Capítulo 25 : Hyurle está en problemas

-¡A estribor! ¡Suelten el ancla, bajaremos aquí! – Gritó una voz

-¡Pero señora, estamos muy lejos del lugar a destino, varios kilómetros! ¿No había una costa más cercana? Le respondió la otra voz fuertemente desde abajo, mientras desenredaba la cuerda que ataba el ancla al barco. Un hermoso barco adornado con la marca gerudo, y pintada la vela con negro y rojo que hacían resaltar la fuerza.

-¡No digas nada, niña! ¡Se dónde debemos anclarnos, y si tardamos más, el príncipe Gabri nos rebanará las cabezas!

Dicho esto, todas las tripulantes del barco, y los que le seguían, se detuvieron en la playa más cercana, una hermosa costa que tenía a la distancia un bosque maravilloso. Ellas desenvainaron sus espadas, y se pusieron en marcha hacia el castillo rápidamente y sin demora, para acudir a la misión.


-Ya llegaste. Quiero saber sobre tus intenciones de dejarme cada cierto tiempo – Refunfuñó Gabri, mientras observaba al ave castigada

-Rawwww.. – Gruñó esta silenciosamente, haciendo que su amo arqueara una ceja y mostrara una macabra sonrisa….

-Eres una buena ave…los estaré esperando, pero antes vayamos al castillo de una vez – Rió


La careta se movía velozmente entre la hierba de la gran pradera, mientras los pasajeros esperaban impacientes el acercarse a su destino. Ya era tarde, bastante, y afloraba la angustia de saber que pasaría… ¿Llegarías a tiempo al castillo para advertir al rey de lo que sucedería? Era la opción más acertada en esos momentos por todos, aunque temían la respuesta que podría dar su majestad.

Mientras, el castillo se podía apreciar claramente en la distancia, tan vivaz y limpio como siempre, al parecer Gebriath aún no había tocado aquellas tierras ni las había reclamado con furia como proponía , y eso daba esperanza para que el caballo trotara grácilmente con rapidez y alegría irremediable para el resto del grupo.

Finalmente, después de varios kilómetros de viaje, llegaron a las puertas de la ciudadela y entraron angustiados para llegar al castillo, la gente admiraba al peculiar grupo hacerse paso entre las mercaderías, llamando la atención de unos guardias que los detuvieron.

-¿Se puede saber que sucede con todos ustedes? – Preguntó uno de ellos

-¡Soldado, soy uno de ustedes! Vengo con noticias muy importantes para el rey sobre su hija – Gritó Link, agotado

-¿Link? ¡Link! ¡Has vuelto! – Gritó uno de los guardias - ¡Ya creía que no volverías! ¿Qué sucedió?

-No es tiempo de explicarlo…por favor, déjanos pasar…

-Lo siento, pero no creo que se a posible.. No se puede entrar al castillo sin alguna invitación, y dudo que el rey quiera recibirlos – Agregó el otro guardia

-¡Pero es urgente! ¡Invadirán Hyurle! – Gritó Ilse

-Lo sentimos, no podemos…

-¿Me estás bromeando? Debe haber alguna manera, por favor, no nos importa como sea… - Suplicó Estalt integrándose a la charla

-¿De verdad no les importa?... Entonces permítanme decirles que hay un pasadizo secreto en las alcantarillas de la ciudad…abajo…tres veces a la izquierda, veinte pasos en frente, cuarenta a la derecha, activan les tres palancas…, y yo no dije nada. Ahora márchense – Gritó el primer guardia, mientras el otro alejaba a los interesados en el tema que se habían acercado por curiosidad, y el grupo se marchaba alegre intentando buscar alguna entrada.

Se decidieron en ir a la posada más cercana y destrozar el retrete para abrirse paso, obviamente le limpiaron primero con desinfectantes y tal…, y a fuerza bruta todos le quitaron de su lugar sin hacer el mínimo ruido para alertar a los clientes del antiguo local , los cuales se preguntaban por qué siete personas y un hada habían entrado a los baños juntos, además de que todos eran muy curiosos.

Primero entro Jeffrel, explorando el agujero de tamaño mediano :

-¡Todo en orden! – Gritó después, mientras los demás de amontonaban para entrar y seguir las cañerías, estaba algo apretado, y olía horrible, pero debían hacerlo por el bien del reino, y continuaron hasta caer en las aguas de las alcantarillas. Buscaron las tres palancas que se encontraban colgando del techo ( Fueron necesarias tres personas para alcanzarlos y a la vez activarlos) , y finalmente por una compuerta más llegaron a duras penas dentro de la fortificación. No estaba rondando ningún guardia por el lugar, lo que parecía realmente sospechoso, ni siquiera se escuchaba un aliento de un guerrero aburrido de su trabajo a estas horas (N.A Cerca de las 10 de la noche, imaginen que empiezan en la madrugada…que rabia).

-¿Por dónde se encuentra la habitación del rey? – Preguntó Tara, la cual se había mantenido increíblemente callada durante todo el trayecto, sorprendiendo al resto, en especial al joven de cabellos rubios.

-Nos cortaría las cabezas… Lo ideal sería ir al trono primero, dónde recibe a las visitas. Dudo que aparezca allí, pero no tenemos opción – Respondió este

-¡No! – Interrumpió Estalt - ¡De seguro si Gabri llega, entrara por las ventanas, las destruirá y amenazará al rey! ¡Debemos ir a su habitación ya!

-Habrá que arriesgarse – Dijo Tamira – De todas formas, moriremos si Gabri de apodera de estas tierras

-Tiene lógica…Hrrmm – Gruñó Link - ¡Bien, vamos de una vez! – Y dicho esto se abalanzó sobre las escaleras de piedra, a gran velocidad, seguido por el resto.

Sus pasos no eran para nada sigilosos, hacían mucho ruido, tanto que cualquiera se hubiera percatado de su presencia, pero nadie lo detuvo. Corrió hasta llegar al tercer piso, totalmente agotado, y busco la puerta de mejor "calidad", dónde descansaría el rey. Busco recorriendo casi todo el castillo, dejando atrás a sus compañeros.

Pero algo lo sorprendió, La cálida habitación, con la chimenea prendida a rojo vivo, y llena de polvo por dónde fuera, estaba totalmente vacía.

-¿Qué demonios? ¡No hay nadie aquí! – Fue lo que alcanzó a decir. Pero no le duró demasiado.

La afilada hoja fría de una espada se sintió atravesando su carne en el brazo, y antes de que pudiera dar un grito, se le tapó la boca y se le amarró con cuerdas a una velocidad impresionante.

-Buen trabajo chicas .. – Fue lo último que escucho decir antes de que se le nublara la vista por un golpe.


Continuará