Bueno, resulta que al final sólo me dio tiempo de actualizar esta historia, pero es peor que nada, ¿no? En fin, en el trascurso de la semana espero actualizar Edda poética y Saint Seiya's Host Club para mantenerme al día.

Estas son las canciones que aparecen en el capítulo: Nagareboshi He y Todokanu Omoi de Three Lights; Electric Blue de Icehouse.

Sin más preámbulo, disfruten de este capítulo.

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Capítulo XXVI – Melodía de destrucción

Kinmoku.

Mina se acomodó las gafas de montura cuadrada antes de incorporarse. Caminó de un lado a otro en la habitación, con un grueso libro en la mano derecha y una taza de café – terrestre – en la mano izquierda. Llevaba el cabello recogido en un moño y recitaba frases una y otra vez. El cielo se había vuelto de un tono azulado y ya asomaban las primeras estrellas. La rubia se apoyó en el alfeizar de la ventana, al tiempo que la puerta de la habitación se abría.

—Ah buenas noches, Molly —dijo Mina, sin apartar los ojos del libro —¿Qué tal el entrenamiento?

—Endemoniadamente duro —contestó la chica, quitándose las botas para luego dejarse caer en su cama —Necesito una ducha en este preciso instante —Molly comenzó a desvestirse, quedando sólo en ropa interior —Por cierto, ¿qué hay de ti?, ¿por qué te saltaste el entrenamiento?

—Me levanté al alba y entrené con la Brigada Real —los ojos de Molly se abrieron con la sorpresa.

—¡¿La Brigada Real?! —exclamó, asombrada —¿Te refieres a las fuerzas de élite de Kinmoku, que anteriormente eran dirigidas por Clío? —Mina asintió —¿Ese ejército del que nada se sabe? —la rubia volvió a asentir —¿¡Cómo es que…?!

—Logré terminar mis deberes de la semana, así que regresaré a la Tierra antes —dijo ella, cerrando finalmente el libro. Molly leyó en el lomo "Historia de Kinmoku, Volumen III" —Lo único que me queda es el examen final que tomaré esta noche y estaré libre para quedarme dos días en la Tierra.

—¿Regresarás a la Tierra?, pero… —Molly se golpeó la frente con la palma de su mano, cayendo en la cuenta de lo que había olvidado —¡Por todos los cielos! ¡Kelvin terminará conmigo! —Mina detuvo la marcha a su armario y se volteó para mirar a su amiga —Hace mucho que compró las entradas para el concierto de Three Lights, aunque no es el tipo de música que le agrada, lo hizo porque yo se lo pedí, santo cielo, ¡terminará conmigo si no voy!

—Estoy segura de que comprenderá, Molly. Kelvin te adora —le dijo, tratando de consolarla —Aunque —Mina se llevó una mano a la barbilla, en gesto pensativo —podrías, quizás, intentar convencer a la reina de que te dé un permiso especial por algunas horas.

—¿Tú crees? —entonces Molly negó con la cabeza —No me parece buena idea que ambas estemos lejos de Kinmoku. Además, Caronte me mataría si se llegara a dar cuenta, ya sabes cómo es.

—Si se lo dices a su Majestad en presencia de su prometido, lo más seguro es que ni siquiera se lo piense para decirte que sí.

—¿Qué quieres decir?

—Pues ya te habrás dado cuenta de que lo que su Excelencia, el ahora Duque de Osmanto, dice es "santa palabra" para nuestra reina. Muchas cosas están a punto de cambiar, para bien o para mal.

—Sigo sin comprender lo que quieres decir, Mina —la rubia suspiró y haló a Molly hasta el baño, cerrando la puerta tras de sí —¿Mina?

—He escuchado extraños rumores de los miembros de la Brigada Real —susurró, en voz muy baja —No es prudente hablar acerca de estos temas dentro del palacio, ya sabes lo que dicen, las paredes tienen oídos, pero hay quienes dicen que una presencia siniestra es lo que perciben del prometido de la reina —Molly arqueó una ceja —Y yo la verdad no puedo decir que se equivocan, al menos tengo que darles el beneficio de la duda —la chica de cabello rizado frunció el ceño —Los miembros de la Brigada Real son un grupo de genios en el combate, así como Amaterasu de los Caballeros Solares, es por eso que son el ejército más fuerte de este planeta; se les encomiendan las misiones más peligrosas, entonces…

—¡Ya he escuchado suficientes tonterías! —exclamó Molly, cuyo rostro de repente se había enrojecido, por la ira. Sus ojos desorbitados hicieron que Mina retrocediera hasta que su espalda chocó con la pared —Mina, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? ¡Es un ultraje! ¡¿Cómo se te ocurre siquiera escuchar ese tipo de comentarios?! Todos los de la Brigada Real son un grupo de presumidos, se sienten despreciados ahora que ha aparecido un hombre que puede proteger a nuestra soberana y a este planeta. Quizás ahora sí dejen de sobrestimarlos y nos den a nosotros, los guerreros de la primera línea, el reconocimiento que merecemos.

—¿Pero qué rayos estás diciendo? —preguntó Mina, recuperando la compostura e irguiendo la espalda para enfrentar a Molly —Somos Sailor Scouts, peleamos para proteger la paz del Universo, no para ganar reconocimientos, ¿acaso lo has olvidado? Además, no tienes idea del infierno que han vivido los miembros de la Brigada Real, no conoces las razones por las cuáles fueron seleccionados para…

—¡No vengas ahora a actuar como si lo supieras todo! —Molly alzó más la voz y entonces Mina pudo ver un destello de oscuridad en sus ojos —Tan sólo eres…

Molly dejó de hablar en ese momento. Cerró los ojos con fuerza, mientras se llevaba ambas manos a la cabeza. Sus piernas fueron incapaces de sostenerla por más tiempo y terminó derrumbándose en el suelo. Mina se arrodilló a su lado, preocupada, cuando la escuchó proferir un gemido lastimero. Molly sintió como si la cabeza fuera a explotarle, era un dolor tan agudo que terminó mordiendo su labio hasta sangrar.

—¡Molly! —exclamó Mina, sujetándola firmemente por los hombros. La chica la miró a los ojos, con gesto de confusión.

—¿Dónde estoy? —preguntó, antes de desplomarse en brazos de Mina. Estaba inconsciente. Mina recordó que parecía confundida justo antes de desmayarse.

—Algo extraño está sucediendo aquí. Y voy a averiguar de qué se trata.

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La tarde caía y la hora del concierto estaba cada vez más cerca. Setsuna volvió a levantarse entonces del sillón, mientras caminaba de un lado a otro en la sala. Se asomó a la ventana y no pudo suprimir un gesto de asombro. Un pequeño grupo de mujeres se encontraban reunidas en las afueras del complejo de apartamentos. De pronto Setsuna vio que una de las mujeres, que era bastante atractiva y hasta parecía extranjera, señalaba con su dedo a la ventana de su apartamento.

Setsuna arqueó una ceja, extrañada cuando notó que más y más mujeres parecían congregarse allí. Sin comprender lo que sucedía, la morena se alejó de la ventana con rumbo a la cocina para tomarse una taza de café. Un "Sieg ha venido por mí ya" de Hotaru fue lo último que la mujer escuchó antes de que la puerta de su morada se cerrara. Dejó la taza sobre la mesa, dándose cuenta de que ni siquiera se había tomado la molestia en llenarla.

—¿Qué me está pasando? —se preguntó entonces, pasándose una mano por el cabello. La cautivadora sonrisa de Mizuki se coló en sus pensamientos, mientras un sonrojo se apoderaba de sus mejillas —Por todos los cielos, ¿qué me has hecho, Mizuki? —suspiró y decidió que no podía quedarse en casa por más tiempo. Tomó su bolso, las llaves del apartamento y salió.

Fuera dejó que el aire frío de la tarde le golpeara el rostro, disminuyendo su sonrojo. Miró discretamente a su alrededor. No había rastro de aquellas sospechosas personas. Alzó los hombros, restándole importancia y comenzó a caminar con paso firme. Las calles de se le antojaron extrañamente vacías aquella tarde, pero agradeció el no tener que atravesar el mar de gente en el que se convertía la ciudad. Pasó por un puesto de revistas, donde, extrañamente, un grupo de chicas – de primer año de universidad, sin duda – se reunían alrededor de una muchacha bajita que sostenía una revista, de esas de la farándula.

—Es ella, no hay duda —escuchó Setsuna que comentaba una de las chicas.

—¿Estás segura? —preguntó otra.

—¡No hay duda! —contestó una tercera.

Setsuna se dio cuenta de que, sin lugar a dudas, la miraban a ella. Pero, ¿qué significaban esas miradas de… rencor? ¡Ni siquiera las conocía! Siguió caminando con la vista clavada en el suelo. Iba tan distraída que no se dio cuenta y terminó chocando con alguien. El golpe la hizo detenerse, mientras levantaba la vista y componía torpes disculpas. Iba a continuar con su camino, pero escuchó una voz muy familiar.

—Vas a tener que disculpar a mi hermano, pero le encanta lucirse, —Setsuna abrió los ojos, sorprendida, cuando se encontró cara a cara con Megumi Hoshida —más ahora —Megumi sonrió ante el desconcierto de Setsuna —Vamos, salgamos de aquí —la morena parpadeó, confundida —A menos que quieras comenzar a responder preguntas incómodas.

Setsuna se dio media vuelta y se encontró con una de aquellas estudiantes que había visto antes. Sostenía en sus manos una famosa revista internacional de espectáculos y la miraba con ojos llorosos. La chica abrió la boca para decirle algo, pero parecía que estaba usando toda su fuerza de voluntad para no llorar. Setsuna se quedó mirándola fijamente y la muchacha agregó:

—Entonces, ¿es cierto? —le preguntó. Setsuna no entendió de qué le estaba hablando hasta que la chica le tendió la revista. Estaba abierta en la página siete, donde había una inmensa foto… de Mizuki y ella besándose en el auto del rubio. Setsuna enrojeció al instante como una adolescente —No hay duda, chicas —añadió, volteándose a sus compañeras —Dime, ¿cómo sucedió?, ¿cómo se conocieron?, ¿cómo se te declaró?, apuesto que te dedicó una de sus canciones, ¿verdad?, ¿cuál fue?

—Lo siento, pero la verdad no tengo idea de qué está diciendo, señorita —y, dando media vuelta, sujetó a Megumi de la muñeca y comenzó a arrastrarla lejos de allí —sácame de aquí, por favor —dijo, en tono casi suplicante.

Megumi comenzó a caminar más aprisa, hasta que alcanzaron un pequeño estacionamiento donde estaba el auto de la rubia. La mujer invitó a Setsuna a abordar el vehículo.

—Lo que sucedió allá… —empezó.

—Ah, pues parece que Mizuki es algo conocido por aquí —explicó la rubia, mientras ponía el auto en marcha —Además, gracias al concierto que ha organizado para los chicos de Three Lights, muchos de sus críticos de Europa han venido a verlo. Claro que los paparazis también. Y es que bueno, tiene sentido, dado que mientras estuvimos en Alemania, Mizuki no se involucró con nadie.

Setsuna no pudo ocultar su sorpresa y se sintió repentinamente halagada. Volvió a sonrojarse como una adolescente enamorada, mientras cerraba la ventana del vehículo. Megumi sonrió tenuemente ante la reacción – que le pareció tierna – por parte de la mujer que iba sentada a su lado.

—¿Sabes algo, Setsuna? Nunca lo había visto tan feliz en toda su vida —la morena carraspeó, mientras desviaba la mirada nuevamente.

—Puedes dejarme por aquí, caminaré rápido de regreso a casa.

—De ninguna manera —replicó —Déjame al menos invitarte a un café, como agradecimiento por hacer tan feliz a mi querido hermano. Después de todo, aún tenemos tiempo antes del concierto.

Resignada pero feliz, Setsuna accedió y ambas mujeres se encaminaron al apartamento de la rubia.

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La hora había llegado. Finalmente la espera había terminado. La multitud miraba ansiosa el grandísimo escenario, iluminado tenuemente con pequeñas luces con forma de estrellas. Se escuchaba una tenue música de fondo, la clásica Sonata de Luz de Luna de Beethoven. La expectativa crecía conforme pasaban los segundos. Las chicas estaban ya "armadas" con sus carteles de apoyo. Posters con fotografías de los Kou, flores e incluso ropa interior cargaban las chicas menos desvergonzadas.

Serena y sus amigas, que estaban en primera fila, estaban quizás mucho más ansiosas que las otras miles de personas que abarrotaban el famoso parque de diversiones. Se escuchó entonces el retumbar de los tambores. Las luces atenuaron, pero las estrellas seguían brillando de forma intermitente. Una luz blanca se posó en la apuesta figura del caballero que subía las escaleras hasta llegar a la zona principal de escenario. Aquel traje negro le sentaba perfecto a Mizuki, como siempre.

—¡Damas y caballeros! Estoy seguro de que no han venido a escuchar el discurso de un sujeto aburrido como yo —se escuchó una risa general —Así que, sin más preámbulo, lo que todos ustedes habían estado esperando, con ustedes ¡Three Lights!

La multitud gritó más fuerte, al tiempo que Mizuki bajaba del escenario para acomodarse en su lugar, al lado de Setsuna. La música comenzó a sonar, mientras el telón se levantaba. Las luces de colores azul, rojo y amarillo iluminaban el escenario, girando. El suelo del escenario se abrió, dejando ver tres plataformas que lentamente iban ascendiendo. Cada plataforma se iluminó de un color distinto.

Search for your love…

Kimi wa itsumu kagayaiteta

Egao hitotsu chiisa na hoshi

La gente comenzó a cantar aquella tan conocida melodía a todo pulmón, mientras la figura de los tres apuestos hermanos era finalmente iluminada. Seiya vestido de rojo, con aquella sonrisa juguetona que hacía a más de una fantasear. Taiki con su enigmática mirada, siempre elegante con su traje amarillo. Yaten, con el hipnotizante dejo de arrogancia en su mirada lucía deseable en su traje azul claro.

Taisetsu ni shiteta yo (Eien no Star light)

Ano hi boku wa mamorenakute

Kuyashi namida koraeta dake

Itami ga nokoru yo (wasurenai sweet heart)

Yaten miró disimuladamente hacia el público. Sus ojos se pasearon por las chicas que estaban en la primera fila, entre las cuales se encontraban las Sailor Scouts. Frunció levemente el ceño y apretó con más fuerza el micrófono. Ella no estaba allí. Después de todo, parecía que no lo había logrado. No fue capaz de cumplir su promesa y, aunque no quisiera admitirlo, eso le molestaba.

El de cabellos plateados sacudió la cabeza un momento, alejando aquellos molestos pensamientos. Se dio cuenta entonces que de se había quedado solo en el centro, pues sus hermanos ya se habían movido, para comenzar a interactuar con el público. Se reprendió mentalmente cuando sintió los ojos de Taiki – sí, aquella mirada escrutadora que tanto le molestaba – fijos en él.

—¡Vamos, canten con nosotros! —exclamó entonces el menor de los Kou.

Search for your love, sora no suishou

Search for your love, nakanaide kure

El público coreaba emocionado aquella melodía que se había convertido en número uno en Japón cuando los jóvenes debutaron. Habían pasado dos años desde aquel día, pero nadie había sido capaz de olvidarla. Los tres muchachos se sintieron complacidos con tan cálido recibimiento. Pero Yaten no era capaz de disimular la molestia que la causaba que Mina no estuviera allí.

Search for your love, hontou wa

Dakishimetai no sa

Seiya regresó al centro del escenario y colocó el micrófono en su base. Su sujetó con ambas manos y cerrando los ojos, comenzó a cantar, mientras Taiki y Yaten lo apoyaban con los coros.

Kimi no kaori zutto (sagashiteru)

Boku no koe yo todoke (aishiteru)

Ima doko ni iru no (Moon light Princess)

En el preciso instante en que Yaten se colocaba a la izquierda de Seiya, para regresar al centro del escenario, la vio. Una chica de cabello rubio se iba colando entre la multitud para llegar hasta la primera fila. Llevaba el cabello recogido en un moño, con algunos mechones sueltos. Se sorprendió un momento – y eso fue lo que lo hizo dudar un momento de si se trataba de ella – cuando se fijó que llevaba unos anteojos de montura cuadrada.

Boku no purincesu

Pero no había duda de que se trataba de Mina. La chica levantó una mano a modo de saludo y le mostró una brillante sonrisa que lo hizo sonrojarse. Leyendo sus labios, se dio cuenta de lo que quería decirle "te dije que llegaría". Yaten, sintiéndose renovado, tomó una guitarra y comenzó a tocar. Seiya y Taiki se miraron un momento, con disimulo y sonrieron para seguir cantando.

Kotaete, answer for me

Ima sugu, answer for me

Seiya bajó del escenario, caminando al lado de la baranda que había sido colocada para mantener a las fans "bajo control". Fue chocando la mano de las chicas, muchas de las cuales aprovechaban para halarlo y robarle un beso en la mejilla. Cuando llegó adonde estaba Serena la tomó de la mano y le sonrió, pícaro. Serena se sonrojó cuando se sintió el centro de atención y, más importante, la enemiga número uno del club de fans de Seiya Kou.

Kotaete, answer for me

Yasashiku, answer for me

Seiya besó la mano de Serena antes de regresar arriba con sus hermanos. Taiki por su parte fue más discreto y cuando cantó lo hizo mirando sólo a su amada Amy. La joven de cabellos azulados le sonrió tímidamente cuando él le envió un beso.

—¡Yaten! —gritaron un grupo de chicas con pancartas que tenían el rostro del ídolo dibujado a mano —¡Te amamos, Yaten! —Mina frunció el ceño, aunque sabía que Yaten era solamente suyo.

Cuando la canción terminó, los hermanos Kou se quedaron en silencio recibiendo las ovaciones del público. Algunas muchachas desvergonzadas arrojaron su ropa interior a sus ídolos. Los hermanos Kou hicieron una reverencia al público, que los aclamó aún con más fuerza.

—¡Buenas noches, mundo! —gritó Seiya —¡¿Nos extrañaron?! —la multitud gritó un "¡Sí!" a todo pulmón —¡No los escuchamos! ¡¿Nos extrañaron?! —la ovación se repitió con más fuerza —Es un verdadero honor para nosotros estar aquí, nos sentimos privilegiados al ver semejante recibimiento. No tenemos palabras para agradecerles, en serio.

—Three Lights fue un pequeño proyecto que iniciamos debido a nuestro amor por la música —continuó Taiki, siendo aclamado por las fans —Jamás, ni siquiera en nuestros más descabellados sueños, pensamos que tendríamos el honor de presentarnos ante tanta gente. A decir verdad, yo me sentía un poco… asustado. Y estoy seguro de que mis hermanos se sentían de la misma manera.

—Oh vamos, Taiki, pensé que ya habías dejado de lado el miedo escénico —bromeó Seiya.

—Seiya, tú eras quien estaba más asustado —comentó Yaten, con una risita. Seiya se acercó a él y le dio un golpecito en la cabeza —Yo sólo digo la verdad.

—Bueno, como sea, no vinimos aquí para discutir —los interrumpió Taiki, colocándose en medio de los dos —Hace unos meses, cuando regresamos a Japón, nos planteamos seriamente la posibilidad de regresar al mundo de la música. Y es que nuestra despedida fue algo… accidentada. Pero hoy damos gracias a nuestro manager y también a nuestro productor, por abrirnos los ojos, por hacernos ver que nos debemos a la música, a nuestros fans.

El corto discurso del castaño fue largamente aplaudido. Yoichi desde su lugar hacía todo lo posible por no comenzar a llorar. Sí, él era en realidad un hombre sensible.

—La música puede usarse para expresar diversas emociones. Tristeza, ira, también amor —continuó Seiya —Son esas emociones las que nos inspiran para escribir, para plasmar un sentimiento en una canción. Cuando regresamos y nos rencontramos con nuestro "verdadero ser", la inspiración surgió. Y esto fue lo que resultó, nuestro nuevo single.

Comenzó a sonar una melodía que recordaba mucho a las clásicas canciones de la década de los ochentas. El primero en cantar fue Seiya.

If a boy had a chance, a chance with someone like you

Are you gonna break his heart, let him cry for the moon?

Are you hiding somewhere behind those eyes?

Entonces se unieron Taiki y Yaten.

I just freeze every time you see through me

And it's all over you, electric blue

On my knees, help me baby

Tell me what can I do, electric blue

La multitud estaba encantada con el nuevo single de los hermanos Kou. Los tres muchachos cantaban con todo el corazón, con esa pasión que siempre los había caracterizado. Yoichi había dejado de sudar, había estado nervioso desde que se decidió la fecha del concierto. Pero pronto se dio cuenta de que tendría que haber confiado más en sus muchachos. El manager miró de reojo a su colega Mizuki, quien levantó el pulgar y le sonrió. Yoichi le respondió con una sonrisa y volvió la mirada una vez más al escenario.

Entretanto, al final de la fila, con la espalda recostada en un árbol, estaba una misteriosa mujer. Su piel era pálida y sus largos cabellos rojos como el fuego. Aunque era de noche, sus ojos iban cubiertos con unos lentes oscuros de gran tamaño. Vestía unos pantalones de cuero ajustados, un top rojo y una chaqueta también de cuero, con unas botas negras altas. Fumaba un cigarrillo y de vez en cuando miraba hacia el escenario, con un dejo de repulsión.

—Cuánta felicidad reunida en un solo lugar —murmuró la mujer por lo bajo —Qué repugnante. Pero no falta mucho para que tiña este mundo feliz con la desesperación de la Muerte Violenta.

Oh, I had a dream, for a moment I believed it was true

Oh, I'd have given everything just to be there with you

Are you hiding somewhere behind those eyes?

La pelirroja notó entonces que alguien estaba tapando su visibilidad. Enfrente de ella se había colocado un hombre muy alto y corpulento, de rubio cabello. Llevaba una camiseta sin mangas que dejaba al descubierto sus fuertes brazos. La mujer arqueó una ceja y se quitó los lentes oscuros, mostrando sus brillantes y feroces ojos rojos. Estiró el brazo, como si quisiera tocar la espalda de aquel sujeto y lo apuntó con una de sus largas uñas negras. Aquel atlético hombre se desplomó en el suelo al instante.

—¡Por todos los cielos! —exclamó la pelirroja, llevándose ambas manos a la boca, asustada.

La gente que estaba más atrás comenzó a voltearse. Varias mujeres gritaron en cuanto vieron al hombre tendido en el suelo. Un sujeto que dijo ser médico se arrodilló y le tomó el pulso. Tragó saliva y negó con la cabeza. Estaba muerto.

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Reino de los Sueños.

Thanatos siguió a su hermano mayor hasta el interior del palacio. Avanzaron por un angosto pasillo al que llegaron luego de atravesar el laberíntico interior de Somnus. Thanatos miraba a su alrededor, nervioso, cuando una corriente de aire helado recorrió su espalda. Un minuto después, él y su hermano llegaron ante un par de puertas de madera carcomida y pomos oxidados.

Como si fuera lo más normal, Hypnos abrió las puertas y entró. Thanatos lo siguió de cerca, aún temeroso. En cuanto las puertas se cerraron detrás de él, todo se volvió oscuro. El general dio un par de pasos torpes y casi cae.

—Hypnos, las luces…

—No hay luces aquí —replicó el otro, con voz calmada —Sigue caminando. Y mantente calmado, o de lo contrario serás arrastrado por Lete.

—¿Lete? ¿A qué te refieres con…?

En ese momento, Thanatos sintió cómo sus pies comenzaban a mojarse y la túnica se volvía pesada. La corriente del agua se volvió más fuerte y lo arrastraba hacia abajo, como si estuviera siendo absorbido por un remolino. Dejó de sentir la presencia de Hypnos, pero pronto vio una luz al final del camino. Haciendo uso de todas sus fuerzas, Thanatos nadó contra la corriente. Pero pronto aquella luz que fuera su guía desapareció. No pasó mucho tiempo para que el agua se colara hasta sus pulmones. Sus ojos se cerraron y quedó inconsciente.

—Thanatos… Thanatos —el general escuchó entonces que alguien lo llamaba con insistencia —¡Thanatos! —distinguió la voz de su hermano y se despertó de golpe.

—¿Pero qué…? —esperaba encontrar sus ropas empapadas, pero no fue así —¿Hypnos? ¿Cómo es que…?

Hypnos lo miró con gesto inexpresivo y luego le pidió que lo siguiera. Thanatos se levantó del suelo y caminó tras él. Sentía que la túnica le pesaba, como si estuviera mojada. Iba a preguntarle por lo que acababa de pasar, pero el sitio donde se encontró lo dejó sin habla. El lugar era tétrico. Un páramo desolado, con vegetación muerta y aroma putrefacto. Se escuchaban lamentos aterradores a lo largo del camino, hasta que alcanzaron un lago congelado. Thanatos se extrañó, pero decidió no preguntar nada.

En medio de aquel misterioso lago descansaba un ataúd de piedra. Estaba rodeado por ramas de árboles y pequeñas amapolas marchitas. Además, diez dagas atravesaban el ataúd, impidiendo que este fuera abierto. A un lado del ataúd reposaba un escudo agrietado. Hypnos se arrodilló y tomó el escudo entre sus manos, mientras Thanatos se acercaba para observarlo, curioso.

—¿No es este el escudo del Duque de Solaria?

—Sí, perteneció al padre del hombre que encerró aquí a Keres —contestó el regente de los sueños, leyendo la inscripción:

"La negra fatalidad rechinando sus dientes blancos, ojos severos, aquella que se enfrentó a los hombres y los hizo agonizar; deseosa de beber su sangre, deseosa de desgarrar su carne".

—Hay algo que no logro entender —dijo entonces Thanatos, llevándose una mano a la barbilla en gesto pensativo —Está claro que no es fácil liberar un alma que ha sido hecha prisionera en estos dominios, pero Ker estaba ya despierta cuando el Señor Oscuro llegó. Entonces, ¿por qué…?

—La respuesta es simple, Thanatos —contestó Hypnos —Keres no desea ser despertada —el general de Despair abrió los ojos como platos, incrédulo.

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Aquellos que se habían dado cuenta del incidente del hombre que falleció misteriosamente durante el concierto guardaron silencio. Nadie quería que detuvieran el concierto por un sujeto que, seguramente, había muerto por causas naturales. Pronto parecía que la gente se había olvidado de aquel lamentable suceso y sólo se concentraba en aclamar a los ídolos.

Pero no todo era felicidad. Three Lights estaba a punto de cantar otro de los grandes éxitos que los habían hecho famosos, cuando dos mujeres de mediana edad se desplomaron, tal y como le había ocurrido al corpulento hombre momentos atrás. Aquello no podía seguir ignorándose por más tiempo. Siegfried y Surya abandonaron sus lugares y se plantaron alrededor de aquella mujer, disimuladamente. Surya se cruzó de brazos y siguió el ritmo de la música con el pie, mientras Siegfried sacaba el celular y tecleaba con velocidad un mensaje.

Motto deai ga hayakereba to

Iiwake bakari mitsumeteru

Tsuki no hikari ga todokanu kanata e

Aa kimi wo tsuresaritai —cantó la pelirroja, mientras se quitaba la chaqueta y sus ropas se convertían en un revelador vestido negro —Es hora de comenzar.

Aquella extraña mujer era, nada más y nada menos que Ker. Chasqueó los dedos y un grupo de luces la rodeó. Más gente comenzó a derrumbarse, mientras más luces blancas salían de sus cuerpos. Ker abrió un camino justo en el medio, hasta el escenario y comenzó a desfilar por allí, pisando con sus altos tacones los cuerpos inertes. Ante la mirada atenta de la multitud, Ker se detuvo para mirar un momento hacia atrás, cuando se percató de que las luces blancas habían comenzado a desaparecer.

—Debí suponer que ustedes estarían aquí —dijo —Freyr, Garuda, así que me han quitado las almas —ambos caballeros solares desenvainaron sus espadas —No quiero luchar contra ustedes. Sólo hay un sujeto al que quiero matar con mis propias manos y ese hombre está justo allá.

Ker señaló hacia la cabina del staff, donde estaban los encargados de la iluminación y de los efectos especiales. La gente dirigió la mirada hacia el sitio al cual apuntaba la mujer.

—¡Apolo! ¡Sal maldito! —gritó Ker. En ese momento, los Kou saltaron del escenario, mientras la seguridad se encargaba de poner a la gente a salvo, porque, aunque no comprendían lo que estaba sucediendo, era claro para ellos que esa mujer era peligrosa.

—¿Quién rayos eres? —preguntó Yaten.

—Yue, Helio y Tsubasa —dijo Ker, con una gran sonrisa en sus labios —¡Es un verdadero honor! Soy una gran fanática de su música, ¿saben? Y esa última canción, ¡ah, qué buenos recuerdos me trae!

—Señora, le exijo que se retire, no queremos a nadie que disturbe la paz de este evento —en ese momento, Yoichi apareció para poner orden —Retírese o me veré obligado a llamar a seguridad —Ker rió con fuerza.

—¿Seguridad, dices?, ¡seguridad!, ¿te refieres a esos sujetos? —señaló hacia un sitio donde estaba apilados los cuerpos de al menos una docena de oficiales corpulentos —Sus almas son fuertes y decididas, pero su sabor no se compara al de aquellos que nacieron bajo la Gracia del Universo —Yoichi abrió los ojos, asustado.

—Yoichi, será mejor que te vayas de aquí, las cosas podrían ponerse peligrosas —le dijo Seiya, en voz baja.

—No puedo irme y dejarlos aquí —replicó —Mi deber es protegerlos.

—¡Terrícola ignorante! —exclamó Ker, sujetándolo por el cuello y elevándolo del suelo varios centímetros —¡Proteger a estos sujetos, dices!, ¡tonterías! Estos mocosos tienen poder suficiente para protegerse a sí mismos y proteger incluso tu débil trasero, así que ¡largo! —Ker arrojó a Yoichi contra un árbol. Su cuerpo se desplomó en el suelo, como si de un muñeco de trapo se tratara.

—¡Yoichi! —exclamaron los Kou.

—Maldita —espetó Seiya, sacando su medallón solar del bolsillo.

—Oh, ¿estás seguro de que quieres hacer eso aquí, querido Helio? —preguntó Ker. Seiya chasqueó la lengua al darse cuenta de que aún había mucha gente mirando —Bien, entonces, te diré algo bueno. No quiero pelear, no quiero causar ningún destrozo, sólo quiero que me entregues a Apolo.

—¿Apolo? —preguntó Taiki —Él no está aquí, además ¿qué podría querer de él una extraña como tú?

—¿Extraña?, mil disculpas por mi haberme presentado, Alteza —hizo una exagerada reverencia —Mi nombre es Ker, uno de los Generales al servicio del Señor Oscuro que dominará este mundo. Mi poder está a la altura del de mi padre, Thanatos, incluso podría ser superior.

—Era ingenuo pensar que Thanatos era el único general con ese poder —comentó Taiki.

—Bien, ahora que hemos acabado las presentaciones, dime dónde está Apolo —la voz de Ker sonaba seria cuando hablaba de Apolo.

—Ya te lo he dicho, él no está aquí —repitió Taiki.

—Príncipe Yue, reconocería el odioso rostro de ese hombre en cualquier parte —le dijo la pelirroja —Como ya lo he dicho, él está allá —volvió a señalar la cabina con una de sus largas uñas. Los Kou se miraron, confundidos —Oh, ¿puede ser que ustedes aún no hayan visto su rostro? —los muchachos no respondieron —Ya veo, así que es eso. Muy bien, dejen que les muestre el rostro de Sísifo, el Caballero Solar Apolo que se atrevió a encerrar a mi amada madre en los confines del Reino de los Sueños.

Ker extendió los brazos y unos haces de luz comenzaron a dispersarse por el lugar, atravesando todo aquello que se encontraba en su camino. Los Kou se miraron, desesperados, tenían que hacer algo para salvar a la gente inocente, pero no podían transformarse enfrente de todos. Porque eso significaría un peligro mayor para las personas de la tierra.

Seiya vio cómo un rayo de luz se dirigía hacia una mujer embarazada que cargaba un niño en brazos. La mujer gritó, aterrada y se dio la vuelta para proteger a su hijo.

—¡Mensajero del Ágora! —exclamó Sailor Mercury, desviando el rayo con su poder defensivo.

—¡Es suficiente, villana! —dijo Sailor Moon, que se unía a la batalla junto con el resto de las Sailor Scouts —¡No permitiremos que sigas molestando a las personas que vinieron a disfrutar de este evento!

—¡Infierno Estelar de Healer! —exclamó Mina, dirigiendo su ataque hacia Ker. La mujer no se movió para evitar el ataque, pero se dio cuenta de que tenía un pequeño corte en la mejilla.

—Muy impresionante, no existen muchos seres que puedan hacerme un rasguño —le dijo —Te aplaudo por eso, princesa Minako. Has mejorado mucho desde la última vez que nos vimos. Me pregunto qué clase de entrenamiento infernal has tenido que soportar en Kinmoku —Mina no respondió —Ser una Sailor Star Light no es fácil, ¿verdad?

—No es de tu incumbencia —replicó Healer —Márchate ahora mismo, Apolo no está aquí. Y aunque lo estuviera, jamás te lo entregaríamos.

—Lindas palabras, pero lo haré salir pronto, ya lo verás.

Mientras Sailor Moon, Sailor Mercury y Sailor Star Healer se enfrentaban a la mujer, el resto de las Sailor Scouts se concentraban en poner a la gente a salvo. Nadie quería marcharse sin saber de sus ídolos, pero no había tiempo para preocuparse por ello en ese momento. Ker iba sola, pero su simple presencia era intimidante hasta para una mujer como Sailor Uranus.

Entretanto Garuda y Freyr se encargaban de sanar a las personas cuyas almas habían sido arrebatadas por Ker. Porque no era tan simple como regresar el alma al cuerpo, ya que los poderes de Ker destrozaban la delicada conexión entre cuerpo y alma. Mientras realizaban esta labor, Sailor Pluto los protegía con una barrera.

—¡Ah, princesa Serenity! —exclamó entonces Ker, tomando a Sailor Moon de las manos —¡No sabes lo que me alegra volver a verte! Mírate, estás hermosa, te pareces tanto a tu madre, pero tienes la mirada de tu padre, de eso no hay duda.

—Aléjate de ella —finalmente apareció Seiya, apartando a Ker de Serena. La espada de Seiya estaba peligrosamente cerca del cuello de Ker.

—Aparta el arma, Helio, te dije que no he venido a luchar —repitió Ker.

—No creo que simplemente hayas venido para enfrentarte a Apolo —intervino Taiki —Eres un general oscuro, hija del mismísimo Thanatos, ¿cuáles son tus verdaderas intenciones? —Ker arqueó una ceja —Mencionaste que tu madre Keres está prisionera, ¿no es así?

—Estoy segura de que para liberar a Keres no basta con tu poder —lo secundó Mercury —El sello que encierra a la Negra Fatalidad es tan poderoso que sólo un alma inmensamente fuerte, casi divina, tendría oportunidad.

—¿Cómo es que saben tanto de mi madre? —preguntó Ker, tratando de ocultar su sorpresa.

—No vamos a responderte eso —dijo Sailor Moon, apuntándola con su báculo —Márchate ahora, por favor —Ker lanzó un suspiro.

—Princesa Serenity, ¿eres feliz? —preguntó. La rubia parpadeó, confundida —¿Lo eres?, estás enamorada del príncipe Helio, ¿no es así? —la muchacha se sonrojó —Él te ama, ¿verdad?

—¿Adónde quieres llegar con todo esto? —preguntó Healer.

—Princesa Minako, princesa Ami ustedes también son felices, ¿verdad? Sé que lo son, así que déjenme decirles una cosita: —apuntó con su mano a Amy, como si estuviera apuntándole con una pistola —la felicidad de los demás es lo que más odio —hizo el mismo gesto a Mina —Quiero verlas gritar desesperadas, quiero que sufran, porque eso hará sus almas más poderosas.

Se escuchó un sonido, como de un disparo seco. Serena, Amy, Mina, Seiya, Taiki y Yaten fueron encerrados en una celda hecha de luces blancas. Cuando Seiya la tocó, los barrotes quemaron su mano.

—¿Qué rayos es esto? —preguntó Yaten.

—Antes les mencioné que me gustaba mucho esa canción que estaban interpretando antes, ¿verdad? —ninguno respondió —Bueno, déjenme mostrarles por qué. Esa canción es una "melodía de destrucción".

Flashback

La Luna se encontraba de fiesta aquella noche. Sí, aquella noche era el cumpleaños número dieciocho de la hija de Serenity y Silvano, la princesa Serenity. El palacio lunar había sido decorado hermosamente con los colores preferidos de la princesa, el rosa y el blanco. Todas las personalidades importantes del universo se encontraban reunidas aquella noche, incluyendo a las princesas herederas del Sistema Solar, la noble familia de Kinmoku y los príncipes del poderoso reino del Sol.

La fiesta transcurría con toda la normalidad que era posible, pues todos eran conscientes ya de la gran amenaza que se cernía sobre el universo. La amenaza de los Hermanos de la Destrucción estaba latente y ya había cobrado la vida de muchos. A Serenity no le había hecho demasiada gracia celebrar su cumpleaños en medio de un ambiente así, pero Seiya terminó por convencerla, después de todo, no se cumplían dieciocho años todos los días.

Así pues, todo eran risas y felicidad aquella noche. Las estrellas regalaban un brillo tan hermoso que se prestaba – por qué no decirlo – para el coqueteo. Para Serenity aquella fecha era además especial, porque en ese mismo día, un año antes, Helio y ella se habían confesado sus sentimientos finalmente. Y el mismo Helio le dijo que le tenía una sorpresa. Serenity estaba ansiosa.

Helio y sus hermanos, Yue y Tsubasa, subieron al escenario donde antes tocaba la orquesta. Vestían unos elegantes trajes negros que resaltaban lo apuestos que eran.

Serenity, quiero que recuerdes esta noche, siempre dijo Helio. Entonces empezaron a cantar.

Yume no naka de nando mo

Sotto kuchidzuke kawashita

Sukitooru tsubura na Hitomi ni

Suikomarete iku

En los alrededores del palacio, los guardias acababan de detectar la presencia de tres seres extremadamente poderosos. Pero cuando quisieron regresar al palacio para advertir a los reyes, la mano maligna de Thanatos los destruyó de un solo golpe. Todos aquellos que protegían los exteriores de la ciudad fueron asesinados cruelmente. La misma Ker estaba allí para robar las almas de los caídos y beber su sangre.

Kimi no naka de madoromu

Nukumori ni tsutsumarete sou

Aa itsu made mo samenaide to

Tsuraku sakebu no sa

Las puertas de cristal del salón se abrieron de par en par. Los cristales de las ventanas fueron destrozados, así como las copas, platos y toda la vajilla. Los jardines del palacio ardieron bajo el fuego abrasador. La gente corría despavorida, buscando ponerse a salvo. Los guardias del palacio perecían bajo el abrumador poder de la gran Keres. Keres era una mujer de cabello negro, tan negro como el infinito espacio. Sus ojos rojos recordaban a los de su hija, Ker, pero despedían un brillo más bien maligno.

Hemos venido a reclamar la luna como territorio de los Señores de la Oscuridad dijo Thanatos Ríndanse y sométanse al mandato de los grandes dueños de este universo.

Las lágrimas se deslizaban por las mejillas de Serenity, al ver cómo los soldados y demás invitados a la fiesta morían justo enfrente de sus ojos. Su cuerpo no quería moverse, mientras veía cómo Keres se acercaba a ella, con una sonrisa burlona en los labios. La princesa de al luna tenía el medallón lunar en su mano, pero estaba tan asustada que lo dejó caer. El medallón rodó hasta quedar a pies de Keres, quien simplemente lo destrozó con su tacón.

¿Has visto lo que tu egoísmo ha provocado, princesita? preguntó Keres, extendiendo una mano para tocar la mejilla de la rubia ¿A quién se le ocurre celebrar una fiesta de cumpleaños en un momento como este? Gracias a esta fiesta, podremos acabar con todos aquellos que pueden representarle un problema a nuestros señores. ¡Imagínalo!, incluso el príncipe de la Tierra está aquí. Endimión es un sujeto poderoso y puede llegar a convertirse en una molestia; es por eso que seré yo quien acabe con él, con mis propias manos.

¡No! ¡No, por favor! exclamó Serenity, con voz temblorosa Por favor, te daré lo que quieras, pero ya no lastimes a nadie. Si quieres puedes tomar mi vida, pero…

¡Niña, tu vida no vale nada! le gritó, dándole una bofetada que la hizo caer de rodillas al suelo Tan sólo eres una insignificante mocosa que no puede hacer nada por sí misma. Ahora, mira cómo acabo con la vida de tu mejor amigo, el príncipe Endimión.

Endimión se encontraba del otro lado del salón, luchando contra las Furias de Eris, que habían acompañado a Thanatos y su familia hasta la Luna. Como estaba rodeado de enemigos, no se dio cuenta de que Keres se acercaba a él, dispuesto a matarlo. Serenity quiso gritar, pero la voz no te salía. No podía hacer nada sin su medallón. Miró con los ojos muy abiertos cómo Keres pretendía atravesar el pecho de su mejor amigo con un haz de luz.

Pero entonces apareció Helio, blandiendo la sagrada espada Taiyo para repeler el poder de Keres. Endimión se volteó y le dedicó unas palabras de agradecimiento. Serenity se llevó una mano al pecho, aliviada.

¡Bombón, cuidado! Serenity escuchó que Helio la llamaba. Levantó la mirada y vio cómo Keres se abalanzaba sobre ella.

Serenity cerró los ojos y se cubrió la cabeza con las manos. Escuchó un leve quejido del dolor y un sonido como de garras arrancando la carne de algún ser. Se descubrió la cabeza y la sangre de Helio manchó su rostro. Gritó, aterrada. Keres había atravesado el pecho y el abdomen de Helio con sus garras. Vio cómo la mujer de cabello negro se relamía las largas uñas, sin dejar una sola gota de sangre. El cuerpo de Helio cayó al suelo con un golpe seco.

¡Helio! gritó Serenity, abrazándose al cuerpo del muchacho.

Uno menos escuchó que decía Keres, sujetándola por las mejillas para que la mirara a los aterradores ojos rojos Ah, así que es el heredero del Sol Serenity comenzó a llorar Es sólo un hombre, hay muchos más en este universo. Además, tú también vas a morir Keres extendió los dedos de su mano derecha, dejando ver sus largas y filosas garras Muere.

Qué ingenua Serenity escuchó la voz de su padre Antesteria Silvano le arrancó los brazos a Keres, quien gritó de dolor.

¡Maldito seas, Silvano! el soberano de la luna se arrodilló al lado de su hija, que tenía la mirada perdida.

Serenity, cariño, ¿estás bien? ella no respondió. Silvano miró a Helio Aún vive a la rubia se la iluminaron los ojos pero no resistirá mucho tiempo. Hermes tiene que verlo, ahora.

¡Rey Silvano, rey Silvano! Apolo se acercó corriendo ¡La reina Serenity está luchando contra los gigantes de Caos en este momento! Necesitamos su ayuda para colocar una barrera en el piso superior o de lo contrario todos seremos aplastados.

Iré enseguida dijo ¿Sabes dónde está Hermes?

Está atendiendo las heridas del príncipe Endimión contestó el caballero solar ¿Necesita…? en ese momento, reparó en Helio ¡Alteza! se arrodilló a su lado Mi maestra Amaterasu, ¡necesito traerla ahora!

Serenity, tienes que proteger a Helios mientras regresamos dijo Silvano Tengo que ayudar a tu madre. Apolo por favor trae a Amaterasu cuanto antes él asintió, pero Serenity agachó la mirada y continuó llorando.

Soy demasiado débil, no puedo hacer nada.

Serenity, no es el momento para tus niñerías replicó el soberano, con gesto severo Si de verdad amas a Helio, lo protegerás con tu vida, así como él lo hizo ella no respondió Eres la heredera del poder lunar, no necesitas un medallón para hacer brotar esa gran energía que alberga tu alma. Tienes que hacer brillar al máximo tu cristal cósmico. Sé que puedes hacerlo Silvano corrió hasta las escaleras que llevaban al segundo piso.

¡No irás a ningún lado! gritó una encolerizada Keres, cuyos brazos se habían transformado en dos hoces.

Keres hizo girar su cuerpo, causando que el aire a su alrededor se convirtiera en unas afiladas cuchillas. Apolo desvió los ataques para permitir que Silvano escapara. El techo ya comenzaba a ceder y muchos guardias y enemigos eran aplastados por este. Mientras tanto Serenity tenía la cabeza apoyada en el pecho de Helio y seguía llorando.

¡Este es tu fin, pequeña Serenity! la princesa escuchó el sonido del metal chocando. Apolo acababa de salvarle la vida.

¡No voy a dejar que les hagas daño! exclamó Apolo ¡Eos! añadió, al ver que su compañero regresaba, con la mitad de la máscara destrozada ¿dónde está Amaterasu?

Ha ido al frente contestó el joven caballero, con voz temblorosa Él…ya está aquí.

¿Él? Apolo vio que la sonrisa de Keres se ensanchaba e intensificaba la fuerza de sus ataques. Eos se quitó la máscara No puede ser… Despair.

¡¿Lo has entendido, Sísifo?! gritó eufórica la mujer ¡Ya no hay nada que pueda salvarlos! Keres consiguió causarle una profunda herida en la pierna que lo hizo tambalearse. Con las fuerzas que le quedaban, Apolo enterró su arma en el pecho de Keres.

Umbriel, si ves a Setsuna… dile que la amo y así Keres y Apolo desaparecieron.

Entretanto, Helio había conseguido abrir los ojos. Sin embargo, apenas respiraba y Serenity no podía hacer nada más que llorar mientras lo tomaba de la mano.

Parece que… después de todo… las cosas no salieron… como las planeé balbuceó el muchacho Bueno, así es esto… los planes no son… perfectos…

¡Helio, no hables más! lo interrumpió ella Tienes que descansar, verás que Amaterasu vendrá pronto Helio negó con la cabeza.

Ella… no vendrá… no puede… porque la llama de su vida… se está apagando… también. Por favor, Serenity sonríe para mí. Deja que me lleve tu sonrisa… como último recuerdo… al otro mundo.

¡Deja de decir tonterías! exclamó, con los ojos rojos de tanto llorar ¡Helio, quédate conmigo! ¡Mírame, abre los ojos!

Serenity vio que Helio sacaba algo del bolsillo de su saco. Era una cajita ensangrentada. Helio se dio a la rubia, con mano temblorosa. Ella la abrió y lloró con más fuerza. Adentro había un anillo con un enorme diamante que brillaba intensamente.

Quería… proponerte matrimonio… no sabes… lo mucho que me costó decidirme… por ese anillo… Arrastré a mi madre… a todas las joyerías del Sistema Solar…

¡Acepto, acepto! volvió a interrumpirlo ¡Sabes que acepto! ¡Sí quiero ser tu esposa! Por eso, ¡quédate conmigo! Helio volvió a cerrar los ojos y negó con la cabeza ¡Helio!

Siempre te amaré, Serenity y puso en la mano de la rubia su propio medallón solar Siempre estaré… contigo después de decir esto, Helio no volvió a abrir los ojos. Serenity se secó las lágrimas y besó una última vez a su amado Helio.

Muchas gracias, Helio Serenity se colgó el medallón en el cuello. Su propio poder se mezcló con el poder del medallón de Helio ¡Eclipse Lunar, transformación!

Flashback End

Sailor Moon se llevó las manos al rostro, en gesto desesperado. Gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas, su cuerpo temblaba e incluso había perdido su transformación. Seiya la abrazó y ella se acurrucó en su pecho, asiéndose con fuerza a su camisa blanca, como temiendo que fuera a desaparecer en cualquier momento. Ker sonrió ampliamente, chasqueó los dedos e hizo desaparecer la jaula. Sin embargo, los príncipes del sol y las tres Sailor Scouts aún eran sus prisioneros.

—Nadie puede liberarse de mis Cadenas de Almas —dijo Ker en cuanto vio a Yaten forcejando con las cadenas blancas que, si bien no ataban sus manos, los mantenían pegados al suelo, sujetándolos por los tobillos —Ahora, ¿qué te pareció mi regalo, princesa Serenity?

—Eres una maldita —espetó Seiya, con odio.

—Eso es, príncipe Helio, ódiame, ódiame más. Eso hará que tu alma se vuelva oscura y me de más poder cuando la devore —miró a Taiki y Yaten —Ustedes también, ódienme. O, ¿acaso quieren que les muestre más recuerdos aterradores? Por ejemplo, princesa Ami, ¿quieres saber cómo murió tu amado Yue? —Mercury negó con la cabeza —Fue tu mejor amigo, el aclamado Oráculo Delfos quien lo mató, ¿sabes por qué?, por celos. Sí, ese sujeto siempre estuvo enamorado de ti y…

—¡Cállate! —gritó Taiki, al notar el gesto de desesperación en el rostro de la peli azul —Amy…

—¡No me dejes, por favor! —exclamó Mercury, con voz temblorosa, mirando a Taiki —¡No quiero! ¡No quiero perderte! —Ker volvió a sonreír, complacida.

—Ahora, princesa Minako, tal vez no lo sepas, pero tu querida hermana mayor, Aika, no es la bondadosa guerrera que tú crees.

—No te atrevas a hablar de mi hermana —replicó la rubia, con gesto amenazante —No pienso creer ninguna de las tonterías que digas sobre ella. Aika es…

—¡Una asesina! —terminó la pelirroja —¡Ella fue quien asesinó al príncipe Tsubasa!

—¡No! —Mina negó frenéticamente con la cabeza —¡Ella jamás sería capaz de hacer algo así!

—¡Pues lo hizo! Ella también estaba enamorada, pero resultó que su amado era un servidor del señor oscuro Caos, por lo que el príncipe Tsubasa acabó con él. Entonces, como venganza…

—Ya es suficiente —Ker se sorprendió al ver aparecer en ese momento a Sailor Pluto —Si lo que deseas es destruir la voluntad de estos guerreros, no lo lograrás. Ellos no son de los que se rinden con facilidad.

—Puedo romper la voluntad de cualquiera —dijo Ker —Incluso la de alguien como tú, Setsuna, o más bien Eternal Sailor Pluto. Deberías darle las gracias a Apolo por ese poder que tienes —Pluto no respondió, pero apuntó a Ker con su báculo —No puedes derrotarme ni siquiera con ese poder, ¿sabes por qué?, porque la vida de tu amado Apolo está en mis manos —Pluto parpadeó, confundida. Ker entonces le mostró una cajita de cristal dentro de la cual había una joya aún más hermosa que el diamante —Como parece que no lo sabes, te mostraré la verdadera identidad del caballero solar Apolo, antiguamente llamado Sísifo —los ojos de la morena se abrieron como platos —Oh, veo que reconoces ese nombre, pues bien…

—Ya ha sido suficiente de tus tonterías, Ker —en ese momento, Apolo hizo aparición. El rubio tenía una herida profunda en el pecho, del lado del corazón y su máscara estaba agrietada, casi a punto de romperse —Querías vengarte de mí, pues bien, aquí estoy. Pelearé contra ti, pero vayamos a otro lugar donde no involucremos a más gente inocente.

—Eso es muy noble de tu parte, pero no tienes derecho a exigir nada, Apolo —le dijo —Lo que quiero es venganza por lo que le hiciste a mi madre, así que te haré sufrir como no te lo imaginas.

—Muy bien, si es lo que quieres —usando su espada cortó las cadenas que apresaban a los otros guerreros —Váyanse de aquí. Príncipe Helio, necesito que por favor encuentre a los demás caballeros solares y les pida que coloquen una barrera alrededor de este lugar. Nadie más debe verse involucrado, tampoco quiero que nadie más intervenga.

—No creas que será tan simple, Apolo. Te dije que vas a sufrir, ahora ¿qué es a lo que más le temes? —Ker apretó la caja en su mano. Apolo sintió un insoportable dolor en el pecho —El cristal cósmico es de verdad increíble, el tuyo en particular es verdaderamente poderoso, sin embargo, tiene un inconveniente. El cristal cósmico está conectado al corazón directamente, por eso, si hago esto —volvió a apretarlo —sufrirás.

—¡Apolo! —exclamó Seiya.

—¡Márchense! —replicó, desenvainando su espada. Los demás obedecieron, pero Pluto fue incapaz de moverse, porque una cadena se enredó en su tobillo.

—Tú no te irás, princesa Setsuna. Te dije que te revelaría la verdadera identidad de Apolo, ¿no es así? —Apolo se abalanzó sobre la pelirroja, pero esta apretó una vez más el cristal, haciéndolo caer —Ahora, tú también deberías sentarte —unas serpientes blancas sujetaron los tobillos y muñecas de Pluto, quien cayó de rodillas al suelo —Bien, déjenme contarles una linda historia. Había una vez un poderoso guerrero y una hermosa princesa. Ellos se amaban e incluso iban a casarse, pero la oscuridad se interpuso. El guerrero murió, pero a la princesa se le dio la oportunidad de rencarnar y vivir una nueva vida.

—Maldita seas, Ker…

—No me interrumpas, porque pierdo la inspiración. Ah, en fin, ya me aburrí. Resulta que muchas vidas después, el guerrero y la princesa rencarnaron y finalmente se enamoraron. Pero el guerrero guardaba un secreto; secreto que no quería que la princesa conociera. Un secreto que yo revelaré hoy por fin —Ker chasqueó los dedos y la máscara de Apolo se destrozó. El caballero se llevó una mano al rostro —¡Déjanos ver tu rostro, Sísifo de Solaria! —Ker lo pateó en el rostro. Apolo cayó de espaldas al suelo, con el cabello hacia atrás —Ha pasado mucho tiempo, mi querido Sísifo, o debería decir, Mizuki Hoshida.

—¿Mizuki? —el rubio se incorporó y se limpió la sangre del labio roto con el dorso de la manga.

—Setsuna, yo…

—No puedo creer que le ocultaras algo tan importante a la mujer que amas —espetó Ker, con fingida indignación —¿Qué clase de hombre eres?

—Lo hice para protegerla.

—Mentira. Lo hiciste porque tenías miedo. Miedo de que ella se sintiera obligada a amarte sólo por su pasado. Miedo porque…

—Sí, es cierto —miró a Setsuna, que aún estaba sorprendida con la noticia —Tenía miedo, soy un cobarde. Mi vida no vale nada sin ella a mi lado, pero no podía forzarla a recuperar sus recuerdos de mí. Es por eso que desde que rencarné en esta era me mantuve lejos de Japón. Intenté hacer mi vida, enamorarme de nuevo, pero sabía de antemano que eso no sería posible. Sin embargo ahora, igual que en el pasado, tengo la oportunidad de sellar a uno de los generales oscuros, es por eso que sé que puedo partir en paz, porque, Setsuna, escuché un "te amo" de tus labios.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Setsuna. Apolo le respondió con una sonrisa nostálgica —¿No estarás pensando…?

—Voy al mundo de los sueños, el único lugar donde Ker puede ser sellada —contestó —Es por eso que dejé que tomara mi cristal cósmico.

—¡No! ¿¡Qué estás diciendo?! —Setsuna intentó quitarse las cadenas, pero parecía imposible —¡No puedes dejarme!

—Ker tiene el poder suficiente para destruir este planeta en un abrir y cerrar de ojos —dijo Apolo —Es por eso que debo alejarla lo más que pueda de aquí. Soy el único que puede sellarla.

—¡No seas tan arrogante, Sísifo! —gritó ella, pateándolo otra vez en el rostro —¡No soy la misma de antes! ¡No puedes conmigo y te lo demostraré!

—Vámonos de aquí —Apolo se puso de pie y sujetó a Ker de la muñeca. La mujer era incapaz de liberarse por más que forcejeara —Fue un error tomar mi cristal cósmico, Ker —un brillo comenzó a envolverlos, al tiempo que iban desapareciendo.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —preguntó Ker, intentando mantener la calma —Si vas al reino de los sueños jamás serás capaz de regresar. No podrás ver a tu hijo —el rubio parpadeó, confundido y la mujer sonrió, complacida —Sí, tu hijo. Si hubiera una remota posibilidad de que ustedes ganen esta batalla, te casarás con la princesa y tendrán un hijo. Por el contrario, si llegaran a perder, que es, claramente, lo que sucederá, entonces tú…

—Ya es suficiente, Ker —la voz de Thanatos retumbó desde el cielo —Regresa de una vez. No podemos darnos el lujo de perderte —la mujer chasqueó la lengua, molesta.

—Te has salvado por esta vez, Apolo, pero no dudes que volveré para vengarme —Ker empujó a Apolo para separarse de él y desapareció —Gracias por el cristal, querido Sísifo.

El hombre se desplomó inconsciente en el suelo y Setsuna, en cuanto se vio liberada de sus ataduras, corrió hacia él.

—¡Mizuki!