GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS

NOTA DEL AUTOR – ¡Gracias a Eikaros por la nueva review!


CAPÍTULO 26 – CAZADORA CAZADA

Publicado el 17 de octubre de 2016, con una extensión de 1.780 palabras.


"Vaya, mira tú por dónde, también es casualidad…"

Ocurrió justo al doblar una esquina, aunque afortunadamente esta vez nadie se chocó con quien venía de frente.

Armin y Eren estaban en la parte superior de aquel tramo de escaleras, desde el cual no se veía ni la recepción a sus espaldas ni el comedor más adelante.

La otra persona había aparecido por el extremo opuesto, donde terminaba aquel tramo en descenso. La figura permanecía sumida en las sombras, apenas rasgadas por la escasa iluminación que venía respectivamente de la entrada y el comedor.

Y en aquel claroscuro, por un momento, Armin creyó ver a Mikasa delante de él.

"Es verdad que las dos se parecen…"

Sus ojos fueron adaptándose a la oscuridad, permitiéndole captar las sutiles diferencias: un peinado distinto, en forma de cola de caballo; ojos más grandes y brillantes, que reflejaban la poca luz que allí había; y… un saco enorme que llevaba a la espalda, sujetando uno de los bordes entre sus manos por encima del hombro derecho.

Armin no pudo evitar una sonrisa, frente a aquella figura que parecía sacada de una tira cómica.

"Sólo le faltaría el antifaz y la camisa a rayas para ser el típico ladrón… o más bien ladrona."

–¡Hola, Sasha! –saludó con alegría a la misteriosa silueta.

Y por un momento, sólo hubo silencio.

A su lado, Eren seguía sorprendido por aquel encuentro repentino, sin decir palabra, limitándose a mirar y escuchar con atención. Sasha, por su parte, se había quedado quieta como una estatua.

"N-ni siquiera pestañea…" Armin sintió una gota de sudor cayéndole por la sien. "Incluso puede que haya dejado de respirar. ¿Acaso se cree que no nos vamos a dar cuenta de que está justo ahí delante si no mueve ni un solo músculo? Aunque tampoco es la primera vez que reacciona así, con un instinto más animal que humano, sobre todo cuando se trata de algo relacionado con la comida."

El rubito de ojos azules reprimió un escalofrío; para lo que le interesaba, la cazadora de Dauper podía llegar a ser tan rápida y tan fuerte (tan implacable) como Mikasa.

"Igual que cuando te encuentras con un animalillo en mitad de un bosque…" Armin tragó saliva, con cierto nerviosismo. "Quizás Sasha esté tan asustada de nosotros como nosotros de ella. Al menos yo lo estoy. Mejor evitar movimientos bruscos. Lo último que necesito ahora es espantarla o, peor aún, provocarla."

Eren todavía no había dicho nada, así que Armin intentó resolver la situación; preguntándose, no por primera vez, qué haría Marco en su lugar.

–Sasha, qué bien. –Y aun siendo verdad, procuró que su voz sonase especialmente cálida y sincera–. Estaba buscándote…

Se atrevió a dar un solo paso, su pie descendió hasta el siguiente peldaño… y Armin se sintió un poco dolido al ver que Sasha temblaba; apenas fue perceptible, pero él sí lo notó.

"¿Qué estoy haciendo mal?" Volvió a tragar saliva, cada vez con más ansiedad; temía contagiársela a su compañera y echarlo todo a perder. "Vamos, ¡piensa! Trata de ponerte en su lugar… Vaya, ¿no será lo más obvio? Teniendo en cuenta que lleva un saco enorme a la espalda, que viene del comedor, que su actitud es algo furtiva y que es Sasha, pues entonces… ¡Está claro lo que ha pasado aquí! Me parece que ha cogido bastante más comida de la que le corresponde. Y sin embargo, allí abajo no se oye nada raro, todavía. Sólo es cuestión de tiempo que se den cuenta. Desde luego, si nos quedamos justo en medio de las escaleras…"

Todos estos pensamientos cruzaron por su mente en apenas un instante.

"La solución más sencilla suele ser la correcta, y creo que aquí lo mejor será… decir la verdad."

–Sasha, necesitamos tu ayuda –confesó Armin, con una intensidad en su voz que él sin embargo no había buscado a propósito; y quizás precisamente por haber sido tan sincero y espontáneo, aquello fue lo que resultó más convincente para una persona tan intuitiva como la chica de Dauper.

El muchacho se atrevió a dar otro paso, pero la cazadora no reaccionó como antes; esta vez se limitó a inclinar ligeramente la cabeza a un lado, ya sin tanta aprensión, mirando a su compañero con un brillo de curiosidad en sus expresivos ojos castaños.

–Y creo que nosotros también te podemos ayudar a ti. –Otro paso más–. Si te parece bien.

"En vez de ignorar ese saco enorme, quizás sea mejor…"

De pronto le vino una súbita inspiración: una idea a partir de la cual ir improvisando sobre la marcha, algo que normalmente no haría; pero dejarse llevar por su intuición ya le había dado antes buen resultado, así que volver a actuar de manera instintiva podría servirle de ayuda.

"Sí, supongo que ésa es la mejor opción, tratándose de Sasha."

–Habrás visto al guardia que hay en la entrada…

–Oh, hum, bueno… –Sasha contestó al fin, con un leve tono de duda en su voz; por lo menos ya no parecía tan nerviosa–. Me temo que en realidad te estás confundiendo. Ciertamente hay dos centinelas, uno a cada lado de la puerta.

El muchacho sintió que ya no le costaba tanto sonreír; que su compañera se expresara así para disimular el acento de pueblo… casi inspiraba ternura.

"¿Eh? ¿Y a qué ha venido eso ahora? Vamos, Armin, no te distraigas. ¡Céntrate!"

–Ah, no… –logró responder él–. Me refiero al guardia que hay dentro del edificio, en el mostrador de recepción. ¿No le has visto al pasar? Moreno, con gafas… –"y un tanto inquietante," añadió para sí.

Sasha se quedó callada un instante, con cara de concentración, y luego asintió ligeramente con la cabeza.

"Entonces supongo que esto no forma parte de un plan premeditado, ni nada por el estilo… Simplemente vio una oportunidad y la aprovechó, sin pensárselo dos veces. Lógico, tratándose de comida."

Y sin embargo, él mismo reconoció que quizás estaba siendo un poco hipócrita con Sasha, porque ella no era la única ahí improvisando sobre la marcha… aunque eso no le detuvo.

–Sabes, llevo un rato dándole vueltas… –Armin avanzó otro paso más–. Ese soldado, ese guardia, parece algo peculiar. Le he visto leer y escribir, muy centrado en lo suyo, prácticamente ignorando todo lo demás… –Otro paso más–. Puede que sea para prepararse un examen. Tendría sentido, ¿no? Estos centinelas pertenecen a las Tropas Estacionarias, quizás al del mostrador le interese pedir un traslado. Hay varias formas de acceder a la Policía Militar… –Otro paso más–. Seguramente el hombre aprovecharía cualquier oportunidad de hacer méritos, para sumar puntos y conseguir ese traslado. Un buen ejemplo sería detener en el acto a alguien intentando sacar un montón de comida de los barracones, de la manera menos sutil y discreta posible… –Otro paso más.

Armin quedó a tan sólo un escalón de ella; ahora él era un poquito más alto. Sasha, por su parte, seguía observándole con atención, sin perderse ni un solo detalle; su mirada revelaba la atemorizada fascinación de quien estaba pendiente del final de una historia de miedo, temiendo y al mismo tiempo deseando saber cómo terminaba.

Y entonces Armin colocó sus manos encima de Sasha, una sobre cada hombro, en un movimiento fluido, tan suave como decidido; mirándola directamente a los ojos, marrones y cálidos, enormes.

Estando tan cerca de ella, bastó con que su voz fuera un susurro.

–Puede que sólo sean imaginaciones mías… o puede que no. ¿Y si el guardia se lanza sobre ti nada más verte? ¿Y si decide hacer un escarmiento contigo para advertir a los demás?

Armin le apretó un poquito los hombros a su compañera; se acercó más todavía, inclinando su cara sobre la de ella, hasta que casi le pareció poder ahogarse en aquellos lagos castaños, húmedos y brillantes.

–Sasha… ¿Y si el soldado abre allí mismo tu saco, empieza a comerse toda la comida… y te obliga a mirar?

Y sólo después se dio cuenta de lo que había dicho, llevando a la cazadora al borde de las lágrimas, fruto de aquella crueldad tan súbita como innecesaria.

"Pero qué he hecho… Por María, Rose y Sina, ¿qué he hecho?"

Armin sentía crecer el pánico en su interior, junto con un sentimiento de culpa cada vez más abrumador; todo ello, de nuevo, en apenas un instante, entre un latido y otro de su agitado corazón. Aun así, no retiró las manos y siguió sujetando a Sasha; irónicamente, tenía la impresión de que eso era lo único que la sostenía ahora.

"El culpable de su situación, convertido también en su último apoyo, evitando que se venga abajo… Bueno, si la alternativa es dejar que se derrumbe como un saco de patatas… Je, precisamente, ¿será eso lo que lleva ahí dentro? Aunque lo de la patata ocurrió sólo una vez, hay muchas más cosas… Pan, por ejemplo, solemos tener bastante. Y quién le diría que no a un buen plato de carne, en los tiempos que corren…"

Y del caótico torbellino de sus pensamientos, ya casi degenerando en histeria, surgió de pronto una idea que rescató a Armin de su errático divagar.

–Sasha, ¿qué llevas en la bolsa? –preguntó repentinamente el rubio.

–¿Eh? Pues bocadillos… –titubeó su compañera, desconcertada.

–Bien, estupendo… –Armin sonrió–. Entonces sí podemos ayudarte.

–¿No erais vosotros los que necesitabais mi ayuda? –Sasha parecía aún más confundida.

–Bueno, primero te ayudamos a ti y luego ya veremos. Ahora escúchame con atención. Habrás oído lo de tener una tarta y comérsela…

–Ñam, ¡tarta!

–Je je… Sí, pero centrémonos en los bocadillos, ¿de acuerdo? Sabes que no puedes sacar la bolsa sin que el guardia se dé cuenta, así que vas a dejarla donde la has encontrado.

Jooo.

Peeero antes de eso… Veo que sigues con el abrigo puesto.

–¡Sí! ¿A que hace frío aquí dentro?

–Cierto, cierto… Bueno, la idea es que cojas tantos bocadillos como puedas y los guardes disimuladamente en tu abrigo.

–¡Ah, bien! Entonces ningún problema, seguro que me cabe todo…

–¡Sasha! ¿Qué acabo de decir? Disimuladamente. Si de pronto apareces hinchada como una pelota, está claro que van a sospechar algo. Para salir de los barracones sin que los centinelas se fijen demasiado en ti, lo mejor será que Eren y yo te cubramos.

–¿Con una manta?

–¡No, mujer! Me refiero a que cada uno de nosotros se coloca a un lado y tú en medio, para taparte y que no se te vea tanto.

–¡Ah, vale! ¿Y después?

–Pues supongo que podrías ayudarnos con lo nuestro…

–¡Es un plan genial! ¡Muchísimas gracias!

Y antes de que Armin pudiese decir nada más, Sasha le dio un beso en la frente.