Bien. Ya nos acercamos al final, chiquillos. Si, si. Estamos a seis capítulos, exactamente. Pero, dejando de lado eso. ¡Vieron a Lea cantar en el Super Bowl! Yo no tenía ni idea que iba a cantar. Yo lo estaba viendo porque soy fan del Football Americano, y cuando ví que Lea Michele iba a cantar el himno informal de los Estados Unidos, casi me meo. Fue muy zarpado. Encima fue como que estaba acostada en la cama de mis papás, ya re lista para ver el partido –que duró cuatro largas horas- y aparece Lea y empecé a –literalmente- gritar "sí, sí, sí". Oh, Dios. Estaba tan contenta.
Pero bueno, nada. Todavía no ví el capítulo nuevo, pero en Tumblr pusieron bastantes GIFs spoilers y todo eso, así que supongo que va a estar bastante bueno. Me gustó la escena Puckleberry. Admito que no me gusta le idea de que Fuinn –ya saben, Quinn y Finn- vuelva, pero si eso significa más Faberry UST, entonces, cuenten conmigo. Oh, Dios. Si.
En éste capítulo no hay Faberry Juice, lamentablemente –lo siento! no puede haber smut todo el tiempo (OJALÁ)-. Sin embargo en el capítulo que viene si hay. Hay Faberry Juice de Reconciliación. ¿Por qué de reconciliación? Léanlo.
Ojalá que les guste. Admito que, si bien amo los fics fluffy, soy una angst whore. De cualquier manera no es heavy angst, pero siempre tiene que haber un poco de drama aquí y allá. Entiéndanme por favor.
Gracias por leer y dejar reviews!
Formalidades: Glee no me pertenece y sus personajes tampoco. Los nombres de las canciones que utilizo como inspiración son de sus respectivos productores, compositores y blablabla.
Length: ~5200
Capítulo 25: "Take It Back" (She & Him)
Había pasado ya una larga y agotadora semana desde El Incidente, llena de miradas furiosas por parte de cierto mariscal del colegio disparadas en dirección a Quinn y a Rachel -más que nada a la rubia. Hacia la morena se tornaban más... suplicantes- y unas cuantas sillas maltratadas debido a las patadas tiradas por él al salir furioso de los salones.
Finn estaba irritable todo el tiempo y ya nadie se acercaba a él porque romper el delicado equilibrio podría implicar la destrucción de la débil burbuja en la que estaba inmerso y el alto QB se volvería loco. Incluso al mirarlo, parecía que estuviera loco. Dios. Pero con el tiempo, la mirada se fue calmando, y sus ojos se volvieron negros, por alguna razón. Perdieron su brillo.
- Finn -dijo Rachel acercándose al mariscal durante uno de los recesos de la mañana-, creo que necesitamos hablar sobre lo que sucedió -y era cierto, tenían que hablar pues ya había pasado una semana y ni una palabra se había dicho acerca del asunto; a excepción de la pequeña conversación que tuvieron segundos después de que él las encontrara en la ducha. Finn ni la miró. Rachel tragó pesadamente, sintiendo como la bilis subía por su garganta. Él cerró la puerta de su casillero y se fue. Le costó un poco encontrar su voz para hacer que Finn se volteara-. Éso no es lo más maduro de tu parte.
- ¿Lo más maduro? -preguntó Finn, volteándose violentamente, provocando que la morena diera un paso hacia atrás. Él caminó rápidamente, con pasos largos y pesados, hacia ella, haciéndola sentir aún más pequeña que de costumbre-. Antes de hablar de madurez conmigo -dijo susurrando, su rostro a escasos centímetros del suyo-, chequea tu historial ¿Quieres?
Rachel se quedó callada mientras observaba la gran espalda de Finn alejarse con cada gran paso furioso que daba hacia su salón de clases.
Su performance en Glee se estaba viendo afectada debido a ello y Rachel debía hacer algo. No se podía dar el lujo de tener a la voz líder masculina desequilibrada emocionalmente - no se podían dar el lujo de nada, en realidad- estando tan cerca de las Regionales. De cualquier manera, dejando sus ambiciones de lado, se sentía culpable por ser la causante de aquella inestabilidad emocional que Finn estaba sufriendo. Las cosas podrían haberse manejado mucho mejor, pero que todo se revelara antes de tiempo -aunque ella no tuviera intenciones de hacerlo, por muy horrible que pueda sonar- fue un gran desastre. Todo se les fue de las manos. Sin embargo, no estaba arrepentida; al contrario, estaba aliviada. Ahora podría estar todo el tiempo con Quinn, sin interrupciones de ningún tipo -a no ser que se tratara del club Glee-; y éso la ponía contenta. Es más, Rachel se encontraba sonriendo en ese momento, sentada en su silla durante la reunión con el coro, sentada al frente, como siempre. Quinn estaba sentada con Puck, en las filas de atrás, y la morena se volteó a mirarla, a admirarla. Admirar lo bella que era aquella rubia y lo suertuda que era ella por tenerla en su vida, por poder abrazarla, besarla y despertarse a su lado en las mañanas. Dejó salir un suspiro de felicidad; y no fue sino hasta que volvió su mirada al frente que se dió cuenta de que Finn había pasado a cantar. Tenía las manos en los bolsillos y miraba al suelo o a la pared del fondo al cantar, pero no mantenía contacto visual con nadie. Pero bueno, que cantara era algo bueno para el club ¿No?
Take it back, take it back.
I don't want your lovin' anymore.
Let me live. Let me live.
It's not you who I'm singing for.
So don't sit next to me.
Sit by yourself.
Rachel se quedó sentada en su asiento, observando como Finn cantaba, incómodo al parecer con tener toda la atención puesta sobre él. Por suerte nadie se había enterado de lo que había sucedido en las duchas, -le convenía que fuera así- simplemente porque si no ni estaría presente allí, cantando; se hubiera cambiado de colegio -probablemente a una escuela en la luna-; la humillación llevaría a que su reputación desapareciera por completo. Era por éso que cuando le preguntaban qué le sucedía, él simplemente respondía que estaba teniendo un mal día. Sólo un mal día.
- Señor Schuester -le susurró Rachel a William luego de que practicaran la canción grupal de la semana.
- ¿Qué sucede, Rachel? -preguntó algo preocupado por el bajo tono de voz que estaba implementando la morena-. ¿Estás bien?
- Si, está todo bien. Quería pedirle permiso para pasar a hacer una última presentación.
- Ah, si -dijo asintiendo, aliviado de que no le pasara nada-. Pasa adelante.
La morena se puso en medio del salón, justo al lado del negro piano. Junto sus manos frente a ella y respiró profundo, esperando a que la banda empezara a tocar.
This guy was meant for me,
and I was meant for him.
This guy was dreamt for me,
and I was dreamt for him.
This guy has danced for me,
and I have danced for him.
This guy has cried for me,
and I have cried for him.
Comenzó a cantar la morena. Finn estaba atento. Rachel pudo jurar que el brillo había vuelto a los ojos del mariscal. Suspiró por dentro. Después de todo, quizás iba a poder recuperar a su amigo. El único que estuvo con ella -si bien era porque él tenía sentimientos involucrados que se volvían su motivo ulterior- desde prácticamente el principio, el único que conoce lo peor y lo mejor de ella. El único que la soportó. Dejando de lado todos los defectos de Finn -pues ella también tiene, todos tienen-, era de verdad un buen amigo. Y probablemente el primero que tuvo en toda su vida. En cuanto su mirada y la del QB se cruzaron, ella sonrió y él le devolvió el gesto, débilmente, pero igual.
Many miles, many roads
I have travelled.
Fallen down on the way.
Many hearts, many years,
have unravelled,
leading up to today.
. . . .
Rachel había tomado una postura bastante positiva en cuanto a la Debacle de las Duchas, como pasó a llamar al Incidente en el que Finn las Encuentra con las Manos en la Masa -literalmente-. Para ella, se sentía mucho mejor que él supiera la verdad y, si bien, estaba triste por él. le incomodaba más el hecho de que Quinn estuviera actuando rara. Rara en el sentido de que no mantenía contacto físico -de ningún tipo- casi en absoluto; como si le doliera que la tocaran. Más que nada que Rachel la tocara. Y éso le extrañaba mucho, a decir verdad, y le preocupaba.
El hecho de que la rubia se estuviera distanciando y el no obtener respuesta lógica a aquel extraño comportamiento de Quinn, la frustraba. No estaba de humor para ser molestada, pero al parecer, Santana no había captado bien la expresión en su rostro que decía claramente 'no te acerques o te puedo llegar a morder'.
- ¿Puedes cortarla por un minuto? Hay cosas más importantes que escuchar tus insultos, así que no necesito que estés todo el día encima mío. Yo, por mi parte, no tengo tiempo para jugar a tus pequeños y torpes juegos porque estoy bastante ocupada al momento debido al hecho de que no pudieras mantener tu bocota cerrada -dijo, parándose frente a la latina y descargándose con ella. Se lo había buscado. Santana entrecerró los ojos.
- Escúchame, enana, y escúchame cuidadosamente porque sólo voy a decir ésto una sola vez. Era para mejor. Todos ganaban. Y yo hice lo que tu obviamente no ibas a hacer -Rachel dejó caer sus cejas y levantó sus dedo índice mientras abría la boca para replicar, pero Santana se le adelantó-. Ni siquiera si Q te dijera que te ama.
Bueno, éso simplemente fue una sorpresa.
- ¿Alguna vez dijo algo al respecto? -preguntó, una sonrisa formándose en su rostro. Santana puso los ojos en blanco mientras se cruzaba de brazos.
- No necesitaba hacerlo. Fácilmente puedes darte cuenta. Ustedes dos parecen no conocer lo que la gente normal llama 'sutileza' -respondió, provocando que Rachel sonriera aún más ampliamente. Brittany apareció desde el baño. Habían terminado la práctica con las Cheerios y acababan de salir de bañarse, supuso Rachel, debido a que la remera de Brittany estaba mojada en los hombros y su pelo estaba húmedo.
- Es siempre un placer hablar contigo, Santana.
- Si, si -respondió, frunciendo el ceño.
- No, de verdad. Debo agradecerte por lo que has estado haciendo por Quinn y yo. Incluso aunque las formas que tienes de demostrar que nos quieres sean misteriosas y raras. Así que, gracias, Santana -dijo Rachel, llevando su mano al antebrazo de la latina que intentó esconder una sonrisa. Rachel sonrió al notarlo, y dicha latina desvió la mirada, fingiendo estar molesta.
- Lo que sea -dijo, corriendo su brazo-. Vamos, B.
- Nos vemos después, chicas -saludó Rachel.
- Adiós, Rachel -dijo Brittany saludando con la mano, abriéndola y cerrándola. La morena le devolvió el saludo de la misma manera mientras sonreía y trataba de controlar sus impulsos de correr hacia la ducha en la que estuviera Quinn y tomarla ahí mismo. Debía respetarla, pero le dolía que ella estuviera rara.
. . . .
Quinn había estado actuando rara desde todo El Incidente. Las cosas se habían vuelto tensas desde ese entonces, la culpa llenando sus venas, evitando que pudiera disfrutar completamente la compañía de la morena. De verdad se sentía culpable. Esa era la segunda vez que se veía envuelta en el rompimiento del corazón de Finn. Se sentía horrible. ¿Qué tal si ella estaba destinada a destruir la vida de las personas? ¿Qué pasaría si no era capaz de hacer feliz a Rachel? ¿Qué sucedería si sólo fuera capaz de romper su corazón? No podría perdonárselo. Estaba asustada de sí misma, mayormente. Tenía miedo de que su oscura naturaleza tomara posesión de ella y saliera a la luz otra vez, para destruir todo. Para destruir a Rachel.
Nunca se podría perdonar a sí misma.
Se tenía miedo a sí misma. La asustaba la idea de ser la razón por la que las cosas no funcionarían entre ella y la morena en cuestión. Tenía miedo de herirla. Tenía miedo de su viejo yo, el monstruo que solía ser, ese nudo de frustraciones que solía herir gente como Rachel, sólo para descargarse un poco; usándolos como bolsas para golpear.
Se sentía menos valiosa que nunca.
Rachel habrá podido tomar la situación bastante positiva, pero Quinn por su parte, estaba bastante incómoda con aquella situación en la que se encontraban. De alguna manera se sentía sucia y si bien el toque de Rachel siempre lograba tranquilizarla, al instante la culpa la invadía y debía cortar el contacto de forma instantánea. No buscaba de ninguna manera hacerla sentir mal, pero simplemente sentía que no merecía estar con ella. Con Rachel.
. . . .
Lo que Santana le había dicho le había levantado un poco el ánimo así que decidió poner en marcha un pequeño plan: averiguar qué sucedía con Quinn. ¿Cómo? Bueno, si le incomodaba mantener contacto físico con ella, entonces éso era exactamente lo que iba a hacer. Sería beneficioso para ambas y además en algún momento la rubia tendría que ceder. ¿No?
Perfecto.
Rachel sonrió cuando vió a Quinn salir con la toalla enrollada alrededor de su torso y se sentó derecha, con las piernas cruzadas y sus manos unidas sobre su falda. Esperó en silencio hasta que la rubia se terminó de vestir, y en cuando lo hizo, la agarró por la muñeca y la llevó a su auto para ir a su casa.
. . . .
Por suerte -y por desgracia a la vez-, Quinn no tardó mucho en ceder. Con el primer intento fue suficiente. Rachel la había llevado prácticamente corriendo a la habitación y había cerrado la puerta con llave, acorralando a la rubia y llevándola hasta su cama, donde la hizo acostarse y se posicionó sobre ella, capturando sus labios al instante. Quinn respondió el beso, pero de repente, la sacó de encima suyo y ahí fue cuando lo dijo, respondiendo al interrogante que había estado molestando a Rachel al punto de costarle poder quedarse dormida.
- No, Rachel. No puedo hacer ésto. Lo siento -dijo, alejándose del calor del cuerpo de la diva que estaba recostada sobre su espalda en el medio de su cama, y se quedó parada en el medio de la habitación.
- Está bien, Quinn. No necesitamos hacer ésto si tu no quieres -dijo la morena sentándose al pie de la cama, dándole palmaditas al lugar a su lado para que la rubia se sentara. Por suerte, a pesar de que actuó un poco dubitativa al respecto, se sentó.
- No, Rachel. No está bien -dijo Quinn, mirando al suelo, un poco más adelante de donde estaban apoyados sus pies-. No deberíamos estar juntas -un pedazo del corazón de Rachel se rompió al escuchar salir esas palabras de la boca de Quinn y estaba a punto de entrar en pánico-. No te merezco. No merezco ésto -dijo, moviendo sus dedos índice y medio en el espacio entre ella y Rachel.
- Quinn, ya te perdoné -dijo apoyando su mano en el hombro izquierdo de la rubia.
- Sé que lo has hecho. Pero no deberías haberme perdonado. Tú perdonas muy fácilmente. No me lo merezco después de todo lo que te hice. Después de todo el dolor por que te hice pasar. Te molestaba porque no podía superar mis sentimientos hacia tí. Éso es lo más infantil y estúpido que una persona puede hacer -Rachel arrugó la frente.
- Pero confío en tí ahora.
- Pero quién dice que no te lo voy a hacer nuevamente. Romper tu corazón, tratarte como basura. Tú dejas que la gente te pase por encima, Rachel, y no deberías dejarlos tratarte como si fueras nada. La gente aquí es simplemente estúpida y de mente demasiado cerrada como para darse cuenta de que tú eres... Todo, en realidad -se quedó en silencio un rato, pero no lo suficiente como para dejar a Rachel digerir lo que le estaba diciendo, y hablar-. No deberíamos estar juntas y tú no deberías haberme perdonado. No represento nada bueno para tí. Soy temperamental y malhumorada. Tiendo a tratar mal a la gente y no soy capaz de hacerte feliz. No te merezco, Rachel -dijo mientras se levantaba otra vez-. No merezco tu amor, ni tampoco tu corazón o tu cuerpo. Creo que lo mejor sería que me fuera y te dejara ser feliz. Éso es lo menos que puedo hacer para redimirme contigo.
- Quinn... -dijo Rachel, pero el timbre de la puerta la detuvo.
- Rachel, ¿puedes ir a atender, hija, por favor? -gritó su padre desde el estudio. Rachel dejó salir un suspiro de frustración y se levantó, abriendo la puerta cerrada con llave.
- Voy al baño -dijo en voz baja Quinn.
- Okay -dijo asintiendo Rachel mientras miraba a Quinn acercarse para salir por la puerta. La detuvo, agarrándola por la muñeca delicadamente y la rubia la miró. Llevó sus manos a cada lado del rostro de porcelana de la porrista y la miró a los ojos profundamente. Ambas estaban asustadas, sus labios torcidos hacia abajo como si las estuvieran lastimando y las cejas caídas. Rachel acercó su rostro y posó sus labios sobre los de Quinn, manteniéndola cerca. El timbre sonó otra vez. La morena miró preocupada a la rubia una última vez luego procedió a bajar las escaleras.
- Finn ¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó Rachel, extrañada por ver al QB en su puerta, con las manos en los bolsillos como cuando pasó a cantar en el club Glee.
- Vengo a recuperarte.
- ¿Perdón? -preguntó, frunciendo el ceño-. ¿Qué es lo que quieres decir?
- Sé que esa canción era para mí y sé que estás confundida y arrepentida; pero de alguna manera ella te mantiene atada, como lo hizo conmigo.
- Y con ella te refieres a Quinn, ¿no? -preguntó algo molesta por la dirección que rápidamente estaba tomando la sorpresiva visita de Finn a su casa.
- Rachel, cariño. ¿Quién es? -preguntó Michael asomándose. En cuanto vio la expresión en el rostro de su hija y la postura del chico que estaba en la puerta (que, pudo observar, se trataba de Finn Hudson), dejó caer sus cejas, confundido-. ¿Qué sucede aquí?
- Nada, Finn ya se estaba yendo, en realidad -dijo, tirándole una mirada al chico.
- Señor Berry, no debería dejar que Quinn se acerque a su hija -dijo y Rachel lo miró, sin entender qué estaba haciendo.
- Ciertamente tú no eres quién para decirme qué puedo hacer y qué no -dijo, y Finn se acomodó en donde estaba parado, mirando al suelo-, ya que soy un adulto y puedo tomar mis propias decisiones pero, ¿Por qué dices éso? -'Pobre, está celoso' pensó Michael. Después de todo, se notaba a kilómetros que no había química entre él y su hija. Él era una simple distracción para ella, que no estaba interesada en absoluto en él. Cualquiera podía darse cuenta de ello. Y cualquiera podía darse cuenta de la cantidad enorme de tensión sexual sin resolver entre Quinn y su hija durante los últimos encuentros que tuvieron durante las fiestas. Además, la rubia le hacía bien a su hija. La hacía sonreír. La tranquilizaba.
- Señor Berry ¿Tiene alguna idea de lo que ha estado sucediendo?
- Finn, ésto no es de su incumbencia. Mejor hablemos después, cuando estés más calmado -respondió. Las cosas se estaban yendo de sus manos otra vez.
- ¿Cuando esté más calmado? ¿Por qué debería de estarlo? Me estuviste engañando por Dios sabe cuánto con esa... Perra -dijo, explotando repentinamente.
- Cuida tu lenguaje porque estás hablando con una dama -dijo Evan, apareciendo de la nada, captando la atención de Michael, Rachel y Finn.
- ¿Ustedes, señores Berry, saben acaso algo de Quinn Fabray? -preguntó Finn. Evan y Michael se miraron entre ellos y Rachel observó a sus padres mientras dejaban caer sus cejas. No, no sabían casi nada de la porrista, con excepción de lo que Rachel les había contado y lo que pudieron ver por ellos mismos el tiempo que Quinn estuvo yendo a su casa. Finn prosiguió-: Bueno, les voy a explicar. Ella no es lo que ustedes creen. Ella es despiadada. No sólo no trataba bien a Rachel, sino que se encargaba de hacerle su vida imposible. Se ocupó de hacerlo hasta hace no mucho.
Evan miró a su hija, confundido. No podía ser así. Rachel no lo miró.
- Rachel, por favor, dime que no es cierto. Dime que está mintiendo -dijo, apoyando sus dedos índice y pulgar en el puente de su nariz. Ella no respondió.
- ¿Que está sucediendo aquí? -preguntó Quinn que, al escuchar todo el griterío escaleras abajo, decidió ver que sucedía.
- ¿Qué está haciendo ella aquí? -preguntó Finn indignado, enojándose aún más.
- Dime que está mintiendo, Rachel -dijo por última vez. La morena levantó la mirada del suelo para mirarlo, y sólo éso bastó para que la ira invadiera el cuerpo de Evan.
- Sabía que Rachel no nos estaba contando toda la historia entre tú y ella, pero nunca creí que podrías ser capaz de éso. Nunca creí que podrías hacerle mal a alguien sólo porque no te sentías bien contigo misma. Y después de que Rachel te perdonara se lo volviste a hacer.
- Pá. Basta, detente -dijo Rachel.
- No, Rachel -dijo y volvió a mirar a la rubia, que lo miraba seria, con las lágrimas juntándose al borde de su párpado. Me lo merezco, se dijo a sí misma-. No puedo creer que te haya dejado entrar a mí casa. No entiendo cómo hiciste para que me hija te perdone -se interrumpió a sí mismo-. Bueno, sí, lo sé. Porque su alma es tan pura que no puede soportar no perdonar a alguien, incluso aunque ése alguien la haya tratado tan mal como tú lo has hecho. Pero yo, oh, yo no soy como ella. No con gente como tú. Mi perdón no lo obtienes así como así. No te lo mereces, porque eres una mala persona, Quinn Fabray. No te mereces estar con mi pequeña porque ella se merece algo mucho mejor de lo que tú le puedas brindar.
- Basta -gritó Rachel-. He dicho que ya es suficiente.
Quinn se quedó en silencio y luego comenzó a caminar hacia la puerta.
- Quinn ¿A dónde vas? -preguntó preocupada Rachel, parada donde había estado hasta que la rubia se movió. Todos estaban en silencio.
- Él tiene razón. Yo debería irme -dijo Quinn mirando a la nada-. Perdón. Por todo. A todos.
Y una vez que dijo éso, sus pies comenzaron a moverse y desapareció detrás de Finn, cerrando la puerta detrás de sí misma al salir de la casa. Sus miedos habían sido confirmados. Al final no estaba tan loca al creer que podría lastimar a Rachel de nuevo. Todo lo que creía acerca del asunto de ser capaz de romperle el corazón a la morena simplemente aumentó luego de haber escuchado a Finn gritar mientras ella estaba en el baño y a Evan decírselo a la cara, como si fuera la basura más inmunda, haciéndola sentir tan pequeña y con ganas de tirarse al suelo en posición fetal y llorar hasta morir. Se preguntó si así se habrá sentido Rachel cuando ella la trataba mal, como si fuera basura, pasando sobre ella; y lo único que hizo fue empeorar cómo se sentía.
Quinn tenía miedo, pero era lo mejor; porque si lastimaba nuevamente a Rachel, no se lo iba a poder perdonar nunca.
. . . .
- Vete, Finn. Ya no tienes nada que hacer aquí, ya hiciste suficiente. Si de verdad me amas, como tanto dices, haz algo por mí por primera vez desde que nos conocemos, y vete -dijo Rachel.
- Sólo estás confundida, Rachel -dijo Finn, llevando sus manos a cada lado del rostro de la morena, que lo miró preocupada. Incluso aunque él estaba frente a ella, hablándole, ella no podía lograr concentrarse. Su mente estaba en otro lugar. Y ése lugar era donde estaba una cierta rubia.
- No, Finn. No lo estoy. La amo. Y a veces mucho más de lo que creí. La amo más que a Jesse y ciertamente mucho más que a tí -dijo, retirando las grandes manos del mariscal de su cara.
- ¿Por qué la amas? Si ella no hizo más que tratarte mal. Yo siempre estuve contigo desde el principio. Yo te entendía y te quería por como eras. Con tus virtudes y con tus defectos. Te amo como eres. ¿Por qué quieres estar con alguien así?
- No trates de hablar de quién me quiso como soy o lo que sea. No me vengas con esas estupideces, por favor -dijo, sorprendiendo a Finn por su vocabulario-. Tu eres tan malo como ella. Te podrá haber molestado lo que me hizo, pero tu nunca, y digo nunca, hiciste nada al respecto. Nada para solucionarlo. Nada. Así que deja de actuar como si fueras mi héroe, o mi salvador, porque no eres nada parecido.
- Pero, Rachel...
- Pero, nada. Finn. Por favor, vete -dijo. Finn se quedó parado en la entrada, mirándola, con sus manos otra vez en los bolsillos-. Vete -gritó, rompiendo el silencio, sorprendiendo a todos un poco debido al aumento en el volumen de su voz. Finn se dio vuelta y se fue. Rachel suspiró, masajeando sus sienes con sus dedos.
- ¿Qué acaba de suceder? -preguntó Michael, que había presenciado toda la discusión.
- Finn está enojado porque lo engañé con Quinn, y tiene razón de estarlo. Y Quinn se fue porque dice que no me merece.
- En absoluto -dijo Evan.
- Se va porque dice que, incluso aunque me ama, cree que no es lo suficientemente buena para hacerme feliz. Papá, se está yendo porque quiere que yo sea feliz. Éso, lo único que demuestra es que de verdad se interesa por mí; y es por éso que está equivocada cuando dice que no me merece. Yo ya la perdoné, papá.
- Si, pero tu perdonas demasiado fácilmente -Rachel puso los ojos en blanco. Ahora entendía de donde había heredado la testarudez.
- Y si yo la pude perdonar, tú también puedes. La amo, papá. Y necesito que aceptes éso y que reconozcas que los sentimientos de ambas partes, de Quinn y la mía, son mutuos. Ella saca lo mejor de mí y yo ciertamente saco lo mejor de ella. Bueno o malo. Conozco sus dos lados, el bueno y el malo, por éso que sé de lo que estoy hablando. Y sé que Quinn sólo está asustada. Siempre está asustada, incluso aunque no lo quiera demostrar. La conozco, papá -Evan guardó silencio.
- ¿Y qué va a pasar con Finn? -preguntó Michael.
- Ya se le va a pasar, eventualmente. Y si no, en realidad no me importa. Lo que me importa es que hay una chica allá afuera, caminando hacia la nada, en el medio de una tormenta, que me ama. Que me ama tanto que siente que no me merece y que está dispuesta a dejarme ir si éso es lo que me hace feliz. Esa chica allá afuera, es especial y necesito aferrarme a ella por lo que más quiera. Me hace tan bien, pá. De verdad. La Quinn de la que Finn te habló se esfumó hace mucho. No ha hecho más que ser buena conmigo desde que volví de Cleveland. Ella me ama. Y no lo digo porque lo siento, ya no. Lo digo porque le sé, porque me lo confirmó. Y me lo sigue confirmando día tras día, en tan diferentes maneras que a veces me deja sin aire.
- Ve a buscarla, entonces -le dijo Michael, abrazando a Evan por el hombro y acercándolo hacia él.
- No trajo su auto, así que no debe estar muy lejos -dijo Rachel, buscando su abrigo rápidamente y mirando hacia fuera de la ventana, dejando salir un quejido al ver la condición climática tan no apropiada para salir corriendo de la casa sin un abrigo puesto-. Espero que no sea demasiado tarde. Más le vale que no se enferme, porque si no va a estar en problemas conmigo.
Michael rió. La Rachel normal volvió. Ésa que se preocupa demasiado, a veces, por cosas que la gente común no le da importancia. Pero su hija no era una persona común y corriente. No. Y el brillo de siempre había vuelto a sus ojos.
. . . .
Rachel salió de su casa rápidamente, mirando hacia qué lado dirigirse. No tenía ni idea pero le pareció que lo más sensato sería ver si se había ido al parque que estaba cerca de allí. Decidida, comenzó a caminar, llegando rápidamente al lugar en cuestión y vió a cierta rubia sentada en una de las bancas.
- Quinn -dijo en voz alta. Si, era ella. Sin embargo, la rubia se paró y comenzó a caminar en dirección contraria a ella. Rachel dejó caer su cabeza, con el abrigo para Quinn fuertemente apretado contra su pecho, para que no se mojara tanto y dejó salir un suspiro-. Quinn, ven aquí -dijo, caminando detrás de la porrista que no se detuvo.
- Rachel, vuelve a tu casa. Está lloviendo -respondió, todavía caminando, dándole la espalda a la morena.
- Quinn Fabray.
- ¿Qué, Rachel Berry? -preguntó Quinn, finalmente deteniéndose.
- Ven aquí ahora mismo y abrígate.
Quinn se volteó lentamente, su mirada triste, rogando por perdón. Un perdón que Rachel le había dado hacía ya mucho tiempo pero que ella seguía sintiendo que no merecía. La morena se acercó y colocó el abrigo alrededor del torso de la rubia.
- Colabora un poco -dijo, haciendo referencia a que la ayudara a ponerle las mangas. En cuanto logró su objetivo, sonrió, satisfecha consigo misma-. Así está mucho mejor.
- ¿Por qué eres tan perfecta? Siempre eres tan atenta -dijo Quinn, observando su abrigo-. Me haces más difícil querer irme.
- Entonces no te vayas -dijo Rachel, cerrando la campera y luego levantando su mirada hacia los ojos triste de la rubia-. Te amo.
Quinn se quedó en silencio, mirando a Rachel a los ojos. Suspiró lentamente y cerró los ojos.
- Yo también te amo -Rachel sonrió ampliamente, pero éso Quinn no lo pudo ver porque seguía con los ojos cerrados. O al menos los tuvo cerrados hasta que sintió los ligeros brazos de la morena enrollarse alrededor de su cadera, apretándola contra su pequeño cuerpo-. Pero no te merezco.
- Yo digo que sí. Por éso estoy aquí, siguiéndote. Te seguiría por todo el mundo si fuera necesario -dijo mientras que veía a Quinn abrir sus ojos y apoyar sus pálidas manos en su pequeños brazos, sonriendo ligeramente mientras los acariciaba con sus dedos pulgares-. Tú me haces feliz. Por éso te tienes que quedar. Tú me haces feliz, Quinn -dijo, moviéndola un poco-. Quinn, mírame.
La rubia levantó lentamente su mirada, que estaba concentrada en el movimiento de su dedo pulgar en el brazo de la morena, a aquellos ojos chocolate.
- Te amo. Lo digo en serio. Y te necesito tanto o más de lo que tú me necesitas a mí. Y sé que me necesitas porque soy irresistible -sonrió Rachel mientras se encogía levemente de hombros. Quinn sonrió también, observándola anonadada, asombrada. Estaba tan enamorada de ella que el rápido latir de su corazón la abrumaba. La sostuvo fuerte por los brazos, como evitando que se escapara, como tratando de entender que de verdad estaba pasando y que no estaba soñando, como tantas otras veces; y Rachel respondió el gesto apretando el cuerpo de Quinn más fuertemente contra el suyo. Quinn se inclinó un poco hacia delante y le dió un delicado beso en los labios. Sólo uno, respirando lentamente, sintiendo las gotas de lluvia caer y deslizarse sobre sus rostros. Rachel se separó un poco.
- Quinn, aquí afuera te pueden ver.
- No importa -respondió, abriendo los ojos y admiró la profundidad de los ojos marrones de Rachel-. Tú te mereces ésto. Te mereces poder ser tú misma y no tener que ocultar cosas. Después de todo, es una de las cosas por las que te amo. Siempre fiel a tí misma, sin importar nada. Sin importar lo que los demás digan o piensen. Si tú eres feliz, yo soy feliz.
- Quinn Fabray ¿Desde cuándo te has vuelto tan cursi? -rió Rachel.
- No sé -respondió, sonrojándose un poco, pero lo suficiente para que la morena se diera cuenta. Rachel sonrió, tan alegre de tener a Quinn nuevamente en sus brazos. Cerró el espacio que quedaba entre sus rostro y besó a la rubia. Hacía ya un rato que no lo hacían.
Deep in my heart I'm concealing
Things that I'm longing to say
Scared to confess what I'm feeling.
Frightened you'll slip away.
You must love me.
