenerse rubias. Las manos de Elsa entrelazaban sus dedos sobre su pecho. La reina profirió varios quejidos, algo se le rompía en su interior y envenenaba todo aquello bueno que formaba parte de ella.
-Elsa, te amo-susurró Jack, atrayendo la cabeza de la reina hacia su pecho, cobijándola-. Te amo, Elsa. Te amo. No me dejes, por favor. Estoy aquí para ti, siempre. Vamos Elsa, sé fuerte...
A pesar de los esfuerzos de Jack, Elsa continuaba con su transformación y, poco a poco, el alma de la reina de Arendelle se fue rindiendo para dar paso a la oscuridad.
-Elsa...-gimió Jack al darse cuenta de su fracaso- Te amo, Elsa. Te amo.
-Jack...-masculló Elsa en su breve momento de conciencia.
El príncipe abrió la boca y la miró como quien mira una estatuilla de cristal y una lágrima se escapó de sus ojos. Elsa alzó una mano cenicienta a su rostro y le secó al lágrima con sus dedos con toda la ternura que le quedaba.
-Cántame, Jack...-pidió con un sollozo- Lo necesito... Por favor...
-No te vas a ir, Elsa. Te vas a quedar aquí, conmigo.
-Jack...
No hubo tiempo de más. La oscuridad de la arena negra inundó el corazón de la reina y apagó todo aquello que, en su momento, había sido luminoso y fresco. Elsa se desplomó en brazos de Jack, al contrario de lo que había ocurrido otras veces. Jack la contemplaba mientras no dejaba de llamarla por su nombre, esperando que despertase y todo fuese un mal sueño, como el que había tenido hacía un rato. No se había dado cuenta de que estaban sentados en el suelo hasta que una mano de Elsa se deshizo de la otra y dio con un golpe seco en la hierba.
-Elsa...-lloraba Jack- Por favor, Elsa... Vuelve... ¡ELSA!
