Capítulo 26. Fin de año.

¿Que estaba nerviosa? Mucho. No había visto a los padres de Raven más que cuando los conoció y una vez más que fueron a ver a su hija a Phoenix. Parecía que era una familia que no dejaba de moverse, aunque según le contó su chica llevaban viviendo allí un par de años. La verdad era que tenía que ser muy relajante el poder estar día tras día en mitad de la montaña con paisajes como esos que veían mientras conducían los últimos kilómetros.

Habían dormido demasiado bien en aquel motel y ya dijeron que repetirían allí para la vuelta. Acarició el muslo de Raven y cuando giró para mirarla se sonrieron de nuevo. Colocó la palma de su mano hacia arriba para que entrelazara los dedos con los suyos y vio que volvía a asomarse por la ventana.

—Este sitio es increíble —confesó la mujer, y ella se lo confirmó con un murmullo—. Parece que mejora con el tiempo.

—Ya tenéis algo en común —insinuó, y Raven le dio un apretón divertida.

—Que sepas que he visto lo que has traído, y no sé si voy a dejarte que lo uses aquí.

—¿Qué? ¿Cómo puedes decirme esto cuando ya estamos llegando? —se escandalizó—. Ya no quiero ir —bufó, y recibió con gusto el golpe de la latina.

—Ni siquiera sabes dónde viven mis padres, ¿vas a follarme con ellos en la habitación de al lado? Mis padres no son como los tuyos y sé que te da vergüenza venir.

—Raven… —advirtió y la miró de reojo—. Primero, no sé qué es "vergüenza", esa palabra no entra en mi vocabulario, y, segundo, tienes ya una edad, no tienes que ocultarle a tus padres que follas con cuarenta y tantos.

—La probabilidad del uno por ciento de que sucediese acaba de desaparecer —dejó claro y le dio justo en el corazón, es más, se llevó la mano al pecho porque dolía de verdad—. Es aquí —anunció sonriente, y ella se quedó sorprendida al ver un motel de carretera.

—¿Tus padres son los dueños? —se sorprendió.

—Parece que la comida mexicana es la favorita de los que cruzan estas montañas y deciden quedarse aquí a dormir.

—Oh, por eso llevan aquí dos años… —ató cabos—. Me alegro de que les vaya bien —dijo sonriente, y Raven le guiñó un ojo.

—Están locos por verte otra vez —más nervios, pero Raven consiguió calmarla un poco cuando sujetó su nuca y la besó con suavidad.

En ese momento, su móvil sonó y lo cogió de la guantera, aprovecharía también para avisar a sus progenitores y a su hermana. Vio que tenía varias notificaciones de WhatsApp, pero una llamó más su atención, y supo que Raven notó el cambio en su rostro.

—¿Qué pasa? —se preocupó, y ella sujetó su mano para tranquilizarla.

—Es un número que no tengo guardado —manipuló el móvil con la mano libre y abrió la conversación para leer el contenido, porque las primeras palabras ya habían confirmado quién era—. "Alex, soy Avery —leyó en voz alta—. Siento haber tardado tanto en ponerme en contacto contigo, pero he tenido que darme cuenta yo sola de todo lo que ha pasado. Entiendo que no quieras verme, pero me gustaría quedar contigo y aclarar algunas cosas, al menos que sepas que lo siento de verdad".

—¿Qué piensas? —preguntó Raven, acariciándole el brazo mientras ella seguía observando la conversación.

—No lo sé —suspiró y releyó el mensaje—. No sé por qué ha mandado ahora este mensaje.

—Para aclarar lo que sucedió, lo pone ahí —señaló la pantalla del teléfono con una sonrisa—. Queda con ella y hablad —la animó.

—¿Tú crees que debería hacerlo después de todo?

—Claro —afirmó de inmediato—. Avery es una buena chica, deja que se explique y que te cuente su versión. No os dio tiempo de hablar demasiado cuando la pillaste con ese chico.

—¿Por qué eres tan perfecta? —frunció el ceño mirándola.

—No lo sé —la latina se encogió de hombros y le sonrió—. Me sale solo.

Se inclinó hacia ella y la volvió a besar suavemente. Su relación era así: ninguna de las dos era celosa, estaban seguras de lo que tenían y confiaban ciegamente en la otra. Ella siempre pensaba que tenían que ser gilipollas para fijarse en otra teniendo a Raven Reyes al lado.

Antes de salir del coche, le contestó a Avery que le alegraba escuchar noticias suyas, pero que no estaba en Palo Alto, que si ese era su número la llamaría para verse a la vuelta de las fiestas. Tras hacerlo, llamó a su madre, que se encargaría de dar la noticia a los demás miembros de la familia, pues estaban juntos, y ayudó a Raven a sacar el equipaje. Al entrar en el motel, sonrió divertida cuando vio aquel sombrero mexicano en el mostrador y se lo colocó en la cabeza mientas esperaban al recepcionista.

Vieron salir a Sofía de una puerta que había justo frente a ellas, y la mujer avanzó a paso ligero hacia ellas, atrapándolas en un abrazo.

—Por fin habéis llegado —besó la mejilla de su hija y luego colocó sus dos manos en las suyas—. Estás preciosa, Alexa. Preciosa —repasó sus palabras con voz firme—. Arthur ha salido a hacer unas compras, pero no tardará en llegar. ¿Queréis ver vuestra habitación?

—¿Dormiremos aquí dentro? —alzó las cejas. Uh… Iban a dormir en un motel mexicano: su sueño de toda la vida.

—En una de las habitaciones del piso superior: la mejor. Pero solo porque estás con mi hija —se metió Sofía con ella, apuntándola con el dedo.

—Vamos a verla, vamos a verla —incluso dio saltitos para dar más énfasis a sus deseos.

Cuando llegaron a la última planta, tras subir por un ascensor, Sofía abrió la única habitación que había y ella soltó un gritito al ver la super cama que adornaba la mitad de la estancia. Raven le dio un codazo disimulada. La madre de su chica les hizo un pequeño tour por el sitio, decorado al puro estilo mexicano, y acabaron observando las geniales vistas de las montañas y el lago en el balcón del que disponían.

—Este sitio es increíble —apreció mientras estaban sentadas en unos sillones—. Es normal que no os queráis mover de aquí —miró a Sofía, que sonreía mientras acariciaba distraída el pelo de Raven. Sabía que siempre le echaban mucho de menos, pero que estaban increíblemente orgullosos de todo lo que logró sola mientras vivía su propio infierno.

—Ya sabéis que podéis venir cuando queráis. En verano Arthur y yo nos damos unos buenos baños en el lago —señaló el lugar concreto, que quedaba justo tras el hotel. Podría ser como su playa particular.

—¿Y no está fría el agua aquí en las montañas?

—Está ideal —rebatió Sofía—. Raven, tú viniste este verano.

—Está muy buena, y más si trabajas toda la mañana moviendo cosas de un lado para otro —aportó su chica, y ella le sonrió. La imagen de Raven en bikini en aquel lago de aguas frías fue muy interesante para su mente más perversa y lasciva.

Vio que Raven negaba con media sonrisa, posiblemente había pillado qué pasaba por su mente.

—Guardad vuestras cosas en el armario y bajad para saludar a la familia. ¿Mando que os preparen algo de comer en la cocina?

—¡Por favor! —suplicó colocando las manos bajo su barbilla.

—¿No habéis comido nada por el camino?

—Tu hija solo se gasta el dinero en ropa —protestó, cruzándose de brazos y sonrió al escuchar la queja de Raven.

—Creo que tienes un problema con la ropa, Rave —dijo su madre, levantándose—. Ya hablaremos de eso a solas. No quiero ponerte en evidencia frente a tu chica —le guiñó un ojo y le sonrió: adoraba a su suegra.

Cuando se fue, miró a Raven con una ceja alzada, pero la mujer se levantó y pasó por su lado, haciéndose la ofendida, aunque podía notar la diversión en su mirada.

—Ordenemos el equipaje —mandó y ella aprovechó para mirar su culo mientras caminaba.

Sonrió, porque sus padres no iban a dormir en la habitación de al lado.

X X X

Llevaba un rato riendo y charlando con Sofía mientras le enseñaba a bailar las danzas típicas mexicanas que iban sonando antes de que todos juntos diesen la cuenta atrás. Un nuevo año con Raven Reyes. La miró de lejos mientras ella bailaba con los más pequeños de su familia, y sonrió porque se notaba de lejos que le gustaban los niños. Se moría por verla cuidando de Taylor y Tracy con ella: la tita Alex iba a necesitar ayuda con tres criaturitas a las que vigilar.

Dio una vuelta a la madre de Raven, cuando sonó una música más moderna y la atrajo con media sonrisa.

—A esto puedo enseñarte a bailar yo —le sonrió, y se rio cuando la mujer se escapó de su agarre.

—A esto puedes bailar con mi hija —dijo divertida y ella mordió su labio conteniendo una risita—. Voy a ver cómo van los preparativos para la cuenta atrás.

Asintió y se dirigió hacia Raven, rodeándola por la cintura desde atrás.

—¿Cuándo vas a dedicarme uno a mí? —preguntó a su oído, el vestido negro que usaba era increíblemente sexy con una raja en un lateral, como sabía que le gustaban a ella. Solo una palabra: piernas.

Se asomó sobre su hombro y sonrió automáticamente, besando su mejilla cuando contestó.

—No me mires demasiado las tetas aquí, están mis padres mirando —susurró.

—También tu primo… ¿tercero? —se refirió a uno de los adolescentes que daba saltos mientras bailaba sin dejar de mirar a Raven.

—Tercero o cuarto. No sé cómo han logrado traerlos a todos aquí —rio.

—¿Te apetece un poco de magreo antes de despedir el año? —murmuró a su oído, dando un suave beso en el lóbulo de su oreja y entrelazando los dedos de su mano, a la vez que movían sus cuerpos a un lado y a otro al ritmo de la canción que sonaba.

Acabaron contra la pared exterior del motel, besándose con ganas. Tenía a Raven contra la pared del edificio y se buscaban una y otra vez con sus labios. Pactaron que nada de coger el pelo de la otra, pero después la latina encontró la excusa de que el suyo estaba suelto y liso, así que no tardó en tener los dedos enredados entre sus mechones. Los suyos estaban apretados en su muslo, que reposaba contra su cadera al haberlo elevado ligeramente, descubriéndose por la maldita raja.

—Esta noche lo usamos —murmuró contra su boca, sin abrir aún los ojos.

—¿El qué? —preguntó Raven de la misma forma.

—No te hagas la inocente, ya sabes qué me muero por usar contigo. Aún no lo hemos hecho así…

—¿Compraste el que dijiste mientras estaba con tu madre y Juno de compras? —la separó ligeramente de ella y la miró con culpabilidad: le había pillado—. Mientras no fueses con tu padre…

—Ajá… —la besó de nuevo, pero la mujer la separó.

—Fuiste con tu padre.

—Dijo que necesitaba algo para su uso personal, Raven. No le iba a decir que no al pobre hombre si quería ir a un sex shop, yo simplemente aproveché el viaje —la mujer se puso algo roja, y ella besó la punta de su nariz, porque era adorable, aun así, continuó hablando—: Se sorprendió de tu capacidad. Ya sabes: es bastante grueso… —mordió su labio, y rio cuando la mujer la empujó para caminar hacia el interior del motel.

—No pienso volver a tu casa —sabía que mentía.

—Vamos, eres una leyenda para mi progenitor, y te escucharon gemir aquella noche que… —lo pensó mejor—. Bueno, fueron varias noches.

—¿De verdad quieres que follemos hoy? —se dio la vuelta y chocó con ella—. Me está bajando la libido con cada palabra que sueltas.

—Luego hago que la recuperes —ladeó la cabeza para alcanzar sus labios, pero los dedos de Raven se colocaron sobre su boca.

—Te lo tienes muy subidito, Woods.

—Ya me he imaginado cómo va a ser —habló contra sus dedos, y lo repitió cuando los apartó.

—¿El qué?

—Esta noche —sonrió y se acercó a su oído tras golpear la espalda de su ahora alumna contra la pared—. Solo te adelantaré que te va a gustar.

—No seas tan fantasma —susurró y ella sonrió, inclinándose para besarla.

Raven se dejó besar y entreabrió los labios para profundizar el beso. Sintió un escalofrío cuando la mujer acarició su lengua con la suya y perdió un poco la compostura, encontrándose contra la pared rápidamente y sola. Miró con una sonrisa a Raven, que se colaba dentro del motel con tranquilidad, y suspiró satisfecha: esa noche iba a ser increíble.

X X X

Adoraba que Alexa estuviese allí y verla tan contenta bailando con los pequeños de la familia. Cada vez que la miraba se daba cuenta de lo feliz que era con ella a su lado, porque por fin estaban juntas y a veces le costaba asimilarlo del todo: como si no se lo creyese aún.

Rio cuando sonó una canción en concreto que Alexa y ella habían bailado unas quinientas veces, y tirando por lo bajo, y la chica la miró con una gran sonrisa. Comenzó a mover las caderas al ritmo de la música y vio cómo la recorría con la mirada: le daba igual que estuviese allí mismo su madre o quien sea, la pobre no sabía disimular. Mordió su labio inferior cuando rodeó el cuello de Alexa y esta le susurró parte de la letra al oído, en un perfecto español. Intentó que no se le notase el escalofrío que le recorrió el sentir su aliento acariciar su oreja unido a sus dedos apretándose en sus caderas, instándola a continuar con ese vaivén que sabía con certeza que le estaba gustando.

La verdad era que Alexa mejoró bastante con eso de los bailes latinos, al principio se notaba que no había bailado ese tipo de música en su vida: cuando la llevó a bailar por primera vez en Los Ángeles, pero practicaron demasiado como para que no se notase el cambio. Movían cadera con cadera y se ocupó de dedicarle una mirada insinuante cuando se giró, aprovechando para observar cómo tomaba aire por la boca cuando supo qué era lo que iba a hacer. Sostuvo sus manos para que se apoyasen sobre su vientre y meneó su culo de tal forma que consiguió un suave jadeo contra su oído.

Cerró los ojos y apoyó la nuca sobre su hombro cuando Alexa aprovechó para rozarse mejor, y no sabía cómo lo conseguía siempre, pero despertaba siempre a la Raven más pasional y sexual. Estaría horas con ella haciéndolo sin parar, y sabía que no era una exageración porque había ocurrido más de una vez. Adoraba la forma en la que hacían el amor y en la que follaban, ambas sabían diferenciar ambas partes y sabía que esa noche iba a ocurrir lo segundo. Lo sabía por la forma que tenía de respirar agitada y cómo sus manos se apretaban en su cuerpo, conteniéndose. Un "porque está toda tu familia aquí, sino te lo hacía en mitad de la pista de baile".

—Necesito coger algo en la cocina —le dijo tras unos cuantos movimientos más.

—¿Quieres que te acompañe? —preguntó su chica a su oído, y la notó ya excitada tan solo por su voz. Aunque, ¿cuándo Alexa Woods no estaba excitada?

La miró sobre el hombro con media sonrisa y se la encontró mordiéndose el labio. No tenía tiempo de comprobar si estaban siendo observadas, porque de repente tenía mucha hambre. Quizás era porque había estado provocándola antes de la cuenta atrás hacia el nuevo año, y era lo más seguro.

Alexa la abrazó por la espalda una vez entraron por la puerta y sonrió mientras notaba sus labios delinear su cuello con dedicación, provocando que se le escaparan varios suspiros cuando pasaba la lengua por él. Se cercioró de que no había nadie en la estancia y apoyó las manos contra la gran encimera, sacando culo para provocar un gemido grave en la chica. Dependiendo de la intensidad podía saber cómo de mojada estaba, y lo estaba mucho, lo que le venía muy bien.

—¿Qué necesitabas de la cocina? —preguntó con voz ronca.

—He venido a aprovecharme de ti —fue sincera, echando un brazo hacia atrás para agarrar su cadera y pegarla de un golpe a ella—. Así que ni se te ocurra tocarme.

—¿Estás caliente, mami?

Se giró entre sus brazos para mirarla sonriente antes de bajar la vista hasta su boca y atraerla hasta la suya con un suave tirón de su nuca. Pasó la lengua entre sus labios sin perder más tiempo y la escuchó coger aire antes de estar disponible para devolverle el beso. Agarró su cuello y comenzó a caminar para dejarla contra otra encimera, de espaldas a la puerta, para que, si entraba alguien, solo viese su espalda.

Llevó sus manos a su pecho sobre el vestido que llevaba y apretó notando el pendiente contra la palma de su mano, y se sonrieron antes de volver a atrapar sus labios en un nuevo beso.

—Me encanta cómo te quedan los vestidos —susurró contra sus labios, dejando que Alexa mordiese el suyo inferior.

—No tengo que decir lo que yo siento cuando tú llevas uno puesto, ¿no?

—Ya me dijiste hace unos años que tenías suerte de no ser un tío, ¿no? —imitó su tono y bajó la mano por su abdomen hasta acariciarla directamente donde sabía que la necesitaba. Sonrió al escuchar cómo gemía al apretar sus dedos en su intimidad.

Separó los labios cuando Alex demandó un nuevo beso, y se lo devolvió sin dejar de tocarla, incrementando la presión de sus dedos y suspirando ligeramente al notar cómo separaba las piernas para dejarle más espacio.

—Alex —vio cómo la chica entreabría los ojos, decorados por el placer que experimentaba—. ¿Dónde prefieres correrte: en mi mano o en mi boca?

—Boca —expuso demasiado rápido, ni siquiera había terminado de decirlo. Y sonrió al escucharla.

—No hagas ruido y si entra alguien, disimula lo máximo que puedas. Yo no estoy aquí —lo dijo contra sus labios antes de agacharse frente a ella y levantarle la falda del vestido hasta la cintura.

—Joder… —suspiró Alexa mirando hacia abajo y apoyando las manos en la encimera.

Besó sus muslos con lentitud, tomándose su tiempo para tentarla y mojarla un poquito más, aunque ya veía su ropa interior manchada. Alexa intentó llevar una mano a su cabeza, pero la atrapó y la volvió a dejar contra la encimera: no era momento de destrozarle el peinado, eso en la intimidad de su habitación en unas horas. Acarició el interior de su muslo con la nariz, queriendo que los separase para hacerse hueco entre ellos.

Sacó la lengua para lamer de forma externa sobre la prenda que la separaba de su humedad, notándola estremecerse contra su boca. Deslizó una mano por su cintura hasta acariciar su abdomen bajo el vestido y apretó un poco más su lengua antes de apartar sus bragas con su mano libre y mirarla directamente mientras separaba sus labios más íntimos con los dedos.

Se mordió el labio a sí misma para mirar cómo la yema de su pulgar se entretenía estimulando aquel clítoris hinchado y elevó el rostro hasta pegar su boca a esa zona tan húmeda, escuchando rápidamente un gemido de su parte. Eso de "no hagas ruido" no lo había entendido bien, pero no le importaba: adoraba los sonidos que producía.

—Sigue —pidió en un murmullo, y alzó la vista para ver ese verde muy oscuro.

Sacó la lengua y recogió sus flujos antes de volver a introducirla en su boca, sintiéndola por todos lados, y le sonrió al verla tragar saliva. Separó sus labios con los dedos de una mano y con la otra mantuvo el vestido alzado para tener la suficiente libertad de hacer lo que quisiera con su novia. Vio que apretaba los suyos contra la encimera y que perdía levemente la fuerza de sus piernas. Gimió contra ella, sintiéndose necesitada también, y Alexa empezó a mover las caderas con suavidad, conteniéndose las ganas de hacerlo más brusca.

—No voy a aguantar mucho más, Raven —murmuró entre dientes mientras ella se dedicaba a dar pequeñas succiones.

—Córrete en mi boca —le dio permiso.

Vio que se llevaba una de sus manos a los labios para no gemir y su verde conectó de nuevo con su marrón. Deslizó la lengua entre sus pliegues varias veces antes de centrarse en su clítoris y golpearlo de forma repetida, apretando las manos en sus muslos para mantenerla contra la encimera. Los sonidos que Alexa producía la volvían loca e iba a sufrir teniendo que irse de allí para esperar a más tarde, pero es que quería conseguir que esa noche su novia no dejase de tocarla. Iba a echarla de menos cuando no estuviesen juntas día sí y día también.

La sintió correrse mientras emitía un sonido lastimero, seguramente porque quería que durase más aquella sensación, pero no podía aguantarlo más. Se levantó tras darle unos besos por sus muslos y dejó caer su vestido para que cubriese sus piernas antes de atrapar su boca en un beso necesitado. Tembló contra su cuerpo cuando Alexa paseó las dos manos por toda su espalda, y jadeó a la vez que cambiaban de posiciones sus cabezas para profundizar el beso cuando la puso contra la encimera sin ningún cuidado.

—Tenemos que volver.

—Joder —protestó Alexa.

—Siempre pones una cara muy sexy cuando te corres con mi boca… —la tentó un poco más acariciando sus labios con el dedo, y rio suavemente, inclinando la cabeza hacia atrás, cuando la vio fruncir el ceño.

—En cuanto estemos en la habitación… —empezó su amenaza, pero ella la besó, interrumpiendo sus palabras—. Maldita seas —murmuró cuando mordió su labio levemente antes de separarla de ella y caminar hacia la salida de la cocina.

Alexa tardó unos segundos en volver, y ella aprovechó para arreglarse el maquillaje en el baño.

X X X

Jadeó de nuevo cuando Raven la puso contra el colchón sin separar sus labios de los suyos mientras se besaban con urgencia, aún llevaba puesto el vestido, pero, joder, que lo llevase más tiempo. El recogido que llevó esa noche casi había desaparecido, dándole un look más agresivo y erótico. La mujer gimió suavemente cuando la presionó contra su cuerpo, agarrando ese culo tan increíble que tenía, y movió ligeramente sus caderas para que sintiese el dildo contra su intimidad.

—Alexa… —murmuró contra su boca, y no terminó de decirlo cuando ya tenía la lengua dentro de su boca otra vez.

—Va a estar pronto muy dentro de ti, mami —volvió a moverse y arrancó otro gemido de su garganta.

Retiró la tela por la parte de su muslo, dejándolo expuesto, y lo acarició completamente antes de hincar los dedos en su nalga bajo la ropa interior que llevaba. Llevaban bastante rato besándose, pero no tenían ninguna prisa, así que seguían haciéndolo mientras se mojaban cada vez un poco más por la intensidad de sus gestos. Una de las manos de Raven estaba contra el colchón para estabilizarse sobre su cuerpo y la otra contra su mejilla mientras la besaba sin parar. Le encantaba cuando apretaba su piel con sus dedos.

Su vestido había desaparecido justo cuando entraron a la habitación, no tardó demasiado en colocarse ella misma el arnés para calentar a Raven desde el principio: cuánto más mojada, mejor.

—Voy a hacerlo ya —anunció la latina con voz ronca, y ella cogió aire cuando la vio sentarse sobre sus muslos y rodear el dildo con su mano, parecía que comprobaba el tamaño, aunque podía rodearlo fácilmente con sus dedos.

—Espera, deja que te prepare antes —dijo cuando vio que no lo hacía aún, quizás por indecisión. Sí, era algo más grande que los que habitualmente habían usado, pero no había tanta diferencia.

Cayó de nuevo en el colchón cuando vio cómo la mujer se lo introducía lentamente tras haberse apartado la ropa interior. Ella no sentía nada físicamente, pero tan solo con esas vistas y el sonido placentero que salió de entre los labios de Raven se le escapó un gemido.

—Joder —no pudo evitar suspirar mientras veía aquel vaivén de sus caderas: se movía tan sensual que de verdad que podría correrse tan solo mirándola. Encima tenía que añadir ese jodido vestido y su pelo castaño despeinado cayendo sobre uno de sus hombros.

La mujer deslizó las manos por su abdomen, recorriéndolo con los dedos extendidos hasta llegar a sus pechos. Los apretó y ella suspiró al sentir cómo los masajeaba y jugaba con el pezón que tenía el piercing: estaba igual de sensible que años atrás, y a Raven le encantaba tocarlo siempre que se acostaban juntas.

Dios, esa noche se iba a entretener en su cuerpo muchas horas. Estiró su mano para poder alcanzar algo que dejó en el suelo y la mujer frunció el ceño al no saber lo que hacía. Sonrió cuando atrapó las muñecas de Raven y las esposó, dejando caer las manos de la latina sobre su abdomen (con los brazos delante de su cuerpo). Agarró sus caderas y la mantuvo quieta, y la vio fruncir el ceño mientras la miraba fijamente. Ella le contestó con una sonrisa antes de mover sus caderas apoyando los pies en el colchón: embestidas no tan duras como la mujer pedía con la mirada. Raven respondió con un gemido y ella empezó a mover las caderas muy lento hacia su intimidad, para hacer más profundas las embestidas. Bajó la vista y mordió su labio inferior por la forma en la que sus caderas encajaban a la perfección en sus manos.

—Aparta el vestido —gruñó, queriendo ver cómo entraba y salía el dildo de ella.

—Me has atado las manos, no puedo hacerlo.

Claro que podía hacerlo, uf… La miró directamente a los ojos y se incorporó, quedando sentada de nuevo y con el rostro apenas separado del suyo. La besó mientras empujaba hacia abajo para que el dildo estuviese completamente dentro de ella y la mujer gimió en su boca cuando activó el vibrador, haciéndolo temblar en su interior. Ella continuó besándola, a pesar de que la latina apenas podía devolvérselo por los sonidos placenteros que se escapaban de su boca.

Abrió los ojos, manteniendo los labios contra los suyos, y observó su rostro: le encantaba cómo fruncía ligeramente el ceño, invadida por el placer. Atrapó su labio inferior antes de colocarla sobre el colchón, teniendo cuidado de que el dildo no le hiciese daño, y colocó sus manos sobre su cabeza antes de separar la tela de su vestido, descubriendo su intimidad. Se quedó de rodillas y comenzó a mover las caderas una y otra vez contra ella, sin dejar de mirar cómo salía el dildo de mojado y disfrutando de los sonidos húmedos que creaba con cada embestida. Subió un poco más el vestido para poder ver su abdomen: le encantaba su piel morena.

Se inclinó sobre su cuerpo e intentó entrelazar los dedos de su mano derecha.

—Mírame —pidió y Raven abrió los ojos, consiguiendo que sintiera un escalofrío.

No pudo evitar besarla, entrelazando mejor sus dedos y sin dejar de empujar con sus caderas. Que Raven casi no pudiese devolverle el beso debido al placer que sentía la impulsaba a moverse con más fuerza. Adoraba la forma en la que sus labios dejaban escapar gemidos y los músculos de sus brazos se tensaban cuando quería moverlos: a su mamita le encantaba jugar con su pelo.

Besó el interior de su brazo mientras pensaba en lo idiota que había sido por dejarle el vestido puesto, porque en esos momentos la deseaba desnuda. Gimió suavemente porque aquellas embestidas también estaban provocándole sensaciones muy agradables a ella. Levantó un poco más su vestido y liberó uno de sus pechos, ya había comprobado antes que no llevaba sujetador, así que estimuló directamente su pezón, aunque ya los tenía más que endurecido. Disfrutó un poco más de las vistas antes de arrodillarse de nuevo, moviéndose contra ella mientras sujetaba sus muslos.

Quiero que grites mi nombre, mami —empujó con las caderas con más fuerza, arrancándole un grave gemido, y sonrió mirando directamente sus ojos—. Voy a hacer que te corras mil veces.

Más fuerte, Alexa.

Estás increíblemente sexy, Reyes —se dejó caer sobre ella de nuevo y pegó los labios a su oreja—. Llevo mojada desde que te he visto entrar con este maldito vestido.

Recibió un gemido como respuesta y Raven consiguió mover los brazos para colocar ambas manos en su nuca y atraerla a un beso. Sintió sus dedos por su pelo de forma torpe, y le devolvió el beso sin dejar de penetrarla, sintiendo cómo el sudor del vientre de ambas se mezclaba. Estarían en pleno invierno, pero en esa habitación hacía mucho calor.

Raven empezó a temblar levemente y el beso no se lo devolvía del todo bien. Deslizó los labios hasta llegar a su cuello y así no ahogar sus gemidos, y bajó una de sus manos para estimular su clítoris, mientras el otro brazo lo apoyaba en el colchón para no perderse la expresión de su orgasmo. La latina se arqueó y apretó los párpados mientras decía su nombre, tal y como le pidió, y ella sonrió complacida, disminuyendo la velocidad de sus caderas hasta sacar completamente el dildo de su interior.

La besó con delicadeza, disfrutando de sus labios. Sonrió mientras continuaba besándola y volvió a colocar sus brazos hacia arriba. Agarró sus muñecas con una mano y con la otra colocó el dildo hacia arriba para restregárselo entre sus pliegues al mover sus caderas. No iba a dejar que descansase, Raven podía tener un orgasmo detrás de otro.

Vas a matarme, Alex —gimió, echando la cabeza hacia atrás, y ella aprovechó para acariciar sus muslos, apretando los dedos en ellos.

No tenía nada que envidiar la Raven de treinta y nueve años a la que le volvió loca de treinta y dos. Había cogido peso y seguía en forma, lo cual conseguía que tuviese un cuerpo de infarto. Y de verdad que se moría en esas caderas.

Quiero tu culo ahora —murmuró contra sus labios—. Lo necesito —la latina le contestó con un suspiro mientras ella mordía su labio inferior lentamente—. ¿Tú quieres?

—Sí.

Háblame en español, mami. Tengo que practicar para que no se me olvide. ¿Quieres que te folle otra vez?

Sí.

Ven conmigo —se levantó e hizo que hiciese lo mimo. Rodeó su cintura cuando vio que se tambaleaba levemente y sonrió antes de besarla—. Te quiero desnuda —bajó los tirantes del vestido y dejó que se deslizase por su cuerpo hacia abajo, soltándole unos segundos las esposas.

No hace falta que me esposes.

Sí, sí que hace falta —murmuró, dejando que sus labios se acariciasen mientras hablaba—. Date la vuelta, mami.

La mujer lo hizo y ella se inclinó para besar su espalda lentamente, deslizando la lengua por su piel morena. La escuchó suspirar y continuó bajando, y mordió suavemente en su costado, sonriendo cuando sus ojos se encontraron al mirarla sobre su hombro. Ese gesto siempre le quedaba muy sexy. Continuó descendiendo hasta besar la zona de su nalga que dejaba descubierta el culote. Después pasó los dientes por su piel hasta agarrar con ellos su ropa interior y tirar hacia abajo para deshacerse de ella. Besó la parte de atrás de sus muslos mientras terminaba de bajar el culote, antes de levantarse y hablar a su oído:

—Voy a hacerlo con mi boca.

La empujó ligeramente para que se colocase en la cama de rodillas antes de inclinarla hasta dejarla con los brazos también contra el colchón. Volvió a besar su espalda, acariciando su culo con una mano y su costado con la otra. Suspiró antes de llegar a sus nalgas, deslizando sus labios por ellas antes de separarlas y pasar la lengua por su intimidad, gimiendo al sentir sus flujos contra ella. Se enganchó a su sabor y se entretuvo en pasar la lengua varias veces entre sus pliegues, deleitándose con su sabor.

La escuchó susurrar su nombre contra el colchón justo cuando se decidió a subir hasta su otra entrada, y notó los músculos de sus piernas tensarse y destensarse mientras empezaba a mover su lengua por ella, intentando darle el máximo placer posible. Le gustaba demasiado conseguir que Raven disfrutase todo lo que pudiese en sus encuentros sexuales, probar cosas nuevas e intensificar las que ya sabía que les gustaba. No solía hacerlo casi nunca con la boca, incluso en el pasado, pero los gemidos que soltaba eran increíbles cuando jugaba con esa zona de su cuerpo.

Se separó de ella, mirando fijamente lo lubricado que lo dejó y golpeó una de sus nalgas con la mano, haciéndola suspirar. Agarró el dildo de nuevo y lo colocó contra su entrada más húmeda, deslizándolo con facilidad. Cerró los ojos al escuchar su gemido y bajó la mano hasta colocarla en su nalga, estirando el pulgar para acaricia de forma externa donde había trabajado con la boca.

Su pelvis quedó pegada a su trasero y bajó la mirada para ver la unión. Comenzó a moverse despacio y al levantar los párpados de nuevo vio cómo sus manos, aún esposadas, agarraban las sábanas y sintió un cosquilleo por todos lados antes de gruñir con la nueva embestida. Rodeó su cintura y estiró el brazo para poder acariciar su clítoris con su mano libre, echándose sobre su espalda y besándole la piel.

Esa postura era muy erótica, porque Raven tenía una espalda increíblemente sexy, y sin hablar de su culo, pero echaba de menos poder ver su cara: sobre todo sus labios. Lamió su espalda y se apoyó sobre ella para mover sus caderas con cuidado contra su culo.

Necesito ver tu cara, mami —escuchó un gruñido de su parte cuando se enderezó y aumentó ligeramente sus embestidas.

Mordió su labio inferior con las vistas mientras se deleitaba con los gemidos que Raven emitía. Besó su espalda de nuevo antes de salir de ella y se sentó contra el cabecero de la cama y la ayudó a colocarse sobre sus piernas mientras le regalaba una sonrisa que Raven se encargó de borrar con un beso intenso. Gimió dentro del gesto, porque se añadió la sensación de los dedos de la latina apretándose con dificultad en el pezón que tenía el piercing.

Su exprofesora mordió su labio inferior con fuerza mientas la volvía a penetrar y ella gruñó por la sensación y miró sus ojos, encontrándose con aquel marrón fijos en los suyos antes de que Raven rodease su cuello aún con las esposas colocadas. La mujer apoyó sus antebrazos en sus hombros y comenzó a moverse de forma más errática contra ella. Acarició sus muslos y disfrutó de cómo se tensaban sus músculos por el esfuerzo.

Voy a correrme —anunció y la volvió a besar con ganas, tragándose uno de sus gemidos con gusto.

Vamos, mi amor.

Agarró sus caderas y empezó a crear embestidas más duras contra su intimidad, consiguiendo que se echase sobre su hombro, y disfrutó de sus gemidos contra su oreja. Deslizó las manos hasta agarrar sus nalgas y apretarlas tras darles un buen golpe. Buscó sus labios con movimientos precisos con su barbilla y sus lenguas se encontraron a mitad de camino.

Más fuerte, Alex —murmuró contra su boca antes de volver a besarla.

La embistió con sus caderas a la vez que movía a la mujer, atrayéndola con su culo aún sujeto. Recorrió sus ojos y mordió su labio al ver la expresión que tenía acompañada por las pequeñas gotitas de sudor que decoraban su frente. Entonces deslizó de nuevo uno de sus dedos hasta encontrar esa entrada que no estaba siendo atendida y estimularla sin entrar en ella, y mordió su labio inferior con fuerza cuando vio que Raven bajaba sus manos para acariciarse el clítoris a sí misma: eso solo podía significar una cosa.

—Me vuelves loca, Reyes —gruñó, viendo cómo se movía contra ella y dispuesta a no perderse nada.

—Dios —le contestó.

Se habría confundido, ella se llamaba Alexa, pero se lo perdonaba porque había empezado a salpicar en su abdomen con su orgasmo. Joder, le encantaba cuando se corría de esa forma. Miró su rostro de nuevo y recibió su boca en un nuevo beso antes de separarse y regalarle una sonrisa satisfecha.

—No hemos terminado, mi amor —expuso y sus ojos conectaron—. Desátame y quítate eso de encima.

Joder, sí.

X X X

Hola, queridas y queridos lectores de Nuestro momento.

¿Qué os ha parecido el capítulo 26 de la historia?

¡Feliz fin de semana a todas y todos!

¡Nos leemos la semana que viene!