Hola hola espero disfruten este EMOCIONANTE CAPITULO
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 26
Emmett miraba por la ventana cuando sonó el teléfono. Maldiciendo, cruzó la habitación con la esperanza de contestar antes de que despertara a Rosalie. Pero los susurros ya habían comenzado. Durante un momento, le pareció que reconocía algo... un patrón de habla, un acento, el giro de una frase. Trató de concentrarse en ello, de bloquear las palabras y el terror de Rosalie. Pero apretó la boca con fuerza al oírla suplicar y ponerse a llorar. La oyó colgar y después el sollozo de un hombre antes de que la conexión se cortara.
Colgó su auricular y metió las manos en los bolsillos. Había perdido algo, quizá algo vital, porque su concentración y objetividad se quebraron cuando ella comenzó a llorar.
Esa mujer empezaba a ablandarlo. No podía permitirlo. No lo permitiría. Debía dejarla en paz. «Querrá estar sola», se dijo. No querría que él viera que había perdido el control. Una mujer como Rosalie querría derramar sus lágrimas en privado. Aunque necesitara consuelo, la última persona de quien querría recibirlo sería de él. Luchando contra una abrumadora sensación de furia e impotencia, regresó junto a la ventana.
Había parecido tan asustada.
No podía dejarla sola en ese momento. Puede que ella deseara estar sola, pero necesitaba estar con él. Deseó saber qué hacer en cuanto se hallara con ella.
Por las ventanas de Rosalie se filtraba algo de luz de luna que le daba un halo plateado a todo. Entró en silencio, con la esperanza de que se hubiera vuelto a quedar dormida; entonces quizá permaneciera sentado a su lado sin que ella lo supiera. Si Rosalie imaginara cuánto anhelaba estar con ella y protegerla, ¿no le daría eso más motivos para que lo apartara?
Nunca antes había tenido que emplear la cautela con una mujer. Se vio obligado a reconocer que se debía a que ninguna mujer le había importado. Y ella le importaba demasiado.
No estaba dormida. Al acercarse a la cama pudo oír su llanto apagado. Se detuvo donde estaba, aterrado por ese sonido leve y desvalido. Sabía cómo sonaba una granada cuando estallaba y enviaba metralla por el aire. Había oído el sonido horroroso de los disparos y el sonido inenarrable de la bala al atravesar la carne. Eran cosas a las que se había enfrentado con más confianza que la que sentía en ese instante al tener que afrontar el llanto de Rosalie.
Si hubiera estado enfadada, podría haberlo sobrellevado. Si simplemente hubiera estado asustada, podría haberla provocado para que lo olvidara. Pero lloraba.
Se acercó en silencio y se agachó. Deseando tener las palabras adecuadas, pero sabiendo que no era así, apoyó una mano en su pelo. Al sentir el contacto, ella se incorporó de un salto y gritó.
-Soy yo. Solo soy yo -le tomó ambas manos y se las apretó-. Relájate. Nadie va a hacerte daño.
-Emmett -la mano le-quedo laxa en la de él, luego volvió a ponerse tensa al luchar por recuperar el control-. Me has sobresaltado.
-Lo siento -la luz de la luna permitía que le viera la cara y las lágrimas que la habían humedecido-. ¿Te encuentras bien?
-Sí -sentía el pecho dolorosamente contraído, la garganta irritada por las lágrimas que no había derramado-. Sí, estoy bien. Supongo que has oído el teléfono.
-Lo oí. ¿Por qué no te traigo algo? Agua -volvió a meter las manos en los bolsillos-. Algo.
-No. No necesito nada -se secó las lágrimas con el dorso de las manos-. No pude conseguir que hablara. No pude hacerlo.
-Está bien.
-No, no lo está -alzó las rodillas y apoyó la cabeza en ellas-. Es mi problema, y mientras siga huyendo de él no va a desaparecer. Todo lo que has dicho hasta ahora ha sido verdad, todo lo que has hecho ha estado bien, y yo no he estado a la altura.
-Nadie te culpa, Rosalie -alargó los dedos para tocar sus hombros blancos y suaves, cargados por la desesperación. Pero se contuvo y cerró la mano-. Deberías tratar de dormir un poco.
-Sí.
Se sintió impotente. ¿De dónde había sacado la estúpida idea de que ella lo necesitaba? No sabía consolar. No tenía las palabras bonitas que la relajarían y la ayudarían a volver a dormirse. No tenía nada salvo la furia que bullía en su interior y el fiero deseo de mantenerla a salvo. Y nada de eso podía ayudarla en ese momento.
-Mira, puedo traerte algo. Puedo bajar a hacer... no sé, un poco de té.
-No, gracias. Me pondré bien -comentó sin levantar la cabeza.
-Maldita sea, quiero hacer algo -estalló antes de poder contenerse-. No soporto verte de esta manera. Deja que te traiga una aspirina o que me quede a tu lado hasta que te vuelvas a dormir. Algo. No puedes pedirme que simplemente te deje en paz.
-Abrázame -sollozó al levantar la cabeza-. ¿Podrías abrazarme un minuto?
Se sentó a su lado, la tomó en brazos y le apoyó la cabeza sobre el hombro.
-Claro. El tiempo que quieras. Relájate, ángel.
Rosalie no tenía la fuerza para frenarlo, y ya tampoco lo deseaba. Con los brazos fuertes de Emmett a su alrededor, dio rienda suelta a la fuerza completa de las lágrimas. El la acunó contra su pecho y murmuró cosas que esperó que la ayudaran, cosas que ni siquiera sabía si ella oía. Cuando comenzó a tranquilizarse, le acarició el pelo y guardó silencio.
-¿Emmett?
-¿Hmmm?
-Gracias.
-De nada.
-No tengo por costumbre esto -moqueó-. ¿Tienes un pañuelo?
-No.
Reacia a apartarse incluso un poco, alargó la mano hacia unos pañuelos de papel que tenía en la mesita de noche.
-Supongo que pensé que un hombre como tú huiría cuando una mujer empezara... -volvió a moquear-... a farfullar.
-Esto es diferente.
-¿Por qué? -echó la cabeza atrás. Tenía los ojos hinchados y las mejillas manchadas.
-Es diferente -le secó una lágrima de las pestañas-. ¿Te sientes mejor?
-Sí -inexplicablemente, así era, a pesar de que nunca había creído que las lágrimas solucionaran nada. Después de haberlas vertido, se sentía vacía y avergonzada-. Te... mmm, agradecería que los dos olvidáramos esto por la mañana.
-Nunca te concedes ni un centímetro, ¿verdad?
-Odio llorar.
Lo dijo con tanta contundencia, que él supo que en el pasado había derramado lágrimas ardientes por otra cosa. O por alguien.
-Yo también.
-Eres un tipo agradable cuando pones un poco de esfuerzo -sonrió.
-Trato de que no sea muy a menudo -volvió a acariciarle el pelo antes de acercarla más. Descubrió que no le había costado tanto consolarla. No costaba tanto ser necesitado-. ¿Crees que podrás dormir ahora?
-Supongo -cerró los ojos y descubrió que era muy placentero dejar que su mejilla descansara contra la de Emmett.
Elle acarició la espalda y se puso tenso al notar que la seda dejaba paso a la piel.
-Mañana es domingo. Puedes quedarte en la cama todo el día.
-A la una tengo una sesión de fotos -con los ojos aún cerrados, exploró con las yemas de los dedos los músculos de sus hombros.
-Puedes cancelarla.
-Estaré bien. El fotógrafo me hace un hueco debido a la filmación.
-Entonces será mejor que descanses o tendrás un aspecto horrible.
-Gracias.
-De nada.
Cuando la apartó, ella alzó la cabeza y le sonrió. Los dedos de ambos se tensaron y la sonrisa se desvaneció. La necesidad palpitó entre ellos con tanta urgencia que hizo vibrar el aire.
-Será mejor que me vaya.
-No -sabía que ya había tomado la decisión, quizá desde el primer momento que se vieron. Su corazón acababa de aceptarlo. Amaba. No se podía cambiar eso. Hasta ese momento, hasta que apareció él, no había sabido cuánto necesitaba disponer de la oportunidad de volver a amar-. Quiero que te quedes -le acarició los hombros-. Quiero que me hagas el amor.
holaaaa como vamos ? A poco no los deje pikados con el final de este capi? Jajajaja
Kieren mas? Jeje ya saben q hacer...
Reviews...
