A la misma hora en Nueva York, una feliz Sarah despertaba acordándose del día anterior. Para ella era muy importante haber podido ser útil a Victoria. Había disparado por primera vez a una persona y aunque eso no era algo por lo que sintiese orgullo, sabía que la próxima vez que la vida de alguien, o la suya propia, estuviese en peligro, podría volver a hacerlo. Victoria le había dicho que acudiese a la 12 en cuanto descansase. Iba a solicitar el traslado de Sarah de inmediato. Saltó de la cama para ponerse en marcha cuanto antes.

Para Gates aquel Domingo se iba a hacer demasiado corto, muy pocas horas por delante y demasiado trabajo que hacer. A pesar de no haber dormido, revisaba concienzudamente toda la información que Joyce había tenido en su poder, tenía a Ryan y a Espósito trabajando y revisando en los archivos de la policía, para contrastar los datos y descubrir más pistas sobre los agentes implicados en borrar y cambiar informes. Por su parte, su marido, como fiscal, ya había pedido al juez la orden de detención de Powell, y estaba deseando poder entregársela a su mujer, para que le detuviesen cuanto antes, mientras esperaba a que la orden llegase, se dedicaba también a leer toda la información y tomaba continuamente notas, soltando de vez en cuando un "esto es gordo"…

Sarah llegó a la 12 y preguntó por Gates. Un agente la acompañó hasta su despacho. Dudo unos segundos mirándola a través de los cristales, y finalmente llamó con los nudillos, haciendo que Victoria desviase la mirada y sonriese a la recién llegada, indicándola con un gesto de la mano que entrase. Durante un par de minutos, ambas conversaron distendidamente, o al menos eso era lo que le parecía desde fuera a Espósito. Gates cogió el teléfono y realizó una llamada, tras la cual sonrió a Sarah diciéndole algo y esta a su vez dio muestras de alegrarse por las palabras recibidas.

- ¿Qué miras así tío? – preguntó Ryan a Espósito

- Gates esta con Sarah.

- Ah! será por el disparo, estarán acordando una coartada.

- Puede ser – dijo Espósito y dejo der mirarlas para atender a su pantalla.

No acababa de concentrarse en lo que estaba haciendo, cuando sonó su teléfono y sin despegar los ojos de su pantalla lo cogió

- Espósito

- ¿Pueden venir un momento usted y Ryan a mi despacho? – dijo Gates

- A la orden – contestó sorprendido por la amabilidad de la que había hecho gala Gates

Ambos entraron al despacho, saludando a Sarah. Gates parecía satisfecha, y esa actitud no pasaba desapercibida por Espósito. Que estaría tramando.

- Como ustedes sabrán, el inspector Lewis lleva mucho tiempo pidiendo un cambio de comisaria, al parecer no se siente muy cómodo entre nosotros, y hoy he decidido concedérselo y enviarle a la 68, y a cambio Sarah vendrá a trabajar con nosotros.

- Vaya Sarah, me alegro – dijo Espósito.

- Hasta que la inspectora Beckett vuelva, ustedes dos se ocuparán de Sarah, Lewis ha recogido todas sus cosas, enséñenle su mesa, la comisaria y pónganse los tres a trabajar lo antes posible, lo que están haciendo es importante, cuanto antes tengamos todos los datos, antes podremos ir limpiando este cuerpo de corrupción.

Los tres asintieron, y acto seguido salieron del despacho, dejando a Gates masticando una de sus últimas frases, "hasta que la inspectora Beckett vuelva"…

- Espósito! – grito y le hizo un gesto para que fuese

- Señor

- ¿Tiene usted el teléfono de Richard Castle?

Gates hizo algo que jamás había pensado que llegaría a hacer… llamar a Richard Castle, tres tonos, cuatro tonos…

- Sr. Castle soy Gates, si esta acompañado de la inspectora Beckett, no diga mi nombre e invente algo

- Hola Paula, ¿Qué tal las ventas? – dijo saliendo al paso e indicando al resto de comensales que saldría un momento a la calle para poder hablar – espera un segundo que salgo a la calle, aquí hay mucho jaleo y no te oigo.

- Esta bien Castle, cuando pueda hablar… - pasaron unos segundos

- Ya estoy fuera, dígame.

- Lo que voy a decirle, quedará entre usted y yo, y si me entero que no cumple se las verá conmigo

- Está bien, diga.

- Apáñeselas como quiera, pero quiero a Beckett de vuelta en la comisaría.

- Yo no puedo intervenir en las decisiones de Beckett

- ¿Cómo?

- No puedo. Son sus decisiones – repitió de nuevo él

- Castle, no me venga con estupideces. Si ahora mismo hay alguien capaz de convencer a Beckett para que vuelva ese es usted. Haga el favor de traerla de vuelta y dejaré que siga colaborando con nosotros como hasta ahora, aunque le pondré ciertas "limitaciones"

- ¿Qué limitaciones?

- Ya lo sabrá cuando vuelvan.

- No, si he de convencerla, quiero saber que saco yo a cambio.

- Es usted una distracción para ella señor Castle, y no estoy dispuesta a que se escape ningún caso por distracciones. Su relación quedará al margen completamente de mi comisaria, y los problemas que tengan en casa, los dejarán en casa, usted será el responsable de hacer eso.

- Bueno, yo también tengo mis "peticiones" Gates – le dijo

- Escucho.

- En primer lugar, si la convenzo, no volveremos hasta que hayamos resuelto el caso que tenemos aquí abierto y nos tomemos quince días de vacaciones, ella lo necesita – Gates lo sopesó

- Esta bien y en segundo lugar?

- Dejará de amenazarme con echarme de su comisaria – Gates sonrió, no tenía intención de echarle, pero simularía que le molestaba

- Esta bien Castle – dijo emitiendo un bufido de aparente resignación - pero si mete la pata le echo

- La convenceré – contestó él tajante.

Castle colgó el teléfono sonriendo. Había sido sencillo, Kate ya estaba más que convencida. A su vez, Gates, al otro lado del océano sonreía también, pensando que no había tenido que hacer ninguna concesión, ella ya había dado por hecho que no volverían de inmediato.

Castle volvió a la mesa y besó en la mejilla a Kate, susurrándola al oído

- Tengo que contarte la conversación que acabo de tener. Vas a reírte – le dijo divertido.

Ella le miró algo intrigada. Esperaba que Paula no le hubiese metido en otro absurdo programita con fans, porque al final se iba a ganar que cuando llegase a Nueva York fuese a verla y…. le pasaban varias cosas por su mente… pero todas ilegales… O tal vez podría ser que tuviese que fingir estar con Harry…. Ufs…

- Voy a ir al baño y tu, me vas a seguir – le dijo al oído con tono autoritario

El sonrío pues tenía claro que la mente de Beckett era ahora mismo un hervidero de ideas equivocadas, estaba cogiéndole práctica a eso de interpretar los gestos de ella… y esas arruguitas en los labios, eran celos... seguro!

- Disculparme un momento – dijo Kate – voy al baño – miró a Richard.

Richard la siguió con la mirada, disimulando como podía una media sonrisa. Si esto iba a ser así siempre, le iba a gustar el juego.

- Ahora vuelvo – dijo a los tres policías y se encamino hacía los baños.

Él abrió la puerta y entro a una pequeña antesala, que se dividía a su vez en otras dos puertas, el baño de señoras y el de caballeros. Apoyada en la pared, entre ambas puertas, Kate le esperaba con los brazos cruzados y cara de enfado.

Él se acercó divertido, apoyó la mano en la pared a la altura de la cabeza de Kate, acercando sus labios para besarla, pero ella no le dejó hacerlo

- ¿Qué pasa Castle? ¿Qué se le ha ocurrido ahora a tu representante? ¿Un sorteo para ver quien te quita tu ropa interior? Empiezo a estar harta.

- Humm, inspectora, se pone usted muy interesante cuando tiene celos – le dijo él sobre su oído besando su cuello y pegándose a su cuerpo – hasta me llama Castle…

Ella le separó con ambas manos fijando sus ojos en los de él, ahí estaba de nuevo esa tonta sonrisa mirándola

- Déjate de tonterías Castle ¿Qué ocurre?

- No era Paula – ella suspiró

- ¿Entonces quien era?

- No te lo vas a creer

- Inténtalo, por Dios Castle, me estas poniendo enferma.

- Eso es lo que pretendo, que tengas fiebre… yo tengo la cura – dijo volviendo a pegarse a ella y robándole un beso en los labios.

Ella se impacientó. Le encantaban esos labios, pero estaba demasiado preocupada por lo que podría estar tramando y necesitaba saberlo, volvió a separarle de ella y le interrogó con la mirada, apretando sus mandíbulas.

- Esta bien… pero no te lo vas a creer y te vas a reír

- Castle…

- Era Gates.

- ¿Gates? – preguntó ella incrédula - ¿Qué quiere de ti?

- Quiere que te convenza para que vuelvas – ella arrugó su nariz – y yo le he pedido un par de cosas a cambio

- No puedo creerlo…

- Te lo dije, que no te lo ibas a creer, y que te ibas a reír…. Te deja coger quince días de vacaciones y tengo su palabra que no volverá a amenazarme con echarme de la comisaría…. – su sonrisa se acentuó de sobremanera

- ¿Qué te ha dicho que?

- Si… ¿a que molaaa? – dijo con voz infantil - se ha puesto pesada ha dicho que no debía contar a nadie nuestra conversación y me ha dejado claro que me echará si meto la pata y que no quiere que nuestra relación te distraiga en la comisaria…

- ¿Y tú que le has dicho?

- Que te convencería, pero no me hace falta ¿eh pillina?

Kate se echó a reír, y ahora fue ella quien atrajo su cara a la de ella, besándole.

- Creo que antes de volver me vas a llevar a conocer Europa… y tu pagas –le dijo en su boca

- Eso será todo un placer inspectora, pero yo elegiré ciudad, transporte y hotel…

- Como quieras, pero incluye Venecia o no habrá trato…

- Hum… - volvió a besarla – habrá trato, Venecia, Florencia, Delfos, Budapest, Viena, Copenhague, Hamburgo, Madrid, Lisboa, Paris… - le dijo besándola por el cuello cada vez que nombraba una de las ciudades…

La puerta se abrió de golpe empujada por uno de los clientes del local, que al ver la escena, masculló un "perdón" mientras se perdía por la puerta del baño de caballeros.

Ambos rieron.

- Será mejor que volvamos. Parecemos dos adolescentes.

- Buenoooo, en mi caso, lo soy… un adolescente… enamorado – le dijo ante la mirada de sorpresa de ella y tomándola de la mano volvieron al comedor…

Pasaron la tarde haciendo teorías sobre quien podría haber asesinado a la mujer del joyero y su hija. Cada vez cobraba más fuerza la historia de Castle, inventando que el joyero quiso librarse de su mujer, cobrar el seguro y empezar una nueva vida, quizás al lado de otra persona… aún les faltaban datos, pero… parecía consistente.

Cuando por fin Robert Evans recibió la documentación necesaria para poder detener a Powell, la acarició con sus manos sabiendo lo importante que era para su mujer. Cogió su móvil y la llamó.

Gates colgó a su marido con una gran sonrisa en los labios, la satisfacción del trabajo bien hecho. Ahora había que ir a detenerle. ¿Iría ella en persona? ¿Mandaba un pelotón a por él? Sopesó la situación. Ese tipo era odioso. Se había cargado a varios policías a su paso, emponzoñando el cuerpo, creyéndose más listo que el resto y utilizando su potencial económico y político para reírse de todos. Si Beckett hubiese estado en Nueva York, le habría otorgado el honor de ir ella misma a detenerle, como compensación a sus años de lucha, pero ella no estaba. Mandar a sus compañeros no era lo mismo, ellos actuaban por fidelidad, no les movía la misma pasión que a ella. Pensaba en la forma más humillante que pudiese haber para detenerle, ya no se iba a reír más de nadie. Ahora le tocaba pagar. Se descartó a ella misma, que fuese un capitán a detenerle era demasiado honor. ¡Eso es! Mandaría a un novato. O aún mejor… mandaría a su novata. Si, Sarah le detendría. Que fuese una mujer, sola y con aspecto de adolescente sería una humillación digna para el.

Gates llamo a Sarah, Espósito y Ryan. Ella detendría a Powell, Espósito y Ryan le cubrirían la espalda desde lejos. Llevaría un coche patrulla, no uno camuflado.

- Sarah, mantén la calma, no dejes que te meta en ningún juego, muéstrale la orden, espósale, le lees sus derechos y al coche. Está en un club privado jugando al golf, si alguno de sus amiguitos fuese su abogado, le enseñas la orden de detención. Nadie podrá evitar que te lo lleves. ¿Entendido?

- Si señor.

Sarah aparcó el coche patrulla en la puerta del club privado, en una zona prohibida para aparcar, haciendo que uno de los guardias de seguridad saliese en su busca para que retirase el coche. Sarah, sin mirarle a la cara, le mostró su placa y le dijo que estaba en un asunto oficial. El vigilante la amenazo gritando a su espalda, con enviarle una grúa a retirar el coche. Sarah paró en seco, se giró y le dijo muy serenamente:

- Haga lo que tenga que hacer, quizá yo tenga que hacerlo también y detenerle por obstrucción a la justicia.

Ryan y Espósito habían parado cerca, observando la escena. El vigilante lanzó los brazos al aire resignado y ella prosiguió su camino.

- Wow Sarah, parece que aprendes deprisa – pensó Espósito en voz alta.

Después de preguntar en la recepción por la zona en la que estaba Powell, y tras tener que mostrar su placa para obtener una respuesta, se dirigió hasta donde le habían indicado, afortunadamente aún no había empezado a jugar, y se encontraba en la cafetería. Espósito la seguía a distancia enseñando su placa para acceder al recinto. Ryan se había quedado en el coche, temiendo que finalmente el vigilante cometiera la torpeza de avisar a una grúa.

- ¿Senador Powell? – preguntó Sarah a un grupo de cinco hombres que tomaban café de pie junto a la barra. Intentó mantener la calma, aquellos hombres eran políticos importantes, el Vicepresidente, el gobernador y dos congresistas.

- Hola querida – le dijo el senador - ¿Qué quiere de mi jovencita? ¿Un autógrafo quizá?

- Señor, soy Sarah Carter – le dijo mostrando su placa – tengo una orden de arresto contra usted, le ruego se de la vuelta para que pueda esposarle.

- ¿Sabe usted con quien esta hablando?

- Si señor, senador Powell – y sacando de su bolsillo la orden, se la mostró para que la leyese.

- Esto debe tratarse de un error – Sarah vio como miraba al vicepresidente.

- Por favor señor dese la vuelta.

- Insisto, esto debe tratarse de un error.

- Ya ha visto la orden, viene del juez. Por favor, dese la vuelta y procederé a informarle sobre sus derechos.

- ¿Quién se ha creído que es usted?

- Señor, tan solo soy policía, trabajo para los ciudadanos de Nueva York y en este momento cumplo con el mandato que me han encomendado las autoridades de la ciudad.

- Pagará por esta humillación – le dijo y se dio la vuelta.

Powell se dio la vuelta y Sarah lo esposó recitándole sus derechos en voz muy alta para que Expósito también los oyese, es más, todo aquel que estaba en la cafetería la oyó. No se le pasó por alto las miradas que cruzaron el senador y el vicepresidente.

El club de golf se había convertido en un revuelo, Sarah, casi una adolescente, conducía al senador esposado hasta el coche patrulla, Espósito había ido retrocediendo poco a poco, sin perder de vista la escena, pero sin dejarse ver, tal y como les había pedido Gates. Todo el mundo estaba pendiente de Sarah y el senador.

Sarah abrió la puerta trasera del coche patrulla y ayudo a meterse al senador, agarrando su cabeza para que no se golpease con la puerta. El senador echó un vistazo a su alrededor, y vio como gran parte de la alta sociedad de la ciudad, se arremolinaba tras las ventanas del edificio para comprobar lo que estaba pasando.

Como colofón final, Sarah puso la sirena y las luces de emergencia del coche patrulla, esto lo hizo recordando imágenes de Beckett, Montgomery, Smith… no soportaba que alguien matase a un policía.

Gates sonreía. Espósito y Ryan la miraban aturdidos. ¡Sabia hacerlo! Y además soltó una carcajada cuando Espósito contó como Sarah había puesto la sirena del coche patrulla.

La tarde del domingo, con la bestia encerrada e incomunicada, Gates decidió que tenían que descansar. Al día siguiente tendrían que ir al banco a por los documentos originales y entregarlos al fiscal.

En ese mismo instante, pero en Londres, Hunt se despedía de las dos parejas, que se marchaban hacía uno de los cientos de pub de Londres para cenar y tomar algo. El caso estaba aún sin resolver, seguirían al día siguiente. Jimmy sopesó la idea de Castle y llevaría al joyero a comisaria para interrogarle.

Varias horas después, y ya en la habitación, Richard esperaba sentado en la cama a que Kate saliese del baño, para poder darse una rápida ducha y quitarse el pegajoso olor a pub. Ella salió con una toalla alrededor de su cuerpo, se acercó a él, e inclinándose le beso mientras le decía

- Todo tuyo, no tardes, creo que … tengo una pregunta que hacerte – él sonrió

- Pensaba que sabías todo sobre mi…

- Si no quieres no te la hago… fuiste tu quien lo propuso

- En cinco minutos estaré preparado para que me cuentes que significa ese tatuaje tuyo…

Kate terminó de secarse y se metió desnuda en la cama. Era absurdo vestirse, además, le apetecía vestirse con la piel de él. Richard salió dos minutos después, con una toalla enrollada en la cintura y gotas de agua por todo su torso.

- Bueno inspectora, mientras me pongo el pijama vaya haciéndome la pregunta…

- No te vistas – le sorprendió oírle decir eso y fue secándose con la toalla sin dejar de mirarla.

- Pregunta Kate.

- ¿En cuanto esta valorada tu fortuna? – él se deshizo de la toalla tirándola al suelo y levantó las sábanas para meterse en la cama, descubriendo que ella estaba también completamente desnuda.

- Ven aquí – le dijo abrazándola por la espalda– a esa pregunta no puedo contestarte.

- ¿Por qué? ¿tan personal es?

- Vamos Kate, primero no tengo ni idea del dinero que tengo, aumenta con las ventas y segundo, creo que no deberías tomarme el pelo así, tu sabes mejor que yo la cifra.

- ¿Yo?

- ¿Pretendes que me crea, pequeña cotilla, que no lo sabes? Seguro que miraste mis cuentas hace tiempo. Tienes mas control sobre ellas que yo – empezó a besarle el cuello - ¿Por qué me lo pones tan fácil? ¿me quieres contar la historia de tu tatuaje sin nada a cambio? – ella sonrió, la había pillado, ella ya sabía el importe de su fortuna.

Se dio la vuelta para ver su cara, y recibió una lluvia de besos sobre su nariz y su boca.

- Sé muchas cosas sobre ti Castle. Mas de las que tú crees.

- ¿Ah si? Deleitame con tu conocimiento inspectora Beckett.

Él la besó largamente, paseando sus dedos por la espalda de ella.

- Ahora que te dejaré venir a dormir a mi apartamento ¿vas a bajarme el alquiler? – preguntó ella.

- ¿Cómo?

- Sé que el apartamento es tuyo, lo compraste y les dijiste a los de la agencia que me llamasen para ofrecérmelo, evidentemente con ese precio, esa zona y ese apartamento, sabrías que no iba a rechazar la oferta. Buena jugada el que les pague a ellos y tu nombre no figure por ningún sitio, pero es tuyo.

- Te equivocas inspectora. No estas bien informada.

- Vamos Castle…

- Me encanta como dices Castle… pero estas equivocada, el apartamento no es mío.

- No sé porque lo niegas, sabes que te he pillado.

- Kate, el apartamento ya no es mío.

- Ah – dijo ella sorprendida – y … ¿Puedo saber a quien pago el alquiler ahora?

- El día antes de venirnos, estuve con mi abogado ¿recuerdas? – volvió a besarla

- Ah si, cuando viste a Gates.

- Lo puse a tu nombre – le dijo en su boca

- ¿Qué?

- Es tuyo.

Ella pegó un respingo. No le había dicho nada cuando se enteró que el apartamento era de él. Estuvo buscando durante algún tiempo otro para mudarse, pero no encontraba otro remotamente parecido y lo fue dejando en el olvido. Esto no le parecía bien. Ella no buscaba su dinero.

- ¿Por qué lo has hecho? – le dijo muy seria.

- ¿Por qué te quiero? ¿No has podido pensar que es por eso?

- Pero Rick, yo no quiero tu dinero… no me gusta que hagas eso.

- Kate, escucha. Déjame hablar –ella asintió – fui a mi abogado para cambiar de nombre varias propiedades, el piso donde vivíamos antes Alexis y yo que lo puse a su nombre, ella ya es mayor de edad, quizá quiera irse a vivir sola. El estudio de mi madre, que creía que era de la inmobiliaria. Y este lo he puesto a tu nombre porque aunque yo quiero que dejes esa casa y vengas a vivir conmigo, quiero que tengas donde volver si decides dejarme porque te aburra o te hartes de mi. Y no se porque te tienes que sentir tan mal, debería de darte una parte de mis ganancias por dejar que escriba sobre ti….

Ella le besó. Por una parte no le gustaba que lo hubiese hecho, pero por otra, estaba encantada con él.

- No creo que me aburra de ti. La palabra aburrimiento no es compatible con Richard Castle.

- Y ahora hazme una pregunta que de verdad quieras saber sobre mi, porque estoy impaciente por conocer la historia de ese tatuaje, le dijo pasando las yemas de los dedos por encima de la piel tintada.

- Luego… -dijo ella lanzándose a su boca – ahora quiero darte las gracias por el apartamento ..