Capitulo veintiséis

– Creo que estoy bien grande para buscar mi propia comida, – gruño Ron mientras tomaba un poco de pasto.

– ¡Yo también! – dijo Ginny.

Querubín solo les sonrió. – Huele muy bien, – dijo intentando mantenerlos enfocados en cosas felices.

Antes que pudieran responder una voz soñadora dijo. – Hola, ¿me puedo sentar con ustedes?

Querubín miro a la niña rubia con suaves ojos azules. – Claro, soy Querubín, estos son Ron y Ginny, – Dijo con educación.

– Luna, – respondió de manera soñadora. – ¿Disfrutaste lanzar el circulo? A mí me gusto. La energía se sentía tan linda, espero poder atraer algunos gnomos brillantes, a ellos les encanta la magia de la tierra, saben.

Ron bufo, – Nunca he escuchado de gnomos brillantes.

Luna miro con detención al niño. – Bueno, eso no me sorprende.

– Oye, – grito Ron indignado mientras Ginny reía por lo bajo. Antes que las cosas se pusieran feas los adultos aparecieron.

– Aquí tienen, Ron, Ginny. – dijo con amabilidad la Sra. Weasley mientras le pasaba a cada uno de sus hijos un plato.

– Aquí tienes Querubín, – dijo Vincent. El niño sonrió al tomar el plato. Sus ojos se abrieron al ver toda la comida apilada en el. – No estaba seguro de que es lo que te gusta así que te traje un poco de todo.

– Todo es tan pequeño, – dijo Querubín mirando su plato.

La Sra. Weasley sonrió. – La mayoría de la gente hace bocadillos para el Solsticio, es más fácil de comer. – El niño asintió comprendiendo.

– Querubín, – dijo Vincent, – estaremos allí con los demás adultos si necesitas algo, ¿está bien?

– Bien, – respondió. Mudiwa camino hacia ellos y se agacho frente a Querubín sosteniendo dos vasos en sus grandes manos. Con cuidado el niño tomo un vaso y mirando adentro encontró que tenía limonada. – Gracias.

– De nada, – respondió Mudiwa.

Pronto el resto de los niños Weasley se sentaron junto con Cedric y varios otros niños que Querubín aun no conocía. Mientras el niño comía observo varios grupos de adultos y niños conversando felices. Miembros de la tropa estaban esparcidos en varios de los grupos, sin embargo los niños y los adolescentes nuevos estaban sentados juntos sin mezclarse con los niños mágicos. Esperaba que no hubiera problema de que estuviera sentado con los niños Weasley; volviendo la atención a su plato el niño tomo un pastelito. Al morderlo suspiro cuando un sabor a hongos silvestres invadió su boca. Al abrir los ojos se encontró con los brillantes ojos azules de Bill y se sonrojo.

Bill sonrió, – Nunca había oído a alguien suspirar cuando come y eso que mis hermanos disfrutan mucho de la comida. – Bill indico con su cabeza hacia Ron y los gemelos que se estaban abarrotando de comida. Querubín arrugo la boca ante sus malos modales.

– ¿Has probado estos mini quiches? – Le pregunto Charlie mientras apuntaba a una pequeña tarta en el plato de Querubín.

El niño negó con la cabeza y tomo el quiche. Era ligero y esponjoso; el pequeño suspiro otra vez. Charlie sonrió orgulloso. – Nuestra mamá hizo esos y las galletas con chips de chocolate.

– Está muy bueno, – dijo Querubín tomando otro. Al mirar alrededor sus ojos se abrieron grandes al notar que uno de los gemelos vaciaba un líquido azul en el vaso de Percy. El líquido se volvió oscuro un momento y luego volvió a su color original. Bill y Charlie sonrieron al ver al otro gemelo hacer lo mismo en el vaso de Ron.

– Actúa normal o se darán cuenta, – Susurro Bill. Querubín asintió y volvió a comer, suspirando sin notarlo mientras lo hacía. Después de unos minutos Ron y Percy habían tomado varios sorbos de sus vasos y se estaban poniendo azules. Fue lento al principio solo un ligero tinte azul en su piel, luego se fueron poniendo mas y mas azules hasta que quedaron de un brillante color azul, incluso su cabello. Percy y Ron se miraron y rieron al ver que los gemelos habían atacado de nuevo, pero al mirar sus propias manos gritaron. Todos los demás comenzaron a reír. Pronto los señores Weasley estaban parados allí retando a los gemelos por su comportamiento. Fred y George discutieron que solo eran Percy y Ron, así que no contaba cómo hacerle una travesura a una persona, esto llevo a más gritos.

Querubín no sabía qué hacer. No le gustaban todos esos gritos, lo asustaban. Dejando a un lado su plato casi vacío acurruco la cabeza contra sus rodillas, haciéndose lo más pequeño posible.

Bill, que había estado feliz viendo a sus hermanos meterse en problemas, se giro al sentir que Querubín se movía a su lado. Al ver al niño acurrucado en una bola, Bill lo envolvió en sus brazos y le explico, – Somos una familia bulliciosa. No te preocupes, todos estarán bien. A los gemelos les quitaran la mesada de una par de semanas y de seguro revisaran su pieza para ver que no tengan más bromas, pero eso será todo; nada malo pasara. – Bill sonrió cuando el niño se relajo a su lado.

La Sra. Weasley había visto a su hijo mayor tranquilizando al pequeño squib y de inmediato bajo el tono de sus gritos. – Bueno, se supone que esta sea una actividad divertida, así que seguiremos la discusión en casa. Ustedes dos vacíen sus bolsillos de inmediato. ¿Saben cómo volver a sus hermanos al color adecuado?

Fred y George con rapidez vaciaron sus bolsillos, sabía que eso pasaría así que no era problema. – Se pasara en media hora, – dijo Fred.

– Si, no hubo daños, mamá, – dijo George mientras daba vueltas sus bolsillos para mostrar que estaban vacios.

– No hubo daños – ¡Estoy AZUL! – grito Percy. Ron quería acceder, pero termino riendo cuando el rostro de Percy se volvió purpura por la rabia.

– Bueno volverán a la normalidad pronto. Si terminaron de comer porque no se unen a los demás niños con sus juegos, – Dijo el Sr. Weasley de manera cordial intentando no reírse de sus hijos azules. Los demás se marcharon. Percy se marchó más lento quejándose de hermanos fastidiosos. Ron se quedo sentado donde estaba molesto. Querubín se sintió mal por él y se acerco a él.

– ¿Vas a venir? Parece que están jugando a la escondida, apuesto que al estar azul te podrás esconder con más facilidad, – Dijo Querubín no queriendo que Ron se perdiera la diversión.

Ron sonrió al mirar al cielo oscuro. – Apuesto que ayudara, gracias amigo.

Una hora después Freja llamo a todos para que se sentaran alrededor de una gran hoguera. – Hoy es el día más largo del año. Un día para celebrar el sol y la tierra y todo lo que nos dan. Es un día para celebrar lo que hemos logrado en nuestras vidas y para mostrar gratitud por la abundancia que tenemos. Alrededor de la hoguera encontraran pergaminos y plumas; por favor únanse a nosotros escribiendo las cosas buenas que han llegado a sus vidas durante el año pasado: las cosas que han logrado, las cosas que han superado y los dones y bendiciones que la tierra y el sol les han dado. Cuando terminen, vengan al fuego y arrojen su pergamino en él. Pueden añadir una oración, agradecer a una deidad especifica o simplemente dejar ir el pergamino. – La voz de Freja era alegre y alentadora y todos quisieron pergamino y plumas. Cuando se sentaron lo hicieron en pequeños grupos familiares, riendo y conversando mientras recordaban el año anterior. Querubín busco a su familia; encontrando a Naveen con rapidez se acerco a él y le tomo la mano.

Naveen sonrió. – ¿Todo está bien? ¿Quieres escribir algo?

Querubín levanto la vista; los ojos de Naveen brillaban como ámbar a la luz del fuego. – No sé escribir.

– Oh, ese no es problema, puedes decirme y yo lo escribo por ti, o puedes hacer un dibujo, – Le explico Naveen mientras caminaban hacia donde había un montón de pergaminos y plumas. Cuando tuvieron sus útiles se alejaron un poco y se sentaron.

– ¿Donde están los demás? – Pregunto Querubín mirado alrededor.

– Normalmente caminan alrededor para ayudara a la gente que no sabe que escribir. Vendrán aquí en unos minutos. ¿Qué quieres poner? ¿O quieres que haga el mío primero para ver como se hace?

– Tu primero por favor.

– Esta bien, – Naveen comenzó, – Estoy agradecido por toda la abundancia que ha llegado a mi vida, material, espiritual, física y emocional. He tenido buena salud y he conocido lugares maravillosos. También estoy agradecido y orgulloso de que Ria y yo hayamos decidido expandir nuestra familia y tendremos un bebé en diciembre. Veamos… he leído diez 'clásicos de la literatura' este año, y estoy orgulloso de eso. ¿Eso te da algunas ideas?

– Eso creo, – dijo el niño pensativo. – ¿está bien si las cosas por las que estoy agradecido han pasado solo en las últimas dos semanas? – pregunto con timidez.

Naveen pasó un brazo alrededor del niño. – Si, está bien. Él que tú estés aquí con nosotros es una de las cosas por las que estoy más agradecido. – Querubín sonrió y se sonrojo, luego agacho la cabeza y comenzó a dibujar. Mientras lo hacia los demás llegaron y comenzaron a trabajar en su propios papeles.

– Creo que termine, – dijo con precaución Querubín no queriendo haber hecho algo malo.

– ¿Nos mostraras? – Pregunto con suavidad Freja.

El pequeño se puso rojo, – Esta bien, espero no haberlo hecho mal.

Freja sonrió, – No puedes hacerlo mal. Es una expresión personal, Querubín, no hay reglas. No hay mal o bien."

El niño asintió y les mostro su pergamino. – Dibuje un plato, porque estoy agradecido por toda la rica comida. – Comenzó a apuntar los dibujos uno a la vez. – La foca es por Jacob, Jaimie y Miriam. El tomate es por el paseo a la granja. El bus es por los viajes. La polera es por toda mi ropa nueva. Y el fuego es porque esa fue la primera vez que los vi a todos. – El niño termino y comenzó a retorcer el borde de su camisa con su mano libre.

– Eso es encantador, – Dijo Ria suspirando.

– Muy bien hecho, – Comento Mudiwa. Los demás asintieron.

– ¿Puedo hacer una sugerencia? – Pregunto Vincent con cuidado. – Creo que deberías dibujar algo que muestre lo valiente que fuiste al dejar a los Dursley y encontrarnos. Eso tomo mucho coraje y deberías estar orgulloso de ti por eso.

El niño se sonrojo aun mas miro su pergamino y se mordió los labios. – ¿Qué crees que debería dibujar?"

– Cuando piensas que estas con nosotros que dibujo… ¿qué imagen te viene a la mente? – Pregunto Vincent.

Querubín cerró los ojos con el ceño fruncido. Unos minutos después el niño los abrió y dibujo un gran sol con rayos esparciéndose en todas direcciones, al levantar la mirada vio a Vincent sonriéndole.

Después que todos habían terminado se reunieron en un gran grupo frente a la hoguera y uno a uno gente comenzó a contar historias. Contaron historias sobre los mitos de la creación, de aventuras, de héroes clásicos y animales mágicos. Querubín estaba sentado una vez más al medio de los chicos Weasley. Las primeras historias fueron divertidas, pero la tercera era de miedo así que el niño se subió al regazo de Charlie. Sintiéndose tonto miro alrededor y vio a Ron y Ginny en el regazo de Bill y los gemelos entre Bill y Charlie. Sonriendo se acurruco contra el niño mayor y escucho la historia. Querubín jadeo asombrado junto con Charlie con la siguiente historia del mito del ave de fuego y el dragón chino. Una larga historia de Hércules hizo que el pequeño se acurrucara aun mas contra Charlie y sin querer cerró los ojos. No paso mucho tiempo hasta que el niño estuviera completamente dormido.

Charlie sonrió al mirar a Querubín y luego miro a Bill, que tenía a Ron y Ginny dormidos sobre él. Los hermanos compartieron una sonrisa. Al final de esa historia hubo una pausa para que la gente fuera al baño, bebiera algo y para que los más pequeños se fueran a dormir. Las historias continuarían en media hora más.

Mudiwa se acerco hacia donde Querubín estaba acurrucado sobre Charlie. – Gracias por cuidar tan bien de él, – Dijo Mudiwa mientras tomaba el preciado bulto.

– Fue un placer, – dijo Charlie con educación. – Espero poder verlo de nuevo.

– Oh si, Querubín es una adición permanente a nuestro clan, – respondió Mudiwa.

Mudiwa camino hacia su carpa y acostó a Querubín en la cama. La próxima semana conseguirían muebles para la habitación del niño; hasta entonces el pequeño seguiría durmiendo con ellos. Mudiwa con cuidado saco zapatos, calcetines, pantalones y pañuelo, luego lo tapo bien. Los ojos del niño se abrieron, – ¿Que…?

– Tranquilo, te quedaste dormido, solo te estoy acostando. Vincent y yo volveremos en un rato.

– Bien, – murmuro y se acurruco bajo las mantas.