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Entrega y decepción
Dos días habían transcurrido desde la cena con el grupo Wonghlan. Edward se había mantenido ocupado con los japoneses explorando el terreno, al tiempo que continuaban con los estudios en el laboratorio, se habían reunido con la constructora que contratarían una vez que las obras comenzaran y con entusiasmo me había contado que pronto volveríamos a casa. Era usual para él inspeccionar sus obras una vez al mes al menos, por lo que no tuve reparos para darle a conocer mi entusiasmo respecto a la idea de volver a Japón en el futuro, él estaba tan seguro en lo que teníamos que me incluía en sus proyectos a largo plazo, algo que me llenaba el corazón.
Yo por mi parte me había divertido explorando Tokio, esta vez sola. No quería molestar a Edward saliendo en compañía de Gio ni de ninguna figura masculina que no fuera él, sabía que el hecho de que esa noche me había ido junto a Gio, lo había molestado sobremanera y no quería malentendidos. Edward se encargó de presentarme el puente Arco Iris de noche cuando llegó al hotel una tarde, se duchó y me llevó por el ascensor súper excitado, había alquilado un auto y me llevaría a dar un vistazo a la ciudad. El día después paseé sola por Shibuya, uno de los barrios más populosos y en el que la mayoría de centros comerciales y mercados están ubicados, miles de turistas lo visitan por semana y yo decidí ser una de ellos estadísticamente. Shibuya era increíble y no pude evitar gastar el dinero que Edward había puesto en mi bolso el primer día que habíamos llegado a la ciudad, a pesar de enfadarme con él y asegurarle que no iba a gastar mas que para obsequios a mi madre, Leydi, Esme y sus hermanas, sin embargó solo bastó una visita a Shibuya para caer en la tentación de gastar más de lo que tenía pensado. Llegué al hotel cargando bolsas llenas de ropa, kimonos para todos incluso para Jake y los chicos del club, cargué con cosas para cachorros, pequeños suéteres, collares con detalles adorables, patitas para proteger los pies y hasta un adorable suéter con capucha que apenas llegué al hotel le probé a Papi Jr. Edward iba a poner el grito en el cielo, él me había dicho que no vistiera al perro, pero era inevitable, había tantas pequeñas cosas para él que no pude evitar comprar un poco de todo. Compré un Ipad nuevo donde puse toda la música que últimamente me había gustado, incluí algunos temas de Yoshida Brothers, me relajaba y me hacía flotar en un mundo de flores de cerezo, además que me recordaba la noche en que me convertí en Geisha para mi amor. Me hice adicta a las Mochis, como me había advertido Gio que pasaría, esas pequeñas bolitas de masa de arroz rellenas con fruta, mermeladas, chocolate y pastas de diferentes sabores, eran deliciosas y llevé al hotel varias cajas de ellas como bomboneras pequeñas, algunas para regalar y otras, la mayor parte, para meter en mi refri y tener para disfrutarlos por meses. Hasta pude adquirir una curiosidad que me dejó anonadada en cuanto la vi, una mezcla de hierbas naturales que actuaban de afrodisíaco, según la vendedora en el mercado japonés, un orgasmo tras otro… cielos, no podía esperar a probarlo, seguramente sería algo novedoso que Edward iba a querer probar o al menos eso esperaba. Tenía la esperanza de que no creyera que con él solo y su poderoso lívido no me era suficiente, mierda… ahora que lo pensaba ¿sería capaz de ofenderse por ese coctel afrodisíaco?
Dejé de pensar en ello mientras miraba el menú del restaurante, quería un almuerzo rápido y ligero, Edward me había dicho que hoy por la noche saldríamos a un lugar especial recién inaugurado en Tokio, no me dijo qué lugar sería, pero a juzgar por su entusiasmo asumí que era algo espectacular. Le pregunté antes de que se marchara esa mañana si tenía que llevar ropa especial, no lo sé… ¿tal vez un vestido de gala otra vez?, me sorprendí cuando él me dijo que en realidad esperaba que vistiera sexi y arrebatadora como siempre, solo me reí hundiendo mi rostro en la almohada mientras él besó mi frente y caminó fuera de la habitación. Parecía decirlo en serio, sexi y arrebatadora. Bien, tenía que ponerme manos a la obra en ello, seguramente encontraría algo en esta inmensa ciudad, no es como si las japonesas no tuvieran sentido de la moda, en realidad lo hacían, pero me sorprendió encontrar en la moda femenina, la diversidad y la mezcla de lo pasado y lo presente, lo moderno con lo tradicional. Cuando ibas por la calle, podías no solo encontrarte con adolescentes vistiendo minúsculos vestidos o ropa naif, sino también te podías topar a mujeres vestidas tradicionalmente, con esos largos kimonos de seda y las sandalias de madera, eran pocas, pero allí estaban y me fascinaba mirarlas.
Suspiré dándome por vencida, definitivamente con una estadía de cinco días en Tokio ya, no iba a poder aprender esos símbolos extraños, aunque el menú estaba también en ingles, pero vamos… era atractivo y definitivamente dentro de la experiencia, poder pedir mi comida en japonés. Miré hacia arriba cuando la camarera joven y risueña se paró a mi lado con lápiz en mano y su pequeña libreta.
—Huevos, Mochis de mermelada y fruta, té y jugo de naranja exprimido por favor —ella anotó todo lo que yo fui señalándole en el menú. Con una inclinación de cabeza caminó lejos de la mesa y miré por los ventanales hacia la calle. El día era perfecto para un paseo, pero estaba insegura, no sabía exactamente a qué hora llegaría Edward. Saqué el celular de mi pequeño bolso y me decidí a enviarle un mensaje, Edward me había dicho, casi exigido que le enviara uno a la hora que fuera y cualquiera fuera la razón, por lo que le comencé a escribir.
"Estaba pensando, quizá salir a caminar cerca del hotel, pero no sé si tardaras mucho en volver y si debería esperarte. ¿Qué hago? Te amo"
Sonreí y pulsé enviar. Me entretuve mirando unos folletos de turismo del hotel cuando mi celular sonó y la camarera volvió, dejó uno a uno los cuencos con mi desayuno y cuando se retiró incliné mi cabeza con un suave "Arigato", que era una de las tantas palabras que en estos días había sido capaz de aprender de Japón, al menos una de las palabras básicas. Tomé un poco de mi omelette de huevo con mis palillos y lo metí en mi boca y casi gemí tomando una bolita de pescado, que venían de acompañamiento para los huevos, eran pequeñas, fritas y se deshacían en el paladar. Estaba por tomar un poco de mi jugo para ayudar a tragar el pescado cuando mi celular vibró sobre la mesa.
Atendí con un "Hola" medio ahogado por la comida en mi boca...
—Tienes tiempo para un paseo cariño, de todas maneras, si no estas en el hotel, te llamo y nos reunimos en donde estés —dijo apenas contesté, reí al teléfono— Hola bonita ¿estas desayunando? —pude escuchar una sonrisa en su voz.
—Sí… huevo, Mochis rellenas de fruta, jugo de naranja, te y pescado… riquísimo —dije tomando un sorbo de mi jugo —mañana no te levantaras de la cama sin antes haber desayunado juntos —sentencié.
—Como mi nena desee, igualmente los análisis del suelo ya están bastante avanzados, creo que solo nos queda un par de días más en Tokio cariño, aunque eso es discutible… podemos quedarnos más tiempo, lo sabes, ¿lo has pensado?
Habíamos hablado de eso la noche anterior. Él me había ofrecido irnos de viaje, al menos por unos días, a algún lugar que quisiera conocer, algún país de Europa o cualquier punto del mundo. Él me había ofrecido el mundo en mis manos y no sabía si era producto de la embriaguez post sexo que nos envolvía en la noche anterior o solo su cruda generosidad. De todas maneras, le dije que Japón era un lugar muy amplio para conocer, que quizá me gustaría quedarme un par de días más para recorrerlo con él. Solo le dije que lo iba a pensar.
—Sí, lo sé. Pero… no estoy segura, ¿no interrumpirás tu trabajo? Además, León no me dejará quedarme tanto tiempo, el club, la inminente visita de papá… no lo sé.
—Mi amor, no deberías preocuparte por eso, las cosas en el estudio están calmadas, puedo tomarme unos días libres, no tengo urgencias. Además yo he hablado con Jacob y estuvo de acuerdo en que te tomaras un par de sábados, te los debe y León también te debe vacaciones. Y tu padre… bueno —sonó algo nervioso y no pude evitar reírme ante el temor que reflejaba de conocer a su suegro— deberías hablar con él y contarle dónde estas, sé que se alegrará que su hija ande conociendo el mundo ¿o no? Solo dime algo que te detenga y volvemos con los demás el día que tengamos que volver, sino nos quedamos. Es tu decisión.
Hice una mueca mirando por la amplia ventana —Me pones en un aprieto, porque ciertamente yo quiero quedarme.
—Entonces, no se hable mas, nos quedamos —y de pronto eso se convirtió en un hecho. Una nueva ráfaga de excitación corría por mi cuerpo, como cuando se esta por comenzar una nueva aventura. Dios… ¡las posibilidades eran infinitas!
— ¡Hecho! —di un rebote sobre mi silla y sonreí. Pasar tiempo de placer en Tokio junto a mi novio ¿qué tan bien sonaba eso? Excelente. —Entonces saldré a dar una vuelta por aquí cerca y vuelvo al hotel, si no llegué para cuando tú lo hagas, llama y te digo por donde estoy.
—Excelente nena, no quiero detenerte, toma tu desayuno y yo continuo aquí. Mientras más pronto termine, mejor.
Nos despedimos colgando luego el teléfono y me dediqué a terminar mi desayuno. Cuando terminé fui directamente a mi habitación a preparar a mi chihuahua y mi bolso con un poco mas de dinero que Edward había dejado para mi. Quería comprar unos abanicos bonitos de geisha, decorativos y de tela de seda, que había visto en un boulevard cerca del hotel. Sabía que a Esme le encantaría y a mi madre también. Cuando estaba ya preparada con mi bolso porta mascota y Papi dentro, mi bolso y todo lo necesario, salí del hotel hacia las calles de Tokio a hacer turismo. Amaba ese sabor de boca de cuando un mundo nuevo se abre a tu paso, tantas cosas que retener en tu mente, tanto que absorber, era ahora hacerlo, ahora… porque quién sabía si iba a volver a Tokio alguna vez.
Decidí caminar por las calles de Japón con mi plano de la ciudad en mano, quería llegar al distrito nordeste, el cual no estaba muy lejos, quizá a unos veinte minutos caminando. Allí se encontraba el barrio Asakusa, que es uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Con un paseo de tiendas tradicionales y un templo importante encabezando la entrada.
Me detuve en un puesto de comidas callejero, Edward me había advertido que procurara no detenerme en estos, pero es que este era un puesto de Mochis y parecía higiénico y concurrido, a juzgar por los jóvenes que compraban su bolsa de Mochis delante de mí. Miré dentro de mi bolso porta mascotas discretamente, Papi Jr. dormía junto a la pequeña muñeca geisha de trapo japonesa que había adquirido en el petshop el día anterior, sonreí cerrando el bolso. Levanté la cabeza y vi que los jóvenes se habían ido, así que di un paso adelante y con mi precario japonés le pedí 500 yenes en Mochis de fresa. El hombre entendió cuando le mostré las monedas y señalé el contenedor con Mochis rosadas, había una fresa en el cartel que mostraba el precio. Esperé que llenara mi bolsa de papel con mis Mochis y cuando me las dio una mano detrás de mí se adelantó a darle los 500 yenes. Cuando miré sobre mi hombro, Gio se encontraba detrás de mí sonriéndome.
— ¡Hey! —dijo metiendo sus manos en el bolsillo. Me quedé mirándolo casi pasmada ¿había estado detrás de mi todo el tiempo? ¿Por qué? ¿A caso me estaba siguiendo?
—Hey —dije reaccionando. Miré al vendedor y asentí dándole las gracias. Me había dado una generosa bolsa llena de Mochis.
— ¿De paseo? ¿Puedo acompañarte? —murmuró caminando a mi lado cuando comencé a caminar. Lo miré por un instante con el ceño fruncido aun sin saber qué pensar. Él pareció darse cuenta de mi inquietud —Oh… estaba en un negocio de electrónica, allí mira —señaló con su mano detrás de mí, efectivamente había un negocio de electrónica de marcas reconocidas a un par de metros. —Me compré un iPod y una cámara de fotos —alzó una bolsa que llevaba colgada en una de sus manos. Asentí un poco mas aliviada, no me había seguido — ¿Dónde vas?
—Al barrio Asakusa —dije comenzando a caminar de nuevo, él me siguió.
—Bien, me gustaría comprar algunas cosas para mi madre… ella es toda de la nueva era, creo que hay muchas de esas cosas allí ¿he? —alzó las cejas.
—No sé en realidad, vi en el itinerario que es un barrio tradicional, tal vez si —asentí mirando los escaparates mientras iba caminando. Mierda… había hecho una promesa tácita, de no volver a salir con Gio por el bien de la salud mental de Edward. No es que era un mal chico, era el hecho que Edward desconfiaba de cada hombre a mí alrededor, no quería una escena de celos ni que sus inseguridades hicieran meya en nuestra relación, pero tampoco era como que iba a echar a Gio o decirle que no lo quería a mi lado. Cielos…
—Entonces te acompaño, tengo la tarde libre —dijo mostrando una hermosa sonrisa de ¿satisfacción?
— ¿No acompañas a los demás a los terrenos? —pregunté con el ceño fruncido. Sabía que Edward había traído a sus estudiantes en pasantía, para que se familiaricen con la arquitectura japonesa más que para trabajar en los terrenos, pero me parecía extraño ver siempre solo a Gio. Se suponía que había otro estudiante más en el grupo...
—Mañana voy con ellos, hoy quiero ir a un lugar que me gustaría conocer y que aun no he ido.
— ¿Y cual sería el lugar? —pregunté alzando una ceja. Él alzó la mano y apuntó delante de nosotros. Cuando miré mi mirada fue capturada por una alta torre, más alta que cualquier edificio de alrededor. La había visto antes, era imposible no hacerlo, era tan alta que podía verse desde cualquier punto de Tokio. Solo que no sabía que podía recibir visitantes — ¿está abierta al público? ¿No es una torre de transmisión? —al menos eso parecía. Gio sonrió.
—Sí, lo es, pero también es más alta que la Torre Eiffel, y fíjate que tiene el mismo diseño que ésta —era verdad, solo que era colorada y blanca —mide 332 metros, ocho metros mas que la Eiffel… la supera en todo, hasta en el peso y es una copia en su diseño —Gio rio —pienso que los arquitectos que la crearon quisieron decirle a los franceses "Hey, mira… hicimos la misma torre y la superamos, mide mas, pesa más y tiene mas bonitas luces nocturnas".
Negué con la cabeza riendo entre dientes por sus ocurrencias —Eso es el reflejo de la envida, los japoneses no se pudieron quedar tranquilos y tuvieron que hacer la misma cosa solo con un poco mas de altura —al menos era eso en mi mente, si los japoneses lo veían de otra manera era su propio modo de pensar — ¿Qué edificio superaras tú cuando seas un famoso arquitecto?¿A quién le dirás "¡Hey mira! Puedo hacer algo igual a lo tuyo solo que mejor y por el afán de superarte"? —dije burlándome.
Él me miró por un instante y luego volvió su mirada a la Torre, caminábamos por la calle sin pensar mucho hacia donde nos dirigíamos —Definitivamente el Spire.
Alcé una ceja y mi sonrisa se detuvo, podría haber pensado "qué ambicioso este chico" "qué ganas de superarse tiene" pero lo único que pude pensar era que Edward tenía trabajando en su estudio a alguien que quería copiarlo y superarlo. Gio me miró y se detuvo conmigo, puede ser que vio algo en mi rostro, algo que hizo que se diera cuenta hacia donde se dirigían mis pensamientos, porque alzó la mano y escondió con su dedo, un mechón de mi cabello detrás de mi oreja, automáticamente di un paso atrás —Bella, ¿nunca oíste que el mejor maestro es aquel que motiva al alumno a superarlo?
—No, nunca lo oí… siempre creí que a los maestros hay que deberles respeto. Eres muy ambicioso Gio y ojalá tengas suerte, porque será muy difícil superar el Spire… es único, es maravilloso, lo será cuando esté terminado —dije antes de respirar profundo dejando aflorar mi orgullo por la obra de mi novio —y si piensas que hacer una imitación de algo maravilloso, como esta torre, que es la copia de algo maravilloso, es superar al maestro… estas equivocado. Superar al maestro es hacer algo mucho más increíble, algo original, no una copia mejor solo para probar un punto.
Algo andaba mal con él…
— ¿Qué eres tú Bella? ¿Tienes ambiciones? ¿Tienes metas? ¿Tienes algo por lo que luchar? —se acercó a mi un paso, sus ojos grises eran penetrantes y acechantes, una sonrisa nacía en las comisura de sus labios pero no llegó a ser sonrisa en su totalidad, solo un indicio de ella —porque yo si… y no me malinterpretes, admiro a Edward, es un honor hacer mi pasantía en su estudio, lo quería, luché por ello. El arquitecto mejor pago del mundo, el mas exitoso y reconocido de su generación, graduado con honores, una familia ejemplar, prometido con la hija de un magnate… y ahora con una novia hermosa que ensombrece cualquier mujer a su paso, ¿acaso no puedo querer un poco de eso? ¿Acaso no puedo ansiar superarlo?
—Eso se llama envidia —dije abriendo los ojos— y no esta comprometido ya, está conmigo ahora… no metas a esa mujer en esto —las palabras salieron de mi boca más rápido de lo que las había pensado.
Sonrió como un gato Cheshire —Oh… ya veo… no soy el único aquí que deseó algo y lo consiguió.
Oh Dios…
Empuñé mi mano y él bajó la mirada negando con la cabeza, mirando mi mano, alzó los ojos y una ceja luego, —No te enojes Bella, solo digo lo que veo…
—No sabía que Edward estaba comprometido —dije entre dientes enfadada por pensar así de mí.
— ¿En serio Bella? ¿Y me dices que estudias periodismo? ¿No se supone que deberías saberlo?
Aspiré de golpe aire y lo miré aturdida… ¿acaso Gio me estaba atacando?
—No sabes nada… nada. No tienes derecho de hablar así ni de mí ni de Edward. No tienes siquiera derecho a pensar en que puedes ser mejor que él, primero porque él no envidia a nadie y no realiza sus logros a base de la envidia. Segundo, no sabes nada de mí, no tienes derecho a juzgarme, de ninguna manera.
—No lo estoy haciendo Bella… —su rostro cambió por un gesto serio —no lo envidio, lo admiro… tú hablaste de envidia. No le veo nada de malo querer superar a otros, no veo nada de malo en tener metas… Edward las tiene, él quiere superarse a él mismo, no lo niegues. El sueño de su vida es el Spire, es capaz de cualquier cosa por él, es su meta personal. Si crees que va a renuncia a él por algo, no lo creas, nunca renunciará al Spire. Esa clase de motivación es la que siento cuando digo que quiero superarlo ¿No tenemos derecho el resto de nosotros a tener metas iguales? No quiero hacer algo como el Spire, quiero superarlo… y eso no tiene nada que ver con copiar o adueñarse de ideas, no.
Respiré profundo y relajé mis manos, en un punto tenía razón. Edward tenía metas, tenía proyectos, sueños, no podía culpar a Gio por tenerlos también. Cielos…
—Me voy al Hotel —dije acomodando la correa de mi porta mascotas en mi hombro —suerte con tu excursión a la torre —di media vuelta.
— ¿No iras conmigo? —fruncí el entrecejo y me volví a él. Su mirada había vuelto a ser la de antes, tranquila, amistosa y brillante, alzó la mano que no tenía en el bolsillo de su abrigo y la tendió a mí —vamos, eres mi compañera de aventuras aquí en Tokio… acompáñame a la torre —miré su mano y por un momento quise reír. Lo miré e hice una mueca negando con la cabeza.
—No lo creo Gio… no lo creo —di media vuelta y comencé a caminar de vuelta al Hotel. Esperaría a Edward allí. Siempre lo esperaría a él.
*o*
Puse play y me acomodé rápidamente en el centro de la habitación, Papi Jr. Dejó de roer su hueso de hule y me miró alzando las orejas, cerré los ojos y me puse en posición de baile. Estaba descalza sintiendo el suelo alfombrado y mullido en mis pies y solo vestía un ajustado pantalón pitillo, de algodón negro y una remera blanca atada con un nudo por encima de mi ombligo. La música comenzó a sonar desde los parlantes de la laptop y comencé a moverme al ritmo de la música, dando una patada al aire con una pierna y tomando otra posición de danza, mis manos arriba y mis caderas bamboleándose junto con mis brazos. Había hecho un baile similar en "Enigma" hacía unos meses y quería hacerlo de nuevo incorporando un nuevo elemento, arte japonés.
La música continuó y mi cuerpo fluyó dejándose llevar por el ritmo rápido y sugestivo de la música, era música japonesa que había encontrado en un foro de música fusión, tenía ritmos japoneses tradicionales y árabe a la vez. Mis movimientos de brazos mezclados con los de cadera eran sincronizados y firmes y en otras partes, fluidos con mis movimientos de serpiente. Amaba bailar fusión y esta fusión japonesa era mucho mejor aún. Me recordaba a la música que la Geisha había bailado en la casa de té del parque Uomo, solo que yo lo bailaba al ritmo árabe. Una excelente combinación.
Estaba tan concentrada en el baile, tratando de recordar los movimientos y sonriendo al poder bailarlos a la perfección, que no me di cuenta de la persona que me miraba desde la puerta de la habitación. Cuando di una vuelta y lo vi, me detuve saltando en mi lugar y llevando las manos al centro de mi corazón.
— ¡Edward!... —la música siguió mientras él me miraba desde el umbral, sus ojos recorrían mi cuerpo, su boca entreabierta con una sonrisa escondida me hacía querer besarlo y sus fosas nasales dilatadas me hacían pensar que él, quería tirarme allí mismo sobre la alfombra y cogerme. No tenía ningún problema contra eso. —No te escuché—logré decir con mi respiración entrecortada, parte por mis jadeos y otra parte por la excitación que su mirada me hacía sentir. ¿Cómo podía mirarme de esa manera y esperar que yo no me excitara?
Él no dijo nada, solo se quedó allí mirándome, sus ojos estaban fijos sobre mi vientre, en mi ombligo. La punta de su lengua rosada salió entre sus labios a lamer el inferior y luego dio un paso hacía mi, dos y para en tercero me tenía en sus brazos besándome con furia y desesperación. Su mano atrapó mi nuca empujándome contra su boca, su lengua enseguida invadió la mía y jugó con ella, sus respiraciones cortas y rápidas tomaban el mismo aire que tomaba yo, mis manos fueron a la parte posterior de su cabeza enredándose en su cabello de la nuca y mis piernas se levantaron del suelo enredándose en su cintura cuando sus manos ahuecaron mis nalgas. En seguida pude notar su enorme erección en mi centro y no pude evitar mover mis caderas contra él, mostrándole cuantas ganas de él tenía.
— ¿Tienes una idea de lo que me haces al encontrarte bailando así? —dijo enfatizando su pregunta apretando mi cadera contra su cuerpo, su notoria y muy poderosa erección me hizo jadear cuando sentí la fricción en mi clítoris. Comencé a mover mi cadera ansiosa por más de esa deliciosa sensación. Oh por dios… la costura de mis leggins ayudaba mucho, cielos…
— Edward —gemí moviendo mi cadera, sentí que él apoyaba mi culo en el filo de un mueble y me dejó allí un momento para sacarme la camiseta por mis brazos y cabeza, cuando estuve solo con mi sujetador él corrió la tela a un lado y tomó mis pezones con sus labios ansiosos haciéndome chillar, recorrió con la punta de su lengua el contorno de mis pezones para luego comérselos. Con una mano me sostuve a él tomando el cabello de su nuca en un puño y con la otra mano me aferré al filo del mueble. Su boca chupaba ávidamente mis pezones como rocas y los mordisqueó un momento antes de mamar de ellos. —Ohh dios, Edward… te necesito —gemí dejando caer mi cabeza hacia atrás.
Sus manos iban desde mi cadera hasta mis pechos tazándolos y juntándolos para lamer uno y otro sin recorrer un camino largo entre ellos, mordisqueaba y chupaba con gruñidos gruesos y ásperos uno y otro como si fuera un niño hambriento de leche. Mis manos fueron hasta la cremallera de su pantalón y desesperadamente lo desabroché juntos con su cinto, cuando logré dejarlo libre lo empujé hacia abajo ayudándome con los pies llevando con ellos su bóxer. Si… erecto, duro, sus venas a lo largo de su corteza y su glande rosado y bien hinchado solo para mí. Tragué saliva queriendo lamer la gota de semen de la punta.
Él se separó de mi y tomó mi cintura bajándome del mueble, me volteó para darle la espalda y me encontré de frente a un espejo que nos reflejaba. Dios… mis mejillas sonrojadas, mi cabello revuelto y mi mirada lujuriosa, estaba viendo una Bella estallando de deseo, insoportablemente excitada y veía detrás de mí a un Edward que solo había visto en situaciones como esta, caliente, al borde de la desesperación y tan excitado que podía perforar cada aparte de mi cuerpo con solo mirarla.
Él se sacó la camisa rápidamente detrás de mi, —Separa las piernas nena —dijo con voz contenida. Lo hice solo por el placer de complacerlo, él tomó la orilla de mis leggins y de mis bragas y bajó todo de un tirón. Cuando se paró detrás de mi nuevamente sentí un par de dedos en la entrada de mi vagina, adentrándose y tanteando ligeramente, —Sí… tan mojada para mi —dijo en mi oído, podía sentir su hinchada verga entre mis nalgas. Él tomó mi pierna en la altura de mi rodilla y la subió, —Álzala y pon tu rodilla en el borde del mueble.
Las palmas de mis manos cayeron hacia adelante sosteniéndose en la madera del mueble y mi rodilla en el borde. Por el espejo lo vi bajando su mirada a mis langas sabiendo que estaba totalmente abierta para él, arqueé mi espalda y expuse mi culo… quería que me tomara por detrás. Quería su hambre, su desesperación, quería sus instintos primarios en mi, quería que fuera intenso, él, solo él…
—Oh sí, mírate nena… estas tan mojada que puedo ver el brillo de tus jugos escurriendo por tus muslos ¿me deseas? —dijo mirándome por el espejo, asentí jadeando. Mis piernas temblaban, las paredes de mi vagina palpitaban esperando el inminente asalto, oh dios… mis manos se apretaron en la madera, quería tocarme y calmar el fuego. Lo deseaba tanto que dolía.
—Edward por favor —dije con un jadeo profundo. Alcé mi cadera hacia él mostrando donde quería su pene, dónde lo necesitaba. Él sabía, puso el glande en mis empapados labios y se adentró un poco hasta mi entrada, pero se retiró llevando la punta entre mis nalgas, a mi ano. Sentí cómo presionaba allí sin meterse, luego una vez más volvió a mi vagina y nuevamente empapó su pene con mis jugos para llevarlos a mi ano.
—Quiero tomarte aquí…— dijo esta vez insertando un dedo entre mis plieges hasta el fondo de mi vagina, oh si… estreché mis paredes apretándolos y él los arqueó contra mi pared frontal aplicando presión contra mi punto G, estaba tan sensible que podía correrme furiosamente con solo un ligero toque, tembl+e cuando sacó los dedos, él gimió detrás de mí. Me tensé cuando colocó su dedo mayor en mi arrugado agujero, presionó un poco y automáticamente empuñé mis manos contra el mueble, -relájate cariño, no te lastimaré, quiero expandirte un poco, quiero que me recibas sin ninguna molestia—murmuró con voz gruesa y áspera, siseé ante la mezcla de placer y dolor cuando su dedo entró en mi ano de a poco al principio, cuando traspasó la barrera apretada y llegó a las profundidades de mi parte trasera, gemí abriendo más las piernas. Él bombeó un poco, una y otra vez despacio y luego más rápido acelerando el ritmo. Cuando pensé que me iba a hacer terminar de esa manera, sacó su dedos y esta vez metió dos, cielos… oh si… dos dedos en mi ano follándome y preparándome para su hinchada erección. -¿Estas preparada? ¿Confías en mí? —susurró en mi oído con voz contenida. Sabía que lo hacía confiaba en él, solo eso era necesario en una relación para poder entregarse de tal manera, tan totalmente y yo lo hacía, lo amaba y confiaba en él.
—Sí—dije sin vacilación.
Pero grité cuando su miembro invadió de un solo golpe mi vagina ignorando mi otra entrada, la que él ansiaba invadir. Bombeó un par de veces abrazando con fuerza mi cintura, sentí sus jadeos en mi oído y me sentía a mí misma gritar mientras su pene entraba y salía con ímpetu de mi vagina dilatada. Por el espejo logré vernos, él me miraba, su boca jadeando sobre la piel de mi clavícula y sus ojos mirándome por debajo de sus pestañas espesas, una mirada llena de deseo, hambre, salvajismo y mas deseo. Su pene bombeó un par de veces más cuando estuve preparada para tener mi orgasmo fulminante, él debió sentir mis paredes estrecharse palpitantes, porque salió de mi interior y abrió con sus dedos mis nalgas.
—Apoya tus codos en la mesa cariño… —dijo entre jadeos. Lo hice, exponiendo mas mi culo a él, —sí, así… Dios Bella, si pudieras verte amor… estas abierta para mi y ahora voy a coger tu dulce culito, llámame si duele mucho amor, seré gentil —dijo de corrido. Asentí antes de que él pusiera la punta en mi rugosa entrada y empujara un poco, se alejó un momento y nuevamente empujó. No dolía, al menos no aún, sus dedos habían hecho un buen trabajo allí. Confiaba en él, no podía doler tanto si él era gentil y paciente. Nunca había sido penetrada por ahí…
Siseé un poco cuando lo sentí entrar mas, mi carne se estiró pero no dolió, solo era la invasión, la sensación de ser llenada. Edward gruñó y luego avanzó un poco más deteniéndose para comprobar mi expresión por el espejo, yo mordía mi labio y lo miré haciéndole entender que siguiera. Él continuó… entró centímetro a centímetro hasta que su glande estaba dentro,
— ¿Me sientes mi amor? —Dijo conteniéndose, sus manos se aferraron a mi cintura y sus ojos verdes me escrutaban a través del espejo — ¿sientes como me abro paso? —asentí gimiendo un si. —Me estas haciendo un regalo increíble bebe, te amo, te amo… tanto —su pene se adentró mas en mi, cerré los ojos al mismo tiempo que sentí sus dedos penetrando mi vagina llenándome por ambos lados.
—AAahhhgg… —gemí despacio sintiendo cómo él se deslizaba entre mis paredes posteriores ya con facilidad. Cuando estuvo totalmente acoplado a mi, se quedó quieto respirando con dificultad en mi espalda, su frente entre mis omoplatos y sus dedos en mi vagina entrando y saliendo lentamente.
Empezó a moverse luego de dejar un beso en mi espalda e incorporarse detrás de mi. Una mano estaba anclada en mi cadera y la otra con sus dedos profundamente en mi interior, sus dedos eran largos y podía sentir como tocaba un punto sensible en mí.
—Oh dios… —gemí cuando comenzó a moverse con mas confianza, alcé mi torso y dejé caer mi cabeza en su hombro, él mordió la piel de mi cuello marcándome mientras gruñía. La sensación de estar profundamente enterrado en mi desde atrás debió haber sido demasiado intensa para él, porque su mirada parecía de dolor, sufrimiento y cuando soltó la piel de mi cuello, su cadera chocó una vez más contra mi culo gimiendo ahogadamente.
—No voy a durar mucho, eres muy apretada —dijo conteniendo el aliento. Su pene entró y salió una y otra vez y sus dedos me follaban por delante, separé mas las piernas y metí mi mano entre mis piernas ayudándolo pellizcando mi clítoris. Cerré los ojos ante la abrumadora sensación de estar siendo atacada por el placer desde todos los ángulos.
—Oh diooooos —gruñí entre dientes. Él me penetró ahora salvajemente aferrándose de mi cintura y sus dedos comenzaron a entrar y salir con urgencia de mi interior, yo por lo tanto, movía mis dedos en círculos sobre mi clítoris sintiendo como éste se hinchaba a punto de estallar.
— ¡Me voy a correr, me voy a correr! —grité incoherentemente dejando caer mi cabeza en su hombro. Cerré los ojos escuchando sus gemidos en mi oído hasta que un profundo gemido áspero salió de su garganta cuando mi orgasmo arrasó conmigo haciéndome convulsionar entre sus brazos.
Perdí mi mente… literalmente perdí la noción de la realidad cuando oleadas tras oleadas de placer se estrellaron contra mi. Llena desde todos los ángulos, placer disparado puro y primal. No se si grité, no pude escucharme, estaba tan perdida que no se si pude encontrar mi voz para gritar a los cielos lo increíble que se sentía. Solo sé que cuando abrí los ojos, Edward me llevaba en sus brazos temblorosos hacia el baño, repartiendo besos en mi rostro y susurrando "te amo" con cada paso que daba.
*o*
Jasper, Emmett, Ben, Edward y yo nos dirigíamos desde el hotel hacia la noche de Tokio. Habíamos cenado en uno de los restaurantes y luego cada quien subió a su habitación para prepararnos para esa salida nocturna, Edward estaba ansioso, decía que iba a conocer una de las discotecas más exclusivas en Tokio y no podía esperar. Por su actitud ansiosa y esa sonrisa permanente en su rostro podía decir que era algo grande e importante para él.
Íbamos en una limosina nuevamente y Edward apretaba mi cintura con su brazo alrededor. Si… tenía esa sensación de estar aun mas conectada con él, me había entregado total y plenamente a mi amor y eso nos tenía embobados. Él no dejaba de preocuparse por mi, preguntándome si me sentía bien, incluso me hizo tomar un Avdil alegando que serviría para aliviarme en caso de sentir alguna molestia y tocándome en cualquier segundo que podía, rastrillando con sus dedos cada parte de mi cuerpo, haciéndolo inconscientemente, como si lo necesitase. Nuestra conexión era tan palpable que él podía intuir en qué momento me preocupaba por algo o si estaba adolorida. Lo amaba y él lo hacía, tenía la certeza en eso, si no fuera amor lo que sentía por mí, cómo explicaba esa burbuja que nos envolvía aun cuando todo el mundo estaba a nuestro alrededor, él existía para mi y yo para él. Y a pesar de que la simbiosis era algo no tan conveniente en una relación, no quería pensar en ello en ese momento. Solo quería disfrutar de Tokio con él.
Él estaba besando mi cuello con su mano alrededor de mi cintura mientras Emmett servía copas de champagne, Jasper hablaba por teléfono con Alice y Ben buscaba canales de televisión en la pequeña pantalla de LCD que estaba instalada en la cabina de la limosina.
—Lo sé, está bien cuidada créeme… Edward puede ser bastante acaparador —Jasper me miró y sonrió rodando los ojos, sonreí de vuelta alzando la mano y pidiéndole el teléfono —sí… amor espera, aquí te paso con ella, te quiere hablar.
Cuando me dio el teléfono y lo puse en mi oído, me recosté en mi asiento con Edward pasando su lengua por mi lóbulo,
—Alice, tienes que exigir que la próxima vez Jasper te traiga, Tokio es increíble, además me harías compañía —dije entre pequeñas risas, empujé a Edward de mi oído.
— ¡Lo sé!... la próxima vez le exigiré boleto, sé que volverán así que iremos juntas. Bella tienes que sacar muchas fotos.
—Sí, las he sacado… a cada lugar donde he ido, ahora estamos llegando a una discoteca que al parecer es muy buena.
—Jasper me dijo, ¡oh Bella! ¡Van a Womb! Es la mas exclusiva de Tokio, tiene hasta piscina, ¿llevaste traje de baño?
Miré a Edward con el ceño fruncido —No, nadie me dijo —sonreí negando con la cabeza cuando mi amor se alzó de hombros —supongo que no me meteré a la piscina.
—Es un pecado no hacerlo, tienen esos juegos de luces que están bellísimos, es arte a cada paso que das, las pistas de baile, la arquitectura, la decoración… si, oh cielos, la decoración es algo así como una mezcla de pasado y futuro, luces láser, fluors, globos enormes, ya lo conocerás, te parecerá de otro mundo.
Reí entre dientes, —Para ser que nunca estuviste aquí, conoces mucho del lugar…
— ¡Fue mi tesis nena! —Gritó aturdiéndome —escribí sobre diseño vanguardista japonés, en especial sobre ese club. El diseño interior es exquisito, ya lo veras, lastima que no se pueden tomar fotos, pero tienes que ver todo… —sonaba frenética —oh ¿y qué vistes? —
Miré mi conjunto de esa noche, —Un vestido ajustado y corto de Hugo Boss en color negro, con un profundo escote en el frente.
— ¡Oh increíble!... con razón que Jas dice que Edward te está acaparando, con eso nena… —reímos juntas.
Luego de unos minutos donde extendí mis saludos a su hermana, madre y a Leydi si la veía y prometí muchas fotos si podía sacarle a la discoteca, le devolví el teléfono a Jasper.
Edward me volvió a abrazar acaparándome, y no me quejé por eso, amaba que fuera así de posesivo.
Minutos después llegamos a la discoteca. Cuando bajamos de la limosina pude ver la cantidad de gente que esperaba por entrar haciendo fila entre los transeúntes. Estábamos en pleno pulmón de Tokio, los edificios a nuestro alrededor lucían esas carteleras enormes luminiscentes y publicidad a cada paso. Era de noche, pero la noche en ese lugar parecía de día. Edward tomó mi cintura y no fuimos al final de la fila, directamente caminamos hacia la entrada con los chicos rodeándonos, Edward mostró su identificación a los dos guardias de la entrada y pasamos sin ningún problema. Me sentía como una estrella de cine.
—No te separes de mí… —dijo Edward en mi oído, apretando mi cintura con fuerza, me aferré a su brazo y caminé junto a él a través del local y navegando entre la gente. Su perfume entró por mis fosas nasales y me acerqué mas a él, esta noche estaba imposiblemente guapo y provocativo, vistiendo un pantalón de vestir negro y una camisa blanca dentro de la cintura de su pantalón, arremangada hasta el codo y abierta en el cuello, su cabello se peinaba hacia atrás mojado y con surcos de sus dedos peinándolo —Iremos al área Vip primero, hay un show por ver —dijo luego dirigiéndose hacia unas escaleras a un lateral de la pista de baile. Subimos por ellas aferrándome del pasamano, el área Vip se encontraba un piso superior a media altura sobre las demás personas, mesas pequeñas y alargadas se acomodaban sobre el espacio, nosotros nos sentamos a un lado de la orilla del piso superior, mirando hacia abajo, teníamos vista periférica de todo el lugar. El dj se ubicaba al fondo sobre una cabina por encima de lo que parecía ser una plataforma de baile, un metro por encima de la pista de baile principal. Del techo colgaban inmensas esferas plateadas que daban al lugar un aire futuristas, eran una especie de lámparas japonesas solo que flotaban sobre nuestras cabezas como naves. Las luces… wow, simplemente un espectáculo a la vista, de todos colores resaltando los flúor, rosa casi fucsia, verde, azules, blancas y amarillas. Y la música llegaba de todos lados, sonaba en ese momento alguna canción Techno que tenia a todos los asistentes enloquecidos bailando frenéticamente sobre la pista.
— ¿Qué deseas para tomar mi amor? —volteé cuando oí la voz de Edward en mi oído. Me di cuenta que una chica vestida con un traje negro ajustado al cuerpo, como algo futurista, esperaba con la libreta y una bandeja de plata.
—Sorpréndeme —murmuré a mi amor. Él hizo el pedido y continué mirando todo lo que podía captar. Las luces me tenían hipnotizada, era increíble el show que se montaba.
Los tragos vinieron, me tocó una bebida dulce, espumosa y deliciosa, lo tomé con el sorbete porque semillas que reposaban en el fondo iban directamente a mi lengua, las masticaba y sabían exquisitas, no sabía qué era pero el trago me gustó mucho.
Edward me besó ignorando a sus cuñados, metió su mano debajo de mi vestido y tanteó mis pezones manteniéndolos erectos a través de la tela. Rio junto a mi, hablamos de nimiedades y me conto mucho a cerca de ese lugar moderno y vanguardista, a veces me sorprendía cuanto sabía tanto de las cosas.
En un momento se paró y tendió su mano, las luces y la música comenzaron a bajar de intensidad, no entendía qué sucedía, por un momento me asusté cuando el silencio inundó el lugar y Edward me llevó hasta la baranda, acorralándome con sus manos a cada lado de mi cuerpo, mi espalda contra su pecho y su boca en mi oído.
—Prepárate —dijo sin decir más. La gente estaba expectante, se oían silbidos y mis ojos grandes buscaban algún punto de luz en que focalizar mi vista, estaba totalmente oscuro y mi corazón comenzó a correr a cien por segundo, ¿qué sucedía? No era nada malo, Edward estaba tan excitado como las demás personas a nuestro alrededor.
Entonces cuando mi pánico llegaba a 8 en la escala del uno al diez, una voz gruesa y profunda habló por todo el lugar…
— ¡Wrecking Orchestra! —y la gente comenzó a gritar, cuando el bullicio se calmó luego de un par de segundos, el contorno de un hombre se iluminó y jadeé… oh por dios… solo el contorno, las luces azules que delineaban su cuerpo y las rojas del rostro, eran la única fuente de luz de todo el lugar, él se movía y caminaba robóticamente en el escenario, luego otro cuerpo se encendió, y luego otro. ¡Tres!... tres cuerpos con esas luces que eran lo único que me hacía pensar que eran cuerpos humanos moviéndose allí. Parecían robots, era algo sumamente futurista y reconocí a lo que me recordaba. Thron. El juego que a Jake le gustaba jugar.
Ninguno de los dos hablamos, solo nos detuvimos a mirar lo que en el escenario se desplegaba, una increíble puesta en escena. Hombres, bailarines moviéndose con movimientos definidos y coordinados. En un momento la música se detuvo y se apagaron las luces, pero después de cinco segundos dos figuras aparecieron, las líneas de su cuerpo ahora eran amarillas y azules y delineaban perfectamente el contorno del cuerpo y lo que serían su vientre y rostro. En un momento parecían suspendidos en el aire, ingrávidos, daban vueltas en el aire lentamente y me pregunté cómo era que parecía que flotaban en el aire. Luego aparecieron otros bailarines las luces de sus trajes se encendían y apagaban cuando ellos querían salir a escenas, parecía algo salido de una película. Bailaron un poco antes de juntarse en el centro de la pista. Un hombre apareció y este era diferente a los demás, éste tenía una máscara anaranjada flúor, luminiscente cuyas muecas parecían a las de un ser extraño, una mezcla de robot y demonio, daba miedo… pero era muy increíble.
Ellos bailaron, con este hombre en el centro, hubo un poco mas de efectos de ingravidez y la música finalmente terminó con ellos desapareciendo, el de la máscara anaranjada quedó flotando en el aire riendo de manera diabólica.
— ¡Oh dios! —dije cuando todo terminó, Edward estrechó mi cintura y rio en mi oído sumamente excitado por todo lo que nos rodeaba.
—Sabía que te gustaría —dijo besando mi cuello. Yo aún no podía salir de mi asombro, me quedé allí simplemente tratando de volver a la realidad y tratando de salir de ese mundo futurista que Wrecking Orchestra nos había ofrecido. —Fuimos a verlos cuando se presentaron en Chicago hace un año, Alice quedó extasiada y pasó varias semanas viendo sus videos aclamándose como la más grande de las fanáticas de estos chicos.
—Fue increíble —dije volteando hacia él.
Sus ojos verdes me miraba con cierto aire de satisfacción y dulzura —Lo sé, pensé que te gustaría…
Sonreí mirando al hombre que amaba a los ojos y subí mis brazos para abrazar su cuello, besé sus labios mientras él estrechaba mi cintura con sus brazos. Pertenecía allí, en ese lugar, entre sus brazos, acoplada a su cuerpo, como su mujer, su amante, su amiga, pertenecía a él y no había lugar en el que me sintiera más cómoda, solo a su lado.
—Gracias —susurré luego de separar mis labios de los suyos. Él sonrió como un niño que había hecho algo sumamente bueno y me picoteó los labios una vez más antes de soltarme y tomar mi mano.
—Vamos a bailar —dijo arrastrándome a la mesa donde Jasper, Ben y Emmett brindaban con cervezas —Esta noche acaba de comenzar.
*o*
Bailamos un poco sobre la pista principal y luego de un par de canciones, Edward me llevó a la orilla de la pista apoyándonos ambos en los pasamanos de esta, Emmett y Jasper se habían quedado en el área Vip pero cuando nos vieron a nosotros descansando a un lado, bajaron con más cervezas, Ben estaba bailando con una linda japonesa de cabello rosa. Pude notar que éramos los únicos junto con Ben y su compañera, que bailábamos enfrentados, los demás bailaban mirando al dj que era el alma de la fiesta. Emmett lo encontraba divertido, por lo que comenzó a bailar de la misma manera dándonos la espalda y moviendo el culo… saqué mi celular y me atreví a hacer un pequeño video para el deleite de Rose.
— ¡Esto es lo que yo llamo un espectáculo de luces! —gritó Emmett sobre su hombro. Edward aun me tenía sostenida de la cintura y sus labios se movían suavemente por el lóbulo de mi oreja. Rio cuando Emmett aplaudió en el aire y alzó la botella de cerveza chocándola con la de Ben y Jasper, —Este fin de año celebraré mi segunda luna de miel, solo para tener una excusa para volver aquí —gritó sobre la música.
—Emmett es capaz de renovar sus votos solo para tener una razón de viajar —murmuró suave Edward en mi oído. Por los altos parlantes comenzó a sonar una canción de Beyoncé, Baby Boy, automáticamente me hizo mover las caderas. Lo que no sabía era que al hacerlo iba a comenzar a sentir un bulto rozando mi culo creciendo más y más, sonreí al saber de qué se trataba. Edward se quejó en mi oído. Continué bailando alzando mis brazos por encima de mi cabeza y contorneando mis caderas, él se separó de mí sosteniendo mi cintura con ambas manos y no pude evitar mirar sobre mi hombro, Edward tenía su mirada caliente y lujuriosa puesta en mi culo.
Volteé y bailé para él, sensualmente, bajando un poco con mi cuerpo y subiendo acariciando con toda la mala intención el contorno de su cuerpo con ambas manos, mirándolo por debajo de mis pestañas y sacudiendo mi culo, le di la espalda de nuevo y me agaché un poco mostrándole lo que era suyo y acaricié con mis manos todo lo que podía alcanzar, incluso mordí mi dedo mirándolo sobre mi hombro. Al final de la canción di un paso atrás para que él me atrapara con sus manos en mi cadera que continuaban moviéndose al ritmo de la música, restregué mi culo en su entrepierna comprobando que estaba duro y listo.
—Estaba pensando que quizá podríamos fugarnos al hotel y dejar a este par de idiotas aquí —susurró en mi oído antes de apretar mi cintura con sus fuertes brazos y empujar su cadera en mi contra, haciéndome notar lo excitado que estaba —tengo una mejor idea de cómo terminar de divertirnos en privado.
—Mmm… me gusta la idea bebé, pero tengo sed ¿me dejas probar alguna bebida antes de irnos? —ronroneé en su oído, él hundió su boca en mi cuello y como un sádico vampiro chupó la piel debajo de mi oído hasta el dolor, gimió extasiado cuando soltó mi piel, lamió el lugar y palmeó mi culo.
—Apúrate nena, estoy duro como una roca y quiero cogerte en medio de esta pista de baile, no me importa quien nos pueda ver…
Oh dios…
Volteé en sus brazos y besé sus labios envolviendo su cuello con mis brazos. —Te amo —canturreé afectada ligeramente por los dos tragos que había tomado.
—Carajo nena, yo te amo más —él bajó una mano hasta una de mis nalgas y la tazó apretándola con fuerza. Mmm… si, si, si.
Escapé de sus brazos posesivos y bajé el escalón que separaba la pista de baile del lugar del resto de la discoteca, caminé bajando un poco mi vestido extremadamente corto y ajustado y llegué a un huequito libre de la barra, esperé a que el chico me viera y viniera a mi para pedir el trago que me había gustado al principio de la noche. Él asintió con una sonrisa y se puso a trabajar en él, volteé para apoyar mi espalda en el borde de la barra y miré la pista de baile. Fruncí el ceño cuando Edward estaba parado con el celular en el oído y la otra mano tapando el otro, tenía el ceño fruncido y preocupado, Emmett, Jasper y Ben a su lado mirándolo atentos. Edward parecía gritar al celular en un momento, miró a Emmett y caminó con ellos detrás bajando de la pista de baile hacia la salida de la discoteca. ¿Qué mierda?
Miré al chico que preparaba mi bebida, él aun estaba en ello por lo que salí de allí y fui hasta donde habían ido los chicos, estaban en la entrada, con las manos en las caderas y escuchando la conversación que Edward tenía al teléfono. ¿Había sucedido algo?
Un grupo de chicas y chicos pasaron frente a mi impidiéndome ir hasta ellos, vi a Edward cortar la llamada rastrillar su cabello ansiosamente y mirar a sus colegas diciéndoles algo, parecía desesperado. Empecé a apartar a la gente para llegar a él, cuando lo logré me apresuré a ir hasta él, cuando me vio cerró los ojos un segundo y los abrió.
—Tenemos que volver al hotel, regresamos ahora mismo a casa —dijo sin más antes de tomarme del codo y sacarme de allí.
— ¿Qué? —Dije abriendo bien los ojos, los rostros hermosos de su madre y hermanas fue lo primero que cruzó por mi mente — ¿Rose y Alice están bien? —Él siguió caminando hacia la salida — ¡Edward! —Me detuve en seco y él volteó a mí, parecía ausente — ¿Esme está bien?—
—Todos están bien, vamos… solo tenemos que volver —comprendí que hablar de lo que había sucedido estaba fuera de discusión, me sentí rara. Al parecer era demasiado importante o complicado como para compartirlo conmigo.
En la limosina no me habló, se limitó a hacer un par de llamadas por teléfono, parecía frenético. Emmett hacía lo suyo también y Jasper miraba pensativamente su celular. Me comencé a preguntar cuál era la urgencia cuando oí el nombre que me hizo tener esa fea sensación, la de un hielo corriendo por mi espalda… —Heidi… solo ella — él cerró la boca apretando los dientes y cerrando los ojos. Dios… ¿Qué había sucedido?
Lo que fuera, no lo supe esa noche. Bajamos al hotel y rápidamente hicimos las maletas casi mecánicamente, él preocupado, envuelto en un mundo en el que no podía entrar, ensimismado, preocupado al extremo y casi dolido. Llamé su nombre varias veces preguntándole cosas insulsas probando si aún estábamos en la misma página. Todas esas veces él me miró y respondía monosilábicamente, aun ausente, aun preocupado.
Más pronto de lo que pensé estábamos arriba de un avión, amanecía en Japón y estaba segura que llegaríamos de noche a Estados Unidos. Él se enfrascó en su laptop, aporreando sobre el tecleando con sus largos dedos casi con rabia. No me atreví a preguntar nada, ni a hablar, solo me acurruqué en mi asiento tapándome con la manta azul que la azafata nos dio y cerré los ojos tratando de descansar un poco. Esperaba poder enterarme más en la mañana y tener un acceso a él… quería ser su compañía hasta en las malas, por eso lo amaba.
Caí en los sueños justo después de sentir el suave roce de sus labios en mi frente y un "te amo" con voz temblorosa.
Gracias por la espera a todas, me tomé una semana de descanso, tuve cumpleaños, actos escolares entre otras cosas sin contar el frenesí por el estreno de BD2 auuuuuu, gracias en serio por ser pacientes Las amo por siempre estar ahi, a todas las nenas que envian sus reviews y a las locas del grupo en facebook, las amo. Pero sobre todo quiero darle un enrome GRACIAS a mi beta; Ginette Bri Drb. Gracias preciosa!
Este capi tiene mucha imagen visual, encontraran en mi perfil, el vestido de Bella, el video de los chicos que bailan con luces que esta increible! tienen que verlo y creo que alguna otra cosita mas. Ya verán...
Ok mis amores... digamoslé adios a Tokio y hola a Chicago... aayyy a ver qué nos espera alli. Respiren... besotes!
