LA HISTORIA NO ES MIA, ES DE T.G. Kira, PERO MUY AMABLEMENTE ME DIO PERMISO PARA ADAPTARLA A BLEACH.

LOS PERSONAJES DE BLEACH SON PROPIEDAD DE TITE KUBO.

Capitulo narrado por Rukia.

Como lo prometí, subo doble capitulo.

PORCELANA

CAP. 26 COSAS QUE LASTIMAN, COSAS QUE AYUDAN

Sentía como Soi Fong clavaba sus uñas en mi brazo debido al nerviosismo que sentía, a pesar de eso no la aleje de mi. Era el único escudo que había entre ella y Byakuya.

― Sabia que eras tú Soi Fong. ― Byakuya sonreía al verla. ―Sabia que eras tú en el hospital ¿por qué huiste? ¿A caso no me reconociste? ―pregunto con pesar.

― Él que no me reconoció fue otro. ― escupió Soi Fong con dolor. Lo que había escuchado no era un sueño, de verdad ellos se había encontrado en la habitación del hospital.

― No sé de qué hablas. Soi Fong, ¿Por qué te alejas? ― Él hizo el intento de acercarse pero Soi Fong me jalo más hacia ella. Como intentando huir.

― Me alejo porque no tengo nada que hacer junto a usted.

― Soi Fong….― le llamo él con voz lastimera. Jamás me hubiera imaginado que Byakuya pudiese verse tan destrozado, tan desolado frente al rechazo de Soi Fong. ― pensé que estabas muerte. Pensé que todo había sido mi culpa.

― Pues ves que no. Puedes limpiar tu conciencia con eso.―

― No Soi Fong. Yo….

― Dr. Kuchiki, me estaba yendo. Con permiso….― espeto ella mientras me jalaba hacia la salida.

― Espera, no, no te vayas por favor. Déjame hablar contigo. ― suplicó él

― No tengo nada de qué hablar.

― Soi Fong, por favor. Yo…Yo te amo. Me atormentaba pensar que algo te había pasado. ― dijo Byakuya

― No me mientas. "No puedes enamorarte de un paciente". ¿No es eso lo que siempre le decía a Rukia? ¿Que estaba mal que desease estar con Ichigo? ¿Que era un error? Gracias por decirme que yo soy un error en tu vida. ¡Gracias Por haberme abandonado a que me pudriese en este lugar! ― jamás había escuchado a Soi Fong tan enojada. ― Eres un maldito, siempre pensé que vendrías por mí. Que me sacarías.

Con esas palabras entendí todo. Lo de Soi Fong no era miedo, era enojo y dolor hacia él. Dolor que de manera inconsciente yo había avivado contándole todo lo que él me decía. No me imaginaba que su rencor podía llegar hasta el punto de hacerse oídos sordos a sus explicaciones aunque no era para menos.

― Yo no sabía. Jamás me imagine que…

― ¿Qué? ¿Qué el maldito de mi hermano me tiraría en este lugar? Muy bien Byakuya, no tienes la culpa. Ahora déjame en paz. ― sentía a Soi Fong temblar por la ira.

― Yo te envié una carta.―

―Oh, si tu carta. En la que decías que deseabas que me fuera bien en la vida. Déjame reírme en tu cara. ― se mofó. ―La leí meses después de haber salido de este lugar. Estoy segura que si la hubiese leído aquí me vuelvo realmente loca.

― Soi Fong, no fue lo que quise decir. Yo jamás te olvide, y jamás he querido a otra persona como te quiero a ti. Por favor, solo quería que fueras feliz. No me hagas esto.― le rogo intentando tomar su mano, ella la retiro en el instante, era como si le quemara.

― No te hago nada. Tú no te imaginas las noches que pase con miedo, frio, hambre pero más que nada con esperanza que tú me sacarías de aquí. Claro, era una chiquilla tonta e inocente. Jamás me paso por la cabeza que para el gran doctor solo había sido una paciente mas.

― ¡Nunca fuiste solo una paciente! ― le grito Byakuya alterado. ― Fuiste quien me enseño a sonreír en momentos difíciles.

― Que lastima que lo que te enseñe no duro mucho. ― la voz fría de Soi Fong debió golpearlo muy fuerte porque Byakuya no volvió a hablar.

― Lamento que hayas presenciado eso, Rukia. Debo irme. ― beso mi mejilla y cruzo corriendo la calle. Por primera vez note los curiosos que se habían aglomerado alrededor de nosotros, Byakuya se había quedado de pie viendo hacia donde se había marchado Soi Fong, cuando al fin reacciono empezó a caminar hacia ese rumbo sin darse cuenta que un auto iba justo hacia él. El estruendo del claxon lo hizo reaccionar y yo pude jalar a Byakuya de regreso a la acera.

― ¿Qué diablos te pasa? ¿Querías que te mataran? ― lo ataque mientras lo empujaba hacia la entrada del hospital.

― Tú sabes lo que pasa. ― Susurro mientras me dejaba arrastrarlo. Creía entender lo que pasaba. Pero no sabía cómo Soi Fong podía haber explotado de tal manera, aun peor como podía haber dejado a Byakuya reducido a…. un hombre desolado por sus emociones y débil. Todo lo contrario que Byakuya me había demostrado semanas atrás.

No sabía qué hacer con él. Podía dejarlo que caminara por su cuenta pero realmente sentía que si lo dejaba podía desmoronarse. No podía dejar que pasara eso.

Byakuya aun parecía ido y sentía pena por él. No me gustaría saber cómo se sentiría en ese momento.

― ¿Por qué no me dijiste que estaba viva? ― pregunto en un hilo de voz, sonó tan monótono como si me preguntara la hora. Lo senté en una de las sillas de la entrada.

― Yo… me entere hace poco y la verdad esperaba que ella te lo dijese.

― ¿Por qué me odia? No lo entiendo…. Jamás quise hacerle daño, jamás quise que ella sufriera.

― Dale tiempo para que piense bien lo que ha pasado. Ella ha sufrido mucho, lo sabes. Solo necesita tiempo. ―intente consolarlo.

― Ese día, al principio no la reconocí. Se ve tan diferente. Su cabello está más corto y de otro color y sus rasgos se ven más maduros. Aunque es obvio, ya no es una muchachita.― había cierto tono de diversión en su voz. Era como si se alegrara de verla a pesar de todo. ― Cuando por fin me di cuenta salí corriendo detrás de ella. Llegue a la calle pero ella ya había desaparecido. Por un momento pensé que era un fantasma, pero al mismo tiempo sabía que era ella.

― Necesitas calmarte ¿quieres un café? ― pregunte amablemente. Él movió la cabeza negativamente.

― ¿No deberías estar diciéndome hipócrita o burlándote de mí? ― pregunto mientras tenia la mirada fija en el suelo. Me senté junto a él y rodee sus hombros con mi brazo.

― Jamás haría eso. Estas sufriendo ¿Por qué debería sentirme feliz de eso? ― dije apretando un poco su hombro. ― A pesar que tienes razón en la primera parte, lo que necesitas ahora no es un regaño, necesitas un amigo, un apoyo y ya que tu encantadora personalidad no lo permite creo que seré una amiga a la fuerza. ― comente con tono despreocupado. Quería animarlo un poco y a pesar de todo, el era un ser humano y tenía el derecho de explicarse. Después de eso era decisión de Soi Fong lo que pasaría.

Byakuya reacciono de la manera que menos esperaba. Se giro hacia mí y me abrazo. Apretó su rostro contra mi hombro.

Estaba llorando.

El frio doctor Byakuya Kuchiki estaba llorando por su amor.

Que irónica es la vida. En este momento él se estaba comiendo todas las palabras que me había dicho.

Pero yo no era quien para regodearme en eso, no mencionaría nada. Ya era lo suficiente duro para él.

― Veras que ella recapacita. Solo dale tiempo, ¿de acuerdo? ― comente de manera cariñosa mientras acariciaba un poco su espalda para reconfortarlo.

Él se separo de mi, podía ver en su rostro toda la angustia que sentía.

― ¿Qué harás ahora? ― pregunte

― No volveré a Inglaterra, al menos no todavía. ― comento con voz estrangulada. ― Y no sé que mas. Creo que hare lo que dices y esperare.

― Creo que es lo mejor. ― suspire, realmente no estaba segura si era lo mejor pero no podía aconsejarle otra cosa.

En un momento me sentí desesperada por irme, ya había dejado mucho tiempo solo a Ichigo. Estaba nerviosa e impaciente por irme.

― Ya estoy mejor. ― hablo Byakuya de repente ― Puedes irte.

― ¿De verdad estas bien?

― Al menos ya no me derrumbare. Estaré bien, enserio. ― comento intentando que su voz sonara alegre y fallando en ello.

― Esta bien. Cuídate mucho.

― Igual tú.

Me puse de pie y empecé a caminar hacia el comedor.

― Rukia….― me volvía para ver a Byakuya de pie dispuesto a salir. ― Gracias por lo que hiciste, aunque no lo merezco, muchas gracias. ― con esas palabras salió de mi vista.

Con el corazón conmovido a causa de todo lo que había pasado regrese a buscar a Ichigo.

Me sorprendió encontrarlo hablando con Orihime. Tenía tanto tiempo de no verla que había pensado que ella ya no estaba aquí.

Me acerque sigilosamente junto a él. Se veía un poco triste, aunque no me imaginaba el porqué.

― Ya volví. ― le sonreí mientras me sentaba junto a él. ― Hola Orihime. ― salude a la muchacha.

― Señorita Rukia, ¿Cómo se encuentra?

― Muy bien. ¿Tu como estas?

― Feliz. Le contaba a Ichigo que pronto me darán de alta, ¿a que no es una buena noticia? ― Sus ojos azules estaba que soltaban chispas por la emoción. Claro que era una buena noticia, para ella.

― Que alegría, estoy feliz por ti. ― le sonreí sinceramente.

― ¿y tu Ichigo, no estás feliz por mi? ―

― Claro que si Orihime. Me alegro mucho por ti. ― le sonrió pero me di cuenta que le había costado hacerlo.

Ella estuvo un rato mas hablando con Ichigo hasta que una enfermera la llamo.

― ¿Sucede algo? ― pregunte preocupada ante su semblante entristecido.

―Nada. ¿Podemos volver a mi cuarto? No tengo ganas de estar aquí afuera. ― Asentí desconcertada por su comportamiento.

Caminamos en silencio a su habitación, tome su mano cariñosamente pero él no hizo ademan de tomarla.

Una vez en la habitación decidí insistir un poco más.

Él se sentó en su cama y yo me acuclille frente a él para estar a su altura.

― ¿Qué sucede? Estabas feliz antes.

― No pasa nada. ― contesto a la defensiva.

― Claro que sí estas triste, dime, por favor.― lo escuche suspirar.

― Te quiero. ― dijo mientras posaba su mano en mi mejilla. No entendí porque decía eso, es decir, si; pero no entendía porque en ese momento.

― Sabes que yo también, ¿por eso estas triste? ― cuestione confundida.

― No, no puedo estar triste por eso. Es solo que… envidio a Orihime ¿Sabes? Ella saldrá pronto, ya no estará encerrada aquí, mientras que yo seguiré aquí atrapado quien sabe por cuánto tiempo más.

― ¿Por eso estas así? Ichigo tu saldrás y harás todas las cosas que quieras.

― A veces siento que me engaño pensando que saldré de aquí.

―No es verdad. Kisuke dice que has mejorado mucho. Veras que pronto saldrás de aquí ¿y sabes que haremos? ―pregunte emocionada. ― iremos a un parque cerca de mi apartamento y pasearemos toda la tarde, veremos a los niños jugar, comeremos un helado y luego correremos cerca de la fuente. Luego iremos al gimnasio donde trabaja Soi Fong para platicar con ella, caminaremos de regreso a casa tomados de la mano mientras empieza a atardecer y al llegar a mi apartamento nos recostaremos juntos en uno de mis sillones y veremos alguna película, pero en verdad no la veremos porque estaré ocupada diciéndote cuanto te amo y tú lo estará besando mi cabello, mis mejillas y mis labios. ¿Te gusta la idea? ― pregunte con pequeñas lágrimas acumulándose en mis ojos. Todos esos momentos se había acumulado en mi cabeza como una lista de cosas que hacer con Ichigo. Tenía la plena confianza que las haríamos algún día.

― ¿En serio crees que haremos eso? ― pregunto con emoción en su voz.

― Claro que sí. Y eso es solo un día. Tendremos muchos más días para planear. Solo, por favor, no pierdas la esperanza, Kisuke no la pierde, y yo tampoco. No lo hagas tú. ¿Sí? ― pregunte cariñosamente mientras él me halaba para abrazarme. Sabía que ahora había olvidado un poquito sus miedos. Me sentó en su regazo mientras me apretujaba más a él. Mantenía sus brazos alrededor de mi cintura, mientras yo rodeaba su cuello.

― ¿Ya no estás triste? ― pregunte besando rápidamente sus labios.

― No, ya no. Gracias.

― Que bueno, sabes que no me gusta verte así.― el beso mis labios tiernamente y luego acomodo su cabeza en mi hombro. Por nada en el mundo desearía estar en otro lugar que no fuera aquí, con Ichigo. No había mejor sensación de su cercanía. Era tangible el amor que profesaba hacia mí. Esperaba que lo que sentía por el también lo fuera.

En silencio nos quedamos así, abrazados. De vez en cuando el besaba mi mejilla o yo besaba su frente. Y ese era el cielo para ambos.

Se hizo de noche e Ichigo insistió para que durmiera junto a él. Ya era una costumbre pero me avergonzaba un poco que Kisuke lo supiera. Era un poco extraño pero me tranquilizaba que él no decía nada de eso.

Kisuke era el hombre más comprensivo que podía conocer, en ningún momento me había juzgado y condenado por mis sentimientos y más que nada agradecía que me hubiese apoyado.

Ichigo se removió un poco haciendo que casi me cayese de la cama. Me senté y le deje espacio para que pudiera estar cómodo. De todas maneras no podría dormirme en un rato. Tenía tantas cosas en que pensar. Como en Soi Fong y Byakuya, seguía muy preocupada por ellos. Soi Fong estaba muy dolida y Byakuya, pues él no estaba mejor. Salí rápidamente al comedor por un café. Quizás no era lo más saludable para mí pero era necesario.

Cuando regrese a la habitación encontré a Ichigo sentado, inmediatamente me preocupe.

― ¿Qué sucede? ― parecía tranquilo, regularmente estaba agitado y asustado después de despertar de una pesadilla.

― Nada. Solo, no sé. No tengo sueño.

― Ok, ¿y que deseas hacer?

― Cuéntame algo. De ti.

― ¿Algo de mí? Bueno, no sé qué te gustaría.

― Cuando eras niña. ― pidió, mientras se recostaba en la cama haciéndome espacio para que yo también lo hiciera.

― Bueno, de pequeña era muy torpe, aun lo soy pero en menor grado. Casi siempre me caía y los niños se reían. No era muy divertido.

― ¿Por qué se reían de ti? ― pregunto con el seño fruncido, como si la idea le molestara.

― Como te dije, siempre me caía y a ellos parecía divertirles eso.

― ¿no te molestaba que lo hicieran?

― Al principio lloraba cuando se reían, me sentía muy avergonzada. Así que se lo conté a mi papá, el me dijo que no hiciera caso de sus burlas, porque todos fallamos en algo y a la larga ellos también se caerían pero yo no debería reírme, debería ayudarlos a levantarse para demostrar que yo era fuerte. Después de eso ya no me importo. ― le sonreí.

― Tu padre parece que es una buena persona.

― Lo es. ― respondí con una sonrisa al recordar a mi papá.

― Yo no recuerdo al mío, siento que él era bueno también. Pero simplemente no lo recuerdo.

― No te angusties, el debió amarte. Kisuke dice que eras un niño muy amado.

― Gracias. Cuéntame más.

― No había muchos niños que les gustara jugar conmigo pero los pocos que lo hacían eran muy divertidos.

― Yo habría jugado contigo.

― Yo se que sí. ― susurre con cariño. ― Creo que ya deberías dormir. Te seguiré contando cosas otro día.

― Gracias por compartir esas cosas conmigo.

― No hay otra persona con la que desee compartirlo más que tu. ― bese sus labios y me acomode en sus brazos para poder dormir.

La mañana siguiente estaba muy fría, casi fue imposible salir de los cálidos brazos de Ichigo, pero sabía que debía levantarme.

La mañana pasó sin ningún incidente y aunque esperaba una llamada de Soi Fong, jamás la recibí.

Al medio día como siempre Kisuke tuvo su sesión con Ichigo.

Cuando el salió traía un pequeño libro, o al menos a la lejanía eso distingue.

Cuando estuvo junto a mi me lo mostro.

― Le pregunte a Kisuke por mi padre. Me hablo un poco de él, pero me entrego este álbum de fotos. Dice que ahí hay muchas fotos de mis padres juntos. ¿Te gustaría verlas conmigo? ― pregunto nervioso.

― Claro que si Ichigo. ¿Dónde quieres verlas?

― En mi cuarto, si tu quieres.

―Claro que si.― conteste con ternura.

Sería una cosa buena que viera a sus padres. Que recordara un poco de lo que ellos fueron.

CONTINUARÁ…