Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.
Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro "El diente de león".
Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.
Capítulo XXVI
—¿Tú primero o yo? —dijo Katniss mientras señalaba la puerta del baño—. Un hidromasaje quedaría bien, pero luego no podrás sacarme de ahí.
—Me conformo con una ducha.
Ella asintió y tuvo el impulso de invitarlo a compartir esa ducha, pero era demasiado pronto aún.
—Tú primero.
Katniss le dio un beso y luego registró rápidamente su maleta para elegir que ponerse. Cerró la puerta tras de sí y Peeta escuchó, casi de inmediato, como el agua empezaba a correr.
Su cuerpo se tensó y luego se relajó.
Estaban bien. Las cosas con Katniss no era lo que se podía decir sencillas, pero eso era parte del encanto de la relación con ella.
Se tendió, cuan largo era, en la cama.
Había acumulado mucha tensión sobre este viaje y ahora, viendo a Katniss razonablemente tranquila, empezaba a relajarse, a paso lento pero seguro.
Cerró los ojos y le pareció que solo había pasado un segundo cuando sintió un suave roce en la mejilla.
—¿De verdad me tardé tanto?
Aún adormilado, sonrió.
—Ni siquiera me di cuenta de que me dormí.
—Aún nos queda poco más de una hora. Puedes dormir si quieres.
Katniss estaba sentada en la cama, usando un vestido veraniego de color salmón e iba descalza.
—Te ves preciosa.
—Eres un adulador.
—En lo absoluto, solo soy un hombre que sabe reconocer la belleza.
Ella se sonrojó y luego se tendió, junto a él, en la cama.
Volteó la mano, de manera que estaba lo suficientemente cerca de la de Peeta como para sentir el chisporroteo de la estática entre sus cuerpos, pero no tanto como para poder tocarlo.
—Aprendí a andar a caballo en este lugar. Cuando tenía nueve años. Papá nos trajo a Prim y a mí cuando éramos muy pequeñas. A Prim la hicieron subirse a uno de esos ponis diminutos en donde alguien toma las riendas y te va guiando. Pero eso era, obviamente, demasiado aburrido para mí— empezó a contar ella. Peeta se mantuvo en silencio. Katniss no solía soltar demasiada información sobre sí misma a menos de que él la presionara. Pero Peeta tenía la impresión de que lo que había pasado ese día con Cato había hecho que Katniss se replanteara algunas cosas.
—El caballo se llamaba Honeyboom, que a Prim le parecía un nombre precioso y a mí ridículo— Peeta giró la cabeza para verla poner los ojos en blanco y sonrió.
—¿Cómo fue?
—¿Esa primera vez?
Peeta asintió.
—Empecé bien. Los animales no suelen quererme mucho que digamos— dijo pensando en Muffin que, tan traidor como siempre, había preferido quedarse con Prim que venir con ella—. Pero Honeyboom era simpático. Supongo que ayudó el hecho de que yo lo sobornara con cubos de azúcar antes de intentar montarlo. Cuando papá me enseñó cómo poner el pie en el estribo y pasar la pierna por encima para llegar al otro lado… sí, supongo que estuvo bien. El problema llegó cuando decidí que Honeyboom no iba lo suficientemente rápido.
—Uh…
—Sí— coincidió ella.
—¿Cómo acabó?
—Conmigo sentada sobre una bonita pila de abono orgánico— dijo haciendo una mueca, logrando que Peeta se riera a carcajadas—. Supongo que ahora puedo verle el lado gracioso. En ese entonces, no me gustó nada. A Prim y a papá también les pareció muy divertido— dijo con otra mueca.
—Me habría gustado conocer a tu padre.
—Le habrías caído bien— murmuró ella, girándose sobre su costado, él la imitó, de manera que quedaron frente a frente—. A Rory lo conoció desde que era un niño, cuando él y Prim aún jugaban juntos en el arenero— dijo Katniss con una sonrisa—. Papá solía bromear diciendo que el señor Hawthorne había tenido hijos que iban de una edad conmigo y con Prim solo para conseguir meterse en la familia Everdeen.
Peeta frunció el ceño.
—¿Acaso tú y Gale…?
Katniss sonrió.
—No. Creo que ambas familias se sintieron un poco decepcionadas ante el hecho de que ni Gale ni yo conseguimos nunca vernos como nada más que amigos. De todas formas, cuando íbamos en secundaria se encaprichó con Madge y en la universidad ella, al fin, accedió a salir con él. Hacen una linda pareja ¿no crees?
Peeta asintió, sintiendo como su cuerpo se relajaba.
—¿Puedo preguntarte algo indiscreto?
Katniss empalideció, pero asintió de todas maneras.
—Si sabías que en el fondo no querías a Cato ¿por qué te quedaste con él?
—Porque parecía lo lógico en ese entonces.
—Claro, porque lógica y Katniss Everdeen siempre van en la misma oración.
—Eso me ha dolido, Peeta— se quejó ella, bromeando para restarle seriedad al asunto—. Pero en realidad, fue la relación más duradera que tuve alguna vez en mi vida y creo que una parte de mí se había empecinado en hacerlo funcionar. Como si las cosas pudieran llegar a arreglarse a pura fuerza de voluntad, cosa que evidentemente no llegó a suceder. Cato no es una mala persona, es simplemente obstinado y muy, muy orgulloso. Supongo que en eso nos parecemos— dijo con un encogimiento de hombros.
—¿Tú crees?
—¿Qué nos parecemos?
Peeta asintió.
—Sí. Sí lo creo. Ambos detestamos perder, ambos somos obstinados y perseverantes y estamos muy conscientes de cuáles son nuestros puntos fuertes. Glimmer siempre me pareció ambiciosa y supongo que yo también lo soy, con la diferencia de que yo me enfoco en mis propios proyectos y ella, en los de Cato.
—Gale y Rory no parecían felices porque Cato y ella estuvieran aquí.
—Porque son protectores. Pero en un evento de este tipo, no sentaría nada bien que alguien como Cato fuera dejado por fuera. Además, estoy bien— dijo sonriéndole—. Y creo que la mayor parte de esa declaración te la debo a ti. Es solo porque estás aquí, conmigo, que no estoy acostada en esta cama en posición fetal. Posiblemente no habría aguantado todo sin ti.
—Claro que lo habrías hecho. Habrías pasado por encima de ellos usando tacones de aguja.
—Me das demasiado crédito— se quejó ella—. No me gusta parecer débil y creo que, cuando él se fue… cuando me dejó, no fue tanto que me rompiera el corazón como que pisoteara mi ego— se lamentó.
—Eso no está mal. Lo que te hizo no fue justo.
—No lo hizo de la manera correcta. Pero yo he pasado ya demasiado tiempo jugando a la mártir. No sé si me explico.
—¿Por qué lo dices?
—Porque todo este tiempo he estado convenciéndome a mí misma de que yo sí lo amaba, que a mí sí me dolió y ahora…
—¿Ahora?
—Ahora que tengo un sentimiento con el cual compararlo— dijo ella suavemente—, no estoy segura de si eso era amor o no.
Bueno, no se quejen. Han sido actualizaciones considerablemente seguidas una de otra. Y por ahí me dijeron que están esperando acción Everlark y puede que en uno o dos capítulos tengamos algo de eso, pero advierto de una vez que no me gusta escribir lemmon, así que a lo más a lo que pueden aspirar conmigo es a un lime.
Gracias a chalupitabonita, zellideth76, pauligallegos, PrettyLu, Fluttershynana, Claudia, L (por partida doble y en este capítulo sabes que es lo que pasa con Muffin, yo también lo extrañé), X, Anna Scheller, Sheenaggp11 y mis adorados Guest.
Gracias por leerme.
Un abrazo, E.
