N/A: No soy homófoba, me duele escribir escenas así, pero es una realidad que no debe ser ignorada. Siento la utilización de palabras malsonantes.
CAPÍTULO 26: EL JUICIO
Cooper había estado haciendo compañía a Blaine fuera de la sala donde se juzgaba al violador. Los demás habían entrado al comienzo de la sesión porque querían estar ahí cuando declarase. El menor entró, dejando a su hermano fuera, no sin antes haber recibido un abrazo de él y todo su apoyo.
Se sentó en la silla e hizo el juramento que le correspondía. En ese momento dirigió la mirada hacia la mesa donde se encontraba el acusado, acompañado de sus tres abogados. El moreno se quedó asombrado. Sus dos pesadillas estaban ahí, las dos personas a las que no hubiera querido ver en su vida lo miraban detenidamente, con una expresión que era difícil de descifrar para él.
El ojimiel hizo un esfuerzo tremendo por reponerse y acabó respondiendo a todas las preguntas del abogado de la defensa sobre lo ocurrido aquella noche. Las más incómodas fueron sobre su homosexualidad y cierta insinuación de que había sido una relación consentida. La verdad es que se sorprendió por la dureza con que lo trataron, aunque se lo esperaba. Aunque lloró en varias ocasiones, mantuvo la compostura y pudo responder a todo. Cuando el abogado de la acusación se acercó a él, percibió una mirada de comprensión. Había estado hablando por teléfono con él para saber como enfocar su intervención. Le acercó un vaso de agua y comenzó a interrogarle. Después de un rato preguntándole detalles de esa noche que pudieran ser interesantes, decidió cambiar de tema.
– Señor Anderson, quiero saber algo más de su vida tras la violación. ¿Ha tenido pareja desde entonces? – Preguntó el abogado.
– Dos. – Respondió el menor.
– ¿Ha tenido relaciones sexuales con ellos? – Blaine se quedó sin habla al oír esas palabras. No lo entendía. Miró a Kurt, casi pidiéndole permiso para contar parte de su intimidad. El castaño le dedicó un leve asentimiento.
– No he sido capaz.
– ¿Podría explicarme la relación más íntima que haya tenido con una persona que no sea el acusado?
– Mi novio y yo nos masturbamos el uno al otro, pero sin quitarnos toda la ropa. No puedo llegar a más.
– ¿Por lo que le hizo el acusado? ¿Tuvo algo que ver en su intento de suicidio?
– Sí, la respuesta a las dos preguntas es sí.
– ¿Era virgen cuando fue violado?
– Sí, apenas había salido del armario. – El abogado se volvió para mirar a sus compañeros de la defensa y esbozó una sonrisa de malicia, sabía que la siguiente pregunta dañaría a uno de ellos.
– ¿Qué hacía un chico de quince años solo, en la calle, a las doce de la noche de un miércoles?
– Mis padres me habían echado de casa por ser gay.
– No tengo más preguntas.
Con eso acabó la sesión y se llevaron al violador fuera de la sala, escoltado por dos policías. Blaine corrió hacia sus amigos, sujetó a Kurt y Jeff y los arrastró rápidamente a la salida. Jessica, Rachel, Nick y Sebastian se apresuraron a seguirlo. Cuando estuvieron fuera, se encontraron a Cooper.
– ¿Por qué corréis? – Quiso saber el mayor de los Anderson.
– Vayámonos ya, luego te cuento. – Dijo el menor.
– Blaine. – Una mujer llamó al moreno.
– ¿Mamá? ¿Qué haces aquí? – El ojiazul cuestionó al ver a su progenitora después de haberla evitado cuando se enteró de lo que le había hecho a su hermano. Uno de los abogados del acusado se acercó a la señora. – ¿Papá?
– Es el abogado del violador de su hijo, Cooper. Vayámonos. – Dijo el ojimiel mientras se aseguraba de que su novio quedaba bien protegido detrás de él. Todos se sorprendieron por lo dicho por el moreno.
– Lo que me faltaba por ver. – Exclamó el mayor. – ¿Cómo podéis ser tan despreciables?
– Cuando acepté el caso no sabía que Blaine estaba involucrado, no he sabido nada de él desde hace años. Yo sólo hago mi trabajo.
– Si tu trabajo es joderme la vida, lo estás haciendo muy bien. Pero que sepas que esta vez no lo conseguirás, ya no soy ese niño de quince años que tuvo que huir de ti. – El menor se encaró con él.
– Estabas huyendo, como siempre. Estabas corriendo lejos de aquí. Eres un marica, no un hombre y te empeñas en demostrarlo. – Dijo el padre.
– Podemos ayudarte, hijo. Hay médicos que te pueden curar. – Añadió la mujer.
– ¿Curarme? Yo ya estoy curado. Fue encontrar a unas personas maravillosas que me quieren tal como soy y volví a ser normal, me curé. – El más bajo informó. – Si me alejaba es porque nunca permitiré que esteis cerca de Kurt, Jeff, Seb o Nick.
– ¿Cuál de ellos es el novio con el que estás arruinando tu vida? – Preguntó el abogado.
– No merecéis ni saber su nombre. Os quiero lejos de mi. – El joven se volvió y agarró a sus amigos, para alejarlos de esos señores que decían ser sus padres. Llegaron a los dos coches que los habían llevado al juzgado y salieron de allí. Durante el viaje Blaine se apoyaba en el hombro de Kurt, pero no lloró, no hubo lágrimas.
Una vez en casa del castaño, estuvieron toda la tarde viendo películas, jugando a las cartas y charlando mientras tomaban té. Evitaban hablar de nada que hubiera pasado en el juicio porque pensaban que era Hummel el que debía encargarse de eso.
Por la noche, la pareja estaba tumbada en la cama, abrazados. El moreno estaba apoyado sobre su novio, recibiendo todo su amor. El mayor lo acariciaba dulcemente y le daba besos de vez en cuando.
– ¿Todo bien? – Quiso saber el ojiazul.
– Mejor de lo que pensaba. He cerrado esas dos etapas de mi vida. Y hace tiempo que me enfrenté a Mark, por lo que ahora puedo mirar al futuro sin temer que mi pasado lo estropee. Soy libre para amarte, soy libre para ser feliz. – El ojimiel sonreía de una manera que volvía loco a su novio.
– Me alegra escucharte así. Nunca habías sido tan optimista.
– Mientras recordaba lo que pasó, mientras declaraba mirándolos a los dos, me he dado cuenta de que ellos me hicieron mucho daño, pero no me pueden quitar todo lo bueno que tengo.
– ¿Qué es lo bueno que tienes?
– Tú... – El más bajo besó a su pareja. – Jessica, Cooper, los Warblers, Rachel, mi futuro en la música, la vuelta a mis estudios en la universidad...
– Te amo y me encanta verte así.
– Yo también te amo.
Esa noche retomaron la relación justo donde la tenían antes de saber que debía declarar en el juicio. Volvieron a su pequeña intimidad, esa que tal vez los demás no entendiesen, pero que para ellos era suficiente. No precipitarían las cosas, no harían nada que los dañase. Mucho menos ahora que Anderson se sentía libre de amar y sin nada que le impidiese ser feliz. Sabían que era cuestión de tiempo que se entregaran completamente al otro. No había prisa, sólo había amor.
