Hola!! Aquí de nuevo, un nuevo capi!! Espero que os guste y gracias por leer

Especialmente gracias a los que dejáis comentarios, me animan mucho a seguir, y los agradezco un montón. Y en cuanto a los que han preguntado si estaba esta historia en otro sitio, si que la tengo, se llama slasheaven, y la publico bajo el nombre de hebe. Así que lo siento si os ha liado jaja!

El plan

Supongo que ya es seguro – dijo Harry con voz grave

Sí, todos mis contactos dicen lo mismo – la mirada de Lucius era seria pero se adivinaba un brillo de excitación en los ojos azules.

Lo mismo me dicen a mí. Voldemort planea un ataque a gran escala: hogwarts y el ministerio a la vez.

Mierda – maldijo Draco – Dónde estará él?

No lo sabemos – dijo Lucius – No ha querido dar los grupos de ataque, y no lo hará hasta el último momento.

Vendrá a Hogwarts – aseguró Harry

Cómo lo sabes?

He estado en su cabeza, Draco, sé como funciona. El ataque al ministerio es una burda distracción, sabe que atacando aquí, ataca al corazón de la sociedad mágica. Aquí están los hijos de ministros, lores, economistas y reyes por igual. Y aquí estoy yo.

Y vendrá por ti – dijo Severus.

En efecto, en su loca mente soy el único obstáculo que le separa de la victoria absoluta.

Entonces, el ataque al ministerio? Estará defendido mucho mejor que Hogwarts.

No, él atacará primero Hogwarts, esperando que todo el mundo acuda aquí. Y luego un pequeño contingente bastará para arrasar el ministerio.

Hmpf, aún así, y no digo que sea muy plausible, esto son puras conjeturas – dijo Lucius – No podemos basar nuestra estrategia en ello.

Lo sé, por ello intentaré colarme en su mente esta noche – las palabras de Harry atrajeron una exclamación ahogada de Remus, que le miraba preocupado, he hizo que Draco casi le rompiese los dedos de la fuerza con la que le apretaba la mano.

Bien, luego nos dirás lo que hacemos.

Harry observó a todos los que le miraban, esperando una palabra suya, una orden. Lucius y Remus, Draco y Snape, Christian y Lise, que no decía nada. Todos ellos en origen, gente mucho más preparada que él para llevar el mando, y sin embargo esa responsabilidad caía en él. Por un momento sintió que se ahogaba, pero la mirada, llena de confianza de unos ojos grises hizo que ese llenara de determinación. Acabaría la guerra, de una vez por todas.


Harry se encerró en su cama, en el dormitorio de Gryffindor y se rodeó de los hechizos protectores más fuertes que conocía, que dicho sea de paso, alguien de su edad no debería ni saber que existían. Podría parecer paranoico, pero desde que Dumbledore había intentado matar a Lise y huía de las autoridades, Weasley y Granger habían estado muy callados, demasiado. Y eso no le daba nada de buena espina.

Estaban esperando, Harry lo sabía, lo había leído en sus mentes, pero ni ellos mismo sabían qué estaban esperando, parecía que Dumbledore había dado unas instrucciones por si le pasase algo, pero estaban encerradas en una especie de caja que ni sus poderes mentales podían abrir. Oh, ellos no lo sabían, pero claro, ellos no veían tan claramente como él en sus propias cabezas. Aún así, era mejor prevenir que curar, y no pensaba bajar la guardia ni un segundo cuando esos dos estuvieran en sus alrededores.

Suspiró, pensando en que lo que le esperaba esa noche no era nada agradable. Voldemort no podía entrar en su cabeza, no, y no podía notar cuando él entraba en la suya, pero aún así, una mente tan enferma, tan teñida de oscuridad. Dejaba a Harry enfermo cada vez que lo hacía, así que lo evitaba todo lo posible. Se tumbó mirando al techo, y pensó en Draco. Draco que había querido estar con él, y al que no había dejado. Con cabellos rubios y ojos de plata brillando en su mente, abrió la conexión con el señor oscuro, sabiendo que esa luz le ayudaría a salir de allí.

Se estremeció, meterse en la cabeza de Lord Voldemort era como sumergirse en un pozo negro, donde la oscuridad pasaba a través de ti como una sustancia viscosa y semi-líquida, dejando su rastro en todo lo que tocaba. Sintió las ya habituales nauseas y comenzó a buscar lo que había venido a encontrar. Navegó entre recuerdos de torturas a muggles y a magos por igual, y por algunos de los enfermos placeres de aquel bastardo.

Pero no podía distraerse, si lo hacía, las memorias, los planes, los conocimientos, todo aquello oscuro que había en Voldemort le sumergiría, y se ahogaría en la oscuridad, sin poder salir de allí. Su determinación se redobló cuando vio algunas escenas en las que Voldemort se imaginaba su victoria sobre Hogwarts. Vaciló cuando vio el suelo plagado de cadáveres, y en gran comedor tintado de rojo. Pero siguió su búsqueda, que acabó por aseverarse fructuosa.

Allí estaba, el plan de Voldemort, concretado solamente para oídos de su fiel serpiente, sin que nadie más supiese nada. Y era exactamente como él había dicho, por un momento sintió nauseas al ver qué bien conocía a ese monstruo, pero no era tiempo de pensar en eso, debía salir de allí. Y comenzó su retirada de las profundidades de la oscuridad cuando otra de las fantasías de Voldemort atrajo su atención e hizo que su corazón gritase de horror.

Voldemort se vengaría de Lucius, vaya si lo haría, el lo había traicionado y qué mejor forma de vengarse que dejarle impotente viendo como torturaban a su hijo de la forma más vil posible. "NO DRACO" gritó Harry, perdiendo su concentración por un momento. Y en ese momento la memoria le sumergió; observó como Lucius peleaba contra las cadenas que le sujetaban, gritando desaforado, y con lágrimas resbalando por sus mejillas mientras Voldemort violaba a su hijo. Y él no pudo apartar la vista de aquel cuerpo blanco amado, ahora magullado y ensangrentado, puesto a cuatro patas y atado como un vulgar prostituto mientras el señor tenebroso se enterraba en su cuerpo llenando de sangre sus muslos.

Draco gritaba y lloraba, y Voldemort disfrutaba con un brillo maníaco en los ojos. Harry cerró los suyos convenciéndose de que aquello no era nada más que una fantasía, nada más que otro de los sueños perversos de Riddle. Intentó aislarse de los gritos agónicos de Draco, de las risas de los mortífagos, de los ruegos de Lucius Malfoy. Y Pensando en la sonrisa dulce que el rubio le había dado poco tiempo atrás y en el calor de sus labios contra su piel, catapultó su mente hacia su cuerpo.

Los ojos verdes se abrieron, su rostro estaba mojado, lleno de lágrimas y su cuerpo temblaba como una hoja en un vendaval. Hacía tiempo que no lloraba así, no podía respirar, e hipaba como un loco sin preocuparse por el ruido mientras cogía su capa y su mapa del merodeador y salía corriendo de la torre, medio cegado por las lágrimas, en dirección a las mazmorras. Su loca carrera le llevó hasta el cuadro que recordaba de su segundo año y se detuvo frente al mago con la serpiente, abriendo el mapa con manos temblorosas y viéndolo todo borroso. Pero el mapa no daba las contraseñas para entrar en las casas.

Ábrete!! Por Merlín, ábrete!! – lloró al retrato, que le miraba impasible – Ábrete!!!!

Hablas??!!! – exclamó la serpiente – Hace tiempo que no venía ningún hablante!! Porqué no estás en mi casa?

Te lo contaré otro día, pero por favor ábreme – dijo el joven desesperado, sintiendo que volvían a empeorar de nuevo sus lloros – Por favor

Está bien, pasa.

El retrato se abrió y Harry pasó en una exhalación. La serpiente le miró y agitó su lengua con preocupación, el joven estaba fuera de sí, en un estado de angustia tal que había conmovido su gélido corazoncito. Harry ni se dio cuenta, solo se dirigió a la motita que en el mapa llevaba el nombre de Draco Malfoy, y compartía habitación con Blaise Zabini y Theodore Nott. Abrió la puerta con estruendo y se tropezó en su prisa para llegar a la cama, siendo recibido con tres varitas alarmadas y una luz encendida rápidamente.

Draco!!! Oh por Merlín, Draco!!!

El rubio miró atónito como el rostro lleno de lágrimas de su novio aparecía de la nada, al igual que parte de uno de sus hombros y sus pies. Draco miró atónito a sus compañeros cuando Harry se tiró sobre él, sollozante y tocó su rostro para luego enterrar su cabeza en su pecho susurrando "Menos mal, menos mal". Acongojado, le abrazó fuertemente e hizo un signo a sus amigos. Luego cerró los doseles a su alrededor y colocó hechizos de privacidad. A Harry no le gustaría que nadie le hubiera visto en ese estado.

Estoy aquí, estoy aquí – susurró el rubio con voz ronca de sueño y meciéndole como hacía su padre en su niñez cuando tenía una pesadilla – No me ha pasado nada, Harry, estoy aquí.

Voldemort, él... y te tenía… y entonces – entre las frases inconexas y los hipidos del moreno era incapaz de sonsacar nada, pero sabiendo lo que iba a hacer el Gryffindor a esa hora, imaginaba que algo debía de haberle asustado mucho.

Harry, Harry, mírame – alzó la barbilla de su chico suavemente, con dos dedos, mirando a los ojos verdes enrojecidos y brillantes. Con un tacto de pluma, sus labios se posaron en los otros, y el moreno cerró los ojos mientras ese contacto y las caricias delicadas de un pulgar en su mejilla ayudaban a que se calmase – Estoy aquí – susurró Draco.

Con movimientos pausados Draco le quitó la capa de invisibilidad a Harry, dejándola a los pies de la cama, y le atrajo más a él, intentando darle calor pues solo llevaba puestos unos pantalones de franela de cuadros. Se metió bajo las mantas con el moreno y se recostó en el cabecero, dejando al otro sentado sobre él a horcajadas y enlazando su cintura. Harry mientras parecía haberse calmado y sus temblores disminuían a medida que las manos del rubio le acariciaban suavemente la espalda de forma rítmica y casi hipnótica.

Qué ha pasado?

No era real, no era real – susurró Harry – Era solo… un plan… NO una fantasía. Sí, una fantasía de Voldemort. Porque no va a ganar, y antes muerto que dejar que te toque un solo pelo!!!

Harry, cuéntamelo, por favor – rogó el rubio acariciando los cabellos negros.

Él, él quería castigar a tu padre… estaba encadenado a un muro, sucio y herido pero… pero en el centro estabas tú. Estabas lleno de heridas, sangrabas, y él… él Dios! Te violó Draco, y yo lo vi y no podía hacer nada porque ni siquiera era real. Pero era tan vívido, Lucius lloraba y tú… tú gritabas y sangrabas y y …

Un beso suave calló al moreno y Draco lo atrajo hacia sí, cerrando los ojos fuertemente, escondiendo su rostro en el cabello negro. Entendía perfectamente porqué el moreno se había puesto así, él estaría igual si estuviese en su lugar. No quería ni imaginar la escena que tenía que haber visto, le recorrió un escalofrío. Antes muerto que caer en manos de ese ser.

Recordó el momento en el que casi pasó por lo que había visto Harry. Recordó con horror las manos que habían recorrido impunes su cuerpo, la lengua que se había forzado en su boca y un escalofrío recorrió su espalda, haciéndole temblar. Pero un pensamiento le reconfortaba, y era recordar como el niño que vivió había mandado a Flint, malherido y sin varita al fondo del bosque prohibido. Y recordó como Dumbledore había anunciado con gran pesar una semana después que habían encontrado el cuerpo, destrozado por varios animales.

Pero volvió a estremecerse pensando que ya eran dos personas las que habían pensado en la misma forma para torturarle. Harry le miró preocupado mientras él se preguntaba porqué la gente podría querer hacerle eso a alguien, y porqué todos al parecer pensaban en hacérselo a él. Harry al parecer sabía lo que pensaba, aunque sabía por seguro que no era así.

Es porque eres hermoso, Draco. Y ellos solo piensan en quebrar la belleza, porque no pueden soportarla – le besó y le dijo fervientemente – Te juro que le mataré. Te lo juro.

Lo sé, y yo estaré a tu lado para escupir sobre su cadáver.

Harry sonrió y se dejó resbalar, arrastrando a Draco con él, hasta que quedaron ambos tumbados, enlazados estrechamente. Fue entonces, arrullado por el calor del rubio, y por el aura de contento y de amor que salía de él que pudo volverse a dormir, sin sueños, hasta que la luz del día o Draco le despertasen.


Remus frunció el ceño mirando a Harry, que desde que había llegado no se había despegado de la mano de Draco. Algo debía de haber pasado esa noche mientras miraba en la mente de Voldemort, algo malo. Sin embargo, al ver como Draco tenía la mirada llena de determinación decidió no decir nada y en poco tiempo entraron al tema en cuestión.

Voldemort seguirá el plan que dije. Piensa que ahora, sin Dumbledore, el castillo no tardará mucho en caer, y cuando lleguen los aurores, será una trampa para ellos. El ataque al ministerio será poco después, cuando él mande una señal a través de la marca tenebrosa.

Genial – dijo Lise que escuchaba con la cabeza apoyada en el hombro de Christian – Ahora solo queda organizarnos.

Potter… - gruñó Snape – vio algo más. Algo que le dejó bastante tocado, qué es?

Nada – repuso el moreno apretando los dientes – No tiene importancia.

Puede tenerla, Potter, díganos que vio.

No la tiene porque no pasará!!! – exclamó Harry, poniéndose en pie, ante el asombro de todos – Solo es otra de sus retorcidas fantasías!!! Y te aseguro que mataré a ese cabrón hijo de puta antes de que las cumpla!!!

Los adultos miraron a Harry chocados; el chico normalmente no alzaba la voz y explicaba las cosas con la calma de alguien mucho más maduro. Los demás miraban impresionados por las palabrotas, que Harry no era muy propenso a decir. Christian, sin embargo, notó como Draco se había tensado con la mención de Voldemort, así que paró a Snape que iba a añadir algo.

Maestro Snape, no creo que sean de ninguna relevancia las perversiones ideadas por la mente de un monstruo. Deberíamos centrarnos en elaborar un plan.

Buena idea – Harry exclamó, sentándose de nuevo y miró agradecido a Chris, que solo sonrió de medio lado.

Alguien ha pensado algo? – preguntó Lise

Ayer estuvimos trabajando en un semblante de estrategia – dijo Remus – Necesita pulirse pero según lo que nos ha confirmado Harry, debería servirnos perfectamente.

Consiste esencialmente en hacerles caer en su propia trampa. Princesa, tendremos que tener una sincronización perfecta con el ministerio.

Llámame Lise, Lucius, por enésima vez – refunfuñó ella, exasperada ante la inflexibilidad del rubio a olvidar el protocolo – Y no te preocupes, mi padre y yo tenemos nuestros métodos.

Bien. Resumiendo el plan, Voldemort atacará Hogwarts y debemos hacerle creer que su plan ha funcionado. Solo los alumnos mayores y los profesores se enfrentarán a ellos en principio. Después apareceremos nosotros con capas que traeré del ministerio, las mismas que las de los uniformes de aurores. Voldemort creerá que somos las fuerzas de élite del ministerio.

Nos disfrazamos de aurores?? –rió Christian

En efecto – sonrió Remus – es simple, pero efectivo. Todo un clásico. Voldemort mandará la señal para que ataquen el ministerio…

Y nos deshacemos del disfraz – terminó Harry – Me encanta.

A partir de ahí, es de esperar que terminen rápido en el ministerio con ellos y vengan en nuestra ayuda. Pero no podemos poner toda nuestra esperanza en los aurores.

Nos lo jugamos todo a una carta

Y no perderemos. Os lo aseguro.


Voldemort atacará el castillo, el martes – anunció Harry con voz grave ante la orden reunida para su habitual entrenamiento.

No endulzó las palabras, ni intentó tranquilizar los ánimos, solo miró con orgullo las exclamaciones ahogadas y de miedo que se fueron convirtiendo en una especie de excitación entre todos ellos. Aquella era la prueba para la que se habían preparado, para lo que habían entrenado, y recibían la noticia con una mezcla de angustia y ansia.

El orden se restableció pronto, sentándose todos más erguidos, con pura determinación en su s rostros. El moreno sonrió satisfecho, allí había un ejército con el que gustoso se enfrentaría a las mismas legiones del infierno. Les explicó la situación con calma y confianza, y el plan previsto para ella. Después, vinieron las preguntas.

Pero, se supone que no pueden pasar las barreras.

Las pasará, sin duda, el tiempo que tarde en hacerlo será el que tengamos para mandar un aviso y prepararnos para la batalla.

Y cuando caigan las barreras aparecemos?

Sí.

Y cómo sabremos que ha empezado el segundo ataque?

Lucius es el primer ministro, las barreras del ministerio están ancladas a él. Cuando caigan las sentirá e invocará al basilisco en el cielo.

Y Voldemort? Como sabremos cuando da él la señal?

En realidad no tenemos porqué saberlo. Pero si quieres una pista, estate atento a cuando los mortífagos se toquen el brazo y pongan cara de dolor.

Y entonces, tenemos que aguantar hasta que vengan refuerzos? – preguntó Dean

Si vienen – dijo Theo con voz grave.

Vendrán, - aseguró Lise – pero no podemos estar esperándoles, tenemos que intentar salir por nosotros mismos.

Necesitamos un plan de batalla.

En efecto. – dijo Harry levantándose – Las escamas, por favor, volver a vuestros ejercicios, si tenéis alguna sugerencia, no dudéis en decirla, será bienvenida.

Los chicos se dirigieron a los entrenamientos con más brío que de costumbre. Allí quedaron las garras, que se sentaron en una gran mesa donde Seamus hizo aparecer un mapa de Hogwarts que miró pensativo. Mientras, Lucius y Severus, enumeraron las fuerzas con las que creían que vendría Voldemort y Luna iba haciendo aparecer miniaturas de los mortífagos, de la orden y de profesores y niños del colegio.

Mientras, el entrenamiento comenzó, y la estrategia iba creándose entre todos. Harry se levantó, estirando los músculos y le dijo a Draco.

Quiero entrenar con la espada, me ayudas?

Claro

Draco miró extrañado al moreno, no imaginaba porqué querría entrenar con la espada pocos días antes de la confrontación con Voldemort. Si bien era cierto que saber manejar una espada era una ventaja indudable, sobre todo si te quitaban la varita, esta seguía siendo mucho más fiable.

Pero no dijo nada, y bajo la mirada atenta de Lise se dirigió al lugar donde le esperaba Harry, seguido de Christian. Mientras se preparaba, el joven le iba diciendo a Harry algunos de los errores que solía cometer para que los corrigiese y el moreno asentía seriamente. Draco sonrió al recordar los duelos que habían hecho él y el protector de la princesa.

Ya había poca gente que pudiese estar a su altura en unuelo de esgrima, ni siquiera su padre o padrino. Aquello era un talento innato para él, y una auténtica pasión a la que se había dedicado con ahínco desde los cuatro años. Christian llevaba entrenando casi más tiempo que él, por lo que su duelos eran apasionantes, duros y complicados, y les dejaban a ambos con una sonrisa en la cara y a sus respectivas parejas con ojos extasiados.

Draco alzó la espada y Harry le imitó. Christian dio la señal y empezaron. Ese fue el primero de muchos combates. Los demás acabaron sus ejercicios y se fueron yendo, hasta que al final, Christian y Lise también se marcharon. Draco acabó con un hábil golpe que arrancó la espada de las manos de Harry de nuevo y le hizo caer de rodillas.

Ambos sudaban profusamente y su respiración era dificultosa y pesada. Draco miró al moreno, frunciendo el ceño. Se estaba exigiendo demasiado, estaba magullado por muchas partes debido a los golpes. Las espadas no cortaban, estaban hechizadas para ellos, pero dejaban normalmente unos severos moratones. Draco intentó normalizar su respiración apoyándose en su espada, clavada en la plataforma. Harry se levantó, resollando y con esfuerzo y recogió la suya.

Otra vez

Harry, basta. Estamos ambos exhaustos, seguiremos mañana.

Otra vez – dijo imperiosamente el moreno apretando los dientes y luego añadió – Por favor

La última.

Y Draco alzó su espada y dejó que el moreno fuese por él. Los ataques del Gryffindor estaban afectados por el cansancio que sentía y su estilo no era ni de lejos tan elegante como el de Draco, pero eran agresivos y fuertes, llenos de arrojo. Pocas estocadas después, Draco había pasado al contraataque y Harry se iba poniendo a la defensiva, hasta que en un hábil giro de muñeca, Draco apartó su espada y la punta de la suya se posó en la garganta expuesta del moreno.

Draco dejó caer los brazos y bajó cansado de la plataforma, dejando la espada en su sitio y yendo hacia los vestuarios, a cambiarse y ducharse. Dejó caer su ropa con lasitud, sin importarle como cayeses, sentía sus músculos lentos y pesados. Se metió a la ducha, esperando que le relajase un poco.

Dejó que el agua cayese en su coronilla resbalando por sus hombros y cerró los ojos con un suspiro. El ruido de la puerta le hizo abrirlos y miró a Harry, que le observaba con una sonrisa dudosa. Se acercó y se metió bajo el chorro de agua con él.

Lo siento – susurró

Podrías haberte hecho daño.

Lo sé, pero…

Lo sé, no te preocupes. – el rubio hizo una mueca mientras tocaba levemente uno de los moratones que ya se empezaban a formar en el costado de Harry – Te duele?

No demasiado, no es nada.

Draco le besó entonces, con la lasitud que parecía poseerle en aquel momento. Un beso lánguido y tranquilo, que compartía el agua que les caía encima y les hacía conscientes de la absoluta paz de ese momento, solo con el rumor de la ducha. Harry se agarró a sus hombros y escondió su cabeza en su cuello, mientras él le estrechaba por la cintura y pegaba por completo sus cuerpos.

Mierda, estoy demasiado cansado – dijo el moreno, y Draco rió

Menos mal, porque creo que yo no podría ni moverme!

Harry rió a su vez y besó de nuevo al rubio mientras este buscaba el jabón para limpiar el cuerpo de su novio y el suyo propio y poder ir a dormir, que en ese momento era en lo único que podía pensar.


Lise suspiró mientras terminaba de deshacerse la trenza. Estaba en sus aposentos privados, que consistían en varias habitaciones decoradas con gusto y estilo, contaban con dos habitaciones, en teoría para ella y para Christian. Pero hacía tiempo ya que ella y su novio no dormían separados si podían evitarlo, dejó las horquillas en el tocador y se levantó, aún pensativa.

Christian, ya en la cama la miró y suspiró a su vez. Ella llevaba inquieta desde que habían dejado el entrenamiento, y no le gustaba verla así. Apartando las mantas junto a él preguntó.

Vienes a la cama?

Sí – sonrió ella, metiéndose entre las sábanas y acurrucándose junto a él, apoyando la cabeza en su pecho.

Estás preocupada, qué pasa?

Es Harry, mira como estaba hoy en el entrenamiento. No sé lo que vio en la mente de Voldemort, pero le ha afectado…

No creo que le haya afectado para mal – dijo el chico, haciendo que ella le mirase con sus grandes ojos azules interrogantes – Le ha dado aún más razones para no permitirse perder.

Sabes qué ha sido?

No, pero puedo imaginármelo. Y no, no te lo voy a contar, ya lo hará él si quiere.

Mpf, ahora encima le prefieres a él.

El castaño rió, con aquella risa grave, ronca y rica que a ella le producía un cosquilleo en el estómago. Se inclinó hacia ella y besó sus labios mientras se colocaba sobre su cuerpo. Susurró algo en su oreja y ella rió con ganas y le besó de nuevo.