Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SaveCreative, absténganse de plagios.
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Summary: -¿Qué quieres, Cullen? -inquirí con fastidio. -Saber -contestó como si fuese obvio. -¿Saber qué? -le seguí el juego al final. -Cómo es que Nerdbella Swan tiene tanto genio y no lo había presenciado hasta ahora. "Porque si algo no era Bella Swan, era ser una niña buena." AU Todos Humanos. M por mal lenguaje y lemmons.
Capitulo 24.
-Flo Rida. Right Round & David Guetta feat. Sia. Titanium & Miley Cyrus. Who owns my heart & Garbage. Control-
oOo
-Es aquí -me indicó Kate, abriendo una puerta a la izquierda del enorme pasillo. Le dirigí una sonrisa, intentando mostrar todo el agradecimiento que sentía por lo que ella había hecho por nosotros.
La habitación era pequeña en comparación con las demás, pero no me importaba. Aún así, era mucho más grande que mi habitación de Forks y mi cuarto de baño juntos. Tenía una gran cama pegada contra la pared, un enorme ventanal, una mesa con su silla y un armario. Dejé mi mochila encima de la mesa y puse la guitarra al lado de la cama. Admiré las vistas que tenía del jardín, y más allá, de la ciudad de Chicago.
-Toma -me giré al escuchar a Kate detrás de mí. Ella me tendía un portátil con una sonrisa en su rostro-. Mencionaste que querías enviarle un e-mail a tus amigos, puedes hacerlo con el mío, o puedes hablar con ellos por Skype. La conexión aquí es muy buena -explicó ante mi cara de confusión.
-Oh -exclamé-. Muchas gracias.
En verdad me gustaba Kate. Agarré el ordenador y sin llegar a pensarlo mucho me adelanté y la abracé. La conocía desde hacía dos días y ya me caía mejor que mis compañeros de instituto con los que había pasado dos años. Ella me devolvió el abrazo.
-Disfruta -fue su despedida, antes de guiñarme un ojo y cerrar la puerta.
Troté hacia la cama y me senté en el medio, apoyando mi espalda contra la pared. Puse el portátil encima de mis piernas y lo encendí, la emoción creciendo dentro de mí.
Dios, echaba de menos hablar con Rosalie y Jasper.
Recé para que estuviesen en casa y con el ordenador encendido. Era un martes de vacaciones a las doce de la mañana, así que seh, lo más probable era que estuviesen aún durmiendo. Abrí Skype y metí rápidamente mi nombre y contraseña. Esperé unos segundos que se hicieron interminables y por fin el programa se abrió.
¡Bingo! Estaban conectados. Con una sonrisa, cliqué en Hale Sex House. Sep, la mejor apuesta de mi vida. Valió la pena comer aquel puñado de tierra.
La pantalla pasó del negro a mostrar una imagen clara de la habitación de Jasper. Podría describirla con los ojos cerrados. Las cinco guitarras en una esquina, el armario empotrado con las camisas todas desordenadas, la cama sin hacer, la alfombra de AC/DC que le regalamos Rose y yo por su cumpleaños, el peluche de Popeye que gané para él en la feria, los pósters de sus bandas favoritas de música pegados en las paredes y una pequeña estantería con cinco libros -todos regalos míos- que estaba segura de que no había leído. Pero por encima de todo eso, vi la cara adormilada de mi mejor amigo, con su nariz recta, sus ojos azules entrecerrados y su pelo rubio pajizo todo revuelto.
Y entonces él gritó.
-¡POR LAS BARBAS DE SANTA CLAUS, ES BELLA!
Estallé en carcajadas mientras veía cómo salía corriendo de la habitación con los brazos en alto, en calzoncillos, y gritando incoherencias. Esperé, y entonces por la puerta apareció Rose en un pijama de Hello Kitty y con un moño revuelto. Ella derrapó y casi se tira encima del ordenador. Jasper chocó contra el marco de la puerta y cayó al suelo con un quejido.
Amaba a mis amigos.
-¡Bella! -chilló Rose, una enorme sonrisa iluminando su cara-. ¡Estás viva!
-¿Por qué no iba a estarlo? -bufé, rodando los ojos.
-Jasper apostó cinco dólares a que Cullen te había comido -explicó ella, riéndose entre dientes-. Paga, enano.
-¡Tres minutos, Rosalie, supéralo! -gritó Jasper desde el suelo. Él había nacido tres minutos después que su hermana, y Rose nunca paraba de recordárselo.
Ella volvió a reírse. Incluso en aquel pijama, sin peinar y sin maquillar, era una de las personas más bellas que había conocido en mi vida. Si no fuese porque sabía cuánto odiaba el mundo de los famosos, habría jurado que de mayor se convertiría en súper modelo.
-Aww, hace tanto que no hago una apuesta -suspiré, melancólica. Hacer apuestas era lo mejor, porque yo siempre solía ganar. Y era incapaz de rechazar una, lo llevaba en el ADN, mi padre y mi tío eran iguales. Bueno, yo era igual a ellos.
Jasper se apoyó en la mesa y se incorporó, empujando a Rose para sentarse en la silla.
-¡Eh! -chilló ella, indignada. Y así comenzó otra de sus absurdas peleas por ver quién se sentaba, mientras yo los miraba con una sonrisa.
-Si queréis vuelvo después, chicos -bromeé, y ambos gritaron ¡No! Y se quedaron quietos. Huh, me sentía poderosa. Podía hacer que bailasen el hula hula con un tutú.
-Bien, perra, explícame qué has hecho estos últimos días para no contestar a mis e-mails -amenazó Rosalie, entrecerrando los ojos en mi dirección.
¿Que qué había hecho estos días? Um... besarme con Cullen. No, no podía decir eso.
-Estuvimos en Spokane durante dos días, luego un señor muy amable nos invitó a su casa, él y su mujer eran encantadores, estuvimos con ellos durante más o menos una semana. No tenían internet, vivían en las afueras y no sabían utilizar un ordenador. Y cuando nos separamos de ellos, fuimos hasta Wilson, Wyoming, para ver las montañas. Allí al caer la noche nos encontramos con dos chicas que nos llevaron hasta Chicago, y ahora estoy en casa de una de ellas.
Rose y Jasper mantenían los ojos muy abiertos, escuchando atentamente cada palabra.
-Maldición -resopló ella.
-Alucinante -sonrió él.
Yo me reí.
-Sí, ha sido bastante emocionante -concordé.
-Deberíamos estar los tres juntos -se quejó Rosalie, soplando para apartar mechones dorados de sus ojos-. Muero por hacer lo que tú estás haciendo.
-Y sin embargo, estás con Edwin -terminó Jasper, riéndose entre dientes.
-Es Edward -repliqué, quizás demasiado rápido y con demasiado entusiasmo.
La sonrisa de Jasper desapareció, y me encontré con dos pares de ojos azules que me miraban con curiosidad y desconfianza. Pillada.
-Sea lo que sea lo que estéis pensando... no -advertí, sintiendo como mis traicioneras mejillas se calentaban. Caca de vaca, estaba perdida.
-¿Qué es lo que no nos estás contando, Isabella? -inquirió Rose. No era nada bueno que me llamase por mi nombre completo.
-Nada -mentí.
-Te estás sonrojando.
-Mentira.
Maldita calidad del puñetero ordenador.
-Es cierto.
-No, es por culpa de la conexión.
-Eso sí que es mentira -replicó Jaz.
Le dirigí "la mirada", pero a través de la pantalla no funcionaba.
-Oh, vamos, Bells -se exasperó Rosalie- ¡No vamos a juzgarte! Tuviste sexo con él y ya está.
-¿Qué? -chilló Jasper-. ¡Bella! ¿Dónde está tu spray pimienta! ¿Eh?
-¡No tuve sexo con él! -repliqué, rodando los ojos. Pero lo estás deseando. Cállate, mierda. No podía concentrarme en mentir si pensaba en Cullen en ropa interior.
-¿Entonces? -insistió Rose-. Escúpelo, Swan.
Le eché la lengua, de forma no muy madura, mientras ella me respondía con un gesto de su mano para nada amable.
-Sólo nos besamos, ¿de acuerdo? -solté, con las mejillas ardiendo. Aparté un mechón de delante de mi cara y lo puse detrás de la oreja. Respiré hondo-. Dos veces. -¿O habían sido tres?
Mi amiga apartó de un manotazo a un alborotado Jasper que no paraba de gritar y se acercó tanto a la pantalla que sólo veía su frente.
-¿QUÉ? Cuéntanoslo todo, ya, Bells, ahora.
Y no tuve más remedio que contarles con pelos y señales mis aventuras y desventuras con Cullen. Volví a sentirme como en casa. Volvía a estar con mis amigos. Rosalie movía las cejas sugestivamente en los momentos indicados y Jasper rodaba los ojos y bufaba. Cuando le pregunté por su aversión por Edward, respondió que era por mi primera descripción de él. Pero Cullen había cambiado desde aquella vez, y aunque intenté explicárselo Rosalie volvió a desviar el tema a sus abdominales, y perdí el hilo de la conversación de nuevo.
Por suerte, conseguí preguntarles por su estancia en Jacksonville y se embarcaron en una descripción muy detallada de sus últimas semanas, dándome un respiro. Reí a carcajadas con sus historias. Rosalie casi había sido arrestada de nuevo por empezar una pelea en una discoteca.
-El muy cerdo dijo que el vestido me hacía gorda -gruñó ella, viéndose terriblemente amenazante. Jasper simplemente sacudió la cabeza y ambos sonreímos ante el temperamento de Rose.
-Tendrías que haber estado aquí -dijo él-. Tú podrías haberla calmado mejor que yo.
-¿Estás de broma? Yo hubiese sujetado a aquel sinvergüenza -me reí, y Rosalie y yo chocamos los cinco cibernéticamente.
-De todas maneras, -añadí-, prometo ir a Jacksonville pronto.
-¡Sí! -chillaron mis amigos, y se pusieron a bailar dando saltos en la silla. Rodé los ojos, pero no pude evitar sonreír. Mis mejillas ya empezaban a doler.
-La playa está genial, Bells -dijo Rosalie-. Y hay sitio de sobra en nuestra casa.
Alcé los pulgares en señal de aprobación. No necesitaban decir nada más para convencerme.
-¿Y traerás a Edward? -preguntó Jasper.
-Sep.
Él y Rosalie se miraron con complicidad, como sólo los gemelos sabían hacerlo.
-Ey, no hagáis eso, da mal rollo -me quejé. Odiaba cuando hablaban sin palabras delante de mí. Era muy escalofriante.
-Prometemos darle el beneficio de la duda a Edwin -dijo Jasper, levantando una mano y poniendo la otra sobre su corazón.
-Bien -sonreí-. Y es Edward.
Rose le dio una colleja a su hermano mientras bufaba estúpido por lo bajo. Este hizo un puchero y se lanzó a hacerle cosquillas cuando ella no estaba mirando. Y volvieron a pelearse de nuevo.
Escuché unos tímidos golpes en la puerta y esta se abrió lentamente. Quité el volumen del ordenador para que no se escuchase el escándalo que estaban armando mis amigos y esperé. La cabeza de Cullen asomó en mi habitación.
-Hola -saludó, sonriendo de medio lado. Mi corazón dio un vuelco y sentí mis mejillas sonrojarse.
-Hola -respondí yo, devolviéndole la sonrisa.
-¿Has terminado? Kate quiere comer ya -anunció.
-Voy ahora -prometí. Él me guiñó un ojo y cerró la puerta con suavidad.
Suspiré. Y me acordé de que tenía espectadores. Con temor encendí el volumen y no escuché nada. Jasper y Rose me miraban con ojos como platos.
-¿Quién eres tú y qué has hecho con nuestra Bella? -dijo mi amigo seriamente. Rodé los ojos.
-Si estuvieses a mi lado te hubiese pegado, Hale -amenacé, levantando el puño al aire.
-¿Qué es eso? -preguntó Rosalie rápidamente.
-¿El qué? -examiné mi mano y no vi nada raro. Hasta que lo entendí. Ella se refería al tatuaje de Henna que Cullen y yo nos habíamos hecho. Aún seguía intacto después de todo.
La palabra 'Aventura' resaltaba en mi piel como si tuviese luces de neón. Y lo que él me había dicho aquel día resonó en mi cabeza como si estuviese susurrando en mi oído de nuevo: Porque cada día contigo es una nueva aventura para mí.
-Es sólo un tatuaje -mentí-. Es provisional, hasta que no me pagues el siguiente.
-Ey, ese no era el trato -protestó mi amiga, distrayéndose de la cuestión principal.
-Sí que lo era -repliqué yo-. Tengo el e-mail que lo demuestra. Me robaste mi piercing.
-¡Mentira! -chilló ella.
-Rose, lo estoy viendo, lo tienes en la nariz.
-¡Mentira! -repitió con voz nasal, pues se había tapado con una mano la nariz.
Rodé los ojos.
-Lo que tú digas, Hale, ya hablaremos cara a cara cuando llegue a Jacksonville.
-Avísanos antes y vamos a recogeros a donde queráis -dijo Jasper, sonriendo.
-Trato -me reí-. Hablamos más tarde.
-No hagas promesas que no vayas a cumplir, Bells -replicó Rose, lanzándome un beso a través de la pantalla. Se lo devolví y le lancé otro a Jasper, antes de cerrar la ventana y apagar el ordenador.
Me levanté de un salto y corrí a la ducha. No esperé a que el agua se calentase y solté un grito ahogado cuando el agua fría chocó contra mi piel. Después de secarme y de estar presentable, me vestí con unos vaqueros pitillos, mi camiseta de Iron Maiden y unas convers. Cogí también mi sudadera por si acaso, pues el clima todavía era frío a pesar de que decían que venía una ola de calor.
Bajé las escaleras corriendo y me dirigí a la cocina. Paré en seco al llegar, y mis mejillas se calentaron, pero por una razón muy distinta. Kate estaba sentada comiendo tranquilamente una lasaña que olía delicioso, Edward estaba a su lado y Lauren, ella estaba abrazada al brazo de Cullen y le daba de comer como si fuese un jodido bebé de doce meses. Y él se dejaba hacer.
Apreté con fuerza la mandíbula, tragándome todos los insultos que quería decir, y entré con la barbilla en alto. Me senté al lado de Kate, quien me sirvió una porción de lasaña, y hablé solamente con ella. Ignoré a Cullen y a su perrita faldera, y en cuanto terminé ayudé a recoger la mesa.
-La fiesta empieza a las ocho -anunció Kate, sonriéndonos emocionada-. He invitado a unos amigos. Quiero que los conozcáis, estoy segura de que os llevaréis muy bien.
-Seguro -coincidí, intentando mostrar su mismo nivel de entusiasmo.
Y sentí cómo el miedo comenzaba a crecer dentro de mí.
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Adoraba las fiestas. Las amaba. Amaba bailar, y beber, y bailar toda la noche hasta que mis pies doliesen y cayese al suelo rendida. Me encantaba escuchar la música a todo volumen.
Pero solía perder el control. Y ahora no tenía a Jasper ni a Rose para vigilarme. Una cosa era hacer una fiesta con la manada, con cinco personas y bajo su protección. Y otra cosa eran las fiestas de Kate.
"Unos amigos" se convirtieron en todos sus amigos. Y sus amigos trajeron a más amigos. Y no se podía caminar por la casa sin chocar contra alguien o encontrarse a una pareja metiéndose mano en una esquina. Había altavoces en cada habitación y la música era atronadora, no se podía hablar con otra persona si no era al oído y a gritos. El alcohol corría por doquier, y el salón se había convertido en una pista de baile.
Y allí me encontraba yo, en medio de un montón de adolescentes estúpidos y hormonales, con mis vaqueros, mis convers y mi camiseta de Iron Maiden, viendo las minúsculas prendas de ropa que casi no cubrían el cuerpo de las chicas que bailaban en medio de la habitación. Hice una mueca, y decidí que era mejor salir de allí antes de que me contagiasen. Con los codos golpeando todo lo que encontraba a mi paso, me dirigí hacia la cocina.
Crucé la puerta y aunque había bastante gente, se estaba mejor que en el salón. Kate se encontraba rodeada de chicos en la mesa, riéndose mientras jugaban a lo que parecía ser una ruleta de chupitos de tequila. Me acerqué a ver el juego y me puse detrás de Kate. Ella me dedicó una sonrisa atontada, y supuse que iba perdiendo.
-¡Bel-Belaaaaaaaaaaaaaaa! -gritó, pronunciando mal mi nombre. Levantó los brazos e intentó agarrarme. Me agaché y le permití darme un sonoro beso en la mejilla, bajo el 'uhhhhh' de los chicos que miraban. Rodé los ojos-. ¿Jue-hip-gas?
-No debería -respondí. El tequila era mi perdición.
-Por favorrrrr -exclamó Kate, y tiró de mí hasta que me senté en su regazo. Demonios, sí que tenía fuerza.
-Tira -me instó uno de sus amigos, que creía recordar se llamaba John. Hice girar la ruleta improvisada y no sabía cómo, terminé bebiendo dos chupitos de golpe.
El tiempo pasaba, y yo comenzaba a pasármelo bien por primera vez en toda la noche. Había estado las primeras dos horas de pie incómoda en una esquina del salón, bebiendo gaseosa. No tenía ni idea de dónde estaba Cullen, Kate había desaparecido con sus amigos y tampoco veía a Lauren, lo que me hizo estar de mal humor.
Pero ahora estaba disfrutando, riéndome con los amigos de Kate y bebiendo tequila. Iba por el quinto chupito y ya empezaba a leer mal los números de la ruleta cuando John sacó una bolsa de su chaqueta y la dejó encima de la mesa. Pude distinguir perfectamente las pastillas blancas y de colores que hicieron que mi estómago se revolviese.
-Disculpad -dije sin aliento, deshaciendo el abrazo estrangulador de Kate y corriendo fuera de la cocina.
La canción de 'Right Round' de Flo Rida llenó mis oídos. Sin embargo, podía escuchar perfectamente los latidos de mi corazón, el pulso detrás de mi oreja, mis respiraciones que cada vez se hacían más pesadas. Parpadeé para intentar enfocar la vista, pero veía borroso a mi alrededor. La gente chocaba contra mí y me empujaba. Yo sólo quería encontrar la pared.
Unos brazos me sujetaron por detrás y quise chillar, pero su voz me tranquilizó.
-Bella, soy yo -dijo Cullen en mi oreja, por encima de la música, y me dejé llevar.
Me apoyé contra su pecho y cerré los ojos, sintiendo cómo todo daba vueltas.
-¿Estás bien? -preguntó. Miré a mi alrededor. Estábamos en una esquina, Edward me había apoyado contra la pared y se inclinaba hacia mí con el rostro teñido por la preocupación.
-Sí -respondí con voz ronca. Aclaré mi garganta-. Sí -repetí más alto, ya que él no pareció escucharme.
-¿Qué ha pasado? -gritó, haciéndose oír.
Un nudo se formó en mi garganta, viendo sus ojos esmeralda clavados en mí, examinando mi rostro. No podía contarle.
-Nada -mentí, intentando sonreír.
-Sw-
Le interrumpí golpeándole para que me dejase salir y me dirigí hacia la pista de baile. Cullen me agarró el brazo con fuerza y tiró de mí hacia atrás.
-¡Eh! -protesté, liberándome de nuevo-. ¡No vuelvas a hacer eso, Cullen!
-¡Contéstame, Swan! -gritó él en respuesta.
-¡Vete a la mierda! ¡No necesito que estés pendiente de mí! -chillé, con lágrimas en los ojos. Mentira, mentira cochina. Quería decirle que se quedase conmigo toda la noche, pero mi orgullo fue más fuerte.
Me giré y me metí entre la gente. La canción de Flo Rida terminó y empezó 'Titanium' de David Guetta y Sia. La habitación se llenó de gritos y yo limpié mis lágrimas disimuladamente, recordando las veces que habíamos cantado esta canción Rose, Jaz y yo los domingos por la noche.
-I'm bulletproof, nothing to lose, Fire away, fire away, Ricochet, you take your aim, Fire away, fire away, You shoot me down but I won't fall, I am titanium, You shoot me down but I won't fall, I am titanium (Yo soy a prueba de balas, nada que perder, Dispara, dispara de distancia, Ricochet, lo lleve a su objetivo, Dispara, dispara de distancia, Me tiras hacia abajo, pero no voy a caer, Soy de titanio, Me tiras hacia abajo, pero no voy a caer, Soy de titanio) -canté a pleno pulmón, moviéndome al ritmo de la música. Por suerte estando borracha lograba mantenerme en posición vertical durante bastante tiempo.
Bailé levantando los brazos por encima de la cabeza y moviendo la cadera, con los ojos abiertos pero sin ver nada. Grité otra vez el estribillo de la canción, sin que nadie me escuchase gracias al volumen de la música. Agité la cabeza hacia los lados haciendo que las luces resaltaran mis mechas de colores.
Sentí sus manos colocarse en mi cadera, moviéndome con él. Bajé los brazos y puse mis manos encima de las suyas. Bailamos en medio de toda aquella gente y su cuerpo se pegó al mío. Su aliento rozaba mi oreja.
Stone-hard, machine gun, Firing at the ones who run, Stone-hard as bulletproof glass, You shoot me down but I won't fall, I am titanium...(Ametralladora, Piedra dura, Disparando a los que corren, Piedra dura como el vidrio a prueba de balas, Me tiras hacia abajo, pero no voy a caer, Soy de titanio)
Me separé de él y me giré para bailar cara a cara. El rostro de Cullen estaba serio, sus ojos parecían más oscuros. La canción cambió, y ahora sonaba Miley Cyrus por los altavoces. Conocía la canción, a Jasper le encantaba.
-Creation shows me what to do, I'm dancing on the floor with you, And when you touch my hand, I go crazy, Yeah... (La creación me enseña lo que hacer, Estoy bailando en el piso contigo, Y cuando tocas mi mano, Me vuelvo loca, Si...)-canté, cogiendo su mano mientras nos movíamos. Sí, la canción me traía jodidamente loca, porque como siempre ocurría, la letra decía lo que yo no me atrevía a decir-. The music tells me what to feel, I like you now, but is it real?, By the time we say goodnight, I'll know if this is right... (La música me dice como me siento, Me gustas ahora, Pero es real?, Para el momento en que digamos buenas noches, Sabré si esto esta bien...)
Edward tiró de mí de nuevo y nuestros cuerpos chocaron. Mi respiración se entrecortó y me vi bailando pegada a él, de aquella manera que siempre había odiado porque decía que era cómo follar con ropa. Tragué saliva mientras lo único que veía era los ojos de Cullen.
-Who owns my heart?, Is it love?, Or is it art?, Cause the way you got your body movin's, Got me confused, I can't tell if it's the beat or sparks, (Oh)... (¿Quién tiene mi corazón?, Esto es amor?, O es arte?, Porque el modo en que se me mueve tu cuerpo, Me confunde, No puedo decir si es el ritmo o las chispas...) -Jodidamente perfecto-. Who owns my heart?, Is it love?, Or is it art?, Y-Y-Y-You know I wanna believe, That we're a masterpiece, But sometimes it's hard to tell in the dark, Who owns my heart? (¿Quién tiene mi corazón?, Esto es amor? O es arte? Sabes que quiero creer, Que somos una obra maestra, Pero a veces es difícil de decir en la oscuridad, ¿Quién tiene mi corazón?)
Cullen volvió a girarme, y ahora sus manos estaban en mi barriga, apretándome contra él. Sentía calor, el sudor bajaba por mi espalda y comenzaban a dolerme los pies. Pero no quería parar.
-The room is full but all I see is, The way your eyes just blaze through me, Like fire in the dark, We're like living art (La habitación está llena pero lo único que puedo ver, Es la manera en la que tus ojos me deslumbran, Como fuego en la oscuridad, Estamos como viviendo arte)-canté, moviendo mi trasero y levantando los brazos para pasarlos por el cuello de Cullen. Él se inclinó y sus labios se presionaron contra mi clavícula-. So come on baby, Keep provokin' me, Keep on ropin' me, Like a rodeo, Baby pull me close, Come on here we go, Here we go, Here we go... (Así que ven baby, Sigue provocándome, Sigue atándome, Como un rodeo, Baby acércame más, Ven aquí vamos, vamos, vamos)
Cullen gruñó en mi oído y me presionó aún más contra él. Pude sentir su excitación contra mi trasero, y un gemido se escapó de mi boca.
Ni siquiera supe quién empezó. Tampoco sabía si fue mi parte racional que se rindió, o fueron los chupitos de tequila. No importaba.
De repente, nos estábamos besando como si no hubiese mañana. Cullen tenía las manos en mi trasero, empujándome contra él, sin dejar que un milímetro de mi cuerpo se separase del suyo. Yo tenía las manos enterradas en su cabello, y ambos nos besábamos con brusquedad, casi con enfado, pero sobre todo, con necesidad.
Sentí la pared en mi espalda, y me pregunté cuándo demonios nos habíamos movido. Cullen subió una mano por mi costado, acariciándome, hasta que llegó a mi pecho. Y de repente no tuve otro pensamiento racional. Sólo sabía que Cullen me estaba tocando, y era lo único que importaba. Mordí su labio inferior con fuerza, haciendo que gruñese en mi boca. Bajé mis manos por su espalda, arañándole, hasta llegar a su duro y firme trasero. Le empujé contra mí al mismo tiempo que movía mis caderas contra él. Ambos gemimos.
-Bella -jadeó, separando por un segundo sus labios de mí.
Pasé mi boca a su cuello, besándolo y mordisqueándolo, mientras mis manos se metían exploradoramente debajo de su camiseta. Pero me agarró el rostro y lo alzó, para volver a besarme. Arañé su piel, y pasé mis manos por su pecho y su estómago, sintiendo la dureza de sus abdominales. Triple maldición. Cullen era como un pecado andante.
Abrí los ojos, aunque no sabía cuándo los había cerrado. Separé mi rostro de él y observé su cabello alborotado, sus labios rojos e hinchados y sus ojos negros como el carbón mirándome. No, no quería escapar de él. No quería separarme de él nunca.
-Vayámonos de aquí -dije, mordiendo mi labio inferior. Cullen gimió y atacó mis labios de nuevo, con hambre. Pasé mis brazos por su espalda y le apreté contra mí. O podíamos quedarnos así toda la noche, sep.
Supe que nos movíamos porque chocábamos contra la gente, quien nos insultaba o nos silbaba, ya que seguíamos abrazados y besándonos. Pero íbamos lento, y decidí que ya habíamos esperado bastante. Me separé un segundo de Cullen, cogí impulso y salté sobre él*. Pasé mis piernas por su cadera, y nuestros rostros quedaron por fin a la altura. Pero no fue eso lo que nos hizo gemir a ambos.
-¿Quieres matarme, Bella? -gruñó él , agarrándome por el trasero.
-Aún no -susurré contra sus labios, antes de volver a besarle. Ahora Edward se movía más rápido, dirigiéndose hacia las escaleras que nos llevarían hasta nuestra habitación.
La canción había cambiado hacía rato, y ahora sonaba 'Control' de Garbage. Las luces parpadeaban como una jodida discoteca, y Cullen chocó contra un mueble y soltó una maldición.
I confess I've lost control, I let my guard down, I let the truth out. Oh I confess I've lost control, I let my guard down, I let the truth out... (Confieso que he perdido el control, Bajé la guardia, Dejé salir la verdad, Oh confieso que he perdido el control, Bajé la guardia, Dejé salir la verdad...)
Oh, sí, muy oportuno. Y cierto. Porque había perdido el control.
Por fin, Cullen encontró las escaleras y comenzamos a subir. Sin embargo, no lográbamos subir más de dos escalones a la vez porque Edward me empujaba contra la pared y comenzaba a besarme y a tocarme donde sus manos llegasen. Y yo, que a cualquier otro chico le hubiese pegado por hacer aquello, estaba disfrutando más de lo debido. Planteándome si no quedarnos todo lo que quedaba de viaje en la cama, dejando que él hiciese lo que quisiese conmigo.
-Arriba -gruñí-. Arriba, arriba, arriba.
Cullen llegó al último escalón, y se separó un poco de mí para encontrar la puerta. Bajé hasta su cuello y comencé a lamerlo y mordisquearlo otra vez. Había sido un milagro que no nos hubiésemos caído escaleras abajo, porque estaba completamente segura de que Edward no había abierto los ojos en todo el camino.
Gimoteé ante su indecisión, pues parecía no recordar cuál era la habitación, y moví mis caderas contra él. Escuché una maldición que ni en mis mejores sueños diría y una puerta abrirse y cerrarse. La música bajó de volumen, siendo solo un ruido de fondo. Con lo cual, podíamos escuchar perfectamente nuestros jadeos, gruñidos y susurros.
-Bella -escuché que murmuraba contra mis labios. Saqué la lengua y delineé sus labios. Y entonces él volvió a besarme, mientras nuestras lenguas luchaban por ver quién tenía el control.
Cullen llegó hasta la cama y nos tiró encima. Descrucé mis piernas de su espalda y me separé de él. Me moví hacia atrás hasta llegar al cabecero, y alcé una pierna.
-Los zapatos -dije con voz ronca. Se apresuró a obedecer y me quitó el calzado, al mismo tiempo que se quitaba el suyo. Gateó hasta dónde me encontraba y se apoyó a ambos lados de mi cabeza.
-Dime que esto no es un sueño -susurró, traspasándome con sus ojos negros.
-No es un sueño -le aseguré, apoyando una mano en su espalda para empujarle contra mí. Nuestros cuerpos chocaron y busqué su boca, mordiendo sus labios al encontrarla. No es un sueño.
Cullen apoyó los antebrazos en la cama y enredó sus manos en mi cabello, gimiendo. Me moví debajo de él, alzando las caderas para provocarle. Sentía su erección pegada a mi muslo, y estaba volviéndome loca. Él gruñó y me besó con brusquedad.
Apoyé las manos en su pecho y empujé. Edward se apartó inmediatamente, confundido y dolido. Pero yo le empujé hasta que quedó él tumbado en la cama y me senté a horcajadas encima. Ambos gemimos, y yo eché la cabeza hacia atrás, disfrutando con aquella sensación. Cullen se incorporó y cogió mi cara con sus dos manos, besándome.
-Espera -jadeé. Él me liberó y entonces me alejé lo suficiente para desabrocharle los pantalones-. Rápido.
Cullen se quitó los pantalones en menos de lo que se dice orgasmo, y sus manos volaron hasta la cintura de los míos. Me lancé contra él, haciendo que cayésemos en la cama, y le besé con fuerza mientras seguía luchando contra el botón de mis vaqueros.
-Joder -maldijo, separándose de mí-. Déjame ver los puñeteros pantalones.
-Mierda, Edward -gruñí, sentándome en la cama mientras él se inclinaba para ver mejor.
-¿Cómo se quita esto?
-Arg -chillé, frustrada-. Arráncalo, joder.
Y así hizo. Escuché un fuerte crac, y vi volar el botón de mis pantalones favoritos. Cullen los sacó de mis piernas y volvió a ponerme encima de él.
-Estúpido -murmuré contra su cuello. Él mordió mi hombro por respuesta.
-Umm... ¿Mafalda**? -cuestionó con una sonrisa, mirando mis braguitas.
-Es la mejor -repliqué, cogiendo su rostro con mis dos manos, como él había hecho antes, y le besé-. Le da mil vueltas a tu sarcasmo.
Sin despegar nuestros labios, bajé las manos hasta el dobladillo de su camiseta, y tiré de ella hacia arriba. Nos separamos lo justo para sacarla por encima de su cabeza y luego volvimos a besarnos. Toqué su cuerpo sin detenerme, y moví mis caderas contra las suyas. Aquella sensación era inigualable, no teníamos la barrera de los pantalones por en medio.
Cullen tiró de mi camiseta esta vez, hasta que quedamos los dos en ropa interior. Pasó sus manos por mi espalda, acariciándola, haciendo que gimiese en su boca. Sus manos pararon en el broche de mi sujetador, y yo mordí su labio para que siguiese. El muy estúpido no sabía quitarme los pantalones, pero con el sujetador no tardó ni tres segundos.
Nos separamos y lancé el sujetador a alguna parte de la habitación. Cullen me paró cuando quise volver a besarle, y sus ojos fueron a mis pechos. Acarició mis pezones mientras yo jadeaba y gemía, y luego ahuecó mis pechos con la palma de sus manos. Bajó su cabeza y sentí su beso húmedo contra mi piel.
No podía más. Gemí y me froté contra él mientras tiraba de su cabello, queriendo besarle.
-Edward -gimoteé, hasta que nuestros labios se unieron de nuevo en un beso que mostraba nuestra hambre por el otro. Gemimos cuando nuestros pechos chocaron, piel contra piel.
Y entonces la puerta se abrió de golpe. Me giré asustada, mientras veía a contraluz a Kate besarse apasionadamente con John. Ella paró e iba a encender la luz cuando nos vio.
-¡Oh! -exclamó, parpadeando varias veces-. ¿Me equivoqué de habitación?
Miramos alrededor. No, no se había equivocado. Había sido Cullen quién había girado a la derecha en vez de a la izquierda.
-No pasa nada -se rió Kate-. Os la presto.
Nos guiñó un ojo y tiró de su chico hacia fuera, cerrando la puerta de nuevo.
Pero todo había cambiado.
Parpadeé varias veces para aclarar mi visión e intentar que todo dejase de dar vueltas. Sentí a Cullen moverse debajo de mí, pero él no había intentado besarme otra vez. Quizás sintiese la tensión de mi cuerpo, como si estuviésemos sincronizados.
Me aparté de él, y me dejó ir. Salí de la cama y me puse de pie, manteniendo el equilibrio. Me dirigí hacia el tocador de Kate y me senté en la silla. Mirando mi reflejo, vi mi pelo todo desordenado, mis labios hinchados, mis ojos abiertos con las lágrimas a punto de salir, y casi podía sentir las manos de Cullen en mi piel. Varias lágrimas silenciosas cayeron por mis mejillas, mientras cubría mi rostro con las manos e intentaba pensar con claridad.
La imagen de la bolsa que John había sacado vino a mi mente. Volví a sentir como mi estómago se revolvía, y el pánico comenzaba a crecer dentro de mí. No, no podía. Tenía que decírselo a Edward. Pero las palabras no querían salir de mi boca.
Me levanté de la silla y me giré. Cullen estaba sentado en el borde de la cama mirándome. Su rostro estaba serio, pero sus ojos me decían que estaba preocupado por mí. Se abrieron al ver que estaba llorando.
-Bella -exhaló.
Dejando que las lágrimas cayesen libremente ahora, me dirigí hacia la cama. Tropecé con el aire y caí a su lado. Por suerte, Edward me cogió antes de que me hiciese daño.
-¿Has bebido? -preguntó, y su voz pareció volverse más fría y sin emoción.
-Sí -respondí sinceramente, limpiando mi mejilla con una mano-. Pero estoy bien. Sé lo que hago -le aseguré. Por nada del mundo quería que él pensase que todo esto era culpa del alcohol. Sí, podía decir que estaba borracha y fingir por la mañana que no me acordaba de nada, pero eso no era cierto. Y Cullen debía saberlo.
-¿Segura?
-Sí -suspiré, apoyando mi cabeza en su hombro y apretándome contra él. Edward me abrazó, y nos quedamos en silencio. No había nada sexual en nuestro abrazo. Simplemente nos reconfortábamos sabiendo que el otro estaba allí.
-¿Qué es lo que te ocurre? -preguntó de repente, en un susurro.
-Tengo miedo -respondí bajito.
-Ya lo sé, pero nada de lo que digas, nada de tu pasado hará que cambie esto, Bella -dijo con firmeza, separando mi rostro para mirarnos a los ojos. Los suyos brillaban con tanta sinceridad, con fe ciega, que me dolió.
-Eso no puedes saberlo -rebatí, con una sonrisa triste-. No puedes afirmar eso sin saber.
-Entonces dime -pidió con la voz rota, agarrándome por los hombros-. Cuéntamelo, Bella.
-No puedo -sollocé, dejando caer la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos. Ver a Cullen llorar rompía mi corazón.
-Me estás asustando -confesó-. Estoy pensando cosas horribles, cosas que podrías haber hecho, y necesito saber.
-Edward -susurré, acariciando su rostro con mis dos manos mientras limpiaba sus lágrimas-. La última vez que le conté a un chico sobre mi pasado, huyó. No quiero que vuelva a suceder.
-No sé quién fue el estúpido que huyó de ti, Isabella -respondió él sin dudar-. Pero yo no soy aquel chico, no soy como él. Y te aseguro que no voy a huir de ti.
Sollocé más fuerte mientras dejaba que Cullen me abrazase y besase mi frente. Dios, quería contárselo, quería decírselo de una vez. Pero el recuerdo del verano pasado volvió tan fuerte a mi cabeza que no pude.
-Lo siento.
Edward acarició mi pelo sin inmutarse por lo que yo había dicho. Volvió a besar mi frente antes de apoyar la suya contra la mía. Nos miramos a los ojos fijamente, y fue entonces cuando me di cuenta de que tenía motas doradas en sus brillantes ojos esmeralda.
-¿Me lo contarás alguna vez? -preguntó.
-Sí.
-Bien, me conformaré con eso -se rió sin humor, mientras me dedicaba una media sonrisa. Pero la alegría no le llegó a los ojos.
-De acuerdo.
Nos separamos lentamente, y Cullen levantó las sábanas para meternos dentro de la cama. Cuando iba a seguirle él me paró.
-¿Podrías ponerte algo por encima? -pidió en un susurro, sin mirarme a los ojos.
-¿Por qué? -inquirí, extrañada. Miré hacia abajo y me pregunté qué era lo que tenían de raro mis pechos. Que yo supiese, eran completamente normales. Pero claro, a lo mejor los veía distintos si los comparaba con los de Tanya, que seguramente eran de plástico.
-Me distraes -admitió por lo bajo, sonrojándose levemente.
-Oh -exclamé, antes de echarme a reír, aliviada-. ¿En serio?
-Sí -dijo, acostándose en la cama y mirándome a través de las pestañas-. No podré dormir si estás medio desnuda a mi lado.
-Oh, vale -me reí de nuevo, buscando algo que ponerme. De repente, me encontraba de buen humor, a pesar de que la noche estuviese ya arruinada.
Encontré su camiseta gris tirada en el suelo y la puse rápidamente. Gateé hasta su lado y me acosté enfrente de él, cara a cara. Cullen subió las mantas hasta taparnos y nos quedamos en silencio.
-Buenas noches -murmuró, cerrando los ojos.
-Buenas noches -suspiré en respuesta.
Alcé una mano y acaricié su mejilla, sintiendo cómo empezaba a rascar. Él no abrió los ojos mientras paseaba mis dedos por su rostro. Al llegar a sus labios, volví a suspirar.
Me apreté aún más contra él, y Edward pasó inmediatamente un brazo por mi cintura, apresándome. Alcé mi rostro y le besé. Fue un beso lento esta vez, sin prisas, mientras los dos disfrutábamos de los labios del otro. Cuando me separé, no pude evitar decir en voz baja.
-No me dejes.
Cullen bajó el rostro esta vez, buscando mis labios.
-Nunca -respondió antes de besarme.
Y así fue como me dormí, entre los brazos y los besos de Edward Cullen.
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*(foto en mi perfil)
**Mafalda: Mafalda es el nombre de una tira de prensa argentina desarrollada por el humorista gráfico Quino de 1964 a 1973, protagonizada por una niña que se muestra preocupada por la humanidad y la paz mundial, y se rebela contra el mundo legado por sus mayores. (foto en mi perfil)
¡Hola, hola! :D Aquí estoy de nuevo, pronto tal y como prometí. Me costó empezar a escribir este capítulo, pero cuando empecé salió solo. Llevaba mucho tiempo queriendo escribirlo, espero que os guste, yo quedé satisfecha con el resultado la verdad. Es tal y como había imaginado.
Otro asunto, Unstoppable llegó a los 621 reviews O.O omg, así que sólo quería deciros que sois geniales, todas mis lectoras (incluso las fantasmas, si es que hay). Nunca pensé que llegaría hasta aquí, y nunca pensé que tendría la fuerza de seguir escribiendo hasta el final.
(Dios, este septiembre hace dos años que publiqué mi historia, no me lo puedo creer :D Además, coincide casi con mi cumpleaños, es genial)
Respondo vuestros hermosos reviews:
Mysthery-thief: prometo ponerte a Oasis pronto ;) Mil gracias por tu review, bicos! :)
Cullen: ojalá, ojalá!
KarenD'PattinsonEvans: Matricula de honor es sacar más de una media de 9 en 2º de Bach, y tienes así el primer año de Universidad pagado, y el B2 de frances es un examen que hice y ahora tengo el título de B2 en frances! Se sabrá pronto sobre el pasado de Bella, pero ya voy dejando pistas ;) Mil gracias por tu review! Otro abrazo para ti! :)
Leila Cullen Masen: bien la nota de selectividad, saqué un 10,1. Se sabrá pronto del pasado de Bella, dentro de uno o dos caps, lo prometo! :D jajaja mil gracias por tu review ^^
karo: actualizo cuando puedo, pero ahora que es verano espero actualizar más seguido. Muchas gracias por tu review! :)
fresita: me encantó tu review! :) me alegro de que te guste mi historia, espero disfrutes este cap!
Disculpen que no responda a todos los reviews, ando justita de tiempo para actualizar (como siempre -.-) pero que sepan que los leo todos y cada uno de ellos, y que me encantan TODOS!
Sin más, espero disfruten de este cap,
Besos,
JC.
