Capítulo 25

El mensaje de un coyote

Cuando niño, uno cree que los padres son las más sabias personas en el mundo. Luego, crecemos y nos damos cuenta de lo mucho que nos equivocamos y empezamos a rebelarnos, formando en el proceso nuestras propias ideas y valores que pueden chocar con los que tenemos de base o completar y perfeccionar los iniciales.

Los humanos que se alimentan de otros como ellos, que beben su sangre y devoran su carne, son confundidos con vampiros. Los nuestros lo toman como un insulto, pero, pensándolo bien…nosotros caemos así de bajo ¿No? Nos comemos a nuestros amantes, a quienes decimos amar.

Eso lo habían aprendido desde pequeños y pensándolo fríamente lo que decía era correcto. Esa idea nunca podrían cambiarla: morder era correcto, por sobre todas las muestras de amor (como los besos y los abrazos), las mordidas eran lo que los conectaban con el otro, los hacían uno. Pero dolía. Debajo de esa delgada capa de placer había ese dolor, ligero, pero finalmente dolor. Causar dolor, por tanto, estaba bien. Con eso habían crecido y no podían cambiarlo.

Los vampiros se devoran entre sí y no dudarán de comerse a otros que no son como ellos, a inocentes, porque les encanta el dolor, el sufrimiento que pueden provocar. Son unos seres sucios, que llenan su vacía vida infligiendo daño. Sus víctimas no pueden recuperarse y qué decir de los familiares de las víctimas, gente que tiene que sufrir aún más con la pérdida de un ser querido. Nunca les preocupa si tenían familia, o amigos, o gente que se preocupara por él.

Eso se le había enseñado desde que tenía edad para recordar y aprender. Se lo había creído desde que era niño, lo comprobó con la muerte del hermano de uno de sus amigos, el más cercano de sus amigos. Y juró que no permitiría que ellos siguieran haciendo daño a las personas. Porque el matar a otros era malo, pero matar a los que hacían mal era bueno. Matar a los culpables era justo, no preguntándose que, quizás, el malo, era familia de alguien, era esposo de alguien, era padre de alguien, hijo de alguien, con hermanos, con sobrinos y con amigos. De la misma forma en que ellos hacían.

Pero… ¿Qué sucede cuando las ideas y valores que te inculcaron son equivocas en las nuevas etapas de la vida que enfrentas? ¿Intentarías cambiarlas?


Zero se despertó sujetando el cuerpo de Ayumi por la cintura, con su pecho pegado a la estrecha espalda. Ambos tienen la respiración calmada, evidentemente descansados y cómodos. Un brazo de Ayumi se levanta desconcertándolo momentáneamente, hasta que ve que está sujetando su celular y un "click" se hace audible, seguido de una ligera risita.

–Buenos días. –Susurra la chica, con un tono tranquilo pero a la vez juguetón.

–Buenos días. –Responde Zero, todavía adormilado. – ¿Qué haces? –Pregunta mientras observa cómo juega con su celular, o no sabe si revisa algo.

–Te tomé fotos mientras dormías. ¿Quieres verte? –Le dice extendiéndole el aparato de color blanco. –Además… como roncas, parecía que no habías dormido en bastante tiempo. –Agrega mientras presiona los botones centrales del aparato, él hace un gesto de molestia por la falsa acusación. – Mira, aquí sale Cocco. –Zero se niega a ver, incómodo, pero el nombre le despierta la curiosidad.

–¿Irás a clases? –Prefiere guardar su curiosidad, además, podría jurar que se refiere al conejo de felpa.

–Amph, no. Yo creo que no, ayer, Cross me sacó cita con un médico; si voy será hasta después del almuerzo. –Pone su mano sobre el brazo que la rodea y poco a poco, se va haciendo hacia atrás, para juntarse aún más con el cazador.

–¿Por qué? –Pregunta hablando un poco más fuerte, manera que escoge de hacerle saber a Ayumi que no la quiere tan cerca.

–Dice que me ve más delgada, pero… –Se detiene en seco y la habitación encuentra la manera de estar más silenciosa aún. Se vuelve a su lugar, alejada unos tantos centímetros del peliplata, con las mejillas sonrosadas aunque no hacen competencia a las de él.

–Lo siento… -Murmura, mientras también se hace a un lado. – Será mejor que me… –Dice mientras se mueve, dispuesto a levantarse de la cama. Ayumi se le lanza, deteniéndolo y colocándose sobre él en el proceso, lo cual no ayuda nada a su incómoda situación.

–Mm, sabes, no me molesta. –Le dice con un volumen bajo, casi como un ronroneo, sin atreverse a mirarlo y sin quitarse de encima suyo.

–No es por ti, es por mí. –Responde, aunque increíblemente no hace nada para alejarla, quizá por la pena es que se ha bloqueado.

–No. –Le dice con un puchero en la cara, inflando las mejillas y mirándolo seriamente. Una, casi, imperceptible sonrisa se coló en el rostro del cazador, a pesar de su estado.

–¿Alguna vez llegaste a ver Pokémon? –Ella se le queda viendo extrañada, intentando descifrar, infructuosamente, a qué venía la pregunta, aunque, inconscientemente asiente. – Cuando haces ese gesto, te pareces a Jigglypuff.

–Ja-ja, no es gracioso. –Lo ve frunciendo el ceño ligeramente, pero la risa se le escapa, incapaz de molestarse verdaderamente con él, menos cuando él no parecía molesto con lo que ella le hacía en un intento de divertirse.

Zero la observa con sumo interés, reparando por primera vez, desde que había llegado en la mejoría que tenía su rostro, su sonrojo, el color que portaban sus labios, nada comparado a lo que estaba "acostumbrado" a ver, aunque eso sí, la viveza de sus ojos se mostraba intacta, así como su transparencia. Era lo único que le indicaba que ella no había cambiado, al menos, no totalmente. Era curioso que, los ojos fueran el espejo del alma, de cualquier persona y que con una simple mirada, uno pudiera reconocer sentimientos, aunque estuvieran escondidos, en otros. Y se permitió hundirse en la profundidad que mostraban los ojos de Ayumi, por un largo rato. Sólo mirándola y acariciando su cabello. Felinamente, ella se acercó a su cuello y rozó su oído, mientras sus manos tocaban su cara.

–Aún no me lo creo… –Susurró, calentando la oreja de Zero con su aliento; fue besando suavemente desde ese punto hasta su mandíbula. Pero él, en ningún momento pareció muy interesado en responder. Un tanto decepcionada, acomodó la cabeza en el pecho de Zero y se contentó con sentir su tibieza y el tranquilo latir de su corazón.

La abrazó, ignorando por completo que le había hablado, como si hubiera perdido la capacidad de escucharla. Recordó cuanto tiempo estuvo perdido en los ojos de Yuki cuando se besaron y lo bien que se había sentido. Y la acarició lento, empezando por su cabeza y llegando hasta la mitad de su espalda, preguntándose cómo había llegado a eso. No le alcanzaban los adjetivos para definir lo tonto que estaba siendo con Ayumi.

–Idiota. –Se reprochó inconscientemente, en silencio, aunque la albina había podido escucharlo claramente.

–¿Perdón? –Habló intentando saber si le decía a ella, o por qué se había quedado así y luego había bajado la guardia y dicho algo que carecía de sentido en ese momento.

–¿Eh? –Dijo estúpidamente. Efectivamente, no se había percatado de que había pensado en voz alta.

–¿Qué pasa? –Pero no recibió respuesta y una extraña combinación de emociones empezó a formarse dentro de ella. Sintiéndose exactamente de la misma forma en que se había sentido el día anterior, se levantó del cuerpo de Zero y también de la cama. El peliplata la miró un tanto confundido, incapaz de dar con los motivos que Ayumi tuviera para actuar como lo estaba haciendo. Lo último que fue capaz de ver, fue la seda del nagajuban perderse tras el pasillo.


La habitación fría de un apagado color azul la reconfortó de una extraña forma, con todo y el olor a desinfectante que desprendía. Tal vez porque le recordaba el hospital donde su "padre" daba clases a los futuros doctores, lugar al que acudía con frecuencia, pero no por necesidad, al menos, no médica. Se pasaba el tiempo leyendo los folletos informativos, con lo que se dio cuenta de la fragilidad de la vida humana, cosa que quizás ni ellos mismos habían notado. Se aprendía los términos y su significado y luego, intentaba comprender que rayos significaban esas palabras tan extrañas y que generalmente hacían llorar y sufrir a la gente que las recibía.

–Hiou-San, suba a la báscula, por favor. –Le indicó la joven enfermera y prontamente obedeció. Cross la miraba mientras la pesaban, sentado enfrente del escritorio del doctor, quien estaba revisando el historial médico de la vampiro, que obviamente, no mostraba ninguna enfermedad tratada o algún accidente.

–Parece que estamos frente a una chica bastante saludable, Mine-Chan. –El anciano doctor se dirigió a la enfermera que no hizo más que asentir. –Aunque me preocupa algo que no muestre nada de varicela, o sarampión… usted sabe, cosas de las que normalmente nos enfermamos siendo niños. –Esta vez habló a Cross.

–Bien, pues le tendrá que preocupar en un futuro, supongo. –Respondió el Director, con un poco de nerviosismo.

El doctor había remarcado lo rara que era; nunca le había dado siquiera fiebre (de niña, que sólo la tuvo una vez y había sido reciente, pero eso era otro cuento), tampoco tenía cicatrices que denotaran que su infancia había transcurrido en un parque. Alguna vez se rompió la pierna bajando un árbol que estaba en el jardín trasero, pero su cuerpo se negaba a cooperar en hacerla parecer un poquito normal y se curó en un día, quizás dos.

–¿Cuál es su peso? –Pregunta el Doctor.

–Cincuenta y cinco kilos. –Responde la enfermera, en un tono más o menos bajo. –Mide un metro sesenta y ocho. Ya puede bajarse. –Y nuevamente, obedeció.

–Está algo baja de peso, pero nada de qué alarmarse. –Dijo el doctor, hablando con Kaien quien ahora prestaba atención a lo que el médico anotaba en el historial. –Tampoco es serio lo de la presión baja, generalmente las mujeres tienden a sufrirla.

–Te lo dije. –Ayumi miró al hombre y una sonrisa de autosuficiencia decoraba su rostro.

–Ya, ya, muchachita. –Le dijo con una simpática molestia que sólo consiguió alargar la sonrisa de la albina.

–Si quiere puede consultar a un nutriólogo, podría recomendarle a una colega. –Le dijo el doctor, buscando entre su tarjetero el papel que correspondía a la persona de la que hablaba.

–Lo tendremos en cuenta, doctor. –Asintió Cross, dándole un vistazo a la tarjeta antes de guardarla. – Muchas gracias. –Añadió levantándose de su asiento, mirando a Ayumi para darle a entender que era hora de partir.

–Thank you, sensei. –Se despidió la albina en inglés con una leve reverencia, divertida en exceso inexplicablemente, como si la visita médica la hubiera puesto de buen humor, olvidando un poco el sentimiento de unas horas más temprano.


Zero se puso a caminar por todo el patio de la Academia, pasando así unos minutos del almuerzo, aún intentando dar con la razón de por qué había pensado en Yuki, estando con Ayumi. Llegó hasta los jardines de la escuela, los que estaban próximos al bosque y se sentó debajo de un árbol, cubriéndose de la molesta y blanquecina luz de invierno. Recordó que pronto la primavera llegaría, un mes o algo así y ya estaría de nuevo, con el montón de belleza que los poetas convertían en cursilería.

Se sentía increíblemente relajado y pensaba que le duraría poco. Ahora las piezas se estaban acomodando para el siguiente juego, entonces reparó en que estaban todos contra todos. No sólo cazadores contra vampiros, sino los mismos vampiros estaban contra su especie. Aunque le asombra un poco que se esté viviendo una situación similar con los cazadores, ya que muchos están apoyando a Kuran por el simple hecho de querer matar a los otros sangrepura. Ahora están contra el Director. Yuki y Ayumi contra Sara, Sara contra ellas dos y Kuran, y Kuran contra todos. Y los cazadores lo único que hacían era ponerse de su lado. Él lo había hecho. Y seguía de su lado. Era bastante hipócrita la situación. Zero estaba ayudando a Yuki para desenmascarar a Sara, mientras apoyaba a su hermano con la eliminación de todos los sangrepura, plan que tal vez la incluyera. También estaba el repentino acercamiento con Sara, quién parecía estar convencida de querer tenerlo de su parte. Y para rematar, su relación con Ayumi, que si bien no era una sangrepura, casi lo era. No debía de estar con ella. Eso se lo repetían continuamente los cazadores después de haberla recibido en Navidad.

"¡Por Dios, Zero, ¿Qué haces? ¿Estás consciente de tu error"

Escuchaba todavía en su cabeza los reclamos.

"¡Parece que no estás dispuesto a entender! ¡Ella es hermana de Shizuka Hiou! ¿Necesitamos recordártelo? ¡Ella mató a tus padres y parece que poco te importa!"

¡Claro que lo recordaba! ¡Lo tenía presente! ¡Sabía que cometía un error! Pero, ¿Y sí eso no le importaba? ¿Y sí le importaba un comino que era su hermana? No era como si Ayumi también hubiera sido participe en la masacre. Luego, pensó en que tal vez, lo que les molestaba era el asunto de que no era el tipo (o mejor dicho, "de la especie") que esperaban. Había nacido en el seno de una familia de cazadores, se le había inculcado desde entonces que, su deber era acabar con los vampiros por ser una constante amenaza a los humanos. Ocurrió el asesinato de sus padres y la marcha de Ichiru, y supo que sus padres siempre habían tenido la razón y se prometió acabar con Shizuka y con todos los vampiros que pudiera, como una forma de vengar a sus progenitores.

¿Y si en determinado momento tuviera que escoger entre los cazadores y Ayumi? Tal como iban marchando las cosas, supuso que tarde o temprano llegaría el punto en que tendría que elegir. Agradeció el no tener que hacer esa elección en esos momentos, porque, sinceramente, no sabría qué hacer. La cosa era decidir entre deber y placer; le habían enseñado cual iba primero, pero… ¿Escoger entre un trabajo y un romance? Eso era simplificándolo. Podía renunciar, pero eso conllevaría renunciar a todo con lo que había crecido y pensándolo más a fondo, de igual forma, podía volver a enamorarse. Y eso lo sabía perfectamente, pues con Yuki, había pasado. Bufó. Ya tendría tiempo para pensar en eso.

Unos ligeros toques en su hombro lo hicieron volver a la realidad, volteó, descubriendo a Ayumi con una bolsita de cartón en una mano; llevaba puesto el uniforme, lo que le indicó que se había animado a ir a clases. Por su cabeza cruzó la idea de que estaba perdiendo práctica, pues hasta el toque, no se había dado cuenta de la presencia de Ayumi, lo cual era malo, considerando lo escandalosa que era para todo.

–Ya regresé. –Dijo un poco apagada, sentándose a un lado de él.

–No lo había notado. –Le dijo sarcástico, sin embargo, no recibió respuesta de ningún tipo.

– Ten, es para ti. –Extendió la bolsita y Zero la tomó sin mucho entusiasmo, Ayumi lo notó de inmediato y empezó a parlar, casi involuntariamente. – Cross lo pagó, perdió una apuesta conmigo, le dije que estaría bien y que el doctor se lo diría, no me creyó, así que apostamos y gané doble postre. –Explicó rápidamente, para luego tamborilear los dedos sobre su regazo– Oye, Zero ¿Sabes que me estoy esforzando, verdad? –Asintió él en silencio, indicando que la había escuchado y dándole la razón. –Bien, entonces ¿Podrías hacérmelo más fácil?

– ¿Qué quieres que diga o haga?

– Interrógame, o no sé. –Tras unos segundos de silencio, se rinde y resignada comienza a hablar. – Les propuse un trato a los cazadores, ellos me ayudan con Kaname, yo con los nivel E. Aunque sé que no aceptarán, considerando que todos están de su lado, lo cual ya es un fail enorme. ¡Qué patético! –Pensó para sí misma, ahora admitía abiertamente su falla estúpida, algo que ya sabía y que debió de haber tomado en cuenta.

Zero la observaba abiertamente, algo extraño para él, pero parecía no importarle mucho o al contrario, le importaba, más de lo que quería aparentar. No sé inmutó cuando vio a Ayumi levantarse y empezar a caminar arrastrando las rodillas en el húmedo pasto, acercándose a él. Analizaron en silencio sus rostros. Quizás, era muy difícil admitirlo, pero sabían que después del tiempo lejos y que ninguno comentara al respecto, como si nada hubiera pasado, era una terrible equivocación. Finalmente, él bajó el rostro terriblemente avergonzado y ella le siguió después de un leve arqueamiento de cejas, un gesto que decía por ella que sospechaba algo de alguien.

La campana sonó indicando el fin del almuerzo y la vuelta a las clases. Ayumi enlazó su mano derecha con la izquierda de Zero y justo como él la había observado hacia un rato, el gesto parecía importarle todo o nada.


En cuanto puso un pie en el salón de clases, un silencio sepulcral invadió el lugar, y la incomodidad los invadió. Zero la soltó bruscamente, como si de pronto su mano le quemara. Y sin embargo, el silencio siguió.

–Hola a todos. –Dijo con un tono un tanto apagado, aunque era obvio que quería sonar alegre. Se va pasando a todos, hasta llegar a su lugar. Se sintió tan observada, pero buscó relajarse, y seguir con una pose serena como si no le molestara que le vieran. El peliplata que ya estaba en su lugar y con la cabeza sobre la mano, con esa expresión de aburrimiento total, era uno de los que también la observaba, leyendo claramente su actitud. Esa no era ella, no era la que caminaba con apariencia firme y la frente en alto, portando una sonrisa levemente tensa. ¿A quién intentaba engañar o convencer? Se dio cuenta que no era a sus compañeros que la miraban como un fenómeno de circo, tampoco era a él que estaba empeñado en saber por qué tanto cambio sin siquiera preguntar o investigar un poco; Zero lo sabía y ella con su apenada mirada le gritaba en silencio que era a ella misma, quería que Ayumi Hiou entendiera que ahora era esa y que, tendría que aceptarlo de una buena vez.


Ayumi había hablado con Yuki antes de que fuera con Zero. Le había pedido que por favor se vieran para hablar claro de lo del día anterior. Se había encontrado con su pariente, Maria, y pensó en cuanto le gustaba jugar con ella cuando ambas eran pequeñas y le pidió que acompañara a Yuki cuando fuera a verla en la tarde, antes de entrar a clases. Quizás, trabajando poco a poco, podría tener nuevos recuerdos con ella y quizás, en ella podría confiar y poder hablar de lo que le aquejaba.

–Lamento haberlos hecho venir hasta acá. –Se disculpó con Yuki, Aidou y Maria, que habían tenido que bajar hasta el pueblo para poder hablar. Ayumi les pidió verse en la cafetería del pueblo, convencida de que si había un silencio incómodo podrían llenarlo rápidamente, hablando de los postres o cualquier cosa que vieran en esos instantes.

–No es problema. –Dijo Yuki con una sonrisa, intentando ser gentil.

–Pedí muchas cosas ya. –Les dijo al tiempo en que se sentaban en la mesa. – Pensé que estaría bien.

–Gracias. –Dijeron al unísono.

Segundos de incómodo silencio, se podía sentir la tensión, cada uno sintiéndola a su manera: Ayumi viendo por la ventana discretamente, Yuki mirando hacia la mesa, Aidou y Maria viéndose entre ellos, esperando a que alguna hablara y se acabara el insoportable momento. La sangrepura empezaba a sentirse nuevamente como cuando había aceptado la propuesta de salir con Ayumi, tenía ganas de correr, quizás de esconderse.

–Bueno, eh… –Comenzó a hablar Ayumi y Yuki se sorprendió– Perdón por cómo me comporté ayer, después de… Ya sabes, lo que se supo de Zero. –Yuki negó con la cabeza, al tiempo en que Aidou se hundía en su asiento; Maria contemplaba en silencio la escena sin saber de que hablaban.

–Desgraciadamente, es al contrario. –Habló casi murmurando, culpable hasta los huesos. – Yo debería pedirte disculpas, no sólo a ti, también a Zero, especialmente a él.

–También tendría que pedirle una disculpa a Kiryuu, supongo. –Intervino avergonzado el noble, se rebajaría a eso; pensándolo mejor, no lo haría, porque en verdad él tenía la culpa.

–Esa es su decisión, creo, si quieren hacerlo, pueden. Aún así, gracias. –Una diminuta sonrisa apareció en su rostro, indicándoles que ese asunto ya estaba arreglado. – Sé de algo de lo que sí soy culpable y por lo cual debería pedir disculpas: por no haber hablado antes contigo. Teníamos que haber llegado a un acuerdo antes de ir con el Consejo.

–Perdón por entrometerme. –Murmuró Maria, viendo especialmente a Ayumi. –Pero, ¿De qué hablan?

–Lo siento, Ma-Chan. –Sonrió la albina ampliamente. – Ayer, me nombraron nueva líder de los vampiros y por eso es todo esto, para ver si es idóneo que yo tenga ese cargo. –Esta vez, miró a Yuki, con ojos seguros, dejándole en claro de paso el objetivo de su plática. –Tal vez fue algo muy precipitado e impulsivo, como suelo ser y hacer. –Admitió, soltando una risita.

–Para mí está bien, Ayumi. Es lo correcto, yo no estaba haciendo un buen trabajo. –Dijo rápidamente Yuki. – Además, creo que está bien, de esa forma podré proteger la Academia.

La prefecta arqueó las cejas sin ningún reparo, confusa. Parecía que la sangrepura le estaba dando gusto solamente porque sí, o por algo de lo que se sentía culpable. No le agradaba su comportamiento extremadamente amable.

–Me parece perfecto. –No dijeron nada más porque se acercaba la mesera con todo lo que Ayumi había pedido, postres y dulces que hubieran sido suficientes para el triple de personas de las que eran. Pronto, la mesa se vio llena de pasteles, galletas, chocolates y cuatro tazas de café. –Un día vine aquí, el segundo después de haber llegado a Japón y Cross se enojó mucho, hasta parecía mi papá. –Se rió recordando un poco ese día. Yuki asintió, escondiendo su mirada detrás de la taza y bebió un trago, pero como el café estaba sin endulzar un gesto de asco se posó en ella. Ayumi volvió a reír con más fuerza al verla, sin darse cuenta que Yuki se había sentido por la anécdota.

–¿Maria, podrías pasarme el azúcar y la crema? –Pidió seguidamente la sangrepura, la noble obedeció. – Gracias.

–En todo caso, Yuki, hay otra cosa que quisiera preguntarte. –Dijo la prefecta con el semblante serio. – ¿Por qué metiste a Sara-Sama a la Academia? –Yuki se sorprendió, igualmente Aidou y la pequeña Maria, al igual que su pariente, se tornó seria. Al parecer no era la única que no confiaba en la sangrepura. –Por favor, necesito saberlo.

–Bueno… ella vino a nosotros pidiendo ayuda y con lo que pasaba alrededor… –Murmuró. – Además, yo no confiaba en lo que… en lo que Kaname haría. –Admitió con tristeza. – Si ya había matado a Aidou-Dono, no sabía qué más podía hacer. Y si protegía a Sara-Sama, tal vez, eso probaría que me equivocaba con lo que pensaba; probaría que Kaname no había perdido la cabeza y que podía volver a confiar en él. –La mesa se quedó en silencio, porque no había qué decir a eso. Ayumi comprendió que el amor se había entrometido en eso y que había hecho fallar a Yuki. –Aunque, si soy sincera, sé que caí en una trampa y no puedo confiar en ella.

–Creo que… no está del todo mal tenerla ahí. –Los otros tres la voltearon a ver. – Podríamos darnos una idea de sus movimientos.

–Ayumi-Sama, disculpe, pero ¿Por qué está en contra de Sara-Sama? –Preguntó un tanto inseguro Hanabusa, no sabiendo si era correcto interrogarla por eso.

–Es una pregunta inteligente, no me sorprende de ti, Aidou. –Ayumi tomó su taza y le dio un buen sorbo antes de comenzar a parlar. –¿Recuerdan el ataque, cierto? Pues tengo la sospecha de que Sara fue quien lo planeó.

–Disculpa, pero si no estás completamente segura, ¿Cómo es que puedes empezar a moverte? –La pregunta los sorprendió a todos; Maria y Aidou intercambiaron miradas, intentando descifrar silenciosamente el siguiente movimiento.

–Kaname lo llamaría "Prevención"; siempre estaba un paso delante de todos. –Argumentó viendo a la sangrepura con una gélida mirada. –Aunque, hay que admitirlo, en esta situación veo porqué lo hacía.

Yuki se puso melancólica nuevamente, ¿Cómo estaría su hermano? No podía evitarlo, aunque estuviera haciendo un montón de cosas tan horrorosas como ir matando vampiros sin ton ni son, lo amaba y lo extrañaba tanto que dolía, y le daban ganas de arrancarse el corazón con sus propias manos. Pero, no podía ser tan insensible como para preguntarle a Ayumi sobre él. No sabía por qué había pasado exactamente ella, qué era lo que le había hecho sufrir Kaname, ni deseaba averiguarlo; evidentemente, era algo malo, por decir lo menos. Y no quería recordárselo, hacerle sufrir más.


Zero estaba haciendo la guardia solo, puesto que el Director le había pedido que dejara a Ayumi, para que intentara ponerse al corriente con las tareas de la escuela. Tenía que recuperar casi dos meses de clases perdidas, algo difícil en opinión de él. En algún punto de la velada, se preguntó qué demonios había ocurrido en la tarde, porque no vio llegar a ninguno del grupo.

Ayumi no era la misma desde hacía unos días, bueno, en realidad, desde unos meses atrás. Pero le importaba más por qué estaba así ahora. Más porque tenía que ver con Kuran y esa era razón suficiente para preocuparse, pero no sabía cómo acercarse y preguntar. Vamos, que tenía una inteligencia emocional no muy desarrollada, y aceptaba (aunque no tan gustoso) que era un tonto y bastante insensible en momentos. Y la única vez que había intentado hablar sobre lo que le pasaba a Ayumi acabó riéndose en su cara.

¿Debía intentarlo, no? Si no hablaban, estaba asegurado que todo se iría por el desagüe, le gustara o no. Además, no sería tan difícil, ella tomaría las riendas de la conversación y ya estaba. Era un cobarde en esos aspectos y no le importaba admitirlo.

Meditó unos segundos. ¿Sería posible que pudiera retirarse antes, sólo por esa noche? Siempre estaba ahí y casi nunca pasaba de unas locas que creían que podían pasar por alto que estuviera vigilando. Y con la presencia de su líder, seguro que a los vampiros no les gustaría romper las reglas. Quizás podía regresar a casa, darse un buen baño y hasta hablar con Ayumi antes de irse a tirar a su cama. Sonaba bien el plan y podía ponerlo en marcha. Probablemente Cross le diría que porque no le había avisado antes, pero no era nada que no pudiera responder.


Giró el cuello con los ojos cerrados, intentando relajarse un poco. ¡Cómo odiaba las matemáticas! Siempre lo había hecho y siempre lo haría. Escuchó el crujir de sus vertebras y tocó con ambas manos la que sobresalía sobre sus hombros, justo donde empezaba el cuello. Luego, tronó sus dedos y los estiró y contrajo, también para relajarse. Se levantó del escritorio ¿Cuánto llevaba ahí sentada, como 4 horas? Empezó a caminar en el cuarto y dio un vistazo de enfado al montón de cajas que la rodeaba. Encontrar su uniforme había sido un martirio ¡Qué decir de su ropa civil! Tal vez podía despejarse acomodando todo nuevamente.

–¡Qué más da! –Se dijo y abrió una caja, preguntándose en silencio por qué Zero había hecho eso. ¿En serio creía que nunca volvería? ¿Qué le abandonaría y ahí quedaba todo, sin una explicación por parte suya o algo así? –¡Por Dios, qué patética soy! No cualquiera pensaría en semejantes cosas tan dramáticas y cursis. –Se reprochó, rodando los ojos. Comenzó a sacar su ropa, que era lo que más necesitaba en esos momentos. Buscó las perchas y fue colgando, de a poco, la ropa. Sin embargo, apenas iba por la cuarta percha cuando decidió desistir y dejarlo para después. Regresó al escritorio y tomó un libro de la pila que tenía enfrente; no pensaba retornar a las matemáticas.

Historia Universal. –Cualquier cosa era mejor que las matemáticas.


Para variar la encontró dormida. Aunque esta vez, con un grueso libro con la cubierta de color vino en el que podía leerse Historia Universal. Claro, buena forma de querer leer ese libro. Leer en la cama no era lo más apropiado, él lo sabía y a veces lo hacía para poder dormir. Quitó el grueso ejemplar del lecho, apagó las luces y se acomodó despacio. Total, no se quedaría a dormir con ella, ni esa noche, ni la próxima, hasta que hablaran tendido.

De alguna forma, Ayumi supo que se encontraba al lado suyo, porque se movió inmediatamente para rodearlo con los brazos, aunque él sabía que estaba perfectamente dormida, quizás recuperando parte del sueño perdido. Se desprendió de su agarre con cuidado, esperando no despertarla, pero un silencioso quejido salió de Ayumi y un leve gesto de dolor o incomodidad se posó en ella. Estaba ahora confuso, por no saber qué había hecho y que la había lastimado. Estaba incómodo, algo en su espalda lo molestaba y con una mano descubrió el celular de Ayumi. Al no notar nada más, se acomodó, viendo hacia el techo y con los brazos detrás de la cabeza; pensando en nada en concreto. No era normal en él, pero recordando su interesante conversación mañanera, abrió el aparatejo, un poco deseoso de curiosear.

Volteó a verla, comprobando una vez más que se encontraba profundamente dormida. La foto del protector le disgustó un poco, mostrando a una Ayumi más joven con un chico de pelo castaño y ojos del mismo color, y parecían ambos bastante felices, abrazándose, ella le besaba la mejilla. Debió de haber supuesto que ella antes había salido con alguien más, pero, esa foto ya tenía tiempo ¿Debía tenerla todavía? ¿No podía ser como las demás mujeres que cada vez que fracasaban en una relación borraban toda evidencia de lo que había pasado?

Eventualmente, fue encontrando más fotos de ella con el sujeto, que le llevaba algunos años y su molestia no pudo más que incrementarse. Sin embargo, un impulso masoquista y curioso le ordenó seguir viendo. Y no fue el único chico al que encontró con ella en las imágenes, ahora un joven de pelo negro, largo hasta el hombro, pálido como ella, aparecía en varias fotos, pero nunca se le veía el rostro ya que siempre se lo cubría de la cámara, evitando ser captado.

Escuchó un gruñido en la habitación, pero decidió ignorarlo ¿Qué podría causar eso en la habitación? Luego, siguió viendo, más fotografías pero eran de ella y al parecer sus mascotas: tres bulldogs franceses de color negro. Hasta llegar a las fotos con ¿Su padre adoptivo? Bien, podría ser él; fotos con un hospital de fondo. De nuevo el gruñido surgió en el silencio y esta vez, decidió prestarle un poco de atención. Miró al frente, y decidió lanzar la poca luz del celular hacia donde veía y se arrepintió de haberlo hecho. Ahí, mirándolo con lo que parecía furia estaba el lobo de Ayumi, gruñéndole. Zero estaba convencido de que no le caía bien, pero si ese animal era parte de ella, significaba entonces que, la albina, no lo quería tanto. El lobo subió de un pequeño salto a la cama, casi colocándose sobre él y los gruñidos aumentaron; Zero podía ver los afilados colmillos del canino asomarse en su hocico y tragó saliva.

–Ayumi… –La llamó nervioso, mientras disminuía la escasa distancia entre él y la bestia. Intentó moverla, pero un ladrido de advertencia se escuchó. –¡Ayumi! –Volvió a llamarla sin éxito, odiaba que tuviera el sueño tan pesado. Comenzó a retroceder lentamente, pero así como se movía también el lobo. Se tocó hasta encontrar la Bloody Rose y apuntó de frente, directo al animal, quién le lanzó una mordida, aunque sin llegar a tocarlo. Si le disparaba, probablemente ella lo sentiría. Apuntó a la ventana y disparó, rompiendo el vidrio y causando un gran escándalo. Ayumi se despertó por el ruido, sobresaltada como era de esperarse y levantándose en seguida sobre la cama, viendo a Zero a su lado y frente a él, el lobo que seguía con la mirada puesta sobre el peliplata, como si fuera una presa potencial.

–¿Qué pasó? –Preguntó alarmada. Luego, la puerta se abrió de golpe, gracias al Director, que se encontraba igual que Ayumi, sorprendido y algo agitado por la carrera.

–¿Qué sucede? –Ambos clavaron su mirada en Zero, quien ahora estaba enojado (más si cabía).

–¿En qué soñabas?

-¿Qué? –Murmuró confundida, extrañada por la pregunta. ¿Qué tenía que ver una cosa con otra?

–¿Qué diablos pasaba por tu cabeza mientras dormías? –Le dijo, alzando la voz. Y obtuvo respuesta del animal que gruño y le ladró un par de veces. –¡Contesta! Esa maldita cosa casi me ataca. –Señaló a la bestia con el arma y esta se agachó, miedoso.

–Kiryuu-kun… –Murmuró Kaien, viéndolo, queriendo hacer inútilmente que se calmara.

–No lo sé. –Contestó Ayumi rápidamente, casi adquiriendo el miedo que su otra parte tenía.

–¡Piénsalo bien, Ayumi! –Ordenó el peliplata, sin mover el arma. La albina se bloqueo, pensando, intentando recordar en que soñaba, que pasaba por su cabeza para que ocurriera algo así, pero no tuvo éxito. Desesperado la tomó de los brazos y la sacudió, exigiéndole que se esforzara y le respondiera. Ella bajó la cabeza, apenada.

–Kiryuu-kun, basta, la estás lastimando. –Le dijo, aproximándose cuidadosamente a ellos. Pero Zero no le estaba haciendo caso. –Zero…

–No lo sé, no puedo… –Murmuró Ayumi.

–¡Ayumi! –Le gritó Zero, incapaz de contenerse. Y el animal se lanzó contra él, mordiéndole el brazo, no muy fuerte, pero aún así sintió dolor. – ¡Mierda! –Soltó, volviendo a tomar la Bloody Rose, esta vez, dispuesto (mucho, de hecho) a dispararle.

-¡Zero, ya basta! –Le gritó el Director que abrazaba a una temblorosa Ayumi. –¡Déjala en paz! –El lobo pronto se disolvió frente a él, y la prefecta comenzó a sollozar en el pecho del hombre. –Basta, ya. –Le pidió con una mirada severa en su rostro.

–¡Pero…! –Su vista fue a parar a Ayumi, que era sacudida por el llanto.

–Tú me esperas aquí. –Le dijo a Zero. El Director condujo a la prefecta despacio afuera de la habitación, llevándola a la suya, no podía dejarla dormir ahí ahora que la ventana estaba rota.

Y él creyendo que podría tener una noche tranquila.


... NOTAS

¡Hola! ¿Me extrañaron? Yo sé que sí :) xD Bueno, les traigo este nuevo capítulo, el que viene siendo el último antes de entrar de nuevo a la Uni ;O; además, este es mi regalo de cumpleaños, que se acerca. ¿Ustedes podrían regalarme algún review?

Gracias a todos por seguirme leyendo y gracias a valcalle por agregarme a favoritos.

Ahora vienen mis aclaraciones:

1) Nagajuban, es como una bata (o albornoz) que se ocupa debajo del kimono (y encima de la "ropa" interior –unas tiras de tela blanca-), aproximadamente llega a la altura de las rodillas.

2) El título, creo que pensarán esta ocasión "¿Qué se habrá fumado? ¿Será por el sueño?" (Porque son las 2:30 am y yo sin ganas de dormir) BUCK-TICK, señoras y señores, eso xD Ellos tienen dos canciones Coyote y Message, que me consumieron mientras escribía el capítulo. Si tienen la oportunidad lean las letras; puede que encuentren (o no) relación con lo que escribí xD.

Y entre otras sexies cosas, les dije el capítulo pasado que estoy re-escribiendo algunos caps (los primeros principalmente) y ahora resulta que me quedan dos huecos! (Hoy subí los capítulos 1,2,3) Así que, esperense, porque creo que subiré dos nuevos capítulos viejos. ¿Cómo? Pues sí, tendré que escribir dos capítulos más para completar la historia y que no se mueva todo ._.'. Pero yo disfruto hacerlo, así que no temáis por mí ;D xD (D:).

Y es todo... ajajaja.

Gracias nuevamente.