De antemano lamento que el ser humano más despistado del mundo les haya hecho esperar todo este tiempo, ya faltan pocos capítulos. Si es posible el día jueves pondré dos capítulos más para poder terminar la historia antes de que la universidad me llene de tareas.

Gracias por sus reviews y por leer la historia un abrazo

enjoy

Cuando Me Besas

—Ayer estaba tomando un café en ese nuevo establecimiento, el de East End cuando oí una particular conversación…—Hermione quito la atención de sus huevos escaldados, para posarla en su esposo. Éste se mantenía con la vista fija en el periódico, pero era consciente de su mirada. No hizo la pertinente pregunta, porque sabía que Ron seguiría hablando sin que ella le diera el asentimiento.—Fue curioso oír mi nombre, teniendo en cuenta que ni siquiera estaba sentado en esa mesa.—Entonces alzo sus profundos ojos azules en su dirección, ella se estremeció ligeramente. ¿Era su impresión o lucia más lúgubre que de costumbre?

—¿Qué decían?—insto casualmente.

—No fue específicamente lo que decían, sino lo que dijeron al ver que los observaba…sus rostros se me hacían vagamente familiares, pero estoy seguro de nunca haber cruzado palabra con ellos antes.—Ella frunció el ceño, notando que toda esa adornada presentación se traía algo feo por detrás. —Este grupo de cinco hombres, se acercaron a mi sonrientes y me palmearon la espalda, me estrecharon la mano y creo que también ofrecieron un brindis en mi honor…—Hermione tuvo que reprimir las ganas de reír.

—Que corteses.—susurro como la buena dama que era, Ron apretó los ojos en finas líneas.

—También brindaron por ti…—El bajo tono de su voz anunciaba la calma previa a la tempestad, Ron no expresaba enojo con gritos. No, él te arrullaba con un profundo murmullo que terminaba por ser más contundente, que cualquier vulgar exclamación. —Y por nuestro futuro hijo.—entono la última palabra para darle un toque interrogante, Hermione tomo la servilleta y se secó los ya desérticos labios. —¿Acaso tienes algo que decirme?—suspiro.

—Quizás…allá insinuado algunas cositas frente a lady Pansy.—Él estuvo a punto de responder cuando ella se le adelanto. —Pero nunca admití estar embaraza, eso fue algo que ella sola interpreto.

—Hermione…—aguardo, pues conocía esa reacción. Ron dejaba salir su nombre por entre sus labios, como si de alguna forma pudiera acariciar las silabas. No sabía cuándo comenzó a desear tanto oírlo llamarla por su nombre.—No es pertinente que provoques a esa mujer o a ninguna otra.—bajo la vista a sus manos, un tanto avergonzada. Él tenía razón, pero odiaba que la avasallaran solo porque no era inglesa o porque no la creían digna de llevar un título señorial. Ella era tan buena como cualquiera de esas damas y si algo había aprendido de su hermana, era que no debía dejarse ser menos.

—Ron tú no entiendes…—Se obligó a callar cuando él clavo su limpia mirada en su persona, la típica que decía: es mejor que no me contradigas.

—No importa si entiendo o no, es que aún no comprendes que no necesitamos estar en boca de esas…damas. —asintió herida por la dureza de su aseveración, aunque él no había alzado la voz sus palabras surtieron el efecto deseado, intimidarla. Hermione se puso de pie dejando la servilleta pulcramente doblada en la mesa del comedor.

—Comprendo, si me disculpa milord.—murmuro saliendo airosa por la puerta principal, convencida de que podría contener las lágrimas hasta llegar al piso de arriba. Una vez cruzar la puerta de la habitación, se dejó caer contra ésta de forma poco decorosa. Cargo los pulmones en cortas inhalaciones, hasta que pudo controlar su genio y con la poca paz adquirida fue a sentarse en el alfeizar de su ventana. Desde allí observo las calles londinenses, como de costumbre, atiborradas de personas y caballos. Hermione suspiro y reposo la cabeza en el frio vidrio, sin notarlo siquiera cerró sus ojos y una vez más deseo poder moverse más allá de sus límites. Necesitaba tanto algo de consuelo, pero no podía simplemente salir a buscarlo, sabía que no lo encontraría en ese lugar. Últimamente cada vez le costaba más mantenerse en su sitio, ella actuaba por instinto y desafortunadamente eso no era un buen rasgo para una dama. Pero no podía evitarlo por completo, pues estaba saturada y ni siquiera sabía porque.

En su mente se repetía una y otra vez ese mismo sueño, algo que venía perturbándola desde hacía meses. No conseguía la forma de descifrar su significado y por alguna razón, sentía que cada segundo que pasaba éste amenazaba con llevarse su felicidad. No podía hablarlo con Ron, no porque no confiara en él. Simplemente había comprendido que él prefería ignorar esas cosas. A pesar de que su esposo, la aceptaba tal y como era, aún mantenía sus reservas. Sabía lo que ella era, sabía que era muy probable que sus futuros hijos fuesen igual, pero no emitía juicios al respecto. Como si ignorando el problema, este terminaría por disiparse por sí solo. Él no le pedía que cambiara su naturaleza, no le impedía absolutamente nada, solo que no llamara la atención.

Ella lo entendía, pues que mantuviera controlada su magia era una forma de protegerse a ella misma y a su hermana. Pero no siempre podía manejar su genio y eso le cobraba factura, últimamente con mayor frecuencia. Suspiro cansinamente y al desplegar los parpados, se encontró con él viéndola desde su izquierda.

—Eres una impetuosa rusa.—dijo a modo de reprimenda, pero luego una sonrisa ladeada surco sus cincelados labios. Le extendió una mano para ayudarla a incorporarse, Hermione la tomo algo vacilante. —Perdón…fui grosero.

—No me des una ensayada disculpa.—espeto dándose la vuelta para atrapar a Pig, quien ya se encontraba metiéndose dentro de su canasta de bordados. Tomo a la escurridiza comadreja y lo deposito en las manos de Ron.—Llévatelo, le gusta morder los encajes y ha arruinado cientos de vestidos.—Ambos la observaron con ojos pesarosos, ella no se dejó embelesar por sus actuaciones. Ron coloco al animal sobre su hombro, como si se tratara del loro de un corsario y con las manos libres la tomo por la cintura, atrayéndola con delicadeza. Hundió el rostro en la curvatura de su clavícula y con perezosos besos, fue marcando un sendero hasta sus labios. Ella intento mantenerse imperturbable, frente al descarado roce de su lengua pero fracaso lastimosamente y dejando ir un leve gemido, entreabrió la boca para darle la bienvenida. Ron la presiono suavemente contra la firmeza de su pecho y por un momento, atrapada por los movimientos de sus labios sintió perder la noción del tiempo. Entonces un cosquilleo en la mejilla derecha la obligó a abrir los ojos, noto que Dublín también estaba intentando expresar su arrepentimiento. Quizás por haber arruinado el vestuario de toda una temporada. Ron nunca parecía reparar en la presencia del animal, pero a ella los bigotes del hurón le hacían cosquillas.

Se apartó posando una mano en el pecho de su esposo y éste lucio ligeramente confundido. Ella le planto un desprevenido beso en los labios antes de sonreírle.

—Te perdono.—musito sabiendo que no podía estar verdaderamente enfadada con él. Era simplemente imposible. Unos ojos rojos la escrutaron impacientes en ese momento y ella enfrento la mirada con resolución.—A ti también, pero que no se vuelta a repetir.—Ron rio entre dientes y acorto sus distancias, Hermione esperaba un beso pero en contra partida recibió una palmada en el trasero.

—Trabajaremos en el nuevo miembro de la familia más tarde.—Se inclinó para besarle la frente, Pig se puso en sus dos patitas para también rozarla con su rosada nariz. Ella rodo los ojos divertida y aguardo hasta ver, como hombre y hurón se retiraban con el mismo sigilo con el que habían ingresado. El calor que había inundado la habitación hasta entonces, pareció esfumarse a tiempo que Ron se giraba para ofrecerle una última mirada. Hermion ese estremeció, el dolor en el pecho regreso y la sensación de soledad solo aumento de tamaño. Ahogo un sollozo con su puño.

Gin descendió de Sugar con un solo salto y acarició las crines del caballo, antes de entregarle las riendas a Theo. Él joven le ofreció una sonrisa, dejando en sus manos el correo de la semana, al parecer el mozo se había cruzado con la comitiva. Camino a la casa Ginny fue pasando las cartas entre sus manos, tratando de descifrar los sellos que las rotulaban. Había una de Ron, seguramente negocios pensó ella. También de algunos agrónomos de la zona y un ejemplar de lo que parecía ser publicaciones varias. Tomo éste último y lo inspecciono con mayor detenimiento, ese era para ella.

—Finalmente.—susurro con una sonrisa, había esperado el nuevo artículo del Conde Fantasma casi un mes. Era un poco frustrante que para tener algo de buena lectura, uno debiera aguardar tanto tiempo pero ella seriamente creía que valía la pena. Una tarde de ocio la había guiado a la biblioteca de Harry y tras retozar entre libros aburridísimos, de astronomía y geografía. Había dado con lo único que podía considerarse literatura para entretener. Harry guardaba una cuantiosa suma de publicaciones del Conde Fantasma, desde novelas hasta simples artículos de crítica a la alta sociedad. El escritor era finísimo al momento de apuntar los defectos, tenía una forma divertida de resaltar al último ebrio del pueblo, a la nueva viuda prostituta o al joven caballero confundido, que se encontró en un callejón en comprometida situación con su mejor amigo. Ginny se desternillaba de risa con ese escritor y le fascinaba esperar sus artículos, era una pena que no pudiese conocerlo en persona. Dado que Harry le había comentado que muchas personas utilizaban pseudónimos para no ser castigados por su osadía. No era pertinente que esa lectura de contrabando se volviera popular, por lo que el Conde Fantasma se mantenía en un profundo anonimato.

Tiro las cartas sobre una bandejita de plata y se recostó en el sillón de su esposo, para leer a su autor favorito. Estaba a medio articulo cuando sintió deseos de apaciguar las aguas, presiono las piernas pero fue inútil debía ir y de buena fuente sabia, que no era saludable aguantarse. Se puso de pie a regañadientes, pero entonces algo la hizo detenerse en su carrera. Una de las cartas de Harry se había caído al suelo, luego de que ellas las aventaras en su urgencia por leer. La tomo por una esquina, el sobre era de un color violeta profundo y el sello no supo reconocerlo. Estaba dirigido a Harry Marques de Godric, pero no decía quien la enviaba. Gin la inspecciono a contra luz, pero no logro ver nada pues el color del sobre era muy opaco. La deposito en la bandejita de su esposo y se dio la vuelta para retomar sus cosas, pero una fuerza sobrehumana la obligó a volverse. En un segundo la carta volvía a oscilar en sus dedos, que amenazaban con hacer un rápido movimiento que liberaría a su curiosidad. Estaba mal y ella lo sabía, era una invasión a la privacidad de su marido, pero también estaba ese aroma a lavanda que expedía la maldita carta. No iba abrirla se dijo resuelta y una vez más la abandono, pero no hizo dos pasos lejos del escritorio que la tomo nuevamente y con un furtivo tirón la abrió. Bien, ya no había marcha atrás, había roto el sello por lo que Harry sabría que ella la había abierto. No tenía sentido no leerla ya ¿verdad? No aguardo respuesta y se apresuró a desplegar la única hoja del interior. De esta cayeron algunos pétalos y ella supo que eso era lo que le daba tan característico aroma, era una costumbre de las mujeres enviar cartas con pétalos en su interior. Por lo que eso no la sorprendió, al menos no tanto como lo que decía la misiva.

Mi querido marques:

Espero contar con su pronta visita a Lilies Manor, asuntos que a ambos nos causaran felicidad, me llevan a comunicarme con usted con tanta premura. Lamento no ser capaz de contenerme, pero necesito llevar acabo esta reunión lo antes posible. Aguardare su respuesta con impaciencia.

Suya L.P.P.

—¿L.P.P?—Se pregunto ella, sin llegar a comprender por completo los motivos de esa carta. ¿Por qué una persona no firmaría con su sello? ¿Y qué demonios significaba ese "suya"? Sin darse cuenta Gin cerro la mano en un puño, dejando la carta en deplorable estado. Bien, se dijo internamente. No pensaba permitir que esa horrible mujer pidiera audiencia con su marques. ¡L.P.P! Claro, si hasta era obvio. —Lady Pansy Parkinson…—¿Cómo se atrevía? Esa zorra mantenía correo privado con su esposo, era ultrajante, era irritante, era…era para matarla. ¿Acaso Harry le respondería? No pudo evitar un escozor en su pecho frente a esa posibilidad, si Pansy se dirigía a él con tanta confianza era porque Harry se lo permitía. Aun así eso no significaba nada, no quería decir que la engañara, su esposo era amable con las damas y Pansy al fin y al cabo era una. Seguramente no la desairaba para no causar revuelo, o quizás esa era la primera carta y no había razón para alarmarse. Aun así Ginny tomo los pétalos del piso, la carta y el sobre, sin perder más tiempo los arrojó al fuego crepitante de la chimenea. Un pensamiento macabro paso por su mente en ese momento, sería tan feliz si pudiera deshacerse de Pansy de una forma tan sencilla. Pero entonces otra idea se hizo de su cerebro…¿Dónde rayos quedaba Lilies Manor? Hasta donde ella sabia Pansy residía en Londres, pero su hogar londinense no se llamaba así, se llamaba…se llamaba…Gladstone o algo por el estilo.

Salió de la biblioteca dispuesta a saciar su curiosidad, pocas personas eran tan conocedores de la sociedad como su buen amigo Rolf . Y gin sabía que él respondería lo que fuese, sin hacerle preguntas luego.

—¡Rolf!—Grito desde la puerta de la cocina, él alzo la cabeza buscándola con la mirada y cuando la vio corrió en su dirección.

—¿Madame Godric?—insto doblándose en una rigurosa flexión. Ginny rodo los ojos, no le agradaba que la tratara como si ella fuese la reina. Pero Noah era muy apegado a las reglas y ahora que ella era marquesa, siempre se encargaba de recordárselo.

—Una pregunta.—dijo con inocencia. —¿Conoces algún lugar llamado "Lilies Manor"?—Él frunció el seño pensando o molesto, ella no pudo determinarlo, luego de un segundo respondió.

—¿Por qué lo pregunta?

—Curiosidad.—respondió automáticamente y aunque Rolf desconfió de esas palabras, asintió sin dar a conocer su verdadera opinión. Quizás después de todo si había algo positivo, en esto de ser marquesa.

—Es una de las residencias de Parkinson, aquí en Bath.—Gin logro sonreír a pesar de que sintió, como la ira se iba haciendo de cada parte de su cuerpo. Esa perra estaba asechando en Bath, después de tantos meses Ginny comenzó a realmente tomar en cuenta su amenaza.—¿Madame?—Se obligo a volver en si y guardar sus pensamientos homicidas, en el bolsillo. Pansy podía ser una molestosa fregada, pero aún no había hecho nada como para que ella se pusiera a la defensiva. Sí había invitado a Harry a una reunión, en su casa. Pero muchas personas invitaban a su esposo, a sus hogares, después de todo él era el terrateniente con más ingresos en todo Bath. Era normal que fuese solicitado, pero Ginny se cortaría los dedos de las manos si las intenciones de Pansy fuesen nobles. Estaba más que obvio que intentaba, hincarle el diente a su marido y por eso se había trasladado a esa otra residencia. Una mujer como ella le tiene pudor a la vida campestre, solo un hombre la obligaría a migrar del centro urbano. Debía de estar verdaderamente necesitada o era más perseverante, de lo que ella se había imaginado. Sea lo que fuese, Ginny no estaba dispuesta a dejarse amedrentar. Si esa "mujer" era terca, es porque aún no la conocía a ella en pose territorial.

Conforme las horas fueron pasando, así también se fue yendo su preocupación. Tenía un plan para que Pansy no se acercara a Harry, pero por el momento no podía ponerlo en acción. Tan solo quedaba esperar, Ginny había decidido ser la guardiana de la correspondencia. Si Pansy intentaba comunicarse, ella la interceptaría al instante. No es que desconfiara de Harry, pero sabía que él sería incapaz de rechazar una invitación formal. Porque de esa forma se estaría mostrando grosero y eso no era bien visto por el resto de los hacendados. Así que la mejor forma de no dejar mal parado a su marido, era mantenerlo ignorante. Las cartas de Pansy jamás llegarían a sus manos y Abi esperaba, que ella terminara cansándose de esperar y regresara al agujero del cual había salido. En rasgos generales, su plan no tenía fallas. Pero esa no sería la primera, ni la ultimas vez que sus planes terminaban mordiéndole por el culo.

—Buenos días Mi Lady.—Ella dio un respingo y se volvió rápidamente, en el pasillo había un lacayo de ojos achispados y cabello pulcramente negro. Ginny lo observo con detenimiento, pues estaba segura de no conocerlo.

—Hola.—respondió acercándose con premeditada lentitud. —¿Tu quién eres?

—Soy Blaise Zabini.—El así llamado Blaise, se reverencio para luego volver a su posición junto a una puerta. Ella lo examino un segundo más y sonrió a modo de saludo. Era imposible, todos los días aparecía alguien nuevo, era como si Harry se estuviese burlando de ella. Ginny le había asegurado a su esposo, que ella podía manejar la casa y que era capaz de aprenderse el nombre de todos y su función. Él se había reído diciéndole, que eso era imposible, pero ella no se iba a dar por vencida.

—Bien Blaise, bienvenido.—El muchacho arqueo una ceja y ella siguió su camino, directo a su habitación.

Esa mañana había recibido las nuevas telas para sus vestidos, no se podía quejar nunca había tenido un vestuario tan amplio. Y después de siete meses de matrimonio, ya ni se acordaba como era usar un par de jeans. Por muy extraño que sonase, no extrañaba casi nada del siglo XXI. Los pequeños detalles que hacen la vida más cómoda, perdían su peso junto a la sensación de disfrutar de las cosas en su estado más natural. Todo era mucho más manual, mucho más personal. Y si están pensando que por ser una marquesa, Ginny no debía ensuciarse las manos, pues se equivocan. Ella era la dama de la casa, pero eso no significaba nada. Debía ayudar con la colada antes del invierno, debía supervisar a todos los criados, debía vigilar la agenda de las cosechas, debía atender a los pedidos de sus arrendatarios. En pocas y cortas palabras, su día era tan ajetreado como el de Harry. Pero eso la mantenía ocupada y feliz, sabiendo que al finalizar la esperaba la mejor recompensa. El recuentro con su esposo.

Mientras subía las escaleras, Harry se iba deshaciendo de su traspirada y húmeda ropa. Al llegar a sus habitaciones privadas, tan solo llevaba su camisa y sus calzones.

—Milord.— siempre alerta su mayordomo lo esperaba puertas adentro, con una jofaina cargada de tibia agua. Harry termino por tirar el resto de su ropa sobre una silla y su ayuda de cámara, juntó las prendas del piso sin quejarse por su mala puntería.

—¿Mi esposa?

—La señora está en sus aposentos.—respondió el hombre taciturno. Harry arqueo una ceja mientras se lavaba el cuerpo a gran velocidad. Había planeado pasar a saludar a Ginny antes, pero apestaba a cosas que era mejor ni siquiera averiguar. Ese día había estado literalmente, hundido hasta las cejas. Uno de sus arrendatarios tenía dificultades en sus campos, las últimas tormentas habían inundado gran parte de sus terrenos, echando a perder la cosecha de meses. Pasaron horas discutiendo la mejor solución para el problema, al mismo tiempo no pudo eximirse de examinar la cuestión a fondo. Al terminar estaba completamente mojado, helado y tiritando como un perro abandonado. Lo único positivo de esa expedición, fue que terminaron hallando una forma de salvar las tierras (o parte de ellas).

—Puedes retirarte.—el mayordomo asintió y se esfumo casi sin emitir sonido a su retirada. Él termino de limpiarse y luego se secó con la toalla, echándole una mirada a la ropa que le había dejado su ayuda de cámara sobre la cama. Se puso unos calzones limpios de piel y gran parte de su cuerpo se relajó, aunque aún tenía frio. El silencio pareció envolverlo por una fracción de segundos, hasta que logro captar que más allá de su habitación se oía una suave voz. Harry se dirigió a la puerta de comunicación, del otro lado podía escucharla a ella, moviéndose de un lado a otro mientras entonaba una melodía. No era la primera vez que la oía cantando, en realidad pensaba que Ginny tenía una voz hermosa. Bueno, a decir verdad pensaba que cualquier cosa que su mujer hacía, lo hacía con la idea fija de volverlo loco.

—Oh, when you kiss me…(Oh cuando me besas)—Él se quedó callado, mientras apreciaba uno de sus tantos talentos.

I know you miss me
And when you're with me
The world just goes away
The way you hold me
The way you show me

that you adore me

oh, when you kiss me[1]…

Abrió la puerta entonces, procurando no alertarla de su presencia. Ella normalmente se silenciaba cuando lo veía. Estaba de espaldas a él, sacudiendo en el aire un vestido, para luego apretarlo contra su pecho y apreciar su reflejo en el espejo.

—You are the one, I think I'm in…(Tu eres el elegido, creo que estoy…)—entonces lo vio. Harry sonrió muy a su pesar, le habría encantado saber cómo terminaba esa frase. —¿Qué haces aquí?

—¿Acaso no puedo venir a visitar a mi esposa?—A Ginny bi bajo la vista avergonzada.

—Claro…solo que…te esperaba más tarde.—Él ignoro su vacilante respuesta y se acercó para saludarla como era debido. Ginny pareció al instante olvidarse de su intromisión a mitad de su canción y lo beso con tanta dulzura, que él tuvo que apartarse unos segundos para pensar con claridad.

—Me gusta oírte cantar…¿Cómo sigue?—Ella lucio confundida por un momento, pero luego sonrió sacudiendo la cabeza en una negación. Sus ojos viajaron hacia esa pecaminosa boca y no pudo evitar devorarle los labios, una vez más. —Canta para mí.—pidió deteniéndose a respirar junto su oreja.

—No.—Harry la presiono contra su cuerpo, besando su cuello. Jugando con ella, tarde o temprano terminaría haciéndola acceder a su pedido. Ginny se estremeció cuando su lengua rozo la comisura de sus labios y busco un camino directo a su interior. Cuando ella comenzó a devolverle el beso, Harry se apartó.

—Canta para mí.—Ella volvió a negar, él se juntó sus labios por una milésima de segundos y una vez más se apartó. —Canta para mí.

—No hagas eso.—Se quejó hundiendo una mano en su cabello, para tratar de mantenerlo firme contra su boca. Harry esquivo sus labios y rió al oír su bufido. —¡Harry!

—Canta para mí.— Ginny lo observo un segundo entero y él se encargó de poner su rostro más angelical.

—Eres tan…—No término su frase pues le zampo un beso acallador, luego reposo la cabeza sobre su hombro y ella comenzó a peinarle el cabello con los dedos. —I can see the two of us together…(Puedo vernos a los dos juntos)—Sintió ganas de perderse en sus lujuriosos besos de nuevo, pero se contuvo y la escucho cantarle con una sonrisa de triunfo.—I know I'm gonna be with you forever, Love couldn't be any better. (Se que estaré contigo para siempre, el amor no podría ser mejor)—Harry alzo la cabeza y se encontró con sus labios, tersos, húmedos, dispuestos para él. Ella tenía razón, no podía ser mejor que eso.

Ginny se quedó muy quieta, disfrutando la sensación de tenerlo dormido sobre su cuerpo. Harry respiraba lentamente como un niño ajeno al mundo, ajeno a las preocupaciones. A ella le gustaba verlo así, pues sabia cuanto se presionaba para destacar en todo. Harry era un excelente comerciante, un terrateniente envidiable y un esposo modelo. No le cabía dudas, él la amaba tanto como ella. A pesar que nunca lo había oído pronunciar esas palabras, pues Harry era reservado. Ginny conocía sus tiempos y sabia que no era de lo más hablador, él daba muchas cosas por sentado y lo que no pronunciaba, se encargaba de darlo a entender con sus actos. Y Ginny se sentía amada, entonces ¿Por qué aun parecía estar incompleta?

—¿Dónde aprendiste esa canción?—Ella se sobresaltó, en verdad no esperaba oírlo en ese momento.

—Pues…a mi madre le gusta la música Country y siempre nos hacía oír a esa cantante.

—¿En el teatro?— Ginny sonrió, nunca había ido a un concierto en su vida.

—No…en el radio.—Él no respondió, seguramente analizando sus palabras. En los últimos meses, Ginny había implementado una nueva fórmula con su esposo. Sabía que Harry nunca creería en ella, pero estaba dispuesta a demostrarle que no era una loca. Siempre que él le preguntaba algo, ella le respondía con completa honestidad. A esa altura ya ambos se tomaban sus palabras como un juego y había veces en la que él le preguntaba, solo para cabrearla. Ginny insistía en que decía la verdad y Harry se limitaba a responder un: seguro.

—¿Qué es un radio?—Así empezaban siempre.

—Un radio es un aparato eléctrico, que sirve como receptor de ondas electromagnéticas…—Él se irguió para mirarla fijamente, eso la intimido un poco pero no se interrumpió en su explicación.—…trasmitidas por un emisor de radio, recupera señales vocales y las reproduce…de forma que uno pueda oírlas, a pesar de las distancias. —Harry asintió con un gesto que a ella le costó descifrar, no sabía si estaba impresionado por sus palabras o alarmado.

—Suena plausible.—termino por decir y Ginny rodo los ojos.

—¡Por supuesto que lo es! ¿Crees que me inventaría todo eso? No tengo tanta capacidad.

—Eres la mujer más inteligente que he conocido.—Él cambiaba el tema, para que no discutieran al respecto. En más de una ocasión Ginny terminaba exasperándose por su falta de fe en ella y enfurruñada se negaba a hablarle.

—Harry…¿me crees?

—Seguro.—Luego volvió a recostarse y ella asintió en silencio, él lo decía por decir. Ginny ya no sabía como hacerle entender que todo lo que hablaban no era una broma, o algo producto de su sugestionada imaginación.

—Algún día me creerás.—asevero con convicción en su voz, aunque eso no llego a convencerla a sí misma.

—Mmm…aun no me has dicho nada, que me confirme realmente de dónde vienes. —Ella bufo.

—¿Qué quieres que te diga?—insto altanera.

—Tal vez…si mis caballos ganaran las carreras de este año.—Eso era ridículo ¿Cómo podría ella saber algo así?

—No puedo saberlo…

—Pero es el futuro ¿o no?

—Es el futuro, pero no algo que yo viví…¿Acaso tu recuerdas que comiste hace dos años?—Harry negó.—Pues ¿Cómo esperas que recuerde eso? Esa clase de cosas, no aparece en los libros de historia.

—¿Entonces qué?—pregunto desinteresadamente con una sonrisa zalamera, que a ella le hubiese gustado borrar. Se silenció pensando algún acontecimiento importante, del cual Harry seria testigo y no le cabria dudas de su verdad. Desafortunadamente ella era terrible en historia, era la materia de la escuela que menos le gustaba y en la nunca ponía atención. Pero estaba convencida de que podría hallar algo…—¿Nada?—eso nada más logro cabrearla.

—Ehh…en 1789 en Francia se firmara la declaración de los derechos del Hombre y el Ciudadano. —Lo recordaba muy bien, pues había tenido que hacer un ensayo de ese tema. En su época situaban a ese acontecimiento, como el inicio del pensamiento socialista y varias naciones basaban sus constituciones en él. Sin duda alguna Harry no le refutaría eso, a pesar que aún faltaba. —Y también toman la Bastilla en ese año…—Se esforzó por socavar en esa línea de pensamiento, ella no sabía mucho de historia inglesa pero de la francesa recordaba más. Pues sus actos eran algo difíciles de olvidar, ya que habían sido un punto de inflexión que determino el inicio de la edad contemporánea.—Habrá una revolución en Francia, que llevara a la ejecución de sus reyes…

— Ginny …—Pero tras esa única palabra, él volvió a sumirse en sus cavilaciones.

—Harry, no te estoy mintiendo…todo eso pasara antes de 1800.—Ella se incorporó hasta quedarse sentada y él la imito, luego de mirarla por un largo segundo poso una de sus manos en su mejilla.

—No creo estar presente para ese momento.—Sonrió marcando con su pulgar círculos en su cuello, Harry se inclinó para besarla pero Ginny lo detuvo con una mano en su pecho.

—¿Qué quieres decir con eso?—Lo increpo borrando cualquier rastro de diversión de su rostro.

—Bueno…—Hablaba con su vista puesta en su boca, como si la conversación careciera de importancia para él.—Para ese entonces yo tendría algo así como…sesenta años…hay como una especie de regla en mi familia.—Se silenció tomando un mechón de su cabello y acomodándolo diligentemente con el resto, Ginny puso los ojos en blanco.—Los hombres Weasley no viven más allá de los treinta y cinco, el único que logro romper esa regla fue mi abuelo.—se encogió de hombros como si lo que acabara de decir, fuese una estupidez relevante. —Mi padre murió con treinta y cinco años, mi tío solo tenía veintiocho, mi hermano Fred murió a los tres años…y bueno la lista continua…—suspiro.—Así que creo que no seré capaz de ver lo que me indicas.—Harry finalmente la observo y seguramente noto algo en su mirada, pues al instante cambio su expresión hasta lucir preocupado. Ella no se movió, tan solo pudo verle con fijeza.—No digo que…—Pero no le permitió seguir, se puso de pie abruptamente y tomando su bata salió de la habitación como una posesa. — Ginny.—Ella cerró la puerta de comunicación y apoyo su peso sobre la superficie de madera, de modo que Harry no pudiera pasar. ¿Es que acaso era estúpido? ¿Cómo se le ocurría decir tal cosa? — Ginny déjame entrar.—No hizo caso de sus palabras y se deslizo contra la puerta, hasta quedar hecha un ovillo al final de la misma. Escucho sus movimientos del otro lado y entonces supo que no había trabado la puerta que daba al pasillo, en menos de un segundo lo tuvo a su lado.

—Déjame.—Le espeto en cuanto él quiso ayudarla a incorporarse.

—Lo lamento…no quise decir eso…— Ginny lo miro con tristeza, en algún momento sus ojos se habían cubierto por un delgado velo de lágrimas.

—Eres un hipócrita ¿Cómo se te ocurre decirme algo así?—Harry se revolvió el cabello en gesto nervioso.

—No estaba pensando con claridad, solo hable por hablar…Pensé que sabias ese tonto cuento, todos…todos…—No continuo pues de momento a otro, la envolvió entre sus brazos posesivamente. —Fui un estúpido lo lamento.—Él no tenía idea de lo estúpido que había sido, pues Ginny podía soportar que se burlara de ella, podía soportar que no le creyera. Pero que le dijera que moriría en pocos años, para dejarla completamente sola. Eso sí que no lo aguantaba, ella no podría imaginarse seguir adelante sin él.

—Ni se te ocurra repetir eso otra vez.—Harry asintió seriamente.—Tu vivirás muchos años…no te permitiré dejarme.

—No te dejare.—Él intensifico el abrazo.—Estoy aquí contigo…lo prometo.—Ella asintió arrellanándose contra su torso, pero en un momento su mente le arrojo una interrogante que le fue imposible ignorar. ¿Por cuánto tiempo?


[1] Se que me extrañaste y cuando estas conmigo, el mundo se desvanece. La forma en la que me abrazas, la forma en que me demuestras que me adoras...Oh cuando me besas…