Capítulo 26: Tanaerum

Un nuevo salón se abrió delante de ellos. Albus tardó en acostumbrarse a la pobre iluminación de esta nueva habitación en comparación con la sala custodiada por los animales de piedra.

Esta vez, se encontraban en una habitación oval, con paredes de piedra lisa desde la que colgaban antorchas, dándole un aspecto muy parecido a las mazmorras del colegio.

Albus entró en la habitación con la varita en mano, alerta. James a su lado, lo codeó señalándole algo que había por delante.

En el centro de la sala, a cinco metros de distancia, se encontraba un pedestal hecho ébano negro, bellísimo, y sobre él, apoyado como si se tratara de un trofeo, Albus pudo ver lo que hasta entonces solo había imaginado en su mente: El Tercer Ojo.

Durante unos segundos Albus quedó embelesado ante aquella visión. Se trataba de una piedra perfectamente redonda, del tamaño de una pelota de tenis, y de un color verde intenso y hermoso. Era una esmeralda. La esmeralda más grande que Albus había visto jamás.

—Es bellísima, ¿no? —dijo entonces una voz rasposa.

Albus aferró con fuerza su varita y se dispuso a girar para enfrentarse a Icarus Primus. Pero ya era tarde. Antes de que él o su hermano pudieran siquiera abrir la boca para formular un hechizo, sus varitas salieron despedidas de sus manos.

Icarus Primus se hizo entonces visible, quitándose el hechizo desilusionador que lo había mantenido escondido. Sostenía en una mano su propia varita, y en la otra, las varitas de Albus y James. Una sonrisa burlona desfiguraba su rostro, acentuando su fea cicatriz y oscureciéndole la mirada.

—No podías dejarlo pasar, ¿eh, Potter? —le dijo Primus a Albus, mientras que guardaba las varitas de los dos hermanos en uno de los bolsillos de su túnica.

—No iba a dejártelo tan fácil —le respondió Albus, sintiendo un sabor amargo en la boca. Estaba desarmado, perdido en algún lugar secreto de Hogwarts, y con un profesor, que lo detestaba, apuntándole al pecho con la varita.

—No, claro que no —se burló Icarus mientras que daba unos pasos hacia ellos. —Es curioso… si tanto sospechabas de mí, ¿cómo es que tu padre, Jefe de los maravillosos Aurores, no me detuvo todavía? —preguntó Icarus, con sorna. Aquello fue como un golpe en el estómago para Albus. Primus pareció notarlo, porque soltó una risa seca y rasposa, sin humor. —Talvez pensaste que tú solo podrías. Que tú podías ser mejor que el increíble Harry Potter —dijo irónicamente.

Albus no respondió. En parte porque no sabía qué decir. Y en parte porque, dentro suyo, sabía que aquellas palabras eran ciertas. Su padre le había dicho que se mantuviera lejos de todo aquello, y él no había querido escuchar. Albus se convencía a sí mismo que, si no dejaba todo aquello atrás, era porque la curiosidad era más fuerte que él.

Pero ahora, con Primus burlándose de él, Potter sabía que había sido mucho más que simple curiosidad. Había sido una prueba autoimpuesta. La oportunidad de demostrar que él era mucho más capaz de lo que su padre pensaba. La oportunidad de demostrarle a Harry Potter lo que su hijo era capaz de hacer. La oportunidad de demostrarle al mundo que él no viviría bajo la sombra de su padre.

—No conseguirás salirte con tus planes, Primus —habló entonces James. Su voz sonaba segura, como si no hubiera ninguna duda en lo que decía. —Sabemos qué es lo que planeas, y no lo conseguirás —continuó. Icarus dirigió entonces su mirada hacia el hermano mayor, y rió más fuerte.

—Así que sabes mis planes, ¿eh? —lo provocó Primus. James asintió.

—Traerás a Voldemort de regreso —aseguró James. Icarus alzó entonces las cejas, y volvió a reír de manera burlona.

—¿Voldemort? —repitió el profesor, estupefacto—. ¿Verdaderamente piensan que todo esto es por ese mestizo demente? —exclamó con sorna.

Albus sintió un frío recorrerle la espina dorsal. ¿Era posible que se hubieran equivocado? ¿O estaba Primus intentando confundirlos?

—Sabemos que trabajas con Darwin Cooper. Él fue un mortífago, y lo perdió todo cuando Voldemort cayó —explicó Albus de manera altanera, negándose a aceptar que se había equivocado. Aquello solo provocó una nueva risa en el profesor.

—¿Y entonces crees que es a Voldemort a quien buscamos? ¿Por qué habría Cooper, o cualquiera, querer traer a ese ser egoísta y enfermo de regreso? —preguntó de manera retórica Primus—. Sigues sin entenderlo, Potter. Esto no se trata simplemente de poder. De revivir muertos.

—¿Y de qué se trata entonces? —estalló James, encolerizado. Los ojos negros de Icarus Primus brillaron con malicia y locura, con el fanatismo propio de alguien fuera de su cordura.

Del Bien Mayor —respondió Primus.

Y entonces, Albus lo comprendió. Entendió su terrible error a la hora de hacer deducciones. Todo el tiempo había analizado la situación desde Darwin Cooper. Nunca se le había ocurrido hacerlo desde la visión de Primus.

No era a Voldemort a quien traerían de regreso. No se trataba simplemente de una búsqueda egoísta de poder. No, claro que no. Icarus Primus no era ese tipo de persona. Icarus Primus era un fanático. Un brujo obsesionado con la magia. Un brujo que estaba convencido de la supremacía del mago por sobre la gente común. Un brujo que creía que la mejor defensa de una persona era el ataque.

No, Icarus Primus no quería traer de regreso a alguien egoísta y malévolo como Lord Voldemort. Icarus Primus buscaba traer de regreso a una persona que compartiera sus creencias, sus ideales. Buscaba traer de regreso a una persona que creyera, como él, en la superioridad de los magos. En alguien que compartiera con él la pasión por la magia oscura, por la pelea. Icarus Primus buscaba traer de regreso a…

—Grindelwald —susurró Albus al comprender el error que había cometido. Una ya conocida sonrisa se dibujó en los labios de Primus, remarcando su cicatriz en la mejilla.

—El único mago capaz de devolver a nuestra gente al lugar al que pertenecemos —aseguró Primus, con una pasión que Albus no le había escuchado jamás.

—No lo harás —dijo James, apretando los puños.

—Oh, muchacho… ¿todavía guardas la esperanza de que tu papi venga a salvarte? —satirizó el profesor. Para sorpresa de Albus, James sonrió.

—Nuestros amigos se han encargado de ir a buscar ayuda. En éste momento, todo Hogwarts debe estar enterado sobre tus planes. Te atraparán en cuanto intentes salir de aquí. Es más… apostaría que ya vienen en camino hacia acá —aseguró James, con la confianza de quien no tiene miedo a nada. Icarus chasqueó la lengua al escuchar aquello, mientras que meneaba suavemente la cabeza.

—¿No lo entiendes, verdad, Potter? —dijo entonces, y Albus pudo ver un brillo de locura en su mirada—. No planeo volver al castillo. E incluso si ellos logran abrirse camino a través del cuadro de La Muerte, para cuando lleguen, nosotros ya no estaremos aquí —explicó Icarus.

—¿Nosotros? —repitió Albus.

—Sí… después de todo, talvez no sea tan mala idea que ustedes estén aquí. Podrán ayudarme —dijo Primus, con malicia.

—No —se negó Albus. Aquella palabra había salido de forma casi automática de entre sus labios. Primus meneó entonces la cabeza.

—Creo que no estas entendiendo, Albus. No te lo he preguntado —dijo con voz contenida su profesor, y antes de que ninguno pudiera agregar algo, apuntó hacia James. —Incarcero —pronunció, y James cayó de rodillas al suelo, amarrado por fuertes sogas. Icarus Primus giró entonces a mirar a Albus, con su varita todavía en dirección a su hermano. —Harás lo que yo te diga, Albus… o tu hermano sufrirá las consecuencias —le advirtió.

Albus miraba alternativamente a Icarus Primus, de pie y con la varita en alto, y luego a su hermano, de rodillas en el suelo, inmovilizado por las sogas, pero con la mirada desafiante. Casi podía leer las palabras que aquella mirada le decía: No lo ayudes.

Primus pareció percibir ese intercambio de palabras silenciosas entre los hermanos, pues recorrió los pocos metros que lo separaban de James, y con una fuerte patada, lo derrumbó al suelo.

—¡Esta bien! —aceptó inmediatamente Albus, al ver cómo Icarus se preparaba para propinarle otro puntapié a James. Primus sonrió triunfante.

—Veo que estás sangrando, Albus —señaló Primus, su mirada fija en el hombro herido de Potter. Instintivamente Albus se llevó una mano hacia el hombro izquierdo, y sintió cómo la punta de sus dedos de mojaban con su sangre tibia. —Déjame mirar la herida —pidió entonces Primus, mientras que caminaba hacia Albus. Éste retrocedió, guardando distancia del oscuro profesor.

—No es nada —se apuró a decir. Primus rió.

—No eres tú quien me importa, Potter. Es tu sangre lo que necesito —explicó Primus, con cierto desprecio en su voz.

Con un movimiento de muñeca, hizo surgir una soga de la punta de su varita, que fue a enroscarse en la muñeca de Potter, apresándolo. Primus tiró de la soga, arrastrando a Albus más cerca de él. Potter intentó resistirse, pero era imposible. La soga era demasiado fuerte, y lo arrastraba inevitablemente hacia el profesor.

—Verás, Albus… antiguamente los griegos solían temerle a Hades. Nadie se atrevía a hacer juramentos en su nombre, pues todos querían retrasar el encuentro con el Dios del Inframundo el mayor tiempo posible. Pero aquellos que sí deseaban encontrarse con Hades, debían de pagar un sacrificio antes. Un sacrificio de sangre —le explicó Primus.

Icarus Primus lo forzó entonces a ponerse de rodillas en el suelo, y Albus pudo sentir cómo el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras presionaba su gigantesca mano contra el hombro herido de Potter. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener el grito de dolor que pugnaba por salir de sus labios.

Y entonces, la soga lo liberó, y Albus dejó de sentir la mano de Primus presionándole el hombro. Levantando la mirada, y sintiéndose mareado del dolor, Potter logró divisar a Icarus caminando hacia el pedestal. El siniestro hombre tenía su mano derecha alzada delante de él, empapada en la sangre de Albus.

Icarus Primus llegó junto al pedestal, y apoyó su mano ensangrentada contra la madera negra de ébano que sostenía el Tercer Ojo. Apenas Primus presionó su mano contra el pedestal, Albus supo que había funcionado.

El pedestal pareció encenderse ante el contacto, absorbiendo la sangre que manchaba la mano de Primus, y cambiando de su negro color a un blanco impoluto y brillante, que encandilaba a la vista. Primus lucía fascinado, y Potter podía ver cómo sus manos temblaban mientras que se acercaban lentamente para tomar el Tercer Ojo.

Sus grandes y curtidas manos se cerraron alrededor de la esmeralda, y con un extremo cuidado, Primus levantó la Piedra del pedestal. Albus quedó paralizado en su lugar, conteniendo el aliento, con la esperanza de que algo, cualquier cosa, sucediera. Que algo detuviera a Primus. Una última prueba. Una última trampa para quien ponía sus manos sobre el Tercer Ojo.

Pero nada sucedió. Ya no había más pruebas, no había más trampas. Habían llegado al final del camino. Primus había pagado su sacrificio de sangre, y a cambio, Hades le había concedido el Tercer Ojo.

Durante varios segundos, Primus permaneció de pie junto al pedestal, con la Esmeralda en sus manos, observándola maravillado. Hasta que finalmente, reaccionando, la guardó en un bolsillo de su túnica.

Y entonces, como si alguien hubiera oído sus plegarias, Albus escuchó un ruido ensordecedor al otro lado de la puerta de aquella sala. Un gruñido de un león resonó entre las paredes subterráneas de aquel lugar. Y Potter supo que alguien venía en camino a salvarlos.

—Ya llegaron —anunció Albus, sonriendo aliviado. Pero para su sorpresa, Icarus comenzó a reírse una vez más.

—Lástima que nosotros ya nos estamos yendo —le dijo Primus, y recorrió rápidamente la distancia que lo separaba de Albus.

Una de las manos de su profesor se aferró fuertemente a su muñeca, y comenzó a arrastrarlo hasta donde se encontraba tumbado James, quien todavía peleaba con las sogas para liberarse. Primus lanzó a Albus al suelo con violencia, y éste cayó junto a su hermano.

—Ponte de espaldas con tu hermano, Albus —le ordenó Primus, apuntándole con la varita. Albus obedeció a regañadientes, mientras que lanzaba una rápida mirada hacia la puerta, con la esperanza de que alguien entrara en cualquier momento. —Incarcero —volvió a pronunciar el hechizo Primus, pero esta vez, las sogas ataron a Albus de espaldas con su hermano.

Icarus revolvió entonces entre los pliegues de su túnica, buscando algo. Del otro lado de la puerta, Albus podía escuchar el estruendo provocado por el León y la Serpiente de piedra, quienes posiblemente se encontraban luchando con alguno de los profesores que habían acudido a su rescate. O talvez, incluso su padre estuviera ahí, luchando por llegar a ellos...

—Nos vamos —anunció entonces Icarus, sonriendo con malicia, mientras que sacaba de su túnica una botella vieja de vino. Albus comprendió lo que iba a suceder a continuación, y sintió cómo el pánico se apoderaba de él. Todas sus esperanzas de ser rescatados vacilaron en ese momento, y Potter lanzó una última mirada desesperada hacia la puerta.

Primus volvió a tomarlo de la muñeca, y segundos después, Albus sintió como si un gancho lo tomara del ombligo y tirara de él hacia arriba. Y supo que Icarus Primus había activado el Traslador.

Lo siguiente que sintió fue la hierba húmeda bajo su cuerpo y el olor a sal inundando sus fosas nasales. Abrió los ojos sintiéndose algo mareado y pudo percibir la brisa nocturna golpearlo de lleno en el rostro. Supo que ya no se encontraba en Hogwarts en cuanto sus ojos recorrieron el paisaje que lo rodeaba.

Incluso en la completa oscuridad de la noche, Albus supo que aquel lugar no estaba dentro de Hogwarts. No había signos del castillo, ni del bosque. Las montañas escocesas habían sido reemplazadas por otra cadena montañosa más escarpada y voluminosa.

Pero la prueba más clara de que aquello no era Hogwarts, y posiblemente tampoco Inglaterra, era el mar que se extendía por todos lados, rodeando la península de tierra sobre la cual se encontraba Albus.

Albus había visto una sola vez aquel mar, pero había sido suficiente para guardarlo en su memoria. No existía agua más azul que la del Mar Mediterráneo. Un escalofrío lo recorrió al comprender cuán lejos se encontraba de casa.

—Llegas tarde —dijo una voz salida de la nada que Albus no reconoció. Con cierta dificultad, pues aún se encontraba amarrado a James, Albus intentó girar para poder observar al dueño de aquella voz.

Una figura encapuchada, vestida con una túnica roja, caminaba hacia ellos. Era un hombre. Pero Albus no podía verle la cara. Tenía un acento extraño, extranjero.

—Tuve algunos retrasos de último momento —se disculpó Primus, mientras que hacía un movimiento con la cabeza hacia los hermanos Potter. El encapuchado los observó unos segundos con interés.

—¿Por qué los has traído? —preguntó el encapuchado. Primus gruñó.

—No me dejaron otra opción. Saben demasiado —explicó Primus. El otro hombre chasqueó la lengua.

—Deberías haberlos matado, entonces —se quejó el hombre.

—Deja de quejarte, Markos. Si todo sale bien, estarán muertos para cuando llegue el amanecer —le aseguró Primus con un gruñido. El hombre llamado Markos asintió secamente con la cabeza. —Y bien… ¿Los tienes? —inquirió luego Icarus, sin poder esconder su ansiedad.

—Por supuesto—aseguró Markos. —¿Y tú? ¿Conseguiste el último?

—Claro que lo hice —le respondió Icarus, y metiendo la mano en el bolsillo, extrajo el Tercer Ojo.

La gema lanzó destellos verdes por todo el lugar, y tanto Icarus como Markos permanecieron paralizados varios segundos ante la visión.

—Es aquí… puedo sentirlo. La Esmeralda me lo dice—aseguró Icarus, con un brillo desquiciado en los ojos.

—¿Aquí dónde, Primus? He rastreado todo el lugar, y no hay nada —gruñó Markos.

Icarus pareció ignorarlo, pues comenzó a caminar por aquella estrella península de tierra con el Tercer Ojo sostenido firmemente en una de sus manos. La esmeralda lanzaba cada vez más destellos, como si se estuviera encendida por dentro. Primus continuó caminando, hasta llegar al borde de la península, sitio a partir del cual la tierra caía abruptamente en un desfiladero hacia el mar. Debajo, se escuchaba el golpear y rugir furioso del mar.

Tras varios segundos detenido en ese sitio, Icarus terminó por guardar la piedra en el bolsillo, y se arrodilló junto al acantilado.

—Albus, ¿has escuchado alguna vez de Perséfone? —preguntó repentinamente Icarus, girando a mirar al susodicho.

Albus recordaba aquel nombre, pues lo había leído en alguno de los tantos libros de Hades que había hurgado durante los últimos meses. Pero su orgullo y el miedo no le permitieron responder. Primus carraspeó la lengua.

—Una última clase antes de morir nunca viene mal… —se burló el hombre, mientras que se reincorporaba en toda su estatura. —Verás, Perséfone era una joven muchacha inocente, de quien Hades se enamoró perdidamente, y a quien secuestró y encerró en el Inframundo. ¿sabes acaso cómo logró mantenerla cautiva en el Mundo de los Muertos, Potter? —volvió a preguntarle Primus. Albus no respondió. —¿No lo sabes? Granadas, Potter. Semillas de Granada. La planta del Inframundo. —respondió su propia pregunta Primus. —Eso fue lo que Hades le dio de comer a Perséfone para atarla al Inframundo… seis semillas de granada —y mientras decía esto, Primus extrajo de uno de sus bolsillos una pequeña bolsita que Albus reconoció inmediatamente.

Una sensación de culpa injustificada lo invadió al comprobar que se trataba de la misma bolsita en la cual él, junto con Rose y Scorpius, habían recolectado semillas de granada durante su castigo en el Bosque Prohibido.

Primus abrió la pequeña bolsita, con su mirada clavada en Albus, y extrajo de ella exactamente seis semillas de granada. Permaneció varios segundos allí de pie, con las seis semillas de granada en su mano, y una sonrisa triunfante en el rostro.

Y entonces, girando para darle la espalda, se acercó aún más al borde del acantilado, y con un movimiento rápido de su mano, lanzó las semillas del granada al mar.

Durante unos segundos nada sucedió. Y Albus tuvo la vaga y estúpida idea de que talvez, solo por esta vez, Icarus Primus se había equivocado, y que las semillas de granada no funcionarían. Pero lamentablemente, Icarus Primus no se había equivocado.

El suelo debajo de Albus comenzó a temblar, y gruesas grietas comenzaron a abrirse en la tierra de la península, como si la misma estuviera a punto de derrumbarse. El mar pareció embravecerse, golpeando cada vez con más fuerza contra el acantilado, creciendo cada vez más, como si quisiera comerse a la tierra que se extendía delante de él.

—Por las barbas de Merlin… —murmuró James a su lado, con la mirada fija en el mar.

Albus tardó en verlo, y aún más en comprender qué era lo que estaba sucediendo. No era la tierra debajo de él la que temblaba y se sacudía, sino que era la tierra debajo del mar. Surgiendo desde el mar, provocando remolinos de agua y espuma, comenzó a brotar una estructura que al principio carecía de forma, pero que de a poco, Albus pudo comprobar, incluso en la oscuridad, que se trataba de una construcción.

El terror de adueñó completamente de Albus, cortándole la respiración al ver el Templo de Hades surgiendo desde las profundidades del mar, alzándose en todo su esplendor frente a la península de tierra.

Un Templo espléndido y terrorífico al mismo tiempo, hecho de piedra oscura y negra, que lanzaba destellos plateados sobre el mar y la tierra cuando la luz de las estrellas impactaba sobre ella.

—Te encontré —murmuró Icarus, con la mirada brillante.


Bueno, este capítulo marca el punto máximo de la historia, creo yo... sé que es un capítulo corto, pero me pareció correcto hacer la pausa aquí, y dejar un poco de intriga sobre lo que sucederá luego. Jaja, sí, soy mala.

En fin, ¡MUCHAS GRACIAS POR LOS REVIEWS! Cada vez son más alentadores y disfruto más de recibirlos. Estamos llegando al final de la historia, y creo que es ahora cuando más necesito de sus comentarios! Asi que de nuevo, gracias!

Ahora sí, responderé los reviews del capítulo pasado:

adrisstbdt: noo! por favor, no quiero arruinar tu historial académico, o terminarás por detestarme! Me alegra que el capítulo pasado haya sido de tus favoritos... en lo personal, tengo que confesar que también fue de mi placer escribirlo. La idea del capítulo era mostrar esa simbiosis que existe entre los hermanos Potter, que a pesar de ser diferentes, se pueden complementar muy bien. ¿Así que sabías que se llamaba Heracles? Jaja, pues me pareció algo divertido jugar con los nombres, porque en lo personal, siempre fui de las que se confunden los nombres de la mitologia griega y romana, jajaja, así que la prueba del puente fue bastante personal ;) Pues, no muchos saben del párcel de Albus... es un detalle que le gusta mantener escondido. No, Ginny, Lysan, Hedda y Ely no lo saben. Ohhh! Harry... pobre, Harry, lo estoy haciendo esperar para hacer su triunfal entrada, ¿verdad? Pero bueno, es la historia de Albus al fin y al cabo! Jaja. En cuanto a la tercera parte... sí, ya tengo algo pensado. Todavía no pude sentarme a pensar mucho, porque estoy muy metida en terminar esta segunda parte (hay muchos detalles que tengo que asegurarme de que queden bien para las futuras historias).

jjaacckkyy: Sí, Albus y James hicieron un buen trabajo en equipo. Cada uno con sus propias habilidades supo superar las pruebas impuestas por sus propias casas... Tenía ganas de que el capítulo dejara esa idea en el lector: de lo bien que los hermanos Potter se complementan. Porque son personalidades muy diferentes, y que son propensas a chocar constantemente, pero que a la hora de la verdad, vale más la sangre que los une, ¿no? Veremos qué es lo que sucede en los próximos años...

Darien: Indiana Jones! Yo sabía que la idea del puente me venía conocida del algún lado, jajaja. Cuando me puse a escribir el capítulo, y pensé una prueba, y me surgió la del puente, me sonaba como que lo había leido en alguna otra historia, pero no recordaba en donde... y tenia miedo de estar plagiando a algun autor/a de FFs... pero no, me venia de Indiana Jones! jajaja, nose que es peor! Pero bueno, igual me gusta el resultado final, ;) Mmm... el siguiente libro... pues puede que me tome un tiempo empezarlo. Tengo la idea "general" de la historia. Yo siempre cuento que, en realidad, yo empiezo las historias por el final... es decir, lo primero que se me ocurre es cómo quiero que termine la historia, y después voy escribiendo de manera tal de llegar a ese final. Tengo el final de cómo quiero que continúe la historia, pero me falta definir el final. En cuanto tenga eso, tendré lista la tercera parte!

Rose Weasley de Malfoy: que bueno verte por acá! Jajaja, el mensaje de Gryffindor... pues, cuando pienso en Gryffindor, me imagino a un hombre inteligente, pero no TANTO. Creo que él no hubiera deseado que aquella persona que pasara a La Muerte fuera la más inteligente o astuta, sino la más pura de corazón, la más valiente, la que supiera comprender que la muerte es algo demasiado "grande" para un Hombre. Y por supuesto que es una advertencia! El Templo de Hades puede ser un arma de doble filo... en cuanto a Salazar... pues, me lo imagino bastante tramposo. Su acertijo no podía ser algo simple, tenía que tener algo más escondido, un truco, una trampa, algún punto confuso que solo una persona lo suficientemente perspicaz pudiera notar. Sobre la herida de James... respira tranquila, no tiene veneno... simplemente tiene un desgarro muy importante, pero fuera de eso, se encuentra bien ;) El pensamiento de Albus sobre la sala que parecía una Tumba... pues, ¿dónde más podrías encontrar el Tercer Ojo que en una Tumba? ¡Me encantó tu observación sobre el León que revive con cada paso! ¡Sí, era porque la ayuda venía en camino! En este capítulo se aclara ese detalle... pero como tú bien dijiste, es hora de que los hermanos Potter se las arreglen sin adultos.

Nat Potter W: ¡No, no te comas las uñas que todavía quedan varios capítulos intensos! Me alegra que a ti también te haya gustado la relación Albus-James que creé en el capítulo pasado. Como dije antes, esa era la idea... mostrar una buena relación entre ambos! ¿También me reclaman a Harry por acá? Oh, bueno, nose... voy a pensarlo. Pero quedate tranquila, que eventualmente, va a aparecer. En cuanto a tu duda sobre la profesora Zaira... no, ella no tiene una pieza del Amuleto. Los dueños son Albus, James, Lysan, Ely, Hedda, Scorpius y Rose.

Thorio2002: ¡Sí, el puente! Otro lector también me lo señaló... no recordaba de dónde me sonaba tanto... mientras que lo escribía, estaba convencida de que había leido algo parecido en algún lugar, y de hecho, estaba con miedo de estar copiando alguna escena de una historia de otro escritor... pero no! Era de la película de Indiana Jones que me sonaba tantoo! supongo que sí, la inspiración debe de haber venido de ahi, entonces! Planeo continuar la historia de Albus hasta donde me llegue la inspiración! En cuanto a tu historia, no tuve tiempo de leerla, pero la tengo en la lista de mis "historias pendientes", asi que en cuanto me libere un poco te prometo que será lo primero que lea!

Ronoel: no, no fastidias! No digas eso, me encantan los reviews! Veo que tú también notaste el vínculo creado entre Albus y James el capítulo anterior. Mi intención era justamente que el lector pudiera ver que, a pesar de ser muy diferentes el uno con el otro, al final de cuentas, pueden complementarse si se ponen un objetivo en común. Creo que esa relación se mantendrá así, siempre y cuando los dos compartan los mismos objetivos y los mismos pensamientos. Me gustaron tus sospechas... pero tendras que esperar un poco más para saber si has embocado en alguna! Jaja. Bueno, espero no haber tardado mucho!

Saludos,

G.