Epílogo: El Vasallaje de los 25
Han pasado casi tres años desde mi victoria. Nada ha cambiado desde entonces… hasta el año pasado. El año pasado los chicos del 12, los llamados trágicos amantes, Katniss Everdeen y Peeta Mellark, se proclamaron vencedores de los 74º Juegos del Hambre. Y parece que algo realmente ha cambiado. Quizá ella no se haya dado cuenta, pero tanto yo, como muchos de los Vencedores, sí. Es ella. Ella es la imagen de la esperanza, de la revolución para derrocar al Capitolio, a Snow.
Pero… ¿qué ha pasado desde entonces?
Me convertí en asesino. Al principio eran ataques esporádicos; un asalto por aquí, un envenenamiento por allá, un suicidio por aquel otro lado. Todos debían parecer accidentes, así nadie sospechaba. Ni del Capitolio, ni de los Distritos. Sólo Snow debía saberlo, y de ello me encargaba.
Pasé meses siendo entrenado por profesionales, los mismos que habían ganado sus Juegos años anteriores. Debía convertirme en alguien ágil, rápido y sobretodo sigiloso. Debía convertirme en un líder. Porque estaba metido hasta el fondo, y no estaba solo. Tenía a seis personas a mi cargo, tres hombres y tres mujeres; aquellos mismos que me entrenaron, aquellos mismos que ganaron sus Juegos antes que yo. Y aunque yo fuese un simple renacuajo de 17 años, me respetaban, me obedecían sin rechistar.
Éramos conocidos como Los cuervos. Cualquier persona podía ser atacada; no importaba ya si era un político o no. Cualquiera que supusiese un problema, ya fuese en el Capitolio o en los Distritos, había que eliminarlo. Como a las malas hierbas.
Mi familia supo de mi verdadero trabajo bastante pronto. Yo no era capaz de mentirles, además mi comportamiento era extraño. Mi madre se alejó de mí; mi hermana… no me quería en su presencia. Pasé casi un año viviendo solo, en nuestra antigua casa. Elena descubrió a qué me dedicaba realmente, cuando me vio cazando para sobrevivir, y notó que mis tiros eran demasiado perfectos. Y ella también se asustó, pero se tragó sus miedos y me aceptó. Y yo lloré. Lloré sobre su hombro, entre sus brazos, entre sus piernas. Porque yo ya no era yo, hacía mucho que Davo Wright había muerto. Pero con ella renacía, y durante esos momentos me sentía tan ajeno a la realidad, que me importaba poco más que nada lo que pasase fuera de nuestro pequeño mundo.
La vida de mentor no era fácil. Nuestros tributos no eran la gran cosa, sólo unos niños quebradizos, asustadizos y blancos fáciles; casi ninguno de ellos llegó a sobrevivir más allá de la mitad de los Juegos. No tenían opciones ninguna, si no mostraban ese aura de seguridad, de desear volver a casa.
Ver cómo eran arrojados a la Arena, perdidos sin nadie que les protegiera… ni los mejores consejos eran suficientes. Y mientras tú estabas sentado en un mullido sillón de piel, con suficientes manjares para alimentar a todo un Distrito, ellos corrían por sobrevivir, sin apenas posibilidades de conseguirlo.
Jamás aposté por ellos. Por ninguno. Pero al llegar los 74º Juegos, cierta chica tímida, que se arrojó a los leones para salvar a su hermana pequeña de las garras de las bestias, me llamó la atención. Ella si tenía ese aura, ese deseo de volver. Y consiguió aunar a los Distritos, con sólo un puñado de bayas, con un simple gesto de tres dedos alzados al cielo. Sólo eso, y la revolución ya rugía a mi alrededor.
Y con el tiempo esa furia, esas ganas, no desaparecieron. Las aguas no se calmaron. El fuego no puede calmar las ganas de lucha, las ascuas de la revolución. Jamás había visto tanto. Y por supuesto, Snow no estaba dispuesto a permitirlo.
Por ello, esta noche conoceríamos quiénes irían a los 75º Juegos del Hambre, al tercer Vasallaje. Utilizaría su mayor arma, para acabar con todo, para acabar con ella.
"Damas y caballeros, este es el septuagésimo quinto año de los Juegos del Hambre. Y estaba escrito en los estatutos de los Juegos, que cada veinticinco años habría un Vasallaje de los 25 para mantener viva, en cada generación, la memoria de los que murieron en el levantamiento contra el Capitolio. Cada Vasallaje de los 25 se caracteriza por tener unos Juegos con un significado especial. Y ahora, en este septuagésimo quinto aniversario de la derrota de la rebelión celebramos el tercer Vasallaje de los 25 para recordar que ni siquiera los más fuertes son rivales para el poder del Capitolio. En estos, los terceros Juegos del Vasallaje de los 25, los tributos masculinos y femeninos elegidos, saldrán del grupo de los Vencedores de cada Distrito"
Y mientras oía de fondo los gritos de éxtasis de los capitolinos, aquellos que no veían morir a sus hijos, a sus hermanos, a sus sobrinos, primos y amigos, una furia incontrolable se apoderó de mí.
Mi madre y mi hermana lloraban, gritaban mi nombre y corrían tras de mí, pero yo estaba demasiado lejos entonces. Me perdí en el bosque, hacha en mano, y empecé a dar gritos y a manipular el arma allá donde pudiera. Estaba furioso, cegado por la rabia. Quería llorar, pero no podía derramar ni una sola lágrima. Mi corazón latía desenfrenado, mi cuerpo ardía, me sentía cansado. Grité por última vez, desgarrándome la garganta, exhalando los últimos retazos de adrenalina de mi cuerpo.
Podía salir elegido, o no. Tenía un tercio de probabilidades de salir en aquella urna. Una urna que ahora me parecía extremadamente pequeña, con los nombres de Charles, que ganó hace cerca de 50 años; Blight, de mediana edad, ganó cuando yo no era más que un niño; y yo, el último Vencedor del Distrito.
Pero en la otra parte, un único nombre era guardado celosamente por los agentes de la paz. Ella, al igual que Katniss, era la única Vencedora del Distrito 7, al menos, que quedase viva. Y ahora marchábamos los dos, lado a lado, dispuestos a conocer quién la acompañaría hacia aquel Vasallaje nacido de la sombra de una rebelión aún no iniciada.
Nos separaron, y yo me coloqué lo más lejos posible de las urnas. Todo el Distrito nos miraba, con una decisión que jamás había visto en ellos, incluso en los niños. No tenían miedo, sólo querían ser libres. Y nosotros éramos sus representantes.
Nemesia Bell subió al escenario, y tras formular su ya famosa frase introductoria, con el mismo carácter de siempre, se acercó a la urna de los hombres, y sacó un pequeño papel, donde estaba escrito el nombre del tributo que iría al Vasallaje:
-El tributo masculino del Distrito 7 es…
