¿Mis padres asesinados?
- Puede... — Dijo ella con un deje de misterio en la voz. — Algún día. — Le dio un beso y se retiró a su habitación bajo la atenta mirada de Wilson y Harry, quienes vieron sus miradas cruzadas en la misma dirección, y sin darse, cuenta ambos sonrieron a la vez, complacidos de que todo hubiese acabado bien.
El sol, imponente, comenzaba a dar los primeros destellos de luz de lo que parecía un día soleado y despejado. Aunque al parecer no todo transcurriría del mismo modo en todos lugares, ni para todas las personas. El mejor ejemplo lo encontraríamos en la casa de Elisabeth Brytol.
-Bien. Creo que entiendo todo aquello que me habéis venido a decir, pero aún no logro de creerme esa historia de que ahora, por arte de magia, y nunca mejor dicho, hayáis recapacitado sobre vuestra postura al respecto de esta guerra. – Tanto Xavier como Andrew se dedicaron una mirada comprensiva, y suspiraron resignados. Esta mujer iba a lograr agotar su paciencia, que no era mucha precisamente.
-Elisabeth, entienda que si nuestra intención hubiese sido hacerle daño ya lo habríamos hecho. Así que por favor, tome asiento y tranquilícese. Debemos asegurarnos de que está al tanto de nuestros planes, ya que su intervención será de vital importancia en ellos, y permítame decirle, que ambas partes saldremos beneficiadas de esto. – Finalizó Xavier, con tono de infinita paciencia, pero sin llegar a ser descortés.
-Vale... – Un poco reticente ante ese par de jóvenes, asintió ante su propuesta. – Bien. ¿Y para cuando se pondría en marcha el plan? – Los chicos cruzaron las miradas, complacidos por el grato resultado.
-No se preocupe por el cuándo. Nosotros nos pondremos en contacto con usted para llevarlo a cabo. – Dijo entusiasmado Andrew. Por fin podría lograr la venganza que durante tanto tiempo había estado buscando y que tan cerca había tenido. – De todos modos le pido extrema seguridad, y desconfíe de todo el mundo. Si para nosotros no fue muy difícil dar con usted, probablemente otros intenten hacerlo.
-No se preocupen. Seré todo lo cautelosa que mis 5 sentidos me permitan.
-Sobretodo queremos advertirla de que sabe que tiene un hijo... – Dijo Con un ápice de temor Xavier. No sabía cual podía ser la reacción de la mujer.
-¿Có...cóm... cómo lo ha sabido? – Su tez se había vuelto pálida, y sus ojos denotaban profunda desesperación. ¿Cómo protegería ahora a Wilson? Ya que podía estar segura de que cuando Tom supiera que por las venas del joven corría su propia sangre haría lo imposible porque el chico se uniera a sus filas. Sería su descendiente, y probablemente, Wilson, dolido porque su madre nunca le había rebelado el secreto de su padre, la dejaría de lado.
-No se preocupe Elisabeth. – Dijo Xavier, a quien se le había encogido el corazón al ver la mirada desesperada de la mujer, que amenazaba con desplomarse ante la noticia. – Dumbledore lo sabe, y usted también tiene que reconocer que Wilson no sería el tipo de joven que se dejaría ofuscar por la rabia y el rencor de una verdad ocultada durante tanto tiempo. Sabría comprenderla. – La mirada verde esmeralda de Elisabeth se encontró con la firme y segura del joven, algo que logró apaciguar en cierta medida su angustia interior.
-Agradezco tus palabras. Pero también espero que Merlín las escuche. No sabría que hacer si eso llegara a suceder. Para mí. Mis hijos lo son TODO. Me ayudaron a seguir a delante en los momentos difíciles, y también me dieron las fuerzas para poder rehacer mi vida. Lo último que quiero es que la suya quede en manos de ese desgraciado. – Un nuevo brillo se instaló en los ojos verdes esmeralda de Elisabeth. Denotaban determinación por aquella empresa que iban a llevar a cabo. – Pueden estar seguros que después de esta noticia estoy aún más impaciente que antes por terminar con él.
-Bueno... de ese aspecto también queríamos hablarle Elisabeth. – La mujer presintió por el tono del rubio que no le iba a gustar la siguiente noticia. – Voldemort no puede ser asesinado por otra persona que no sea...
-Harry... – Dijo entrecortadamente. No era suficiente lo que había pasado su sobrino con la muerte de sus padres y de su padrino, que también tenía que afrontar los continuos enfrentamientos con el susodicho mago oscuro. Ahora debería de convertirse en un asesino por el bien de la comunidad, una que por cierto, se dejaba llevar como un montón de hojas moviéndose a placer del viento. Bastaba con que un periódico como el Profeta declarase que el salvador del mundo mágico era un niño estúpido y engreído para que todo el mundo ya lo diese por echo. Pero después de todo, Elisabeth sabía que Harry era un hijo digno de Lily y James, y que al igual que ellos haría lo que estuviese en sus manos por liberar a la comunidad mágica de ese peligro llamado Voldemort.
-El mismo. Todo se debe a la profecía que lo sentenció aquella fatídica noche en la que fallecieron los señores Potter. Según nuestras fuentes, esa misma profecía era la que había señalado a su sobrino como a un igual para Voldemort, y precisamente es la que determina que la única persona capaz de determinar con todo esto es precisamente el joven Potter. Tal y como dice: "Uno de ellos deberá morir a manos del otro". – Dijo Andrew. – Ahora he de pedirle total discreción, esto es algo que solo conocemos unas pocas personas y que no debe de transcender, de ser así, las consecuencias podrían sellar a ser abrumadoras.
-No se preocupen. Pero espero que entiendan que debo notificarle todo esto a Dumbledore, creo que sería de gran ayuda para los del bando de la luz ser notificados acerca de tan importante noticia. ¿No creen? – Inquirió dubitativa.
-Descuide. Nosotros mismo los informaremos. – Dijo Xavier con un dulce sonrisa tranquilizadora. – Aunque algo me dice que no será necesario hacerlo. Ese anciano director sabe mucho más de lo que aparenta señora.
-Disculpe, pero no logro entender lo que quiere decir con eso. ¿Insinúa que el sabe lo de la profecía¿Y si lo supiera por qué no me lo iba a ver dicho? – Preguntó molesta. Ese chico estaba siendo un insolente al insinuar que Dumbledore le podía ocultar una información tan valiosa.
-Yo no he dicho eso. Pero usted solo tiene que preguntarle si estoy en lo cierto. De todos modos permítame decirle que si ha callado durante tanto tiempo es porque su silencio estaba más que justificado. – Sentenció el moreno.
-Si nos disculpa... Creo que es hora de que nos marchemos. No es oportuno levantar demasiadas sospechas. – Sonrió Andrew. – No se preocupe por su seguridad, mis chicos se encargarán de vigilar su casa durante las 24 horas del día. Si necesita algo solo tiene que decir el nombre de alguno de nosotros y tocar la snicth. – El rubio le entregó la pequeña pelota de quiddicht, bajo la incrédula mirada de la mujer. – No se preocupe. No vuela. – Rió.
-Y sus nombres eran... – dijo embarazosamente.
-Xavier. – Se presentó el moreno alargando su mano.
-Y Andrew. – Dijo el rubio, imitando la acción de su amigo.
-Cuídense mucho. Dice mucho de ustedes vuestras intenciones y vuestro valor. Siento haberme portado tan desconsiderablemente con ustedes al principio, pero como bien saben en estos tiempo... – Se disculpó apesadumbrada.
-Lo sabemos. No tiene por qué disculparse, al contrario, nosotros deberíamos hacerlo por nuestros malos modos ejjejejej. – Rió Andrew. – La próxima vez le mandaremos una citación. Así estará prevenida de nuestra llegada.
-Nos tenemos que marchar compañero. – El rostro de Xavier se había tornado repentinamente serio. - ¿Lo has sentido tu también?
-Si. – El semblante del rubio también se había transformado. – Nos está llamando. – Instintivamente se llevó una mano al antebrazo derecho, donde tenía la marca grabada.
-¿So... sois mortífagos? – Inquirió preocupada Elisabeth.
-Por supuesto. Esa será nuestra arma de doble filo, ya que podremos sacar de primera mano todos sus movimientos y saberlo todo de antemano. Aunque también eso nos convierte en objeto de mira de algunos mortífagos que no están del todo seguros de nuestra fidelidad al régimen de Voldemort. Entre ellos Lucius y Laestrange. – Sus ojos brillaron con odio al recordar a ese par de ineptos. – De todos modos. Creo que ha llegado la hora que repongamos todos nuestros males, y cuanto antes empecemos mejor. – Su rostro volvió a ser el de siempre. – Adiós.
-Adiós Elisabeth. – Ambos jóvenes desaparecieron por la puerta sin mirar a tras, para desaparecer unos metros más adelante. Dejando a la mujer sumergida en un mar de pensamientos.
Hermione bajaba con energías renovadas hacia el Gran Comedor. Había pasado una noche muy reconfortante, ya que por fin tenía la conciencia tranquila. Después de todo las cosas no habían terminado tan mal con el pelirrojo. Tal vez algún día ambos se reirían de esa ruptura.
Pero por el momento, debía deponer en orden sus sentimientos. No podía permitir que esas nuevas sensaciones que estaban surgiendo con su mejor amigo volvieran a terminar como el día anterior. No debía repetirse. Por el bien de ella y por el del propio moreno. Ahora mismo solo tenía ganas de ver a Chris, pero antes de eso tendría que encontrar al moreno, ya que solo con su compañía podía acceder a la sala de Godric Gryffindor. Iba a atravesar el cuadro de la señora Gorda cuando de improviso se tropezó con alguien:
-Ups. Perdona. – Levantó la mirada sonrojada por el encontronazo, y se topó con unos preciosos ojos azules, que la dejaron impactada por su cercanía.
-Lo... sien.. – Al percatarse de quien era la persona con la que había chocado, sintió enrojecer sus mejillas. – Hola, Hermione. ¿Dónde vas tan apresurada¿Ha pasado algo? – Ahora su cara denotaba preocupación.
-No. Wilson. No ha pasado nada. ¿Por casualidad has visto a Harry? Es que tengo que pedirle una cosa. – Preguntó nerviosa la joven. Mientras que el moreno sintió una pequeña desazón ante la respuesta de la castaña.
-Si yo te puedo ayudar... – Hermione lo observó pensativa. ¿Sería lo correcto decirle lo de Chris?
-No, Wilson. Te lo agradezco pero no es tan importante. – Hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto. – Por cierto. ¿Ya has desayunado?
-No. Solo venía a buscar el libro de Transformaciones.
-Si quieres te espero y bajamos los dos. – Wilson sonrió ante la proposición. Era una buena oportunidad para estar cerca de la joven, que desde hacía un mes ocupaba sus pensamientos.
-De acuerdo. No tardo. – 30 segundos más tarde volvía a estar a su lado.
En la habitación de los chicos de sexto año Harry y Ron estaban conversando sobre lo acontecido el día anterior.
-Creo que tu postura fue bastante madura, amigo. Nunca hubiese imaginado que encajarías también una ruptura. – Dijo el moreno.
-¿Me creerías si te dijera que yo tampoco lo esperaba? – Contrario ante todo pronóstico, el pelirrojo había tomado con resignación la situación. – Creo que era lo más correcto. Simplemente tomé conciencia de que yo no quería perder mi amistad con Hermione. Además... hace algunos días que me estaba replanteando la situación con ella.
-¿Acaso insinúas que hay alguna chica que ande por tus pensamientos? – Inquirió pícaramente el joven Potter, ante el sonrojo de Ron.
-Pues... no sé amigo. Pero es que Hermione y yo somos muy diferentes, como el agua y el aceite, y creo que lo nuestro no hubiese sido rentable a largo plazo. Bueno. Empezaré de cero y ya está.
-Espero que tengas suerte. Verás como dentro de poco encuentras a una chica especial. – dijo de todo corazón el moreno.
-Mejor nos vamos a comer. No quiero quedarme sin tortitas ¿sabes? – Una amplia sonrisa y la cara del pelirrojo, confirmaban que volvía a ser el de siempre. Aunque para alguien que lo conociese tan bien como Harry, se daría cuenta de la tristeza disimulada que ocultaba tras esa sonrisa.
-Si compañero. Yo también estoy hambriento.
Al llegar al comedor encontraron a Hermione y Wilson sentados juntos, conversando animadamente. Harry sintió un pellizco en el estómago ante la escena. Pero se disipó al ver a su novia llegar a su altura.
-Hola, amor. ¿Qué tal la noche? – dijo pícaramente la pelirroja mientras le daba un beso en los labios.
-¿Os importaría dejar de besuquearos delante de mí? – Protestó molesto el menor de los Weasleys, aunque con una gran sonrisa en la boca. Se alegraba de que al menos su hermana si que le fuera bien con su novio.
-Vale. Tu ganas hermanito... – Asintió refunfuñando Ginny. – Pero ya te acordarás de tus palabras cuando seas tu quien se vaya dando besitos por ahí. – Al darse cuenta de lo que acababa de decir, se llevó las manos a la boca. Maldiciéndose por su torpeza. – Lo siento. No quería decir eso... menos sabiendo lo de Hermione y...
-Basta, Ginny. No intentes justificarte. – El tono de voz de Ron sonó muy serio, casi cortante. – Lo superaré. No me importa lo que puedas decir tu, o cualquier otro.
-¿En serio Weasley? – Dijo una voz que arrastraba las palabras.- ¿Acaso ni la rata de biblioteca puede soportarte? Tal vez se deba a que tu hedor es mucho más insoportable que el de las cloacas donde ella vive. – El rubio rió su propia gracia, acompañado de sus dos guardaespaldas Crabbe y Goyle, y su inseparable "amiga" Pansy.
-Cállate hurón. – Amenazó Harry. – No estoy dispuesto a tolerar que te metas con mis amigos. ¿O será que quieres que te recuerde lo sucedido el otro día en Defensa Contra las Artes Oscuras? – A Malfoy se le congeló la sonrisa en el rostro, y palideció, aunque supo disimularlo bien transformando su sonrisa en una de desdén.
-No te tengo miedo Cara-Rajada porque ni tú, ni nadie va a impedir que el señor Oscuro termine dominando ambos mundos. – Su rostro se había ensombrecido, y su tono de voz se volvió gélido y cortante como una espada. – Y los primeros en caer serán tus amiguitos. Sobretodo... "la pequeña".
-Serás hijo de Put... – Antes de finalizar la palabra y abalanzarse sobre el rubio, llegó Hermione junto con Wilson, quienes habían visto llegar al grupo de Slytherins.
-¡¡¡Basta!!! Es suficiente Harry. No quiero que te rebajes a la calaña de este estúpido. Eso sería hacer justamente lo que él quiere: provocarte. Vamos a sentarnos a desayunar, este no es el sitio más idóneo para iniciar un duelo. – Se volvió a Malfoy y le dijo. – Y tú.. – le señaló amenazadoramente con el dedo. – Más te vale que te mantengas alegado de nosotros o no responderé de mis actos.
-¿En serió Granger¿Qué piensas hacer¿Vas a darme un beso para que me intoxique con tu sangre-sucia? – Puso cara de asco e hizo el ademán de que alguien intentaba besarlo contra su voluntad. – Eres patética. ¿Has hablado con tus padres últimamente? Oh, perdona. Están muertos ¿no? – La joven palideció ante la última frase, al igual que todos los presentes. Draco al observar la reacción sonrió satisfecho. - ¿No lo sabías? – Dijo fingiendo inocencia y lástima. – Cuanto lo siento... jajajjajja – Estalló en carcajadas, que pronto fueron seguidas por los compañeros del rubio.
Hermione sintió la sangre bullir en sus venas, y la rabia en cada poro de su piel. Sus ojos se volvieron oscuros como el carbón, y sus pelos comenzaron a elevarse al mismo tiempo que lo hacia el de la castaña, sin ser consciente de ello. Tanto Harry, Wilson, Ginny y Ron, miraban estupefactos la escena.
De repente unas raíces comenzaron a salir entre las piedras que cubrían el suelo del gran comedor. A una velocidad sorprendente crecieron entre el grupo de Slytherin que contemplaban boquiabiertos lo que estaba sucediendo. En menos de 10 segundos todos estaban completamente rodeados y atrapados entre las raíces, sin poder nisiquiera mover ninguna articulación. Pero Draco, como todo un Malfoy no dejaría que lo pisotearan de aquella manera, e intentó llegar hasta su bolsillo para coger su varita. Pero Hermione, rápida y audaz lo supo. Entonces. Sin saber por qué, alzó las manos al cielo y las el grupo de Slytherins junto con las raíces se elevaron hasta el techo del Gran Comedor, al mismo tiempo que la varita del rubio aterrizaba en el suelo.
Desde la mesa de los profesores todos miraban el suceso. Tan impactados estaban por lo sucedido que no había sabido reaccionar. ¿Cómo podía haber hecho una magia de tal calibre y sin varita? Nunca en la historia de Hogwarts se había presenciado semejante espectáculo.
-Hermione... – dijo Harry entre asustado y cohibido. - ¿Cómo has hecho eso?
-No... no lo sé. – Dijo entrecortadamente la chica. Que ahora estaba empezando a ser consciente de lo que acaba de hacer. – No lo sé. – Estaba aterrada. ¿Cómo había hecho eso sin magia?
-Los murmullos no se hicieron esperar, y todos observaban a los chicos entre curiosos y aterrados. Sobretodo a Hermione. Pero el silencio se hizo presente con la llegada de Albus Dumbledore. Quien tras dedicar una mirada a la situación, y después de un leve movimiento de varita, hizo que los Slytherins volvieran a pisar tierra firme.
-Señorita Granger. Tengo que hablar seriamente con usted. – Sin llegar a ser severo en el tono de voz, Dumbledore lo había dicho con determinación. Mientras Draco sonreía satisfecho. – Señor Malfoy. Cuando finalice sus horas de por la mañana llegue a mi despacho, también tengo que hablar algo con usted. – dijo autoritariamente el anciano mirando al rubio. – Los demás pueden proseguir con su desayuno. Aquí no ha pasado nada. - Los alumnos, obedientes al mandato de su director acataron su mandato, entre miradas asesinas de Gryffindors y Slytherins, que se juraban venganza. – Señor Potter y Sathler. Ustedes también deben acompañarme. – Ambos jóvenes se miraron contrariados, pero aún así continuaron el camino detrás de su director.
Llegaron hasta la gárgola de piedra que franqueaba el acceso al despacho de Dumbledore, y tras pronunciar la contraseña (chocolate y pasas), subieron hasta el ya familiar habitáculo.
-Señorita Granger, estoy en lo cierto al pensar que usted sabe que sus actos no han sido todo lo correctos que se cabe esperar de una buena bruja como lo es usted. Pero no pienso reprenderla por ello, ya que creo que esta situación nos ha sido de provecho. Con ello no quiero decir que lo apruebe, ni mucho menos. Solo quiero decir que esto nos ha servido para saber cuales eran sus "dotes especiales", por decirlo de algún modo. Además, el señorito Malfoy también estaba traspasando la línea de lo tolerable.
-Perdone la interrupción señor. Pero ... ¿Es cierto lo que ha... ha .. dicho...? – El rostro del director se emsombreció, y sus ojos denotaron tristeza. Hermione supo entonces que el Slytherin le había dicho la verdad. Una opresión en el pecho, como si lo estuviesen estrujando, y la falta de aire, se apoderaron de ella, al mismo tiempo que sus ojos se volvían cristalinos a consecuencia de las lágrimas.
-Lo siento... – Fue lo único que pudo articular el anciano, que observaba impotente como su alumna más brillante recibía el que sería uno de los palos más fuertes que la vida le iba a dar.
-Hermione... – Con la voz algo cortada por la emoción de ver a la joven llorando, Wilson, se acercó a ella para arroparla en un cálido abrazo. La castaña sin poder contener más las lágrimas comenzó a llorar descontroladamente en el pecho del joven. Por otro lado, Harry apretaba sus puños con impotencia, no solo por ver a Hermione abrazada fuertemente a su primo, sino porque Voldemort una vez más se había llevado la vida de dos inocentes. Dos personas que lo significaban todo para Hermione, como habían sido anteriormente Lily y James para él. Un apoyo incondicional en los malos momentos y en los buenos, ese infinito amor sin esperar nada a cambio. No pudo evitar más la rabia y la impotencia , por eso arremetió contra aquello que tenía más cerca: una silla.
-¡¡¡¡ Eres un cabrón¡¡¡¡Un hijo de Puta!!!!! – Con cada insulto golpeaba con mayor fuerza la silla, hasta romperla en 3 pedazos. - ¿Por qué¿Acaso no tienes bastante con arrebatarme lo que es mío¿Qué te han hecho¿Qué te ha hecho ella? – Una vez había destrozado por completo el pobre mueble, este se incendió sin motivo aparente, tan solo con la dura mirada del moreno.
-Harry. Haz el favor de calmarte por favor. – dijo la voz apacible y tranquilizadora de Dumbledore.
-Estoy harto, profesor. ¡¡¡Harto!!! De él. De esta guerra sin sentido que solo conduce a más muertes. De todo. De la crueldad de la vida, y de cómo día a día son más los cobardes que se unen a sus filas, pensando que lo correcto es matar a inocentes, a los sangre-impura, o a todo aquel que defienda unos valores éticos que no sean los suyos. Pero juro que lo va a pagar. Lo juro. – Su voz, llena de odio y rencor inundó la sala, incluso los cuadros que hasta entonces había estado insultando al joven por su comportamiento infantil se callaron, pero eso no solo fue debido al tono de voz del joven. La habitación entera había comenzado a temblar, como si estuviese apunto de derrumbarse.
-Harry... – Hermione se había soltado del agarre de Wilson y se abrazó fuertemente al chico de la cicatriz. – No quiero que llenes tu corazón de odio. El poder más grande que hay en el mundo es la amistad y el valor. En ningún momento debes dejarte llevar por sentimientos tan negativos como esos. Si así lo hicieras es como si te convirtiese en él. No quiero que te pase eso. Siento en el alma el dolor por la muerte de mis padres, pero no por ello me voy a dejar ofuscar por la rabia o la venganza. Si voy a pelear en esta guerra con uñas y dientes será por un mundo mejor, por aquellos que hay y por los que llegarán. No quiero que en el futuro la gente tenga que pasar por esto mismo, y también lo hago porque sé que mis padres estarían orgullosos de mí. Como sé que lo estarán los tuyos. – Intentó dedicarle una sonrisa sincera al moreno, pero solo le salió una forzada, que contrastaba visiblemente con su rostro bañado por las lágrimas. Harry, quien se había quedado impactado por la entereza y el corazón puro de su amiga la abrazó fuertemente. Entonces todo dejó de moverse.
-Lo siento Hermione. Nunca volveré a dejarme llevar de esa manera. – le dijo al oído dulcemente. Parecía irónico que precisamente ella, que debería estar mucho más dolida que él, fuer la persona que le diese fuerzas para continuar.
-Señores. – Interrumpió Dumbledore. – creo que por hoy se pueden tomar el día libre. Si quieren pueden pasarlo con cierta personita que seguro que se alegrará de estar con vosotros. – Dijo pícaramente el anciano, con un brillo triste, aun perceptible, en sus ojos azules. Wilson miró extrañado al profesor, y a Harry y Hermione. – En cuanto a usted. Lo he citado porque su madre y yo hemos llegado al acuerdo de que hoy es el día indicado para que usted sepa quien es su verdadero padre. – Ahora llegó el turno de que Harry y Hermione miraran confundidos al director y al chico, quien no pudo evitar que un nudo de emociones se agolparan en su pecho.
Notas de la autora: Lo siento, y mil veces lo siento. Pero ando extresadísima con los estudios, y apenas tengo tiempo para sentarme tranquila a escribir. Se que el capi no es tampoco nada del otro mundo, pero también se desvelan muchas cosillas ¿no creen? Quiero también agradecerles sus hermosos reviews, no saben lo que me alegran el día. Darle de nuevo las gracias a todos los que leen la historia, y ya que no se tarda tanto en dejar un mensajito... ya saben... DEJENME UN REVIEW jejejej. Muchos besitos a todos, y espero no tardarme demasiado en actualizar. Por cierto, pásense por mis otros ficc, solo tienen que pulsar en mi Nick y ahí les salen ¿vale?
BESOSSS
Cristy
