No pienso volver a aceptar comida de las Daonine Maithe, me dije mientras me levantaba con un agudo dolor de cabeza. También pensaba matar a Saoirse por no advertirme, que en estos momentos estaba convertida en un mono y revisando unas cosas sobre la mesa que era el tocón de un antiguo árbol.
-Por fin te levantaste- me saludó.
Fiaccha gritó desde una rama, provocándome un pinchazo a través de el cráneo.
Por favor, parecía que tuviese resaca. Y sí, sabía lo que era la resaca perfectamente. Había visto muchas veces a Lorcan pasarse con la cerveza como para no reconocer los síntomas.
-¿Se puede saber qué demonios pasó anoche? No me acuerdo de nada.
Saoirse me miró entre divertida y culpable. Sí, ib a matarla.
-A los mortales no os sienta bien su comida ni su bebida.
-Vaya, gracias por avisar- me masajeé la sien-. Lo tendré en cuenta par la próxima, tranquila.
Saoirse sólo bufó, divertida.
La fulminé con la mirada, pero siguió igual de tranquila revisando las cosas sobre la mesa. Supongo que una enana de ojos verdes saltones y delgada como un palillo no era muy amenazante.
-¿Qué es todo eso?- pregunté al ver los objetos sobre el mojoso tocón.
-Regalos de los Daonine Maithe para nosotras. Creyeron que nos serían útiles en nuestra misión.
Suspiré, pasándome la mano por la frente al ver la comida sobre el tronco.
-A ti te será útil, yo no puedo comer eso, ¿recuerdas? Bueno, ya me buscaré la vida. De todas formas, aún me quedan barritas energéticas y sé buscarme comida en el bosque, así que de momento no hay problema.
Saoirse suspiró.
-Sí, debieron tener en cuenta que eres mortal cuando hicieron esto.
Me encogí de hombros. Estaba tan cansada que penas si podía pensar.
-Eso ya da igual, ahora tenemos que comenzar a caminar entes de que podamos arrepentirnos. Yo ya estoy empezando a hacerlo.
Saoirse gimió, aunque no aguantó mucho antes de subirse a mis hombros, como Fiaccha.
¿Y yo?, os preguntaréis. Pues yo a patita, como siempre.
La vida no es justa, pero bueno, con los años he llegado a acostumbrarme a ese par de vagos. Es imposible no cogerles cariño después de tanto tiempo.
Entre tanto pateo, llegó la hora del almuerzo, pero para compensar todo el tiempo que habíamos perdido, decidí comer mientras caminaba, ignorando las quejas de estos dos.
Por favor, no era como si ellos estuviesen caminando.
Me paré una media hora a la merienda, pero sólo por que ya no podía con mi alma. Me refresqué la cara en el riachuelo y continúe caminando.
Cuando empezaba a anochecer, comenzó a llover con fuerza. Casi pensé que el agua me arrastraría, pero metí a Saoirse y a Fiaccha dentro de mi abrigo y corrí entre los árboles para intentar encontrar un hueco donde resguardarnos.
Me encontré con un pequeño riachuelo enfrente de un gran manzano de raíces nudosas. Yo cabía en esas raíces, así que no lo dudé y me refugie allí.
Lo que no sabía era que esas raíces tapaban unos pasadizos que se adentraban metros en la tierra, pero me di cuenta al entrar.
A pesar de todos los peligros que eso podía tener, me preocupaba más que Fiaccha y Saoirse no se murieran de hipotermia, pues temblaban como hojas y estaban empapados.
Me las arreglé para hacer una pequeña hoguera para calentarnos y los abrige como pude con todas las mantas que teníamos. No eran muchas sí, pero algo era algo.
Yo aproveché para cambiarme la ropa y poner la que se había mojado tenía a secar.
Suspiré, empezando a entrar en calor y viendo a ese par de vagos dormidos y ya estables. Decidí explorar esa gruta, para asegurarme de que no había peligros, así que cogí mi puñal e hice una antorcha.
No encontré gran cosa. La gruta se derruía algo más adelante, pero había pintadas en un idioma que no conocía. Parecían runas goidéticas, pero era algo mucho más arcaico. En todo caso, esas runas me dabn buenas vibraciones. Estábamos en un lugr seguro, no sé cómo podía saberlo, pero estab segura de ello.
Ojalá Cillian estuviera aquí, él seguro que sabría lo que ponía en esas paredes.
Suspiré, pasándome la mano por el pelo y volví a la fogata, quedándome paralizada al ver a una figura femenina frente a él. La hoguera era ahora más grande, pero saqué el puñal de la funda.
La mujer rió.
-No hace falta, pequeña. Ven conmigo, al calor de la lumbre. Te sentará bien, pequeña mestiza, tú también necesitas descansar.
Fue en ese momento cuando se dio la vuelta, y puedo decir sin temor a equivocarme que era la mujer más bonita que había visto en mi vida.
No sexi, ni hermosa. Simplemente bonita.
Llevaba un tupido vestido rojo fuego, a juego con su larga melena rizada y unos grandes y amorosos ojos de oro líquido me miraban con cariño maternal. Sus rasgos eran tn armoniosos que no podría definirlos nunca.
-¿Le importaría decirme antes quien es usted, por favor?- conseguí preguntar al final.
Ella rió, divertida y feliz.
-Veo que te han educado bien, pequeña. Soy tu tía, Brigid. Y ahora ven a mi lado.
Me quedé paralizada ante la diosa del fuego y el hogar. Estaba recibiendo demasiadas visitas de dioses en demasiado poco tiempo.
-Perdóname, mi señora, pero creo que si os tuviera por tía, tendría el honor de saberlo.
Volvió a reír y fruncí el ceño. Me estaba empezando a molestar que se riera de lo que decía.
-En realidad sería la tía de tu madre, cariño. Pero no me llames tía abuela- frunció en ceño infantilmente-. Me hace más vieja de lo que soy.
Creí inoportuno mencionar que ella tenía un par de miles de años. Bueno, yo me lo tomaría mal si alguien me lo recordase.
-¿La tía de mi madre?- indagué.
Asintió vigorosamente.
-Sí, tu madre era hija de mi hermana mayor, Danna, que da nombre a nuestro panteón. Siempre ha sido una buena matriarca para los Tuatha.
Me quedé estática. Vale, esto ya era demasiado. Estab a punto de colapsar.
Brigid sonrió al ver como me sentaba de golpe en el suelo.
-Tranquila cariño. Puede que todo te parezca una locura, pero ya se solucionará a su tiempo. Nos harás estar orgullosos de ti, ya verás.
Me rodeó los hombros con un brazo y me acunó.
-¿Qué otros?- bosteze, sintiendo los párpados pesados.
-Los fomoré. Ellos dijeron que te dejásemos hacer, y hasta el momento hemos acertado. ¿No te has dado cuenta de que todos los peligros han sido apartados de tu camino? Los fomoré son muy protectores con los suyos, para ser tan brutos. Por eso provocaron que lloviera, para que llegasesa a estas ruinas y no te murieses del agotamiento por terca.
Fruncí el ceño, ya medio dormida.
-¿Ruinas?
Me dio un beso en la frente.
-Sí, estas son ruinas de un antiguo templo fomoré. No te preocupes por nada, cariño. Estás a salvo aquí. Duerme feliz, mi niña.
El tamaño de los monstruos depende del miedo que les tengas.
