Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.


Barely Breathing

Capítulo 26

MARCA

Finalmente, Jasper lo acorrala el lunes en la mañana. Es astuto, eligió un momento cuando el corredor está lleno de empleados que caminan por ahí, cuando una voz alzada sería una bandera roja agitada frente a sus curiosos rostros. Cerrando la puerta detrás de sí, entra en la oficina de Edward, sus dedos siguen curvados alrededor del opaco pomo.

—Jasper. —Edward no alza la vista de su trabajo. Escribe palabras ilegibles sobre un trabajo mediocre—. Este no es un buen momento.

—Hace tiempo que no ha habido un buen momento. Pero de todas formas necesito hablar contigo.

Edward anota una "C+" sobre la superficie blanca. Teclea la nota en su laptop. Sus movimientos son lentos, deliberados.

Traga, pero no hay nada excepto sequedad en su garganta.

—¿Qué pasa?

Cuando alza la vista, Jasper sigue junto a la puerta. Edward tiene la sensación de que ninguno de los dos quiere tener esta conversación. El preámbulo ya es lo suficientemente incómodo.

—Yo… ah… Dios. —Un ruidoso suspiro escapa de entre los dientes de Jasper—. ¿Cómo has estado, hombre? Te ves un poco mejor. No se…

Conversaciones incomodas. Edward ya debería estar acostumbrado a ellas; simpatía mal pronunciada, ojos que nunca se encuentran, siempre hay algo más interesante que ver que él. Hay mil maneras diferentes de decir que lo lamentas. Él siente que ya ha escuchado cada una de ellas.

—Estoy bien.

—¿Quién es la chica?

—¿Cuál chica?

—La que vi el viernes. ¿Es familiar de…?

Otra cosa que Edward nota. Nadie quiere decir su nombre. Como si evitándolo quizá puedan traerla de regreso a la vida.

Dilo tres veces y ella se irá para siempre.

—¿De quién? —No se lo va a poner fácil.

—Maggie. —La voz de Jasper suena tensa. Ahogada—. Es idéntica a Maggie.

Silencio. Es incómodo, denso, saturado con preguntas no hechas. Murmullos callados vienen y van desde el pasillo de afuera. Una puerta se cierra en algún lugar cercano.

Jasper encuentra las palabras para continuar.

—¿No lo notaste? Sé que es más joven y así. Pero, Jesús, el parecido es increíble.

—¿Qué si note que mi estudiante se parece a mi esposa muerta? —Edward pausa por un momento. Las mejillas de Jasper se ponen de un brillante rojo—. Supongo que hay algunas similitudes, pero si viera a Maggie en cada estudiante nueva que entrara por la puerta, pensarías que estoy loco. —Mantuvo su voz tranquila. Indiferente. Como si nada de esto fuera para tanto—. Y no, no es familiar.

—¿Por qué estaba aquí contigo?

—Es mi estudiante; me pidió ayuda. ¿Qué propones que haga? ¿Qué le diga que no puedo hablar con ella porque se parece a Maggie? ¿Qué le sugiera que deje mi materia porque su naricita recta me pone incómodo? —su voz adopta un toque de sarcasmo.

—No sé. No parece correcto que debas mirarla. Que tenga que recordarte tu terrible perdida todos los días. Podría hablar con alguien; pedir que reasignen a tu estudiante.

—No. —La respuesta de Edward es inmediata. Casi violenta en su pronunciación. La idea de no verla es casi dolorosa. Sabe que está mal; este sentimiento que tira de él cuando ella está cerca. La forma obsesiva en que piensa en ella todo el tiempo.

Si pudiera dormir, sabe que también soñaría con ella.

Pero no porque le recuerda a Maggie.

Se está enamorando de Bella a pesar de su parecido. No por él.