Capítulo 25

Arturo y los caballeros seguían de cerca a Iseldir a través del bosque. Los sonidos del campamento habían desaparecido hace apenas unos minutos, siendo sustituidos por el tranquilo silencio del bosque, interrumpido ocasionalmente por el corretear de algún animal y las pisadas de los caballeros.

Durante su camino, Iseldir se mantuvo en silencio sin mirar atrás guiando al grupo de Camelot. Aunque ninguno de los demás miembros hablaba, Arturo conocía lo suficientemente bien a sus caballeros como para saber que estaban preocupados. Esta era una empresa que sólo él, su rey, tendría que recorrer sin ayuda de nadie. Y ellos lo único que podrían hacer sería quedarse a esperar, algo para lo que no estaban hechos.

Pronto el silencio del bosque fue sustituido por un constante resonar. Arturo miró con curiosidad reconociendo el sonido de una cascada en su dirección. Conforme seguían caminando, el sonido fue incrementándose hasta llegar a su destino. Iseldir se detuvo al llegar a un claro donde una pequeña cascada alimentaba un estanque. El cuerpo de agua era completamente traslúcido y limpio, dejando ver el arenoso fondo que se mantenía impasible pese a la caída del agua.

Los caballeros se quedaron en silencio contemplando el lugar. La luz del sol golpeaba el claro iluminando el sitio de un color dorado, mientras la vegetación resplandecía de un color verde intenso. Pese a no ser más de medio día, el claro parecía estar inmerso en el crepúsculo. El lugar transmitía paz y serenidad, sentimientos que el rey había perdido desde hace tiempo.

"Arturo Pendragon" llamó de repente una voz. Arturo y los caballeros se giraron rápidamente llevando sus manos a las empuñaduras de su espada ante la llegada de una posible amenaza. Con sorpresa, Arturo se dio cuenta que quien lo llamaba era Elac, acompañado de Vrisa y una druida que no conocían. Ambas mujeres venían cargadas con cestas en sus manos.

Haciendo caso omiso de la reacción del rey y los caballeros, los tres druidas se acercaron al grupo de Camelot hasta quedar frente a Arturo quien todavía no se había relajado y mantenía su mano sobre el pomo de su espada.

"Arturo Pendragon" volvió a llamar Elac "¿Estás dispuesto a continuar con el ritual? Una vez que empiece no se podrá detener hasta que hayas triunfado o fallado en tu empresa".

Arturo miró a los insondables ojos pardos del druida que lo miraba sin mostrar emoción alguna. Sin dudar, el rey contestó:

"No voy a dar la vuelta, Elac. Continuaré hasta el final".

Elac se limitó a asentir aceptando la respuesta y decisión del rey. "Que así sea" dijo. Girándose hacia el estanque y la cascada, el druida dijo:

"Nos encontramos en Burna geclænse, el manantial que purifica. Antes de comenzar tu viaje, majestad, debes entrar en su aguas para aclarar tu mente y quitar las sombras que velan tus ojos a la verdad" volteándose nuevamente ante Arturo dijo: "Desnúdese, señor".

"¿Perdón?" dijo sorprendido el rey ante la petición del druida, sonrojándose levemente ante la idea de desnudarse frente a su público y las druidas presentes que mantenían una mirada inexpresiva.

"¿Qué pasa princesa?" se burló Gwaine con una sonrisa maliciosa "Todos sabemos que hace tiempo perdiste tu virtud. No hay nada de qué avergonzarse".

El resto de los caballeros mantuvieron una mirada seria y digna, traicionada por el brillo de diversión en sus ojos ante las palabras de su compañero. "¡Cállate Gwaine!" dijo Arturo bastante molesto mientras comenzaba a desabrocharse su capa y retiraba su armadura hasta quedar sin prenda alguna.

"Idris" llamó suavemente Elac a la druida que venía junto a Vrisa. La druida se acercó abriendo el cesto que llevaba, el cual estaba lleno de vasos llenos de humeantes bebidas. La joven le acercó una espesa bebida de color grisáceo. Arturo miró con curiosidad y desconfianza el brebaje, mientras la druida le entregaba a los caballeros bebidas de color pardo.

"¿Qué es esto?" preguntó Arturo mirando con un poco de repulsión su bebida.

"Es un té hecho a base de hierbas para tranquilizar y abrir la mente, señor. Bébalo pronto" dijo Elac mientras recibía de Vrisa un recipiente lleno de glasto. Arturo obedeció bebiéndose el té de un solo trago. Para su sorpresa, su bebida tenía un sabor dulzón y agradable al paladar.

"¿Y nosotros tenemos una bebida por qué…?" dijo Gwaine mirando su bebida con el entrecejo fruncido.

"Las suyas son tés para calmar los nervios, Sir Caballero" dijo Idris con una voz suave "Sospecho que lo necesitarán".

Los caballeros se miraron mutuamente indecisos, hasta que Percival cerró los ojos y bebió su té rápidamente. El caballero parpadeó sorprendido mientras saboreaba plácidamente su bebida. Los demás caballeros, viendo que no había sucedido nada, siguieron el ejemplo de su amigo, quedando maravillados ante el agradable sabor.

"Tendrá la apariencia de los brebajes de Gaius, pero definitivamente saben mejor que lo que prepara" dijo Gwaine divertido, al mismo tiempo que los caballeros asentían estando de acuerdo con su amigo.

"Comencemos" anunció Iseldir mientras tomaba con los dedos índice y corazón un poco del pigmento azulado del tazón que sostenía Vrisa. Sin decir otra palabra, el caudillo comenzó a trazar líneas, figuras y distintos diseños sobre el cuello y espalda de Arturo. Acto seguido, Elac se acercó y comenzó a dibujar sobre el rostro del rey.

Estoicamente, Arturo mantuvo su postura dejando a los caudillos pintar su piel con intrincados diseños. No estaba seguro de que pensar sobre la extraña e irreal situación en la que se encontraba. Arturo Pendragon, el Rey de Camelot participando en un extraño ritual mágico mientras un par de druidas pintaban sobre su piel desnuda. Seguramente esta era la aventura más extraña en la que se había metido.

Después de unos minutos, Elac bajó hacia el torso del rey donde continuó realizando distintos trazos, uniendo líneas, grecas y círculos alrededor de un triskelion en el pecho del rey. Curioso, Arturo se preguntó que significaba toda esta parte del ritual.

"Todos estos símbolos" dijo Elac como si hubiera leído la mente del rey "Simbolizan las cualidades que se esperan de un guerrero: valor, fuerza, honor, lealtad, compromiso, deber, prudencia, sensatez, espíritu, corazón, sabiduría" dijo el caudillo tranquilamente mientras tomaba un poco más del pigmento y empezaba a trazar sobre las caderas y piernas del rey.

"¿Esto era necesario?" preguntó el rey serenamente preguntándose si se pudo haber saltado esta etapa.

"No solo forma parte del ritual, majestad. Son marcas para que la magia te reconozca y abra sus puertas hacia su corazón, hacia tu destino. No había otra manera" respondió el caudillo levantándose y mirando al rey con los ojos completamente abiertos.

Los druidas dieron un paso hacia atrás admirando al rey que ahora se encontraba cubierto de un mosaico de distintos símbolos: líneas y espirales que se unían o se separaban. Al igual que los caudillos, los caballeros se asombraron ante la imagen de su rey. Arturo mantenía una mirada seria y llena de una confianza y decisión como nunca antes se había visto. La espalda alzada y el porte regio, junto con los extraños diseños realizados por los druidas, hacían lucir al joven rey bastante feroz, como un poderoso jefe guerrero de la antigüedad.

"Ahora debes de entrar en las aguas de Burna geclænse" dijo el caudillo señalando hacia la cascada.

"¿Por cuánto tiempo" preguntó Arturo.

"Tú sabrás cuando sea el momento" contestó Elac.

Con un asentimiento, Arturo entró al estanque. Las frías aguas hicieron que se le enchinara la piel. Conteniendo el castañeo de sus dientes, Arturo se encaminó hacia la cascada. Bajo ella, Arturo vio una roca plana lo suficientemente grande como para sostenerlo. Sentándose en la roca con las piernas cruzadas, el rey cerró los ojos dejando que el agua lo cubriera completamente.

-oOo-

Los druidas y los caballeros guardaron silencio mientras veían al rey dirigirse hacia la cascada dejando que el agua cayera sobre él. Puede que el momento haya sido demasiado extraño, casi surrealista, pero aún así, todos ellos sentían que este era un momento solemne y de respeto.

"¿Y ahora qué?" preguntó Gwaine sonando demasiado serio por primera vez desde que lo conocían.

"Ahora, esperamos a que termine el ritual de purificación" dijo Iseldir mirando hacia la cascada con el rostro impasible.

-oOo-

Arturo mantenía los ojos cerrados permitiendo que sonido del agua lo envolviera, aislándolo de su entorno. Mientras el agua corría por su cuerpo, Arturo comenzó a meditar sobre el significado del ritual y su experiencia aquí. Según Elac, esto se hacía para purificarse, pero ¿purificarse de qué? ¿De las sombras? ¿Qué sombras? ¿Y qué quería decir con que las sombras velaban sus ojos?

'Sólo alguien puro de corazón y con las más nobles intenciones puede encontrarlo y usarlo' sonó claramente la voz de Kilgharrah en la mente del rey. Las palabras del dragón no habían sido distintas a las que le habían dirigido los druidas durante su encuentro en la tienda del campamento. Ya había pasado una prueba de pureza de corazón, así que seguro podría con esto, ¿no? Pero ¿nobles intenciones? ¿Las suyas eran nobles? Él venía para recuperar a Merlín, para salvarlo. Pero, ¿y luego qué sucedería con él? ¿Qué haría con Merlín cuando estuvieran de regreso en Camelot?

'Escucharía su historia. Escucharía todo lo que me quisiera decir' se dijo el rey a sí mismo mientras reflexionaba sobre su sirviente. ¿Quién eres? ¿Dónde está en realidad tu lealtad? ¿Todo fue por una estúpida profecía? ¿Qué has hecho por mí, por Camelot? ¿Qué es la magia? ¿Es buena? ¿Es malvada? ¿Te corrompe?

'Se el rey que siempre supe que serías'. Las palabras que pronunció Merlín en uno de sus sueños hicieron eco en su mente en ese momento. ¿Significaba que todavía podría creer en él? No era la primera vez que Merlín decía cosas así de crípticas, levantando su ánimo haciéndolo confiar en él mismo, como cuando le mostró su espada, Excalibur, enterrada en la piedra.

'¿Qué clase de rey y hombre eres, Arturo Pendragon?' sonaron las palabras de Iseldir. ¿Qué clase de rey era? Un rey al que al parecer todos le mentían y lo traicionaban. Sobre todo uno de los que nunca lo hubiera esperado. ¿Pero era traición el que su sirviente se haya negado a revelar esa parte de él? Después de cómo reaccionó, ¿podía esperar algo distinto? Sobre todo cuando las leyes de Camelot condenaban la existencia de Merlín, el brujo.

'No soy mi padre. Nunca podría haberlo matado' se dijo el rey recordando cuando descubrió la magia de Merlín y cómo la sola idea de verlo atado en una pira o en el patíbulo lo hicieron sentirse completamente horrorizado y asqueado.

'¿Por qué no confiaste?' pensó dolido Arturo '¿Qué es lo que querías? ¿Qué es lo que esperabas?'

Su padre siempre le advirtió que los hechiceros eran taimados, siempre buscan un beneficio propio. Pero la definición de hechicero que él conocía y que todo Camelot manejaba no podía aplicarse a Merlín. Ni siquiera a Elaine LeFay. ¿Qué haría con Merlín?

'No estoy seguro. Pero de lo que estoy seguro es que tengo que agradecerle por salvar a Camelot, a Gwen, a mis caballeros y a mí. No toda la magia es el mal que siempre creímos que era. Es hora de escuchar la versión de aquellos que la tienen' pensó el rey sintiendo como una pequeña ola de calor lo envolvía, sustituyendo el frío de las aguas que continuaban cayendo sobre él.

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Había pasado cerca de una hora, o eso es lo que pensó un impaciente Gwaine, mientras veía las nubes pasar sobre el claro. Desde que Arturo había entrado al estanque, todos habían guardado silencio en un tácito acuerdo para permitir al rey meditar y reflexionar sobre su misión.

Él detestaba esperar, era un hombre de acción y quedarse quieto no le hacía ningún bien. Incorporándose un poco, Gwaine miró a sus compañeros. Los caballeros se mantenían en silencio y de vez en cuando miraban hacia el rey con preocupación preguntándose si todo estaría bien.

"Está terminando" dijo Elac de repente acercándose hacia el estanque.

"Enhorabuena" dijo Gwaine levantándose. Posicionándose junto al grupo de druidas, Gwaine dejó caer su mandíbula mientras veía sorprendido al rey. Las marcas que habían dibujado los druidas en el cuerpo de Arturo no se habían borrado a pesar del chorro de agua que caía sobre el rey. Pero ahora estaban brillando suavemente, titilando como si de un latido se trataran. Tan pronto como el brillo se detuvo, las marcas se difuminaron por el agua. Arturo finalmente abrió los ojos y levantó la mirada hacia los caballeros.

"¿Pero qué demonios?"

"¿Está bien?"

"¿Qué está pasando?"

"¿Arturo?"

Cuando el rey miró hacia los caballeros, el azul zafiro había desaparecido de sus ojos para ser reemplazado por un plateado brillante que se desvaneció a su azul normal. Los caballeros miraron sorprendidos hacia los caudillos que tenían los ojos completamente abiertos hacia el rey, que comenzaba a bajar de la roca dirigiéndose hacia ellos.

"¿Qué pasó?" preguntó León mirando enojado a los druidas que continuaban en silencio mirando anonadados al rey.

"Sus ojos brillaron, pero él no tiene magia, ¿o sí?" preguntó Elyan de repente esperando una explicación.

"No, él no tiene. Si hubiera tenido, sus ojos habrían brillado de color dorado. Nunca antes se había visto que los ojos brillaran color plata" dijo Idris mirando al rey con respeto.

"Es una señal" dijo Iseldir con una sonrisa.

"¿Señal de qué?" preguntó Percival con calma mientras sus ojos destellaban preocupación y confusión por lo que habían visto.

"Que en verdad él es el Actual y Futuro Rey de Albión" dijo Elac con reverencia.

Vrisa e Idris se dirigieron rápidamente hacia el rey tendiéndole unas toallas para que se secara y se cubriera. Arturo las tomó agradecido comenzando a secarse. Pronto las toallas quedaron cubiertas con los restos del glasto que había adornado su piel. La única marca que se mantuvo era el triskelion azulado sobre su pecho.

Después de vestirse, Idris se acercó y le tendió una nueva bebida humeante "Para que entre en calor" dijo la joven. Arturo le dio un pequeño gracias mientras tomaba su bebida rápidamente sintiendo como su cuerpo se calentaba, revitalizándolo nuevamente.

"Bien, ¿qué sigue?" preguntó el rey ignorando las extrañas miradas que le seguían lanzando los caballeros.

"El ritual fue un éxito majestad" dijo Elac inclinándose ante él "Continuaremos en el campamento" dijo el caudillo dando media vuelta seguido de los demás druidas y del grupo de Camelot.

-oOo-

El trayecto de regreso al campamento fue mucho más rápido, o eso le pareció a Arturo. No estaba completamente seguro de lo que había pasado. Los caballeros estaban más silenciosos de lo normal y lo seguían mirando como si esperaran que hiciera algo. Definitivamente no entendía que es lo que les pasaba. Nada había cambiado, excepto por una fuerte decisión y un poderoso sentimiento de confianza en poder cumplir su meta. Sabía que no podía fallar.

Elac e Iseldir los guiaron nuevamente hacia la tienda principal donde lo habían interrogado. La tienda despedía extraños perfumes que lo hacían sentir muy relajado. Parpadeando tratando de mantenerse despierto, Arturo vio junto al fogón de la tienda un lecho improvisado, el cual los caudillos rodeaban pacientemente mientras lo veían.

"Arturo Pendragon, has pasado el ritual de purificación. Se te ha aceptado para que empieces tu búsqueda" dijo Iseldir "Por favor, recuéstate" dijo señalando a las mantas.

Arturo se sentó donde le indicaba Iseldir. Al igual que durante el ritual de purificación, el rey se sintió nervioso e incómodo mientras el grupo de hechiceros lo rodeaba y miraba inexpresivos.

"Antes de que partas" dijo Iseldir acercándole un nuevo brebaje "Ten presente tu objetivo. Recuerda el por qué estás haciendo. No importa el resultado de tu búsqueda, regresarás aquí sano y salvo".

Arturo asintió. Viendo a sus caballeros que lo miraban seriamente pero luciendo igualmente nerviosos, bebió el brebaje que le entregaron. A diferencia del anterior, este era amargo y de un sabor fuerte. Recostándose, Arturo cerró los ojos mientras los druidas comenzaban un canto. El rey sintió un escalofrío ante el hecho de que estaban haciendo magia sobre su persona, pero al mismo tiempo, tenía un nuevo sentimiento de confianza hacia ellos. Poco a poco, los cantos de los druidas dejaron de escucharse conforme se quedaba dormido.

"Buena suerte" escuchó a alguien decirle antes de que la inconsciencia lo reclamara.