Sometida a juicio divino
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Los ojos de los curiosos parecían seguirla a cualquier lugar que fuera. Sólo el hecho que su acusador fuese el odiado Conde de Hall impidió que se armaran tumultos y que la llamaran prostituta en público. Como se habían dado las cosas, muchos sentían que ella podía ser disculpada con la justificación que Jasper de Hall no era un marido deseable para ninguna mujer, y mucho menos para una muchacha criada en un convento. El propio Felix había vuelto a Londres para estar presente en el tribunal de la Iglesia convocado para decidir cual era el hombre con derecho a ser el marido de Isabella de Swan. Garrett había usado toda su persuasión para convencer a Felix de mostrar interés en este asunto, pero una vez que lo había logrado, el rey dio su pleno apoyo al heredero de Cullen.
Simplemente declarando que ella no tuvo nada que esconder y que la verdad la exoneraría, Isabella se rehusó a asistir a la apertura del tribunal con un insulso vestido gris como había sugerido el príncipe Garrett. Ella escogió aparecer vestida como una lady de la nobleza, y usó un vestido rojo y una capa forrada con piel de cibelina. Entró en el recinto de Westminster, flanqueada por Edward, Demetri de Volturi, y varios de los vasallos de Cullen. Ella mantuvo su mentón alto y encontró la mirada de aquellos que la observaban descaradamente. Un murmullo recorrió la multitud predominantemente masculina que había llegado para asistir a ese curioso juicio.
Un silencio cayó en el recinto cuando tomó su asiento al lado del hombre con quien había osado casarse en abierto desafío a su padre y a Hall. Una puerta lateral se abrió para admitir al Obispo de Canterbury, el Obispo de Durham, y al delegado papal en Inglaterra. Detrás de ellos casi una docena de secretarios con ropajes negros que registrarían y examinarían las evidencia cuando fuesen presentadas. Isabella se instaló en su asiento y tomó una respiración profunda para mantener la calma. Otra puerta se abrió y el Rey Felix entró, seguido por Jasper de Hall y el Príncipe Garrett. La imagen de Hall con Felix la enervó hasta que sus ojos encontraron los de Garrett y él sacudió la cabeza y sonrió ligeramente.
Hall estaba vestido magníficamente en ropajes de terciopelo color oro y verde. Él fue hacia una silla al lado opuesto del cuarto y se sentó, mirándola fijamente. Su expresión era fría e impasible.
Ella le devolvió una mirada fría y resistió el deseo de aferrarse a Edward. Después de todo, estaban en Westminster y estaban rodeados por cientos de personas. Además, no dejaría que Jasper de Hall supiera que todavía le temía, ni ahora ni nunca. Antes no había podido darse cuenta de la profundidad de su amor por Edward o del de él por ella, pero ahora que lo tenía era algo demasiado valioso como para perderlo. Si la Iglesia fallaba en su contra… No se atrevía ni a pensarlo... Sabía que tenía razón y que era la esposa legítima de Edward. Nunca podría concebir un casamiento con Hall ni ahora, ni nunca.
Era como si Jasper supiese que estaba en sus pensamientos. Sus ojos azules se encontraron por un segundo con los de ella, e Isabella pudo ver el triunfo en ellos. Un escalofrío involuntario le recorrió la espalda cuando finalmente él sonrió. Sus dedos fueron a enlazar con los de Edward y fue recompensada con un apretón de confianza.
Como juez que presidía el tribunal, el Obispo de Canterbury se puso de pie y todos lo imitaron. Él elevó sus brazos y convocó a Dios en una plegaria para que le concediera la sabiduría necesaria para juzgar el caso que tenían frente a ellos. Y luego pidió a Dios una bendición para todos los allí reunidos.
Isabella pudo sentir que los ojos de Hall nunca la dejaron durante la plegaria.
Cuando tomaron sus asientos nuevamente, fue tomada por sorpresa al ver a la abadesa de Fontainebleau y a dos de las monjas entrar silenciosamente y sentarse desapercibidamente en los asientos cerca de una puerta lateral.
Isabella deseó saber qué asunto podía haberlas traído a Londres. Los clérigos susurraron brevemente y entre ellos el Obispo de Durham le hizo una seña con la cabeza a uno de los secretarios que subió a una tarima y se dirigió a la multitud.
-Estamos reunidos aquí para examinar el caso de Lady Isabella, hija del Conde Charlie de Swan-, declaró, -con la finalidad de determinar si ella es la esposa legal de Edward de Cullen, o si es la esposa prometida al conde Jasper de Hall,
-. Tomó una respiración y giró hacia Hall, diciendo, -Como usted presentó el cargo, mi Lord, su voz será oída primero.
Jasper se puso de pie y asintió con la cabeza, se movió hacia una silla delante de la tarima donde los clérigos estaban sentados y esperó una señal para sentarse.
-Decid su nombre, mi Lord.
Las cejas de Hall se arquearon, miró a Isabella nuevamente y habló claramente y precisamente. -Jasper, Conde de Hall, Lord de Swan, Vyonne, y Eisle.
El secretario sacó una pequeña cajita dorada.
-Mi Lord de Hall, esto contiene una reliquia de Santa Catalina. ¿Jura sobre esta reliquia contarle a esta corte la verdad tal como la conoce?
Los ojos azules de Jasper brillaron recorriendo el recinto, deteniéndose para observar a Isabella brevemente, y entonces colocó su mano sobre la caja de metal.
-Si, lo juro.
-Así sea y que Dios cuide de la inmortalidad de su alma - el secretario dijo.
-Así sea.
El secretario se quitó la caja y la colocó en una mesa cerca del delegado papal antes de tomar asiento. Hall movió su silla más cerca de la tarima y también se sentó.
-Mi lord- el Obispo se inclinó para dirigirse a Jasper - son cargos muy serios los que has presentado contra esta mujer. Si confirmamos que ella no es la esposa de este hombre será hallada culpable de adulterio. ¿Es eso lo que espera obtener de esta audiencia?
-No, yo todavía la tomaría como esposa. No creo que entendiera que era conmigo que estaba comprometida.
Una oleada de susurros recorrió el cuarto antes que el obispo elevara su mano para pedir silencio. -Entonces, Conde Jasper, nosotros le pedimos que nos cuente por qué cree que esta mujer debería ser entregada a usted.
Isabella escuchó en silencio pasmada cuando Jasper contó hábilmente su versión de la historia, entretejiendo verdades con mentiras hasta todo parecía un hecho real. Fue lo suficientemente inteligente como para relatar el tratamiento rudo hacia ella en el convento, el hecho que la forzó a desvestirse delante de él, el hecho que le exigió un juramento, y luego dejó a todos perplejos afirmando que se había acostado con él en Fontainebleau y que le había prometido casarse en Rouen.
-¡Es mentira! ¡Él miente! - Edward saltó poniéndose de pie y dio varios pasos adelante antes que los vasallos de Cullen consiguieran contenerlo. Aún entonces, le gritó a Hall, -¡Estás condenando tu alma al infierno con esta mentira, Jasper! ¡Sabes que ella vino a mí siendo virgen!
En vez de responderle a Edward, Hall giró hacia el obispo y repitió seriamente,
-Hice que ella se comprometiera conmigo.
-¿Con sus propias palabras se comprometió con usted? -el clérigo se inclinó hacia adelante.
-Si, lo juro.
-Todas mentiras -, Edward replicó en voz alta.
-¡Silencio! - el delegado papal elevó su mano para poner orden y entonces inclinó su cabeza para conferir en susurros con los obispos. Asintió con la cabeza, y volvió a dirigirse a Hall. -Mi Lord, nos repetiría las palabras con que ella pronunció sus votos
-Ella dijo, "Yo, Isabella, hija de Charlie de Swan, te tomo a ti, Jasper de Hall, como mi futuro marido. Y así lo juro."
-¿Esas fueron sus palabras exactas?
-Si.
Fue el turno de Isabella de ponerse de pie.
-¡No! ¡No escucharé sus mentiras en silencio! ¡Esas fueron sus palabras y yo me negué a repetirlas delante de él! ¡Me golpeó y no las dije! - apretó la mano de Edward. -¡Este es mi esposo, mi único esposo y Dios es mi testigo!
-Lady Isabella… - la voz del Obispo Canterbury no fue ruda cuando se dirigió a ella. -Nosotros la oiremos cuando hayamos terminamos de escuchar al Conde Jasper. Por favor permanezca sentada y absténgase de gritar aquí, no hay necesidad de tales explosiones.
-¿No hay necesidad? Excelencia, Lord Hall vino aquí y ha insinuado que lady Isabella es mi amante, y usted quiere que lo escuchemos con calma.-La voz de Edward subió furiosamente. -¡No!
-Lord Edward-, el obispo de Durham habló, -ella responderá a los cargos presentados a su debido tiempo. Hasta entonces, permanecerán sentados mientras el Conde Jasper relata su versión de los hechos. Nosotros lo interrogaremos y le pediremos que provea pruebas de sus afirmaciones. Cuando haya terminado, Lady Isabella tendrá la oportunidad de defenderse y llamar a quien quiera como testigo.- lanzó una mirada reprobadora a Isabella cuando intentó hablar nuevamente. -Y si es necesario, haremos que esperen fuera antes de escuchar nuevas interrupciones.
-Su Excelencia.- Felix se puso de pie y se puso enfrente de los tres clérigos. - Claramente este caso debe ser juzgado por la Santa Iglesia, pero las dos partes involucradas son nuestros vasallos y, como tales, sus asuntos son temas de preocupación para nosotros. Esta dama… - Él se detuvo para mirar a una pálida Isabella. -Es esperable y razonable que esta dama esté disgustada con estos procedimientos, ya que el motivo de reunión de este tribunal lanza una duda sobre su honor. Debería ser declarado de antemano que nadie aquí la considera una adultera.- Su mirada se dirigió a Jasper de Hall. -¿No es así, Conde Jasper?
-Si, su Gracia. Creo que no entendió a que la obligaba el juramento que me hizo a mí. Y yo todavía la tomaría como esposa con la bendición de la Santa Iglesia.- Jasper sonrió a lo que él percibió como un apoyo del rey a su posición.
-Exactamente.- Felix giró para estar frente a Edward. - Y vos, mi Lord, no perturbes a este tribunal con estallidos emocionales. Cuando tengas la oportunidad dirás tu verdad. No estás ayudando a tu esposa hablando antes de tiempo.- Agradado por haber jugado el papel de pacificador, Felix se sentó y anunció, -Procedan.
Reticentemente Isabella y Edward tomaron sus aisentos y escucharon en silencio a Jasper contando en detalle como se había acostado con ella. Edward apretó su mano en la falda de Bella y oyó a Hall describir su resistencia y la violación. Aún los secretarios normalmente impasibles parecían estar pasmados por la sordidez del relato.
-¿Usted la forzó? -el delegado papal interrumpió. -¿Pretende que la Santa Iglesia de la bendición a una unión comenzada con una violación?
-¡Ella me dio su juramento! ¡Era mía, podía hacerla mía!
Los clérigos hablaron en susurros entre ellos.
-¿Y qué evidencia puede ofrecer de que esperaba casarse con usted? Durham preguntó finalmente.
-Su padre la retiró del convento de Fontainebleau y reunió los regalos de boda que aportaría al matrimonio para llevarlos a Rouen. Yo fui llamado para hacerme cargo de su liberación cuando Peter Nevers la tomó como rehén porque era mi prometida.
-¿Entonces por qué cree que huyó de Rouen en compañía de Lord Edward si esperaba casarse con vos?
-Me tenía miedo, su excelencia, porque yo me sobrepasé en Fontainebleau.- Hall se inclinó hacia adelante para hacer una observación. -Ella dejó Rouen en compañía de un hombre que ella creía que era su hermano porque le ofrecía seguridad. Creo que se dio cuenta que no podía quedarse con él cuando descubrió que no tenían la misma sangre, y fue por eso que se casó con él. Pero eso no cambia el hecho de que ella me pertenece.
-¡Jesús!, puede mentir tan hábilmente como cuando dice la verdad -, Isabella susurró. -Edward, me temo que ellos le creerán.
-No, no te adelantes. No ofreció ninguna prueba.
Como si hubiese oído a Edward, Jasper señaló a la Madre Bree. Y anunció, -Ella puede decirle que yo tomé a Isabella de Swan en Fontainebleau.
-¡No, miente! -Isabella estaba nuevamente de pie. - Sus Excelencias, él manipuló sus propias acciones para demostrar algo que nunca aconteció. Yo nunca...
-¡Silencio! Lord Edward, le solicito que saque a su esposa de este recinto hasta que sea su momento de responder preguntas.
-¡No me voy! - giró hacia Felix y Garrett. -Su Gracia...
Felix parecía sorprendido por esa acción dirigida a él.
-No, mi lady... vaya con su marido hasta que sea llamada.
-Lord Garrett...
-Ve, yo te contaré todo lo que se diga aquí-, respondió.
Demetri de Volturi estaba detrás y le susurró a ella y a Edward,
-Si, Lady Isabella, sus amigos no dejarán que su honor sea ensuciado.
-Demetri-, Edward le advirtió, -esta disputa no es tuya no hagas nada tonto.- Él puso su brazo alrededor de los hombros de Isabella. -Ven, Bella. El seguirá mintiendo de todos modos. Nosotros les mostráramos la verdad cuando sea nuestro turno.
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Isabella caminaba impacientemente en el cuarto pequeño provisto para ellos en la Torre de Londres. Detrás de ella, Edward lanzaba dardos para pasar el rato. Pareció que esperaban interminablemente la convocación a Westminster, y la espera irritó sus nervios.
-¡Desearía que no hicieses eso!
-Bien.- se inclinó para recobrar los dardos y los colocó en una mesa. -Bella, tienes que calmarte, no le sirve a nadie que camines así.
-¡Edward, no puedo evitarlo! ¡Jesús! ¿Nadie puede ver sus mentiras?
-Todavía no tuvimos nuestra oportunidad para hablar -, le recordó suavemente.
-¿No puedes verlo? - gritó acaloradamente. -Cuando nuestra oportunidad venga, entraré allí y todos ya habrán creído a Jasper. Sé que no le hice una promesa, y sé que no me acosté con él, ¿pero crees que ellos me escucharán? ¡No, no lo harán! Serán mis palabras contra las de él ¿y a quién crees que creerán? - Su voz sonó amarga. -Yo soy una mujer, Edward.
Él se puso de pie detrás de ella y la abrazó.
–Silencio, esto no ha terminado, Bella. Ahora puedo ver que no deberíamos haber venido, que deberíamos haber escuchado el consejo de Garrett, pero no puedo creer que alguien pueda mirarte y pueda pensar que sois capaz de hacer un juramento y no cumplirlo.
-¡Pero vos me amas!
-Si, mas que a mi vida, Bella.
Ella se anidó en sus brazos.
-Si sólo supiésemos lo que está pasando.
-Garrett es nuestro amigo, Bella, vendrá y nos contará.
-Edward- se apretó contra el terciopelo de su túnica - tengo miedo.
-Si, sólo podemos confiar en Dios y en Garrett.
-Creí que el rey estaría de nuestro lado, pero puedo ver que no es así.
-Nos apoya. Bella, pero, ¿qué puede hacer ahora?
-¡Él apoya a Hall!
-No, Jasper tiene la esperanzas de ganarse su apoyo-. Edward acarició sus trenzas y buscó palabras de aliento. -Una vez que seas oída, amor, no los puedo imaginar dando un fallo contra nosotros. Estaremos de vuelta en Cullen antes de Navidad y todo será como vos lo planeaste. Y esta primavera, iremos a nuestras propias tierras en Condes.
-¿Lo crees? - preguntó con esperanza.
-Yo sé que será así.
-Puedes confiar en mi hermano Felix.-Garrett aclaró su garganta, hablaba desde la entrada donde había oído los temores de Isabella. -Pero hay poco que pueda hacer pues la decisión será tomada por los obispos. La intervención de mi hermano llegar a ser perjudicial, si hablara ahora mismo apoyándote, te perjudicará mas. Tienes que recordar que la relación de Felix con la Santa Iglesia siempre fue tensa.
Isabella dio un paso atrás y Edward la soltó.
-¿Han levantado la audiencia por hoy? - quiso saber.
-Si, y yo vine a contarles lo que fue dicho.
-Más mentiras-, Isabella declaró simplemente.
-No todo. Después de que partiste, la abadesa habló de la violencia de Hall hacia vos en Fontainebleau y describió los moretones que te infligió. Desgraciadamente, asume que te violó.
-No lo hizo.
-Ella también describió tu valentía, Isabella, y tu firme determinación a no hacer tus votos con la Iglesia Santa. Creo que eso ayudará a demostrar que fuiste capaz de resistir la coacción de Hall.
-Pero me condenarán por no ser una mujer devota a la Iglesia
-Eso no fue la impresión que transmitió-, Garrett continuó. -Ella habló de tu bondad y de su habilidad para ayudar a los enfermos. Condenó la conducta de Jasper en Fontainebleau.
Isabella lo miró con descreimiento.
-Pero nunca me quiso.
-Bien, quiere menos a Hall. Su presencia fue bastante favorable, dadas las circunstancias. Relató el vínculo entre vos y Edward y sus muchas visitas al convento.
-¿Y la escucharon? - exigió.
-No a eso- admitió,- pero tienes que recordar que consideran que los matrimonios entre la nobleza son arreglos políticos y no esperan que una mujer ame al hombre a quien es dada como esposa.
-¡No, ellos no pueden esperar que ella ame a Hall! ¡Por Dios! - Edward estalló. -¿Le entregarían a sus hermanas? -giró hacia la ventana estrecha que iluminaba el cuarto de la torre. -No deberíamos haber venido a participar en esta charada.
-Intenté decírtelo-, el príncipe le recordó severamente. -Pero hay más: Charlie ha llegado.
Isabella volvió a caminar inquietamente.
-¿Y de qué me sirve a mí? -le preguntó a nadie en particular. - ¡A Mi padre no le interesa si me entregan a Hall! ¡Realmente, eso es lo que le gustaría!
-Bien, no desesperes -, Garrett aconsejó, - tendrás tu oportunidad para hablar mañana. Felix escuchó al obispo hablando con el delegado papal: oirán a tu padre y examinarán el contrato de matrimonio por la mañana, y te interrogarán por la tarde.
Ella se detuvo al lado del príncipe.
-Mi Lord - preguntó con calma, - ¿qué puedo esperar de todo esto?
-Si Dios quiere, Isabella, podrás volver a tu casa con tu marido en paz.- Garrett evitó mirarla a los ojos.
-Pero realmente vos no piensas así.
-No sé qué pensar -, respondió sinceramente. -Espero que sea así.
-¡Virgen María!, ¡No me iré con Hall, no me podrán obligar! - exclamó. -¡Antes me hago monja!
Edward intervino.
-No, Bella. Ya huimos una vez y podemos huir nuevamente -anunció con sentido práctico. - No te gané para perderte.
-No puedes hacerle eso a tu padre. No cuando te dio la bienvenida como su heredero- dijo tristemente.
-No, yo te amaba antes de conocer a mi padre. Te lo dije una vez, te llevaré a la corte Bizantina y ofreceré mi espada al emperador antes de dejar que te vayas con Hall.
-No llegaremos a eso-, Garrett prometió. -Ya le envié al Papa Santo un pedido para que cualquier promesa que vos le hayas hecho a Hall sea anulada por el uso de coacción y para que tu matrimonio con Edward sea declarado válido.
-Haces tanto por nosotros... - Los ojos de Isabella se iluminaron con esperanzada y entonces se acordó de su adversario. -No, si el Conde Jasper sospecha que hiciste eso, hará que tu mensajero sea asesinado.
-Mi hombre partió esta tarde portando el estandarte de Felix-, Garrett contestó sin alterarse. -Como Jasper crees que tiene el apoyo de Felix, no interferirá. Una vez que mi hombre llegue allí, usará mis estandartes y pedirá una audiencia con el Papa. Yo no he tenido ninguna disputa con el Santo Padre.
Impulsivamente Isabella se puso de pie y besó la mejilla del príncipe.
-Mi Lord - tenía lágrimas de gratitud- no hay modo que podamos retribuirte por tu bondad.
-Un día de estos puedo necesitar usar el estandarte de tu marido, Isabella, y no vacilaré en pedirlo.
-Yo soy hombre tuyo -, Edward prometió. -Si, estoy prometido a Isabella y también a vos.
-¿Y lo de mañana? - la atención de Isabella ahora se focalizó en la preocupación mas inmediata. -¿Y si no me creen?
Edward avanzó y le tomó por los codos.
-Mírame, amor-, ordenó. -Vos contarás la verdad, y nosotros llamaremos a testigos para confirmar tu virginidad en el momento de nuestro matrimonio. Demetri vio las sabanas y así dará su testimonio. Si podemos atrapar a Jasper en esa mentira, podremos poner en duda todo lo que dice.
Ella asintió con la cabeza.
-Si, haremos eso.
Sigo diciendo que Garrett, es mi héroe… OMG, me encanta… en fin las cosas se están poniendo realmente mal para Isabella… a ver como acaba esto… solo les diré que falta bastante para acabar con la historia… ;) un besote y nos leemos mañana. muakis
