¡Hey!
Si. Están en lo correcto. Hoy no es domingo, pero igual les dejaré esto por aquí.
La canción que aparece acá en este capítulo me parece sumamente bonita, a pesar de que podría ser considerada un poco simple por la progresión de acordes. Me parece que, a pesar de su sencillez, sin duda tiene esa carga de sentimientos necesaria para hacer que algo dentro de ti se mueva. No me he podído guardar este capítulo hasta el domingo porque realmente había esperado muchísimo para poder escribirlo.
Esta canción fue la que inspiró esta historia. Había pasado algo de tiempo leyendo muchísimos fics que se subían por acá, pero nunca me había atrevido a enfocarme en empezar uno. Nunca había llegado a mi una idea lo suficientemente potente como para empezar a escribir un fic de una de mis parejas preferidas, pero al escuchar esa canción por primera vez la imagen de este capítulo llegó súbitamente a mi cabeza y no hubo manera de sacarla de allí, por lo que un par de horas después me encontré escribiendo el primer capítulo de esta historia.
A nivel de interpretación me encanta la versión original de la canción, por Kodaline. Cada vez que veo la manera en la que interpretan la canción me parece increíble como son capaces de expresar de tal manera el sentimiento de la canción que la tristeza se hace casi palpable, sin embargo, me parece que a nivel instrumental, la versión de Ellie Goulding está más acorde con nuestra historia.
¡Un millón de gracias por estar allí! Gracias por leer, por comentar, y por seguir cada una de las actualizaciones. Los quiero.
PD: Parece que este capítulo salió un poco más largo que el resto :)
Disclaimer: SP, KNM, MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores. De igual manera, en cuanto a la canción, todo el crédito a sus respectivos autores y productores.
Canción: All I Want - Ellie Goulding (Kodaline Cover)
Capítulo 26: Una última canción.
Se abotonó la sencilla camisa blanca que había escogido minutos atrás, completando su atuendo con un suéter verde oscuro que le daba un poco de color al resto de su vestimenta, conformada por un jean ajustado negro y unas converse del mismo color.
Tenía sin duda otras opciones un poco menos informales, pero para Fate eso estaba bien. Para un viernes de tragos casuales con sus amigas en el pub de siempre su atuendo no desentonaba en absoluto.
Miró su reflejo en el espejo para encontrarse con un par de ojos borgoña devolviéndole la mirada con expresión neutral. Sus ropas se amoldaban correctamente a su figura, resaltando sus atributos y dándole cierta libertad de movimiento. Con un poco de maquillaje pudo ocultar las profundas ojeras que había adquirido en el transcurso de las semanas anteriores, suavizando el pesar que a veces podía atravesar como un relámpago sus ojos.
A pesar de todo se veía un poco mejor. Al menos en las últimas semanas no había tenido mucho chance para pensar en Nanoha.
A Nanoha ni siquiera la había vuelto a ver.
Luego de su conversación con Chikane tomó la decisión de cortar violentamente cualquier contacto con Nanoha, y eso involucró el evadirla completamente. Fate dejó de correr por las mañanas en el parque e incluso eliminó completamente sus visitas a la cafetería. Su rutina se limitaba a llegar muy temprano al hospital para encerrarse en su consultorio, tomar un desayuno rápido y trabajar en su consulta sin parar.
A las horas del mediodía recibía una llamada de Chikane o de Shizuma. Esa era la señal para salir casi a la carrera de su consultorio para almorzar con sus amigas en alguno de los múltiples restaurantes que se encontraban relativamente cerca del hospital. Allí solían conversar un rato de sus pacientes y otras trivialidades, hasta que la hora de regresar a su consulta se acercaba.
Se había acostumbrado a llegar veinte minutos tarde a la consulta de la tarde todos los días, porque así evitaba a una siempre puntual Nanoha que, justo cuando Fate se disponía a bajarse del auto, tenía que estar entrando a su consultorio.
Había repetido la misma rutina por tres semanas, desapareciendo prácticamente del mapa para Nanoha.
Era mejor así.
Sabía que Nanoha había ido a buscarla al consultorio varias veces, pero afortunadamente siempre estaba ocupada con algún paciente. El mensaje que le había pedido a Shari que le diera era siempre el mismo, que estaba muy ocupada para atenderla en ese momento y que luego, al desocuparse, iría a buscarla.
Por supuesto. Fate nunca hacía eso último.
No podía ver a Nanoha. No sabía cómo reaccionaría al verla, y estaba prácticamente segura de que sus piernas flaquearían tan solo con escuchar su voz. Mantenerse cerca de ella solo le causaría más daño y ella estaba cansada de llorar por algo que no podía ser.
Incluso había eliminado por completo sus guardias nocturnas. No podía arriesgarse a que Nanoha se apareciera más temprano que de costumbre por el hospital para buscarla por el área de emergencia, y mucho menos quería encontrarse frente a frente con Yunno.
Seguramente Yunno estaba esperando ansioso el momento para restregarle en cara el anillo de compromiso de Nanoha, como si la pediatra fuese alguna especie de trofeo.
El cambio en su rutina había sido repentino, eso no podía dudarlo. Pero al menos ahora respiraba con un poco más de paz.
Dolía. Por supuesto que dolía. Pero al menos ya su pecho no se agitaba cada vez que entraba al hospital, y las lágrimas al correr solo lavaban un poco su tristeza, en vez de arder como carbones encendidos bajando por su rostro.
Poco a poco. Quizás con el tiempo dejaría de doler, aunque Fate sabía que nadie, en ningún lugar del mundo, podría hacerla sentir tan completa y a la vez tan vacía como Nanoha había logrado hacerlo desde que llegó a su vida.
Las noches sin duda eran las más difíciles. Al menos en la mañana podía concentrarse en su consulta para mantener su mente lejos de pensamientos tontos, pero en la noche llegaba a casa, y allí solo la esperaban malas series de televisión y numerosas tazas de infusiones herbales que no aliviaban su insomnio.
Fate se lo había esperado. Se había acostumbrado por años a las agotadoras e incontables guardias nocturnas, por lo que su cuerpo solo le permitía tener un sueño considerablemente reparador solamente cuando sus energías se hubiesen agotado completamente. Pero desde hace tres semanas no tenía guardias. Desde hace tres semanas sus noches se resumían a sentarse en el balcón por horas, viendo como las luces de la ciudad disminuían poco a poco mientras esperaba que sus párpados le rogaran cerrarse.
Y aun así, entre las sábanas, a horas absurdas de la madrugada, tenía que rogar no ser despertada por una súbita imagen de Nanoha colándose entre sus sueños.
Afortunadamente no siempre tenía que atravesar toda la noche sola. Hayate, Ginga y Carim solían turnarse para acompañarla al menos varias veces a las semanas. Cada una tenía una manera distinta de hacerla sentir mejor, y Fate agradecía profundamente sus esfuerzos. Carim con sus series rosas en la televisión, Hayate inventando cualquier payasada para hacerla reír y Ginga tan solo abrazándola por las noches, espantando sus pesadillas. Incluso Shizuma y Chikane se habían ofrecido para ir a hacerle compañía, pero Fate se negó rotundamente ante esa petición.
Sus colegas tenían a unas preocupadas esposas esperándolas en casa. A pesar de que estaba segura de que a Nagisa y Himeko no les molestaría en absoluto que se quedaran junto a Fate, la rubia simplemente no podía aceptarlo.
Ellas ya tenían suficiente con soportar sus dramas en el hospital.
Dolía, eso era cierto. Pero Fate sabía que dolería aún más si no tuviese a su alrededor a un grupo de amigas tan maravillosas como el que tenía.
Repasó una vez más su atuendo y, tomando su bolso, salió del departamento en dirección al pub.
Al principio no le había agradado la idea de salir, pero en vista de que el día siguiente se iría no podía negarse. En parte, después de pensarlo, el salir con sus amigas esa noche sin duda la llenaría de bonitos recuerdos que atesoraría en su mente, recordándole que un montón de gente la esperaría con los brazos abiertos.
Y sobre todo, sabía que Shizuma no le perdonaría el no ir ese día a la reunión.
Shizuma. Sin duda alguna la extrañaría.
Cuando le dijo a Shizuma que se tomaría unas vacaciones por tiempo indefinido estuvo feliz de hacerlo estando en casa de Chikane, en donde la ojiazul podía controlar un poco la reacción de su amiga. Por sus ojos verdes pasaron numerosas emociones, cambiando en apenas microsegundos de la tristeza a la decepción, y luego a la ira. Shizuma le dio una bofetada que hacía que su mejilla doliera de solo recordarlo, para luego gritarle que era una idiota con todas sus fuerzas, finalizando con un abrazo rompe huesos en donde se permitió derramar unas cuantas lágrimas en el hombro de Fate.
La llamó cobarde, la llamó obstinada por negarse a luchar.
La llamó hermana y le prometió esperarla en ese mismo lugar todo el tiempo que fuese necesario.
Después de definir su situación, Fate tuvo que enfrentarse a otra difícil tarea: Hablar con sus madres del asunto.
Afortunadamente ambas se mostraron bastante comprensivas, sin presionar mucho a Fate, sabiendo lo delicado que era ese tema para ella. Le permitieron desahogarse contando sus miedos y confiaron en ella. Al fin y al cabo tan solo Fate era quién podía saber qué decisión debía tomar, en vista de que solo ella era quién conocía cuales eran sus límites.
Y por la expresión de pesadumbre de Fate al tocar el tema, había rebasado su límite desde hace mucho.
Como madres, decidieron en conjunto apoyarla en todo lo que estuviera a su alcance, por lo que Fate, luego de consultar sus opciones, decidió que podía aprovechar su renovado tiempo libre para hacerle una larga visita a su mamá Precia.
Italia era su primer destino.
El día siguiente estaría tomando un avión con destino a Roma, en donde se quedaría por un tiempo en la casa de su madre hasta que, si le convencía el ambiente de la ciudad, alquilara su propio piso. Incluso su madre la había ofrecido la posibilidad de hablar con los directivos de la universidad en la que estaba haciendo sus investigaciones para conseguir una plaza en un postgrado.
Pero Fate prefería esperar. Quería llegar primero a la ciudad e intentar adaptarse, o al menos aguantarse un poco hasta que su cabeza dejara de ser un recipiente lleno de caos y ruido para decidir cuál sería su próximo paso a tomar. Necesitaba calmar sus demonios internos.
Necesitaba que su dolor disminuyera un poco más, para poder recuperar el dominio de su mente y recuperar su capacidad de pensar con claridad. Si no lo hacía corría el riesgo de pasar una larga temporada funcionando de manera automática, tal y como lo hacía en ese momento.
Cuando, apenas reaccionando, llevaba más de cinco minutos en el estacionamiento del pub.
Se llevó las manos a la cabeza, masajeando su sien suavemente, manteniendo los ojos cerrados. El calmado beat que salía de la radio del auto contribuía a mejorar un poco su ánimo.
Saldría de ese auto y, tan solo por esa noche, dejaría sus pesares atrás y se enfocarían en pasarla bien con sus amigas, como antes. Bromeando, charlando y creando nuevas memorias. Siendo la Fate de siempre, sonriendo sinceramente como la Fate de siempre.
De esa noche quería llevarse en su mente la imagen de sus amigas, esperando felices su regreso.
Un suspiro escapó de sus labios mientras apagaba el auto, tomando su bolso y saliendo del mismo, en dirección a la entrada del pub en donde su nutrido grupo de amigas la esperaba.
Desde lejos podía divisar a una coqueta Nagisa entrelazando sus dedos con Shizuma, quién se reía a carcajadas por las ocurrencias de Hayate. Chikane estaba a su lado, riéndose delicadamente mientras Himeko la imitaba.
Carim se había sumado a la conversación, provocando una nueva oleada de risas, y fue Ginga quien alertó a las demás de la cercana presencia de Fate, agitando alegremente su mano a manera de saludo.
De un momento a otro Fate se vio asaltada por numerosos pares de brazos, que se turnaban para estrecharla de manera amorosa. Sintió también como alguien le alborotaba el cabello con los nudillos, logrando captar a una Shizuma sonriendo maliciosamente mientras se escudaba detrás de Nagisa.
Esa traidora. Se vengaría luego.
Sin poder aguantar la risa por las desmedidas acciones de sus compañeras, Fate se dispuso a entrar al pub, siguiendo los firmes pasos de sus amigas. Destinó su mirada hacia la barra, en donde Signum alzó su mano en señal de saludo, con una sonrisa que fue devuelta amablemente, y se dispuso a seguir su camino hacia una de las mesas más amplias cuando una imagen la hizo frenar en seco.
Tomó la muñeca de Ginga, quién caminaba a su lado, haciendo que se girara preocupada ante el fuerte agarre de una pálida Fate.
Parecía que la rubia hubiese visto a un fantasma.
Bueno, prácticamente para Fate, era como ver un fantasma.
- Nanoha está aquí – le dijo Fate a Ginga, en un susurro.
- ¿Quién? – preguntó Ginga, sin reconocer el nombre dicho por Fate.
- Nanoha. La chica que me gusta – aclaró Fate, intentando desesperadamente no mirar hacia la mesa en donde se encontraba la cobriza.
Ginga apenas articulaba un comentario cuando Chikane se acercó hasta Fate, con expresión seria, poniendo una de sus manos sobre el hombro de la rubia.
- Fate, podemos irnos si quieres – dijo Chikane en voz baja
- No puedo seguir huyendo Chikane – respondió Fate, intentando no temblar.
- ¿Estás segura? – inquirió Ginga, mientras lanzaba rápidas miradas a su alrededor, en búsqueda de alguna actividad sospechosa en otras mesas.
- Solo… ¿Puedo sentarme en algún sitio en el que no tenga contacto visual con esa mesa? – preguntó Fate, a modo de súplica.
Chikane asintió levemente, mientras las escoltaba hacia la mesa.
Shizuma, quién también se había dado cuenta de lo que pasaba, rápidamente le hizo un espacio a Fate para que la rubia quedara justamente con la espalda en dirección hacia la funesta mesa en la que se encontraba Nanoha.
Podría parecer de mala educación no acercarse a saludar, más cuando se supone que, ante todo, ellas eran amigas. Pero ya no se sentía lo suficientemente segura como para aparentar que nada pasaba y hacer gala de sus modales. Estaba consciente que ya, prácticamente con un pie en otro país, cualquier contacto directo con Nanoha terminaría en una verborrea indetenible en donde terminaría diciendo más de lo que debería.
Y ese día no iba a arriesgarse.
Intentó relajarse un poco ante el súbito silencio de sus amigas. Silencio que fue roto afortunadamente por una sonriente Signum que se acercaba con una libreta a la mesa, siendo recibida por una multitud de alegres saludos.
- ¡Signum! – exclamó Shizuma, mientras le extendía la mano en señal de saludo – Ya estábamos por ir a pedir las bebidas. No te hubieses molestado en venir hasta acá.
- Para nada – replicó Signum amablemente, mientras palmeaba el hombro de Fate.- Me enteré por un pajarito que una de mis doctoras favoritas se tomará unas largas vacaciones, así que quería aprovechar para saludar.
- ¿Quién te lo dijo? – preguntó Fate, extrañada.
- Tranquila – la calmó Signum, sin evitar sonreír – Tu secreto está a salvo. Digamos que tienes unas grandes amigas que se preocupan porque estés bien.
- Gracias Signum – dijo Fate, agradecida – Te voy a extrañar.
- Por supuesto que lo harás – afirmó Signum, encogiéndose de hombros – Me molestaría que no lo hicieras, aunque sigo dudando de la decisión que estás tomando.
- Venga Signum – la regañó cariñosamente Chikane – La chica necesita un poco de tiempo para pensar.
- Lo sé. Igual espero que regreses pronto. Las Doctoras no serán lo mismo si no estás.
- Volveré pronto – prometió Fate, con una sonrisa.
- En fin – dijo Signum, guardando su libreta – Solo por hoy tendrás un servicio exclusivo directo a la mesa. Escojan qué tragos quieren para la próxima ronda. La primera Margarita va por cuenta de la casa. – anunció al grupo con una sonrisa, mientras se alejaba entre los vítores de las ocupantes de la mesa.
Fate se sintió súbitamente revitalizada cuando el primer sorbo de Margarita se deslizó por su garganta, dándole la pizca de alcohol que necesitaba para soltarse un poco más. Estaba increíblemente buena, y sin duda alguna Fate extrañaría la increíble capacidad que tenía Signum de preparar esos exquisitos tragos con el equilibrio perfecto entre alcohol y sabor.
Luego de unos cuantos minutos se encontró riéndose a carcajadas por la combinación explosiva que resultaba de una bromista Hayate y una elocuente Shizuma. Hasta Chikane, que se había negado en un principio a renunciar completamente a su aura de princesa, se encontraba limpiándose unas cuantas lágrimas producto de la risa ocasionada por la última ocurrencia de ese par.
Las Margaritas siguieron desfilando raudas por la mesa, mientras brindaban por cosas absurdas con el alcohol inundando peligrosamente su torrente sanguíneo y soltando lenguas. Incluso Fate se había arriesgado a pedir un Tequila Sunrise, que la dejó bastante mareada por la mezcla de tragos.
Su cabeza se lo iba a reclamar mañana, de eso estaba segura. Pero, por ahora, se sentía genial.
- Ok prima – empezó a decir Hayate, con las mejillas sonrojadas producto del alcohol – Déjame decirte que esa cobriza te está haciendo un agujero en la cabeza en este instante.
- Pfff, no inventes – desestimó Fate, negando la cabeza con una sonrisa.
- Hayate tiene toda la razón – acotó Himeko, con una risita – Nanoha no deja de mirarte.
- Par de mentirosas – dijo Fate, ruborizándose.
- ¡Hey! – exclamó Chikane, regañando a Fate – Mi esposa no es una mentirosa.
- ¿A mi quién me defiende? – preguntó Hayate, con tono dramático.
- ¡Hayate no miente! – exclamó Carim, mientras abrazaba a una sonrojada Hayate.
- En serio Fate. Si yo fuese el novio de esa chica estuviese hirviendo por los celos – agregó Ginga, mirando disimuladamente hacia la mesa de Nanoha – Ha pasado más rato mirándote que prestándole atención a lo que él le dice. La cara del chico es un poema.
- ¡Claro que es un poema! – exclamó Shizuma, soltando una carcajada – Esas facciones de hurón no se consiguen en todos lados ¿Lo sabías?
- Además. ¡Ella se lo pierde! – anunció Hayate.
- ¡Hayate! – la regañó Fate – Baja la voz.
- Es más ¡Hagamos un brindis! – pidió Hayate, alzando su copa mientras las demás la imitaban entre risas - ¡Brindo por la bien proporcionada y sexy rubia que es mi prima!
- ¡Salud! – exclamaron las demás al unísono, mientras le daban un sorbo a sus bebidas.
- ¡Ya sé! ¿Qué tal si cantamos una canción? – preguntó Shizuma, mirando a Fate emocionada.
- ¿Una canción? – preguntó Fate, confundida.
- Sí. Ya sabes. Nuestra última presentación como Las Doctoras hasta que vuelvas. Puedo dejarte escoger la canción y todo.
Fate dudó por unos segundos, pero con Chikane haciéndole ojitos desde la esquina de la mesa y Shizuma visiblemente emocionada por la idea fue imposible decir que no.
Además, podía tomar eso como una especie de terapia.
Una manera de decirle de manera indirecta a Nanoha todo lo que sentía, aunque las palabras no llegaran a su corazón.
Su última jugada para marchar en paz. Si, definitivamente lo haría.
Y pondría todo su corazón en ello.
- Vale – aceptó Fate, ante el chillido emocionado de sus amigas - ¿Les parece si tocamos All I Want?
- ¿De Kodaline? – preguntó Chikane.
- Sí.
- Pan comido – dijo Shizuma sonriendo. – Pero te tocará cantar a ti si escoges esa canción.
- Pensaba que ya estaba decidido eso – respondió Fate, con una sonrisa.
- Esperen acá un segundo – pidió Chikane, levantándose de su asiento.
Con curiosidad vieron como Chikane se escabullía por la puerta principal del pub, para reaparecer minutos después sosteniendo un estuche acolchado, acercándose a la mesa.
- Estaba negociando ayer este violín de prácticas con un colega, pero tuvo un inconveniente que atender y no pudo probarlo, por lo que aún lo tenía en el auto. Creo que nos servirá para esa canción- dijo Chikane, sonriendo ampliamente.
- ¿En serio piensas en todo? – preguntó Shizuma, mirándola sorprendida.
- No por nada soy la directora del hospital – contestó Chikane, manteniendo su sonrisa.
- ¡Andando entonces rubia!
- ¡Las Doctoras van a cantar! – anunció Signum desde la barra, mientras veía como las tres amigas caminaban firmes hacia el pequeño escenario.
El calor de los aplausos las acompañó en todo el trayecto, aunque Fate sentía como la temperatura de su cuerpo había descendido súbitamente. Sus manos temblaban cuando tomó la guitarra entre sus manos, comprobando rápidamente su afinación mientras miraba a sus compañeras en búsqueda de apoyo.
Chikane le dirigió una cálida sonrisa, mientras terminaba de tomar su posición con el violín. Shizuma se acercó al micrófono para anunciar su presentación, guiñándole un ojo en el proceso para darle toda la seguridad que necesitaba.
- ¡Hola! – saludó Shizuma alegremente – Espero que lo estén pasando bien, o por lo menos tan bien como lo estamos pasando nosotras. Hoy es un día muy especial, por eso nuestra querida doctora rubia cantará la siguiente canción. Si están alcoholizados y quieren cantar a todo pulmón esta es su oportunidad. Nadie los está viendo, promesa – añadió Shizuma, ganándose una ola de risas – Nosotras somos Las Doctoras y esto es All I Want de Kodaline.
Los vítores no se hicieron esperar, mientras Fate tomaba una gran bocanada de aire y la dejaba salir lentamente, acercándose tímidamente al micrófono.
Shizuma alzó su pulgar luego de ocupar su lugar en el piano, mostrándole que estaba lista para acompañarla.
Ahora, todo quedaba de parte de Fate.
Comenzó a tocar suavemente, mientras que con cada nota su corazón se mostraba más seguro de lo que hacía. Al fin y al cabo, durante toda la canción, el sería el que hablaría.
Sería su corazón quién intentaría llegar hasta Nanoha.
All I want is nothing more
To hear you knocking at my door
Cause if I could see your face once more
I could die a happy woman I'm sure
When you said your last goodbye
I died a little bit inside
I lay in tears in bed all night
Alone without you by my side.
Su voz temblaba, pero eso a ella no le importaba. Su voz debía quebrarse como ella lo estaba haciendo por dentro, quería expresarle a Nanoha todo lo que sentía. Lo mucho que le dolía amarla sin siquiera poder decírselo directamente, y lo perdida que se sentía ahora que ella se casaría con Yunno.
Por eso, aunque las palabras amenazaban con quedarse atoradas en su garganta, se atrevió a mirar directamente a los ojos a Nanoha, quién se encontraba sentada junto al que sería próximamente su esposo, devolviéndole la mirada con la misma intensidad, permitiendo que, tan solo por esa última vez, pudiera detallar con ese profundo púrpura toda la tristeza y ansiedad que reflejaban sus orbes borgoñas, cantando suavemente el coro.
But If you loved me
Why'd you leave me?
Take my body
Take my body
All I want is
And all I need is
To find somebody
I'll find somebody
Like you…
Casi como una súplica, la última frase del coro salió de sus labios, mientras Shizuma y Chikane complementaban a la perfección la emoción que intentaba transmitir Fate con su voz, sonriendo complacidas como las personas del público unían sus voces a las de Fate.
So you brought out the best of me
A part of me I'd never seen
You took my soul and wiped it clean
Our love was made for movie screens
Muchos alzaron sus copas mientras cantaban el coro, con lágrimas en los ojos producto del alcohol mientras recordaban amores no correspondidos, pero Fate solo podía mantener su vista fija en Nanoha.
Una Nanoha con los ojos húmedos, que no podía despegar su mirada de Fate.
Fate solo rogaba que, entre tantas notas, esa última canción lograra llegar hasta a ella, tan solo para decirle lo que ella no se atrevía.
Que estaba perdida y absurdamente enamorada de ella, aunque eso no sirviera de nada.
Con un último esfuerzo vocalizó el último coro, con las rodillas temblando y las lágrimas a punto de escapar de sus ojos.
If you loved me
Why'd you leave me?
Take my body
Take my body
All I want is
And all I need is
To find somebody
I'll find somebody
Like you.
Los aplausos estallaron por todo lo largo y ancho del bar, mientras Fate rompía el contacto visual con Nanoha y se fundía en un abrazo grupal con Shizuma y Chikane, quienes más que nadie comprendieron el peso de la declaración que había emitido la rubia con esa canción.
Todos sus miedos, toda su tristeza, todo su dolor.
Su voz lo había dicho todo.
Ellas en el fondo también rogaban que Nanoha hubiese entendido.
Escoltaron a Fate hasta la mesa, mientras las demás las recibían con una sonrisa. La rubia aprovechó para tomar un poco de agua y ver la hora en su teléfono celular.
Era absurdo como el tiempo se le escurría entre las manos, sin capacidad de regresar. Si quería levantarse a buena hora el día de mañana para poder llegar al aeropuerto tenía que ir partiendo en ese instante, pero antes quería llevarse un recuerdo más.
- ¡Hey chicas! – pidió Fate, sonriendo - ¡Tomémonos una foto!
La solicitud de Fate fue más que bien recibida, por lo que en menos de un minutos se habían acomodado todas frente a la pequeña cámara del celular de Fate, preparadas para una selfie grupal.
Un gran lote de sonrisas quedó grabado en la foto.
Fate sabía en el fondo que, cada vez que se sintiera sola, en un lugar muy lejos de allí, podría ver esa foto y saber que a kilómetros de distancia un grupo de chicas con un corazón de oro la estarían esperando.
Y, tan solo por eso, sin duda alguna valdría la pena regresar a casa.
