CAPITULO 26
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Remus estaba sentado en el suelo con las rodillas tocando su pecho. Se miraba las manos manchadas de barro y sangre. No conseguía distinguir cual era la sangre de Greyback, de la de Lonna, de la suya propia o de alguna otra persona o quizás a esas alturas ya era una mezcla de todos.
No podía pensar. No quería pensar.
Duró poco tiempo en esa posición ya que en seguida se puso de pie y comenzó a pasear nerviosamente por el largo y blanco pasillo del hospital. Llevaba demasiado tiempo esperando a que le dieran noticias de Lonna y de su bebe. La espera le estaba matando lentamente y cada minuto que pasaba sin saber nada de ellos se angustiaba más y caminaba más inquieto, tanto que parecía un lobo salvaje encerrado en una jaula demasiado pequeña.
Milagrosamente, mientras estaba en el suelo acunando a Hermione, destrozado, llorando, totalmente convencido que habían muerto, había sentido un débil latido en su pecho. En ese momento fue cuando se dio cuenta que la mujer sangraba abundantemente por las piernas e intentó encontrar la fuente de aquella hemorragia, que para su desesperación, procedía de la entrepierna. Gracias a Merlín que cerca de él estaban todos sus amigos, porque se quedó petrificado mirándose las manos llenas de sangre y mirando a Lonna.
El tiempo pasaba tan despacio que estaba a punto de explotar de impaciencia. ¿Por qué nadie salía a darles noticias de lo que estaba pasando con Lonna y el bebe?
Habían pasado unos minutos más, cuando una mujer de mediana edad con bata blanca salió. "Parientes de Lonna Reilly, por favor" En seguida Remus salió corriendo hacia el otro lado del pasillo, donde estaba la sanadora. Los merodeadores y Lily que estaban con él acompañándole se levantaron de sus sillas y se acercaron rápidamente.
"¿Todos ustedes son familiares?" preguntó muy seria.
"Si" contestó inmediatamente Lupin.
"Yo soy la Sanadora Heilwig, la encargada de llevar el caso de la Señorita Reilly. La paciente ha llegado con una fuerte hemorragia interna debida a un aborto. Hemos hecho todo lo posible para salvar al bebe, pero ha sido inútil" Remus se llevó las manos a la cara, abatido. James le dio un golpecito en el hombro en señal de ánimo. "He de comentarles un tema muy delicado acerca del bebe" añadió la mujer y todos la miraron preocupados Remus se destapó la cara y la miró con angustia. "El niño era licántropo."
"Eso ya nos lo imaginábamos" la dijo Lupin con tristeza.
"¿Conocen ustedes al padre?" preguntó la sanadora.
"Si señora. Yo soy el padre" dijo Lupin. "¿Cómo está Lonna?" preguntó Lupin con preocupación. Sus ojos evidenciaban el mazazo que había supuesto para el la noticia de la perdida de su hijo.
"Me temo que no tengo buenas noticias. El estado de la Señorita Reilly es critico…no creemos que llegue a mañana"
Durante unas décimas de segundos, Lupin dejó de respirar, el corazón se le paró y no podía ver nada. Cuando consiguió recuperarse del shock agarró a la sanadora por las solapas de la impoluta bata y comenzó a zarandearla gritando "No puede ser. Usted tiene que salvarla. Tiene que hacer algo. No puede permitir que muera. No puede dejarla morir" el merodeador estaba tan nervioso que de su boca salían despedidas pequeñas motitas de saliva que se estrellaban en la cara de la mujer.
La sanadora intentó zafarse de Lupin pero tenía demasiada fuerza para ella, estaba asustándose. "Si no se tranquiliza ahora mismo me voy a ver obligada a llamar a los aurores y que le echen" le amenazó, pero Lupin no la soltaba.
Lily se abrazó a James llorando, no solo por las devastadoras noticias, si no por ver así a Remus.
Sirius, que se encontraba en un estado muy similar al de todos ellos, se acercó a Lupin por la espalda y le abrazó susurrándole al oído "Suéltala amigo, suéltala" al mismo tiempo que sujetaba las manos de Lupin e intentaba que soltara a la sanadora.
El licántropo pareció darse cuenta de lo que había pasado y abriendo mucho los ojos retiró lentamente las manos. "Lo siento…lo siento mucho…" la dijo con un hilo de voz. "Por favor, ¿puedo verla?" la pidió.
La sanadora, muy nerviosa todavía, se pensó mucho la respuesta "Aún no. La estamos trasladando a una habitación más adecuada para ella. Y además en ese estado no puede entrar, así que más le vale tranquilizarse"
"Si, si, me tranquilizo, por favor, pero déjeme verla, por favor, necesito verla" la pidió desesperado y temblando.
La sanadora miró con semblante severo a Sirius que estaba todavía abrazando a Lupin. "En cuanto esté todo listo les avisaremos. ¿Cuál es su nombre?" pregunto señalando a Remus.
"Remus Lupin" contestó Black.
Mientras estaban esperando apareció Dumbledore. Tenía el pelo y la barba manchados de barro y sangre, como casi todos los que habían participado en la batalla y se acercó a Remus que estaba sentado en una silla con la cabeza entre sus manos, total y absolutamente hundido.
"¿Sabes algo, hijo?" preguntó Dumbledore.
Ante la incapacidad de Remus de hablar, James le contó lo que la sanadora les había explicado. El director se sentó en una silla al lado de Lupin, la noticia le había impresionado terriblemente, tanto que las piernas le temblaron y se tuvo que sentar.
"¿Qué tal está usted, Albus?" le preguntó Lily.
"Bien, querida. No os preocupéis por mí. Solo ha sido un golpe" le respondió afligido.
"¿Ha sabido algo de Voldemort?" preguntó James.
"Si. Sigue en coma. El sanador que le está tratando me ha dicho que le van a trasladar a un hospital muggle. Por lo visto a perdido toda su magia."
"Pero eso no es posible" dijo James y vio que Remus les miraba seriamente.
"Eso mismo le hemos dicho los aurores y yo, pero según nos han contado le han revisado los mejores sanadores del hospital y ninguno de ellos ha encontrado ni un solo rastro de magia en su cuerpo."
"No es posible" susurró Lily.
"Claro que lo es" dijo una voz de mujer que se acababa de acercar a ellos. Llevaba una larga túnica negra que arrastraba y una gran capucha que no permitía que nadie la viera la cara. Detrás de ella había un hombre alto y rubio que habían visto luchar con ellos en la batalla.
"Mi querida Condesa. Perdone nuestra falta de modales, pero no habíamos notado su presencia" la saludo Dumbledore poniéndose de pie y haciéndola una reverencia. La mujer asomó su blanquecina mano de una de sus mangas y se la ofreció al director para que la besara, cosa que este hizo al instante.
"Permítame presentarle, Condesa. Estos son Lily y James Potter, Sirius Black y Remus Lupin" fue señalándoles a todos y los chicos iban haciéndola reverencias con la cabeza. "Muchachos, esta bella dama es la Condesa de Dracul, Anahid Broz" la mujer se quitó la capucha y les saludo a todos, prestando mayor atención sobre Lupin.
"Nunca imaginé que vendría a un sitio como este" la dijo Dumbledore.
"Vladimir me ha informado de lo que ha pasado con la Señorita Granger y he venido a ayudarla" dijo con calma la mujer.
"Un poco tarde ¿no la parece?" la increpó Lupin de muy malos modos.
"Remus, haz el favor" le regañó Dumbledore.
"No, no mi querido Dumbledore. Déjele que se desahogue. Se que él es el compañero de Hermione y comprendo muy bien como se siente."
"¿Cómo se atreve a llamarla así?" le reclamó Remus encarándose con ella. Vladimir en cuanto vio a Lupin tratarla de esa manera se interpuso entre ellos y miró a Remus amenazantemente.
"Me atrevo por que se cosas sobre ella que ni siquiera ella misma conoce" le respondió haciendo a un lado a Vladimir y acercándose a Lupin.
"Si hay algo que mis antepasados me han enseñado es a cumplir con las promesas que se hacen. Ella ha cumplido su parte y yo vengo a cumplir con la mía" le respondió mirándole fijamente a los ojos después de hacer una pausa.
"Ya no hace falta. Lonna se está muriendo. No creo que la importe mucho una estúpida promesa." replicó Lupin con voz temblorosa.
"Tu lo has dicho, se está muriendo. Todavía no está muerta y tú eres el único que puede impedir que eso pase. Tu eres el único que puede impedir que ella deje este mundo y se convierta en un alma en pena, vagando por la tierra en busca de paz."
"¿Cómo sabe que Lonna se convertiría en un fantasma?" la preguntó Lily sorprendida.
"Una vez se lo dije a ella. Los nacidos vampiros tenemos ciertos poderes que nadie más posee. Uno de ellos es poder conectar con las almas de los magos y la suya me está pidiendo a gritos que la ayude. Todavía la quedan asuntos pendientes en este mundo."
"¿Qué asuntos?" la preguntó Lupin.
"Tu"
El hombre palideció ante la confesión de la mujer y cambió su actitud con ella.
"¿Y que es lo que quiere a cambio de su ayuda?" preguntó Lupin.
"Nada. Ella cumplió con su parte del pacto y yo tengo que cumplir con la mía"
"¿Cuál es ese pacto?" preguntó Sirius.
"La primera parte consistía en que ella nos proporcionaba sangre para que mi pueblo no muriera de hambre, cosa que hizo eficientemente, con su ayuda, Profesor Dumbledore, por supuesto" dijo mirando al director y esbozando una ligera sonrisa. "Y la segunda parte, yo la pedí que le arrebatara a Voldemort lo único que le hacía feliz. Ella ha cumplido con su parte y yo ahora tengo que cumplir con la mía. Servirla fielmente. La prometí que cuando necesitara ayuda yo acudiría rauda a socorrerla y eso es lo que estoy haciendo en este momento."
"Si me permite, Condesa ¿Qué es lo que tenía la Señorita Reilly que arrebatarle a Voldemort?" preguntó Dumbledore.
"Su magia. Eso es lo único que le ha hecho ser feliz, ser mago. Y eso es de lo que ella le ha despojado, sin saberlo, pero lo ha hecho. Bueno, en realidad quien lo ha hecho a sido el bebe."
"¿Pero como ha sido posible?" preguntó Dumbledore.
"Cuando Voldemort puso las manos sobre el vientre de Hermione para causarle el máximo dolor posible al bebe, este inconscientemente hizo magia por primera vez en su vida para proteger a su madre." Todas las personas que allí se encontraban miraban estupefactos a la mujer sin terminar de entender lo que les estaba contando. "Siempre la dije a Hermione que su bebe era muy fuerte, pero creo que ella nunca llegó a imaginar cuanto." les comentó.
"Por Merlín, ¿como pretende que nos creamos eso? Un bebe haciendo magia" dijo Sirius. "Eso es imposible."
"Ya veo que es usted un incrédulo Señor Black." Le respondió mirándole fijamente. "Lo que no sabe es que a Hermione la unía un vínculo mucho más fuerte con su hijo del que el resto de las madres poseen. El bebe se engendró la misma noche que ella y el Señor Lupin consumaban uno de los hechizo más antiguos del mundo, el Coniugium animae."
Ante la cara de confusión de los merodeadores y Lily, Broz añadió. "El hechizo consiste en unir a dos amantes en una sola alma. Por lo tanto el bebe se vio afectado por ese hechizo. Y no solo eso, el bebe tenía una deuda de vida con su madre. Ella una vez eligió morir para evitar que a él le pasara nada y aunque no sabía quien era le salvó la vida, por eso esta noche ha reparado esa deuda dando la vida por Hermione. Por ese motivo ella no ha muerto. La luz blanca que se vio cuando la maldición asesina chocó contra el vientre de Hermione era el pequeño bebe sacrificándose por ella y absorbiendo la magia de Voldemort, impidiendo el fatal sino al que estaba predestinada."
Estaban tan impresionados que no podían ni hablar. Por suerte la sanadora Heilwig llegó, avisando a Remus que ya podía visitar a Hermione, pero le advirtió que tendría que estar tranquilo y no molestarla mucho.
"Es tu hora" le dijo Broz. "Yo estaré contigo durante un par de minutos para ayudarte y guiarte, después serás tu el que tenga que hacer el resto."
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El camino hasta la habitación en la que se encontraba Hermione se le hizo largísimo. Sabía que cuanto más tiempo tardara en llegar y hacer lo que Broz le dijera más probabilidades tenía su novia de no encontrar el camino de vuelta y ese pensamiento le inquietaba.
No se dio cuenta de lo nervioso que estaba hasta que estiró el brazo para alcanzar el pomo de la puerta y vio como le temblaba la mano.
La habitación que había al otro lado era muy pequeña, con solo espacio para una pequeña cama, una silla y una pequeña mesilla que parecía que de un momento a otro se iba a desmontar. Un rayo de sol iluminaba el centro de la cama, consiguiendo que las sábanas blancas resplandeciesen.
Allí estaba Hermione, tumbada, con sus rizos esparcidos por la fina almohada y con la sabana doblada a la altura de sus pechos, que dejaba ver el camisón de tela azul que la habían puesto. Parecía como si estuviera durmiendo.
Remus se quedó inmóvil, a un lado de la cama, contemplándola durante unos segundos. Sus lágrimas silenciosas rodaban por sus mejillas, hasta que Anahid Broz le hizo volver en si.
"Acércate más a ella y pon una de tus manos sobre su cabeza y la otra sobre su corazón" le pidió. El licántropo hizo lo que ella requirió. El contacto de sus frías manos con la tibia frente de Hermione le hacía más difícil concentrarse en lo que Broz le decía. Solo quería tumbarse con ella en la cama y besarla hasta que despertara.
"Ahora yo invocaré su espíritu. En cuanto ella me haya escuchado yo tendré que salir de la habitación. Tu tendrás que hablar con ella hasta que te de una señal de que el peligro ha pasado."
"Pero ¿Qué la digo?"
"Pídela que no se vaya, que se quede contigo. Ten en cuenta que ella está conectada contigo y que tus palabras deben salir del fondo de tu corazón. Tienes que sentirlo de verdad, si no nada de lo que hagamos podrá funcionar." Lupin asintió. "Comencemos"
Broz puso sus manos encima de las de Remus, él podía sentir que las tenía tan frías como las suyas y comenzó a hablar en un idioma que el licántropo no era capaz de entender. Recitaba las palabras como si de una oración se tratase. A medida que estas transcurrían, su voz se iba haciendo más grave, sus ojos se iban volviendo blancos y de sus manos comenzó a irradiar un calor que poco a poco se volvía más intenso.
De pronto se calló y sus ojos comenzaron a volver a su azul natural. "Tu turno" le dijo a Lupin.
Estaba muy nervioso. "Lonna…Lonna ¿puedes oírme?" Miró a Broz en busca de aprobación y esta le dijo "Deja que las palabras salgan de lo más hondo de tu corazón. Solo así podrá oírte" Remus asintió. Miró a Hermione y le acarició suavemente la frente con la mano que tenía apoyada en ella.
"Mi amor…escúchame, tienes que despertar…tienes que abrir los ojos…no puedes dejarme…quédate conmigo…por favor" sentía como comenzaba a hacérsele un nudo en la garganta y las incipientes lágrimas le quemaban los ojos.
"No me dejes…por favor…no puedo vivir sin ti…no quiero vivir sin ti…" el corazón se le desgarraba en mil pedazos y las lágrimas resbalaban por su rostro.
"Por favor…mi pequeña…no me dejes ahora…tenemos tantas cosas que hacer juntos todavía…por favor…" colocó su frente sobre la de ella mientras lloraba.
"No me dejes…no puedes dejarme…me prometiste que siempre te quedarías conmigo…" la dijo y levantó ligeramente la cabeza para secarse las lágrimas, al mirarla se dio cuenta que la había manchado la frente con sus manos e intentó limpiarla, pero lo que consiguió fue empeorarlo. Aún así seguía pensando que parecía un ángel. La acarició suavemente la cara y la otra mano que seguía inmóvil en el lugar que Broz le había indicado, la bajo hasta su vientre, donde unas horas antes se encontraba su hijo y la dejó allí.
"Tienes que despertar…todavía tenemos que casarnos ¿recuerdas?...no me ha dado tiempo a contártelo…bueno, en realidad era un secreto, pero James y Sirius nos van a regalar el viaje de luna de miel…es en una preciosa isla del pacifico…la casa está construida sobre el mar…y el suelo es de cristal, pero no se rompe porque tiene un hechizo sobre el que lo mantiene irrompible…y podemos ver pasar a los peces por debajo de nuestros pies ¿a que es increíble?...pero tienes que venir conmigo…tienes que despertar…yo solo no puedo hacerlo, mi amor…yo solo no quiero vivir…" decía sin parar de llorar.
"Eres lo mejor que me ha pasado en la vida…lo único bonito y puro que he tenido y que ha sido auténticamente mío…mío…porque eso es lo que eres…eres mía, eres mi vida…tu cuerpo y tu alma me pertenecen tanto como los míos te pertenecen a ti. Tu lo eres todo, eres lo único…" le decía. Sin saber como pasó la besó tiernamente en los labios.
"Tu has sido la única que me ha querido sin reservas…que te has entregado a mi, sin importarte lo que soy… Te quiero" le susurró levantando de nuevo la cabeza para mirarla y sus lágrimas resbalaron por su mentón hasta caer en los labios de Hermione. "No sabes cuanto te quiero"
En se momento, Hermione inspiró tan fuerte que su cuerpo se elevó unos centímetros de la cama.
Remus asustado giró la cabeza en busca de Broz, pero la mujer no estaba. Se había marchado y él no se había dado cuenta.
"Mi amor, no, mi amor… quédate conmigo…vamos…por favor…"le pedía mientras la acariciaba el pelo con sus manos temblorosas, mirándola. Hermione, por un instante abrió los ojos y le miró.
"Por Merlín, eso es pequeña, mírame…quédate conmigo" la pidió lleno de ilusión y la sonrió.
Ella estaba tan débil que enseguida cerró los ojos de nuevo.
Lupin salió corriendo al pasillo gritando en busca de una enfermera. Mientras la revisaban él permanecía cerca de la puerta acompañado por sus amigos, por Broz, Valdimir y por Dumbledore.
"Buen trabajo" le dijo la condesa sonriéndole.
Ante los nervios de Lupin, varias personas de la habitación entraban y salían, pero ninguno le decía nada, hasta que aproximadamente media hora después salió la sanadora Heilwig. Su cara lo decía todo, estaba perpleja.
"¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Lonna?" preguntó el licántropo.
"Pues…aunque se encuentra muy débil…he de comunicarles que ha salido del peligro. Su recuperación ha sido milagrosa. Nunca en los años que llevo trabajando como sanadora había visto nada parecido."
Lupin se abrazó emocionado a Lily, que tenía sus manos entrelazadas con las de él. Los merodeadores se abrazaron a ellos emocionados.
"¿Cuántos días va a tener que estar la Señorita Reilly en observación?" preguntó Dumbledore.
"Eso va a depender de la rapidez con la que se recupere, pero creo que sería bueno tenerla cerca de una semana en observación."
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Habían pasado tres días y Hermione no había vuelto a despertar. Aunque la sanadora intentaba tranquilizar a Remus y le iba contando las pequeñas mejorías que iba notando en el estado de la chica, él no podía dejar de sentir cierta inquietud.
Durante los tres días, no se había movido de su lado en ningún momento y había seguido hablándola de todo lo que se le pasaba por la cabeza. Cuando se quedaba sin temas la leía el periódico en voz alta, esperando que en algún momento reaccionara. Nunca en toda su vida había hablado tanto.
Estaba tan cansado que se quedó dormido leyéndola una crónica sobre el último partido de los Murciélagos de Ballycastle contra los Falmouth Falcons. En ese momento ella abrió los ojos de nuevo.
Al principio lo veía todo borroso, pero poco a poco fue enfocando mejor. Lo primero que vio fue la blanca y fría pared, no la resultaba conocida. Miró a su alrededor y allí sentado estaba Remus, tenía la cabeza ladeada, casi apoyada en su cama y la boca abierta, de la cual salió un pequeño ronquido que la hizo sonreír. El aspecto del merodeador no era muy bueno. Estaba pálido, el pelo revuelto como si hiciera tiempo que no se peinase, barba de varios días y unas ojeras que delataban su cansancio.
Aunque se sentía sin fuerzas, estiró un brazo y le acarició el pelo. Lupin dio un respingo en la silla y asustado abrió los ojos, encontrándose con los de ella. Por unos segundos el corazón se le paró, no podía respirar.
"Cariño…Hola dormilona…" le dijo muy dulcemente Remus. Hermione le sonrió débilmente.
"Hola" le dijo casi sin voz.
"Por Merlín, me había quedado dormido. ¿Qué tal te encuentras?" la preguntó cogiéndola la mano que tenía todavía en su pelo y besándola tiernamente.
"Cansada"
"Es normal. Han sido días muy duros"
"¿Cuanto tiempo llevo aquí?"
"Tres días"
Hermione cerró los ojos por un instante y suspiró, en ese momento se dio cuenta que había algo extraño en ella, sentía un vacío que no sabía de donde procedía. Arrugó el ceño y puso su mano libre en su vientre.
"Remus ¿el bebe…?"
No le hizo falta responder, su cara y sus ojos hablaban por si solos.
"No" susurró Hermione con cara de pánico.
"Lo siento, mi amor. Los sanadores hicieron todo lo que pudieron"
Hermione comenzó a llorar tapándose la cara con ambas manos y Remus se levantó de la silla, sentándose a su lado en la cama y abrazándola. Permanecieron en esa posición un buen rato, llorando los dos la perdida de su hijo.
Una idea se coló en la cabeza de Hermione. Ella era la responsable de la muerte de su bebe. "Yo he tenido la culpa…ha muerto por mi culpa…¡¡¡oh dios!!!...¿que clase de persona soy?...yo le he matado…He matado a mi bebe…" pensaba.
Por lo visto, eso último lo debió de decir en voz alta sin darse cuenta, por que Remus la agarró por los hombros y muy seriamente la dijo "Escúchame con mucha atención Hermione. Tú no has tenido la culpa de nada. Tú no has matado a nuestro hijo. El eligió dar su vida por salvar la tuya…"
"Oh, Remus, por favor…" le interrumpió.
"¿Acaso no me crees? ¿Me crees capaz de mentir en un tema tan serio como este?" Hermione no le contestó, pero agacho la cabeza. La vergüenza la impedía mirarle.
"Has estado a punto de morir ¿lo sabias? Cuando te trajimos la sanadora nos dijo que no ibas a llegar al día siguiente, ¿pero sabes que? Vino Broz y nos contó lo que pasó. Nos contó que tú una vez le salvaste la vida a nuestro hijo sin saber quien era y que eso hizo que él tuviera una deuda de vida contigo. Después entró conmigo a esta habitación y me ayudó a traerte de vuelta con nosotros. ¿Crees que si por un momento hubiera creído que tú has sido la culpable de su muerte lo hubiéramos conseguido? El eligió."
"Pero yo sabía que podíamos morir, y aún así no me importó. Solo quería salvarte y vengarme de Voldemort por todo el daño que nos ha hecho." Le respondió mirándole de nuevo.
"No te atormentes así, mi amor. Nuestro hijo no quería que lo hicieras. ¿Recuerdas lo contento que se ponía cada vez que tú te reías? Tu misma me decías que sentías como el bebe te hacía cosquillas por dentro" recordó Remus con una pequeña sonrisa.
Hermione se volvió a abrazar a Remus, apoyando su cabeza en uno de los hombros del chico y suspiró.
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Por fin llegó el día tan esperado en el que a Hermione le dieron el alta. Seguía bastante deprimida a pesar de las visitas de sus amigos. Incluso Broz volvió a visitarla para que finalmente consiguiera entender lo que había pasado y le advirtió a Lupin que nunca volvería a ser la misma persona.
Cuando llegó a la Mansión acompañada por Remus, pasó algo que no esperaba. Al pasar por la puerta una lluvia de confetis de todos los colores que la impedía ver nada más allá de sus narices caía por encima de sus cabezas
"¡¡¡BIENVENIDA!!!" oyó que la gritaban. Entre todas las voces oyó resonar la sonora risa de Sirius. Su perro, Cookie se la tiró encima, en cuanto la vio para saludarla e intentar y lamerla la cara.
Miró confundida a Remus, que la sonreía, mientras acariciaba al perro. "Los chicos quisieron darte una pequeña fiesta de bienvenida."
"En realidad la idea fue de Melvina y nosotros no la podíamos quitar la ilusión. Hubiera sido muy cruel de nuestra parte" le dijo Lily que se había acercado a ella para besarla, pero Hermione ni siquiera sonrió. Ver a Lily la dolía demasiado, la recordaba lo que había perdido.
Pese a que la fiesta fue bastante entretenida, Hermione no se encontraba de ánimos y como no quería que por ella acabase tan pronto, se disculpo de los invitados diciendo que se sentía muy cansada y que iba a acostarse un rato. Mientas subía las escaleras, Remus se la quedó mirando muy preocupado.
En su habitación estaba todo exactamente igual, parecía como si nada hubiera pasado, como si no se hubiera marchado, pero su vientre vacío le recordaba la cruda realidad, incluso la carta que le había escrito a Remus antes de partir a buscarle estaba en el mismo sitio donde lo había dejado. La abrió y comenzó a leerla:
Mí amado Remus:
Si estás leyendo esto es porque las cosas no han salido bien y es posible que ya no podamos volver a estar juntos nunca más.
No quiero que te culpes por lo que ha pasado, ya que ha sido mi decisión ir a rescatarte. Compréndeme, no podía quedarme de brazos cruzados sin hacer nada por ti, imaginando por que clase de torturas o vejaciones te estarían haciendo pasar.
Quiero que sepas que estos meses que hemos estado juntos, a pesar de todos los horrores que nos han rodeado, han sido los mejores de mi vida y que todo lo que he tenido que pasar hasta ahora ha merecido la pena por pasar un solo día a tu lado.
Solo quiero pedirte dos cosas. La primera que seas feliz y la segunda, que no me olvides nunca, por favor.
Te quiero.
Tuya para siempre.
Lonna Reilly. HG
Hermione se secó las lágrimas que cayeron de sus ojos mientras leía la carta. En ese momento sintió unos brazos que la rodearon por la cintura, era Remus, que la abrazaba. Ella se dio la vuelta para descansar su cabeza en su pecho y él la abrazó con más fuerza.
"Nunca, pase lo que pase me olvidaré de ti, y mucho menos te dejaré de amar."
