¡Hola!

Gracias a damcastillo por su review.


XXVI

—Casarte—Lucretia asiente, armándose de paciencia—. Con Prewett—vuelve a asentir—. Este año—otra afirmación con la cabeza. Se mira las uñas con indiferencia—. ¿Y estás tan tranquila?

Lucretia mira a Orion, que a su vez la observa de hito en hito.

—No es tan difícil, hermanito. Boda. Gente. Pastel. Te tendrás que poner algo elegante. Y ya.

Su hermano sacude la cabeza.

—No es eso… ¿Se lo has dicho a padre?

—Ha sido el primero en enterarse—Lucretia sonríe al recordar la cara de Arcturus.

Orion arquea una ceja.

—¿Y no le ha dado un infarto?—suelta una carcajada cuando su hermana niega con la cabeza—. Pues no le gusta Prewett. Y la verdad es que a mí tampoco.

Lucretia pone los ojos en blanco.

—Resulta que ni tú ni padre vais a casaros con él, así que el asunto de cómo os caiga Ignatius no es tan importante como temes.

Le complace ver cómo su hermano busca argumentos para rebatir sus palabras, y se relame de gusto al comprobar que Orion no los encuentra.

Sin embargo, la satisfacción no le dura mucho. Precedida de tres golpes en la puerta, Melania Black entra en la habitación de su primogénita.

—Lucretia, cielo, tu padre y yo queremos hablar contigo.

Lucretia se pone en pie y sigue a su madre. Orion intenta ir tras ellas, pero una mirada de la mujer hace que el muchacho se quede plantado en el sitio. Lucretia, no obstante, no siente lástima por él. Sabe que se las ingeniará para escuchar la conversación.

Cuando llega al salón encuentra a Arcturus Black elegantemente repantigado en el sillón, de esa forma que Orion lleva intentando imitar desde su más tierna infancia. Su padre la mira con los ojos entornados, y Lucretia sabe que se avecina el sermón que Arcturus no le ha echado cuando ha entrado en la habitación de San Mungo en la que está Ignatius y ella le ha comentado su futura boda como quien no quiere la cosa.

—¿Qué diablos es eso de que te vas a casar con Prewett? —inquiere.

Lucretia respira hondo por la nariz. Varias veces. Con poco o nulo efecto.

—Sí, padre—responde con una calma que no siente.

—¿Desde cuándo lo teníais pensado?—inquiere Melania Black con suavidad.

—Desde esta tarde—responde Lucretia. Su padre arquea una ceja, y de repente la joven se da cuenta de que, pensándolo fríamente, ha aceptado la propuesta de matrimonio de un joven herido, débil y posiblemente delirante. Pero levanta la barbilla, desafiante.

—No te conviene—dice Arcturus finalmente.

—Me da igual. Me quiere—un tremendo alivio invade a Lucretia cuando la joven se da cuenta de que es cierto. No sólo porque él se lo haya dicho cientos de veces, sino también porque lo ha visto en la forma en que brillan los ojos de Ignatius al mirarla.

Arcturus suspira.

—Ignatius Prewett no me gusta—declara. Lucretia no muda la expresión—. Pero hicimos un trato—Lucretia sonríe un poco—. Y es un sangre limpia…—suspira—. Uno deplorable, pero al menos no es un Weasley—Lucretia arquea una ceja. En su lista de seres de los que no quiere saber nada, ese montón de pelirrojos ocupa la tercera posición, por detrás de los muggles y los sangre sucia—. ¿De verdad crees que estarás bien con él? No quiero que tomes una decisión así sin estar segura.

Lucretia no puede reprimir una sonrisa al darse cuenta de que, en el fondo, lo que molesta a su padre no es Ignatius, sino la posibilidad de que ella pueda arrepentirse de su matrimonio con él.

—Padre, si no lo estuviera, no hubiese aceptado—responde finalmente.


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