Capítulo 26

Día de las madres

― ¡Prim! ― la chica estaba sentada en una mesa, conversando con Effie.

― No quiero hablar contigo ― le dijo en cuanto se acercó a ellas.

― Yo me retiro, las dejo para que conversen ― se puso de pie Effie.

― No te vayas ― le pidió la menor de las Everdeen.

― Querida ― le palmeó la mano ― lo necesitas.

Cuando la esposa del mago se retiró, Prim trató de marcharse también, pero Katniss la detuvo ― Lo siento mucho ― la tomó por el brazo e hizo que de nuevo se sentara, y ella también lo hizo a su lado ― Sé que ya no eres una niña, aunque créeme que es muy difícil para mí darme cuenta de lo mucho que has crecido. Siempre vas a ser mi hermanita, no importa que el día de mañana me vayas a superar en estatura.

La rubia trató de sonreír.

― Siento mucho haber arruinado tu primer beso, pero me traumé cuando te vi, apenas ayer te llevaba de la mano al kínder y ahora te besas con chicos.

― No seas exagerada hermana.

― No puedo evitarlo ― sonrió ― Y sé que no soy tu madre, soy tu hermana y debo empezar a comportarme como tal… ― las palabras que Johanna le había dicho tenían mucho sentido.

― No Katniss ― la interrumpió la menor ― Fue injusto de mi parte gritarte eso y creo que nunca te he dado las gracias por todo lo que has hecho por mí, tuviste que hacerte responsable de la casa y de nosotras a muy corta edad.

― Y lo volvería a hacer.

― Lo sé y siento mucho haberte gritado que te odio. No es así. Te quiero mucho ― la abrazó.

Ella le devolvió el abrazo de inmediato ― Y yo a ti patito ― le acarició el cabello ― ¿Ahora quieres contarme cómo es eso de que dos chicos andan peleando por ti?

Se separaron, y la menor suspiró antes de comenzar su relato.

...


...

El tiempo en el circo parecía ir más deprisa y le gustaba, nunca se sentía aburrida, siempre había algo que hacer y cosas nuevas por aprender.

Ahora estaban en el distrito Dos y faltaba poco para la despedida que estaban planeando para Cato y Clove. Effie no era la única amante de organizar fiestas, la madre de Cato era igual y cuando la rubia les llamó a los padres del joven para invitarlos a la última función y decirles que deseaban organizar algo especial para la pareja, la señora Ludwig se había ido en grande y había rentado un salón de eventos.

Katniss agradecía que ella no fuera requerida en la planeación de la fiesta, era cero detallista, pero los hermanos Mellark se encargarían de hacer un gran pastel a pesar de que la madre de Cato les dijo que ella podía encargarse de todo. Además, estaba ocupada con los ensayos que tenían con Finnick y Annie, en los cuales tenía que admitir había mejorado mucho, poco a poco le iban añadiendo un par de cosas más para hacerlo con mayor dificultad como lo requería el acto.

Ya había pasado la comida, y ella se encontraba cepillando a los caballos, amaba hacer eso, era relajante, de pronto sintió una presencia a su lado y sonrió, sabía de quién se trataba antes de voltear, Peeta la sorprendió con un pequeño ramo de flores.

Ella lo tomó y después se acercó para besarlo, jamás se había considerado una chica amante de las flores, pero le encantaba que su novio tuviera esos detalles con ella.

― ¿Y esto? ― preguntó una vez que se separaron. Hasta el momento la había sorprendido con flores sueltas, pero no con un ramo de ellas y después aspiró hondo y abrió mucho los ojos ― ¿Acaso huelo a bollos de queso?

― Así es ― sonrió de lado ― Dejé la cesta por allá ― volvió a abrazarla por la cintura y la acercó a él para susurrar sobre su labios ― Feliz mes-aniversario.

Ella frunció el ceño ― ¿Mes-aniversario? ¿Qué es eso? ― pero de inmediato lo comprendió ― Hoy cumplimos un mes de novios ¿no es así? ¿por eso son las flores?

Él sintió como ella se tensaba ― Calma bonita, no esperaba que lo recordaras, pero de todas formas quise darte algo.

― Soy una novia terrible ¿no es así?

― No, claro que no ― se apresuró a contestar ― Creo que el problema es que yo soy demasiado cursi.

― Peeta no digas eso, me encantan todos los detalles que tienes conmigo y siento mucho no poder corresponderte de la misma manera.

― No me interesan los detalles, lo importante es que hayas decidido estar conmigo, pero yo no puedo evitar ser así y me gusta darte cosas.

― ¿Ves? Soy una novia terrible. Apenas si recuerdo la fecha de mi cumpleaños.

― 8 de mayo ― contestó deprisa el rubio.

― ¿Lo sabes? Yo no sé la tuya, espero que no se me haya pasado…

―Aun no, va a caer cuando estemos en el distrito Tres. Es el 12 de octubre.

― ¿Tienes un bolígrafo?

Él se palmeó sus bolsillos ― No ¿por qué?

― Espera ― ella se separó, se fue a un extremo donde estaba colgada una hoja de registro que utilizaba Seeder y tomó el bolígrafo. Después se anotó en la muñeca de su brazo izquierdo la fecha 12 de octubre.

― ¿Qué haces?

― No sabía que hoy cumplíamos un mes de novios, no puse atención a la fecha, pero si olvido tu cumpleaños no me lo voy a perdonar. Llegando a la casa lo anotaré en la agenda.

― Por cierto, hoy terminando la función tenemos una cita.

― Pero no podemos desvelarnos mucho, mañana tenemos ensayos y función.

― Solo será un rato, tranquila, además ya horneé bollos extras de queso y roles de canela para pagar los sobornos de Johanna y Prim.

― ¿Qué?

― Tenemos tu casa para nosotros solos ― le guiñó un ojo.

― ¡Peeta¡ ¡Qué vergüenza! ¿qué van a pensar Jo y mi hermana?

― Bonita, ¿sabes cuantas veces me han sobornado mis hermanos para que les deje la casa a solas? Sobre todo, Bannock es el que pide más esos favores.

Ella sentía la cara arder.

― Se me hace tarde para mi ensayo ― le dio un rápido beso en los labios ― Y por favor, esta noche no te quites tu traje de elfa ― levantó varias veces las cejas, lo que hizo que ella tomara de nuevo el ramo de flores y se cubriera el rostro con ellas.

...


...

La función fue muy bien, habían estado teniendo lleno total y Katniss suponía que en parte se debía a Cato, pues todas las noches cuando estaban en la firma de autógrafos eran muchos los que se acercaban a saludar al rubio como viejos amigos, y ya había tenido que colocar otra orden grande de artículos promocionales a Cinna, pero con la imagen de la pareja Ludwig.

Cuando se dirigía a su casa rodante, Peeta la alcanzó, en esta ocasión se había dejado los jeans y la playera negra del circo que vestía cuando terminaba su acto y se iba al área de los snacks, ella por el contrario no tenía tiempo de cambiarse debido a que su número era de los últimos.

― ¿Te ibas sin mí? Te dije que teníamos una cita.

― Pensé que te iba a tardar más con la enorme fila de chicas que deseaban tu autógrafo ― no retiró su mano cuando él entrelazó sus dedos.

― ¿Celosa?

― Por supuesto que no.

― Eran puras chicas como de 12 años y aunque fueran más grandes, sabes que solo tengo ojos para ti.

Ella solo rodó los ojos y le soltó la mano cuando estuvieron frente a su casa.

Cuando entraron, él la giró y la besó aprisionándola contra la puerta. Ella le respondió de inmediato y el beso se hizo más apasionado. No tenían muchas oportunidades para besarse de esa forma, ella siempre tenía miedo de que alguien fuera a verlos.

Él comenzó a besarle el cuello y entonces ella le sugirió irse al sofá de la sala, pero apenas entraron, ambos se sorprendieron al ver varias velas encendidas en la mesita de centro.

― ¿Tú? ― los dos preguntaron al mismo tiempo.

― No ― contestó ella ― debieron ser las chicas ― se acercó a la mesa y se congeló.

Peeta se acercó atrás de ella y se dio cuenta del motivo por el que su novia se había paralizado, al lado de las velas había una pequeña caja de condones ― Johanna ― dijo él entre risas.

― La voy a matar ― murmuró por lo bajo la castaña.

― Vamos, no dejes que esta broma arruine la noche… o mejor dicho la hora que nos dejaron la casa a nosotros solos ― le guiñó un ojo y la jaló hacia el sofá.

Ella tomó asiento a su lado y se colocaron viéndose de frente uno al otro.

Él le acarició el cabello que caía sobre el respaldo del sofá ― No sabes lo afortunado que me siento de tenerte a mi lado, este último mes créeme que está entre los mejores días de mi vida. Te amo.

Katniss sonrió, también deseaba decirle muchas cosas, cómo antes de conocerlo no creyó jamás que se enamoraría y que sentiría ese deseo de estar a su lado todo el tiempo.

Así que decidió mejor demostrar lo que con palabras no podía, se hizo para adelante y esta vez fue ella la que lo sorprendió con un beso, y pasó su pierna al otro lado, quedando ahorcajadas sobre él.

― Espera ― lo detuvo ― esto me estorba y no quiero arrancarle las costuras de un tirón ― se enderezó y se desabrochó el grueso cinturón que mantenía en su lugar el largo blusón rojo, quedando solo con el corsé. Cuando volteó a verlo de nuevo, pudo ver como se le dilataban las pupilas a Peeta y sentir como aumentaba su temperatura corporal.

― Eres preciosa ― le acarició las piernas lentamente, deslizando las manos desde las rodillas hacia arriba.

No lo pensó más, solo deseaba besarlo de nuevo y lo hizo, sus labios eran calientes y suaves. Sus senos rozaban su pecho. Pasó la lengua suavemente por la comisura de sus labios cerrados y su boca se separó y la dejó entrar.

Él movió los labios contra los suyos, lamiendo con suavidad su lengua y el beso se hizo más profundo.

Peeta gimió y su sonido vibró en su boca. Lo abrazó por el cuello y sus dedos se enredaron en sus rizos.

Dios, sabía besar. Podía estar así todo el día. Y aunque ella no tenía referencia de otros chicos, estaba segura de que nada se sentiría tan perfecto y correcto como se sentía así con él.

Ahora fue su turno de gemir, no supo de donde había salido ese sonido, pero eso hizo que se avivara el combustible en su interior. Estaba en llamas, ahora sí le quedaba a la perfección su apodo de "La chica en llamas". Necesitaba más, quería sentir más, y la presión entre sus piernas aumentaba.

Por instinto se apretó más contra él, haciendo que sus centros chocaran, en ese momento sintió su erección que presionaba la cremallera de sus jeans, ella con sus pantalones de cuero lo sentía más y comenzó a mecerse. Peeta no la detuvo en esta ocasión como lo hiciera la noche en que inició formalmente su relación, por el contrario, la agarró del trasero para acercarla aún más si eso era posible.

Se separaron, solo para que él comenzara a besarle la mandíbula y después el cuello. Ella mantuvo los ojos cerrados, con la respiración agitada. De pronto tuvo la sensación de estar subiendo la montaña rusa, y solo deseaba llegar a la cima, aceleró su movimiento, su excitación crecía más deprisa. Él le apretó los pechos con las manos y bajó con su boca hasta la orilla del corsé, pasando la lengua por la misma y tratando de introducirla un poco.

Y eso fue todo. De pronto fue como si hubiera alcanzado la cima. Peeta levantó la cabeza y la besó bruscamente para callar sus gemidos, de los cuales no era consciente. Aceleró un poco más el movimiento y después se dejó caer hacía atrás, recargándose en el respaldo con ella sobre su pecho.

― Nunca… ― tenía la respiración aún agitada, para hablar con normalidad ― nunca había sentido algo así.

El rubio besó su frente y pasó una mano por su cabello ― ¿Nunca habías tenido un orgasmo?

Orgasmo, así que era eso, así se sentía, y ni siquiera se habían tenido que quitar la ropa. Le dio pena contestar, aun y después de lo que había sucedido y la confianza que le tenía, así que se limitó a negar con la cabeza.

Volvió a besarle la cabeza ― Apuesto que tengo un desastre bajo los pantalones, aunque son jeans y la mezclilla es gruesa, mejor paso a tu baño antes de que se note. Jamás me la acabaría con mis hermanos si me ven así.

Ella se apartó de inmediato, pero él le dio un rápido beso en los labios antes de pararse.

Lo siguió con la mirada, no podía creer lo que había pasado, lo que se había permitido sentir con Peeta, no sabía si era correcto para el tiempo que llevaban de relación, pero algo le quedaba claro, no se arrepentía de nada.

...


...

Hace 6 años

― Yo digo que compres ésta, le va a encantar ― Peeta señaló con su dedo una carpa.

Se encontraban en una famosa tienda del distrito Siete dedicada a vender todo tipo de artículos para deportes y exterior.

― Es rosa, enano ― le dijo Haymitch.

― Sí, no estoy ciego, pero es su color favorito y estoy seguro de que le va a encantar.

― ¡No pienso vivir con una maldita tienda rosa pegada a mi casa!

― No es para ti, es para Effie ― comentó Bannock ― Lo siento, pero mi hermano tiene razón, esa le va a encantar.

― Además, dijiste que la vas a comprar para que se ponga contenta de nuevo porque ha estado muy triste ― el menor de los Mellark se cruzó de brazos.

Sí, Effie había estado muy deprimida desde hacía meses, mejor dicho, desde que habían fallado las tres inseminaciones artificiales, el tratamiento que les había sugerido el médico especialista en fertilidad, como alternativa para lograr embarazarse.

Aun recordaba lo emocionada que estaba, antes de cada tratamiento se había tomado las pastillas que le había indicado el doctor para que ovulara más, y días antes del procedimiento, Sae la había inyectado a diario como se lo habían prescrito para asegurar que se diera la ovulación el día indicado. Él por su parte, solo había tenido que entregar su muestra de semen ese día por la mañana y el doctor se había encargado de efectuar la inseminación por medio de una jeringa conectada a una especie de sonda. Y en cada una de las ocasiones ella había estado muy ilusionada, segura de que sí funcionaría.

Él no podía evitar sentirse culpable, aunque el doctor les había hecho estudios a ambos y les había dicho que estaban en perfectas condiciones; quizás era porque sabía cuánto deseaba un hijo su esposa, y que él no sentía lo mismo, era feliz a su lado con o sin hijos.

― Mejor compramos la azul, es un color que también le gusta ¿no? ― les preguntó a los chicos.

― No ― negó con la cabeza Peeta ― La azul es más chica, estoy seguro de que ella preferiría la rosa. Además, ella siempre se queja de que tienes muy mal gusto, así que tu juicio no es muy confiable.

― ¿Ah sí? La próxima vez que diga que tengo muy mal gusto, recuérdale que me casé con ella, a ver si vuelve a repetirlo ― se puso las manos en la cadera, observando las carpas frente a ellos.

― Vas a vivir en una casa de muñecas, RO-SA ― se burló Rye, quién había estado deambulando por la gran tienda.

― Vamos hermanos, ayúdenme a cargarla ― Bannock tomó la iniciativa y se colocó en un extremo de la enorme caja, sus hermanos pronto lo siguieron.

Haymitch solo sacudió la cabeza antes de ir a ayudarles, ahora se arrepentía de haberles pedido a los niños Mellark su ayuda para comprarle un regalo a Effie.

― Bien, ¿ahora que sigue en la lista? ― preguntó Rye.

La carpa la entregarían directo en el circo.

― Iluminación ― dijo Haymitch.

Poco después llegaron a una tienda con todo tipo de focos, lámparas y candiles.

― Yo creo que éste es perfecto ― el menor de los Mellark volteó hacia arriba donde estaba colgado un gran candil de cristales.

― La idea es que utilice la tienda para que pueda trabajar en sus diseños y cosas, para que tenga más espacio.

― Sí, pero eso no significa que no pueda hacerlo con estilo.

El mago rodó los ojos ― Creo que estás pasando demasiado tiempo con Effie, andando enano, de ahora en adelante te quiero más con Chaff y conmigo. Necesitas tomarte una cerveza ― colocó una mano en su hombro y lo empujó para que siguiera caminando por la tienda.

― No tengo edad para beber.

― Y tampoco deberías tenerla para opinar sobre moda y estilo.

Finalmente se decidió por dos rieles con cuatro reflectores cada uno, que iluminaban lo suficiente para que su esposa no se fuera a dañar la vista mientras trabajaba, y también compró un ventilador de techo para colgarlo del centro de la tienda, aunque aquí tuvo que ceder ante la presión de los chicos y compró uno elegante, que parecía prácticamente un candil, con pequeños cristales que colgaban de cada una de las lámparas.

― Ustedes me están saliendo muy caros ― se quejó apenas salieron de ahí.

― Pero nos lo agradecerás cuando veas la cara que va a poner cuando vea todo ― le dijo Rye.

No quería admitirlo, pero tenían razón, él se hubiera ido por cosas mucho más sencillas.

― Ahora vamos a comprar una sala ― anunció el mayor de los hermanos.

― ¿Para qué una sala? Yo estaba pensando en unas mesas de trabajo y sillas ― sacó su lista y la revisó de nuevo.

― ¿Dónde va a atender a las personas? ― preguntó Bannock ― Las juntas que hace con algunos miembros del circo, sus reuniones… necesita una sala para poder atenderlos mejor.

Haymitch se pasó una mano por la frente y negó con la cabeza ― En serio que salir de compras con ustedes es como haberlo hecho con Effie y ahora mismo creo que ustedes son más fastidiosos que ella.

― Deja de quejarte, te estamos ayudando ― le guiñó un ojo el segundo de los Mellark.

La compra de la sala fue otra tortura, simplemente no se podían poner de acuerdo, pero los chicos parecían tener un objetivo en común: criticar todas sus sugerencias.

Así que necesitaron ayuda de una dependienta, y finalmente decidió llamar a Cinna y enviarle unas fotografías por teléfono para poder decidirse. Eligieron una sala de tres piezas en un tono gris plata que le aseguraron tenía una tela muy fácil de limpiar y para más seguridad encargó que le pusieran teflón. Los cojines decorativos fueron punto y aparte y para evitar más discusiones dejó que los chicos eligieran los más llamativos y ridículos en su opinión que encontraron, pero que su esposa amaría.

Después continuaron desfilando por varias tiendas más. Y cuando por fin tuvieron listo todo lo de la lista, Haymitch se llevó a los chicos a comprar un helado.

― Bien, ya no volveré a salir de compras con ustedes, son una completa pesadilla ― le dio un mordisco a la galleta de su cono de helado de nuez.

― Admítelo, sin nosotros nunca te hubieras decidido por nada o hubieras comprado lo primero que se te cruzara en el camino ― el mayor de los hermanos estaba concentrado en su vaso de helado de chocolate.

Él solo se encogió de hombros en respuesta.

― Fue divertido ― dijo Peeta, quien trataba que no se le derritieran las dos bolas de helado de su cono antes de acabárselas ― sentí como si estuviéramos con papá de compras.

Eso hizo que Haymitch se quedara con su helado a centímetros de su boca, volteó a verlo y le alborotó el cabello.

― Saben… ― por un momento se sintió con las emociones mezcladas, estaba conmovido ― saben que pueden contar conmigo para lo que necesiten ¿verdad?

― Gracias Haymitch ― Bannock volteó a verlo ― En verdad gracias por todo lo que has hecho por nosotros desde que nos aceptaste en el circo.

Él asintió con la cabeza.

― Bueno, ya que nos ofreciste tu ayuda… ― Rye intercambió una mirada con su hermano menor ― Se acerca el día de las madres, y Peeta y yo estábamos pensando en comprarle algo a mamá.

El mago tardó un momento en darse cuenta que se referían a Effie ― Oh, claro, me parece muy buena idea. ¿Tienen algo en mente? ― Eso definitivamente sería una grata sorpresa para su esposa.

― ¿Joyería? ― preguntó.

― Sí, es una buena opción.

En esta ocasión no se quejó del tiempo que pasaron en varias joyerías esperando a que los chicos eligieran el regalo que más les gustara.

― El brazalete que siempre usa Effie, el que tiene muchos dijes, ¿Se le pueden agregar más? ―preguntó Peeta.

― Sí, ¿por qué? ¿Viste alguno que te gustara? ― mientras los mayores se paseaban por toda la tienda viendo aretes y collares, Peeta se había quedado observando una gran colección de dijes. Decidió acercarse.

― ¿Crees que le guste éste? ― señaló con el dedo un pequeño corazón de plata que tenía el rostro de tres niños en uno de los lados, el primer con pelo chino, el segundo con cabello lacio y el que estaba en la parte de abajo, casi en la punta, traía una gorra.

― Es perfecto, enano ― le sonrió.

Salieron de ahí con tres pequeñas bolsas, unos aretes, una gargantilla a juego y el dije. Haymitch no permitió que los niños pagaran el regalo como era su intención, les dijo que prefería que ahorraran el dinero que les daban, aunque la mayor parte de su sueldo se los depositaban en una cuenta de ahorro.

Bien, si todo eso no lograba animar si quiera un poco a Effie, no sabía lo que haría a continuación.

...


...

Sae mantuvo a Effie afuera del circo, en la ciudad, haciendo las compras de víveres durante toda la mañana.

El día de las madres no solían hacer algo especial, Mags salía a comer con su nieto, Hazelle con sus hijos y Jack, quien oficialmente se había convertido en su pareja, y ella se quedaba en el circo para organizar sus cosas, revisar pendientes, entre otras cosas, aunque le encantaban los pequeños detalles con los que la sorprendían los niños Mellark, como ella seguía llamándolos, en años anteriores le habían regalado un pastel, flores y dibujos que le hacía Peeta.

No llamaba a su madre, pues seguían sin hablarse con sus padres después de todos esos años, en lugar de eso llamaba a su cuñada.

Regresaron al circo a tiempo para la comida, ahora habían demorado más de la cuenta, pero no se quejaba, le encantaban las compras así se tratara solo de ir al mercado y a almacenes diversos de comida. En cuanto llegaron, de inmediato Chaff y Brutus se acercaron a ellas para ayudarles con las cosas.

Haymitch y los hermanos Mellark también se acercaron a ella, lo que se le hizo algo extraño.

El mago le dio un rápido beso en los labios ― Los chicos y yo te preparamos una sorpresa.

Bannock sacó una pañoleta ― Pero debemos vendarte los ojos primero.

Ella vio de reojo a Haymitch y sonrió y decidió seguirles la corriente, se dejó vendar los ojos y después que la guiaran tomada de la mano a lo que supuso ella, era la parte de atrás del circo donde se encontraban las casas.

Se estaba preparando mentalmente para oler un pastel o flores, cuando escuchó la voz de Rye ― Llegamos.

― Espera princesa, yo te quito la pañoleta, no abras los ojos aún.

― ¿Ya? ― preguntó ansiosa, le encantaban las sorpresas.

― ¡Listo! Puedes ver.

Ella quedó confundida por un momento al ver una gran tienda rosa justo al frente de donde se encontraba su casa, o donde ella suponía estaría su casa, pues no se veía.

― Ven, entra ― Peeta la jaló de la mano.

― ¿Qué es esto? ― volteó a ver a Haymitch al tiempo que se dejaba arrastrar por el chico.

En cuanto entró se quedó sin palabras, era grande, había una hermosa sala al frente con cojines de brillantes colores, una mesita de cristal al centro, en la parte de atrás una mesa de diseño y otra más de trabajo con sillas, un espejo de cuerpo completo, el piso estaba cubierto por tablones de madera y sobre estos una gran alfombra. Estaba sin habla mientras volteaba hacia arriba admirando el ventilador y las luces.

No se dio cuenta que estaba llorando hasta que Rye le preguntó si no le había gustado la tienda.

― Cariño, ¡es hermosa! ― lo tomó del rostro y le di un beso en la mejilla. Después giró con Haymitch ― ¡Me encanta!

― Agradécele a los chicos, yo estaba pensando en algo más chico y no tan lujoso ― le guiñó un ojo.

Ella sonrió, giró y le dio un fuerte abrazo a Bannock, después hizo lo mismo con Peeta.

― ¿Si te gustó?

― La amo.

― ¿En verdad? ¿También la decoración?

― Lo juró ― le besó la cabeza ― Es perfecta.

― ¿Lo ves? ― giró el pequeño hacia el mago ― Es muy importante el estilo.

Haymitch solo rio y negó con la cabeza.

― Te tenemos otras sorpresas ― dijo emocionado Rye.

― ¿Más? ― ella vio de reojo a su esposo.

― Eso es de parte de los chicos, yo no tengo nada que ver.

Ella tomo asiento en el sofá y los hermanos se sentaron a su lado.

― Effie, eres nuestra mamá desde que llegamos aquí, así que te queríamos regalar algo especial en tu día ― Rye le sonrió.

Ella sintió un gran nudo en el pecho y no pudo evitar dejar escapar un sollozo.

― Te compramos regalos, no te pongas triste ― Peeta la abrazó.

― Cariño, no son lágrimas de tristeza ― sorbió por la nariz ― en verdad me siento muy contenta.

― Bien, primero abre el mío ― Bannock le tendió una bolsita.

Ella le sonrió, la tomó y sacó una cajita de su interior ― Son hermosos Bannock ― dijo al ver unos aretes de plata de pequeños aros entrelazados ― Ven acá, dame otro abrazo ― y después se quitó los aretes que traía puestos y se puso los que acababa de recibir.

Después fue el turno de abrir el de Rye, y también quedó encantada con la gargantilla a juego, que también se puso de inmediato.

Por último, Peeta le dio el suyo ― Espero que te guste.

Cuando abrió la caja y vio el dije se quedó sin palabras por un momento.

― Es para que lo pongas en tu brazalete, somos mis hermanos y yo ― le sonrió ― Ya no quiero que estés triste.

― Te prometo que ya no lo estaré ― le dio un sonoro beso en la mejilla.

...


...

Esa noche mientras estaban acostados, ella sobre su pecho, desnudos y algo agitados después de los múltiples agradecimientos que le dio a su marido, le dijo una vez más lo que sentía.

― Muchas gracias por todo, sé por qué lo hiciste, y de nuevo siento mucho haber estado medio ausente estos meses. Te amo muchísimo.

― Solo quiero verte sonreír, no soporto verte triste.

Ella hacía círculos con su mano sobre su pecho ― Me encantó todo, y no puedo creer que compraras una tienda rosa, mi color favorito, la amo y los detalles…

― Como te dije, eso agradécelos a los chicos, porque según me dijeron yo tengo un gusto terrible.

Effie río ― No en todo. Te casaste conmigo ― sonrió de forma traviesa y levantó la cabeza para verlo.

Él rodó los ojos y la acercó para besarla.


¡Hola!

Espero que les haya gustado el capítulo.

Katniss siempre ha sido una chica pasional que a mi parecer actúa muchas veces por impulso y espero les haya gustado la convivencia de Haymitch con los hermanos Mellark.

Respecto al tema de la Inseminación Artificial, yo creo que está claro, solo quería comentarles que cuando se menciona este tema, el bebé hubiera sido de Haymitch. Solo lo comento, porque muchas personas escuchan el tema y creen que acuden a fuerza a un banco de espermas y no es así. Una conocida mía, hace poco en una comida mencionó que tuvo a su hijo por inseminación artificial y otra persona en la mesa le dijo que lo importante era que su marido quisiera al niño como si fuera suyo y todos nos quedamos con cara de WHAT! el bebe sí es de su marido.

Bueno aprovecho para comentarles que ya publiqué una nueva historia Everlark - Hayffie, se llama Matrimonio con el Capitolio y estoy muy contenta por que llevo 17 reviews al día de hoy en el primer capítulo que he publicado, tengo muchos lectores nuevos, y muchas gracias a todas las personas de aquí que también la están leyendo. Sí se pasan por esa historia, por favor no olviden decirme qué les pareció el capítulo.

Muchas gracias por leer y gracias a todos los que me dejan comentarios Claudiacobos79, F, CaroRamos, thelmitagzz, Fernanda, BrendaTHG, Ilovehayffie, Laura, 75everything y a los guest.

F, me pediste mas Gadge, te prometo que habrá más de esta pareja, de hecho viene una bomba, pero más adelante, ya ves que los circos solo se encuentran cada 6 meses, osea cuando el de Haymitch termine en el distrito 6 y el de Snow en el 12 se ven en el Capitolio.

Como siempre les digo, mientras vea que hay comentarios y les gusta la historia, la continuaré, recuerden que también se aceptan sugerencias.

La verdad disfruto leer todo lo que tienen que decir de la historia y qué les pareció el capítulo.

saludos

Marizpe