Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.
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Capítulo 26
La pérdida de un ser querido es doloroso para cualquiera, decir adiós jamás es fácil y menos cuando se trata de alguien tan importante para ti. Muchas personas dicen que con el pasar del tiempo lo vas superando, quizás entendiendo y finalmente olvidando. Sin embargo, hay quienes aseguran que ese dolor nunca se va, solo se va aprendiendo a vivir con esa ausencia, con ese vacío que dejó en tu pecho.
Dejarse envolver por el dolor no es algo recomendable, pero cada quien vive el sufrimiento a su manera. Aunque no se debería olvidar que la vida sigue y si se observa alrededor, siempre se encontrará un rayo de luz que, de una u otra manera, ayuda a continuar. Todas las personas dejan marcas, recuerdos, instantes maravillosos que jamás se irán de la memoria de quienes los amaban.
Para Edward, perder a su padre fue lo más doloroso que había vivido hasta ese momento. Desde siempre, Carlisle fue su héroe, su amigo, su confidente, a pesar de algunas discusiones que tuvieron a lo largo de su vida. Lo había perdonado y ayudado cuando pasó por su etapa de rebeldía y estuvo para él cuando pensó que su vida no tenía sentido. No dudó en apoyarlo cuando quiso independizarse y, a pesar de que a veces estaba en contra de sus decisiones, en ningún instante dejó de decir lo orgulloso que estaba de su hijo. Su papá era alguien a quien siempre admiraría, no solo por ser un buen padre, sino porque siempre vio en él a un hombre extraordinario, un esposo amoroso y un jefe justo. Bien sabía que no era perfecto, tenía muchos defectos, pero jamás dejó de esforzarse por darle a su familia lo mejor.
Verlo tendido en aquella cama, sin vida, abrió un agujero en su corazón, lloró como nunca lo había hecho, se sintió inútil al no poder hacer nada y gritó con todas sus fuerzas para sacar el dolor que sentía. Vio a su madre llorar desconsolada al ser abrazada por Rosalie, pensó que él debería estar con ella, pero no pudo hacerlo, su propio dolor lo estaba matando y salió de ahí; necesitaba respirar porque adentro se estaba asfixiando. En la puerta chocó con Andrew, lo golpeó en el rostro con todas sus fuerzas y siguió su camino, ni siquiera regresó a ver qué sucedió con él. Llegó a la terraza para poder estar solo, necesitaba un poco de tiempo para tranquilizarse y comenzar a asimilar todo.
Después de escuchar a su padre, Isabella estaba aturdida, sabía que tenía que hablarlo con alguien, llamó a Rosalie y ella le contó lo sucedido, no se sentía capaz de ver a Esme o Edward, no después de lo que Charlie le confesó. Sin embargo, pensó en él, en su amigo, el que siempre estaba a su lado y deseaba lo mejor para ella, así que fue hacia allá, intentó localizarlo por todo el hospital hasta que finalmente lo encontró. Se acercó a él y lo abrazó con todas sus fuerzas. Edward parecía a punto de derrumbarse, nunca lo había visto tan vulnerable, estaba dispuesta a mantenerse a su lado hasta que él le dijera lo contrario.
Apenas llegó, Edward sintió la presencia de Isabella, lo confirmó cuando unos brazos lo rodearon y sin decirle nada lo acompañó, le agradecía mucho que no le hablase, sino que lo acompañara, que con su gesto le hiciera saber que contaba con ella. Por varios minutos, ninguno habló, hasta que llegó el momento de regresar, sabía que su madre lo necesitaba y que seguramente debía hacer algunos trámites antes de llevarse el cuerpo de su padre.
Todo lo que sucedió después apenas lo notó, pasó demasiado rápido. En el velorio, Edward pareció reconocer a algunas personas cuando se acercaban a darle el pésame, se tuvo que contener muchas veces para no gritarles y sacarlos de ahí, no entendía cómo eran capaces de presentarse después de haberle dado la espalda cuando pasó por momentos tan difíciles. Pero cuando llegaron Andrew y los señores Swan…, simplemente perdió la razón, Isabella tuvo que intervenir y de alguna forma logró calmarlo.
Isabella notó que su amigo, en su interior se debatían muchas cosas, así que se limitó a estar a su lado, estaba convencida de que debía contarle la verdad, pero no sabía cómo hacerlo. Ella también lloró por la pérdida de Carlisle, a pesar del poco tiempo que lo conoció sentía un gran cariño hacia él y su familia. Acompañó a Esme, aunque el remordimiento no la dejaba tranquila.
El entierro fue más íntimo, ellos quisieron que solo las personas más cercanas estuvieran presentes. Esme cayó de rodillas mientras lloraba al ver cómo su esposo era enterrado, Edward la ayudó a levantarse y la sostuvo hasta que todo terminó. Después se la llevó a casa a descansar, él debía cuidarla, protegerla y restituirle todo lo que le habían quitado, aunque era imposible devolverle al amor de su vida. Estaba empeñado en saber qué fue lo que sucedió aquella noche y decidió visitar al señor Swan, ya que estaba convencido que de Andrew no obtendría nada.
—Habla de una vez, Isabella, sé que algo ocultas —le dijo Rosalie en cuanto estuvieron en el departamento y alejadas de Edward y Esme.
Ella estaba nerviosa y desvió la mirada.
—Somos tus amigas y solo tratamos de ayudarte —intervino Jessica al verla indecisa.
—No puedo decírselo, no a ustedes, tengo que hablar con Edward sobre esto —contestó y se dejó caer en el sofá—. Es muy difícil como para contárselo a alguien antes que a Edward.
Sus amigas la miraron con sospecha, ellas habían sacado sus conclusiones, ya que Isabella se mostró extraña después de hablar con su padre, y si mencionaba a Edward…, había muchas probabilidades de que se avecinen grandes problemas.
La madre de Rosalie había acudido para el funeral de Carlisle y días después del entierro le propuso a Esme irse de viaje con ella. Edward estuvo de acuerdo y le ofreció todos sus ahorros para que se marchara, ya que estaba seguro de que para su madre sería muy difícil estar presente durante el juicio. Esme se negó a dejarlo solo, pero entre todos la convencieron de que sería lo mejor, pues así podría distraerse y descansar. En pocos días, la pusieron en un avión junto a la señora Hale y al verla partir, Edward se sintió más tranquilo, había resuelto hablar con Charlie Swan ese mismo día, pero no pensaba decírselo a nadie.
Desde que Carlisle murió, Isabella no se presentó en su trabajo y tampoco mostró ninguna justificación, al guardar un secreto tan grande que podría cambiar la vida de muchas personas, poco le importó su trabajo, así que cuando le llegó la notificación de su despido no se sorprendió. Su padre le ofreció regresar al departamento que le había regalado y darle dinero, ella no lo aceptó, ni siquiera lo escuchó más de cinco minutos antes de colgarle el teléfono. Rosalie pensó en ofrecerle trabajo en su empresa, pero se sorprendió cuando Jasper se le adelantó. Su hermano había cambiado mucho desde su regreso; si no estaba en la oficina, estaba en casa de Alice con sus hijos, trataba de pasar el mayor tiempo con ellos. Tenía la certeza de que algo sucedió con Irina, sin embargo, cuando se lo preguntó, él no respondió, no quiso inmiscuirse demasiado a pesar de su preocupación, pero le alegraba ver que parecía regresar a ser el de antes. Sabía que Alice no lo aceptaría de regreso como su esposo, y en su opinión, eso era lo mejor, que quedasen como amigos.
Seth fue un gran apoyo para Edward, él también sufrió por la pérdida de Carlisle, ya que siempre fue como su segundo padre. Intentó hacer las cosas más fáciles para su amigo y volver a la normalidad, sabía que algo le pasaba y tras escuchar una conversación, se decidió a hablar con él.
—Sé que irás a ver al padre de Isabella, así que mi pregunta es ¿por qué? —preguntó con sospecha—. Mañana se inicia el juicio, no tienes nada que hablar con él.
—Necesito saber por qué murió mi papá, y solo él puede decírmelo —respondió con mucha determinación.
—¿Por qué no le pides a Isabella que te ayude?
—Porque no quiero ponerla a elegir entre los dos, después de todo, es su padre. —Había considerado esa opción, su amiga le dijo que contaba con ella, no podía decir que no trató de hablarle, aunque finalmente decidió que haría eso solo.
Isabella se mudó con Rosalie a su departamento, pero en la mudanza se dio cuenta que había dejado muchas cosas en el que le regaló su padre. Todavía conservaba la llave, por lo que, junto a su amiga, se decidió a ir, sacar sus cosas y devolverle las llaves a Charlie lo antes posible. Al entrar, escucharon el sonido del televisor y se dieron cuenta que alguien estaba ahí.
—¿Quién eres y qué haces aquí? —le preguntó Isabella a la chica que estaba viendo la televisión. Pensó en llamar a la policía, no sabía si era peligrosa, así que le susurró a Rose que tuviera el teléfono listo.
Vanessa se levantó del sofá, en los días que llevaba ahí, había visto varias fotografías de su hermana, no esperaba encontrarla tan pronto, ni siquiera se planteó buscarla, pero, al verla frente a ella, sintió salir todo el rencor que tenía guardado.
Rosalie miró con cautela a esa chica, le pareció notar cierto parecido entre ella e Isabella, aunque no dijo nada.
—Vanessa Swan —contestó sonriendo—. Tu hermana.
Isabella se quedó en silencio, sin saber cómo reaccionar. Ella no tenía hermanas, pero esa extraña parecía estar muy convencida de sus palabras.
—Yo no tengo hermanas —respondió mirando a su alrededor con cautela, por si alguien más aparecía.
—Sé que no me conoces, pero nuestro padre me trajo hace unos días, dijo que viviría aquí, es mi departamento y te ordeno que te vayas —espetó y volvió a sentarse.
En un inicio, Charlie la había llevado a un hotel, pero al notar que Isabella no iba a regresar, decidió llevarla ahí. Con el juicio tan cerca no podía permitirse gastar dinero.
—¿Cómo sabemos que dices la verdad? —preguntó Rosalie igualmente sorprendida. Trató de mostrar suficiente calma para apoyar a su amiga.
—No pienso mostrarles mi identificación si es eso lo que quieres, tendrán que confiar en mí o preguntarle a nuestro padre —contestó sin levantar la vista, no pensaba moverse de ese lugar ni permitir que su hermana le arrebatara algo más.
—Mi papá no pudo regalarte nada, porque este departamento está a mi nombre y si alguien tiene que marcharse… eres tú —dijo Isabella sin entender bien la situación—. Y, sí, iré a preguntarle ahora mismo.
Rosalie le pidió que se tranquilizara, pensó que era mejor sacarla de ahí, ya que parecía estar cerca de un ataque de nervios. La sonrisa que tenía Vanessa se borró cuando escuchó a Isabella, nuevamente se sintió relegada por su padre, ella asumió que ese sería su departamento y no algo que dejó su hermana.
Edward llegó a la casa Swan con el firme propósito de no salir de ahí hasta obtener lo que quería; a pesar de que Seth quiso persuadirlo, no lo consiguió. Él estaba seguro de que se sentiría más tranquilo cuando la verdad de la muerte de su padre saliera a la luz. La puerta no tardó en abrirse y frente a él se encontró al padre de su amiga.
Charlie se sorprendió al verlo y, de inmediato, lo hizo pasar. Por un momento, creyó que Isabella se lo contó todo, pero al escucharle preguntar qué sabía sobre la muerte de Carlisle, hizo que descartara esa posibilidad.
—No tengo nada que decir al respecto, lo único que te pido es que arreglemos nuestros problemas —dijo, para evitar más conflictos con los Cullen—. Mañana inicia el juicio, pero aún estamos a tiempo de poder solucionarlo de una manera más… amistosa.
—Podríamos, si tan solo usted quisiera cooperar y decirme de una vez qué fue lo que sucedió con mi padre aquella noche.
—¿Qué te hace pensar que yo lo sé? —cuestionó curioso, quizá su hija sí había hablado.
—Tengo la seguridad de que él estuvo con usted esa noche —contestó impaciente, sin desviar la mirada—. Le exijo que me diga la verdad.
—¿Isabella no ha hablado contigo? —quiso saber. Desde aquel día, prácticamente, la comunicación con su hija se cortó, sin embargo, él estaba convencido de que no se quedaría callada.
Edward se quedó estático, no entendía qué tenía que ver su amiga con eso, pero iba a averiguarlo.
Isabella se sintió confundida y engañada, no podía creer que su padre le ocultara algo tan importante como una hermana. Nunca se había planteado la posibilidad de tener una porque tenía a sus amigas, y ellas eran prácticamente su familia. Le pidió a Rosalie que la dejase sola, pues quería enfrentarse a su familia y necesitaba pensar. Al ver como su amiga subía en su auto, decidió caminar un poco antes de tomar un taxi, no había avanzado mucho cuando sintió que alguien la sujetaba.
—Suéltame —le ordenó a Andrew muy enojada, en ese momento lo último que quería era verlo.
—Isabella, por favor, déjame hablar contigo, quiero aclarar las cosas, sé que me amas y yo a ti… —No logró terminar, ya que la bofetada de Isabella lo obligó a callarse.
—¡No quiero volver a verte! —gritó muy segura de sí misma. Ya hacía días que quería reclamarle por lo sucedido con Carlisle—. Yo a ti no te amo, jamás lo hice y si vuelves a acercarte una vez más, te vas a arrepentir.
Él estaba sorprendido, no esperaba esa reacción, aunque intentó justificarla estaba desesperado por poder hablarle. Si bien, antes decidió darle tiempo y espacio para que pudiera olvidar todo, con el juicio tan cerca no podía perder esa oportunidad y cuando la vio… no pudo evitar caminar hacia ella.
—Sé que estás dolida por cómo te enteraste de ciertas cosas, pero te juro que yo te amo, todo lo hacía pensando en ti.
Los ojos de Isabella se llenaron de ira, estaba indignada ante tal declaración.
—En la última persona que pensaste fue en mí —aclaró, trató de calmarse para no levantar la voz, ya que se dio cuenta de que varias personas los miraban con atención—. Eres la peor persona que he conocido y te juro que vas a pagar por todo lo que hiciste.
Empezó a caminar para alejarse y sintió un gran alivio al ver que él no se movía del lugar. Era mejor así, él no tenía por qué seguirla y mucho menos buscarla, ya no formaba parte de su vida; y jamás volvería a hacerlo.
Después de deambular por unas cuantas calles, decidió que era mejor enfrentar todo de una vez e hizo detener un taxi, le dio la dirección y mientras el auto avanzaba, no pudo evitar sentirse nerviosa. Iba mirando por la ventana sin prestar atención a nada en particular, hasta que llegó y se percató de la presencia de Edward en la puerta de la casa de sus padres, no sabía qué hacía ahí, aunque tenía un mal presentimiento, era consciente de que tenía que contarle todo, no podía esperar un día más.
Respiró profundamente antes de acercarse a él, con paso firme caminó y lo saludó con cautela. Edward levantó la mirada y ella se asustó al ver la expresión de su rostro, evidentemente algo no andaba bien. Entonces se dio cuenta que él estaba de salida, Charlie seguramente ya le habría dicho la verdad.
—Te lo voy a preguntar una sola vez, ¿tú sabías por qué murió mi papá? —preguntó gritando. Charlie le había contado algo, pero estaba seguro de que omitió muchas cosas.
Había querido evitar involucrar a su amiga en ese problema, pero, al enterarse que ella sabía lo que ocurrió aquella noche y no le había dicho nada, se sintió traicionado y decepcionado. Él la amaba, sin embargo, no sabía si podría llegar a perdonarla.
—Yo… —Se quedó en silencio—. Edward, yo… Necesitamos hablar —dijo finalmente. Entendió que su padre había hablado y le dejó claro que ella conocía la historia—. Déjame explicarte todo, por favor —suplicó, necesitaba su confianza, no podía permitirse volver a perder a su amigo.
—Entonces, lo sabías y te quedaste callada —la acusó y empezó a caminar para alejarse, si se quedaba más tiempo ahí era probable que terminaría diciendo cosas de las que después iba a arrepentirse.
—Espera, por favor…, quiero hablar contigo —pidió ella y empezó a seguirlo, cualquier reclamo a su padre podía esperar, hablar con Edward era más importante.
—Tal vez después, ahora déjame ir —exigió él, conteniendo su enojo.
—No, hablaremos ahora, después puedes decidir no volver a dirigirme la palabra, pero tienes que escucharme —contestó, no sabía qué sucedería en aquella conversación, pero estaba segura que era mejor dejar todo claro.
Irina y James habían robado mucho dinero de los Hale, pero en poco tiempo se les terminó debido a sus innumerables gastos y apuestas. Ella intentó comunicarse con Jasper, pero apenas la escuchó le colgó el teléfono, no entendía por qué había cambiado tanto, consideró que era mejor dejarlo de lado por un tiempo, así que le exigió a James que consiguiera dinero.
Él, prácticamente, había llevado a la ruina a la empresa de su familia y no había nadie para ayudarlos, así que en ese momento pensó en Jessica, estaba seguro de que ella todavía lo amaba y que haría cualquier cosa para ayudarlo.
En contra de su voluntad, Edward decidió escucharla. La llevó al apartamento que compartía con Seth, ya que era mejor hablar todo en un lugar tranquilo y sin ningún testigo.
—Te escucho —dijo Edward en cuanto entraron; se sentó en el sofá sin siquiera mirarla.
—¿Qué fue lo que te dijo mi papá? —preguntó al no saber por dónde comenzar, no se acercó mucho y se mantuvo de pie, cerca de la puerta.
—Solo dime lo que quieras, lo que él haya dicho no importa —aseguró aún molesto.
Isabella empezó a contarle lo que Charlie le había dicho, sabía que eso era lo que él quería. Se sentía culpable por no habérselo contado apenas se enteró, pero le dijo los motivos por los que esperó hasta ese día. Él se esforzó por no gritarle y pedirle que se fuera, al verla supo que también estaba sufriendo, así que se limitó a dejar que terminara la historia. Gran parte del relato ya se lo había contado el señor Swan, aunque había ocultado ciertos detalles.
Desde que Carlisle entró en coma, quiso saber todo lo que ocurrió, sin embargo, ahora que conocía la verdad, no se sintió mejor, al contrario, sus ganas de vengarse iban en aumento y su dolor también. Lamentó no haber estado a su lado cuando lo necesitó y no dejó de reprocharse el no haberlo encontrado a tiempo.
El silencio se instaló en ese lugar, ninguno sabía qué decir. Él estaba seguro de que Isabella era sincera, de que en ningún momento quiso ocultarle nada, pero no sabía si podía confiar en ella, al menos no de la forma que lo había hecho antes.
Isabella esperó pacientemente a que Edward dijera algo, deseaba escuchar alguna palabra que le diera un poco de esperanza.
—Debes irte, ahora —dijo Edward, fue incapaz de añadir algo más, no le gustaba tratarla fríamente, pero en ese momento no podía pensar bien las cosas.
—Supongo que no quieres volver a verme —comentó ella sintiéndose derrotada, ya le había dicho la verdad y si con eso no la perdonó…, no sabía qué más podría hacer.
—¿Eso es lo que tú quieres? —cuestionó, al darse cuenta que ella no pensaba regresar. Él no quería eso, a pesar de todo la necesitaba cerca, cuidar de ella y asegurarse de que estaba bien.
—No, pero es lo que tú me das a entender —aclaró sin comprender.
—No soy yo quien anda ocultando las cosas —se defendió, levantándose del sofá para llegar hasta donde estaba ella.
—Ya te expliqué por qué lo hice —replicó cuando lo tuvo en frente.
—Si tu padre no me lo hubiera dicho, ¿pensabas hablar conmigo sobre eso en algún momento? —preguntó, a pesar de conocer la respuesta.
—Sí. Ya te lo dije.
—No sé si creerte, ya me has mentido en otras ocasiones —le recordó, y ella parecía afligida, aunque en ningún momento dejó de mirarlo.
—Deja el pasado atrás y mírame a los ojos. —Él obedeció—. ¿En verdad crees que te mentiría con algo tan importante?
—No, pero no dejas de defraudarme —dijo, sin embargo, de inmediato se arrepintió—. Yo quiero creer en ti, en serio quiero confiar ciegamente, pero no pudo hacerlo si apenas pasa algo no me cuentas las cosas.
—Lo siento, pero decírtelo en ese momento solo hubiera empeorado las cosas. Tú ya sufrías demasiado.
—Me lastima saber que eres tú quien no confía en mí —comentó después de algunos minutos.
—Lo hago, deberías saber que lo último que quiero es lastimarte, simplemente no sé hacer bien las cosas y, aparentemente, mis decisiones tampoco son buenas —respondió rápidamente, tratando de evitar que las lágrimas que se acumulaban en sus ojos se derramasen—. Sé que soy la peor amiga que tienes, pero tampoco entiendo por qué siempre me parece que soy yo quien más te lastima. Tienes otros amigos y estoy segura que ninguno de ellos es perfecto, y, en cierta manera, quizá te han defraudado también.
—Quizá porque mis sentimientos hacia ti son más fuertes —contestó sin pensarlo, y luego agregó—: Quiero decir, tú eres muy importante y especial para mí —aclaró, tratando de ocultar el nerviosismo que empezaba a sentir. Se concentró en volver a estar enfadado para no terminar de decir algo de lo que podría arrepentirse.
—¿Por qué sería yo especial? —preguntó desconcertada—. Sé que siempre has querido protegerme, pero no veo por qué tendrías un especial interés en mí.
—Porque estoy enamorado de ti. ¿Por qué te cuesta darte cuenta de eso?
