Capitulo 26

Aturdido se puso de pie, debía buscar la manera de abrir la celda, eran las órdenes y si fallaba bien podía despedirse de su racha de buena suerte con el Señor Tenebroso.

Ni siquiera bombardas máximas pudieron hacer ceder un poco la puerta, ni un rasguño mostraba sus esfuerzos por abrirla. Aunque una vocecilla en su cabeza le hizo acercarse a la puerta "lo mas sencillo puede ser lo mas acertado"… tomo el pomo de la puerta y esta dejo de sacudirse, la voz en el interior de la habitación dejo de gritar, giro poco a poco la esfera de metal helado y un clic le indico que no tenia llave; ¡vaya! Que simple… Severus pensaba eso cuando un viento fortísimo volvió a lanzarlo hacia el muro contrario.

Un hombre de aproximadamente cuarenta años y dos metros de estatura lo miraba furioso desde el interior de la celda, un par de jóvenes aterrados se encontraban acurrucados en uno de los rincones hechos un ovillo.

—¡no te atrevas maldito asesino!— grito el hombre, enarbolaba su varita rabioso y sin gritar el conjuro lo arrojó de nuevo hacia el muro, sacando el aire de sus pulmones, Snape actuó rápido y giro en el piso levantándose fuera del rango de tiro, un liquido tibio humedeció su costado derecho.

No hablo, solo disparo una y otra vez hacia el hombre que como una enorme mole salió de la celda, los impactos de los conjuros solo lo hacían trastabillar mas no caía, un reducto hizo añicos el muro a su lado y parte del techo cayo sobre él, aturdiéndolo por unos segundos, Snape aprovecho y lanzo un Sectumsempra que logro mutilarle parte del rostro, más no hizo un gesto de dolor, ni un solo ruido, solo siguió avanzando hacia el mortífago, perdió la varita cuando el techo lo golpeo y ahora buscaba detenerlo con sus propias manos.

—Avada kedabra— susurro casi sin aliento, retrocediendo ante el enorme hombretón, el conjuro golpeo directamente en su cabeza, los ojos quedaron en blanco más no cayo, lanzo un bombarda y su brazo derecho quedo destrozado, un muñón sangrante se extendía hacia él que retrocedía lentamente, ¿qué demonios era eso?

El tipo estaba ya a unos pasos de Severus, se le ocurrió lanzar un fyrefiend, el cuerpo se encendió de inmediato, trozos de piel carbonizada comenzaron a dejar un rastro más no se detenía, debió moverse rápidamente para salir de su camino, giró veloz y el cuerpo ardiendo comenzó a seguirlo, pedazos de ropa y carne quemados quedaban tras el, sus órganos internos comenzaban a quemarse y goteaban como cera liquida más no caía, fue cuando Severus se percato de que no eran dos, sino tres personas las que se ocultaban en la celda; una mujer joven guiaba con su varita los movimientos del cadáver que poco a poco le daba alcance, logro mediante un conjuro lanzarle a la titiritera un enorme trozo de muro distrayéndola, en cuanto bajo su varita el esqueleto incendiado cayó al suelo convertido en una hoguera pestilente.

—¡no te atrevas!— chilló la mujer, fue lo ultimo que pudo articular ya que con un imperius Severus pudo contenerla de inmediato, tuvo que aguantar el impulso de hacer un buen crucio con ella, el costado le dolía enormemente, pero no había tiempo para nada más; miro al interior de la celda y los jóvenes solo se abrazaban temblando aterrorizados.

— ¡Arrojen sus varitas!— ordeno y obedientes le lanzaron no solo sus varitas, uno de ellos era una chica que se puso de pie y lanzó también un objeto plano y plateado, el trozo de un espejo de doble cara.

—El ministerio ha sido notificado, en poco tiempo vendrán— susurro con voz temblorosa; no se tomo la molestia de responderle, con un gesto les indico que salieran al pasillo y con la auror bajo el influjo del imperius los hizo bajar hasta el patio donde Alecto y su hermano, lo esperaban junto con el resto de los invasores.

—no van a funcionar bien esas varas— les dijo sin soltar el conjuro sobre la auror –ellos tenían estas, así que acabemos pronto con esto— arrojo a sus pies las varitas de los dos novatos aurores prisioneros, él guardó para sí mismo la varita de la bruja que desarmara, Michael regresaba de su incursión, arrastraba detrás de él a un auror que no paraba de transformarse, lo arrojó como fardo a un costado de los demás prisioneros.

Alecto sonriente dio un paso, tomo el rostro del muchacho que ahora temblaba, las manos sucias de la mortífago acariciaron las mejillas cubiertas de lagrimas del auror.

— ¿Ahora lloras?— susurro pegando sus labios resecos en las tersas mejillas – anoche todavía me llamabas perra asesina mientras te divertías— con la otra mano presiono con fuerza la entrepierna del chico –te burlabas de que yo no me divertía como tu, ¿recuerdas maldito sangre sucia? –apretó con más fuerza, otros mortífagos ya se reunían con ellos y miraban la escena sin interrumpirla.

— ¡Suéltame asquerosa asesina!— más que una exigencia, el chico suplicaba con un llanto apagado.

—claro que voy a soltarte cariño— ronroneo Alecto divertida –pero voy a llevarme un par de recuerditos de ti— pego sus labios a los labios suaves del chico, mordiéndolos hasta hacerlos sangrar — ¿recuerdas el día que llegue aquí?— la mujer ahora se regodeaba en el claro triunfo mortífago, los hechizos explosivos eran cada vez menos, vampiros y dementores comenzaban a abrir más su rango de ataque y seguramente en la población pesquera cercana comenzaban ya a perder gente.

— ¡la basura llega cualquier día!—Soltó la chica que hasta ahora no había dicho nada, la mantenían hincada junto con la otra mujer, en su inexperiencia al tratar con mortífagos los dejó en evidencia que ambos eran aurores principiantes y tanto el montón de cenizas en que se convirtió el tipo que ataco a Severus, como la que ahora tenia bajo el imperius eran sus entrenadores.

— ¡Sshh!— Amycus la hizo callar con un chistido y una fuerte bofetada –es cosa de mi hermanita y tu noviecito— sonrió torcidamente –tú y yo nos divertiremos más tarde muñequita—

— ¿ya escuchaste? A mi hermanito le gusta tu novia, es una chica con tanta suerte— Alecto no soltaba a su presa, una mancha húmeda marcaba ahora la entrepierna del muchacho –hmm, esto no es lo que quería sacar de ti- acentuó el gesto psicópata en su rostro… ¿duele mucho cariño?— él no contesto, sudaba copiosamente, apretaba los ojos y los labios conteniendo un aullido por la desgarradora sensación que nacía en sus testículos –a ti no te importó si me dolía o no— susurro y apretó con fuerza clavando sus uñas haciendo que su victima por fin se retorciera y gritara con fuerza -aunque no tienes idea de cuanto placer me diste...¡creyendo que me torturabas!-

— ¡Alecto date prisa!— ordeno Severus, tenían que volver pronto a la playa.

—como digas— contesto algo molesta –ya oíste cariño, me están apresurando— soltó al auror y dio un paso atrás, cinco marcas sanguinolentas comenzaron a manchar los pantalones del chico donde antes se clavaron las garras de la bruja – ¿podría alguien prestarme una varita?— le lanzaron una y ella la tomo de inmediato –veamos cariño, ¿recuerdas tus clases de duelo?— el muchacho apenas y pudo ponerse de pie.

—No voy a caer en tu juego— contesto soltando su varita.

— ¡Se ha rendido!— grito el hermano de la mortífaga, levantó la varita y se la arrojo a Alecto.

—No ha terminado aquí cariñito— siseo la bruja levantando su trofeo y dando un grito de triunfo.

— ¡maldita sea Alecto tenemos que irnos!— gruño ahora Lucius. Cada uno se fueron desapareciendo ya fuera con un preso herido, un auror prisionero o los restos de alguno de sus compañeros.

Lord Voldemort ya los esperaba en su mansión, los liberados eran llevados de inmediato a las habitaciones que se prepararon anticipadamente para recibirlos; quienes llevaban los huesos de quienes murieron en prisión eran depositados respetuosamente en una enorme plancha de concreto que Peter había armado mientras se desarrollaba la batalla, los que llevaban prisioneros los encadenaban en los sótanos, la diversión apenas comenzaba para algunos.

—Veo que ha sido un rotundo éxito— Nagini los miraba satisfecha sometiendo a los prisioneros.

—Gracias a usted mi señora— susurro Snape quitándose la mascara mortífaga, el dolor del costado era suficiente para cortarle la respiración –el mapa fue de gran ayuda—

— ¿Qué te sucedió?— no era preocupación lo que la hacia preguntar por su estado, sonreía y miraba morbosa la mancha húmeda en la túnica.

—un auror me dio una paliza antes de convertirlo en antorcha ambulante— susurro –pero no es tan grave como para perderme la fiesta— respiro profundo y salió del sótano.

— ¡Severus!— la chica Carrow le grito desde las escaleras, bajo corriendo a su encuentro y lo abrazó con fuerza, con tal efusividad que posiblemente fue cuando se le rompió una cuarta costilla — ¡me ha dicho el Señor Tenebroso que tu dirigiste parte de nuestro rescate!— ahora ya limpia y bien vestida era una joven y guapa mujer emocionada por ser de nuevo libre, nada que ver con la bruja sedienta de sangre y venganza de minutos atrás.

— ¡te falta romperle las costillas a Fenrir y a Lammar! ellos también tuvieron mucho que ver— gimió adolorido zafándose de su abrazo.

— ¡lo se!— sonrió divertida –pero si de abrazar a un hombre lobo a un vampiro o a ti, eres la mejor opción— le guiño el ojo –debo agradecerte apropiadamente—

—agradezco tu oferta— afortunadamente su rostro sigue siendo una mascara fría que no ha cambiado en lo absoluto –pero por ahora solo quiero una poción para reparar mis costillas— la chica torció los labios molesta –quizás en otro momento— apretó su costado y la dejo parada frente a las escaleras, el dolor era ya insoportable.

Casi amanecía cuando el efecto de las pociones curativas que bebió quito totalmente el dolor; el Señor Tenebroso entró en ese momento a la habitación que se acondiciono como enfermería, muchos resultaron heridos más no tuvieron bajas como los aurores, Voldemort sonreía satisfecho.

—mis fieles seguidores— siseo mirándolos desde la puerta –su sangre ha borrado del mapa uno de los sitios más infames del mundo mágico— comenzó a caminar entre los heridos y los que fueron rescatados –ustedes fueron nuestros mártires y recibirán los honores que merecen— dijo a Amycus que se dejaba asear por una bruja joven que coqueteaba con él desde su llegada a la mansión.

—ustedes— se dirigió a los que curaban sus heridas, entre ellos Severus –su sangre los convierte en héroes a nuestra causa— miró fijamente al pelinegro –mis comandantes reafirmaron su lealtad hacia mi, y serán recompensados ampliamente— avanzó directamente hacia él –Severus, voy a encomendarte una nueva misión, se que la cumplirás sin chistar— bajo la voz hasta un nivel en que solo su interlocutor podía escucharlo.

—Trae a mi pequeña— sonrió entrecerrando los ojos –quiero conocerla y que ella me conozca—

— ¿aunque ella se encuentre en…? – pregunto confundido.

—donde se encuentre, ve y tráemela pues quiero compartir con ella el triunfo de esta noche, pasado mañana, a medio día— y dio media vuelta sin darle la oportunidad de decir nada más.