Los personajes son de SM. La historia es mía.
Capítulo 26
- ¿Hola? – murmuré mientras mi voz se iba apagando.
- ¡Isabella, queridísima!, tanto tiempo sin hablar contigo.
Gemí e hice mi mejor esfuerzo por abrir los ojos, cuando lo hice miré hacia mi mesa de noche en donde el reloj despertador marcaba, con sus grandes y feos números, las siete de la mañana con siete minutos.
- ¿Jasper? – en el fondo sabía que no era mi amigo, pero de alguna forma pensaba que era el único que podía llamarme a esta hora para molestar.
Y además, era el único al que le podía patear las bolas por hacerlo.
- ¿Qué?... ¡No, queridísima!, habla tu buen amigo Luciano… ¿ya te olvidaste de mi?
- Oh, Luciano… no… yo solo estoy un poco dormida aún.
Me senté en la cama para despejarme un poco, no ayudó mucho pero algo era algo – Bien queridísima, porque necesito tu completa atención para esto – murmuré un ajá y me froté el rostro -. Acabo de ver tu foto junto al bombonazo de tu novio y me dije, Luciano, tienes que llamar a Isabella para que consiga que el guapetón de su novio sea el rostro de tu nuevo perfume.
- Luciano, no te entendí mucho… ¿Qué quieres?
- Quiero que tu hermoso novio, Edward Cullen sea el rostro de mi nuevo perfume.
Luciano Ranieri era un fabuloso diseñador de modas que conocí hace unos tres años cuando me contrató para que investigara una fuga de información de su compañía, por más que en ese momento le expliqué que mi trabajo se limitaba a investigaciones más… superficiales, él insistió, no confiaba en la gente uniformada y tenía las mejores referencias sobre mí. No se equivocó, en siete semanas le entregué un completo informe de cómo su modelo principal, Gianna algo, se encargaba de vender sus diseños exclusivos, y aún no publicados, a la competencia.
El juicio fue en silencio y de Gianna no supimos más… por lo menos no en el mundo del modelaje ni en los tabloides.
Desde ese momento Luciano se volvió un buen amigo, no nos veíamos mucho y hablábamos menos, pero cada cierto tiempo él se encargaba de mandarme alguno de sus modelitos nuevos de regalo y yo, lo volví a ayudar una vez más al encontrar a su novio en la cama con su peluquero. No fue una linda imagen, pero… me sentí bien sacando a ese animal de la vida de Luciano.
- ¿Estás ahí, queridísima?
Asentí como si pudiera verme – Sí, aquí estoy, pero no sé por qué me llamas a mí, Edward es mi novio pero…
- Ese novio tuyo no tiene un agente queridísima, no me preguntes cómo ha sobrevivido todo este tiempo sin uno y como te conozco preferí llamarte directamente.
- Pero Luciano, yo no puedo decidir por él.
- Pero sí puedes decirle que soy muy profesional y darle mi mensaje.
Rodé los ojos y sonreí – Sí, eso sí puedo hacerlo.
Pude oír su carcajada a través del teléfono - ¡Bien!, con eso me conformo… tienes mi teléfono mi queridísima Bella, así que en cuanto tengas una respuesta me llamas… Ciao.
Corté la llamada y me volví a acurrucar en mi cama. Edward se fue anoche porque hoy tenía entrenamiento muy temprano y no quería despertarme, a mí no me importaba pero no quise insistir, tampoco quería ser una novia controladora y si él quería dormir en su departamento, bien, lo vería hoy a la hora de almuerzo de todas formas.
Estaba recobrando ese estado de relajación previo al sueño cuando el maldito teléfono de mi departamento comenzó a sonar… no, a burlarse de mí.
- ¿Qué? – rezongué, casi llorando.
- Hija, despega esos ojos y levántate a prender tu computador… ¡estás en portada!
Gemí y me removí en la cama hasta quedar boca abajo – Dime que es mentira, papá.
- Oh, no, para nada… es la verdad más absoluta cariño, mi bebé y su talentosísimo novio están en primera plana… ¿sabes cómo se pondrán los chicos del billar cuando sepan que Edward Cullen, el Mariscal de los Dolphins es mi yerno?
- ¿Lamentarán no ser tú?
- ¡Exacto! – me volví a acostar de espalda y con mi brazo derecho tapé mi rostro. No, el mundo no desaparecía -. Y pensar que el maldito de Laercio quiso humillarnos cuando su hijo comenzó a salir con la chica del tiempo del canal cuatro… ¡Esto sí que es para sacarlo en cara!
- Mmm…
Cerré los ojos y traté de volver a conciliar el sueño, estaba segura de que mi padre estaría divagando por unos cuantos minutos más así que los aproveché para volver a los brazos de mi tan querido Morfeo.
- Entonces… ¿Qué dices cariño?, ¿crees que Edward quiera?
- ¿Eh? – entreabrí mis ojos solo lo justo para ver que el teléfono seguía en mi mano.
- ¡Hija, ponme atención!… Te preguntaba que si crees que Edward querrá venir al billar conmigo el viernes en la noche.
Gemí y me senté para que mis ideas fluyeran de mejor manera. – Edward tiene una cita el viernes por la noche.
- ¿Con quién?
Volví a rodar los ojos pero esta vez no escondí mi bufido - ¡Conmigo, papá! Con su novia.
- Pero contigo puede salir cualquier día, así que creo que…
- No voy a hablar de esto papá, y ahora tengo el sueño suficiente como para querer cortarte… adiós.
Sé que dijo algo más pero no le entendí ni me importó. Ahora me quedaban menos horas de sueño y pensaba aprovecharlas al máximo.
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.
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¿Qué tan importante es el teléfono en la vida de un ser humano?
Supongo que mucho, o si no, el mío no sonaría tan seguido. Miré con un solo ojo y la hora era prudente, aunque a mí me quedara mucho más sueño por disolver, no me quedó otra que levantarme, estirarme y tomar el teléfono.
- ¿Aún estás durmiendo?
- Hasta donde yo sé no soy sonámbula, así que estoy despierta.
Me senté frete a mi escritorio y prendí mi computadora, no es que quisiera verme en portada de una revista tan mala como la de Marco, pero… sí quería verme. Y a Edward.
- ¿De mal humor por la mañana?
Rodé los ojos y negué con la cabeza – Solo digamos que no eres el primero que me llama hoy, pero si él que tuvo la decencia de esperar a que saliera el sol.
- ¿Has recibido muchas felicitaciones por tu nuevo noviazgo?
- Supongo que lo normal– me encogí de hombros aunque él no pudiera verme -. ¿Cómo estás?
- Bien, cariño, supongo que es difícil asumir que estás con él, pero… si de algo estoy seguro es de que no te quiero lejos de mi vida.
- Jasper…
- No estoy confundido Bella, sé lo que siento por ti, pero soy lo suficientemente fuerte como para saber qué sentimientos es mejor guardarme.
Suspiré y afirmé el celular entre mi hombro y mi mejilla para poder teclear de mejor forma en mi computadora - ¿Estás en el trabajo?
- Eh… no… estoy…
El timbre sonó tres veces seguidas, luego se detuvo y finalizó con un pequeño rasguño en la puerta.
No lo hiciste.
Me levanté rápidamente y me apresuré a la puerta, no era necesario que siguiera con el teléfono en la mano porque detrás de mi puerta estaba Jasper con Poppy en sus brazos.
- ¡Jasper!
- Lo siento, Bells… pero está un poco enfermo y necesita que le den su medicina cada seis horas, me lo llevaría a la oficina pero ya sabes que me lo prohibieron.
Rodé los ojos, una vez Jasper llevó a Poppy a la oficina y fue tal el destrozo del cachorro que su padre tuvo que implementar una nueva regla, "no mascotas en la oficina", claro, como si alguien más fuera a llevar a su mascota al trabajo.
Estiré los brazos para recibir a Poppy, el pobre estaba tan tranquilo que era claro que estaba enfermo - ¿Qué le pasó?
- Creo que son los oídos, lloró toda la noche.
- Pobre Poppy… - lo arrullé y el pobre terminó por cerrar sus ojitos -, ¿qué le diste?
Jasper frunció el ceño y arrugó su rostro – Medicina para el dolor, lo hace dormir.
- ¿Trajiste sus cosas?
- Sí… gracias, Bella, en serio, hoy no puedo faltar a la oficina o si no mi padre me cortará las bolas y…
- ¡Ey! – lo detuve -, no necesito detalles gráficos.
- Gracias – volvió a repetir antes de dejar caer una bolsa demasiado parecida a la de un bebé.
Hubiera pensado que algo estaba seriamente mal con él si no supiera con exactitud qué estaba mal con él. Así que solo tomé el bolso y entré al departamento.
- Gracias por eso amiga y… debo decir que Cullen y tú se ven muy bien en esa portada.
Hubiera preferido algún comentario de mal gusto y fuera de lugar en vez de la mueca que me dio.
Me quedaba un largo día por delante y ese día comenzó en cuanto recosté a Poppy en la alfombra y abrí mi correo electrónico.
De los veinte nuevos mensajes, dieciocho estaban dirigidos a Edward. A lo largo de mi carrera había conocido a suficiente gente como Luciano, gente importante y con un nombre en el mundo de la moda, televisión y el espectáculo, y ahora, ellos se ponían en contacto conmigo ofreciéndole a mi novio todo tipo de cosas, desde apariciones en programas de farándula hasta ropa y accesorios para que los usara solo con la promesa de nombrarlos en alguna entrevista.
Abrí todos los mails pero no fui capaz de contestar ninguno, no era mi decisión y aunque Edward no había pedido nada de esto, mi deber era informarlo, así que imprimí todo y lo guardé para cuando viniera esta tarde.
Las siguientes horas las pasé entre mirando a Poppy y escribiendo un artículo para una pequeña revista local de cine, esta semana me tocaba escribir sobre "Red 2", la secuela de una película que a simple vista parecía ser de acción pero que terminaba sacándote más de una carcajada. Si mantenía este trabajo era porque me divertía haciéndolo, mis comentarios no eran formales y me permitían usar palabras que no estaban en el DRAE e incluso, algunos emoticones, el artículo no salía con mi nombre, sino con un seudónimo, 'la claqueta abierta', no eran para nada un gran nombre, pero me permitía escribir lo que quisiera aunque fueran pocas las personas que leyeran mis artículos.
Terminé un primer borrador, que revisaría más tarde, cuando llegó la hora del almuerzo. Se me había olvidado cocinar por lo que estaba dispuesta a conformarme con un sándwich cuando el timbre sonó.
No necesité preguntar para saber de quién se trataba.
Prácticamente corrí a la puerta y me tiré a sus brazos ni bien tuve espacio suficiente.
- Algo me dice que me extrañaste.
- Sí, no me gusta dormir sin ti – murmuré sobre su pecho.
Sentí su sonrisa mientras corría mi cabello hacia un lado y respiraba sobre mi cuello – Entonces… tendré que hacer algo para recompensarte por haberte hecho sufrir.
- Mmm – gemí -, y ese algo… ¿puede ser en…?
- ¡SANTA MIERDA! -, miré el rostro retorcido de Edward y como comenzaba a saltar sobre un pie, me tomó un par de segundo ver a Poppy bajo nosotros.
El cachorro de Jasper estaba gruñéndole a Edward y tirando de sus pantalones, si no fuera porque la imagen era algo de película, habría reaccionado antes. Pero cuando pude hacerlo, tomé a Poppy en mis brazos y él se quedó inmediatamente tranquilo.
- ¿Qué hace este bicho acá?
- No es un bicho, es Poppy – lo defendí porque aunque no me gustaba ver a Edward herido, no podía decir que el cachorro lo hubiera hecho apropósito -. Di hola, Poppy.
Moví la patita del perro a modo de saludo, a Edward no le pareció gracioso - ¿Compraste un perro?
- ¡No!, solo le estoy haciendo de niñera.
- ¿A algún vecino? – rodé los ojos y me adentré en el departamento ya que seguíamos en el marco de la puerta.
Edward me imitó y la cerró, no era mi idea que mis vecinos se enterarán de todo lo que pasaba acá, además, podía asegurar que un par estaban esperando ver a Edward ahora que nuestra relación era pública.
Dejé a Poppy en el suelo y le tiré uno de sus juguetes para que fuera a buscarlo – Entonces, ¿de quién es el bicho?
- Ya te dije que no es un bicho – comencé a caminar a la cocina y Edward me siguió -, es el perro de Jasper.
No tenía nada de malo que mi mejor amigo tuviera un perro y mucho menos que me pidiera cuidarlo, los amigos se hacen esos favores. Pero, luego de todo lo ocurrido entre nosotros tres, no me sentía completamente cómoda hablando de Jasper con Edward.
- ¿Qué?
Sentí a Edward acercarse pero no volteé – Que es el perro de Jasper.
Antes de que sonara el timbre había alcanzado a sacar el pan y el jamón por lo que me escondí en el refrigerador buscando la mayonesa y la lechuga. Respiré dos veces y rogué porque Edward no comenzara una pelea.
No tenía ánimos.
- ¡Bella!, ¡es lógico que Jasper trajo a su perro para que me mordiera!
Saqué mi cabeza del refrigerador y planté mis ojos sobre Edward - ¿Qué estás diciendo?
- Que el perro de Jasper me mordió porque seguramente, él – hizo énfasis con sus manos y sus cejas -, lo entrenó para que lo hiciera.
- ¿Te estás escuchando? – dejé caer la mayonesa y la lechuga sobre la mesa sin ninguna delicadeza -, ¡lo que dices no tiene sentido!
Me crucé de brazos y apoyé la cadera en la mesa. – Pero… ¡él me mordió! – apuntó a Poppy que había vuelvo a mi lado.
Pero eso solo le duró un par de segundos antes de darse media vuelta y correr al lado de Edward, mi novio dio un salto demasiado chistoso para alguien tan grande y fuerte como él pero lo contuve mordiéndome los labios. Si Edward pensó que Poppy, el pequeño perro de treinta centímetros de alto, iba a atacarlo, pues estaba muy equivocado, porque al contrario, el cachorro solo rezongó y lloriqueó sobre la pierna de Edward rogándole porque lo alzara.
- ¿Ves? – apunté a Poppy -, él solo quiere cariño, no quiere hacerte daño.
- ¡Pero me mordió cuando llegué! – rodé los ojos y solté un suspiro exagerado.
- Poppy solo se asustó y tampoco es que te hizo mucho daño, sus dientes son como… - junté mi dedo índice y pulgar separándolos por casi nada -, así de pequeños.
El ceño de Edward se frunció y sus hombros se tensaron, ya no parecía estar bromeando – No me gusta cuando haces ese gesto – incluso su voz sonó mucho más ronca y seria.
- ¿Qué…? – seguí la dirección de sus ojos hasta mis manos, estuve unos segundos pensando hasta que me di cuenta. Rápidamente bajé la mano -. Edward, no puedes ponerte así solo por un gesto.
Dulcifiqué mi mirada pero eso no ayudó a que el dulcificara la suya. – No tienes idea de cuentas veces he soñado que haces ese mismo gesto y te ríes de mí, para mí sí es un tema, Bella.
- ¡Ey, amor! – avancé los pasos que nos separaban y me planté frente a él. Tomé su rostro con más fuerza de la normal y lo obligué a que me mirara-, yo NUNCA – enfaticé lo más que pude -, podría reírme de ti. Te amo… lo sabes.
- Pero… - mientras Edward cerraba los ojos yo pude acercarme más y besar sus labios -, Bella, sabes que el tamaño sí importa, es algo que…
- ¡EY! – le grité tomándolo con más fuerza aún -, ¿me has escuchado alguna vez quejarme?, Edward eso del tamaño es algo que solo está en la mente. Créeme que si tuviera un chico dispuesto a mi merced, con una polla larguísima y gruesa, me daría igual, porque a quien quiero es a ti, el sexo va mas allá del tamaño, es un complemento de otras cosas.
Los ojos de Edward seguían cerrados pero de pronto se abrieron para atravesarme por completo – Si algún día dejo de satisfacerte…
- Compraremos más juguetes… ¿sabes que hay unas especies de forros vibradores?, sirven tanto para el hombre como para la mujer, estuve leyendo y dicen que se pueden alargar los orgasmos.
- Solo necesito verte o escucharte para recordar por qué te amo tanto.
Su sonrisa, sincera y relajada, volvió a aparecer, este era el Edward que amaba, el seguro y que se aceptaba tal y como era, el hombre en que se había convertido.
Dejé que sus labios cayeran sobre los míos y me permití enroscar mis manos en su cuello, amaba estar así con Edward, tan cerca que no quedara espacio entre nosotros. En estos momentos esa frase de "somos uno", tomaba un sentido mucho más literal, porque es así como quería quedarme, como uno, no me gustaba cuando Edward tenía que irse y cuando me tocaba irme sola a la cama. No me gustaba tener que esperarlo a que llegara a verme porque eso quería decir que no siempre estaba conmigo. Sí, me estaba volviendo una adicta a Edward pero eso ya era algo que sabía, solo que ahora se estaba intensificando a tal grado que al estar lejos de él, me dolía el pecho.
Lo amo.
Lo sé.
Sé lo que significa amar a alguien.
Pero a Edward lo amaba para siempre.
Para quedarme.
Para no perderlo.
Mientras sus manos se paseaban por mi espalda hasta posarse en mi trasero, yo me dediqué a juguetear con su cabello, por eso, cuando me subió a la mesa, me tomó desprevenida, pero no dejé que eso cortara el momento.
Sí, hacer el amor es genial, pero tontear de improviso lo era también, así que dejé que las manos de Edward vagaran por mi cuerpo y sus labios dejaran rastros cálidos por donde pasaran.
- Me encanta tenerte así…
- ¿Así cómo? – murmuré.
- Así… entregada y a mi merced…
Sus ojos verdes brillaban más de lo normal y supe interpretar esa mirada, pero confirmé lo que estaba pensando cuando sus manos se colaron por debajo de mi falda y él se agachó.
- ¿Te dije que hoy me puse mi aro en la lengua?
Sacó la lengua y enrolló el aro entre sus dientes, gemí como una posesa sin siquiera planteármelo. Me estiré sobre la mesa, no necesitaba verlo, con sentirlo me bastaba y sobraba.
Cuando estuve recostada y Edward me quitó la ropa interior, apreté mis manos en puños y cerré los ojos con fuerza, me mentalicé en no sacudirme cuando su lengua me tocara, pero…
- ¡Ohhh!
Era imposible, en cuanto el frío metal acarició mi intimidad, perdí cualquier pensamiento coherente y solamente dejé que mi cuerpo reaccionara. La lengua de Edward era ágil y sabia, conocía perfectamente los lugares que requerían ser acariciados.
Mi interior se estremeció por los movimientos que hacía la boca de Edward, pero enloqueció cuando mi novio decidió agregar un par de dedos al juego, la combinación que hacían su lengua y sus dedos era perfecta para llevarme al bode de la locura.
Mis caderas se movían por si solas, mis manos me molestaban y mi interior se contraía. Era tanto placer junto que necesitaba dejarlo ir.
- Vamos, cariño, déjame probarte… solo dame un poco de ti…
- Edward… - mi voz salió ahogada y mucho más baja de lo normal -, yo… no puedo…
- ¿Aún te falta?
Y sí, si había algo que Edward tenía era esa maldita manía de darme todo, si él pensaba que aún me faltaba para alcanzar el orgasmo estaba muy equivocado, pero yo no pude hacer nada por sacarlo de su error, estaba tan cerca que las palabras no querían abandonar mi garganta, y mucho menos pudieron hacerlo cuando Edward intensificó su labor y me llevó hasta el punto de no retorno.
Grité pero sin saberlo, solo sé que lo hice porque la garganta comenzó a picarme y mi boca estaba abierta.
Las manos me molestaban pero encontré apoyó en cuanto Edward subió por mi cuerpo y su boca llegó a la mía. Mis ojos seguían cerrados y así los dejé, disfrutaba mucho más de las sensaciones que me hacía sentir mi novio de esta forma.
- Bella… amor, lo siento pero tu celular está sonando hace mucho.
- ¿Eh? – abrí los ojos y Edward estaba sobre mi sonriéndome -, ¿dónde?
- No lo sé, pero lo escuché y parece que quien sea que te llama está algo desesperado.
Su sonrisa de satisfacción me dejó contenta, porque sabía que Edward disfrutaba de mi placer tanto como yo disfrutaba del suyo.
Le di un beso en los labios antes de bajarme de la mesa y correr a buscar mi celular que había vuelto a sonar. Con la rapidez no vi el número y ese fue mi error.
- ¡Queridísima!, ¿por qué no atendías el teléfono?
- Hola Luciano – rodé los ojos y dejé caer mis hombros -, lo siento pero estaba ocupada.
- ¿Tu bombón está ahí?, ¡Oh!, ¡no me digas que los interrumpí!
Claro, como si fuera a decirle. – No, tranquilo, todo está bien.
- ¡Excelente!, entonces… ¿le hablaste de mi propuesta?
- Eh… la verdad es que no he tenido tiempo pero lo haré.
Un suspiro demasiado exagerado para ser real se escuchó del otro lado de la línea – Pues apúrate, Edward Cullen es perfecto para mi nuevo perfume y no veo la hora de comenzar a rodar esas imágenes calientes.
- Luciano… - le advertí y él entendió.
- Lo sé, lo sé… tu solo habla con él, ¿sí?
- Bien.
Suspiré y me despedí de mi amigo, Edward estaba frente a mí cuando colgué y era obvio que estaba integrado. Así que comencé a explicar.
- Luciano es un amigo diseñador, y como no tienes representante me contactó a mí para que te traspase su propuesta, quiere que seas el rostro de su nuevo perfume – le conté.
- ¿Te contactó a ti?
- Oh, y no fue el único – rodé los ojos -, esta mañana tenía un correo de otros conocidos que te quieren para algunas campañas, parece que luego del reportaje pensaron que hablar conmigo era un camino más corto para llegar a ti.
- ¿Algo así como una novia representante?
Edward se acercó hasta mí y me tomó de la cintura – Algo así – confirmé. Su rostro cambió a uno mucho mas juguetón y la sonrisa que tenía se hizo enorme -, ¿Qué?, ¿Qué estás pensando?
- En que no me molesta mucho eso de "novia representante".
- ¿Qué? – mi voz quizás salió un poco más chillona de lo normal pero no pude controlarla.
- Eso – removió mis caderas tratando de relajarme -, que me gusta la idea de que seas mi representante, creo que tú, más que nadie, dices que necesito una y… bueno – se encogió de hombros -, de esta forma estaríamos mucho más tiempo juntos.
- O sea… - tiré mi cabello hacia atrás para asegurarme de que estaba despierta -, ¿Que quieres que sea tu representante?
- ¿Tú quieres?
Lo miré directo a los ojos, busqué algún atisbo que me dijera que estaba bromeando pero no lo encontré.
Hola!
Bueno, acá, después de un largo tiempo, está el capítulo, espero que no estén muy perdidos.
Como siempre quiero darle las gracias a mi beta, Erica Castelo que me salva de cometer errores imperdonables :D
Besos, Joha!
