Capítulo 26: Por un capricho
Ciel
Me desperté con Ángela a mi lado. A estas alturas ya no se me hacia raro. Mire alrededor y me di cuenta que estaban Sebastian, Alois y Claude hablando en voz baja en una esquina. Carraspee para hacer saber que ya estaba despierto.
-¡Ciel! Estábamos esperando que despertaras para irnos, no hay nada más que investigar aquí –dijo Alois moviendo levemente a su hermana.
Me senté frotándome los ojos mientras Ángela se removía a mi lado. Alce una ceja en dirección a Sebastian pidiendo una explicación.
-Ella se durmió en la silla. No creo que quisiera que una dama durmiera tan incomoda –bufe ante su respuesta. Si fuera por Sebastian la dejaría durmiendo en el piso.
Ángela se levantó siendo cargada por Claude con Alois en su espalda saliendo rápidamente.
-Nuestro turno –dijo Sebastian llevándome hacia la Mansión de Londres.
Cuando entre parecía que Cameron regañaba a Ángela mientras Alois tenia una cara de molestia, fulminando al niño con la mirada. Soma de inmediato vino corriendo hacia mí pero me escape caminando rápido hacia mi despacho en esa Mansión.
Después de mí entró Alois y un momento después Ángela. Alois fue el primero en hablar.
-Según la información que nuestros mayordomos pudieron recolectar es el Barón Kelvin quien manda a secuestrar a los niños. Tiene una mansión a las afueras del condado y es lo suficiente grande para albergar a los niños.
El recuerdo de ese nombre llego a mi mente. Era una fiesta de caridad a la que mi padre asistió y ese hombre se encontraba allí.
-Se quien es. Iremos ahora, preparen todo –dije levantándome para buscar una ropa mas cómoda.
-Shel, tu asma… -empezó a decir Ángela pero la interrumpí.
-Estoy bien, pero tenemos que acabar con esto ahora.
-Hay otro asunto –dijo Alois.
Me detuve antes de salir esperando a que hablara.
-Encontré tu expediente entre las cosas de Jocker, al parecer te estaban buscando. Con esa carta pudimos averiguar quien es realmente.
Lo medite por un momento, pero mi decisión no había cambiado.
-Con más razón debemos ir.
Media hora después ya estábamos al frente de la mansión del sujeto, aunque no era tan grande como la mía. Ángela había vuelto a ver a través de su ángel y él venia con nosotros. Tanto ella como Alois llevaban un sombrero con un velo para ocultar sus rostros.
Quien nos abrió la puerta fue Jocker pero no hizo ningún gesto de sorpresa.
-Lo estábamos esperando, Conde Phantomhive.
Entramos y el recibidor estaba lleno de muñecas, en el piso, en las paredes, en el techo, en las escaleras. Parecía una casa del terror.
-Realmente logras engañar a las personas. Bajo el nombre de "Perro Guardián de la Reina" o "El Conde del Mal" quien pensaría que tú llevas esos nombres, Smile –dijo Jocker mientras subía las escaleras.
-Mi nombre es Ciel Phantomhive, un sirviente no debería hablarme con esa familiaridad –le respondí alzando la barbilla.
-Tienes razón, de todos modos eres un noble.
Y después de decir eso abrió las puertas del comedor. Dentro había una larga mesa con sillas de un solo lado, decorada con platos, cubiertos y varias velas a lo largo de la mesa. Separo la silla para que tomara asiento en la punta de la mesa, luego fue la de Ángela a mi lado y por ultimo la de Alois al lado de ella. Cada mayordomo se ubicó detrás de su protegido.
Jocker caminó hacia el otro lado del comedor y tocó la puerta que estaba allí, dijo algo en voz baja y luego abrió la puerta, de allí salió el Barón Kelvin que no se veía como lo recordaba, este hombre estaba lleno de vendas en todo su cuerpo, de píes a cabeza, y estaba sentado en silla de ruedas. Ángela se removió nerviosa y apretó con sus manos los reposabrazos de la silla.
-¡Conde Phantomhive! ¡Esperaba con ansias este día! Es un honor tenerlo en mi hogar sentado en mi mesa –hablaba como un demente. Hasta la ridícula emoción en su voz incomodó a Alois-. Por favor disfrute del almuerzo –inmediatamente entraron varias sirvientas sirviendo la bebida y la comida. Lo mas perturbante era que las sirvientas no debían de pasar de los 10 años.
-Al parecer no esta envenenado –me dijo Sebastian en voz baja probando el vino.
-No me importa, no pienso comer nada que provenga de ese ser –respondí con disgusto-. Investiga a esas niñas, podrían ser las que buscamos.
-¡Claro! –el grito del hombre nos sobresalto a los tres y lo vimos atentamente- Hasta el Conde puede aburrirse solo con esta comida. ¡Jocker! Prepara Eso.
-P-pero… -intento protestar, su rostro estaba desfigurado de terror.
-¡¿No me escuchaste?! Hay que darle le mejor servicio a nuestro invitado.
Con esas últimas palabras Jocker asintió y se acerco a la cortina que cubría toda la pared. Jocker abrió la cortina y detrás de ésta no había una pared, era un escenario donde estaban formados varios niños horizontalmente y vestidos con ropas del circo con mascaras tapándoles la cara.
-¡Bienvenido Conde Phantomhive y acompañantes! Es un gusto poder guiarlo en esta noche –ya incluso antes de empezar el asqueroso hombre se estaba riendo-. Primero tenemos al caminante de la cuerda floja –dijo señalando hacia arriba donde estaba una niña con un bastón en las manos-, sin protección alguna, esto es autentico –la niña, que al parecer esperaba oír la frase, coloco un pie en la cuerda y cuando fue a colocar el siguiente perdió el equilibrio y cayó.
El sonido de su cuerpo golpeando el suelo no fue diferente al sonido que hacia Finnian al lanzar los sacos cargados de tierra cuando entrenaba, sin embargo al ser cociente que era un ser vivo el recuerdo del sonido fue peor, sobretodo al ver el rastro de sangre que dejaba al ser arrastrada por otro de los niños.
Ángela jadeó cuando escucho la risa del ser asqueroso que estaba sentado en el otro extremo, incluso estaba aplaudiendo.
-Lo siguiente será el domador de animales salvajes. Un feroz león será… -no alcanzó a terminar la frase porque el león ya se estaba comiendo al niño que supuestamente lo iba a domar.
El ser asqueroso y repugnante se reía fuertemente. Jocker por su parte temblaba y la desesperación en su rostro era evidente.
-Ahora, el lanzamiento de cuchillos. ¿Cuál será el destino de esta pequeña?
-¡Ash, es Roxanne! –gritó Ángela a mi lado.
-¡Sebastian, detenlo! -al fin pude recobrar mi voz.
Sebastian había logrado parar el cuchillo mientras que Ash tenia entre sus brazos a la niña, a la cual le quitó la mascara revelando a la que podía ser la versión en miniatura de Ángela. Su mirada me dejó sin aire, era la misma que veía a mí alrededor cuando nos preparaban para el ritual de sacrificio.
-Jim, ella es tu hermana. Sácala, por favor -le dijo Ángela a Alois.
-Ella no es la única de tus hermanos que se encuentra aquí –dijo Ash depositando en los brazos de Claude a la niña.
-Yo sacare a todos los niños que pueda –dijo Alois caminando hacia la puerta con Claude detrás.
-¡¿Esto no es de tu agrado Conde?! –dijo el ser poniéndose nervioso- ¡Jocker limpia todo!
-¡Deténgase! –le grito Ángela quitándose el sombrero- ¡Usted es un degenerado y…!
-¿Princesa Ángela? –el ser interrumpió el discurso de Ángela con esa pregunta que al parecer tenia un significado especial, ya que ella abrió grande los ojos.
-¿Cómo me llamaste? –preguntó en un susurro.
-¡Soy el hombre mas suertudo del mundo! Tengo al maravilloso Conde y a la futura Reina en una misma habitación.
-¡Usted no es un hombre! –le dije quitando de su cara la alegría- Usted es un vulgar y repugnante ser, que yo, el Perro Guardián de la Reina, se encarga de eliminar.
Saque mi arma y le apunté, teniendo casi al mismo tiempo una espada en mi garganta de parte de Jocker, aunque tenia la confianza de que Ángela o Sebastian le detuvieran.
-Estas en desventaja, Jocker –ordenó Ángela.
Jocker chasqueó la lengua y retiró la espada.
-A-antes de que d-dispares quiero darte una sorpresa –dijo el degenerado alzando las manos-. Esta en el sótano.
Pensé detenidamente, en el sótano podríamos encontrar a los otros niños u otros crímenes que puedan condenarlo mas rápido. Asentí dando mi consentimiento. Jocker empujó la silla y nosotros lo seguimos detrás.
-Esto es un sueño hecho realidad. Me entristecí tanto al no estar ese día a tu lado, pero hoy se va a cumplir.
-¿De qué día habla? –pregunte sin entender de lo que hablaba.
Terminamos de bajar las escaleras y nos encontramos con una puerta, la cual Jocker abrió.
-Pero se me ocurrió una gran idea. Debía recrear ese día y para eso me tomó tres años.
Detrás de la puerta estaba la idéntica recreación de la sala del sacrificio para invocar a Sebastian. Todo era idéntico, desde las gradas donde estaban esas personas riéndose y disfrutando de la muerte de los niños, hasta las jaulas junto a la mesa del sacrificio.
Empecé a temblar inconscientemente, mi mano se apretó alrededor del arma, viendo con especial atención a los niños, eran como nosotros, esperando su final.
-Estuve ahí –el susurro de Ángela me devolvió a la realidad, tenia que pensar con la cabeza fría.
-Siempre había soñado ser tan hermoso y digno para estar cerca de tu círculo de personas. Todos eran tan hermosos y a la vez extremadamente peligrosos, tal y como las rosas. Yo me sometí a tantas cirugías que el día en que fuiste secuestrado no pude asistir. ¡Yo no pude estar allí! Me rompió el corazón –ya no podía pensar con la cabeza fría. Por cada cosa que él decía, más me enfurecía-. Pero después me entere de lo sucedido. Tu mataste a todas esas personas ¿no es así Conde?
"-Que bella forma de morir, ser asesinado por la fría luna. ¡Yo quiero ese final Conde! ¡Vamos a recrear juntos ese día! Aquí esta todo, solo faltabas tú: Ciel Phantomhive –Ángela soltó una carcajada ante su última frase, calando más hondo en mis nervios.
No quiera escuchar más su voz. Alce mi mano que tenia el arma y dispare. Aunque deseé apuntar a la cabeza la realidad fue que lo hice por impulso y la bala atravesó su estomago. Tampoco ayudaba el hecho de que yo estuviera temblando y el arma se moviera de un lado a otro en mis manos.
-¡Conde! ¡Duele! Por favor, mátame como lo hiciste ese día. Quiero la muerte que ellos tuvieron.
El ser se arrastró hasta mis pies y abrazó a mis piernas.
-¿Qué te mate como lo hice con ellos? –murmure recordando ese día- Entonces arrástrate como gusano y suplícale al demonio tu muerte.
Seguidamente le patee la cabeza y le apunte con el arma. A mi lado escuche un alboroto, encontrándome con Jocker en el suelo sin un brazo.
-¡Por favor no lo hagas! ¡Él fue el único que nos salvó cuando nadie más lo hizo! ¡Sin él mis hermanos que están en el orfanato no podrán sobrevivir! ¡Te lo suplico! –gritaba Jocker mientras temblaba en el suelo.
-¿Y esa es razón suficiente para secuestrar a otros y sacrificarlos?
-Si –respondió bajando la cabeza-. Vivir en Inglaterra era muy difícil, no teníamos lo suficiente para comer o para estar calientes. Padre nos encontró y nos dio un hogar. Se que estuvo mal, pero…
-No estás equivocado –le interrumpí ganándome su mirada de confusión-. Tú peleaste para mantener tú mundo. Hiciste lo que creías necesario. ¿Eso no es bueno? Las reglas las hacen los que tienen el poder y así se mantienen por encima de los demás.
"-En este mundo existen dos tipos de personas, los que roban y los que son robados. Hoy solo voy a robar tu mundo, eso es todo.
Jocker se quedo unos instantes procesándolo y luego se tiro al suelo a reírse.
-Exactamente. Pero no solo tú robaras algo, nosotros te robaremos algo a ti –dijo entre risas-. Esta noche los del Circo estarán en tu Mansión y no dejaran testigos.
Esta vez, él que estalló en risas fue yo.
-Entonces, lo lamento por tus amigos. Mi Mansión cuenta con un ejército privado. Probablemente ellos no vean la luz del día otra vez.
Jocker vio a Sebastian y enseguida la esperanza se fue de sus ojos y comenzó a llorar.
-No llores. El llanto no cambiara nada –le dije girándome hacia el ser que se estaba retorciendo en el suelo.
-Shel, no necesitamos matarlos a todos –me susurro Ángela sin que nadie mas que Sebastian pudiera escucharlo.
-Smile… -dijo Jocker.
-Mi nombre es Ciel Phantomhive –les dije con firmeza dejando en claro mi postura.
La puerta siendo abierta nos interrumpió, por ella entró el doctor del Circo que al ver la escena sonrió y se levantó de su silla, caminando hacia nosotros. No lo recuerdo mucho, solo lo vi por un momento en el desayuno, pero lo que si tenia presente era que todos lo creían en sillas de ruedas sin poder caminar ante la sorpresa de Jocker.
Él bajo hasta el ser que aun se retorcía y examinó la herida de la bala que salió por su espalda.
-Esto esta mal. Cuando ya había logrado encontrar a alguien que entendiera mis ideales –se lamentó aún arrodillado.
-¿A que te refieres? –le pregunte.
-Las prótesis –dijo Sebastian.
-¡Te diste cuenta Black! ¡Me enorgullece! –dijo el doctor levantándose.
-¿De qué…? –pregunte confuso pero el doctor me interrumpió.
-Tenia que encontrar el material perfecto. La madera era muy rustica y la cerámica se rompe rápido. ¿Me entiendes?
Vi al ser en el suelo analizando la situación, aunque Ángela lo dijo sin que lograra analizarlo por completo.
-Los huesos de los niños son usados para tus prótesis.
Un escalofrío me recorrió la espalda. Pensar en todo lo que hacen sin que nadie se entere. Oí que Jocker vomitó, al parecer no sabía nada.
-Es por eso que no revelaba mis fuentes –el doctor abrió la jaula y arrastró a un niño-. Todos se maravillan con mi trabajo pero se horrorizan al momento de revelarles de donde proviene –dejó al niño en la mesa de espaldas a nosotros y agarro un cuchillo-. ¿Quién decide lo que esta bien y lo que esta mal?
Recordé cuando lo arrastraban hasta la mesa y como se retorcía del agarre para escapar.
¡No importa quien! ¡No importa como! ¡Sálvennos!
La frase se repetía sin cesar en mi cabeza. Grite para callarla. No quería oírla.
Basta.
Un mareo me asaltó provocando que vomitara y cayera al suelo. Mi vista se nubló y no podía ver nada.
¡No importa quien! ¡No importa como! ¡Sálvennos!
Basta.
¡No importa quien!...
-Joven Amo. ¿A qué le teme? –Sebastian agarró mi mano y me levantó atrayéndome hacia él- Esta afuera de la Jaula. Vamos diga mi nombre.
-S-Sebas… Sebastian –él deslizo el parche de mi ojo dejando mi contrato a la vista-. ¡Sebastian! ¡Mata a estos sujetos!
Me cargó pero solo oí dos golpes. Espere oír un tercero hasta que Sebastian hablo.
-Esta hecho.
Levante mi mirada y mis ojos encontraron a Ángela respirando fuertemente llena de sangre al frente del cuerpo del doctor mientras su ángel tomaba su cabeza y murmuraba algo. Esa imagen se desfiguró, ahora no eran Ángela y su ángel, éramos Sebastian y yo frente al cuerpo.
-Quémalo todo –dije llevándome por mis impulsos, mi capricho.
-Joven Amo, no creo que sea lo más sensato. La misión que la Reina le encomendó…
-¡No me importa! –le interrumpí- ¡Es una orden! -agarre su cabeza enfatizando mi orden- ¡Quémalo todo!
Respire agitado y solté su cabeza pasando mis brazos por sus hombros y enterrando mi cabeza en su cuello.
-¡Shel! ¡No puedes! ¡Aun están lo niños! –gritó Ángela pero no quería escucharla, quiera que todo desapareciera.
-¡Te dije que soy Ciel! –le grite de vuelta sintiendo todo que la temperatura se elevaba a mi alrededor.
-¡No lo eres! –su grito hizo que escondiera mi cara en el cuello de Sebastian- ¡Ash apresúrate! ¡Apágalo!
Sentí como Sebastian se movió y rápidamente ya estábamos afuera de esa asquerosa mansión. Vi alrededor y aun era de día, sin duda alguna llamaría la atención.
Ash salió cargando a Ángela y la dejó en el suelo. Ella rápidamente se acercó a él y comenzó a golpearlo, pero el ángel no se inmutaba.
-¿Por qué no lo detuviste? ¿Por qué? Todos esos niños… -y comenzó a llorar.
-El fuego de un demonio no se puede apagar, consume todo lo que toca.
-¡PERO PODÍAS SALVARLOS! –su gritó me sobresalto, nunca la había oído gritar tan alto.
-Esos niños se convertirían en otros como…
-¿Cómo quien? ¿Cómo Ciel? ¿Cómo Alois? ¿Cómo los niños del callejón? ¡DIME!
-¿Qué pasó? –Alois llegó corriendo viendo impresionado la mansión en llamas.
-Pasó que no podemos confiar en nadie, solo nos tenemos a nosotros. A nuestro mundo –volteo a verme aunque sabía que no podía hacerlo-, ¿no era eso lo que decías? Conde Phantomhive. Robamos o somos robamos. Siendo así yo robaré ahora mismo mis memorias –esta vez se giró hacia el ángel-. Devuélveme mis memorias ahora mismo o yo entraré a esa mansión. Decías que ese fuego lo consume todo ¿no? No quedará cuerpo alguno. No podrás encontrar a otra como yo en cien años, o quizás en quinientos.
-No te atreverías –la retó cruzándose de brazos.
Ella se serenó y empezó a caminar hacia la mansión.
-Jim, cuida de nuestros hermanos.
-¡Ángela no! ¡Te acabo de recuperar! –gritó él corriendo hacia ella pero estaba muy lejos.
-Sebastian –susurre para que fuera a rescatarla.
-No lo haré –respondió a lo que me removí de sus brazos.
-¡Sebastian! –exigí una vez mas.
-¡Ángela!
Ella la estaba subiendo las escaleras y las llamas casi tocan su vestido.
-¡Para! –el ángel se transformó en una mujer que corrió rápidamente hasta llevarla lejos de las llamas- Te daré esos recuerdos, solo no hagas nada estúpido.
-Y también quiero mi visión de vuelta -exigió.
-Lo tendrás, todo lo que quieras –accedió ella acariciando sus cabellos mientras Alois la abrazaba.
-Hay que volver –le susurre a Sebastian-. Esta noche atacaran la Mansión.
-Yes, my Lord.
