Syanpinion Ramen

De cómo Naruto comió su primer ramen

Ayame se pasó un mechón de cabello atrás de la oreja antes de ajustar la pañoleta blanca. Desde que había tenido que cortárselo gracias a una goma de mascar pasaron cinco años, el largo se había recuperado aunque tenía que reconocer que gracias a esa medida extrema fue que consiguió una mejor forma en el acomodo natural.

Siguiendo el ejemplo de su padre y como tradición inquebrantablemente marcada desde que tenía memoria, se lavó las manos con algo de jabón sanitizante y empezó a acomodar los ingredientes sobre la barra para cortar los vegetales mientras su padre estiraba los fideos.

—Ayame-chan… vas a tener que ir al mercado.

La ahora ya no tan niña giró la vista arqueando una ceja.

—Pero si fuiste apenas ayer, papá.

—Y te dije que me hicieras una lista con todo lo que faltaba, y no anotaste algas Arame.

— ¡Sí hay! — replicó dejando la zanahoria y encaminándose a la despensa sacando un bolsa de celofán con un etiqueta que con letras grandes y rojas decía Hijiki, al verlo estiró más la mano y sacó otra, estas eran Wakame, y la siguiente bolsa en salir fueron Nori, el tercer paquete decía Agar-Agar el cuarto Dulse*, y el último que estaba casi hasta el rincón se leía Kombu.

— ¡Había!

—Pues aquí no.

— ¡Revisé dos veces para que no se me pasara nada!

—Ayame, las algas no desaparecen…

Giró el rostro con la duda marcada en las cejas e hizo un gesto con la mano para restarle importancia.

—Iré pues.

Tomando una canasta que colgaba por el asa de un clavo en la pared salió de la tienda con su padre moviendo la cabeza de un lado a otro en gesto negativo.

— ¿Habíase visto que mi Ayame confundiera las algas?

Tras el comentario al aire retomó su tarea mezclando los ingredientes de la masa al tiempo en que saludaba al primer cliente del día.

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El mercado era un mar de gente y mercancía, sin importar la hora se encontraba atiborrado de otros mercaderes que buscaban la materia prima que hiciera funcionar sus negocios, de amas de casa deseosas de llevar lo mejor a su mesa y alguno que otro turista despistado que escuchó rumores sobre el gran mercado de Konoha y quiso darle un vistazo por su cuenta.

La reputación de la central abastecedora no se había ganado en base a malentendidos u exageraciones, verdaderamente había de todo y tal vez solo podría competir en variedad y extensión con el de la propia capital del País del Fuego. Eso aunado a la facilidad de Ayame para caer presa de las dotes de los comerciantes que ofrecían productos "nuevos" e interesantes, hacían que una visita que en teoría no debía de llevar más de quince minutos, se volviera una estadía de hora y media.

No es que a Teuchi le fascinara la idea de quedarse tanto tiempo atendiendo el negocio solo, especialmente cuando había perdido algo de práctica como cocinero/mesero/cajero tras la deserción de Ayame en la academia para quedarse con él a auxiliarlo. Pero su hija era joven, en pleno desarrollo de la pubertad con esos bizarros cambios de humor con los que ya no sabía ni como hablarle, si le hablaba con cariño se enojaba porque "la trataba como niña" si le hablaba más fuerte "no la quería", que si mandaba a algún encargo abusaba de ella y si no le pedía nada "la creía inútil".

Suspiró mientras empezaba a sofreír algo de cebolla.

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—… Es el único lugar en todo el mundo apto para producir estos hongos, que tienen la propiedad de aumentar las defensas del cuerpo en un novecientos por ciento…

Ayame miraba con los ojos bien abiertos ante la sorprendente lista de cualidades que le enumeraba el hombre unos hongos de color terroso plantados en cajas rectangulares con tierra negra. Medían poco más de un palmo y jamás los había visto en toda su vida.

—… Tengo setenta y seis años y estoy bien sano, además es uno de los mejores anticancerígenos naturales…

Pidiendo permiso con un gesto titubeante y siendo respondida afirmativamente con otra señal del hombre que no dejaba de hablar, tomó uno de los ejemplares que estaban cortados, su "capuchita" era como más pegada al tallo dándole la impresión de cubo de bordes redondeados, con cuidado se lo acercó para olerlo.

—… Una sopa con estos maravillosos hongos y se despide de todas las enfermedades, a los niños los hace fuertes y resistentes…

Y ella levantó la vista.

— ¿Se cocina?

—Sí señorita, pero si lo prefiere le puedo vender el bote de cápsulas o tengo…

— ¿Cómo se cocina?

— ¡Mi niña! ¡Es el champiñón del sol! Se hace igualito que los champiñones y las setas.

—Bien, deme cuatro.

— ¡Escójale señorita! ¡Mire este que está bien bonito y ya le hizo ojitos*!

Luego de un rato, con la canasta llena, finalmente se disponía a salir del mercado, pasaba casi a empujones entre dos filas de gente, faltaba poco para la salida y apenas ponía un pie fuera faltando solo una parte de su cuerpo para salir del atolladero, cuando algo, posteriormente se dio cuenta de que en realidad era "alguien", se atravesó haciéndola caer apenas dándole tiempo para poner las manos al frente.

— ¡Fíjate en lo que haces! — chilló golpeando con la casta la espalda de aquél que la había hecho caer.

Un par de ninjas que corrían detrás del niño se separaron rápidamente, uno para ayudar a la chica a levantarse y otro para alcanzar a Naruto que por el choque había perdido aceleración en su carrera. Sin pensárselo mucho, el segundo, mientras su compañero juntaba las compras dispersas, jaló al niño por la oreja mientras le sermoneaba.

Ayame frunció el ceño al escuchar el quejido del muchacho que aseguraba inocencia por alguna cosa que no entendió. Mirando con más atención encontró un par de marcas en las mejillas que daban la impresión de…

Bigotes…

Arrebatándole la casta al que le había ayudado volvió a dirigirla con fuerza para golpear pero esta vez al ninja.

— ¡Si serás abusivo! — le gritó estirando la mano para jalar al niño retirándolo de su posición.

De alguna manera rápidamente volvió a acomodar todo lo que se había caído y sin soltar al rubio que se había quedado vagamente consternado caminó a paso furioso de regreso a la barra de ramen.

— ¡Cómo son bestias! ¡Si dejaran de ser tan inhumanos!

Ella seguía lanzando reclamos al aire jalando de la mano al niño a quien no ponía atención en los reclamos que en realidad no tenían nada consistente aparte de que lo dejara de jalar intercalando con preguntas sobre hacia dónde iban.

Pasó las cortinas recibiendo un saludo de su padre que no había reparado que se trataba de su hija, pero apenas giró la vista para atender dejando las verduras, su usualmente poco abiertos ojos parecieran verse por debajo de sus párpados caídos.

De momento no dijo nada congruente. Tenía demasiado tiempo que no lo veía puesto que había sido confinado a un lugar completamente desconocido para evitarle la pena de maltratos tras su fama de "maldito que no pudo ser agradecido con la única persona que le mostró compasión"

¡Cuánto había crecido!

Miró con cuidado entreabriendo los labios y murmurando un "Bienvenido".

Tenía toda la cara de Minato…

— ¿Qué quieres comer? — fue lo primero que se le vino a la mente.

El niño dejó de forcejear en cuanto Ayame lo soltó, digirió una mirada furibunda, sacó la lengua y salió corriendo.

.

La venta de todo el día había compensado bastante bien los gastos extra que había hecho su hija, aunque realmente a diferencia de otras ocasiones, no la riñó debido a que otro tema le había ganado prioridad en la mente, y era Naruto.

Esa expresión huraña.

La complexión tan delgada.

¿Quién lo habría cuidado?

Ayame había estado entrando y saliendo y en la última ocasión había dado dos saltitos de gusto, enseguida se había pasado a la cocina.

Cortó puerros, cebolleta y ajo dorándolos en aceite por unos momentos hasta que desprendieron aroma. Con la velocidad con la que usualmente no trabajaba cortó zanahorias en tiras y unos extraños hongos milagrosos, apio, jengibre y todo a la cacerola con caldo de cerdo.

Tarareaba una canción que recién había escuchado, agregaba sal, pimienta y la infaltable salsa de soja.

Estaba tentado a preguntar qué era lo que hacía, pero había riesgo de que bufando le dijera "Obviamente ramen".

Prácticamente le robó los fideos que él había preparado para otra orden y luego del alga Wakame vació dos generosas cucharadas de la sopa sobre los fideos.

Finalmente el movimiento frenético que había hecho se detuvo un momento.

— ¿Le pondré perejil?

—Eh… yo diría que no, podrías poner algo de carne de cerdo.

—Le pondré.

El cocinero rodó los ojos al ser ignorado mientras la otra empezaba a sacar el empaque de una orden "para llevar"

—Ya sé en dónde vive Naruto-kun, le voy a llevar estos. — dijo acomodando una servilleta y los palillos.

— ¿Vas a experimentar con él la magia de esos hongos? — preguntó sorprendido.

—No es experimento, está muy delgado y lo vi resfriado, esto le va a fortalecer las defensas.

—Ayame-chan… no creas tan ciegamente en todos estos productos milagrosos.

Pero nuevamente no le hizo caso.

Su padre resignado a que aquello duraría hasta que se le pasara la adolescencia, y que de hecho en esa parte se pondría peor, dio la vuelta para acercarse a la barra y saludar al cliente que había hecho sonar el chime.

Agachó un poco la cabeza esterándose al frente. Con los ojos rojos e hinchados mirándolo desafiante se encontraba Naruto, o al menos solo era visible la parte del rostro que no se ocultaba en la celosía que hacía de muro lateral.

— ¡Bienvenido! — le dijo con más seguridad que antes, acto con el que el niño dejo de ser visible al esconderse.

Teuchi salió de por detrás de la barra caminando hasta la salida, casi al mismo tiempo Naruto volvía asomarse para volverse a esconder en cuanto notó la proximidad del hombre.

—Aquí sin duda encontrará el mejor ramen del mundo…— siguió hablando como usualmente hacía con los clientes que venían por primera vez.

—No creo que sea mejor que el ramen instantáneo ¡Dattebayo! — aseguró asomando un poco la cabeza.

Teuchi cerró los ojos y trató de ignorar el comentario apaciguando las ganas que tenía de dar gritos furiosos de indignación a riesgo de que espantara al muchacho.

—Hagamos algo. — le dijo.

—Pruebe un ramen mío y luego lo compara con el ramen instantáneo, si aún así le gusta más, entonces prepararé uno mejor…

El pequeño rubio dio un par de pasos para dejarse ver por completo pero sin entrar al local.

—No tengo dinero— dijo metiendo las manos en la bolsa pero sin despegar sus ojos del dueño, retándolo a que lo corriera llamándole "aprovechado" tal como habían hecho muchos otros dueños de restaurantes.

—En ese caso, como es una prueba, no te lo cobramos, solo quiero saber si es verdad que mi ramen no es tan bueno como… como… como esas cosas llenas de químicos y aditivos artificiales.

—Ramen instantáneo, se llama ramen instantáneo no químicos y auditivos artificiales.

Teuchi esbozo una sonrisa, los niños y sus palabras.

—Muy bien, te pongo ese reto ¿Lo aceptas?

Estiró su mano invitándolo a pasar, el otro dudó un poco y se limpio con el dorso de la mano los ojos, gesto que le confirmo que no era un resfrío, había estado llorando.

Momentos después, tras un par de pasos inseguros terminó por correr y saltar hasta un banco con las manos sobre la barra, Ayame le sirvió el plato que ya había preparado y el chico alcanzó los palillos separándolo, pero antes de seguir, el cocinero hizo un carraspeo.

—Jovencito, esas manos están sucias, tienes que lavarlas.

Naruto hizo un mohín pero luego de oler el vapor despedido por el caldo dejó que Ayame lo acercara al lavamanos subiéndolo en una silla para que alcanzara la altura de la tarja. Una vez que la chica le secara con una toalla volvió a correr hasta su lugar y se lanzó contra el plato sin importarle que estuviera caliente.

Más que comer lo engulló, terminando en realmente poco tiempo. Para cuando el plato estuvo vacío el niño se quedó quieto, relamiéndose los labios y casi en total silencio.

—Que mal— expresó Teuchi empezando a poner fideos en otro bol.

—Te lo has comido tan rápido que estoy seguro de que no apreciaste el sabor. Te daré otro.

El rubio bajó ligeramente la cabeza asintiendo y recibiendo la nueva orden, misma que con toda la prisa del mundo volvió a comerse.

—Creo que estoy teniendo un dejavú*…

— ¡Itadakimasu, Naruto-kun! — dijo Ayame sonriéndole al verlo terminar el tercer plato.


Cometarios y aclaraciones:

XD volvemos a la ternurita, lo sé lo sé hay varias interrogantes aún pero vamos por partes, ya libre exámenes espero retomar el ritmo (-.- eso también si en el hospital no me tienen secuestrada horas extra)

u.u

Pero se los advierto, la ternurita otra vez no va a durar.

Si tienen la duda, en el funeral de la señora Ichiraku Ayame tiene seis o siete años, entonces si aquí ya pasaron cinco, ya esta entrándole la pubertad, a propósito de eso, antes de pregunten, el salto en el tiempo fue porque no tenía un hecho relevante que contar y sería mucho relleno, u.u no me gustan mucho los rellenos, así que me salté a la parte importante.

*"Ya le hizo ojitos" según yo, es una expresión regional, sino, pues ya lo expliqué. Así te dicen los comerciantes acá en mi pueblo para cuando quieren que compres, es como si la cosa que vas a comprar se hubiera "encariñado" contigo y "ni modo que lo dejes triste y abandonado"

*Dejavú= sientes que eso ya lo viviste. (amm ¿Kushina tal vez?)

¡Gracias por leer!