Capitulo Veintiséis

No sé por qué me encontraba nerviosa desde que desperté, Ginny estaba muy entusiasmada con la fiesta, pero detrás de su entusiasmo seguía habiendo aquella preocupación que me había dejado ver anoche.

-¡Te espero abajo junto con Harry!-. me gritó ella desde el exterior de mi habitación y luego se paró en mi puerta-. No tardes-. me sonrió.

Lucía hermosa con ese vestido púrpura que había comprado para esta ocasión especial. Aquel hermoso satín se le entallaba a su esbelto cuerpo con precisión en el pecho, y caía hermoso tapando sus largas piernas. Llevaba su cabello liso, más de lo que ya lo tenía y suelto cayendo libremente por sus hombros desnudos.

-Ya voy-. musité-. Sólo me pongo el vestido.

Me sonrió y oí cuando salió del apartamento.

Suspiré, combinando mi dióxido de carbono con el oxígeno de mí alrededor. Tomé el vestido que Harry me había elegido y me lo puse, intentando no despeinar mi cabello, que lucía rizos anchos que caían como caireles hasta mi espalda.

Traté de subir el cierre del vestido que se ataba atrás de mí, pero me costaba un poco de trabajo poder alcanzarlo.

-Demonios-. farfullé.

Salí de mi habitación, Gin había apagado las luces del departamento y sólo era iluminado por el atardecer del exterior que se filtraba por la ventana y la luz amarillenta que salía de mi cuarto entre abierto. Intenté subir el cierre de nuevo, pero fracasé en la maniobra.

De pronto, la puerta se abrió, Ginny podría llegar a ser muy desesperada.

-¿Tienes problemas?-. pero esa no era la voz de ella.

Me quedé inmóvil al reconocer a Harry, luego me giré avergonzada. Aun en la oscuridad, podía verle. Llevaba puesto un esmoquin negro, ajustado a su perfecto cuerpo; su camisa blanca era del mismo color que el moño. Su figura me quitó el aliento.

-Emm… no puedo subirlo-. musité, atolondrada-. ¿Podrías…?-. manoteé en la oscuridad, señalando el cierre de mi espalda.

-Claro-. se acercó hasta mí, su perfume bailoteó por mi nariz.

Me giré y le di la espalda para que pudiera subir el cierre y recogí con una mano mi cabello, haciéndolo a un lado.

Sentí sus manos en mi espalda, tratando de subir el cierre; el tacto hizo que la piel de todo el cuerpo se me erizara. El sonido de la cremallera encajando lentamente quebrantó el silencio, no se oía nada, excepto nuestras respiraciones y los sonidos apenas audibles provenientes del exterior. El cierre encajó por completo, pero no me moví. Él aun sujetaba con sus manos mi espalda.

Y de pronto, sentí cómo acurrucó su nariz entre mis desatados cabello y cómo su respiración los traspasaba golpeando con delicadeza mi cuello. El corazón se me aceleró, tanto que me pregunté si él podía oírlo.

-Hrry…-murmuré, ¿qué estaba haciendo?

Pero el silencio persistió y su respiración acariciaba la piel de mi cuello con más intensidad, haciendo que el estómago se me encogiera, que la piel se me erizara y que toda cordura huyera.

-¿Chicos por qué tardan tanto?-. la voz de Ginny me hizo pegar un brinco.

Sentí cómo la respiración de Harry se alejó de mi cuello y cómo el alma se me desplomaba al piso. ¿Ella habrá visto…? El silencio me hizo pensar infinidad de cosas.

-Esto sí que está oscuro-. dijo y luego las luces se encendieron de nuevo

Estaba de espaldas a la escena, pero Ginny no parecía para nada sorprendida, molesta o daba alguna señal típica de una persona que se sintiera engañada. Me giré, la vi en la entrada con la mirada puesta en mí y sus ojos grandes maravillada por mi vestido. Luego divisé a Harry, quien también me miraba absorto, como si estuviese fascinado y… a un metro de distancia de mí.

Me preguntaba cómo podía alejarse tan rápido sin que alguien lo notara cerca siquiera.

-Te ves hermosa, Herms-. me dijo Ginny.

-Gracias-. musité, con la voz temblorosa que salió de mí.

-Démonos prisa-. me instó, haciendo también un gesto con la mano para que saliera por la puerta-. Vamos, amor-. le dijo a Harry.

Tomé mi abrigo y no le dirigí siquiera una mirada a Harry en el camino, o mejor dicho, una mirada que él notara. ¿Qué demonios había ocurrido hace unos instantes? Hubo un acercamiento demasiado… demasiado… lo que sea. A fin de cuentas, había sido demasiado para mí.

¿Es que él no se daba cuenta de lo que me hacía? Y cuando lo hacía, ¿no pensaba en Gin? Esto estaba sobrepasando los límites, Harry no era un patán, no sé por qué se comportaba como uno.

Especulé durante los cuarenta y tantos minutos que se había tomado el viaje hasta la dirección que Ginny tenía anotada en letra manuscrita en un papel doblado en cuatro.

-Aquí es-. dijo Harry.

Dirigí mi vista a través de la ventana de la Hybrid, en donde un hermoso jardín se expandía glorioso en el exterior de aquel salón de eventos. Del cual vislumbraban sus luces, reflejándose en los cristales de los grandísimos vitrales de la casa.

Bajamos de la camioneta después de que Harry la estacionara en el aparcamiento del jardín. Miré maravillada todo a mí alrededor, vaya celebración para un cumpleaños.

El pavoroso vestido y los tacos altos en color plata me dificultaron un poco el andar, no estaba muy acostumbrada a esto.

Ginny tomó del brazo a Harry y por el otro lado, me tomó también a mí; y juntos nos encaminó hacia el interior de la casa. Me quedé sorprendida cuando divisé la decoración, si afuera era hermoso, cuánto más adentro. Del techo colgaban candiles enormes, hechos de cristal y pedrería, que reflejaban poderosamente la luz y la proyectaban en miles de colores danzantes. Las paredes, adornadas con pinturas de algún artista italiano, lucían acogedoras con ese color perla que las coloreaba. El suelo era blanco, de piso que jamás había visto. El lugar era grandísimo y gente vestida de lo más elegante parloteaba en pequeños grupos formados por tres o cuatro personas, con copas de cristal conteniendo vino; mientras que la música de fondo eran hermosas melodías a piano.

-Wow-. musité, sorprendida.

-Es… grande-. concordó Harry, viendo también los enormes candiles del lugar.

-Ginevra, ¡il mio diamante! (Ginevra, ¡mi diamante!)-. la voz ronca de un señor nos hizo voltear a verle. Era un sujeto de aspecto opulento, alto y su cabello peinado lucía algunas cuantas canas esparcidas entre el gris.

-Signor Vittore, ¡buon compleanno! (Señor Vittore, ¡feliz cumpleaños!)-. dijo Gin, expandiendo su sonrisa al hombre.

-Sono contento che sei venuto (Me alegra que hayas venido)-. dijo él y luego nos miró a mí y a Harry

-Grazie por avermi, per me è stato un piacere. Vogliamo introdurre il mio fidanzato Harry, e il mio migliore amico Hermione (Gracias por invitarme, para mí ha sido un placer. Le quiero presentar a mi novio Harry y a mi mejor amiga Hermione)-. contestó Ginny y luego nos acercó más.

-E 'un piacere incontrarli (Es un placer conocerlos)-. nos saludó y como yo no entendía nada, sólo sonreí-. Ginevra-. dijo, volviéndose a ésta-. vieni qui. Ci sono alcuni progetti che ho voglia di parlare (Ginevra, ven. Hay algunos planes de lo que quiero hablarte)-. la tomó de la espalda y la llevó entre la multitud, hablando con ella.

Harry y yo nos quedamos parados allí, solos. Al comprender esto, mi corazón comenzó a latir frenéticamente.

-¿A dónde va?-. le pregunté, perdiendo de vista a Gin.

Se encogió de hombros.

-Con su jefe, no sé-. dijo, como si nada- ¿Quieres algo de beber?-. me miró.

-Me gustaría, gracias-. le sonreí, tímida.

No sabía si quedarme con él a solas era buena idea; después de lo que acababa de pasar, no, sin duda no lo era.

-Está bien, siéntate allá-. me señaló una mesa con sillas disponibles-. Yo te la llevo.

-Gracias. -me di la media vuelta, pero luego me giré de nuevo-. ¡Harry!-. pronuncié y él se giró a mirarme- Sin…

-Alcohol, ya sé-. sonrió y luego continuó caminando entre la multitud con tremenda elegancia.

Suspiré y me fui a donde él me había dicho, me senté, un poco cohibida y luego me quité el abrigo, ya que la temperatura del interior era mucho más cálida que la de afuera. Miré a Harry en la barra y al instante desvié la vista. Podía sentir el amor que le tenía, creciendo dentro de mí, como si fuese la luz de la aurora, que va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto. Volví a mirarle, aunque no quisiera. Él era tan bello, tan elegante, tan perfecto. Frustrada aparté la mirada de nuevo, recordando lo que había sucedido hace unos minutos. Aquello debía de tener una explicación lógica, él no podía sentir lo mismo que yo, ¿verdad? Volví a posar mis ojos en su figura, dándome cuenta de que cada esfuerzo por no mirarlo, se convertía en un fracaso inmediato; era como si me tapara los ojos con las manos pero alcanzara a ver a través del espacio entre los dedos. Suspiré y obligué a mi vista a posarse en otra cosa.

Divisé a mi lado izquierdo cómo las parejas danzaban un vals con la música a piano y me perdí por un momento en su baile.

-Aquí tienes-. la voz de Harry me hizo volver y mirarle, una vez más; me ofrecía una copa con algún líquido verdoso y trasparente.

Lo tomé y lo revisé, vacilante.

-Es agua de limón-. rió-. Sin alcohol.

-Gracias-. dije, aliviada y luego le di un sorbo.

-¿Quieres bailar?-. su voz de terciopelo chispeaba de entusiasmo.

-Eem… pero, ¿y Ginny?-. balbucé.

-Nos dejó aquí-. se encogió de hombros-. Vamos a divertirnos, ven-. me tendió la mano y aquella piel de su palma era como si me invitara a que la acariciara.