Leer las notas finales(:


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Efímera felicidad

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Sasuke no sabe cuanto es más y cuanto es menos.

Cuando es blanco y cuando en negro.

Cuando son lágrimas de alegría o lágrimas de lamento.

Los corredores de esa área del hospital acumulan tantas cosas. Tantas súplicas, tantas oraciones, tanta esperanza, tanta resignación. Fácilmente, y en el estado en el que se encuentra, puede ser atraído por alguna de esas emociones pero de su boca no sale nada, aunque sí de su corazón.

La manera en la que esa madre se aferra a su hijo, llorando desconsolada, significa que su esposo ha perdido la batalla.

La manera en que ese hombre llora y sonríe dando alabanzas al cielo por el nacimiento de su primer nieto significa que que su hija ha ganado su propia batalla.

Y luego está él, apartando con Itachi a su lado, aún sin recibir ningún tipo de información.

Batas blancas entran, batas blancas salen.

¿Qué se supone que debe hacer? ¿A quien tiene qué acudir? ¿A quién tiene que orar?

Su tiempo y espacio son tan distintos ahora que no sabe en qué momento va a lograr hacer un hoyo en el suelo de tanto mover el pie de arriba a abajo. Y luego están sus manos, esas que están soportando su frente pues se encuentra cabizbajo.

—Sasuke, cálmate. Ella va a estar bien.

No mientas.

No mientas para hacerme sentir bien.

No mientras solo porque te apena el verme así.

Que no siga.

Que no intente darle palabras de aliento.

En cambio solo quiere que alguien le ponga al tanto de la situación. Que alguien le diga porque tardan tanto. Que alguien le diga a su corazón que debe estar sereno y deje de sentir tanto miedo y tanta angustia, tanto dolor y tanto estrés.

No recuerda haber pasado por tanta preocupación antes.

No...Sí lo ha hecho.

Sakura en la bañera y él pidiendo que por favor se detenga.

El ayer se pinta en su mente en tonos sepios y revive cada una de las cosas que hicieron. Nada después de ese beso. Nada que pudiese comprometerla a algo más de lo que él pudiese permitir hacer solo por sus ganas de tenerla. Nada, solo silencio. Solo miradas. Solo promesas. Solo ella siendo arropada por él, ya con ropas completamente secas, esperando verla dormir.

La unión de sus manos tan firme que hasta para darse el último beso fue difícil romper.

Y mientras allá afuera nadie se preguntaba por ellos, Sasuke se preguntaba qué más podría hacer por ella.

Acariciar su rostro. Besar su mejilla. Velar sus sueños. Adorar sus gestos traviesos.

Asegurándose de que no volviera a despertar es que le roba el último beso.

Y luego de eso...Nada.

Su corazón palpita hasta regresar a la fiesta solo para retirarse sin dar aviso a nadie. Todo termina y él regresa sin Itachi temprano a casa. Nada debió pasar luego de eso. Nada.

Y, sin embargo, pasó.

A la mañana siguiente Shion la encuentra tumbada en el suelo, completamente sudada y pálida, y con la respiración dificultada.

Dios...¿Qué ha hecho mal?

¿En qué parte se equivocó al cuidarla?

¿Sakura estuvo demasiado tiempo en la bañera y su cuerpo lo resintió más?

¿Qué? ¿Qué demonios fue?

Y, sobretodo, ¿por qué? ¿Por qué ella? ¿Porque, cuando todo comienza a ir bien, siempre sucede algo?

"Son las pruebas, Sasuke-kun"

Pruebas. ¿Pruebas de qué?

Está seguro que hay una razón por la cual deba entender y/o descifrar ese mensaje en su mente, y es algo que seguramente está ligado a todo ese lío de las reencarnaciones...pero ahora nada de eso le importa.

—Veo que sigues aquí —Sasuke se agita cuando distingue la voz de Sasori, poniéndose de pie, alterado, esperando recibir una noticia alentadora de su parte.

—¿Cómo está?

Sasori entrecierra los ojos notablemente molesto por algo que Sasuke, de buenas a primeras, no entiende del todo.

—Confórmate con saber que se encuentra estable.

Pero no es suficiente. No es suficiente para que Sasuke se sienta tranquilo.

—¿Entonces ya está bien? ¿No le paso nada grave? ¿Ella…?

—¿Tú estabas con ella ayer, no es así? —Sin embargo, Sasori no puede dejar pasar un segundo más sin sentir como la sangre se le calienta en tanto Sasuke lo llena de preguntas de las cuales, a su parecer, él mismo conoce sus respuestas. Es decir ¿cómo es que de la nada Sakura ha tenido una recaída de ese tipo justo en el periodo de tiempo en el que Sasuke estuvo con ella durante la noche de ayer? Sasuke, por su parte, no comprende a lo que quiere llegar—. Las mucamas dijeron que tu hermano y la hija de Orochimaru estuvieron con ella antes de que Sakura bajara a la fiesta. ¿Sabes lo que encontraron en su habitación? Su vestido hecho trizas —suelta, molesto, dirigiendo su mirada específicamente a Itachi quien se mantiene firme ante la implícita acusación—. Pero no acaba ahí. Luego de eso te vieron a ti siguiéndola hasta su cuarto y estuviste con ella quien sabe cuánto tiempo. Y hoy en la mañana encontraron todo su baño hecho un desastre junto con esto —brama, furioso, aventándole su saco que hasta ese entonces ninguno de los hermanos se había percatado que traía consigo.

Por supuesto que ninguna de las acusaciones que Sasori manifiesta es cierta, ni mucho las cosas han sucedido como él piensa pero intentar explicarle es prácticamente inútil sabiendo que él debe estar pasando por un momento similar.

—El Sakura del jardín está hecho un desastre también. Qué curioso que también lo haya estado el vestido que supuestamente ella debió usar, curioso además el que tu hermano mayor estuviese ahí. Más curioso es el hecho de que mi hermana trajera puesta una prenda tuya cuando desaparecieron de la fiesta.

—¿Estás insinuando que yo la puse en ese estado? —murmura Sasuke con una presión en el pecho que casi le impide respirar.

—Estoy insinuando que eres como una nube de tragedias que le ronda siempre. Pero eso ya lo había pensado hace mucho, eventualmente te lo iba a decir.

Sasuke conoce la lista de culpas que lo atan a Sakura pero está seguro que la manera en la que Sasori lo acusa es injusta. Sin embargo no puede evitar pensar que tiene razón.

Que ha sido por él y por sus descuidos el que ahora ella esté es ese estado.

Sacude la cabeza, desvaneciendo tales pensamientos.

No. Por supuesto que no.

Involuntariamente el pensamiento sobre Sasuke Uchiha hiriendo a Sakura Haruno se instala en su mente.

No. No es lo mismo. Él no ha querido que ha Sakura le pasara nada en primer lugar. Nunca haría algo para dañarla. No es como él. El presente es distinto. El presente es...

La paciencia se acaba, pero ese no es lugar para que monten una escena con golpes de por medio. Aún sí Sasori le muestra un semblante lamentable y doloso por el estado de Sakura, aún si quiere ponerse en sus zapatos, no va a dejarse de él.

Algunas enfermeras, incluso Itachi quien está también ahí, son tomados por sorpresa cuando el de cabello rojo toma a Sasuke por el cuello de su camisa, aplacando su ira apoyándolo con dureza contra la pared más cercana.

—Dime... —Sasuke entrecierra los ojos y hace una mueca, oyendo—. ¿Qué le hiciste para que ella acabará así?

¿Cómo...?

¿Cómo puede pensar algo como eso? Lo que es más...¿Cómo puede anteponer liberar esas ganas retenidas que tiene desde hace tiempo en lugar de pensar en su hermana?

Sasuke siente las manos calientes y la capacidad para responder a la agresión pero...no se trata de ellos. Ni de sus asperezas. Ni de lo que sea que el uno piense sobre el otro.

—¿Te estás escuchando? —Sasori emite un gruñido sin entender—. Sakura...Tu hermana...¡Tu hermana está allí dentro! —vocifera, furioso—. ¡Deja de preocuparte por mí! ¡Es ella es quien deberías pensar!

—¿Crees que no pienso en ella? —no hay respuesta. En su lugar la firmeza de Sasuke destilando por todos lados. Esa maldita mirada llena de convicción...—. ¡Tú no sabes nada de ella! ¡Ni de nosotros! ¡Tu y ella solo...!

—¡¿Quieren cerrar la maldita boca ustedes?! ¡Esto es un hospital!

La voz severa de Tsunade llega a oído de ambos lo suficientemente fuerte para callarse ambos. Más resignados que obedientes, Sasori suelta al menor de mala gana mientras Sasuke le mira con el mismo sentimiento de recelo.

Ninguno de los dos dice algo luego de eso cuando la realidad les golpea de nuevo. Sasori se vuelve un frágil ser humano cuando recuerda qué es lo que hace ahí; se toma la cabeza entre las manos, apartándose un poco sin emitir algún lamento que haga que alguien sienta lástima por él.

Sasuke lo mira en silencio y, solo un poco, siente que debe disculparse...pero no lo hace.

Itachi se aproxima pero tampoco dice nada, solo desvía su mirada a Sasori y no puede evitar sentir empatía por su dolor. Ambos son hermanos mayores después de todo y es capaz de imaginar un escenario en el que los papeles estén invertidos, viéndose a él mismo sintiendo incertidumbre por un moribundo Sasuke.

—¿Cómo está ella? —incapaz de soportar un segundo más sin sentir la necesidad de preguntar, Sasuke se dirige a Tsunade quien antes de responder le dedica una mirada molesta por lo recién acontecido.

—Ella está bien, está durmiendo ahora—la respiración de Matsuoka se normaliza un poco—. Demasiado estrés ha provocado esto. Ha sufrido muchas emociones en un solo día.

Puede imaginarlo, piensa él.

Puede imaginarlo y dar su testimonio de que así ha sido.

Pero no dice nada. No es su deber decir lo que es un secreto para ambos. Decir algo significaría que los tachen de locos a ambos aunque ciertamente, a estas alturas, no le importa la imagen que tenga cualquier persona con respecto a él.

—¿Enserio? —pero está preocupado. No puede evitar sentir que aunque la vida le demuestre un poco de fe, solo es cuestión de segundos para que la esperanza les sea arrebatada de las manos.

El cuerpo de Sakura es tan diferente al suyo. Resiente con mayor facilidad los huéspedes infecciosos que poco a poco la debilitan cada día. Hoy puede ser el estrés. Mañana puede ser una simple gripe lo que termine por devastarla.

—Sí, muchacho —contesta Tsunade, condescendiente.

Sasuke busca, luego de esa respuesta, su permiso a través de sus ojos. La necesidad es imperiosa. Necesita verla. Necesita cerciorarse de que todo lo que la rubia le ha dicho es real. Necesita saber que está bien. Y Tsunade necesita dejar de mirar al pasado. Dejar de ver al antiguo Sasuke a través de este desesperado muchacho.

Es inevitable y doloroso ver como ese rostro que ha pasado por tantas etapas duras durante su vida, impidiéndose expresar algo más que seriedad, poco a poco se rompe. Como su rostro se cubre de lágrimas y como su garganta grita el nombre de su persona más amada.

Asociar eso con el ahora no es adecuado pero los recuerdos siempre son así de poderosos.

—¿Puedo verla?

Tsunade solo asiente, tomando la responsabilidad en caso de que Sasori decida negarse al ser el único familiar. Sorprendemente no sucede a pesar de que el muchacho oye con claridad cuando Sasuke hace la pregunta.

—Es la habitación 606.

Y con esa indicación, desaparece.

Dejando rastros de añoranza y melancolía en cada uno de los pasillos. Dejando sueños y deseos. Dejando súplicas y esperanzas.

Ojalá algo de eso pudiera pudiera alargar la vida de cada persona que habita en esas habitaciones desde ya mucho tiempo.

Ojalá algo de esa fuerza pudiera ser otorgada a quienes la han perdido ya.

Sasuke aún quiere creer...Creer que todo va a estar bien. Que la realidad no es tan cruel como se pinta. Que nada malo va a suceder.

Sasori comienza a dejar de creer...Los doctores no le han dado buenas noticias, y eso lo termina de romper ahora que cree que nadie lo ve. Nunca ha sido bueno con las emociones pero desde que Sakura quedó a su cargo ha tenido que portar una máscara para no caer. Para no preocuparla. Para fingir que nada malo pasa. Pero todos tienen un límite.

Itachi lo sabe con solo mirar como intenta no sollozar más alto para que así nadie lo oiga.

—Ella…no está del todo bien ¿cierto? —cuestiona a Tsunade quien responde con silencio.

Esa es la peor respuesta.

Y es la única que le sabe a tristeza en tanto Naruto hace su aparición y es lo único que oye.

—No es cierto... —su garganta se cierra, sus ojos arden. Si tan solo Tsunade no hiciera ese gesto. Si tan solo ella fuera buena en mentir, al menos él también sería estupendo en creer.

—Naruto… —la voz de Itachi no surte efecto en él. No necesita de dulces palabras. Necesita la verdad. Todos la necesitan.

—Ya ha comenzado.

El periodo en el que la vida de Sakura comienza a acortarse.

El periodo donde sus días comienzan a acabarse.

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I

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Sakura duerme, tal y como Tsunade le ha dicho.

Sasuke se imagina, cuando entra en silencio a su habitación y se acerca a donde está ella, que sueña y vive dentro de un palacio con rejas altas e imposible de atravesar. Sería lo adecuado...Así nada ni nadie puede lastimarla.

Qué maravilloso sería si fuera real.

Se acerca un poco más y las marcas del cansancio se hacen visibles. Pero aún notando eso es hermosa la manera en la que tenue luz que se cuela de las cortinas le dibuja patrones curiosos a su cara.

Sueña y sigue soñando.

Una dulce doncella revestida de aparatos que contabilizan sus pulsaciones y la monitorean día con día.

Las princesas no deberían ser retratadas de esa manera. Ella no debería estar ahí.

Ríe un poco con desazón, eliminando la poca distancia que los separa cuando llega a su lado y mira su mano, esa que está siendo perturbada por el catete que tiene justo encima.

Sakura no es una princesa. Luce como una, por supuesto, con esas arreboladas mejillas que le provocan a él cosquillas en el estómago.

Sakura es una guerrera.

Una virgen firme en una tierra que otorga pruebas a sus más valiosos soldados.

—Sakura… —pronuncia su nombre en un doloroso lamento. Debería sentirse aliviado de saber que se encuentra bien. Es decir...Eso le ha dicho la doctora Tsunade pero...¿Por qué siente que no es así? ¿Por qué le arde la garganta? ¿Por qué tiene ganas de llorar? —. ¿Sabes? Últimamente he querido llorar mucho. De seguro te burlarías si lo supieras —le dice, tomando con cuidado su mano, apretándola—. Vas a hacerlo ¿verdad? Te reirás de mí cuando despiertes. Sé que lo harás.

Porque así será.

Y porque tienen aún muchas cosas qué contarse.

Tienen tanto qué decirse.

Tanto qué sentir.

—No vuelvas a asustarme de esta manera, por favor —inclinándose y levantando un poco su mano, la besa.

Sería oportuno si todas esas historias mágicas con las que Sakura soñó alguna vez de pequeña fueran reales.

Que cuando hay un beso de por medio, las princesas despiertan.

Sasuke solo lo hace.

En su mano.

En su mejilla.

En su frente.

En sus ojos.

No para que despierte...sino para que sienta que él está ahí.

Ojalá pudiera verlo. Ojalá pudieran ambos reírse de la mala suerte que ella tiene al darse cuenta que se encuentra en su lugar menos favorito. Ojalá él pudiera verla sonreír y hacer esa clase de berrinches que está acostumbrado a ver.

Ojalá...

—Sigue soñando…—dice una última vez, besando sus labios en un gesto tan tierno y tan íntimo que solo él es capaz de hacer—, Sakura.

La mira hasta el final. La mira ignorando todo lo demás. La mira sin darse cuenta bloqueando la realidad.

Sea cosa de él o de Sasuke Uchiha, ignora el diagnóstico que hay colgado en uno de los aparatos que contabilizan los signos vitales de Sakura. La realidad cruel que no quiere ver está ahí en sus narices...pero no la ve. Pero, aunque fuera capaz de verla, ¿cómo podría saber? ¿Cómo podría interpretar eso?

Deficiencia de alfa-1 anti tripsina. Estado critico-superior. Enfisema pulmonar declarado. Daño en los pulmones.

Se la está llevando...La enfermedad de Sakura poco a poco la aleja de él.

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II

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Sakura está soñando dentro de un mundo que ya se ha vuelto cotidiano para ella.

Enteramente de ella.

Ese lugar llamado Konoha.

La correspondencia que Tsunade no se ha esmerado por ordenar es su trabajo ese día. Las montañas de papeles van haciéndose menos con el pasar de los minutos y el excelente orden que ella les asigna a cada uno de ellos, la enorgullecen.

Pero en los últimos días no hace otra cosa más que eso.

Seguir un patrón y sentir que su cuerpo está en posesión de un sistema automático.

Así ha sido desde que algo no anda bien.

Las sonrisas ya no son espontáneas, solo son un gesto frío y pre-grabado que, sabe, debe hacer cuando tiene alguna consulta o un amigo la visita. Cada que alguien pregunta si se siente bien le indica que no está fingiendo lo suficiente como para que nadie lo note. Y las preguntas van en aumento, y las mentiras también.

—Maldición —maldice tras verse distraída y tirar el sujeta-papeles al suelo.

Incluso sus movimientos se ha vuelto torpes.

Las órdenes que manda a su cerebro no conectan aunque claramente ella quiere justificarlo al exceso de trabajo...Quiere pero sabe que no es así.

Sakura posee un secreto.

"¿Como va todo, Tsunade-sama?"

Últimamente odia preguntar.

Lo odia pues la respuesta que la sannin siempre le da, primeramente, es solo silencio. Y Sakura sabe muy bien interpretarlos. Tsunade no es una maestra del engaño, y si hiciera el intento, sería un fracaso. Sakura siempre la descubre, luego de una noche de alcohol, encerrada en su oficina, sollozando. Lamentándose por algo. Conectando un diagnóstico desolador con su nombre.

Sakura quisiera presumir algo más que solo malas noticias. Quisiera presumir esa sonrisa que es característica suya.

Quisiera decir que todo está bien.

Quisiera, al menos, transmitir esa tranquilidad a las personas que van a verla.

Como a ese pequeño niño de la cita de la mañana.

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—Listo, estás como nuevo. ¿Cómo te sientes? —pregunta, deshaciéndose de la aguja, guardando los utensilios utilizados y retirando la bandeja metálica.

Takeru es un niño muy valiente.

No llora aunque el piquete en su brazo realmente le hace querer hacerlo, pero él es muy fuerte y posee una convicción muy firme para su edad.

—Me ha dolido un poco...¡Pero ya me siento mucho mejor! —Sakura sonríe enternecida, agachándose a su altura para acomodar la manga de su polera donde ha suministrado el medicamento.

—Eres un niño muy valiente—le remueve los cabellos—. Y a los niños valientes siempre se les premia ¿verdad? —alardea, acercándose a cajón que hay en su escritorio, sacando una golosina de este—. Ten. Una paleta.

—P-pero señorita Sakura, él no puede…

—Sí puede solo que no en exceso ¿recuerda? —le explica a la madre, alargando su brazo para entregarle la golosina al menor—. Si queremos que crezca sano y sin limitaciones entonces hay que adaptar su cuerpo a lo más cercano que él tenga, como un dulce.

Takeru es su paciente más joven. De salud delicada pero con fortaleza inquebrantable.

Su más importante tesoro esos días...al igual que su miedo más grande.

Mientras lo observa degustar con alegría el caramelo, lo mira. Esa boca pálida con un par de llagas casi nunca es vista pues casi siempre la cubre esa tela azul que siempre porta. Su bonito cabello es de color como los melocotones...pero ahora casi no es apreciado por el gorro que siempre porta de igual forma. Ese que cubre la realidad de una pequeña y tierna cabecita resintiendo los males de una enfermedad que no conocen.

Piel seca y agrietada. Hundimiento de ojos. Peso inadecuado por debajo del normal.

Pasan los días y el futuro es incierto en él.

Pero lo que no lo es es la llama de su tierno y fuerte corazón. Es por eso que ella lo cuida. Es por eso que ella también aprende de él. Es por eso que no debe sentirse rendida.

Los diagnósticos de Tsunade sobre ella pueden ser irrefutables pero el rumbo de la vida puede ser modificado si se tiene fe.

—Señorita Sakura ¿Por qué llora?

Sí, ¿por qué lo hace?

La fragilidad y la sensibilidad es algo con lo que se nace, y hasta el más duro de los corazones no puede contra ellas.

No se necesita repetir la cátedra de lo que significa ser una kunoichi para descartar que, en ocasiones como esa, es necesario llorar. Es normal sentir tristeza. Es normal sentir alegría. Tan normal como sentir frío o calor.

—N-no es nada. Se me metió una basura al ojo —intenta justificar, tallándose los ojos. Esforzándose por hacer una de esas sonrisas ensayadas aunque ésta es la más sincera que ha soltado en mucho tiempo.

—¿Se encuentra bien? —pregunta esta vez la madre del niño.

Ser conmovida por una situación así...y ser consolado por las dulces manos de Takeru abrazando las suyas.

Es afortunada de vivir.

Es afortunada de reír.

Es afortunada de llorar.

Es afortunada de sentir.

—S-Sí. No es nada. En serio.

Correspondiendo a ese tierno gesto, Sakura lleva las manos del niño a sus mejillas sintiendo un poco de ese calor y oliendo ese aroma a golosina dulce. Quiere un poco de ese valor también, de ser capaz de sonreír aun en el peor de los escenarios que ya es conocido.

Si ser tan valiente tuviera sinónimo, sería el nombre de ese niño que ahora se despide agitando la mano con energía.

—Sakura —Tsunade lo ha visto todo. La manera en la que el rostro de Sakura se ilumina y se baña de colores del atardecer. En cómo, parece, ha recuperado un poco de esa fuerza que creyó perdida—. Es hora de tu chequeo.

—Ah. Sí.

Hasta que dice tales palabras y la incertidumbre se interpone entre el Sol y la despedida de Takeru.

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III

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—Sentirás unos piquetes, ¿está bien? —Sakura no responde, solo permanece quieta. No hay una sensación de miedo similar a la que los niños sienten cuando van al médico. Ella es un adulto. Está acostumbrada. Lo está aún más desde que esa misma rutina se repite desde hace un par de semanas. Desde que los extraños síntomas comenzaron a aparecer. Desde que Sakura padece algo de lo cual hubiese querido nunca saber —. ¿Cómo te has sentido últimamente?

Los ojos de Sakura viajan hacia el atardecer y al bonito cerezo que enmarca la ventana de la oficina de La Quinta.

Sakura siente un cosquilleo en la espalda pero lo atribuye a la incómoda posición sobre esa camilla donde está siendo examinada.

—Normal.

—¿Mareos?

El primer piquete. Sus ojos se contraen ante esa reacción natural de incomodidad.

—Sí.

—¿Te has sentido débil?

Otro piquete. La misma reacción.

—Me da mucho sueño —murmura como si justamente ahora sintiera ganas de dormir. Algo que suele suceder muy a menudo.

—¿Te estas alimentando bien? Has bajado de peso, Sakura —la pelirrosa medita un poco luego de ese comentario. No ha estado comiendo lo que debería. Sus rangos de estamina están por debajo de todo y es debido a su mala cabeza. Tantas cosas qué decir pero ni una sale de su boca. Está atestada de falsos y malos escenarios a cerca del futuro que le espera—. ¿Sakura? ¿Estás llorando?

Dios...

¿Qué pasa con ella?

Hace un rato poseía una renovada fortaleza gracias a Takeru, pero tal parece que las emociones dentro de ella se mueven de manera centrífuga. Van y vienen solo porque sí.

—No quiero, Tsunade-sama… No quiero…

¿Morir?

Es muy difícil hasta decirlo. Y ese no debería ser el destino de una chica tan joven...

—Esto no es algo que hayas podido elegir, Sakura —pero Tsunade debe de ser firme. No debe desmoronarse a su lado a pesar de que tiene tantos deseos de hacerlo. Pero si ella cae ¿qué más tendrá Sakura?

Sakura es, indudablemente, su alumna más querida. Se pregunta ¿cuándo fue que comenzó a verla como una hija? Pero ahora no debe permitir que sus emociones la dominen. No cuando ella más la necesita.

No cuando esa enfermedad extraña avanza mientras ellas platican.

Esa enfermedad que ha comenzado a matarla.

—Me he desmayado un par de veces.

La semana entrante es lo mismo. Sakura, poco a poco, va reconociendo sus males, realizando siempre una gran lista mental destacando con algunos asteriscos ciertas cosas que no quiere decirle a Tsunade. Aunque no decirle no significa que eso disminuya su enfermedad.

Escuchar su diagnóstico cada semana es difícil. Tan difícil como mantenerse en silencio oyendo, esperando alguna buena noticia. Cosa que no ocurre.

La Quinta cierra los ojos por un momento.

Nadie está exento de las pruebas, al parecer. No importa que tan bueno sea uno en algo o que afortunada sea la vida con él, las pruebas no eligen a su portador. Sakura es un shinobi excepcional en su campo pero nadie está nunca preparado para estas cosas. Incluso la persona que presume nervios de acero es capaz de romperse si un día el tiempo decide comenzar a acortar tu vida.

Sakura quiere ser fuerte, en verdad que sí, pero se está haciendo costumbre flaquear con más frecuencia.

Y entonces piensa en ese niño, en Takeru.

—Es normal tener miedo, Sakura —oye a Tsunade al mismo tiempo que siente su mano sujetar la suya.

—Un shinobi renuncia a su vida esperando la muerte siempre en cada misión a la que es encomendado —Sí, así es. Viven con la idea de que un día van a morir. No por una enfermedad, sino en la guerra más atroz o en la misión más peligrosa. Entonces...¿ella es afortunada? —. No le tengo miedo a morir —asegura, mordiéndose el labio. Y el apretón de su mano se hace más fuerte.

—Todos tienen miedo a morir —hace una pausa, suspirando—. Quizá no lo dicen pero nadie nunca está preparado para la muerte. Que seas un ninja no significa que seas menos susceptible a la vida que una persona común —con cariño roza su mejilla, esa que está un poco roja—. Eres una persona después de todo. Eres frágil. Eres vulnerable. Eres sensible. Eres valiente.

—Soy un ninja...—la mujer niega, aclarando su garganta pues siente que Sakura le contagia ese tono tan lamentable y doloso con el que ha dicho aquello.

—No, Sakura. Eres humana. Eres igual a ese niño al que todos los días anhelas ver.

—Como Takeru-kun…

—Como ese niño...debes aprender a vivir.

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IV

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La enfermedad de Takeru es silenciosa.

Muy poco puede hacer en realidad para alargar su vida.

Es consciente de que un día ya no despierte. Esa incertidumbre le duele pero no puede pensar en la que poco a poco acaba con su madre. Debe ser doloroso pensar que un día ya no abrirá los ojos pero quizá es ese el pensamiento que invita tanto a madre como hijo a vivir la vida al máximo.

—Satomi Takeru… —murmura mientras relee su expediente una vez más como si eso la calmara.

En su mente él está sonriendo a pesar de sentir comezón por siempre portar ese molesto gorro.

Aún cuando duele, aun cuando no duerme, aún cuando suceden miles de cosas, día con día continúa teniendo esa sonrisa radiante y ese temor propio a las agujas, característico de niños de su edad.

Ese niño es tan valiente y ella...

— ¿Por qué no puedo darme seguridad a mí misma?

La puesta de Sol está enmarcada por el marco de su ventana.

Al parecer tiene un visitante que se aproxima rápidamente. Con cuidado abre la ventana permitiendole a Taka, el halcón de Sasuke, descender sobre el alféizar.

—Hola, amigo ¿te envió Sasuke-kun? —pregunta, juguetona, acariciando su plumaje. Distinguiendo el pequeño pergamino que hay atado a una de sus patas.

"¿Qué es lo que has estado haciendo? Se supone que hoy entrenaríamos juntos. Aún es temprano así que te esperaré"

Silencio.

No emite nada.

Solo se queda ahí, siendo observada por Taka a la espera de que haga algo.

"¿Sasuke lo sabe?"

Es en lo único en lo que piensa. Más que sentir un poco de culpa por olvidar algo como sus horarios de entrenamiento.

Por supuesto que no. No puede saberlo.

Sakura es consciente de que el tema de la pérdida de un ser querido es una especie de taboo para él. Le arrebataron todo dejándolo en un mundo frío y cruel. No es que Sakura sintiera que su importancia en la vida de Sasuke fuera tan valiosa como lo fue cada uno de los miembros de su familia pero...pero él no puede saberlo. Más que dolor no quiere ser una carga.

Pero...¿por cuánto tiempo más podría ocultarle tal cosa?

Los días a su lado cada vez se vuelven más difíciles de sobrellevar, y más cuando hace cosas como esa. Como enviar a Taka con un mensaje para ella. Como decirle que va a esperarla. Como expresarle que no importa el tiempo que le tome todo lo que está haciendo, él no se moverá de ahí.

Esos gestos solo hacen que ella quiera hundirse más.

Su corazón duele más de lo que debería pues no decirle es mentir. Es fingir ser feliz y prometer cosas que no podrá cumplir.

—Lo siento, Sasuke-kun —pero debe continuar con esa farsa por un tiempo más.

Alimentar los días de Sasuke con la felicidad que le ha prometido desde el día en que él decidió irse y dejarla en una banca fría y solitaria. Debe alimentar todo eso para que de ese modo, el día que muera, no se vaya con remordimientos.

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V

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—Gracias por la comida.

Une sus manos, termina la oración y se pone de pie dispuesta a llevar los platos al fregadero.

Antes de apagar las luces de la cocina da una última mirada. Las vajillas en su lugar, el comedor tan obsoleto pues de sus seis sillas ella solo ocupa una siempre. Y el resto de las habitaciones de la casa corre con la misma suerte.

Casi puede imaginarse a su madre vociferando algo a su padre mientras levanta el cucharón antes de regresarlo a la olla. Puede oír a su padre disculparse por haber tomado sin permiso un par de galletas antes de la cena. Puede imaginarse a ella misma riendo viendo como ambos adultos pelean.

¿Qué habría hecho su madre al enterarse de que su hija estaba enferma?

¿Qué habría hecho su padre?

¿Qué habría hecho ella para reconfortarlos un poco?

Es posible que su madre estuviera en ese momento ahí, tomando su mano.

Si tan solo ambos estuvieran vivos la carga de Sakura podría ser compartida y sería menos dolorosa.

—"Pero no lo están"

Se han ido como todo tiene que irse algún día.

Es su deber continuar viviendo por ellos aunque poco a poco la flama de su vida se apague lentamente.

Hace tiempo que no tiene ese tipo de pensamientos pesimistas. Suspira, dándose dos palmaditas en las mejillas. No hay nadie en casa y recuerda las veces en las que siempre pidió un poco de soledad. Hoy que la tiene...es algo incómodo. Pero solo un poco. Prefiere ver el atardecer desde su recámara en silencio.

Todo allá afuera luce tal y como ayer pues los edificios y la infraestructura de una ciudad se deteriora un poco más lento que el cuerpo de una persona. Pasarán muchos años para que los muros de esa casa comiencen a agrietarse de manera natural.

Ojalá los sentimientos fuera de esa forma. Ojalá rechazar a una persona fuera algo sencillo.

Ha intentado sobrellevar la idea de continuar ocultando su mal a Sasuke. Hay días en los que es fácil pero otros no lo es tanto. Y ella está acumulando, de apoco, demasiado estrés por eso pero ¿qué se supone que le diga? Puede que muera, puede que no. No hay una respuesta sólida para darle. Estando a su lado es más doloroso pero él no sabe. ¿Cómo podría saber?

Pero es cuestión de tiempo.

Sasuke es listo y puede ver a través de ella. A través de sus sutiles mentiras. A través de su rechazo ante esas pequeñas citas como la de hoy.

—Ya debe estar en casa —murmura perdiendo la mirada en el horizonte que enmarca su ventana.

¿Cuánto tiempo más podrá continuar con esa farsa?

¿Cuánto tiempo más podrá seguir cumpliendo la promesa de ir juntos a entrenar?

¿Cuánto tiempo le tomará a Sasuke entender que cada que ella le dice que no, no es porque no desee verlo, sino por algo más?

Sakura ha atesorado esos últimos meses como ningún otro. Atesorando sus silencios mientras lo ve entrenar. Atesorando la manera cortés con la que siempre la invita a hacerle compañía. La manera en la que sus ojos la miran cuando la acompaña de regreso a casa porque él insiste en que ella es muy torpe y seguro se perdería.

A veces ni siquiera es necesario decirse algo pues basta solo mirarse y ser cómplices de atardeceres y estrellas.

Y estando con él sus pesares se desvanecen aunque sea por un par de horas.

Y hasta el día de hoy todo eso conformaba su felicidad.

Pero la felicidad es siempre demasiado efímera.

—No quiero… —musita, tomando esa polera azul que conserva el aroma que tanto le calma. Sasuke la ha dejado ahí hace tiempo y ella ha olvidado devolverla—. Perdón, Sasuke-kun, pero no puedo decírtelo…

—¿Decirme qué?

¿En qué momento bajó la guardia? ¿O es que acaso su brillante habilidad de sentir chakra se está comenzando a ver afectada por las reminiscencias de esa extraña enfermedad? Afortunadamente no hay rastro de que haya llorado que la delate. Lo único que hace es bajar los hombros y presumir una tranquilidad envidiable dejando de sostener con fuerza su prenda.

¿Cuándo comenzó a sentir que tenerlo ahí le impondría un problema?

Siempre le ha agradado la sensación de tenerlo cerca pero ahora...

Aún no voltea a mirarlo apropiadamente pero puede oír como Sasuke desciende del alféizar de su ventana, entrando a su habitación.

Está ahí, un poco sucio y sudoroso.

—"¿No ha regresado a casa?" —se cuestiona cuando finalmente le da la cara.

Y él, él solo la mira. La mira y es tan fácil ver a través de ella. La manera en la que respira, la manera en la que lo mira, la manera en la que abraza esa prenda suya y la manera en la que le tiemblan los labios.

Sakura es tan mala para mentir.

En eso como en todo.

—Sasuke-kun —traga grueso poniendo su mejor cara sonriente—. ¿Qué haces aquí? ¿No recibiste mi mensaje?

—Lo recibí —afirma él, caminando a sentarse en una silla con una familiaridad que solo les pertenece a ambos.

—¿E-Entonces? —pregunta Sakura intentando desviar el tema, caminando hacia su clóset fingiendo que va a colocar esa polera suya dentro pero la realidad es que solo quiere esconder su rostro de él.

—Semana tras semana haces lo mismo.

Sakura se detiene en la puerta del closet oyendo como los resortes de su cama suenan en tanto él parece haberse sentado. Sabe a lo que se refiere...La ausencia de sus entrenamientos en conjunto es algo que Sakura ha hecho con más frecuencia con el afán de que, poco a poco, él se acostumbre a tener que dejar de verla.

Tanto lo beneficia a él como a ella. O eso es lo que Sakura quiere pensar.

—¿Ah, sí? —pero ella se esfuerza en no notarlo.

Al menos hasta donde su jurisdicción le permite intentar pero su cuerpo siempre suele conspirar contra ella y contra las mentiras que quiere crear. Pasarse ese mecho detrás de la oreja y luego rascarse un poco mientras dibuja una mueca de lado y desvía la mirada...Sasuke sabe que miente.

En todos esos meses ha aprendido a mirarla con detalle. Y a aprendido a disfrutar de su compañía. Un deseo oculto que siempre quiso hacer realidad pero por cosas del pasado nunca propuso llevarlas a cabo.

Por eso ahora es muy difícil que ella logre mentirle. Pasan la mayor parte del tiempo juntos ignorando el cuchicheo de toda la gente en tanto los ve pasear por la aldea. Pero aún sabiendo eso no puede tirarse un clavado y ser directo con ella. Sakura no se lo permite por más que lo intente sutilmente hacerlo.

—¿Te aburre acaso?

Sakura guarda silencio, cerrando la puerta del closet antes de voltearse y mirarlo.

No es eso, quiere decir. Por supuesto que no es eso aunque...¿sería más fácil decirle que sí? Eso ocasionaría que quizá haya una discusión absurda pero también aumenta las probabilidades de que Sasuke vea que miente con descaro. La pelirrosa decide apostar por solo por el gesto de sentirse una mujer olvidadiza.

— ¿Pero qué dices? —ríe contundente, llevando a cabo su papel—. Por supuesto que no, siempre es divertido hacerte sudar —vuelve a reír y aunque Sasuke quisiera compartir ese momento gracioso sarcástico, no puede. No puede porque Sakura no se lo permite con la manera en la que le está mintiendo—. Es solo… —buscando algo nuevo en lo que fingir concentrarse, Sakura camina hasta su librero. No sabe ni para qué, solo busca algo que le permita mantener la vista ocupada de él—, ha habido mucho movimiento en el hospital últimamente, ¿puedes creerlo? Tsunade-sama me ha puesto a ordenar sus montañas de documentos y…

—No creo que el librero sea el lugar correcto donde se deba guardar la ropa.

Ah.

Cuando Sakura se percata de su error, él ya está a su espalda.

Es cierto...Aún sostiene su polera. Ha estado tan distraída y a la vez concentrada en mentir que ni siquiera la ha dejado en el clóset como inicialmente tenía pensado. Y eso solo ha ocasionado que Sasuke vea con más facilidad su trampa.

Puede sentirlo detrás de ella, ambos de pie frente al libro, Sakura siendo un ente en medio de ambos, existiendo solo porque sí.

Esa escena...es tan similar a la noche en la que él se fue de la aldea.

Sasuke coloca su mano encima de una sección del libro y ella solo agacha la cabeza, abrazando más la prenda contra su cuerpo. Puede sentir como respira, puede sentir su aroma. Puede sentir como el silencio lo es todo para ambos.

¿Por qué...? ¿Por qué está llorando?

No debería...Sasuke podría darse cuenta y...

Su piel arde cuando el brazo desocupado de Sasuke la abraza por detrás y siente como hunde su rostro en el espacio que hay en su cuello. Es cuestión de segundos la segunda mano se une al abrazo implícito, dejando sus cálidas y grandes manos encima de las de ella.

—¿Desde cuándo…?—Sakura respinga, sintiendo su aliento, mientras más lágrimas humedecen sus ojos—. ¿Desde cuando dejaste de confiar en mí, Sakura?

Qué lamentable.

Qué miserable.

Sakura lo único que hace es llorar.

No se da cuenta que le está causando un profundo dolor también a él. No lo sabe...porque ambos son malos para poner en palabras todo lo que sienten.

Ambos son tan egoístas.

Ambos son tan sensibles.

Ellos son una relación que no se define como la de unos amantes pero que no se preocupan en asignarle un nombre pues solo hace falta estar cerca el uno con el otro para poder ser felices.

Sakura no es una persona que se rinde pero pareciera que comienza a hacerlo, y Sasuke puede verlo. ¿A dónde se han ido esos ojos brillantes llenos de convicción? ¿A dónde se han ido esos días felices? Sakura nunca duda en tenderle la mano a quien lo necesita...¿entonces por qué no es capaz de confiar en él y aceptar la mano que él tiende para ella?

—Y-yo…

—¿O acaso…todo ha sido una farsa?

Los atardeceres a su lado, los almuerzos improvisados, los entrenamientos agotadores.

No. Nada de eso ha sido mentira.

Pero...

—L-Lo siento… —solo puede disculparse, pedir que la perdone, pues su voto de silencio es la prueba de amor más grande que tiene que darle. Para que no sufra. Para que no convertirse en una carga. Para que la olvide rápido —."Porque te quiero, porque quiero protegerte es que….no puedo decírtelo" —. L-lo siento mucho, Sasuke-kun

La manera en la que Sakura se aferró a él esa noche quedo grabada en esas cuatro paredes.

La manera en la que Sasuke sostuvo su mano hasta que se quedó dormida, también.

Recostados sobre la cama, Sakura con miedo a no despertar y Sasuke con miedo a que todo desapareciera de manera fugaz.

.

VI

.

Hokkaido.

Más que haberse despertado agitada por descubrir que se encuentra en el hospital, lo hizo por haberse permitido soñar con algo que lo único que ha logrado es que no pare de llorar.

¿Es ese el futuro que les espera?

¿Es esa la realidad que ahora misma les aqueja?

Sasuke está ahí...Y luce tan nervioso como ella al sentir como se ha despertado de golpe, viendo como llora sin razón de ser.

Él se ha quedado con ella. Él ha velado su sueño...O quizá él ha despertado su pasado.

Sasuke.

Y entonces lo comprendí.

Comprendí perfectamente a aquél que era parecido a mí en cuerpo y alma, a aquél con la cabeza descansando sobre una almohada recostado en la misma cama, a aquél que se encontraba velando el sueño, esa noche, de la persona a la que más amaba.

Mientras más la amaba, mientras más se enfermaba, mientras más lo engañaba, más dolor sentía.

Él con su respectiva Sakura,

…y yo con la mía.

.

.

FIN DEL CAPITULO

.


Comentarios:

Nagi: Hola Nagi! Ya extrañaba verte por aquí xD , que bueno que te siga gustando. Si, tener a Sasuke así le eleva la presión a cualquiera hahaha, en fin, espero que sigas disfrutando de la historia hasta el final. Saludos(:

Yoko midori chan: De nada(: gracias a ti por tomarte el tiempo de leerlo. Espero que te siga gustando como hasta ahora. Saludos(:

Veena: ¿llorando grasa? hahahaha xD morì con eso. Tu review me hizo sonreír como idiota, en verdad agradezco que piensas de esa manera, me halaga. No me considero buena, realmente me hace falta mucho pero pues se agradece que reconozcan el esfuerzo y pues, bueno, no he estado en una situacion de conocer a una autora "como las que describes", normalmente las que conozco son rebuenas en lo que hacen pero no dejan de ser humildes y pues, al menos yo no tengo un problema de arrogancia hahaha al contrario, como dices, me encanta interactuar con los lectores, independientemente del fic. En fin, espero que te siga gustando el fic como hasta ahora. Nuevamente gracias por tu palabras, saludos(:

Guest: Gracias!(: espero verte seguido por aquí y que te siga gustando el fic. Saludos.

*Hoy en la noche responderé a los reviews con cuenta, ya se me hizo tarde para la uni xDDD*

Notas:

YO!

Si, mis retrasos ya suelen ser costumbre hahahaha ,me he escapado de mis deberes para poder colgar el capitulo que ya llevaba días terminado pero por motivos de tiempo no había podido subir.

Algo que quiero avisar, antes de pasar a mi comentario personal sobre el capitulo, es que el próximo capitulo muy probablemente lo suba hasta finales de mes, si no es que a inicios de Junio, entenderán que estoy en finales de semestre y...aja...ya se pueden imaginar el apocalipsis que hay sobre mi. Proyectos y más proyectos D:

Bueno, ya aclarado eso, mi comentario.

Este capitulo lo modifique mil veces hahaha. No soy experta en enfermedades ni esas cosas, y creo que no me he encontrado en una situación similar por lo que me costó un poco imaginarme a Sakura angustiada.

En cuanto a Sasuke, resulta un poco fácil interactuar con él cuando su personalidad no es del todo similar a la original pero al escribir el flash back es bastante complicado xD , jugar con dos personalidades me revuelve a veces hahaha por lo que he decidido interactuar mas con ellos en flash backs de ahora en adelante.

Varias de ustedes me han pedido saber un poco más sobre la vida de ellos en el pasado. Eso ya lo tenia planeado hahaha así que no se preocupen. ¿Que quiero decir con esto?

El fic está llegando a su fin. A partir de este punto se trata de la lucha entre Sakura y su enfermedad, y de su pasado y la vida de Sakura como Haruno antes de "morir". Si, soy muy dramática hahahaha

En conclusión, al fic ya no le quedan muchos capítulos y los que vengan tocaré el pasado, a Sakura como Haruno y a Sasuke como Uchiha, obviamente ligándolo siempre a sus presentes. Espero no haberlas confundido hahaha sobre advertencia no hay engaño?

Eeeeeen fin.

Ya para irme -tiene clases en menos de una hora y sigue de weona xD- , sobre el lemon -suspira- , no me considero buena en ello hahaha pero los pocos que he hecho me han salido bien, so, estoy pensándolo mucho en si confirmarlo o no. Si me decido pues...aja, lo avisare -lo mas probable es que si- haha pero aclaro, la historia no perderá su esencia.

Y pues...ya, es todo(: , gracias por tomarse el tiempo de leer esto, so...

BYE!

*adelantos, ya saben donde buscarlos -perfil- :v