Disclaimer → SCC pertenece a CLAMP, la trama pertenece a MaraGaunt, la adaptación me pertenece a mí...
¡Disfruten de la lectura!
Shaoran Li
Las palabras de la doctora Mitzuki seguían resonando en mi cabeza pero más que eso, aun más si era sincero, no podía sacar de mi cabeza a Sakura. Ya sabía que eso era un estado constante de mi cerebro pero hoy, después del encuentro, era aun más intenso que antes porque por fin, después de tanto tiempo, me había acercado a ella.
Sabía que, al menos por esa noche, tenía vetado todo acercamiento a Sakura antes de retirarme de la clínica, pero la tentación había sido casi insoportable. Con la frustración saliendo a flote y sin demasiado entusiasmo, finalmente me retiré de la clínica.
Conduje hasta llegar a mi casa con los mismos pensamientos dándome vuelta en el cerebro, tanto así que creí que si no se me tostaba era porque me había alimentado bien desde niño. Suspiré cual poeta cuando enfilé el auto al estacionamiento de la entrada de casa. Probablemente en una semana o más tendría el medio visto bueno de la doctora Mitzuki para volver a ver a Sakura.
Entré por la puerta de atrás a pesar de haber estacionado en frente, lo hacía a escondidas para que Chiharu no me viera, ni me obligara a entrar, lavarme las manos, y sentarme a la mesa para engullir la cena.
No quería desairarla pero todo lo acontecido ponía mi apetito, al menos de comida, en el último lugar de cosas pendientes.
Cuando estaba en mi habitación me encerré en el baño, me di una ducha de mucho tiempo, hasta casi convertirme en una pasa, sin poder ser capaz de contabilizar. Sentía que me estaba volviendo reiterativo pero si eso significaba nunca sacarla a ella de mi cabeza, bienvenido fuera.
Cuando estuve listo para ir a dormir bajé las escaleras y tomé rumbo hacia el despacho de mi padre, sitio que casi nunca visitaba debido a los profundos recuerdos que me traía. Al tener el mío propio no lo visitaba a menudo, pero encargaba que estuviera limpio y dispuesto a cualquier oportunidad, nada había sido movido de su sitio pero se conservaba limpio. Serví un vaso de whisky y me senté en la silla de espaldar alto.
Cuanto hubiera dado por tener una charla de hombres con mi padre… pero naturalmente no era posible, así que tenía que confirmarme con mi auto consuelo.
Cerré los ojos y me recliné en la silla dejándome llevar por el silencio.
No supe por cuánto tiempo me quedé allí, solo que cuando volví a abrir los ojos, todo estaba claro y tenía una cobija puesta sobre mí, detalle maternal que adjudiqué a Chiharu.
Me puse de pie y volví a mi habitación. No tenía nada que hacer ese día excepto pensar en Sakura y en que podría estar visitándola clandestinamente, pero como había supuesto antes no me sería permitido hasta que la doctora Mitzuki lo decidiera.
Suspirando abroché mi camisa y me senté a estudiar los nuevos proyectos a los que estábamos apuntando gracias al principal.
Demoré ahí todo el día luego, cuando fue evidente que mi pobre concentración no daba para más me puse de pie, tomé las llaves del auto y con él me fui al cementerio a verlos.
El sitio pareció traerme parte de la paz perdida el día anterior, de alguna manera me sentía más cerca de Sakura visitando a los pequeños, como si este delgado lazo que nos conectaba se activara para mí dándome la serenidad que la ausencia de Sakura en mi vida me producía.
No dejé flores en esta oportunidad porque las últimas aun se conservaban frescas, pero dejé mi cariño y mis pedidos a ellos, por si de alguna manera me podían brindar la ayuda que necesitaba con su madre.
El día se terminó sin mayores sobresaltos y volví a sumirme en la noche en inquietantes sueños de Sakura y yo.
El lunes, el día que siguió, debía visitar personalmente la empresa para realizar ajustes de presupuestos y contables. Yamazaki tuvo el auto listo en cuanto salí por lo que no me llevó mucho tiempo llegar a la oficina.
Llevaba allí unas horas cuando recibí una llamada al móvil.
–¿Sí? –contesté por la blackberry.
–¿Con el señor Shaoran Li? –preguntó la voz que identifiqué inmediatamente como la de la doctora Mitzuki, al mismo tiempo que un pánico nada normal se apoderaba de mi. El hecho de que ella llamara solo podía significar que su llamada misma tenía que ver con Sakura y con algo que le hubiera sucedido, y estaba más que predispuesto por mi culpa. Miles de escenarios escabrosos cruzaron por mi mente, todos ellos profundamente relacionados con pensamientos sobre huidas, intentos nuevos de suicidios y otros que la imaginación me seguía planteando.
–Él habla –respondí pesadamente esperando que el irracional acceso de temor pasara.
–Habla con Kaho Mitzuki del…
–Sé quién habla –la corté inmediatamente deseando que se apresurara en decirme lo que demonios pasaba, estaba completamente paralizado en mi silla.
–Se ha presentado una situación que… –pareció cortarse un momento, es más, lo hizo–. ¡Vaya! No sé ni siquiera como explicarlo… Una situación con la que ninguno de nosotros estaba contando.
–¿Qué…? –tosí un poco–. ¿A qué se refiere?
–No sé cómo le vaya a parecer esta noticia pero… parece que… hay indicios bastante cerca de ser acertados sobre la posibilidad de que la señora Li tenga… familia.
Se hizo silencio en la línea mientras dijera esta nueva situación. Efectivamente era algo que ninguno esperaba, especialmente yo, porque mi parte egoísta la hacía solo mía, sin compartirla con alguien más, pero esto… esto era diferente porque quería decir que no era huérfana y que…
Surgían millones de opciones pero todas ellas me llevaban al mismo lugar, a la posibilidad de perderla completamente a manos de su… familia.
–¿Cómo… cómo es posible? Yo… se realizó una investigación exhaustiva sobre ella y nunca…nunca se reveló algo similar –revelé aquella parte del informe que ordené a Yue realizar sobre ella antes de embarcarme en su búsqueda.
–Pues… aún no es nada seguro, se realizarán unas pruebas de compatibilidad de ADN para probar la teoría.
–¿Y cómo surgió todo esto? –pregunté.
–Hay una persona, un muy cercano amigo de ella, Fujitaka Kinomoto, creo que le hablé de él en una oportunidad.
Recordaba esa conversación porque me mostré particularmente interesado en los progresos de Sakura. Él era un hombre que había perdido la razón posterior a un accidente de tránsito.
–Sus hermanos están altamente convencidos de que la señora es la hija que Fujitaka perdió hace 19 años.
Era algo disparatado, pero en medio del disparate podía ser verdad. Dios sabía que antes nunca me hubiera atrevido a creer en las coincidencias pero después de haber salvado por los pelos la vida de Sakura debido a una del destino me sentía más crédulo ahora.
–¿Basados en qué? –pregunté moviéndome un poco en mi silla al descubrir que, después de todo, no eran malas noticias.
–No es, en verdad, una prueba fehaciente pero es sorprendente… la madre de Fujitaka… tienen una fotografía de ella y podría ser la hermana gemela de su esposa.
Bien, era una teoría algo apresurada basándose solamente en ese hecho, pero sabía por experiencia propia que el cariño hacia un ser amado, y perdido, nos predisponía a hacer cualquier cosa con tal de conseguir que ese ser perdido regrese, y más uno que se perdió desde que era niño.
Durante unos momentos me puse a pensar en lo que eso significaría… en si Sakura realmente resultaba ser la hija perdida del tal Fujitaka. Inmediatamente todas las conclusiones me llevaron a que esto implicaría que ella se iría con su familia y yo me quedaría sin ella definitivamente.
–En su condición de esposa suya y como única persona responsable de ella, usted también debe dar la autorización para que estos exámenes sean realizados, este era el motivo de mi llamada.
La parte egoísta de mi quería negarse rotundamente a esto, por las consecuencias que traería de ser verdad. Podía perderla y no quería arriesgarme a esto, pero por otro lado, ante esa parte sensible, pensadora y sensata que ella había despertado en mí, me parecía totalmente injusto negarle a Sakura la posibilidad de encontrar a su familia después de ser testigo y sabedor de todo por lo que había pasado. Nuevamente me encontraba en una situación de elección lo cual no me agradaba en absoluto, pero era tanto lo que la quería que cuando menos lo pensé estaba dando la autorización a la doctora Mitzuki para que realizara los exámenes correspondientes para saber si Sakura era o no hija de Charles.
Cuando corté el teléfono tenía la firme intención de hablar con Sakura lo antes posible así no tuviera la autorización de la doctora Mitzuki. Tenía que hacerle saber que aunque resultara ser hija o no de Fujitaka iba a seguir siendo mía. Aún no estaba lista para decirle que continuaba siendo mi esposa, pero debía reiterar lo que le había dicho con anterioridad y dejar claro que no me iba a dar por vencido tan fácilmente.
Horas más tarde debieron llevarse a cabo los exámenes, después recibí una llamada de la doctora Mitzuki, comentándome cómo había ido todo. En contra de su voluntad o más bien sin querer, me dio un chivatazo que no esperaba y que sabía que ella no había querido darme, ella mencionó el hecho de que Sakura iría a visitar a los mellizos. Terminé de hacer, en realidad a medias, el resto de trabajo que me quedaba y salí corriendo hacia el estacionamiento para tomar el auto y dirigirme rápidamente al cementerio, parando en la floristería.
Mientras iba camino allá me pregunté sobre cómo confrontaría Sakura nuestro nuevo encuentro. Ella debía continuar demasiado dolida conmigo y tenía todo el derecho. Ahora caía en cuenta de que si ella hubiera tenido todos los cuidados psicológicos y físicos que necesitó, tal vez las vidas de nuestros hijos se hubieran salvado.
Estacioné con cuidado para que la tripulación de la ambulancia no me viera llegar y alertara por radioteléfono a la doctora Mitzuki.
Me metí por la entrada lateral y enfilé hacia el número de tumba correspondiente.
Así que el chivatazo había sido cierto, efectivamente ella estaba ahí. El viento agitaba su cabello haciéndola parecer casi irreal. Estaba de rodillas frente a la tumba, en una posición que yo también había asumido innumerables veces.
Caminé hacia ella deseando con todo mi ser que en esta oportunidad el encuentro saliera, si no bien, con mucho lo suficientemente aceptable para que ella accediera a verme de nuevo.
Ella no se movió, no se dio la vuelta, tan solo miraba fijamente hacia la tumba, pero tendría que estar dormida o… muerta para no sentir que estaba cerca de ella, tan cerca ahora que sus hombros acariciaban mis rodillas.
Aún a esa distancia, y lo sabía porque conocía bien su cuerpo, sentí como se tensó completamente. No la quería tensa, pero me obligaba a entenderla porque la amaba, y porque tenía toda y mucha razón al odiarme.
Esperando y rogando con todo mi ser para que no huyera de mí, me arrodillé a su lado y me senté en mis tobillos.
–Buenos días –saludé hacia la tumba, hacia los mudos y angelicales testigos que eran los niños allí enterrados. Por primera vez recibían la visita de ambos padres… suponía que desde donde quiera que estuviera, esto les agradaba, oraba porque fuera así. Alargué mi mano y dejé las flores que había traído a un lado de las que había traído ella, las de ella merecían el puesto de honor en esa hermosa tumba. Luego la saludé a ella esperando, tal vez infructuosamente, que me saludara de vuelta–. Buenos días, Sakura.
Pronunciar su nombre hacía que cada parte de mí reaccionara, porque tanto su nombre como toda ella, los sentía míos, tan solo para mí.
El silencio reinó por segundos, con lo que confirmé que ella no iba a hablarme, luego súbitamente, aun mirando hacia el frente dijo:
–Hola… –una brisa poderosa removió nuevamente sus cabellos y los míos.
–¿Cómo estás? –le pregunté esperando que también me respondiera.
No quería que ella malinterpretara esta conversación, no quería presionarla, como tampoco lo había querido antes. Pero debía insistir, persistir era la única oportunidad que me quedaba, persistir hasta que ella flaqueara tan solo lo suficiente para oírme.
Hubo un sonido seco en su regazo y vi que una de sus manos estaba estrujando a la otra que parecía moverse convulsamente. Me preocupé inmediatamente por si algo le pasaba pero luego me percaté que todo su cuerpo emitía ese movimiento imperceptible, ese que recordaba sentir cuando la abrazaba, cuando la apoyaba contra mí, era el temblor del miedo a caer.
–Yo… –dijo ella casi imperceptiblemente para cualquiera que se hallara lejos, o cerca, no muy cerca como me hallaba yo y tan pendiente de todo lo que hacía como me encontraba en ese momento–. Bien…
Sabía que estaba mintiendo pero no por eso la admiraba menos, escuchar su voz, hablándome neutramente, era más de lo que podía pedir.
–¿Qué… qué haces aquí? –dijo ella abruptamente, no me inquirió con odio, o nada más, tan solamente era una pregunta con tono de circunstancias o quizá así era como yo quería verlo.
–Vine a ver a… –ahora que estaba ahí era obvio que sabía que la existencia de esas dos criaturas y el destino que les había tocado seguir–, nuestros hijos.
No podía más que decirles así, incluso aunque supiera en el fondo de mí ser que, mientras vivieron dentro de ella, fueron precisamente de ella. Yo nunca tuve que ver nada con ellos excepto después de que me enteré que habían muerto.
–Y vine a esperarte a ti –ok, era una mentira, pero de nada valía pintarla de colores cuando era evidente que la estaba esperando desde hacía mucho tiempo antes.
Finalmente sus preciosos ojos volvieron a verme, y me pareció que estaban un poco menos "muertos" que la última vez que los había mirado. Quizá algo hubiera cambiado, quizá no.
–¿Desde cuándo sabes que vengo aquí? –preguntó ella. No podía darle sino una respuesta totalmente sincera, mirándola a los ojos, siendo preso del hechizo que de ellos emanaba como siempre me pasaba cuando la miraba.
–Desde que supe que ellos existían.
Quitó su mirada de mi sin mayor dilación, pero lo que para ella fue fácil para mí implicó un golpe más.
–¿Desde cuándo lo sabes?
Se mordió inconscientemente la mejilla como si en realidad no quisiera haber hecho esa pregunta. No supe que responderle durante unos momentos, no quería traer a su memoria hechos dolorosos y verme inevitablemente relacionado con ellos, y más encima lograr que este breve intercambio de palabras acabara en nada.
–Un día antes de que… intentaras suicidarte –contesté volviendo a mi etapa de sinceridad.
El silencio volvió a hacerse protagonista como la brisa que volvía a envolvernos a ambos y que me parecía demasiado irreal, casi mágica, para tratarse de algo natural. Esa brisa parecía darme ánimos para el propósito inicial de este encuentro el cual, aparte de verla a ella, implicaba insistir en ser escuchado.
–Quiero… –comencé no muy seguro de cómo continuar o de siquiera empezar, tenía bajo mis ojos el camafeo de su perfil que permanecía firme mirando hacia el frente sin ceder un momento, los ojos concentrados en la nada mientras yo hacia un esfuerzo sobrehumano por no ceder al deseo de tocarle la mejilla–. Necesito hablar contigo, Sakura.
No dijo sí, no dijo no, solamente permanecía quieta, como una estatua adorada e imperturbable.
–Lo sé –dijo susurrando.
Su respuesta fue como un puñetazo de casi alivio, aun tenía que aclararme si accedía con ese "lo sé" o si de plano preferiría pudrirse antes que oírme decirle mi verdad. Su regazo volvió con el sonido seco y las manos volvieron a estar una dentro de la otra.
–Yo… –era curioso como cada palabra, cada sílaba o letra pronunciada por su boca era como si me diera un trago de agua después de vagar diez años sin ella, cada murmullo era como un alivio a mi alma, un alma atormentada por el remordimiento y la culpa–. Necesito… –dime, mi amor que necesitas y con gusto lo haré realidad para ti, pero por favor no me apartes ahora… Te necesito tanto…, cada parte de mí clamaba por ella–. Necesito tiempo…
No había dicho sí, ni tampoco no, pero pedir tiempo era algo que podía considerarse como que lo estaba pensando, y era más de lo que podía esperar a llegar conseguir. Ella era buena conmigo cuando no lo merecía y aunque me sentía miserable por ella debía aprovechar esa debilidad de ella para adueñarme de su ser y de su amor para siempre.
–No voy a presionarte –confesé, no podía presionarla después de esto… ¿o sí?–. Te daré mil años si con eso puedo aspirar a que me escuches. Pero quiero que sepas algo –me acerqué un poco más hasta que el tenue y jamás olvidado olor de su piel estuvo a centímetros de mi sentido del olfato.
Debía aclarar el punto en el que su familia parecía hacerse presente en su vida… ellos no iban a ser impedimento para que yo siguiera intentando recuperarla. Y así trate de transmitírselo en palabras, ocultando el hecho de que sabía lo que estaba pasando.
–Tú eres mía… –dije contra su oreja, tan cerca de mis labios que casi sucumbía al deseo de besársela.
Ella seguía rígida mirando hacia el frente, a simple vista imperturbable pero a la mía completamente tensionada y nerviosa por tenerme cerca. Ese poder, algo que no había sentido desde que estaba conquistándola al inicio de esta fatídica historia, cuando la abrazaba, era el mismo temblor, la misma debilidad hacia mí. La sangre se me encendió inevitablemente.
–No voy a dejar que nadie te aparte de mi lado, no voy a renunciar a ti. Y te pido una vez más, que me escuches, solo escúchame y después de esto… decide lo que quieras –le estaba ofreciendo la oportunidad de irse pero escuchándome primero. Si no podía convencerla de que me perdonara, o al menos que no me odiara, tendría más de lo que tenía derecho a esperar–. Escúchame y decide tú misma si no es suficiente para siquiera contemplar la posibilidad de perdonarme.
Su cabeza volvió para mirarme, sus ojos más cerca ahora que siempre, envolvieron a los míos con su poder, volvía a tenerla tan cerca, tan a centímetros de mis labios, de mi rostro, de mis manos… sin poder evitarlo, y sabiendo que esto podía arruinar todo lo que había avanzado hasta aquí besé levemente la suavidad de su boca entreabierta.
Ella estaba quieta, no se movía, como si temiera hacerlo, yo seguía deleitándome levemente con el sabor de su boca, con el hechizo de su mirada, con la cercanía de su cuerpo
–Te amo –volví a confesar a sabiendas de que ella no me creería.
Consideré que ya había sido suficiente por el día de hoy, al menos para ella, para mí nunca nada que tuviera que ver con ella sería suficiente. Sus ojos me miraban, como si estuviera, inconscientemente retándome a conquistarla, como bien quería hacer, pero debía parar ahora que aun estaba a tiempo
Me aparté de ella finalmente acomodando brevemente mis flores y poniéndome de pie.
"Adiós" murmuré en mi cabeza dándome la vuelta y sintiendo que era lo más duro que había hecho desde hacía mucho tiempo: apartarme de ella otra vez.
Caminé casi a trompicones hacia mi auto aun sintiendo el tacto de sus labios contra los míos, su olor aún en mi nariz, la calidez de sus ojos aun vibrando en todo mi cuerpo.
Ahora sí podía volver a casa con apetito y esperar a que las cosas mejoraran.
Sakura Kinomoto.
Volví muy entrada la noche a la clínica. No podía sacarme a Shaoran de la cabeza y ya no sabía si eso estaba mal o bien. Pedía consejo al Altísimo, que me ayudara a tomar la decisión correcta, que me enseñara el camino que debía seguir, el camino que debía seguir para el resto de mi vida, el camino de creerle, o dejar todo así e irme sin mayor dilación.
Ahora tenía pendientes los resultados que demostrarían si tenía una familia, pero egoístamente eso no era tan importante como lo demás. Algo me decía que si escuchaba a Shaoran estaría sellando mi destino inexorablemente y no sabía si para bien o para mal.
Caí sobre mi cama y cerré los ojos inmediatamente para sumirme en el mundo de los sueños.
Caminaba sin rumbo fijo, como un alma que ha perdido su norte, como un vagabundo sin dirección a la que seguir, como una persona sola y desamparada.
Creía haber pasado por este lugar antes, creía conocerlo aunque no sabía decir exactamente de donde. Aunque curiosamente no me sentía mal por estar perdida, más bien me sentía reconfortada porque estando así no tenía que preocuparme de ser encontrada o de ser…
–Sakura –murmuró una voz femenina detrás de mí.
Me di la vuelta y sentí como todo en mí saltaba cuando vi a Rika mirándome. Nunca se me había aparecido en sueños pero algo me decía que ya nos habíamos encontrado antes, no terrenal, sino espiritualmente.
–Emm… –murmuré sin poder evitar llorar al verla otra vez, era tal y como la recordaba solo que ahora se veía como una mujer, como un ángel… como lo que era.
–Es bueno verte nuevamente, y tan recuperada –dijo ella con esa voz que parecía un susurro y que sin embargo entendía a la perfección. Quise abrazarla pero me contuve, no sabía hasta qué grado de contacto ella podía ser tocada.
–Puedes abrazarme –murmuró ella extendiendo los brazos.
Corrí hacia su forma sin detenerme y la abracé con toda la fuerza que me sentí capaz.
–¡Oh, Dios! No sabes cuánto te echo de menos –dije contra su pelo que se sentía curiosamente frío.
No era que Tomoyo no fuera mi amiga, pero había conocido a Rika primero, y nuestras existencias habían tenido un tono similar.
–Y yo a ti… –dijo ella.
Cuando finalmente me di la fuerza para apartarme ella dio dos pasos hacia atrás y se quedó mirándome un buen tiempo.
–Creo que quieres decirme algo… –dijo ella.
Recordé mi elucubración anterior cuando decía que quería el consejo de alguien. Sobre qué hacer ante mi precaria situación.
Era curioso que estuviera teniendo un sueño que parecía tan real, como si ella de verdad me fuera a escuchar y no fuera solo una imaginación de mi cerebro que planteaba en ella lo que yo quería ver.
Susurré entre líneas todo lo que pasaba esperando no haber obviado nada. Ella no me preguntó nada, tan solo se quedó parada como yo mirándome alternativamente.
–No sé qué hacer… tengo miedo de escuchar, tengo miedo de… amarlo aun más…
Rika me miró nuevamente.
–Tienes que escucharlo y después de esto pensar muy bien sopesando tus opciones. Es hora de dejar el miedo a un lado, no eras así antes, Sakura, antes enfrentabas todo con la entereza que yo admiraba.
–Pero en el fondo tenía miedo –confesé–. No soy tan valiente.
–Creo que hay alguien que piensa lo contrario.
Ella se dio la vuelta y camino, la seguí esperando que no me fuera a dejar. Cuando estuve más cerca me di cuenta de que había algo adelante. Algo que se iba haciendo más claro a medida que nos acercábamos.
Había dos niños de aproximadamente cinco o meses, cada uno acostado en una cunita. Ya los había visto antes, de eso estaba completamente segura, pero no así de grandes. Qué cruel era mi imaginación.
La niña tenía el cabello castaño, tal y como el de Shaoran, era pelona y tenía mis ojos, ellos estaban abiertos y miraban curiosos su propia mano derecha, era ella… era mi niña.
Recordé remotamente que había presenciado un encuentro similar pero cuando ellos estaban más pequeños… pero no podía asociarlo a nada que recordara.
El niño estaba dormido pero aferraba inconscientemente una de las barritas del corral.
No me atrevía a tocarlos por si el sueño terminaba.
Me volví a Rika y ella me miraba impasible.
–¿Qué debo hacer? –le dije a ella.
–Escuchar a Shaoran, y tomar la mejor decisión. Ellos están de acuerdo conmigo –dijo ella señalando a los niños. Yo los volví a mirar, ahora Ian también estaba despierto y ambos me miraban fijamente, como si quisieran corroborar lo que decía Rika.
Mi consiente e inconsciente cedieron… cedieron finalmente al deseo no consumido… a la añoranza de las palabras que Shaoran tenía que decirme, al aferrarme a la decisión que debía tomar cuando finalmente hubiera escuchado lo que debía escuchar.
Mis ojos finalmente se abrieron, matando los últimos restos de tan particular sueño. Debía ser mi imaginación y mi subconsciente que me decía que en el fondo de mi mente quería escucharlo… quería saber su versión de los hechos así esto no solucionara nada.
Me senté en la cama, ya era de noche. Miré hacia el reloj de la mesilla y vi que eran las dos de la mañana.
Me levanté descalza y saqué unas monedas de una de mis chaquetas, me las había dado Fujitaka en una oportunidad diciéndome que con ellas podría llamar a los cielos. En realidad estaba haciendo referencia al teléfono de monedas que había en el otro lado de la Clínica en el ala A.
Al no ser una paciente problemática y más bien tranquila, la puerta de mi habitación no estaba cerrada todo el tiempo, aunque no sabía que contrariedad pudiera surgir si alguien descubría que mientras caminaba mis pasos silenciosos me llevaban hacia el ala administrativa del Hospital.
Pasé a centímetros del vigilante de ese piso, pero milagrosamente se encontraba en la quinta esfera del sueño por lo que lo pasé pisando como una pluma. Era el piso de los tranquilos así que asumí que el guardia se confiaba en que nadie iba a hacer lo que yo estaba haciendo en ese momento.
Seguí el camino por el que la enfermera me había direccionado y finalmente llegué al despacho de la doctora Mitzuki. Los archivos de pacientes debían contener nombres y si corría con suerte el mío debía tener el nombre de Shaoran registrado, así lo esperaba aunque no tenía muchas esperanzas.
Encontré, con una suerte que antes no me había cargado, que el archivo se encontraba también abierto por lo que fue fácil desliar mi mano sobre las carpetas que contenían apellidos con la letra K. Pero a pesar de que busqué mi nombre en todas ellas no aparecía por ninguna de ellas, me parecía extraño ya que mi apellido era Kinomoto…
A menos que…
Súbitamente mis manos se deslizaron por los folios de los apellidos empezados en L. Encontré mi carpeta en el numero 3 de orden.
La sostuve en mis manos por unos momentos preguntándome porque en esa carpeta aparecía como Sakura Li y no como Sakura Kinomoto, si, si la memoria no me fallaba, Shaoran había tramitado nuestro divorcio mucho antes.
Abrí la carpeta ya sin nada más que esperar cuando vi todo el historial médico.
Lo leí palabra por palabra dándome cuenta de los muchos errores que había cometido. No podía detenerme mucho a analizar cada uno de ellos porque sabía que no tenía tiempo y que si la recién encontrada suerte me abandonaba el vigilante iba a encontrar que mi habitación estaba vacía.
Luego del historial había más cosas, había recibos de pagos millonarios a los que no entendía mucho, leí cada uno de ellos en donde especificaban varios de los detalles que rodeaban a la habitación donde me encontraba. Las cantidades eran cuantiosas y todas estaban giradas desde la cuenta personal de Shaoran Li. De hecho el pago de la hospitalización en este lugar no la estaba cubriendo en nada mi seguro médico. Todo, desde el último miserable vaso con agua, había sido pagado por Shaoran.
Sentí un vacío en el estómago seguido por una sensación de pesadez irreverente. Enterarme de esto ahora no me beneficiaba nada, especialmente cuando terminé de pasar las hojas y encontré ella última la certificación de matrimonio que yo misma había firmado en donde constataba que era la esposa de Shaoran Li.
Cerré la carpeta lentamente y me deje caer en la silla mientras miles de sentimientos encontrados comenzaban a desvendarme los ojos.
¿Por qué él había hecho todo esto? ¿Por qué había pagado mi hospitalización en este sitio y había aportado tanto dinero para que me mejorara? ¿Por qué seguía casada con él?
Lo más chocante y a la vez curioso es que, el único que podía responder a estas preguntas era Shaoran. Preguntarle algo como esto a la doctora Mitzuki revelaría que andaba husmeando en su despacho y eso no sabía lo que acarrearía. Suspiré pesadamente dándome cuenta de que esta era el pequeño empujón que necesitaba para… para escuchar lo que Shaoran tenía que explicarme o al menos lo que tenia para decirme, tal vez eso aclarara algunas cosas.
Finalmente encontré lo que buscaba al final de la ultima pagina, allí estaban los teléfonos del "cónyugue". Tomé el teléfono que había a la derecha y lo anoté en una hojita de papel, luego devolví la carpeta a su lugar y salí del despacho silenciosamente. Caminé hacia el teléfono que había comentado antes y marqué los números que había anotado.
Timbró cerca de tres veces hasta que finalmente contestó una mujer. Reconocí la voz de Chiharu, la mujer que me había querido y me había odiado después, parecía somnolienta y bastante enfurruñada por mi llamada a esa hora de la madrugada.
–¿Casa de Li? –dijo tosca.
Yo me quedé petrificada, sin saber realmente que decir. Sopesé miles de opciones en ese segundo, o esos segundos que pasaron mientras Chiharu inquiría lentamente al que había llamado para que respondiera.
–¿Cree que estas son horas de jugar? –dijo más severamente.
–Chiharu… –murmuré mientras cerraba los ojos y me dejaba caer al destino que pareció llamarme en ese sueño que tuve antes–. Soy… Sakura.
–Señora… –dijo Chiharu y pareció despertarse del todo–. Señora, lo siento mucho, yo… no la reconocí.
Entendía por el mote de señora que ella también sabía que continuaba casada con Shaoran. Intenté no molestarme ni sorprenderme por este hecho, tenía cosas más importantes que hacer.
–Necesito hablar con Shaoran –dije tan rápidamente como fui capaz. Pensé que ella no me había entendido porque se quedó en silencio mucho tiempo. Luego, como si hubiera reaccionado de repente, dijo:
–Por supuesto, lo comunicaré en un momento.
En el tiempo en que se demoró en pasar la llamada pensé en si debía cortarla, si debía quedarme en silencio y no decir nada, en…
–Sakura, ¿eres tú? –pregunto la voz ronca de Shaoran, parecía bastante preocupado por el tono de su voz, me recordaba a la misma voz que había escuchado cuando llamaba mi nombre a gritos cuando estaba en la bañera–. ¿Estás bien? –volvió a preguntar más alto.
–Estoy bien –dije solamente. No sabía cómo expresarme en ese momento, no sabía cómo decirle que necesitaba hablar con él cuanto antes sin derrumbarme–. Yo… yo… necesito…
Él se quedó en silencio dándome la prerrogativa de que explicara la razón de mi llamada y a estas horas.
–Tú… te debes estar preguntando qué… qué hago llamándote… creo que sería mejor que… –estaba comenzando a divagar sin sentido lo cual no era lo que esperaba, porque si de esta manera era telefónicamente, no sabía lo que podía pasar si se acercaba a mi nuevamente.
–Puedes llamar a la hora que te plazca… esta casa es tuya también.
Cerré los ojos cuando evoqué su rostro intentando imaginármelo diciendo estas palabras. Suspiré intentando aligerarla presión en mi pecho luego dije sin más preámbulos esperando haber sido lo suficientemente clara y concisa.
–Voy a escucharte, pero nada más que eso –al menos por el momento… un momento, ¿acaso yo acababa de pensar eso? Esperaba no haberlo manifestado en voz alta–. Te dije en el cementerio que… necesitaba tiempo. Y aun lo necesito, pero quiero tomarme ese tiempo en… sabiendo lo que tienes que decirme.
Él se quedó callado unos momentos, como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo, ni yo misma podía creerlo. Luego tosió un poco y me dijo:
–¿Cuándo podremos hablar? –su voz sonaba tan impaciente como yo me sentía. Quería decirle que si podía llegara acá ya lo hiciera pero me llené de sentimientos de compasión y antes de poder pensarlo más le dije:
–Mañana, a primera hora.
–Estaré allá –dijo prometiendo solemnemente. Sonreí sin poder evitarlo pensando en un niño haciendo promesas, pero esperaba no ablandarme tanto como para… muchas cosas.
–Yo… estaré esperando –y vaya si lo haría.
Cuando la línea se cortó sentí una especie de vacío en mi interior al dejar de escuchar su voz, con lo que confirmé nuevamente que mis sentimientos por él continuaban impolutos.
Debía avisar a la doctora Mitzuki de su visita, ella debía saberlo y debía autorizarme para verlo. Me sentía preparada pero sabía que ella era la que daba la última palabra.
Salí de el pasillo lo más ligeramente que pude, pensando en demasiadas cosas la vez e imaginando también muchas veces como se desarrollaría ese encuentro. Las manos volvieron a temblarme como un gesto convulso cuando pensé en si se daría ese tipo de cercanía que hacía que mis defensas auto impuestas cayeran como moscas ante el insecticida.
El resto de la noche la pasé sentada en la cómoda mecedora que ahora sabía que él había pagado también, como todo lo demás. Pedí a la enfermera que dejó el desayuno en mi mesa móvil que le dijera a la doctora Mitzuki que debía hablar con ella urgentemente.
No me cambié el pijama, no tenía intención de lucir nada que pudiera… ¡Ah! ¿En qué demonios estaba pensando?
Finalmente estaba haciendo caso a Tomoyo e iba a escucharlo, no iba a hacer nada más ¿o sí?
Aproximadamente una hora después la doctora Mitzuki entró a mi habitación. Pero antes de que pudiera hablarle ella me habló a mi primero.
–No voy a ondear sobre cómo es que pasó esto, pero allí afuera está el señor Shaoran Li diciendo a gritos que necesita verla porque usted se lo pidió, ¿es eso cierto?
La miré reposadamente queriendo serenarme un poco al saber que él ya estaba ahí… tan pronto…
–Es cierto –murmuré más para mí que para ella–. Yo le llaée y le pedí que viniera a hablar.
Ella me contempló por varios segundos como sopesando la situación.
–¿Cree que se encuentra lo suficientemente bien para confrontar esta situación? –también había preocupación en su voz y eso me sobrecogió un poco.
–Creo… tener la suficiente para no desvanecerme ante él, sí –respondí.
–Esa no es la respuesta que esperaba –dijo ella taladrándome con los ojos.
–Yo… –pero, ¿qué podía decir…
–Escúcheme, Sakura, no tiene que hacer esto…
–Pero quiero hacerlo… debo hacerlo… usted no lo entendería –dije llanamente.
–Inténtelo.
Finalmente la miré a los ojos y me di valor para contarle lo que había soñado horas atrás.
–Nunca había tenido un sueño tan vivido… y sé que está tratando de decirme algo… no me está forzando a tomar una decisión, solo quiere darme más opciones de las que ahora tengo… –dije explicándome. Explicando mi repentino cambio de decisión.
–Como profesional en la psicología entiende que no puedo creer que un sueño pueda ser una señal de cómo actuar. Tal vez un aliciente para lo que queremos profundamente, pero no una señal.
–Yo… quiero tomarlo como tal… necesito hacerlo… –mis hijos me lo pedían, calladamente, desde donde estaban, pero lo hacían, y el llamado de ellos, ese si nunca podría ignorarlo–. Por favor déjeme hablar con él. Necesito que él me hable.
La compasión se dibujó en el angelical rostro de la doctora Mitzuki. Luego asintió lentamente finalmente aceptando mi decisión.
–En un momento estará aquí.
Quise vestirme con mi manto de dignidad, quise mostrarme dura y fría, inconmovible, dispuesta a escuchar pero a seguir pensando lo peor de él. Pero apenas pude lograr que dejara de temblarme todo el cuerpo sobre la mecedora.
Escuché que la puerta detrás de mí se abría y se cerraba con suavidad. No lo miré. Solamente le pedí que se sentara en la cama, que estaba, por la magnitud del cuarto, prudentemente alejada de la silla mecedora en la que estaba sentada.
–Te escucho –dije solamente, pero incluso en mi voz era evidente que estaba demasiado nerviosa.
–¿Puedo pedirte algo antes de hablar? –dijo él. Hice un amague involuntario de voltear a verlo pero persistí con la mirada fija en los prados de la clínica.
–Si está en mis manos darte lo que pides –respondí irreflexivamente esperando que no se le ocurriera tomarse al pie de la letra lo que tan fácilmente le estaba ofreciendo.
–¿Podrías mirarme mientras te hablo?
El simple pedido consiguió golpearme con la fuerza de un cañón. Si lo miraba no sería capaz de mantenerme rígida y erguida ante las posibles consecuencias de escucharlo… no sabía qué hacer salvo dejar que los segundos pasaran posteriores a su pedido extraño.
Me pregunté si podía perder algo, aparte de mi propio orgullo al mirarlo, y como si mi cabeza tuviera voluntad lo miré desde mi mecedora, deteniéndome por deleitantes segundos en su atractiva figura. Intenté mantenerme fuerte y lo conseguí pero debía darme crédito ya que fue demasiado difícil.
–Gracias –dijo él sencillamente mientras acomodaba su trasero sobre mi colchón. No dejé de mirarlo y esperaba que mis ojos no me traicionaran hablando por ellos mismos.
–Creo que debo iniciar por… por lo que me hizo ser como soy –suspiró pesadamente y continuó–. Cuando tenía diez años mis padres fallecieron en un accidente de tránsito… desde ahí fui criado por un tío lejano que me mandó a un internado militar masculino en donde crecí mientras él administraba la fortuna de mi padre, mientras me volvía lo suficientemente mayor y preparado para hacerme cargo.
"Fueron años… difíciles, aún era un niño y el verme privado de… del amor de una madre, de la guía de un padre me hizo volverme callado, frío y serio. Adquirí conocimiento sobre todo lo que necesitaba ser para conquistar el imperio de mi padre. En los estudios era igual. La ambición me movía y no conocía nada más que el hecho de hacer más y más dinero cada día"
"Hasta que tuve edad suficiente para heredar el imperio de mi padre. Desde ahí la vida cambió un poco, administré mis propios negocios. Tenía mujeres en variedad'' –se me escapó una carcajada sarcástica que trate de disfrazar de tos al parecer consiguiéndolo, me sentí un poco estúpida por sentir esos celos quemándome las entrañas al imaginarlo a él con "variedad" de mujeres, pero que callé, mas no lo hicieron así las hondas pinchadas en mi piel, debía comprender que eso era pasado… o así debía ser– ''y consideraba mi vida perfecta, hasta que un día… descubrí que no todo lo que tenía era mío, mi padre tenía otro capital con el que no había contado y necesitaba de ese capital para llevar a cabo un proyecto que sería generador de empleos y mucho dinero. Pero no podía invertir un capital que necesitaría mas adelante como era el mío en esos momentos, así que ese capital serviría, pero me entender que no era de mi padre, por consiguiente no era mío. Mi padre había legado una parte pequeña de su fortuna a una niña sin siquiera nombre que, según creo haber llegado a la conclusión correcta, había llegado a su hospital el mismo día en que me enfermé de gastroenteritis'' –sabía que mi propia mirada había tomado una tonalidad neutra, y seguía escuchándolo recordando que hacía diez meses me había contado la misma historia, pero en el momento en que quería destruirme y con muchas palabras diferentes y dolorosas– ''Debía buscarla, en esos momentos esa avaricia que poseía por tenerlo todo me impulsaba a buscar a la forajida y quitarle lo que no le pertenecía. Puede que mi padre en pleno uso de razón así lo quisiera, pero pensé que él había muerto y que ahora todo era mío, el proyecto era muy ambicioso, tanto o más que yo, necesitaba llevarlo a cabo cuanto antes. Por eso pedí a mi abogado de confianza que encontrara el paradero del o de la heredera de mi padre, en su momento lo que tenía la persona en su poder no valía nada, pero con el paso del tiempo llego a valer media fortuna".
"Finalmente la encontré, pero ella no era nada como la había imaginado, no era nada…'' – trató de medir sus palabras pero seguía hablando, me había sentido como nada durante mucho tiempo atrás, por eso su definición de mi en esos momentos no me afecto–. ''No era nada en ese momento. Yue dijo que la única posibilidad de hacerme con la fortuna era casándome con esa persona y siendo por tanto el portador legal de esos bienes por ser su esposo. Consultamos en muchas situaciones jurídicas pero esa fue la única opción, y no estaba dispuesto a ceder, la avaricia me cegaba y no podía ver mas allá."
"Así que lo hice, contra mis principios, contra todo pronóstico, encontré a la heredera, me acerqué a ella, la seduje y me hice con el dinero que tanto ansiaba'' –las palabras sonaban frías, pero en todas ellas parecía brillar la lumbre de la explicación y no del desdén–. ''Aun mientras la seducía, algo en el fondo de mí me decía que iba a cometer un error de gravedad, pero la avaricia me ensordecía, me cegaba."
"Entonces ocurrió algo con lo que no contaba. La heredera tenía algo que nunca había visto desde que mi madre murió, algo que echaba de menos terriblemente y que, egoísta como era, también quería tener. Todos los días me decía que era por el dinero, pero más tarde comprendí que era el grito callado de todo lo que extrañaba desde que mi madre se murió. Ella me sedujo… caí en sus brazos libremente sintiéndome más cómodo que nunca. Comencé a desearla sin control alguno, como nunca me había pasado antes, ella no era el tipo de mujer que solía gustarme, pero de repente dejé de mirar a las demás por solo verla a ella, la tocaba y ardía. La tenía en mis brazos y sentía que un pedacito de la felicidad que me había sido robada se compensaba con ella. Todo estaba planeado para que durara tres meses. Luego de esto podría abandonarla sin ningún remordimiento por haber cumplido mi cometido, pero las cosa se me complicaron, porque por encima de lo que tenía que hacer puse lo que quería hacer. Quería seguirme perdiendo en ella por más tiempo, quería terminar de saborear los placeres entre los que me revolcaba feliz, placeres que solo ella era capaz de darme''
Tuve el mal gusto de sonrojarme ante sus palabras. Sabía, evidentemente, que estaba hablando de mí, pero aun así se sentía raro que estuviera hablando de "la heredera" como si no se tratara de mí sino de otra persona.
–''Pero entonces recibí un aviso anónimo, desconocido, en donde era advertido de que ella me estaba engañando. Me dio más duro de lo que siquiera llegué a imaginar, tal vez porque, inconscientemente, le había dado a ella todo de mí, mi confianza, mi amor, aunque en ese momento tampoco lo sabía, mi vida entera. Y ella lo destruía todo viéndose a escondidas con un camarero que habíamos conocido con anterioridad. No tenía idea de quién mandaba las imágenes que llegaron por correo, solo supe que la ira, los celos y la decepción hicieron una pesada combinación en mí, tan pesada que me cegaron ante lo que podía hacer en el estado en que me encontraba, lo que podía lastimar…'' –bajó la cabeza un momento mientras, sin poder evitarlo, ambos rememorábamos ese fatídico momento, cuando él derribó todas mis esperanzas de ser feliz con sus atroces palabras–. ''No podía ver nada más allá de ellos dos abrazándose, no podía ver que, mirándolo de cerca, era un abrazo de amistad. Todo lo que podía ver era a ella, a quien inconscientemente había dado todo, traicionándome. Quise herirla, así como me sentía yo, sin importarme las consecuencias decidí revelarle crudamente la verdad del matrimonio, la verdad de ese momento, porque la situación de ese matrimonio era lo más perfecto que me había pasado nunca. Le dije palabras horribles, y en ese fugaz y maldito momento me sentí orgulloso de ver como su rostro se contraía de dolor ante cada palabra que pronunciaba. Luego ella se fue, creí que había sido lo mejor, pero gracias a ella me había vuelto un eunuco, ella y solo ella podía encender el deseo en mi sangre, un pensamiento sobre ella y todo mi cuerpo clamaba por su regreso. Quise saber de ella en muchas oportunidades pero me negué a volver a ser débil. Quise retomar mi vida en el punto en que se había detenido por haber forjado la idea de seducirla'' –comenzaba a entender lentamente los motivos que habían llevado a Shaoran a tratarme como lo hizo, no quería decir que lo estaba justificando, aunque todo mi cuerpo así lo quería, solo que comprendía un poco–. ''Pero a pesar de que se sentía igual, nada ya era lo mismo. –se cayó por unos momentos y se pasó las manos por el cabello, aproveché ese breve momento de pausa para mover mi cabeza y cuello, el ultimo se había entumecido por la incómoda sensación de escucharlo desde la silla volteando el cuello para verlo, así como lo había pedido–. Unos meses después me topé con quien había contribuido a mi desgracia, con el camarero que me dijo la verdad, me dijo la realidad de lo que había pasado entre los dos'' –sacudió la cabeza–. ''Me sentí como la rata más miserable del mundo, como un asqueroso ruin, arruina vidas que había casi matado verbalmente a la única persona que me había importado tan profundamente".
"Pedí a Yue que la encontrara por mí, porque no me sentía con la suficiente entereza de buscarla yo mismo, porque no tenía derecho ni siquiera a pensar en ella. Cuando la encontró me reveló la verdad, algo que, si mi instinto no me fallaba ella había tenido intención de contarme solo minutos antes de que yo diera por terminado todo. Me enteré que había quedado embarazada, de mí, y que ambos hijos habían muerto. Luego mi mente trabajó más rápido que nunca después de esos meses lentos y torturadores, recordé en una ocasión, cuando le hice el amor apasionadamente, momentos después, ella me dijo que si no había razones para vivir, ella misma terminaría con su vida - su mirada viajó hacia mis brazos y muñecas, sabía que estaba tratando de mirar lo que tenía en ellas muñecas, las huellas de mi fallido intento de suicidio, el que había llevado a cabo por mi desgracia– y supe que tenía que buscarla y pedirle perdón de rodillas, corrí a la que sabía que seguía siendo su casa, corrí como si mil demonios me persiguieran solo para encontrar el despojo de mujer en que yo la había convertido, metida en una bañera con agua manchada de sangre y más pálida que la muerte misma. Sabía que la había conducido a esto, o al menos tenía el mayor porcentaje de la justificación de sus actos. Sin pensarlo el saque de allí, la llevé en mi auto a ese hospital donde nos conocimos sin saberlo, allí la dejé en las manos de los médicos rogando por que se salvara, rogando por que los cielos me dieran una oportunidad de enmendarme. Pero casi muere, casi pierdo la única posesión pura y cristalina que había tenido bajo mi dominio. – sus ojos no podían mentir, no era el mismo lenguaje que había visto tiempo atrás, antes estos ocultaban algo…ahora estaban abiertos en todo el esplendor de la sinceridad, llenos de algo torturante - Y supe que me iba a odiar toda la vida, indirecta y directamente a la vez yo era la causa de todo su sufrimiento e iba a ser la causa de su muerte. El camarero me reitero en ese momento la verdad de su relación con ella, y fue clara en ese momento como no lo había sido antes, había dejado que los celos me llevaran y había destruido una vida". "Intente encontrar mis contactos perdidos con la iglesia, con Dios, obtuve cierto grado de paz, peor sabia que nunca seria redimido de todos los horribles pecados que había cometido. Pero sería escuchado…en mis manos callo el artífice responsable de todo… un hombre que había intentado violentarla cuando pequeña…y que se obsesiono por hallarla y destruirla por no haber logrado su objetivo… fue el de quien recibía las fotografías que acabaron con todo lo que teníamos… el llego a buscarla para asesinarla y pude vengarme de sus intenciones, no como realmente habría querido…- sus ojos se oscurecieron con algo que interprete como deseo de venganza, de muerte – pero eso no era suficiente, nada lo seria nunca- súbitamente, la voz se le quebró en ese instante y quise saltar de mi silla a abrazarlo pero me contuve de ese acto, aun no estaba preparada para perdonarlo. – ella vivió, y supe que dedicaría cada segundo de mi vida desde ese momento a hacerla feliz, a ayudarla a conseguir la felicidad que durante tanto tiempo le fue negada. Pero la parte egoísta en mi quiso lo imposible, recuperarla, decirle que después de todo eso que había pasado, desde mucho antes incluso que yo lo supiera, había caído en su red, me había conquistado, había caído en sus brazos…me había enamorado de ella- Sus ojos volvieron a buscar los míos en ese momento y fui incapaz de retirarle la mirada, y supe que estaba diciendo la verdad… - luego decidió recuperarse…se fue a una clínica que yo pague, porque me parecía lo menos, mucho menso que podía hacer por ella. Por que estuviera bien habría dado hasta lo que no tenia. La anhelaba en secreto todos los días, ansiaba que el tiempo retrocediera a esa época en la que ambos, ambos fuimos felices, ansiaba poder retractarme de todo lo malo que le había dicho y poder habérselo hecho saber de manera en que no sufriera, me entendiera y se quedara conmigo. Pero sabía que nada de eso era posible y que ella nunca iba a olvidar que había perdido dos hijos míos, dos hijos que he llorado tanto como he podido hacerlo, nunca llegaría a los talones de tu sufrimiento, Sakura… pero me han dolido casi tanto o más como cuando perdí a mis padres. Eres todo lo que tengo – ahora se dirigía a mi… pero se detuvo a un par de pasos y antes de que yo pudiera prever lo que estaba haciendo cayó sobre ambas rodillas, humillándose. – te pido de rodillas que me perdones, no te pido que olvides, solo que aprendas a perdonarme…que vuelvas a amarme como solías hacerlo…nunca nadie me dio tanto como tú y tan desinteresadamente, y yo no supe aprovecharlo, te pido una segunda oportunidad, una para demostrarte…que he cambiado… y que te amo y te amare toda la vida, y que me gastare esta compensando todo lo que has tenido que sufrir.
Permanecí en silencio mirándolo desde arriba, pero lo curioso es que no me sentía superior, ni con deseo de venganza satisfecho, solo sentía una profunda compasión que no estaba segura como lo lograba. Ahora muchas cosas que antes no habían sido quedaban claras.
–¿Por qué sigo casada contigo? –pregunté tratando de modular mi voz a una neutra y también saliéndome un poco de contexto.
Él no se levantó desde su posición, tan solo me miró y negó con la cabeza.
–Quería divorciarme de ti, quería acabar contigo, no sé cómo explicarlo pero nunca pude firmar los papeles que anulaban el matrimonio. Luego, cuando pasó todo lo que paso me apoyé en esos papeles para ser tu protector legal sin necesidad de acuerdos jurídicos ni nada por el estilo, con este certificado de matrimonio podía poner a tu disposición tu propio dinero, el mío y mis influencias para que tuvieras lo mejor y tu recuperación fuera pronta y satisfactoria. Pero todo eso era en segundo plano… no me divorcié de ti porque mi propia alma, aunque se negaba a aceptarlo, te amaba, te ama con locura.
El silencio volvió a hacerse presente, pero esta vez no estaba cargado de frialdad, estaba cargado de una pasión desconocida, bajé las piernas de la silla y volteé todo mi cuerpo hacia la figura del, que permanecía arrodillada a unos metros de mi. Volvía a morir por abrazarlo, y estaba sucumbiendo, lo supe cuando me puse de pie sin detenerme y quede parada frente a él, con mi regazo a centímetros de su cabeza. Sabía que tenía los ojos llenos de lágrimas, y sabía que todo este dolor que de repente volvía a mi era porque a pesar de todo, y a pesar de nada a la vez, sentía el perdón, la compasión creciendo dentro de mí. ¿Por qué solo con sus palabras podía derrumbarme? Volvía a mirarlo, ahora desde mucho más arriba, y no me atrevía a abofetearlo, a desdeñarlo como él lo había hecho conmigo, no sentía ningún deseo de lastimarlo como él me había lastimado, venganza… ¿para qué? Si al fin y al cabo seguía amándolo como el primer día. Volvía a estar en una encrucijada y no sabía cómo salir, como responder, tenía el presentimiento de que iba a cambiar algo en mi cuando lo escuchara y así había sido… necesitaba… tiempo.
Sonaba estúpido y rebuscado, pero necesitaba tiempo… no sabía cuándo, no sabía cómo, las lágrimas abandonaron mis ojos mientras él, sin habérselo permitido yo, o sin poder contenerse rodeó mis caderas con sus brazos y enterró su cabeza en mi regazo…
¿Eran sollozos lo que escuchaba? Antes de poder evitarlo mis propias manos se perdieron en sus cabellos como hacía mucho tiempo no lo hacía… conservaban esa suavidad masculina que siempre lo había caracterizado, y si, su cabeza temblaba… estaba llorando… lloraba por mí, como un niño pequeño, como un hombre sufriendo… como un hombre enamorado.
No supe por cuánto tiempo permanecimos allí, él abrazándome por las caderas y yo sosteniendo su cabeza en mis manos. Luego, su llanto cesó… no así el ansia que me consumía por dentro, algo que me obligaba a actuar sin pensar en las consecuencias, antes de preverlo me puse de rodillas para estar a su mismo nivel y tomé su rostro entre mis manos para poder besarlo con voracidad.
Estaba traicionando a mis principios, pero así como él decía haberme echado de menos yo lo había echado de menos a él mucho mas. Succioné su labio inferior con fuerza mientras las lágrimas de debilidad volvían a correr por mi cara y se mezclaban con las de él inexorablemente.
Tampoco pensaba de él como menos hombre por llorar, al fin y al cabo estaba siendo presa de sus emociones y sospechaba que alguien como Shaoran, tan frío y educado así, no estaba acostumbrado a dejarse llevar de esa manera.
Él soltó un gruñido bajo y oscuro antes de meterme las manos entre el cabello y empujarme aun más hacia él.
Comenzó una danza salvaje entre nuestras bocas, es cierto que había recibido besos apasionados de él, pero me parecían contenidos, como si nunca se dejara ir del todo, este era diferente, estaba cargado de muchas cosas y ninguna de ellas era sanamente educada. Me colgué de su cuello aun de rodillas y casi nos caemos, pero él recuperó rápidamente el equilibrio tanto así que no sé cómo se puso de pie llevándome consigo.
No podía pensar en nada más que en su boca luchando contra la mía, en sus manos sosteniéndome con fuerza contra él, ni en mi propio cuerpo aferrado con pierna y brazos contra el suyo.
Sus manos me sostenían la espalda, esta que sin saber cómo choco contra una pared de mi habitación suavemente, ambos gemíamos extasiados pero no importaba nada más que los dos sofocando eso que sentíamos.
Ahora, solo ahora entendí que Shaoran si me quería, pero tenía que pensar en lo que pasaría en el futuro… con mi padre… si lo tenía… con nosotros, si había futuro.
Todo parecía carecer de sentido cuando ambos caímos sobre mi cama, él encima mío. Sus manos me tocaban con fuerza, como si no pudiera contenerse, como si echara de menos todo esto. En mi mente no había cabida para los recuerdos amargos porque solamente tenía en la cabeza las palabras que el había pronunciado hace poco, la palabra, amor.
Luego súbitamente todo se detuvo, y curiosamente no fue por mí sino por él. Sentí su frente apoyándose contra la mía y su aliento agitado golpeándome la cara.
–Sakura… –murmuraba mi nombre con pasión–, Sakura….
No supe por cuánto tiempo escuché mi nombre en sus labios, pero cada uno de ellos me parecía un bálsamo que se derramaba por mi piel ardiente, calmando el deseo y a la vez encendiéndolo aun más. Era sorprendente que aun después de todo lo deseara de la misma manera en que lo amaba, y que tuviera tan presentes como tenía sus palabras, sus caricias a mi cuerpo y su devoción a él.
Finalmente se retiró de encima de mi cuerpo pero mantuvo un brazo sobre mi cintura sin duda temiendo que me levantara y me alejara, y aun había partes de mi que querían hacerlo, pero definitivamente esto ya se había salido de todo mi control.
–Lo… lo siento –dije aunque sabía que tenía mejores argumentos que presentar pero las palabras que eran simplemente se negaban salir de mi.
–No lo hagas… porque yo no lo siento en absoluto –susurró contra mi oído acostado a un lado de mí.
–No sé… qué decir… qué decidir… –pensé en voz alta pero finalmente trasmitiéndole mi miedo.
–No tienes que decir nada… las cosas van a darse si así tú lo quieres… No te voy a presionar ni voy a hacer nada en contra de tus deseos.
Asentí con la cabeza mientras concentraba mi mirada en el techo e intentaba ignorar el calor de su mano que me sostenía presa contra la cama.
–¿Sabes? –pregunté como si esto que estábamos haciendo fuera algo cotidiano–. Ayer me hice unas pruebas de paternidad con uno de los internos de esta clínica que puede llegar a ser mi padre.
Él permaneció en silencio, como si estuviera sopesando mis palabras luego escuché su voz nuevamente en mi oído.
–Ya lo sabía –parecía que confesarlo le daba un poco de vergüenza.
–¿Cómo? –dije mirando todavía hacia el techo.
–Tenía que dar la autorización como tu representante legal.
Así que él lo sabía... no supe que concluir de este hecho especialmente cuando le había escuchado decir que era de él y que no iba a dejar que nadie me apartara de él.
–¿Qué va a pasar si resulta ser cierto?
Él volvió a quedarse en silencio unos momentos.
–No lo sé –contestó después de unos momentos–, solo que… nadie va a impedirme acercarme a ti.
No entendía cómo podían enterarse ellos de lo que había vivido con Shaoran, en cuyo caso sería seguro que no lo dejarían acercarse a mí… y si resultaban ser mis parientes el nivel de consanguinidad con ellos era más alto, no importaba si era la esposa de Shaoran aun…
Permanecimos así mucho tiempo ambos respirando acompasadamente. Retiré su mano de mi cintura y me senté en la orilla de la cama alisando mi ropa. Él hizo lo mismo que yo solo que se quedó mirándome sentado, volvía a quedarme sin palabras inexorablemente.
–Yo… debo irme –dijo él quitándome el peso de encima, pero nada pude hacer con la sensación de pesar en mi pecho ante su marcha–. No quisiera malentenderte pero… aun no sé si decidiste algo.
¡Ay! vaya que me dio duro en la tranquilidad. Suspiré pesadamente y le dije:
–Ahora que… sé las razones de tu… de lo que pasó, creo que… necesito pensar qué decisión tomar. –él me miró ya de pie y antes de darse la vuelta me dijo algo aunque en su voz se podía leer que le costaba bastante decirme algo como eso.
–Entonces volveré cuando me lo pidas.
No sabía si volvería a armarme del valor necesario para pedirle algo así pero asentí irremediablemente.
–Antes de irme… ¿puedo pedirte algo más?
Volví a asentir porque no me sentía capaz de hacer nada más.
–¿Podría darte un beso?
Las mariposas comenzaron a revolotear entre mi estomago ante el inusual pedido. Pero sabía que ahora, con todo lo que había pasado, no tenía sentido negarle algo tan simple. Aunque me cocinara entera con solo hacerlo.
Lo miré y él se acercó se arrodilló en una pierna y acercó su rostro al mío, hasta que nuestros labios y solo ellos estuvieron en contacto. Fue un beso lento, embriagador y apasionado, ninguna otra parte de nuestros cuerpos entro en contacto. Luego se fue y yo me quedé sentada en mi cama durante más tiempo del que podía imaginar pensando… pensando… En qué criatura tan pensante me había convertido.
Creo que hasta casi me dormí con los ojos abiertos por que a media tarde una de las enfermeras me despertó y me dijo que estaban esperándome en la oficina de la doctora Mitzuki.
Cuando entré vi que los hermanos de Fujitaka se encontraban ahí. El escritorio de la doctora Mitzuki estaba vacío salvo por el sobre que resaltaba entre la madera.
Saludé con lo que esperaba que fuera cortesía esperando que mi corazón, después de mi encuentro con Shaoran fuera lo bastante fuerte para soportar otra emoción de este calibre.
La doctora Mitzuki llegó en ese momento y se sentó saludándonos a todos. Los hermanos de Fujitaka decretaron que fuera ella quien abriera el sobre, lo cual se limitó a hacer lo más rápido posible para evitarnos la incertidumbre. Luego se tapó la boca con las manos mientras leía el resultado. Me pasó el sobre primero a mí, aunque me pareció una falta de educación con ellos que eran los primeros interesados… claro que a mí también me interesaba pero me parecía que ellos…
"Prueba de compatibilidad cruzada" Se cotejaban una serie de números y luego nuestros nombres… y en la parte de abajo, la que tarde más tiempo en leer y mucho más tiempo en asimilar antes de que el sobre se me cayera de las manos decía:
"98% Compatibilidad"
Intenté respirar mientras miles de emociones me atravesaban el cuerpo… Según ese resultado existía un 98% de probabilidad de que Fujitaka fuera mi padre…
Los hermanos de Fujitaka tomaron el resultado… ambos se miraron y luego me miraron… Yo me senté en la silla sin poder mantenerme un minuto más en pie. Pero fue mi más fiero deseo que Shaoran estuviera ahí conmigo lo que casi me hace colapsar, no tenía idea de que hacer y por extraño que pareciera quería que él estuviera ahí… lo necesitaba ahí, acababa de darme cuenta de que estaba a menos de medio paso de perdonarlo.
Mis "tíos" no hicieron nada para acercarse a mi aunque podía ver aun a distancia que ese era su más fiero deseo. Ahora que sabíamos que lo eran ellos se iban a enterar de que estaba casada y que mi marido era quien pagaba mi estancia en esta clínica, anexo a esto sabrían que tenía una herencia brindada por un hombre desconocido y… tantas cosas.
Después de tantos sentimientos encontrados el último de ellos me sobrecogió más.
¿Cómo íbamos a decírselo a Fujitaka?
¡Hola! Sé que a algunas les prometí tardar uno o dos días. Quiero terminar el fic cuanto antes, para empezar otro proyecto. No quiero entremezclarlos, así que... No quiero empezar otro fic (a no ser que sean los de mikki) antes de terminar este. Es importante para mí, mi primer fic.
Por cierto, gracias a moonlight-Li por avisarme de mi pequeño error con el nombre de Eriol. Son pequeños detalles, pero me gustaría corregirlos (ya está hecho el cambio, ¡gracias!), sólo para que no os confundáis.
Cada vez queda menos, y queda menos para mi viaje a Francia (sí, yo voy a todos lados). Me iré en septiembre, y estoy segura de tener este fic terminado para entonces.
Saludos =)
lady Evelyne
