Capítulo 25

―Ya está todo preparado―se dijo para ella misma, mientras se mordía el labio inferior ligeramente.

Miró a su alrededor, con una sonrisa cohibida, mientras se terminaba de quitar el delantal que había usado. Llevaba su cabello rubio recogido en una coleta alta, como siempre, y la muchacha, después de haberse pasado horas cocinando algo, por fin había logrado preparar algo decente, que hiciese que la mujer se sintiese satisfecha consigo misma.

Era la primera cita que iba a preparar con Marley, y debía admitir que se encontraba totalmente nerviosa. Quería ser delicada, y no presionar a la castaña a nada, y a su vez, no sentirse tensa ella consigo misma. No se quería obligar a nada con la otra, y aunque era cierto que quería una relación seria con la castaña, también era cierto que quería ir poco a poco, sin agobiarse.

Se sobresaltó al escuchar la puerta, girando el rostro mientras terminaba de colocar los platos en la encimera, escuchando como Marley dejaba las llaves en la entrada, saliendo corriendo para encontrarse con su compañera, que en cuanto la vio, le dedicó una sonrisa. Pero antes de que dijese nada, presionó los labios contra los suyos en un suave beso, y después, cubrió sus ojos con las manos, de manera que Marley entreabrió los labios, soltando una risita por el beso, percatándose la más baja del tono rojizo en las mejillas de la otra, mordiéndose el labio inferior.

― ¿Y esto? ―Quiso saber, mientras apoyaba las manos sobre las de la otra, que seguía cubriéndole.

―Es una sorpresa, Rose―susurró cerca de su oído, lo que hizo que la castaña se estremeciese.

Últimamente le resultaba difícil contener lo que Kitty era capaz de provocarle, y tenerla tan cerca, hacía que se estremeciese por completo, cerrando los ojos y apretándolos, respirando profundamente, intentando parecer un poco serena. Pero en esos momentos, lo que le apetecía era poder besar a la animadora, aunque no estaba segura de si podría hacer eso, porque al fin y al cabo, ambas no eran pareja. Y aunque Marley se moría de ganas por ello, le había prometido a la otra que iban a ir despacio, poco a poco. Pero no sabía si no podía besarla o no.

― ¿Una sorpresa? ―Susurró, un poco divertida, mientras escuchaba como se apagaban las luces. O eso se imaginaba, al escuchar el ruido del interruptor― ¿Me tengo que asustar?

―No―se rió ante el tono mordaz de Kitty, imaginándose que esta había rodado los ojos, cosa que había sido así de verdad―. Es algo que espero que te guste―murmuró en un tono más suave, cosa que hizo que Marley sonriese.

―Estoy segura de que es así―dijo sincera, mientras caminaba, guiada por la otra.

Apretó ligeramente las manos contra las suyas, recibiendo una caricia con cierto cariño por parte de la animadora. No se podía imaginar el estar así con ella, y menos después de que, tras confesar sus sentimientos, hubiese huido, pero, tras aclarar ambas que estaban enamoradas la una de la otra, y que no iba a haber nadie más de por medio, quería aprovechar todo momento a su lado, aunque pudiese ser complicado por el carácter de ambas, que pudiesen chocar entre ellos.

Cuando notó que Kitty le destapaba los ojos, no pudo evitar parpadear varias veces para ver si todo aquello era verdad. La encimera estaba colocada de manera que había un mantel encima de ella, y sobre este, los platos y los cubiertos colocados; y en medio de todo aquello, había una vela encendida, y la tonalidad del mantel hacía que se diese un toque romántico, viéndose una botella de vino junto a dos copas, quedándose sin aliento. ¿Kitty había preparado eso para ella?

Se giró, buscando la mirada de la animadora, y por primera vez, se encontró con una sonrisa ladeada de carácter tímido, para sorpresa suya, puesto que no se imaginaba a la rubia ni romántica, ni cohibida; aunque, si no estaba acostumbrada a mostrar esa faceta suya, era normal que se mostrase como si fuese algo extraño. Y que, sin embargo, fuese así con ella, hacía que se sintiese ligeramente afortunada por ello. Era bonito sentirse especial cuando alguien que amabas te trataba como si fueses lo más único del universo. Y Kitty hacía que se sintiese así. Y eso era lo mejor de todo, porque la animadora la amaba al igual que ella la amaba a ella.

― ¿Qué es esto? ―Quiso saber, encandilada, con tono suave, con los ojos azules fijos en su rostro.

―Pues...Es una cena―murmuró, con tono de obviedad, aunque delicada, aún un poco tímida.

―Sí, pero... ¿Por qué?

Kitty se mordió el labio inferior, bajando la vista. ¿Cómo iba a explicar que eso lo estaba haciendo por todo lo que le hacía sentir? Notaba su corazón completamente acelerado, como si no se pudiese contener en su pecho. ¿Cómo es que Marley lograba que se sintiese así de especial? Era como si todo lo que conociese hasta ese momento del amor, no sirviese de nada, y se encontrase completamente confusa y desorientada ante ella. Y más cuando sentía los ojos azules de esa chica fijos en ella, de esa manera que creía que le estaba leyendo el alma. ¿De verdad no se daba cuenta del efecto que causaba en ella?

―Porque...―suspiró. No sabía cómo expresarlo― No sé porqué―dijo riéndose―; bueno, lo sé, pero no sé cómo explicártelo―aclaró, mientras Marley le dedicaba una sonrisa dulce.

―Puedes intentarlo―le sugirió. Necesitaba saberlo. Necesitaba escucharle lo que tenía que decir para sentirse segura. Para sentir que todo aquello era real. Que la relación entre ellas era real.

―Bueno...Después de haber aclarado nuestros sentimientos, ir paso a paso, ¿no? ―Esperó a que la otra diese alguna señal de que estaba de acuerdo, sonriendo al ver como asentía con la cabeza― Y no sé, me apetecía prepararte esto―murmuró con tono amable mientras le dirigía una mirada amable a la que era la persona que, en esos momentos, le estaba robando el corazón. O que ya se lo había robado.

―No tenías por qué hacerlo―dijo la otra con una leve sonrisa, quedándose mirándola a los ojos.

―Me apetecía hacerlo...

Marley se quedó algo embobada ante las breves palabras de su amiga, o su chica, o lo que fuese. Pero en ese instante, solo era capaz de pensar en que quería besarla. Necesitaba hacerlo. Por lo que no dudó en inclinarse y presionar sus labios contra los de Kitty en un leve roce, notando como la animadora la atraía hacia ella, por la cintura, para abrazarla contra su cuerpo, sonriendo por ello, con el corazón acelerado. Pasó los brazos por la nuca, siguiendo un poco más con el beso, entreabriendo los labios contra los de la rubia, intentando así profundizar más. Y lo logró, abriendo más para que la lengua de Kitty se pudiese deslizar en su boca, y así, poder prolongar el beso más, soltando un suspiro sin poder evitarlo, percatándose de que el cuerpo de Kitty temblaba. Y eso le maravillaba.

―Y a mí me apetecía besarte...―murmuró contra sus labios, deslizando los dedos por la nuca, sin apartarse mucho de sus labios.

Casi pudo percatarse de que la otra sonreía contra sus labios. Y creía que se iba a morir por todo aquello. Pero solamente quería disfrutar de todo aquello.

―Me ha encantado, en serio, siempre he admirado tu forma de cocinar―habló Marley mientras se limpiaba con una servilleta los labios, después de esa cena tan agradable, en la que tanto Kitty como ella se habían pasado todo el rato hablando un poco, riéndose, como si todo fuese tan sencillo como eso.

Y tal vez lo era, pero para sorpresa de la castaña, lo que pensaba que podría ser extraño entre ellas, fluía de una manera tan natural que ni ella misma se lo podía creer. Que Kitty y ella tuviesen esa afinidad, era tan natural como que la luna aparecía cuando era de noche, y cuando era de día, quien hacía acto de presencia era el sol. Ambas parecían estar hechas la una para la otra, aunque pudiese parecer lo contrario. Y que la animadora lograse que no se le quitase la sonrisa a la otra era tierno, y a la vez, especial. Marley nunca se había sentido tan especial con nadie, aunque procuraba no mostrar ese detalle por el hecho de que, en parte, sabía lo difícil que le resultaba a Kitty ser así, y el hecho de señalar ese detalle podría violentarla. Y Marley lo que menos pretendía era eso.

―Tampoco es que sea tan buena―intentó quitarle importancia la rubia mientras se levantaba del lugar.

―Déjame que te ayude―pero antes de que pudiese agarrar los platos, ya lo había hecho Kitty, apartándoselos, haciendo que Marley frunciese el ceño.

―No, Rose―negó con la cabeza, esbozando una sonrisa divertida―. Esta cena es para ti, así que no vas a hacer nada―le dio la espalda, dejando los platos en el fregador mientras se volteaba, clavando sus ojos verdes en la figura de la chica, que se levantaba del taburete, sin dejar de mirarla―. ¿Ocurre algo?

―No...―susurró Marley mientras se acercaba a ella, dando unos pasos tímidos―Solamente te quería agradecer lo de la cena...

La otra alzó una ceja, como esperando a que dijese algo más, pero la castaña se limitó a rodear su cuello con los brazos, rozando la nariz contra la suya en un gesto cariñoso antes de presionar los labios contra los suyos, sonriendo contra estos de una manera delicada, sintiendo como la otra la abrazaba contra su cuerpo, suspirando así. Era delicioso poder besar a Kitty, más cuando llevaba tiempo deseando poder hacerlo. El recorrer sus mejillas con los dedos, sujetando estas con las manos para, así, poder prolongar el beso un poco más, estremeciéndose por la respiración lenta que chocaba contra su rostro, acariciando la piel con las yemas de los dedos.

Era una sensación increíble estar así con la mujer, que la apretaba más contra su cuerpo, dejando una línea de besos por su mandíbula, riéndose en bajo por un momento, debido a que le causaba así un cosquilleo que le gustaba. Era agradable sentirse así de querida y amada, y deseaba poder estar así durante mucho tiempo con la rubia, que parecía estar ensimismada con besar con cuidado la piel de su cuello, dejando un leve mordisco antes de separarse, riéndose de nuevo Marley.

―Me encanta estar besándote así todo el rato...―murmuró entonces Kitty cerca de su cuello, aspirando su aroma― ¿A qué hueles?

―Frutas del bosque―se limitó a responder, siguiendo con leves caricias en su nuca, suspirando―. Me encanta.

―A mí también me encanta―corroboró, buscando sus labios para depositar otro beso en estos, lo que hizo que Marley sonriese como una boba enamorada―. Aunque, si soy sincera, más me encantas tú―le dijo en el oído, dando un leve mordisco en el lóbulo de su oreja, de manera juguetona―; y me pasaría así un buen rato...

―Lástima que tenga que madrugar―se lamentó Marley―. Además de que tenemos que ir poco a poco―añadió, mordiéndose el labio inferior. Tampoco se quería acelerar mucho.

Kitty asintió, accediendo a regañadientes, y se apartó lentamente, maldiciéndose la castaña por lo bajo. No quería que la animadora la dejase de abrazar, ni que se apartase de ella, ni nada. Pero la mirada de Kitty, profunda, le hizo pensar que era lo mejor, aunque se lamentase por ello, y esta se dirigió a la encimera, recogiendo las copas de vino, y la botella, que se encontraba medio vacía. Marley dejó escapar un suspiro, observando a la rubia, que permanecía en silencio.

― ¿Kitty? ―Espero a ver si le respondía, sintiéndose un poco mal por haber interrumpido ese momento.

―Dime―respondió con tono neutral la otra.

― ¿Estás molesta?

―No, no, no te preocupes...Buenas noches, Marley―sin embargo, cuando esperaba que la rubia le iba a dar un beso en los labios, esta le dejo esa caricia en la mejilla, alejándose antes de que la otra pudiese hacer nada.

Entreabrió los labios, dispuesta a hablar, pero la animadora se apresuró a dirigirse a su cuarto, quedándose la otra en mitad del salón, con la boca abierta, y mirando a su alrededor, sin saber bien qué era lo que tenía qué hacer. Había sido la noche perfecta, y tal vez Kitty quería un poco de cariño y de mimos antes de irse a dormir. Pero creía que eso era lo adecuado y lo correcto, aunque en verdad, ella también deseaba estar con la rubia en todo momento.

Finalmente, suspiró, y se dirigió a su habitación.


Jake se dejó caer en el sofá, mientras seguía con el pantalón de pijama que no se había quitado durante unos cuantos días. Se encontraba totalmente destrozado, y ante todo, dolido. Y no le apetecía hacer nada más que quedarse tumbado, sin hacer nada. Y quería odiar a Kitty también. Quería pensar en ella, y no sentir esa opresión en el pecho por echarla tanto de menos. Por querer tenerla a su lado, y sin embargo, sentirse totalmente solo.

Se preguntaba que qué estaría haciendo ella, esa noche, mientras él estaba destrozado. Tomó de la mesita que tenía justo en frente, la caja del anillo, y sacó este, observándolo por un momento. Era el anillo de su abuelo, con el que le había pedido matrimonio a su abuela, y que era anillo de su madre. Y ahora, ella se lo había dado para que él le pidiese matrimonio a Kitty. Y ahora, ese anillo que había llevado la rubia durante un año en su mano, ahora estaba de nuevo en su poder.

No pudo evitar sentir como se le llenaban los ojos de nuevo, de lágrimas, echándose a llorar un momento, aunque enseguida se recompuso, dejando el anillo en la caja, y en un acto reflejo, lanzó esta contra un cristal de un espejo que estaba colgado de la pared, rompiéndose este en mil pedazos, y cayéndose al suelo, causando un gran estruendo que hizo que el perro del vecino que estaba debajo de él, se pusiese a ladrar como loco.

Y aunque seguramente se iban a quejar de él, en ese momento no le importaba para nada. Se volvió a tumbar, apoyando las manos en su pecho desnudo, pensando en todas las veces que Kitty le había acariciando con ternura. Necesitaba recuperarla. Necesitaba tenerla a su lado. Recordaba que ella le había dicho que no quería casarse porque, aunque le quería, afirmaba que la relación entre ellos se había enfriado y que, desde hacía tiempo, no funcionaba.

Pero él sí que creía que entre ellos dos podían funcionar las cosas. Creía firmemente que Kitty podría volver a amarle. Que ella solamente se había olvidado del sentimiento que les unía, pero que ella seguía sintiendo cosas por él. Que en el fondo, aunque no se percatase, ella seguía enamorada de él. ¿Cómo iba a desaparecer todos los sentimientos de un día para otro? No. Eso era imposible.

A veces, al pensarlo, le entraba mucha rabia, puesto que él estaba sufriendo por ella. Y ella no parecía darse cuenta del daño que le estaba causando con ese comportamiento. ¿No podían intentarlo? Ella le seguía queriendo, y aunque le aseguraba que quería que fuesen amigos, para él eso no era suficiente. ¿Cómo iba a ser suficiente que, la persona con la que ibas a pasar el resto de tu vida, pasase a ser una de esas tantas con las que iba a hablar cada cierto tiempo? No, eso no lo podía consentir.

Lo tenía claro. Jake Puckerman iba a recuperar a Kitty Wilde.

Apartó la mirada del techo cuando escuchó el teléfono, incorporándose un poco y alargando la mano para agarrar el artefacto. En cuanto vio que era el nombre de Ryder, sonrió tristemente, y tras meditarlo, aceptó la llamada.

―Lynn...

― ¡Jake! Me he enterado de lo tuyo con Kitty...―rodó los ojos. Seguramente se lo habría comentado Marley. Siempre Marley. Empezaba a sentir una especie de antipatía hacia su amiga― ¿Cómo te encuentras?

―Mal, la verdad es que mal―dijo sincero, procurando mostrarse sereno al hablar.

― ¿Pero qué ha ocurrido? Yo pensé que os iba bien―murmuró el otro con un tono que de verdad mostraba un poco de preocupación por su amigo.

―Pues parece ser que no―se limitó a responder, molesto―. Parece que no funcionaba, y aunque ella me quiere, piensa que es mejor que seamos solo amigos...

―Pero, ¿no se puede solucionar? ―Quiso saber el castaño, con un deje de interés.

―Parece que por su parte no...―se quedó pensativo― ¿Te vienes un rato a casa, Ry?

―Sí, ahora voy, y así te animo, que debes estar hecho un asco―Jake se rio en respuesta, sonriendo el otro al otro lado de la línea―. Enseguida llego.

―Ryder, espera―pidió el moreno―. ¿Crees que podría recuperar a Kitty? ―Preguntó esperanzado.

―Ella te quiere, ¿no?

―Sí...Pero me da miedo que...―se quedó callado.

― ¿Qué? ―Le invitó Ryder a hablar.

―Que esté enamorada de otra persona...

―Si es así, lo que tendrás que hacer es aceptarlo―sin embargo, escuchó un gruñido que le hizo entender que a su compañero no le agradaba precisamente la idea.

―No, no. No pienso dejar que ella se vaya con otro―afirmó serio―; le arruinaría la relación y luego la conquistaría, sí.

―Jake...

―Ahora nos vemos Ryder―dijo, cortando la conversación, dejando a un Ryder Lynn preocupado al otro lado de la línea.

Jake tenía claro que no iba a dejar que Kitty rehiciese su vida. Iba a arruinar esa relación si esta surgía, y se encargaría de que la rubia volviese a su lado, y estuviesen juntos. Él era el amo de su destino, y el tenía decidido que iba a estar con la animadora.

Pasara lo que pasase.


Kitty se acostó mejor en la cama mientras miraba a la pared, mordiéndose el labio inferior. Se preguntaba en cómo estaría Marley en esos momentos. Le resultaba extraño el tener la posibilidad de ir al cuarto de la castaña, meterse en su cama, y abrazarla para dormir; y sin embargo, esa posibilidad desaparecía por los deseos de la otra, y por el simple hecho de que tal vez tenía razón Marley, y antes debían aclarar entre ellas lo que eran. ¿Una pareja? Kitty quería ser novia de su amiga, pero no estaba lista para proclamarlo a los cuatro vientos. Sí, estaba enamorada de ella, pero admitirlo suponía muchos problemas. Tantos que le ponían de lo más nerviosa.

Respiró hondo, pensando en que debería igualmente, pedirle a Marley que fuese su novia. De alguna manera u otra, quería permitirse el poder estar con ella sin pensar en que pudiese haber otra persona, aunque hubiesen aclarado las dos que no iba a ser así. Pero quería tenerla para ella sola. Y también porque quería hacer cosas de pareja con ella. Y aunque había gente que no necesitaba ponerse etiqueta alguna, ella en cierta manera sí que lo necesitaba.

Se puso tensa al escuchar como la puerta se abría, frunciendo el ceño. Podía notar la sombra de Marley en la pared, que se quedaba quieta, justo situada en la entrada de la habitación, pero al contrario de lo que esperaba, que era que se moviese, permanecía estática. ¿Qué era lo que querría la joven? Respiró hondo, dejando escapar el aire suavemente cuando se percató de que la mujer decidió acercarse, sin cerrar la puerta. Las persianas estaban bajadas, y ella solamente podía mirar hacia al frente, sin moverse, fingiendo que estaba dormida.

En un ligero movimiento, la otra abrió la cama, introduciéndose después en esta, mientras la rodeaba la cintura con los brazos con cuidado, como si temiese despertarla. Se relajó, notando la mano de Marley apoyarse en su abdomen, y cerró los ojos, notando el roce de la nariz de la chica contra su hombro, cerca de la nuca. Estaba por jurar que Marley iba a apoyar la frente en su hombro, aspirando su aroma; pero en vez de eso, lo que apoyó fue su hombro, dejando la boca cerca de su oído. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando la mujer dejó escapar el aliento en su oído, cerrando los ojos más fuerte, saboreando lo que era el placer de tenerla tan cerca. Pero no hizo ademán de demostrar que estaba despierta. Al contrario, permaneció quieta, respirando calmada, procurando que no se acelerase esta por el roce de la mano en su abdomen, aunque le costaba.

―Te amo...Te amo tanto, Kitty...―susurró entonces en su oído, haciendo que abriese los ojos de par en par. Era difícil que no quisiese estar con ella, que no quisiese girarse para besarla.

Así que lo hizo. Se giró, haciendo que sus ojos se encontrasen con los de Marley, que entreabrió los labios, con una expresión de sorpresa. No sabía que estaba despierta. Esbozó una sonrisa ladeada, que tímidamente respondió la otra, y llevó la mano a su nuca, enredando los dedos en su cabello castaño. Se quedó mirándola atentamente, y con suavidad, la atrajo, haciendo que sus bocas se fusionasen en una especie de beso, que al principio consistió en sus bocas entreabiertas, sus alientos entremezclados, y el simple contacto de sus labios. Después, sin embargo, se atrevió a introducir la lengua en la boca, rozando la lengua de la otra, dejando escapar un suave jadeo, que sintió que se ahogaba en un débil, pero intenso beso. En un beso que rozaba la locura, y hacía que perdiesen ambas la cordura.

Se habían dicho que iban a ir despacio, pero les costaba ir despacio cuando se tenían así, cuando sus cuerpos estaban tan pegados que hacía que no pudiesen resistirse a acariciarse entre sí. Kitty se fue acostando, tirando de Marley para que se colocase encima suyo, llevando su mano libre por el hombro desnudo de la castaña, cubierto por la tira del camisón rosa que llevaba puesto. Se sujetó, clavando las uñas en el hombro tenso debido a la postura de estar encima, y eso hizo que la castaña gimiese en bajo; en parte de dolor, en parte de excitación, sintiendo como con las mismas uñas Kitty le iba acariciando donde posiblemente había dejado marca. Y eso hacía que se centrase más en su boca, mientras apoyaba las manos en la cama para sujetarse bien. Para no dejar que todo su cuerpo se apoyase sobre el cuerpo de la más baja.

Mientras su lengua iba explorando la boca de la otra, podía notar como sus piernas se abrían, para que se pudiese sentar encima. Notar como Marley se colocaba encima suyo, provocando un contacto débil entre sus pelvis solo lograba que sintiese como la humedad se hacía presente; sobre todo si cada vez que la iba besando, cuando profundizaba el beso, movía las caderas de manera que provocaba un ligero movimiento de fricción entre ellas, que solo hacía que se excitase. Y todavía se incrementaba el momento cuando notaba lo mojada que estaba la más alta al ir moviéndose.

Pero no solo era ese roce, y sentir la humedad. También le excitaba el notar la ligera dureza de su clítoris, que lo sentía al ir rozando su sexo contra el suyo por encima de las bragas, debido a que se había subido el camisón de ambas con los movimientos, quedándose por encima de la cintura, jadeando Kitty varias veces sobre la boca de Marley, que le contenía los gemidos con sus labios, devorando los suyos cada vez más, incentivada por el hecho de que se veía excitada, moviendo más las caderas, como si así le estuviese pidiendo más.

No sabía si se estaba precipitando, si las dos se estaban acelerando con todo aquello, pero el sentir como las manos de Kitty se aferraban a su espalda, bajando los dedos por la línea de su espalda de manera que las uñas marcaban un recorrido lento, que llegaba hasta la línea por la que comenzaba la cintura, dando a las caderas, por encima del camisón. Esas caricias era lo que necesitaba para ir subiendo el camisón de la rubia con las manos, sin dejar de besarla, ni de moverse contra ella, terminando por sacar la prenda.

Pero aunque creía que ella era la que tenía el control, no se percató de como la mano de Kitty se había introducido debajo del camisón, apretando el trasero con fuerza, haciendo que la castaña gimiese en sus labios, extasiada. Notaba al deslizar su mano como al pasar los dedos por uno de sus pezones, este se endurecía ante el ligero contacto, haciendo que jadease ella misma, junto a los jadeos de Kitty, que parecía estar muriéndose de placer. Y aunque los movimientos eran lentos, delicados, las dos se morían de placer.

La rubia con una de sus manos, fue tirando de la ropa, intentando sacarla, mientras que la otra mano la llevaba más por el trasero hacia el centro de su sexo, logrando que sus dedos se pasasen entre los labios inferiores, rozándose con el clítoris, que estaba ligeramente empapado y endurecido por lo excitada que parecía que se encontraba Marley. Y a cada movimiento de los dedos hacia adelante, y hacia atrás, se mojaba todavía más, contra los dedos, dejándolos completamente empapados.

Mientras más movía los dedos, más notaba la excitación de Marley, que llevaba su boca hacia uno de los pechos, atrapando el pezón con esta, lamiendo este de manera sugerente ante la mirada empañada por deseo de Kitty, que introdujo de repente uno de sus dedos, despacio, con cuidado, dentro de Marley, para después sacarlo, provocando una especie de queja y de gruñido por parte de la castaña, que arrugó la nariz, en respuesta ante ese juego que estaba empezando Kitty, la que sonrió al ver la reacción de su compañera.

Siguió con los movimientos de los dedos, provocando que el cuerpo de Marley se arquease, sobre todo su espalda, clavando las uñas en la piel de esta con la mano libre, mientras seguía deslizando la otra por su sexo, lentamente, de manera sugerente, buscando que la más alta quisiese más. Y claro que quería más. Quería notar bien los dedos de Kitty entre sus piernas, mientras le mordisqueaba con cuidado su pezón, que le encantaba solamente por la sensación de este endurecido en su lengua. Era algo exquisito tener así a Kitty así, toda dispuesta a ella. Su melena se caía sobre el cuerpo de la rubia, que permanecía bajo ella, pero sin dejar de demostrar que, pese a la posición, seguía manteniendo ella el control.

Kitty mandaba, y Marley intentaba luchar por mandar de alguna manera también, aunque le costaba concentrarse con los movimientos que la otra iba haciendo, llegando a un punto que tuvo que dejar de estimular el pezón de Kitty para echarse hacia atrás, sentándose bien sobre su mano, mordiéndose el labio fuerte para no gemir; pero sabía perfectamente que la animadora no se iba a detener hasta hacer que perdiese el control sobre ella misma.

Ya había hecho el amor anteriormente con otra persona, y eso le había confirmado que el sexo no era nada, o no era tanto como todos le querían hacer creer; pero nunca se había imaginado cómo sería hacer el amor con una persona a la que se amaba de verdad, y tener tanto deseo que no supiese siquiera si podría correrse solamente con notar esas leves caricias que hacían que todo fuese intenso. Y no solo eso, sino la mirada llena de deseo de Kitty, una mirada tan penetrante que hacía que se estremeciese por completo, cerrando con más fuerza los ojos.

Y fue entonces cuando sucedió. Kitty se incorporó, con sus dedos dentro de la castaña, que se aferró a sus hombros con fuerza, conteniendo un leve gemido por la sensación de los dedos en su interior, moviéndose de dentro a afuera, como si estuviesen haciendo el amago de salir. Y Dios, Marley podía asegurar que no quería que saliesen. Se abrazó más a ella, estrechándose a su cuerpo, mientras la animadora la embestía con fuerza, aunque procurando ser delicada con los movimientos; pero le costaba serlo cuando podía escuchar la respiración acelerada de Marley cerca de su oído, mientras se movía al vaivén que ella marcaba con sus dedos. Ese ritmo que se hacía frenético, como el aliento de la muchacha en su oído, lo que hacía que se estremeciese, recorriéndole una especie de corriente eléctrica por la línea de la espalda.

Cerró los ojos, apretándose más a su cuerpo, y después los volvió a abrir, con los ojos azules de Marley clavados en los suyos. Nunca había creído en esas estupideces del amor, de que el sexo era maravilloso con la persona adecuada. Con Jake tenía buen sexo, pero nunca había sido especial. Nada le había sido especial a Kitty como hasta ese momento, cuando notaba como su corazón se hinchaba de pura felicidad por el hecho de tener el rostro de Marley a tan solo unos centímetros del suyo. Su boca a punto de chocarse contra la de ella. Sus cuerpos rozándose con los movimientos. Sus dedos deslizándose lo más dentro que era capaz, empapados por la humedad de la castaña, que no podía dejar de respirar agitada, jadeando.

Y cuando Kitty se quiso dar cuenta, Marley ya la estaba besando de nuevo.