La sala común era un caos total con todos hiendo y viniendo preparándose para el gran acontecimiento. Jóvenes excitados ante la expectativa de una noche de glamour donde poder lucir no solo sus mejores ropas sino su lado más hermoso que solo puede salir a flote en esas ocasiones especiales, cuando te vez hermoso puedes sentirte completamente de esa manera. Tu interior vibra con emoción.

Eso es lo que pasaba con todos, el nerviosismo también era percibible en el ambiente y los profesores sonreían con añoranza. Absorbían un poco de ese revoltijo de emociones que los revitalizaba en lo más profundo, que les recordaba memorias preciosas y sus preciosos sueños que tanto los animaron. Recuerdos de amor, de amistad. De la bendita juventud donde todo parece tan nuevo y a la vez tan importante como insignificante.

Entre las jóvenes que corrían aterrorizadas se encontraba Rose que a un par de horas del evento aún se encontraba vestida con su uniforme con el cabello húmedo por la reciente ducha que había tomado. No había tomado cuidado de peinarlo y solo salió lo más rápido que pudo de la sala.

Un pequeño problema con su vestido había vuelto su día un caos hasta el punto en que había tenido que utilizar un recurso de emergencia. Ahora, luego del milagroso toque de una lechuza contra su ventana se dirigía hacia el séptimo piso a donde su madre había tenido que enviar su vestido sintiéndose un poco culpable por no informarle a la directora.

Con su respiración agitada espero a que la puerta del cuarto de los menesteres apareciera y al hacerlo tomo el pomo con rapidez para entrar pero algo la detuvo, un temblor incontrolable la domino al escuchar aquellas viejas tonadas de Chopin. Solo conocía a una persona que disfrutara la música clásica a todo volumen como si se encontrara en un concierto de rock, memorias golpearon su mente. Viejos recuerdos donde sus primos lo molestaban por su peculiar gusto, quejas al ser lo único escuchado en el viejo Ford del abuelo donde jugaban, momentos llenos de calma donde un libro de deslizaba por su mente con delicadeza a la vez que lo observaba de reojo recostado en el piso respirando profundamente como si durmiera aunque realmente solo disfrutaba.

Abrió la puerta con delicadeza y el aire escapo de sus pulmones de golpe, ahí estaba James. Tan alto como era, con su cabellos alborotado pero peinado hacia atrás levemente de costado, su camisa blanca inmaculada acomodada en el interior de un pantalón crema muy tenue y sus botas cafés que cubrían por completo su pantorrilla, sus manos grandes se movían delicadamente mientras anudaba su corbata blanca con rayas levemente gruesas color negro.

No se había percatado de su presencia y no lo haría hasta que la balada terminara mientras tanto sus ojos permanecerían cerrados, su mente se encontraría en aquel lugar apacible donde todo dejaba de importar. Rose se quedó inmóvil, simplemente disfrutando del momento ignorando a Samantha que la observaba con una sonrisa tierna en su rostro hasta que la música termino.

-Sam, recuérdame porque nos vestimos aquí.

-Porque estoy huyendo, así que me escondo y como buen amigo que eres me acompañas además es más cómodo.

-Si tú lo dices…

El joven suspiro y abrió los ojos para observar cómo le había quedado el nudo pero se congelo al ver a la pelirroja reflejada en el espejo completo frente al que se encontraba. Samantha rio por lo bajo al ver las miradas deseosas de acercamiento pero que a la vez deseaban huir.

-Hola Rosie… tu vestido lo trajo Kreacher hace un rato, está en la habitación de allá.

Dijo la rubia señalando el cambiador antes de girarse a arreglar los últimos detalles de su hermoso vestido azul rey corto y ajustado que delineaba con perfección su preciosa figura haciendo un contraste perfecto con su cabello rubio ondulado sujeto solo en un costado por un prendedor de zafiros, sus zapatillas en plata combinaban con su único pendiente que colgaba de aquel oído que sería visible así como con su collar de plata brillante y zafiros a juego con todo lo demás.

-¿Kreacher?

Por unos segundos la pelirroja había ignorado todo pero al escuchar su voz dio un brinco a la vez que daba un paso hacia el interior. Con cada paso su mente se iba perdiendo más y más en aquella imagen aunque por supuesto deseaba ver cuál sería la completa pero eso dejo de imaginarlo al suponer que también debería agregar a la hermosa novia.

-Espero que no te moleste pero tuve un problema con mi vestido y Kreacher tuvo que venir por el para luego regresarlo.

James la miro y aunque aún no había cambiado nada de su vestimenta y de hecho lucia más desastrosa de lo normal para sus ojos, era simplemente preciosa. Pero alejo su mente de cualquier pensamiento tonto y bajo la mirada girando levemente hacia un costado para no permitir que esta regresara a ella.

-No pasa nada… debe haber sido muy feliz por ser de ayuda.

No hubo más palabras o contacto, Samantha se apiado de ambos y tomando a Rose de la mano la apresuro a que se cambiara para luego entrar junto a ella al cambiador para ayudarla lo más posible, a fin se encontraba retrasada para su acompañante.

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Un poco más de tiempo paso, los últimos detalles en todos lados se preparaban y James impaciente esperaba a su amiga. No faltaba demasiado tiempo para que la tuviera que abandonar para ir por Elena aunque se sentía en cierta forma mal. Culpable. Ya que ni siquiera un poco tenía interés en saber cómo se vería aunque ella fuera su pareja, su mente se encontraba atenta a la puerta frente a él y la ansiedad por ver a la pelirroja crecía a cada segundo por más que intentaba evitarlo con todas sus fuerzas.

El reproductor cambio de autor, era el momento y James alejo su mente de la puerta para concentrarla en sus oídos. Quería reconocer la canción de inmediato para cambiarle en caso de que no lo calmara como su corazón tanto lo necesitaba.

La música llego y era la preciosa tonada de "Mal de amores de Kreisler" los acordes tocados con belleza por el piano resonaron en la sala y justo cuando el ritmo se aceleró un poco la puerta se abrió provocando que su cabeza girara con tal rapidez que hasta su cuello crujió pero no le importo. Lo único que en su cuerpo pudo hacer al verla fue deshacerse del aire y dejar su boca inservible haciendo que su pulso se acelerada, sin quererlo su mente enloqueció con la preciosa imagen al ritmo de una de sus canciones favoritas y lo único que tuvo en claro es que jamás podría volver a escucharla sin que su bella Rose se presentara.

Rose tembló un poco al ver su mirada posada en ella y solo en ella pero resistió caminando rectamente hasta colocarse frente a él. Su vestido se arrastraba un poco tras ella, de corte straple aunque en su lado derecho una cinta del mismo había continuado cubriendo el hombro, ajustado perfectamente hasta un poco más allá de su cadera rozando el medio muslo donde una abertura comenzaba llegando hasta el suelo dejando ver sus piernas largas y torneadas que se mantenían sobre una sandalias altas de color negro con toques en perrería plateado. No había nada más y no lo necesitaba con su maquillaje natural, perfecto que combinaba con su cabello rojo levemente rizado que resaltaba en contraste con la blancura del vestido.

Samantha que se había quedado en el interior de la habitación observaba todo en silencio y sonrio –Es hora de irnos, ya es muy tarde –. La pareja solo asintió sin dejarse de ver ni un momento pero comenzaron su movimiento hacia la puerta –James no olvides tu capa…

-Si…

La tomo sin ver y camino junto a la pelirroja abriéndole la puerta para salir, Samantha los iba a seguir pero olvido su propia capa en la habitación así que regreso dejándolos solos. James un poco nervioso decidió mejor concentrarse en colocarse su capa y mientras lo hacía Rose se dio el momento de observarlo ahora con su chaqueta roja de corte francés y dos hileras de botones como un antiguo caballero o al menos eso pensó ella en especial cuando se colocó la capa de gala negra del colegio búlgaro que trabajosamente acomodo solo sobre su hombro izquierdo intentando abrocharla bajo su otro brazo pero no podía.

Los pasos de la pelirroja resonaron contra la piedra provocando que James levantara su mirar encontrándola a su lado, sus ojos se conectaron de inmediato y sus manos se rozaron mientras ella le ayudaba en su tarea aunque su mirar tuvo que abandonarlo. El de él no lo hizo y su corazón simplemente enloqueció.

Mientras su mirar se encontraba concentrada en los amarres unos cuantos mechones del cabello rojo de Rose escaparon hacia enfrente y al momento de levantar la cabeza le estorbaban, James suavemente los hizo a un lado rozando sus mejillas con sus dedos.

-Pareces un príncipe… –. Susurro torpemente Rose.

James sonrio –Y tú sin duda eres una princesa…

Todo se desvaneció, todo se olvidó y simplemente se dejaron llevar. Se besaron suavemente sintiendo como sus labios se derretían contra el del otro, como sus corazones enloquecidos bailaban de felicidad con tal fuerza que sus estómagos brincaban sin control. Se aferraron el uno al otro en un lento y delicioso beso donde se conocieron, donde simplemente sintieron.

Ignoraron el mundo pero él no los pudo ignorar, en una esquina cercana un puño se apretaba con demasiada fuerza y una respiración se aceleraba a la vez que la sangre fluía con fuerza coloreando las mejillas de rojo…


Lo piden y yo se los doy, si no hay comentario no subo nada hasta Mayo muahahahahaha

Saludos