Plisetsky salió del baño sin que él se percatase, no escuchó la ducha cerrarse, o notó los varios segundo de silencio que inundó el lugar, ni siquiera cuando la música que Yuri escuchaba cesó, se había centrado tanto en lo que iban a ser, en como demostrar lo que veía ya de por si tan obvio a aquel pequeño.

Pero nada de eso fue necesario, Otabek se sentía como un chiquillo atrapado tras romper todos los platos de su madre, sus ojos rasgados se abrieron como nunca ante el pánico, no tenía ni idea que hacer, se preocupó al ver como su amigo, quien había salido feliz del baño, con su larga cabellera envuelta en una toalla purpura, de repente pasaba a tener una terrible mueca de espanto.

Estuvieron vario segundos mirando el rostro del otro sin saber que hacer, Yuri avergonzado a más no poder, deseando que la tierra se lo tragase vivo, y ya de paso a que Mila se fuera con él por hacer que pasar ese momento tan incomodo. Otabek se consideraba el estúpido más grande del mundo.

Su toalla se deslizó y calló al piso en un ruido sordo, casi como mecha para la explosiva huida del ruso al baño.

Otabek no tardó ni medio segundo en saltar de su lugar en la cama y dirigirse con el corazón en la garganta, preocupado como nunca por su amigo.

Intentó abrir la puerta, pero ya había pasado el seguro, se maldijo internamente por la estupidez de haber leído aquel inocente papel, de no ser lo suficiente inteligente como para haberlo ocultado, o tener la decencia de respetar la privacidad de su ruso, debió de dejarlo como lo encontró.

-Yura.- habló con toda la suavidad y ternura que le fue posible, intentando demostrar que no estaba enojado, utilizando ese apodo que tiempo atrás le había puesto, por insistencia del menor, quien no entendía porqué nunca tuvo uno.

-¿Acaso no puedo tener un apodo yo también?- había protestado una tarde, donde paseaban por las calles canadienses tras una competencia donde Otabek había ganado el oro.-Siempre me dices Yuri, o Plisetsky , no siquiera me llamas Yurio como el resto.

Le kazajo no entendía la necesidad repentina de un apodo, Yuri se solía quejaba de odiar todos sus motes, desde los que se ganó por el patinaje y su personalidad, como Hada, Delincuente o Tigre, seguido de un ruso, o Yurio, ese que tanto odiaba y se lo pusieron con el único fin de distinguirlo del otro Yuuri, cuando desde un principio él era el original, a quien Viktor conocía desde antes.

-Pensé que no te gustaban.

-Bueno, pero es distinto si lo creas tu.

Otabek lo pensó un poco.-Me gusta mucho tu nombre, por eso nunca creí necesario un apodo.

El comentario lo pilló con la guardia baja, provocando que se sonrojara y que propinara un golpe al brazo de su amigo.-Eh ¿Y eso por qué Yura?

-Por favor sal.


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La pagina que nombre en el capitulo anterior (De la cual Mila obtiene sus quince suencuales puntos) la encontraran al buscar "Como saber si estas enamorado" y le aparecerá esto "Cómo saber si estás enamorada: 15 señales para descurirlo" y es de "Enfemenino" (Creo) les dejaría el link, pero por lo visto Fanfiction no me lo permite, pues en el anterior lo dejé y no me apreció.