Capitulo 26
Estoy de vuelta, quiero agradecer a Mar, Sandriux Darcy y a Guest por los review del capitulo pasado, espero que este capitulo les guste.
A la mañana siguiente Darcy recibió la carta de su tía Lady Catherine de Borgh, en ella le comunicaba su sorpresa pero también gusto de que almuerzan con ellos, Darcy lo acepto de muy buena gana, y su primo hizo lo siguiente. Fueron a ver a su tía a las 2 de la tarde en su carruaje. Darcy se quedo muy sorprendido de ver a Elizabeth, no sabia que iba a comer con ellos también.
-Señor Darcy-dijo Elizabeth con una inclinación de cabeza que Darcy imito
-Espero que su familia y usted se hayen bien de salud-dijo Darcy
-Así es, gracias-dijo Elizabeth, luego se dirigió a la mesa y se sentó mientras traían los platos
Darcy no podía dejar de mirarla, y hacia un enorme esfuerzo por evitarlo, pero sencillamente le encanta verla, era tan hermosa.
-Mi hermana mayor ha pasado tres meses en Londres ¿No la habrá visto por casualidad?-pregunto Elizabeth de pronto
Darcy se esforzó por mantenerse sereno y le respondió:
-Temo que no he tenido el placer de verla
Elizabeth pareció insatisfecha pero no le dijo nada y se concentro en comer y hablar con su tía debía admitir Darcy que era la única que podía ser franca sin temer a incomodar. Terminada cena se retiraron a la sala a conversar, Elizabeth converso alegremente con su primo, al igual que lo hacia con Bingley y todos aquellos que eran de carácter divertido. Darcy los miro por mucho tiempo, ¿con algo de celos quizás? No lo sabia
-¿Qué estás diciendo, Fitzwilliam? ¿De qué hablas? ¿Qué le dices a la señorita Bennet? Déjame Oírlo-le dijo su tía a su primo, totalmente descortés como siempre
–Hablamos de música, señora –dijo su primo al ver que no podía evitar contestarla
–¡De música! Pues hágame el favor de hablar en voz alta. De todos los temas de conversación es el que más me agrada. Tengo que tomar parte en la conversación si están ustedes hablando de música. Creo que hay pocas personas en Inglaterra más aficionadas a la música que yo o que posean mejor gusto natural. Si hubiese estudiado, habría resultado una gran discípula. Lo mismo le pasaría a Anne si su salud se lo permitiese; estoy segura de que habría tocado deliciosamente-dijo su tía
Darcy y su primo no dijeron nada pero sabían que era una cualidad de su tía atribuirse cualidades
-¿Qué tal toca el piano Georgiana Darcy?-pregunto su tía de pronto
-Ella toca muy bien-le dijo Darcy-mucho mejor desde la ultima vez que la vio
–Me alegro mucho de que me des tan buenas noticias –dijo lady Catherine– y te ruego que le digas de mi parte que si no practica mucho, no mejorará nada.
–Le aseguro que no necesita que se lo advierta. Practica constantemente-dijo Darcy
–Mejor. Eso nunca está de más; y la próxima vez que le escriba le encargaré que no lo descuide. Con frecuencia les digo a las jovencitas que en música no se consigue nada sin una práctica constante. Muchas veces le he dicho a la señora Collins que nunca tocará verdaderamente bien si no practica más; y aunque la señor Collins no tiene piano, la señora Collins será muy bien acogida, como le he dicho a menudo, si viene a Rosings todos los días para tocar el piano en el cuarto de la señora Jenkinson. En esa parte de la casa no molestará a nadie-dijo Lady Catherine
Darcy se molesto por ese comentario, ¿Cómo ella acusaba a la gente de hablar impertinentemente pero ella no cuidaba su lenguaje? ¿No se daba cuenta que podría ofender a alguien?
El coronel Fitzwilliam le recordó a Elizabeth que había prometido tocar para Lady Catherine de Borgh y cuando ella intento negarse, el señor Collins la condujo al piano y la sentó en la silla. Darcy vio que a Elizabeth le desagradaba mucho tener que obedecer ordenes sin sentido pero se mantuvo callada y empezó a tocar. Su tía solo escucho la mitad de la canción de Elizabeth y luego le siguió hablando a sus sobrinos, Darcy trato de ser lo mas normal posible cuando su tía le pregunto donde había conocido a la señorita Bennet.
-La conocí en Hertforshire-dijo Darcy-pase un tiempo allá con el señor Bingley
-¿El señor Bingley? ¿Ese caballero tan alegre y risueño?-pregunto su tía, pero por su tono de voz parecía que le estaba reclamando algo
-Si, el es muy alegre y risueño-dijo Darcy con amabilidad-tal vez otro día podamos venir el y yo a comer-sugirió Darcy
-Bueno, si así lo deseas-dijo su tía pero por su tono de voz revelo que en realidad quería decir otra cosa-Desde la primera vez que lo trajiste me pareció un caballero agradable pero sin censura, uno no anda sonriendo como si no tuviera problemas, es obvio que todo lo conseguí fácil
-Tal vez el no tiene problemas-dijo Darcy pues el comentario de su tía le había parecido muy descortez
-Puede que no, pero eso no signifique que este todo el día sonriendo y riendo de los mas sencillos comentarios-dijo su tía- espero que no sea tu único amigo pues de lo contrario me quedare muy desilusionada
Darcy no respondió a eso, y decidió levantase para dejar de oír a su tía, se dirigió donde estaba Elizabeth viendo como tocaba.
-¿Pretende atemorizarme viniendo a escucharme con esa seriedad?-le dijo Elizabeth alzando la cabeza-Yo no me asusto, aunque su hermana toque tan bien. Hay una especie de terquedad en mí, que nunca me permite que me intimide nadie. Por el contrario, mi valor crece cuando alguien intenta intimidarme.
Darcy se sorprendió mucho por aquella respuesta, sin duda había sido lanzada con el mas temible de los odios
–No le diré que se ha equivocado –repuso Darcy– porque no cree usted sinceramente que tenía intención alguna de alarmarla; y he tenido el placer de conocerla lo bastante para saber que se complace a veces en sustentar opiniones que de hecho no son suyas.
Elizabeth sonrió y le dijo a su primo:
-Su primo pretende darle a usted una linda idea de mí enseñándole a no creer palabra de cuanto yo le diga. Me desola encontrarme con una persona tan dispuesta a descubrir mi verdadero modo de ser en un lugar donde yo me había hecho ilusiones de pasar por mejor de lo que soy. Realmente, señor Darcy, es muy poco generoso por su parte revelar las cosas malas que supo usted de mí en Hertfordshire, y permítame decirle que es también muy indiscreto, pues esto me podría inducir a desquitarme y saldrían a relucir cosas que escandalizarían a sus parientes.
-No le tengo miedo-dijo Darcy
–Dígame, por favor, de qué le acusa–exclamó el coronel Fitzwilliam– Me gustaría saber cómo se comporta entre extraños.
–Se lo diré, pero prepárese a oír algo muy espantoso. Ha de saber que la primera vez que le vi fue en un baile, y en ese baile, ¿qué cree usted que hizo? Pues no bailó más que cuatro piezas, a pesar de escasear los caballeros, y más de una dama se quedó sentada por falta de pareja. Señor Darcy, no puede negarlo.
–No tenía el honor de conocer a ninguna de las damas de la reunión, a no ser las que me acompañaban
–Cierto, y en un baile nunca hay posibilidad de ser presentado... Bueno, coronel Fitzwilliam, ¿qué toco ahora? Mis dedos están esperando sus órdenes.
–Puede que me habría juzgado mejor –añadió Darcy– si hubiese solicitado que me presentaran. Pero no sirvo para darme a conocer a extraños.
–Vamos a preguntarle a su primo por qué es así –dijo Elizabeth sin dirigirse más que al coronel Fitzwilliam– ¿Le preguntamos cómo es posible que un hombre de talento y bien educado, que ha vivido en el gran mundo, no sirva para atender a desconocidos?
–Puede contestar yo mismo a esta pregunta –replicó Fitzwilliam– sin interrogar a Darcy. Eso es porque no quiere tomarse la molestia.
–Reconozco –dijo Darcy– que no tengo la habilidad que otros poseen de conversar fácilmente con las personas que jamás he visto. No puedo hacerme a esas conversaciones y fingir que me intereso por sus cosas como se acostumbra.
–Mis dedos –repuso Elizabeth– no se mueven sobre este instrumento del modo magistral con que he visto moverse los dedos de otras mujeres; no tienen la misma fuerza ni la misma agilidad, y no pueden producir la misma impresión. Pero siempre he creído que era culpa mía, por no haberme querido tomar el trabajo de hacer ejercicios. No porque mis dedos no sean capaces, como los de cualquier otra mujer, de tocar perfectamente.
Darcy sonrió y le dijo:
–Tiene usted toda la razón. Ha empleado el tiempo mucho mejor. Nadie que tenga el privilegio de escucharla podrá ponerle peros. Ninguno de nosotros toca ante desconocidos.
Su tía les interrumpió nuevamente preguntándoles de qué hablaban. Obviamente no podía tolerar una conversación del cual ella no estuviera presente. Elizabeth se puso a tocar de nuevo.
–La señorita Bennet no tocaría mal si practicase más y si hubiese disfrutado de las ventajas de un buen profesor de Londres. Sabe lo que es teclear, aunque su gusto no es como el de Anne. Anne habría sido una pianista maravillosa si su salud le hubiese permitido aprender-dijo su tía
Lady Catherine continuó haciendo observaciones sobre la manera de tocar de Elizabeth, mezcladas con numerosas instrucciones sobre la ejecución y el gusto. Elizabeth las aguantó con toda la paciencia que impone la cortesía, y a petición de los caballeros siguió tocando hasta que estuvo preparado el coche de Lady Catherine y los llevó a todos a casa.
Se que en el libro no dice nada sobre la relación de Charles Bingley con Lady Catherine pero me imagine que siendo el mejor amigo de Darcy debía haber ido a visitarla también, tal vez exagere mucho a Lady Catherine, pero para mi ella me parece una persona horrible que siempre busca una excusa para criticar a los demás.
Sandriux Darcy: Gracias por mandarme un review, no debería decirlo pero de todos los seguidores creo que tu eres para mi la mas querida, a mi también me gusta su actitud prepotente, la inspiración me llego de la nada
Guest: Gracias por mandar un review, no puedo creer que te hayas leído los 25 capítulos de un tirón, yo no tengo tanto tiempo, gracias por las palabras. No te preocupes por tu español, detecte muy pocos errores, eso es algo que se aprende con la practica, hasta yo tengo a veces esos errores, y eso que hablo español :P
