Capítulo 26
Hacía frío. Demasiado frío.
Era el tipo de frío que se metía bajo tu piel, se colaba dentro de tu pecho y se hundía sin importar cuánto temblaran tus músculos.
Catra tenía que moverse, si no quería que el frío la paralizara. Pero primero tenía que quitarse las esposas, las cuales sujetaban sus manos detrás de su espalada. Las había estado rasgando durante horas con sus garras, implacablemente, su corazón latiendo rápido mientras miraba a su alrededor regularmente.
La niebla era tan espesa que no podía ver más allá de medio metro.
La tierra rocosa bajo sus pies era la única indicación del tipo de lugar en el que había sido arrojada. Una especie de montaña...
Su estómago refunfuñó a carcajadas. Otro problema con el que tendría que lidiar pronto... ¡¿Había algo de comer en este lugar de todos modos?!
"Joder..." maldijo varias veces mientras intensificaba la fricción. Sus brazos estaban doloridos, sus dedos le dolían justo debajo de las garras, y creía que no estaba avanzando nada... Ni siquiera podía ver el trabajo que estaba realizando.
Catra de repente cerró la boca. Tenía las orejas levantadas sobre la cabeza, la cola rígida y las pupilas reducidas a dos miseras aberturas.
Los susurros habían vuelto
Catra se quedó tan callada como pudo, sólo escuchando su pulso y su aliento tembloroso.
Había estado merodeando a su alrededor, escondida en la niebla, desde que se despertó en el suelo frío... No entendía lo que decía, pero sentir aquella presencia tan cerca, esperando el momento adecuado para atacar, le ponía la piel de gallina.
Con mucho gusto la provocaría, si no tuviera las manos atadas a la espalda...
Una sombra.
Catra giró la cabeza a la derecha. No, no había nada.
Su respiración condensada era el único movimiento en su visión. Ya ni siquiera podía oír los susurros. Probablemente se habían ido, pero Catra no se atrevió a reanudar su trabajo con las esposas.
"¿Crees que eres fuerte, Catra?"
Ella gritó. No había nadie cerca de ella. Estaba sola.
Sin embargo, el susurro agudo se sentía como si estuviera dentro de su oído...
Una risita resonó en la niebla, lejos.
El corazón de Catra latía en su pecho. Tenía que salir de ahí. Pero ahora estaba realmente paralizada, pegada a la roca en la que se apoyaba.
"Una cara tan valiente para alguien tan débil..."
Catra se puso de pie. Estabilizó su respiración mientras estudiaba la niebla, levantando sus orejas. Se parecían a los trucos mentales de Shadow Weaver. Estaba acostumbrada. Ella podría soportarlo. La humillación, la condescendencia, el complejo de inferioridad... Esos no eran demonios que pudieran romperla nunca más. Ya se había enfrentado a todos ellos.
Ella desenvainó su garra y volvió a rascar el metal. No dejaría que la Zona la afectara.
"¿Crees que puedes salir de aquí tú sola?"
Saltó a la izquierda, su oreja temblando. "¡Basta! Muéstrate", gritó ella. Sólo una risita espeluznante le contestó. Dio unos pasos vacilantes, sus ojos entrecerrados para ver mejor en la niebla.
"Tantos miedos en ti..."
Ella temblaba. Se mordió el labio con fuerza, concentrándose en el metal.
Los susurros hicieron cosquillas en ambos oídos al mismo tiempo. "Tú también puedes sentirlos, ¿verdad, Catra?"
"¡Cállate, no eres real!" Podía sentir como su aliento se enganchaba al sonido de ligeros pasos a su alrededor.
"Lo que oyes y ves... es todo real... Todo dentro de tu corazón..."
"¡No te tengo miedo!" Catra pateó una roca en dirección a los ruidos.
"¿Sabes lo que no es real? Los sentimientos de ella por ti..."
Catra se congeló. Un recuerdo apareció en su mente. Un beso, dulces gemidos en una celda silenciosa... Una nueva promesa...
"¿Crees que vendrá a salvarte?"
Algo frío y agudo corría por su columna vertebral. Su espalda herida explotó de dolor. Su cola levantada sobre su espalda. Sus pies estaban plantados en la tierra. Incapaz de moverse.
"Tienes miedo de que no cumpla su promesa una vez más..."
Otra aspereza corrió de su hombro a su cuello, arañando su pulso...
Como una garra.
"Pero no quieres que ella te salve, ¿verdad?"
Varias garras estaban enjaulando su garganta en ese preciso instante. Estaba completamente quieta, temblando internamente bajo el toque de...
"Ella te arruinó a lo grande..."
Entonces lo sintió. Una presión en su espalda. Una cara riéndose en su oído. Un aliento soplando en su mejilla. Podía imaginarse fácilmente esa sonrisa mostrando sus colmillos...
"¿Y si la matamos cuando llegue?"
Catra grito. Salio corriendo, perdiendo el equilibrio debido a las esposas de sus tobillos. Se puso de pie con esfuerzos frenéticos y corrió tan rápido como pudo en la niebla, sin importarle si era ruidosa o si no podía ver nada.
Volvió a tropezar, rodando por el suelo. Cuando se sentó, la vio.
La pequeña Catra, con su pelo desaliñado, usando su pijamas de la Horda. Ella le sonreía.
"No estés triste", dijo ella con una brillante sonrisa. "Te traje un regalo."
A la única persona a la que algunas vez Catra había regalado algo fue a Adora. No le había gustado mucho el ratón muerto, así que Catra nunca lo volvió a hacer.
"Te hará sentir mejor", la pequeña Catra sonrió de nuevo. Ella extendió sus manos hacía ella.
Estaba sosteniendo la cabeza de Adora. La sangre goteaba de la base del cuello.
Catra gritó de nuevo. Se puso de pie y corrió hacia el otro lado, tirando desesperadamente de sus esposas.
"Es tan buena embaucadora... Los tiene a todos atados alrededor de su dedo... Coleccionándolos como trofeos... Y tú eres su más antiguo y fiel..."
Catra se enfureció mientras corría, sin tener idea de adónde iba, o si iba a algún lado...
De repente se detuvo. Delante de ella brillaban dos puntos rojos brillantes... Dos ojos rojos.
"No..."
La pesadilla comenzó a invadir su mente... Ella no podía enfrentarse a eso. Se dio la vuelta, huyendo de esos ojos.
"Sólo hay una forma de liberarse."
La adolescente Catra y Adora estaban peleando frente a ella, lanzas azotándose entre sí, como un viejo recuerdo. La adolescente Catra gritó, lanzó su lanza al estómago de Adora. El arma atravesó todo su cuerpo. Lo logró, riéndose al ver a Adora derrumbarse en el suelo, manchando de rojo el metal. Miró por encima de su hombro a Catra, una sonrisa taimada en su cara.
Catra cargó con la horrible visión, pero desapareció en la neblina. Catra jadeó, arrodillándose en el suelo, esperando que el demonio volviese a susurrar. Pero un silencio ominoso la rodeaba.
Entonces lo escuchó. Un sonido desgarrador. Gruesos balbuceos y lamentos. Miró a su derecha lentamente. Una figura se estaba formando en la niebla, agachada sobre una figura rígida tendida en el suelo. La niebla se despejaba a su alrededor, poco a poco. La figura agachada se sentó, mirando a Catra. Los ojos azules y amarillos brillaban. Un dedo con garras salió de su ensangrentada boca con ligero 'pop'. Una risita congeló los huesos de Catra. Sus ojos se fijaron en la figura en el suelo. Pelo rubio con cola de caballo. Una piscina roja la rodeaba, goteando de su estómago destrozado.
El grito se estranguló en su garganta mientras intentaba evitar el vómito.
Se acurrucó en una bola y cerró los ojos. Estaba temblando mucho, su cuerpo le gritó para que corriera de nuevo. Pero ella sabía que no tenía adónde ir. El demonio la perseguiría hasta que muriera de sed o lo que fuera primero. Al menos podría evitar las terribles imágenes que creó la Zona Prohibida.
"Aw..." empezó una voz sensual.
La sintió a su lado. Sintió sus frías garras tocar su pelo. No podía abrir los ojos. Ella no quería verla.
"Mira en lo que te ha convertido..."
Catra agitó la cabeza, tratando de evitar la mano.
"Hagas lo que hagas, vayas donde vayas... Siempre vuelves a ella, ¿no? Incluso aquí..."
"¡Vete!"
"Siempre fue tu dueña. Nunca estarás libre de su influencia..."
La garra trazó la línea de la mandíbula y la agarró de la barbilla.
"Y ahora ella te posee de una manera diferente..."
Las garras se volvieron más suaves. Un segundo después, unos labios suaves presionaron su boca, se movían suavemente... El corazón de Catra latía más rápido cuando reconoció el tacto. Pero no se atrevía a abrir los ojos...
Manos ahuecaron su cara mientras el beso duraba. Catra no podía evitarlo. Ella suspiró, apoyándose sobre el tacto.
Sabía que no debía, sabía que debía alejarla o alejarse ella. Pero después de verse a si misma matar a Adora una y otra vez... ¿Cómo podría resistirse? Necesitaba a Adora con ella ahora mismo, en este lugar oscuro y retorcido...
"Catra..."
Oh, esa voz. Eso fue suficiente como para abrir los ojos. La sensación de alivio fue enorme cuando vio su rostro, lagrimas se escapaban, rodaban por el puente de su nariz y las mejillas. Adora sonrió cariñosamente, frotando un pulgar sobre su cara.
Catra sabía que esto era un truco. Pero no podía evitarlo. Dejó que la besara de nuevo. Dejó que se sentara a sus pies. Dejó que la agarrara suavemente.
"Te extrañé, Catra..."
Adora tenía los ojos llorosos, mirándola como si fuera la cosa más preciosa del mundo.
"¿Te unirás a la Rebelión conmigo?"
Catra no pudo evitarlo de nuevo. Estaba demasiado cansada. Demasiado herida. Quería una salida, aunque fuera falsa. Ella asintió.
Adora sonrió, acariciando su cara y tocando su frente con la suya.
"¿Te quedarás conmigo para siempre?"
Catra volvió a asentir.
"¿Me seguirás a donde quiera que vaya?"
Su voz había cambiado. Algo siniestro nació de ella. Catra la miró con recelo. Sus tripas le dijeron que la empujara, pero apenas podía hacer nada en esa posición.
"¿Te asegurarás siempre de no perderme de vista, Catra? ...sabes que necesito protegerte todo el tiempo."
A Catra no le gustaba esa mirada en sus ojos. Era demasiado intensa.
"Necesito que estés ahí para mí, Catra. No puedo dormir sin que estés al pie de mi cama... Necesito asegurarme de que me eres fiel..."
Catra abrió los ojos de par en par cuando sintió que sus manos se movían hacia abajo de su cara, para envolverse alrededor de su cuello lentamente...
"¿Vendrás conmigo al próximo baile de princesas, como mi pareja? Quiero mostrarte a todo el mundo..."
Catra se meneó debajo de Adora, tratando de liberarse de sus garras, pero había estabilizado su cuerpo justo en el lugar correcto para inmovilizarla.
Y las manos le estaban apretando alrededor del cuello.
"Podría cuidarte como antes... Y podría encontrarte una ocupación para las veces que me vaya a una misión..."
"¡Déjame ir!" Gritó finalmente Catra.
"No puedo dejar que vuelvas a la Horda Catra, o a cualquier otro lugar en realidad", agitó la cabeza lentamente, sus grandes ojos azules se enfriaron. "No dejaré que te alejes más de mí."
Catra jadeó por aire. Se movió tan fuerte como pudo, el pánico la dominó.
"Estás destinada a estar a mi lado para siempre..."
Adora apretó más fuerte.
"Para..." La voz de Catra era apenas un susurro. La sangre corría hacia su cara. Iba a morir.
Pero de repente, Adora fue alejada de ella. Catra tosió, jadeando pesadamente mientras rodaba de lado.
"No te preocupes, Catra."
La voz produjo un escalofrío en su columna vertebral. Levantó la vista, y se arrepintió al instante.
Se vio a sí misma, sosteniendo a Adora en sus brazos. Vio sus ojos, inyectados en sangre, oscureciendo una cara sacudida por una sonrisa demente. Vio su mano, sosteniendo un cuchillo contra la garganta de Adora.
Se vio a sí misma cortando la carne en un rápido movimiento, sangre derramándose por todas partes sobre su cuerpo.
"Ya no nos derribará más".
Catra cerró los ojos. Esto no era real. Esto era una pesadilla. Esto no puede estar pasando. Se despertaría en su cama en la Zona del Terror en cualquier momento. Se reía junto a Scorpia en el laboratorio de Entrapta cuando les contará ese raro y tonto sueño. Y ella lo olvidaría. Oh... Catra de verdad que echaba de menos a sus amigas, nunca les había dicho que de alguna manera ese cariño que le procesaban, había salvado también su vida.
"Lord Catra, aquí está el té que pidió."
Catra no pudo evitar mirar una vez más. La amargura de esa voz familiar envió una nueva ola de pánico a través de su cuerpo. Ella no...
"Esta frío, Lonnie".
Su otro yo arrojó el té a los pies de la chica. Ella estaba sentada en el trono de Hordak, vistiendo su capa, acariciando el muslo de Entrapta que estaba sentada en su regazo mientras escribía en su ordenador.
Oh no, no, no, no...
"Acércate", dijo su otro yo, un brillo sádico en sus ojos. "Arrodíllate".
Lonnie obedeció a regañadientes, enviando una mirada amenazante.
"Ya sabes lo que pienso del fracaso... Si no puedes hacer tu trabajo correctamente... Necesitas ser castigada."
Ella deslizó su mano bajo la camiseta de Lonnie, y por la forma en que la chica hizo un gesto de dolor, Catra pudo adivinar lo que estaba haciendo.
"¡Basta!" Catra se puso de pie, pero los brazos se cerraron sobre su cuerpo, manteniéndola quieta.
"¿No quieres ver nuestro logros?" Las garras le agarraron la mandíbula con una fuerza increíble, obligándola a mirar. "Esto es todo lo que siempre has querido, Catra..."
"No..." se lamentaba, pero no podía dejar de mirar la escena. Su otro yo se reía de la humillación, se esforzaba en hacer llorar a Lonnie... "Yo no soy así..."
"Um, ¿Lord Catra?" Scorpia apareció de la nada en la escena, escondiendo a alguien detrás de ella.
"Estoy ocupada Scorpia."
"Lo sé, pero... Es el chico, él... suspendió el examen."
Su otro yo apartó a Lonnie, y se puso en pie, enviando a Entrapta al suelo sin preocuparse.
"Tráelo".
Catra pudo ver una figura sombría escondida por Scorpia, de pie temblando frente a su otro yo.
"No acepto fracasos en mis filas, soldado" Las palabras de Lord Catra fueron ácidas. "Pensé que lo dejé claro cuando salvé tu miserable existencia..."
"Quiero a mi mamá...", gritó la niña. Espera... Catra reconoció esa voz. Era la de esa chica... de Mystacor...
"¿Tu mami?", su otro yo se agachó a su nivel, lástima mezclada con un destello de peligro bailando en sus ojos. "Tu mamá está muerta, soldado. Ella nunca volverá por ti..."
La chica tuvo un ataque de ansiedad. Recordando las rocas que aplastaron el cuerpo sin vida de su madre.
"Pero no te preocupes, me aseguraré de que no la extrañes más."
Se volvió hacia Entrapta, "Borrar sus recuerdos".
"¡NO!"
"¿Qué pasa, Catra? ¿No te gustaría olvidarte de los que te dejaron? ¿De aquellos que te traicionaron?"
"¡Que te jodan! ¡Déjame ir!"
"Sabes en el fondo que Shadow Weaver no estaba tan mal después de todo..." las garras se movieron de vuelta a su cuello, presionando contra su pulso. El paisaje desapareció, dejando a Catra jadeando, furiosa y llorando en las garras de su demonio.
"Ella te enseñó a esconder tu debilidad interior, y a ver las debilidades de los demás... Te enseñó a usarlas para sobrevivir... Es lo que mejor sabes hacer, ¿verdad, Catra?"
"Catra..."
Cambio de escenario. Esta vez fue un recuerdo. Un recuerdo que Catra recordaba demasiado bien.
"¿Qué pasa, Lonnie, no estás de humor?" La chica agarró sus muñecas en su propio recuerdo, alejándose del beso.
"Ya no quiero hacer eso contigo".
"...¿Por qué?"
Catra no quería mirar.
"Porque me he estado engañando a mi misma, tú... nunca me verás... como yo quiero que lo hagas. Así que prefiero parar".
Lágrimas rodaban por sus mejillas mientras observaba como su yo pasado se confundía, luego se indignaba, y luego suplicaba. Ella necesitaba la compañía de Lonnie en ese momento. No de la manera que Lonnie hubiera querido, pero... para ella fue mas que una simple herramienta, alguien con la que conseguirse olvidar a Adora. Lo que menos quería era perderla.
"Si tú... si tú te vas entonces..." su memoria jadeaba. "¡Nunca seras Capitana de la Fuerza!", gritó.
Catra cerró los ojos. Oyó a Lonnie empujarla contra la pared. No quería volver a ver el dolor en su cara. El odio que sentía hacía ella.
"Adelante. No quiero ser tu Capitana de la Fuerza de todos modos. Eres despreciable".
"Mira Catra... Es mejor no encariñarse con la gente y sobre todo no enamorarse de ella. Si solo hubieras tenido sexo y un poco de compañía como querías desde un principio, no habrías llorado cuando se fue..."
"¡Cállate, Cállate, Cállate!"
"Ella tiene razón, sabes, eres despreciable. Siempre supiste lo que sentía por ti, pero seguiste usándola... Mira cuánto te odia ahora mismo por romperle el corazón...".
"No..." Catra no podía parar de llorar. Lonnie la había perdonado. Ambas habían seguido adelante. Y Catra incluso le había prometido el estatus de Capitana de la Fuerza, pero esta se había negado, prefiriendo seguir siendo un cadete. No era real, sólo era un truco mental...
¿Pero por qué funcionó tan bien?
"¿Qué cara crees que pondrá Adora cuando se dé cuenta de lo despreciable que eres y todo el asco que das?"
"¡Cállate!"
De repente, el fuerte agarre de su demonio se aflojó. Catra se cayó al suelo. Escuchó un gemido inhumano, y unos pocos destellos cubrieron sus párpados, que mantuvo cerrados. Se quedó quieta en el suelo, acurrucada, esperando la próxima tortura.
"Está bien, Katriska, se ha ido."
Esa no era una voz que ella conociera. Catra abrió un ojo.
Una extraña anciana con gafas enormes y pelo gris desaliñado le sonreía, sentada con las piernas cruzadas a su lado. Chasqueó los dedos. Catra sintió que sus muñecas y piernas finalmente se soltaban. Saltó muy lejos de ella, de pie en posición de lucha, sus garras desenvainadas. Estaba temblando, así que siseó para darse fuerzas.
"Madam Razz no va a hacerte daño, querida. La Sra. Razz no es de aquí".
Catra no se relajó. "¿Quién eres tú?"
"¡Oh, es cierto! No te acuerdas!" la señora se puso de pie. "Madam Razz tiene algo que te pertenece y que la ayudará a refrescar sus recuerdos."
Metió la mano en la bata y le entregó un objeto que había causado tanto lío en la vida de Catra.
De un salto, Catra le arrebató la máscara. La examinó antes de entrecerrar los ojos ante la llamada "Señora Razz".
"¿De dónde sacaste eso?"
"Madam Razz se la quitó a Mystacor. Esto te pertenece a ti."
"¿Cómo me hará recordar?"
"Tu máscara tiene otro poder especial, ves," la bruja barrió la tierra con su escoba mientras hablaba. "¡Tiene los recuerdos de todas las Reinas de Magicats ante ti, así como los tuyos!"
"...¿Qué?" Catra miró la máscara. Limpió las piedras brillantes y tembló.
"Sí. Para ver los recuerdos... Necesitas usar la máscara, y empujar la piedra azul, mientras te concentras en una reina, un momento, un sentimiento..."
"Eso es bastante vago..." Dijo Catra, la sospecha manchando su voz.
"También te permite compartir recuerdos con la gente. Para eso, sólo necesitas tomar sus manos y concentrarte en lo que quieres compartir".
Catra no contestó. La observó con ojos cautelosos.
No le gustaba esa mujer que había salido de la nada para salvarla... Parecía sospechosa. Pero... ella la liberó de sus demonios.
"¿Por qué me estás ayudando? No nos conocemos".
"La señora Razz conoce a Katriska."
El corazón de Catra dio un vuelco. Una curiosidad codiciosa despertó todos sus sentidos, pero los elimino, forzándose a volver a la realidad.
"La última gente que me dijo que la conocía me envió aquí ", escupió.
"Madam Razz adivina que tendrás que confiar en mí", una cálida sonrisa transformó sus ojos arrugados en dos medias lunas. Catra pasó otro minuto mirándola fijamente, la indecisión volviendo loca su mente.
Ella gruñó. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Hizo un gesto para ponerse la máscara en la frente, pero se congeló en el último segundo cuando recordó lo que pasó la última vez que lo hizo.
"No te preocupes, querida, Madam Razz le quitó el hechizo de la Reina de Mystacor. Puedes usarla con seguridad ahora."
Inspiró y expiró, preparándose por si acaso la bruja estaba mintiendo. Ella soportaría con gusto ese dolor en lugar de la tortura mental de la Zona de todos modos.
Se puso la máscara, empujó con fuerza la piedra azul, agarrándose de la rodilla ante el dolor, y dejó que su cabeza se llenara con la primera persona que le vino a la mente.
"Adora", la voz de Shadow Weaver resonó en la habitación. "Esta es tu nueva compañera de litera. Su nombre es Catra. Ella es...bastante problemática. Espero que la mantengas en su lugar y me avises inmediatamente si causa algún problema".
La alta mujer empujó duramente hacia delante a una flaca figurita envuelta en una gran capa. Orejas grandes, pelo desaliñado, ojos desparejos perdidos...
"¡Hola! ¡Soy Adora!"
La rubia brillante la abrazó. Siseó Catra, saltando lejos de ella.
"¡Lo siento! ¡No quería asustarte!" Adora levantó las manos. Catra se acurrucó en una bola en un rincón, mirándola sospechosamente. La cara de Adora se iluminó cuando se le ocurrió una idea. Se fue a su litera, y tomó dos muñecas de trapo rudimentarias de debajo de su almohada. "¿Quieres jugar?"
Catra no contestó, así que Adora comenzó a contar una historia con las dos muñecas, haciendo caras y voces graciosas. Los rasgos de Catra se relajaron poco a poco, hasta que la historia la hipnotizó por completo. En algún momento, Adora le entregó una de las muñecas. Una mano con garras apareció bajo la capa. Ella tomó la muñeca, pero le puso las garras inconscientemente.
"¡Catra! ¡Tienes que tener cuidado, si no la vas a romper!"
Catra dejó caer la muñeca y recuperó su postura defensiva anterior. Adora parecía que se arrepentía de sus palabras. Volvió a su litera, y esta vez cogió un bot metálico debajo de su almohada.
"¡Toma, tómalo, es para ti!" Ella le dio el juguete a Catra, quien lo tomó con una mano. "¿Quieres ser mi amiga?" Preguntó Adora, la esperanza brillando en sus ojos.
"...vale." La voz de Catra ya era áspera. Como si hubiera gritado mucho en su corta vida. Las dos niñas jugaron durante un tiempo, hasta que Catra se sintió lo suficientemente segura como para aflojar su agarre alrededor de la capa. Esta cayó, revelando la máscara que estaba entre sus piernas.
"Oooh, ¿qué es eso?" Adora hizo un gesto hacia ella, pero de repente Catra se cerró sobre ella, silbando más fuerte que la primera vez. "¡Lo siento, lo siento! Entonces, ¿qué es?"
"...no lo sé. Sólo lo tengo. Es mío."
"Huh... Mejor que lo escondas entonces, no podemos tener objetos personales", dijo Adora con seriedad, y luego sonrió. "¡Puedes hacer como yo y esconderlo bajo tu almohada! ¡Podemos ser los amigas de la almohada!"
Una pequeña sonrisa iluminó la cara de Catra mientras miraba a la divertida rubia reírse de su gran idea.
"Oh, espera, no tienes ropa, voy a buscarte algo, ¡vamos!"
Adora se acercó a Catra, quien tomó su mano con entusiasmo, por primera vez en su vida.
"Joder..."
Catra se quitó la máscara. Era como en el Templo de Light hope, o cerca. Veía sus recuerdos desde un punto de vista externo, pero seguía sintiendo todo lo que sentía la pequeña Catra.
"¿Lo has disfrutado?" Preguntó Madam Razz, una genuina sonrisa en su cara.
"...algo así", se relajó un poco. Al menos sabía que no estaba mintiendo. "¿Cómo nos conocimos exactamente?"
"Puedes verlo por ti misma gracias a esto ahora", señaló con el dedo a la máscara. "Madam Razz fue la que te devolvió la piedra de runas azul."
"¿Fuiste tú?"
Se le ocurrieron miles de preguntas. No sabía cuál formular primero...
"Pero cómo..."
"Si me permites, Katriska..."
"Mi nombre es Catra..."
"Hay un recuerdo importante que necesito mostrarte con la máscara. Responderá a algunas de tus preguntas".
Catra dudó. Miró a su alrededor, sin ganas de sumergirse en otro recuerdo en medio de la Zona Prohibida.
"No te preocupes por los demonios. No volverán mientras Madam Razz esté aquí".
Eso no la tranquilizó tanto. Por lo que ella sabía, estaba un poco loca. Catra la miró fijamente durante un segundo, y una vez más cedió. La curiosidad la mataría algún día...
La bruja chasqueó los dedos. La roca azul se metió en la máscara, lastimando a Catra otra vez en el proceso.
Hacía calor...
El fuego había destruido lo que quedaba de la ciudad. Cientos de cadáveres se alineaban en el suelo. Los robots estaban matando a los últimos supervivientes, sus gritos llenaban el aire de humo. El mundo se había acabado esa noche.
Una sobreviviente estaba arrastrándose por el suelo. La sangre goteaba por la comisura de su boca. Ella estaba sosteniendo su estómago mientras trataba desesperadamente de huir de él.
Pero él era más rápido que ella.
La oscura figura encapuchada saltó de un edificio hecho pedazos, aterrizando justo al lado de ella. Planto un pie en su espalda y la estrelló contra el suelo. Gritó de dolor.
Se agachó, la hizo rodar sobre su espalda, mirando la cara rota con deleite. Luego la agarró por el cuello, levantándola en el aire.
Ella plantó sus garras en su mano, sin éxito...
"Se acabó, Katriska..."
Ella siseó. Un fuego aún ardía en sus ojos amarillos y azules, magnificándola incluso en ese estado.
Se parecía a ella. Una versión más antigua de ella, con el pelo más corto, y tal vez algo un poco diferente en la cara...
La máscara brillaba en su frente. Katriska levantó la mano, temblorosa, intentando bajarla sobre sus ojos. Pero Hordak reaccionó en un segundo. La agarró de la muñeca y la apretó hasta que oyó que los huesos se rompían.
Rugió de dolor.
"No sobrevivirías a una transformación en ese estado, ¿me equivoco?"
"Vete a la mierda..."
Hordak se rió. Agarró su cuello con más fuerza. Katriska se ahogó, su cola moviéndose a sus espaldas.
"Me pregunto qué pasaría si rompiera tu preciosa máscara..."
Se acercó a la roca dorada. Cuando sus uñas se agarraron a la roca, Katriska gritó, a pesar de la falta de aire. Ella le clavó sus garras en el antebrazo, pero él tiró más fuerte de la roca, con una mueca odiosa en la cara.
La roca finalmente fue arrancada de la máscara con un horrible chirrido.
Un segundo después, unas patas gigantescas abofetearon a Hordak, mientras un poderoso rugido hacía caer las últimas murallas de la ciudad destruida. Hordak se estrelló contra un árbol quemado detrás de él, viendo a la reina transformada gemir de dolor, chocando contra las paredes de forma errática.
Completamente fuera de control...
Hordak puso la piedra en su bolsillo. Preparó su brazo de escopeta, apuntando a la bestia. La reina esquivó el ataque, y luego lo atacó a toda velocidad. Hordak dio un grito ahogado cuando lo golpeó con el puño. Ella lo estrelló contra una pared que se derrumbó bajo el impacto.
Katriska saltó sobre las ruinas y huyó, tropezando con rocas y chocando contra pilares en su camino.
Finalmente se detuvo al pie de un santuario destruido. Los símbolos de lunas y soles colgaban tristemente de una columna medio rota. Se derrumbó debajo de ellos, con las orejas desinfladas y la cola baja. Su cuerpo volvió a su forma original. Levantó una mano temblorosa a su máscara, y gritó cuando se la quitó de la frente.
Duele mucho.
Apenas estaba consciente. Había fuego casi por todas partes a su alrededor. Fue un milagro que no se hubiera desmayado ya por el humo y la intensidad de sus heridas.
Miró a su alrededor, buscando a alguien... alguien vivo.
Pero no había nadie.
Agarró la máscara, apretando los dientes mientras intentaba moverse. Pero sus piernas estaban demasiado tensas. Ya no tenía fuerzas.
Esto era el final.
Un sonido, un 'pop' hizo que sus oídos se animaran. Ella inclinó la cabeza y la vio. Una sonrisa llorosa iluminó su rostro.
"Señora... Señora..." Su voz era ronca y débil. Se inclino sobre la mujer, pidiéndole en silencio que se acercara. La mujercita con pelo salpimentado y gafas grandes se arrodilló ante ella. "¡Ayúdame! Madam Razz..."
"Oh, Katriska..."
Madam Razz parecía mucho más joven.
"Ayúdame... ¡Tienes que hacerlo!"
Katriska se apoyó en un codo, y extendió valientemente su brazo tembloroso, sosteniendo la máscara. La señora Razz ahuecó su cara, limpiando los rastros de suciedad y sangre.
"Tu tiempo en Etheria no ha terminado Katriska."
"Me estoy muriendo... ¡Tómala! Dáselo a..."
"Cómete esto".
Madam Razz puso unas bayas verdes en la boca de Katriska. La reina caída las comió lentamente, luchando por tragarlas.
Cuando terminó, Madam Razz agarró la máscara, provocando una sensación de alivio en Katriska. Se dejó caer al suelo, lista para abrazar la muerte. La señora Razz hizo rodar a la reina sobre su espalda, y luego la tomó en sus brazos.
Chasqueó los dedos. La piedra azul se desprendió de la máscara, haciendo que Katriska volviera a gritar.
"Te dolió por última vez. Tu conexión con la piedra ahora está cortada. Madam Razz siente eso..." suspiró. Se puso unas bayas verdes en su propia boca. "Y también siente todo lo que esta por venir... Razzle Dazzle."
Puso un beso en la frente de Katriska.
Una increíble onda expansiva rompió el resto del santuario.
El pelo de Madam Razz se hizo más largo y más blanco. Su espalda se encorvó. Su cara tenía más arrugas. En sus brazos, Katriska se hacía cada vez más pequeña. Sus heridas desaparecieron. Su cara y su vientre se hincharon. Su cola se convirtió en un pequeño cono de pelusa.
Cuando el suelo dejó de temblar, una gatita perteneciente a los Magicat se acurrucaba en los brazos de la vieja bruja.
No...
"Siempre lleva esta máscara contigo, querida..."
De ninguna manera...
"Madam Razz te quitó todos tus recuerdos. Para que pudieras empezar de nuevo, brindándote una segunda oportunidad."
No es posible...
La bruja acarició la cara del gatito dormido, y luego desapareció con un sonido chasqueante de nuevo.
La gatita estaba sola ahora. Miró a su alrededor, pero no reconocía nada. Ella se lamentaba. Presionando sobre su pecho la máscara que ahora era demasiado grande para ella, intentó levantarse pero perdió el equilibrio. Ella se quejaba, tosiendo de vez en cuando a causa del humo.
Entonces un crujido la sacudió.
El gatito encogió su cuerpo detrás de la base del altar.
Pero el que hizo el ruido la había oído. Una oscura figura cubierta apareció ante el altar. Vio la peluda cola desde detrás de la roca. Se agachó y miró a su alrededor.
Sus ojos rojos se encontraron con los ojos desparejos del gatito.
Esta grito.
Hordak la levantó de la piel del cuello. El gatito gritó y se meneó, pero no la soltó.
"¿Qué demonios...?" Hordak agarró la máscara, pero el gatito le dio una patada con su piececito. Miró los agujeros de los ojos. "¿Dónde está la piedra azul?"
Como ella sólo se quejaba, Hordak miró a su alrededor. Tomó un dispositivo de su bolsillo, y escaneó el área.
"No hay presencia detectada".
Hordak frunció el ceño. "¿Quién hizo la magia entonces...?"
Puso el pequeño Magicat sobre el altar, sujetando firmemente su hombro. "¿Estás...?"
Miró al suelo junto a los símbolos de lunas y soles. La ropa de Katriska yacía allí. Hordak levantó una dudosa ceja. Le arrancó un pelo de la cabeza al gatito y lo metió en su máquina.
"ADN. Coincidencia. Reina. Katriska. Identificado."
"Esto es absurdo..."
Hordak la miró bien. Se frotó la barbilla, como si estuviera evaluando los posibles resultados de un experimento...
Luego sonrió con suficiencia, se quitó la capa y la envolvió alrededor de su pequeño cuerpo. El gatito dejó de llorar. Ella lo miró con grandes ojos expectantes. Hordak la tomó en sus brazos, y se alejó del santuario.
Lejos de la ciudad en llamas.
Lejos del genocidio que acaba de cometer.
"Vas a encajar muy bien en mi ejército... Catra."
Podéis encontrar un dibujo hecho por la autora en este preciso capitulo pero en AO3, ya sea en su cuenta como en la mía. También lo podéis encontrar en Wattpad.
