DE AMOR Y TRAICIÓN

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CAPÍTULO XXV


Breves notas de las autoras:

¡200 reviews! Muchas gracias a quiénes han hecho posible ese dos con ceros que ahí aparece. Me ha emocionado un montón. Agradezco a quienes nos han ido dejando sus comentarios, ha sido una delicia leerlos. Gracias a Guest y Cannelle Vert (si, yo también he deseado encerrar a ciertas autoras de fics, hasta que terminen sus historias), a quienes no puedo responderles por vía reply.

Volvimos a las actualizaciones semanales. Lo cual también es bueno para nosotras :3

Por último: Créditos financieros a DISNEY.

ADVERTENCIAS: AU, elfos, angst.

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Capítulo XXV:

"Fuiste atraído a la trampa de un mal que no buscaste". Le dijo Karnilla a Hagen. Él era más joven y estaba dolorido, por la pérdida de Nornheim, por haber visto arder Rondeslottet y por la muerte de su padre. No hubo funeral para Gerenot pues Laufey arrojó su cadáver a una fosa común y enarboló su cabeza como estandarte. "No lo hagas hermano, no vendas tu alma".

Un heraldo de los infiernos había acudido a Giselher con un mensaje y un laitale para comunicar una respuesta. Surtur les ofrecía el poder de sus hijos dragones a cambio de sus almas. Karnilla había tenido una visión de Hagen victorioso poco antes de que el mensajero apareciera y todos interpretaron los hados.

"¿De qué sirve mi alma si a mi alrededor el mundo parece haber tocado su fin? Lo haré".

Giselher le dio el laitale a Karnilla y ella hizo la invocación. Se abrió una ventana a Muspellheim, aunque ningún demonio podía salir de ahí pues estaban sellados luego de la guerra contra Bor y Eyrikur.

El rey de los demonios no se mostró ante ellos, lo hizo Umarth, un demonio que tenía figura de mujer en llamas. Ella portaba el contrato, el cual Giselher y Hagen juraron cumplir.

"¿Estoy maldito?" Se dijo Hagen que no se sentía desalmado.

Al menos hasta que vio aquella estrella roja en el firmamento. Fue perdiendo el dominio de sí mismo. Olvidando y sintiéndose tentado a transformarse en dragón y destruirlo todo a su alrededor. Se resistió por temor a morir, pero también por temor a matar, por temor a no poder decirle adiós a su elfo amargado. Y sin embargo, mientras su voluntad era doblegada por una fuerza mayor a él, descubrió un nuevo miedo que no había padecido antes. Supo que el dragón prevalecería y él sería esclavizado bajo su fuerza. En un atisbo de cordura se dejó encadenar y en otro más se puso a pensar. Recordó a Eyvindur durmiendo cerca de él, a su rey en uno de sus arranques de rabia, a su rey llorando delante suyo, su sonrisa y el sabor de su boca.

"Tu boca, agridulce cereza que amé". Le dijo a Eyvindur.

–Si mi alma está condenada, ¿cómo es que puedo amarlo? –Se preguntó.

"Fuiste atraído a la trampa de un mal que no buscaste".

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La bestia estaba encadenada al muro. Gruesas cadenas sujetaban sus brazos y piernas, una más pendía de su cuello. Estaba echado en el suelo, no llevaba ropa, su piel era completamente negra. Olía mal, a podredumbre y a animal encerrado. Eyvindur se sintió incrédulo por un momento, de que esa fuera su guardián apuesto y desvergonzado. No sintió temor, ni asco; pero sí pena.

Avanzó con pasos inaudibles. Lord Wose y sus hombres tensaron sus arcos y apuntaron. Ese tenue sonido alertó a la bestia. Se enderezó y se recargó contra el muro entre el tintineo de las cadenas que lo sujetaban. La celda estaba oscura pero Eyvindur distinguía con sus ojos de elfo.

El rey desplegó su seidh el cual lo hizo resplandecer como una estrella. Conjuró el escudo, el que había aprendido de Lómelinde recientemente. La bestia se protegió la cara como si la luz que emanaba del rey lo lastimase. Se puso de pie, gruñó por lo bajo y después, sin ningún esfuerzo se arrancó las cadenas abriéndolas sólo con sus manos, demostrando con ello que jamás lo retuvieron, sólo su voluntad de no cometer una masacre en Barad Eithel lo había frenado. Wose dio una orden y las primeras flechas zumbaron.

–Alto –ordenó Eyvindur; viendo como la bestia retrocedía momentáneamente con aquellas saetas clavadas en su cuerpo. –Alto –repitió. Si esas flechas podían matarlo, era algo que no quería averiguar.

La bestia avanzó hacia él a cuatro patas. Se arrojó a los pies de Eyvindur; los elfos desenfundaron sus espadas pero no se acercaron.

–Eyvindur –siseó la bestia –Eyvindur.

¡Lo reconocía!

El rey se agachó presto junto a él. La bestia trató de sujetarse a él, sus zarpas perforaron la armadura de Eyvindur, haciéndole sangre en los brazos.

–¡Alteza! –Wose dio un paso hacia ellos pero Eyvindur lo repelió con su seidh. Finalizó su hechizo conjurando el escudo sobre ellos. Más flechas silbaron hacia Hagen, con la intención de que soltara a su soberano; pero rebotaron en esa barrera que así como protegía de los ataques físicos, igual debía mantener a raya la poderosa energía de Muspellheim.

El rey elfo esperaba que funcionara, que surtiera efecto para aislar a Hagen del poder del reino de fuego. La bestia lo dominaba, lo tumbó en el suelo y le olisqueó el cuello que la armadura escasamente defendía. Continuaba estrujándolo.

–Hagen soy yo –lo llamó Eyvindur. –Soy yo.

–Eyvindur –casi ronroneó aquel ser. Lo miró y sus ojos dejaron de ser ámbar.

La bestia se retorció. Gimió de dolor y lo soltó. Trató huir de él pero el escudo que impedía que lo dañasen igual le impedía alejarse. Eyvindur disipó las tinieblas con la luz que emanaba de sus manos. Murmuraba el conjuro de Lómelinde haciendo más denso el escudo.

–Este lugar es sagrado –recitó. –Aquí no hay cabida para el mal. –Hagen recuperó en parte su aspecto usual y se arrojó a los brazos de su rey. Volvió poco a poco ser el mismo, aunque estaba desaliñado, sucio y sus labios cuarteados mostraban que se había deshidratado. Se quedó desmadejado entre los brazos de Eyvindur quien no lo había soltado aunque sangraba.

Eyvindur movió una mano hacia el escudo y luego hizo el ademán de halarlo hacia ellos. La barrera se torció como si fuera a romperse pero tan sólo se contrajo sobre ellos adhiriéndose al cuerpo de Hagen.

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Hagen despertó en su habitación en Barad Eithel. Belegaer estaba a su lado.

–Bendita sea Naira Anar y su misericordia –dijo el arquero.

–Bendita sea –respondió Hagen que igual creía en esa deidad. –Agua –pidió con la voz ronca. Su amigo le acercó una copa y él bebió a grandes tragos. –¿Maté a alguien?

–A nadie –dijo Belegaer y Hagen se mostró aliviado.

–Soñé que Eyvindur había venido.

–No fue un sueño y es por él que no eres más un monstruo. –Hagen se fijó bien en sí mismo. Su piel resplandecía como si estuviera recubierta por una capa de luz. La magia de Eyvindur.

–¿En dónde está? –Le preguntó a Belegaer sonriendo.

–Descansando. Cabalgamos sin interrupciones hasta aquí, gastó bastante energía en socorrerte y además estaba herido. Lord Wose le hizo preparar una habitación aquí en su fortaleza.

–Herido dices. ¿Fui yo?

–Nada grave pero sí, fuiste tú. Tratabas de sujetarlo como si se te fuera la vida en ello y con tu fuerza y tus garras… No creo que te lo tenga en cuenta. Lo que debes hacer ahora que haz vuelto a nosotros es ponerte presentable. Apestas a cubil de animal. El rey me pidió invitarte a su mesa esta noche, ahí podrás verlo y agradecerle. –La sonrisa de Hagen volvió a sus labios. Salió de la cama en el acto, se pasó la mano por la barba desaliñada y Belegaer adivinó que estaba pensando en afeitarse y ponerse galante. El dragón negro le había dicho, cuando dejaron Vilwarin para ir al reino del sur que lo que deseaba más que nada, era robarle el cariño del rey a Elemmíre.

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Eyvindur apoyó el mentón en una mano, su pose perfecta sabiendo que muchos ojos lo observaban. Un gesto que Hagen le había visto muchas veces. Eyvindur estaba sentado a la cabeza de la mesa con Lord Wose a su derecha y el capitán de Barad Eithel a su izquierda. Hagen estaba entre los demás invitados, varios de los cuales lo rehuían como si fuera a enloquecer nuevamente en cualquier momento. No se los tomó en cuenta, ya se les pasaría el susto. Belegaer estaba junto a él al igual que los demás miembros de su compañía. Lord Wose interrumpió las conversaciones poniéndose de pie y proponiendo un brindis por su rey, cuya presencia honraba su ciudad. Todos alzaron sus copas, por Eyvindur Elenion Ancalima, el último descendiente de Eyrikur, su estrella guía. El rey les hizo uno de sus gestos elegantes, moviendo levemente la cabeza en agradecimiento; pero no había indulgencia en ello sino llano beneplácito por recibir el amor de sus súbditos. Hagen lo observaba de lejos. El hermoso elfo parecía lleno de templanza y de paz, algo en él había cambiado, se preguntó si se debería a Elemmíre.

Cuando el banquete terminó Hagen se dirigió hacia él. A su alrededor los elfos entonaban poesía y había música.

–Loadas sean las nornas que nos permiten encontrarnos de nuevo –lo saludó Hagen muy formalmente; y antes de que Eyvindur le dijera nada añadió: –gracias por socorrerme y lamento haberte lastimado.

Eyvindur lo miraba con sus ojazos azules, asintió sin decirle nada y se retiró. Hagen estaba desconcertado. Su amiga de cabellos rubios acudió a él para congratularlo por su recuperación. Él le agradeció su cortesía pero no se quedó mucho tiempo más en aquella reunión. Se marchó de vuelta a sus habitaciones. No es que hubiera estado esperando que Eyvindur le tendiera los brazos colmado de felicidad; pero tampoco pensó que le daría tal muestra de frialdad. Supuestamente Hagen era inmune a los desaires pero esa noche no.

Llamaron a su puerta. Acudió a abrir pensando en que sería Belegaer que parecía su preocupada madre; pero en cambio Eyvindur entró en la habitación sin ser invitado.

–Volveremos a Vilwarin mañana mismo, partiremos a Asgard dentro de poco –le dijo paseándose por aquel sitio, había sido limpiado luego de que Hagen los destrozara. Su espada con empuñadura de dragón estaba dentro de su vaina apoyada junto a la cama. Eyvindur se acercó a ella y rozó con sus manos aquella pieza que él había forjado.

–Sí mi señor –repuso Hagen. –Pensé que volverías a dejarme aquí pero tus palabras implican que me incluirás en tu séquito, te lo agradezco, tengo un gran anhelo por ir allá y saludar a mis primas en persona.

–Wose me ha hablado de tu buen desempeño como guerrero. Dice que no ha habido más ataques recientemente, así que doy por terminada tu labor. –Eyvindur desenvainó la espada y la hizo girar en su muñeca. –Además de que me he percatado de que te teme y desaprueba hondamente que tomes las posesiones de los caídos.

–Que delicado ha resultado este Lord, apuesto a que Teros y Aldor no pondrían reparos en mis costumbres.

–¿Dónde está el tesoro que acumulaste? –Inquirió el rey volviendo a guardar la espada. Escrutando con su mirada las escasas posesiones que había ahí.

–Belegaer lo resguardó por mí cuando perdí la razón. Iba a entregártelo si Wose me hubiera dado muerte. –El rey asintió. –En Nornheim se le otorga un tercio del saqueo al señor del clan. ¿Quieres que haga lo mismo por ti? –Eyvindur lo miró como si bromeara. –Es que no entiendo tu interés en mis asuntos.

–Soy tu rey, si me da la gana entrometerme en tus –hizo una pausa para dar entonación adecuada a la palabra –"asuntos", no estás en posición de recriminármelo. Por cierto no creas que irás conmigo a Asgard para relajarte visitando a tu familia, eres mi guardián.

–¿Y Elemmíre? –Inquirió Hagen. Eyvindur desvió la mirada y no respondió.

–Quiero ver tu tesoro, me lo mostrarás en Vilwarin, tengo interés en la metalurgia de los enanos. No reclamaré nada para mí mismo, tan sólo es curiosidad de artesano. –Hagen asintió. –Ahora ven aquí, debo verificar que el hechizo que puse sobre ti conserva su fuerza.

El norn se le acercó y se plantó ante el elfo. Eyvindur extendió la mano y le acarició la barbilla; algo que seguramente no tenía nada que ver con el hechizo. Hagen le sonrió y ladeando el rostro rozó la palma de la mano de Eyvindur con sus labios.

–¿Me darás un avance amoroso? No haz cambiado –dijo el rey concentrándose en el hechizo, su seidh fulguró en luz blanca.

–Tú sí lo haz hecho. Haz cambiado, te encuentro resuelto y tranquilo.

–Cierra los ojos –Hagen obedeció. –¿Te dijo Belegaer por qué estabas perdiendo la razón?

–Mencionó algo de una alineación con Muspellheim.

–También por eso te llevaré a Asgard conmigo, para alejarte de este influjo maligno. Mi hechizo en efecto, se debilitó. –Eyvindur murmuró algo y Hagen sintió un hálito frío que lo cubría. Se sentía bien, como si su rey lo rodease con su presencia. –Creo que podría forjarte un laitale, uno físico, si en tu tesoro hay alguna pieza de gelgja podría hechizarla, si no, lo haré desde la nada. Un pendiente o un anillo, que haga que lleves mi magia contigo. Terminé –anunció Eyvindur soltándolo.

–Te tomas muchas molestias por mí –dijo Hagen tomándole las manos.

–Es que eres mi mejor guerrero. –Hagen sonrió.

–Así que Elemmíre no es tu guardián, ¿conserva sus demás deberes para contigo? –Eyvindur lo miró mal.

–Nos hemos distanciado –dijo y Hagen esbozó una sonrisa canina.

–Me alegro por ello –dijo el dragón apretándole las manos y avanzando a por un beso. Eyvindur ladeó el rostro y Hagen lo besó en la mejilla.

–Me ofende tu caricia. Déjame estar.

–Sé que me haz querido por mucho tiempo y que fui bastante necio en pasar de ti; pero todo ha cambiado. –Eyvindur le sonrió ahora sí con displicencia. –¿Negarás lo que digo? ¿No queda afecto en tu corazón para mí?

–Hagen –Eyvindur se le zafó de las manos y retrocedió unos pasos. –¿Qué es lo que deseas? ¿Acostarte conmigo? ¿Y después qué? No es que no te haya querido con anterioridad, no puedo negar aquello de lo que tan bien te percataste; pero he aprendido que si me lastimas nuevamente, será porque yo así lo quiera. Y mi respuesta a eso es no, no tengo deseos de sufrir más.

Tanta sinceridad era inesperada.

–Viniste a mí, pudiendo mandar a Lómelinde a ayudarme.

–Sí, porque me eres muy caro y eso jamás lo negaré.

–Jamás te he mentido –le dijo Hagen yendo tras él. –He sido inconstante en el afecto hacia muchas personas, y francamente no fui el más romántico para contigo, pero jamás traté de seducirte con falsas palabras ni pretendí ser lo que no era.

–¿Y quieres que te recompense por ello?

–No. Lo que quiero es que me creas, ¿confías en mi palabra? –Eyvindur lo miró y claramente se puso a sopesar la pregunta.

–A pesar de tu cinismo, te concedo ser honrado en lo que dices.

–Bien porque esta es la certeza que me conduce. Te quiero y quiero estar contigo –Eyvindur se escudó tras su fachada de estatua, mirándolo sin mirarlo, con un semblante que no reflejaba nada. Hagen ya le conocía las mañas a las que recurría cuando no quería hablar de algo, así que siguió. –No te prometo que jamás te haré sufrir pues las nornas saben que a veces mi necedad lastima a quienes estimo; pero lo que sí te puedo ofrecer es no lastimarte adrede, serte leal, honesto y adorarte con cada fibra de mi ser. Te haré feliz en todo lo que me sea posible y te seguiré hasta el día en que dejemos de querernos.

–Que votos tan sinceros, no me darás un amor trascendental, ni juras que estarás conmigo para siempre. En cambio me ofreces lo que quieres.

–Te ofrezco todo lo que tengo y todo lo que soy; ¿te ofenden mis palabras? ¿Qué más deseas? –Eyvindur no pudo pretender que no le afectaba la situación. Soltó una risotada.

–Puedo saber, ¿qué te hizo cambiar de parecer? Cuando antes llegué a mostrarte mis sentimientos, parecía que te asustabas y huías a los brazos de Finduilas o de otras doncellas. –Hagen se mostró avergonzado. –¿Es por Elemmíre? Al ver que alguien más podía ocupar un sitio en mi corazón, ¿decidiste declararte para ser el vencedor?

–Algo así –admitió el norn. –Entendí por fin que si continuaba dando rodeos te perdería, entendí que era soberbio pensar que tu afecto por mí era incansable. Así que aquí me tienes, rendido de amor por ti –le dijo Hagen volviendo a la carga, tomándolo de los hombros. –Eyvindur, mi amado, todo este tiempo me quedé en este reino y te serví porque eres lo más sagrado que tengo; eres la persona de mi vida, en quien más creo.

–Detente –le ordenó Eyvindur secamente.

–No. Ya no puedo, no me voy a detener, nunca más me voy a detener –lo contradijo Hagen.

Eyvindur se ruborizó y el norn trató de capturar sus labios. La puerta se abrió. Era Belegaer.

–Por Anar –se disculpó y salió como un huracán de ahí. El rey había vuelto a sus cabales.

–Creo que algo se quebró en mí el día en que mi padre murió, el corazón se me ha endurecido y no me veo con fuerzas para amar a nadie.

–A nadie que no sea yo –aseguró Hagen porfiado. Eyvindur negó.

–Partimos mañana. –Fue su despedida.

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La caja sobre su mesa aguardaba para ser enviada por Hallgeir a Gladsheim. Thor había encargado varias figuras de caballos y guerreros berserkir para Magni, iguales a los que Hërin tenía. Tras calmar el palacio y hacer funcionar en lo elemental su relación con Loki, había acudido a visitar a su hijo. Ya no cabalgaba hasta Gladsheim pues siempre iba solo. En cambio empleaba el Mjölnir para acudir raudamente y hacer el viaje de ida y vuelta en el mismo día. Emplear el martillo, surcar el cielo le imbuía gran quietud a su mente. Encontró a Magni con el brazo aún enyesado, pronto se lo quitarían, pero ya se movía con soltura y dureza, le había dicho muy orgulloso de sí que los hombres no se quejaban ni lloraban.

Thor soltó un suspiro al recordar aquello.

Le había contado a su secretario acerca de su hijo, una pequeña prueba para la discreción de Hallgeir y éste no había contado nada, ni siquiera a su padre ni a su hermano. Thor había comprobado aquello. El joven enviaría el paquete con un heraldo fiel, pues el dios del trueno no podía ir a verlo ese día.

Iban a sesionar en el concejo.

Thor tenía un asunto de índole personal que deseaba tratar. Quería eliminar la ley mediante la que se equiparaba la infidelidad del consorte real con traición. Había investigado la razón por la que su abuelo la instauró, y resultó no ser otra más que el deseo de deshacerse de su esposa. No pudiéndola hacer asesinar en las sombras, Bor se había montado toda una ley y todo un proceso para condenar a su consorte infiel, sin embargo en cuanto Bestla supo lo que éste iba a hacer, despachó a su amigo y se comportó de manera irreprochable. A Thor aún le sorprendían las cosas que su abuelo hizo, no podía imaginarse que deseara que pasearan a su esposa, y madre de sus dos hijos, por todo Asgard completamente desnuda.

Consideraba que esas normas eran injustas y los nobles ya habían probado que las podían usar con el propósito de destruir al consorte. Él cambiaría eso. Eliminaría esa ley, tal como su padre derogó la de condenar a los aesir por practicar la magia. También quería hacer algo respecto a los hechiceros que estaban en la periferia de las academias y cuyo seidh no era considerado ciencia.

Había hablado ya con Sif, con Velaryon y con Dregni acerca de sus deseos de cambiar las leyes de infidelidad, convenciéndolos de que lo apoyaran y los tres se habían demostrado de acuerdo. Thor no había hablado con Hagbard porque sabiendo que éste era aliado de Loki, votaría por algo que lo favoreciera aun cuando no se lo pidiera.

Sólo le faltaba hablar con Loki.

Tenía una cita para hacerlo, la cual Hallgeir había solicitado a Ari. A Thor le parecía una ridiculez tener que usar a sus secretarios para poder hablar entre ellos. Estaba seguro de que Loki había leído la misiva que le entregó pero no había recibido una respuesta, ni siquiera un signo de reconocimiento. A veces se preguntaba cómo podía reconciliarse con alguien que se negaba a escucharlo.

Se presentó a tiempo. Ari corrió a abrirle la puerta y dejarlo pasar. El ojiverde parecía aguardarlo porque no estaba leyendo nada sino que tenía toda su atención en él. El escritorio de Loki se mostraba tan pulcro como su dueño, no había ni un papel ni un pergamino fuera de lugar. Se sentó frente a él listo para iniciar sus alegatos con la historia de Bor, pero Loki se le adelantó.

–Hay algo que he querido decirte, algo de índole personal. –A Thor le sorprendió eso.

–Tú dirás, podemos tener una tregua en este acuerdo de no hablar más que de política y de nuestros hijos.

–Mientras estuve en Svartálfheim, Lord Aldor me propuso para ser el sexto istyar; Eyvindur aprobó mi nombramiento bajo unas condiciones bastante generosas. –Unas que Loki no compartió en ese momento. El dios del trueno se quedó frío y olvidó a lo que había ido.

–¿Aceptaste?

–No, sabía que debía consultarlo primero contigo como mi señor que eres. –Thor apretó los ojos viendo venir una pelea. –Pero creo que ahora estoy en condiciones de aceptar. He pensado en irme dentro de medio año, quiero llevar a Hërin conmigo para que vea dónde estaré y que voy a hacer, para que sepa que no lo estoy abandonando. Nari se las apañará, no es muy apegada a mí. Es más, quiero estipular contigo las condiciones en las me dejarás acceder a mis hijos.

–Pero eres rey de Asgard junto conmigo –dijo Thor.

–Leí el contrato matrimonial que pactaron nuestros padres –siguió Loki, sacando un pergamino y mostrándoselo –ahí se estipulan mis deberes. Esencialmente debía darte un heredero y honrarte. Creo que ya hice todo eso.

–Estoy seguro de que ahí no pone que cumplas y te vayas. ¿Y qué me dices de tus protegidos? ¿De la ampliación de la ciudad? ¿De los nobles que haz encumbrado?

–La ciudad la amplié por ti y es un proyecto que creo puedes terminar sin mi ayuda. Ayudé a los elfos oscuros porque Svadilfari es mi amigo pero salvo él, los demás no me importan en lo absoluto, al igual que los alfh no me importaban. No tengo planes en la ciudad dorada, ya no encuentro satisfacción siendo gobernador, así que dimitiré. –Y parecía que en verdad todos esos temas, le daban igual. –En cuanto a lo otro, te la haz pasado diciendo que no pretendes ser mi dueño. Si eso es cierto no veo cuál es el obstáculo para que haga lo que yo deseo. A menos que nuevamente me hayas mentido. ¿Eres mi dueño Thor?

–No –respondió el dios del trueno.

–Entonces hemos llegado a un acuerdo. –Thor no veía por donde se habían puesto de acuerdo, Loki simplemente le había impuesto sus condiciones. El ojiverde continuó hablando: –En lo teórico continuaré siendo tu consorte, aunque en la práctica te verás libre para elegir a quien desees; sólo te pediré que no procrees más bastardos, en aras de la tranquilidad para nuestro hijo.

Figurativamente Loki le estaba clavando una daga en medio de las costillas. Thor iba a protestar e iniciar con la discusión a partir de que no dejaba de achacarle su infidelidad y que hubiera tenido un hijo antes de él; quería asegurarle que no había, ni quería que hubiera nadie más, porque lo que más deseaba era que se reconciliaran. Pero entonces miró a su hechicero detenidamente, estaba más delgado y pálido, su rostro serio era una máscara de sentimientos más violentos que guardaba en su interior. Estaba sufriendo. De eso Thor estaba seguro. Loki le había asegurado que lo odiaba, que jamás lo iba a perdonar y encima lo había atacado, quería alejarse de él yéndose a otro reino. El dios del trueno era un necio pero no creía conocer más al hombre frente a él, no podía asegurar que Loki le tuviera alguna estima y aunque una vez juró que jamás se rendiría en lo que atañía a él, se daba cuenta de que imponerle su amor, no era sino causa de dolor para el otro.

"En verdad ya no me ama" pensó. Y lo estaba dejando atrás, Loki iba a continuar con su vida. Finalmente asintió con brevedad y gran pesar en el corazón.

–Ya nos pondremos de acuerdo respecto a nuestros hijos –dijo poniéndose en pie para marcharse, no tenía ganas de discutir acerca de Hërin y Nari.

Se dirigió a la puerta.

–Espera –lo detuvo Loki –viniste porque querías hablar de algo. ¿Qué es?

–Lo he olvidado.

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Los concejales estaban en torno a la mesa tan rígidos como armaduras. Hallgeir se aclaró la garganta para iniciar con el orden del día, empezaron hablando de Halvard y sus últimas acciones tomadas en Nornheim, donde de pronto parecía que las cosas se estaban tranquilizando, como de pronto estaban con los problemas habituales. Los norn no consideraban que estuvieran en rebelión sino que sencillamente reivindicaban sus derechos.

–Nornheim nos está costando caro, y aun así, ¿qué es lo que vale? –Preguntó Ragnheidur. –Hasta ahora, poco. Estamos costeando un ejército que está viviendo ahí, es un gasto monumental y no se ha podido pacificar. Tal vez lo que hace falta es un gran guerrero, un noble al que los norn teman.

–Bran y Halvard hacen una buena mancuerna. Puede enviarse a uno de los tres guerreros, o inclusive podría ir yo si hace falta, pero a pesar de que los norn no hacen sino respetar la fuerza, no creo que conquistarlos mediante las armas sea la solución –opinó Sif. –Si fuera así, este levantamiento ya habría terminado.

Thor asintió, estaba de acuerdo en que su política en Nornheim estaba fracasando.

–¿Cómo va Nornheim en el pago del préstamo que les otorgamos? –Indagó Hagbard.

–Retrasado, lleva dos meses sin reunir el pago mínimo y los intereses que se generarán en un plazo de dos años superaran el total del préstamo –vaticinó Sula.

–Podrían congelarse sus intereses –opinó Dregni –Asgard no empobrecerá por tomar esta medida, y podría buscarse el recurso más valioso en Nornheim para que se tome como pago. Sé que es rico en estaño y plata, también tiene buena madera. Y si el problema es que no se reúne el dinero necesario, es porque la economía está estancada por la guerra.

Thor los escuchaba atentamente y le gustaba lo que Dregni decía. Tuvo de pronto una idea.

–Me gustaría que se hicieran asentamientos aesir en Nornheim, debemos procurar que se mezclen con nosotros para que así nos acepten. Sus padres podrán rebelarse pero una vez que contraigan nupcias con aesir, los hijos serán los que no nos vean como extraños. Hagamos un llamamiento en nuestro pueblo, los que acepten mudarse a Nornheim recibirán estipendios y tierras para vivir. Hablaré de esto con Karnilla. –Porque por supuesto era la reina y tendrían que informarle de lo que sucedía con su pueblo, y por último se giró hacia Ragnheidur. –Te veo consternado por los sucesos en nuestros protectorados, me gustaría que fueras a Nornheim y Alfheim a ver la situación con tus propios ojos y en el caso del primero, le informes a Halvard las medidas que hemos tomado.

–Como desee mi rey –dijo éste aunque no parecía muy feliz del viaje que iba a emprender.

Hagbard pareció nervioso. Thor no quería destituir a Halvard pero sí, que alguien supervisara lo que estaba sucediendo en esos reinos, y Ragnheidur solía ser imparcial aunque la gente le desagradara como ya había probado anteriormente.

El tema pareció decidido. A Thor no se le escapaba que el único que no había opinado ni participado era Loki, que aunque estaba presente, parecía aburrirse.

–El siguiente tema es el nombramiento de Karnilla como hechicera real en Asgard –anunció Hallgeir. Se hizo silencio por un segundo. Thor habló.

–Son nombramientos que otorgo a discreción y los cuáles no son votados pero quería informarles de esta decisión que he tomado. Para algunos puede parecerles absurdo o una copia de los elfos de luz, nombrar a una hechicera real pero dados los sucesos recientes, considero que es necesario. Karnilla no sólo me salvó de la maldición que pesaba sobre mí, sino que curó también a mi pequeña princesa cuando enfermó y ayudó a mi hijo a llegar al mundo. Este nombramiento no sólo es necesario sino justo para ella.

–Mi rey –pidió la palabra Velaryon –quiero expresar mi reconocimiento hacia la reina Karnilla, que no sólo es una hechicera sin igual sino que además es una mujer sabia. Mientras ella esté con nosotros en Asgard debemos aprender de su sapiencia, este nombramiento sin duda nos hará menos ignorantes en el tema del seidh. –El pelirrojo parecía muy emocionado con sus propias palabras.

Ragnheidur no parecía muy de acuerdo e inclusive algunos otros miembros del concejo parecieron no saber qué pensar respecto a ello. Pero no dijeron nada, pues sólo era un nombramiento.

Hallgeir retomó la palabra.

–El rey ha querido incluir de manera extraordinaria en esta sesión, la desaparición de una ley: "Justo motivo por el cual la deslealtad e infidelidad del consorte real, se considera la más deplorable traición hacia el rey, su señor". –Así se llamaba la ley instaurada por Bor.

–¿Entonces qué diría ahora esa ley? –Se mostró confundida Sula.

–Nada, no existirá –dijo Thor procurando no ver directamente a Loki, pero los demás lo hacían y sintió que éste a su vez lo observaba con fijeza. –Es aberrante, y así como mi abuelo la instauró por un capricho, yo quiero eliminarla –le hizo una seña a Hallgeir para que se precipitara hacia la votación pues Thor no veía que tuviera que dar más alegatos, era más bien una cuestión personal y todos sabían por qué lo estaba haciendo. El único problema era que no lo podía hacer solo.

–¿A favor? –Sif levantó la mano, Dregni y Velaryon hicieron otro tanto. Hagbard y Sula lo hicieron un segundo después. Thor por supuesto que votó a favor. –¿En contra? –Thor miró a Ragnheidur, el único que no había dado su sentir.

–Me abstengo de esta votación. –Thor asintió y notó que Loki tampoco alzaba el brazo, también se abstenía.

–Esta sesión ha finalizado, les agradezco mis concejales.

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Thor se presentó en la arena de entrenamiento a media tarde, el día nublado y con atisbos de llover en cualquier instante, no disuadió a los soldados de presentarse. Aún no había vuelto a entrenar, había tenido mucho trabajo por hacer después de los violentos sucesos que sacudieron su reinado y también por los cuidados que Velaryon le instó a tener después de su cirugía. Se recargó de un balcón desde donde podía verse a los guerreros. Sindri estaba ahí, había sido nombrado capitán de los hired. Sif estaba justo debajo de él observando lo que sucedía en compañía de Svana.

–Sif, una palabra. –La llamó desde dónde estaba.

La diosa de la guerra le dio algunas órdenes a Svana para que se encargara del entrenamiento de los reclutas. Thor había hablado con ella sobre la ley, pero no se dijeron nada más y estaba consciente de que debían reconciliarse, no sólo porque fuera su general y concejal sino porque era su amiga y la extrañaba. Sif llegó a su lado, Thor esperaba que ella fuera menos testaruda que Loki.

–Sé que he sido un necio y te he tratado mal. No debí de haberte echado de mis habitaciones, menos frente de Amora, a quien sé que tu detestabas. Lo siento –se disculpó sin adornos pero de forma sincera.

Sif miró a los soldados en la arena y luego a él.

–Ya que me diste el placer de ser yo quien la arrestara y en vista de que te usó y enfermó como si fueras un juguete, te perdono. –El dios del trueno sonrió. –Sólo prométeme que a la próxima me escucharas.

–¿Me harías el honor de cenar conmigo? –Le preguntó Thor.

Sif accedió, abrió la boca un par de veces dudando en decir algo, pero finalmente habló:

–Thor, perdóname. Hogun me señaló que estuvo mal avergonzarte, quejándome de Amora en la graduación de las skjaldmö; no debí hablarlo frente a todo el ejército, mis palabras dieron lugar a rumores y sin quererlo, contribuí a la malevolencia que había en la corte. –Su amiga bajó la vista un segundo pero al otro ya lo miraba.

–Gracias por entenderme Sif. –Thor no sólo se sintió aliviado por retomar su amistad con ella sino un poco envidioso porque ella tuviera tal apoyo en Hogun.

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Sif encontró a su doncella preparando su comedor, y fue ahí cuando se enteró que la tranquila cena que ella pensó tendría con Thor, en realidad era una reunión con Volstagg, Hogun y Fandral. No le molestó saberlo, hacía tiempo que no estaban los cinco reunidos. Su prometido fue el primero en llegar, se saludaron con un beso y diversos comentarios de lo que habían hecho en su día. Volstagg, Fandral y Thor llegaron juntos, debían de haberse encontrado en el pasillo porque traían su propia plática.

–Me las ha enviado Helle, la prima de Loki; juro ante las nornas que es la mujer más bonita en los nueve reinos –dijo el espadachín pero aunque sus halagos eran casi los mismos de siempre, su entonación fue diferente, está vez lo decía con una sinceridad palpable. –Nos hemos estado carteando aunque ya me ha llegado una misiva de Hanne amonestándome por eso.

Fandral llevaba una caja en las manos. La abrió para que sus amigos vieran el contenido. Eran unas galletas perfectamente redondas, algunas tenían pequeños arándanos azucarados, otras almendras y otras de aspecto más sencillo eran de canela. Sif tomó una y la mordió, aquel dulce era crocante por fuera y suave por dentro.

–Están deliciosas –dijo Sif sin frenarse de acabar la galleta en dos mordidas más. –Si se la robas al marido tendrás que invitarme a comer con ustedes a menudo. –Los demás igual tomaron una. Volstagg las nombró "las mejores galletas de los nueve" y su opinión era de lo más valiosa cuando de comida se trataba.

–Ella no quiere que la corteje –dijo Fandral con la vista aun clavada en la galleta como si Helle fuese a surgir mágicamente de ella. –En su última carta me deseó bienestar y prosperidad, se lamentó de lo ocurrido en Asgard, me felicitó por anular un compromiso que sólo me hubiera traído dolor y al final escribió: "A veces el mayor acto de amor posible, es el de renunciar antes de causar dolor a quien se quiere".

–Y te mandó galletas para consolarte –dijo Volstagg. Si Fandral no luciera tan desgraciado mientras les contaba aquello, se hubieran reído de buen grado porque bueno, sólo una vanir, madre de trillizos tendría la delicadeza de acompañar amargas palabras con un dulce regalo.

Thor pareció tan sombrío como Fandral, sobre todo tras escuchar las palabras de Helle.

–Al menos su rechazo tiene sabor vainilla –lo confortó Thor.

–Me gustaría decir que puedo escribirle y visitarla en aras de una inocente amistad pero mentiría; y ella le teme a la furia de su esposo, quien además es padre de sus tres hijos. –Fandral se comió por fin esa galleta. –La diosa Siofua me está dando buen escarmiento.

Sobre si eso era cierto o no, no comentaron nada. Mirelle, la mayordoma, entró en ese momento seguida de varios pajes que alistaron la mesa de inmediato con pasteles de cangrejo caliente, calabaza con especias, tartas de pescado, codornices ahogadas en mantequilla, jabalí bañado en cerezas, acompañado con nueces, uvas e hinojo rojo; cerveza asgardiana, vino norn, e hidromiel vanir.

–Thor tienes que volver ya a la arena de combate, tus nuevos escuderos aparecen cada mañana para bruñir tu espada, revisar las flechas y alistar cualquier arma que se te ocurra ocupar. Llegan antes del alba para hacer todo eso. Ya les he dicho que aún no retomarás el entrenamiento pero no por eso dejan de hacerlo –le comentó Fandral.

Thor pensó en esos jóvenes, no era requisito el que fueran nobles para que pudieran ser sus escuderos. Recordó a Radha, aunque al traer al chico a su mente, sólo sintió nostalgia. Ahora estaba seguro de que lo mataron por ser leal. Sus amigos también eran fieles a él pero a nadie se le ocurriría atentar contra ellos sin saber que saldrían muertos.

–La próxima semana estaré ahí –aseguró. Luego tanteó una idea que ya había tenido anteriormente –si les pidiera que me ayudaran a entrenar a alguien ¿habría algún problema?

–¿A Hërin? –Inquirió Volstagg –porque yo quiero que, llegado el momento, a Valdimar también lo entrene cada uno de ustedes.

–Sí, por supuesto que a Hërin –dijo Thor, aunque todavía faltaban tres años para que cumpliera seis, que era la edad en la que se empezaba el entrenamiento formal. –Pensaba en alguien más, un niño que está por iniciarse en las vías del combate. ¿Recuerdan a Lilja? –Sus amigos asintieron. –Tuvo un hijo mío. Se llama Magni y tiene seis, quiero que sea entrenado pero sus instructores deben ser de lo más discretos y a la vez hábiles.

Había pensado en el futuro de Magni. Reflexionó que no podía ponerlo en la línea de sucesión, no sólo porque algunos nobles lo tomarían como rival de Hërin sino porque no quería que Loki cumpliera sus amenazas contra él. Pero si no podía hacerlo un príncipe eso no significaba que no debiera recibir lo mismo que Hërin, o sea los mejores instructores que pudiera darle.

–¿Por qué no nos contaste que tenías otro hijo? –Preguntó con cautela Hogun.

–Lilja murió hace poco y mi madre me reveló su existencia; con los sucesos de la corte… –Thor hizo el ademán de algo que le explotaba en las manos. Los demás comprendieron.

–¿Lo traerás a palacio? –Preguntó Volstagg.

–No, creo que no es un buen momento. Quiero hacerlo más adelante pero con cuidado, en especial por Hërin y por Nari.

–Y por Loki –le añadió Fandral.

Thor iba a asentir pero entonces se dio cuenta de que el ojiverde ya no iba a estar. Cuando Magni estuviera listo para entrar a Valaskialf, él estaría en el observatorio.

–No, Loki desea retornar a Svartálfheim. Lo nombraron istyar y decidió aceptar tal honor, sé irá en medio año y… –A Thor le fue difícil continuar. Sus amigos lo miraron y Hogun le sirvió su vaso lleno de vino norn, se lo pasó y el dios del trueno lo vacío en tres tragos consecutivos.

–¿Qué vas a hacer?

–Por ahora, embriagarme.

.

Svadilfari le ayudó a su madre a beber la poción que Karnilla le había dejado. Su amiga, le había prescrito tratamiento para el mal del corazón roto otra vez. Bjarni terminó de beber aquello y se quedó dormida. Había recaído luego de que arrestaran a su hijo y su estado empeoró cuando Svadilfari volvió de Valaskialf con algunos huesos rotos.

Mientras estuvo cautivo, Bjarni había hablado con Tulk, Aryante y Nulka, les había revelado que Svadilfari era el último descendiente de Malekith y les había pedido que lo ayudasen. No hizo falta ninguna acción heroica para traerlo de vuelta pero aquella revelación aunada a lo imprudente de sus últimas acciones, le granjearon una serie de diatribas por parte de sus amigos. Aryante lo insultó de lo lindo, en nombre de Bjarni además, dado que ella no tenía energía para reñirlo como se debía. Le exigió que valorase más su propia persona por encima de su amigo, el rey Loki. Le recordó que era su capitán y que les hacía falta y por último lo culpó del mal que aquejaba a su madre.

"Si muere, será por tu estupidez" no dudó ella en achacarle.

Nulka por su parte, parecía no salir de su azoro. Dijo que por fin entendía las acciones de Hrimthurs. El gran arquitecto había tratado de reclutarlo para su causa antes de que Telenma diera muerte a su flota; pero quería los servicios de Nulka gratis y apeló a su solidaridad de raza. Obviamente Nulka dijo que no, ahora se arrepentía.

"Quiere recuperar nuestro reino" y cuando dijo aquel "nuestro" Svadilfari supo que ese fervor por Malekith que el mercenario juraba que no tenía se le había encendido. "Deberíamos unirnos a él" añadió. Svadilfari estuvo seguro que de ahí a que lo empezara a llamar "príncipe" había poca brecha.

Tulk fue el más prudente. Dijo que debían guardar aquel secreto y ya. Pero en la mirada del viejo ingeniero había decepción. Eso le dolió más a Svadilfari que todo.

A ninguno le hizo gracia saber que había sido invitado a Valaskialf esa tarde, pero igual acudiría.

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Loki entró en los aposentos de Karnilla para felicitarla por su nombramiento como hechicera real. Encontró a su amiga en compañía de Velaryon quien al parecer había sido de la misma idea, le estaba dejando en las manos una botella de algún buen vino, la reverenció y se despidió.

–Este maestre parece encantado contigo –le dijo Loki rememorando lo mucho que Karnilla solía reñir con Harma.

–Me ha dicho que los prejuicios nublan la razón y un maestre no debe permitirse tal cosa, su mente es su instrumento de trabajo, así que debe mantenerla ávida de nuevos saberes. –Loki asintió.

–Vine a felicitarte. –Aún le debía una disculpa pero ella no había vuelto a exigirla por el momento. –Debió ser todo una sorpresa enterarte de tu nombramiento.

–Thor me lo dijo ayer, me avisó que lo anunciaría al concejo hoy.

–Veo que son íntimos amigos. –Karnilla se rió y se acercó a Loki para tomarlo de los hombros.

–No seas envidioso, tú sigues siendo mi favorito –le dijo y luego le haló los cachetes. Lo soltó y Loki se sobó. La doncella que atendía a Karnilla entró.

–La comida ha llegado mi señora –le dijo –y también su invitado. –La doncella se retiró y Karnilla se explicó.

–Quise festejar mi nuevo nombramiento, así que mandé por él, por aquel de quien sí puedes estar celoso pues los tengo en la misma estima.

Svadilfari entró y no dudó en abrazar a Karnilla. Igual le tendió las manos a Loki, quien le correspondió el gesto.

Los tres brindaron por Karnilla como en los viejos tiempos. Ya nunca iban al cuatro gatos, Loki no se dejaba ver con Svadilfari, ni siquiera acudía al sitio de construcción donde se erigía el nuevo invernadero, enviaba a Ari en su lugar. Tampoco se escapaban los tres de Valaskialf al bosque de las secuoyas.

–Tendré discípulos –dijo ella muy feliz –discípulos formales, aulas. El invernadero es una hermosura, sin duda querré uno así cuando me vaya a Nornheim –la bruja destilaba felicidad. –Le escribí a Hjörtur.

–¿A tu prometido? –Dijo Svadilfari con cautela.

–Sí, le pedí que me enviase algunas plantas de Vanaheim.

–No lo haz visto en años y tu compromiso no se ha oficializado pero ya estás pidiéndole cosas –se mofó Loki de buen grado.

–No fui tan fría como lo haces sonar. Le dije que estaba al tanto de una herida en un pie que le hizo el usurpador Ausmünd, le ofrecí curarlo del todo pues sé que ese tipo de lesiones suelen dejar secuelas; y de pasada le mencioné lo dichosa que sería si pudiera contar con hidrageas y otras hierbas. Me respondió con presteza accediendo a mis peticiones, fue muy halagador.

–Qué bueno que le encuentres el gusto a esa escuálida lombriz –dijo Loki. Karnilla lo fulminó con los ojos. Svadilfari debió ver venir el peligro porque cambió de tema.

–Quizás Aryante pueda formalizar su educación como doula. –Karnilla se agarró a ese tópico con gusto. Loki se distrajo pensando en lo feliz que su amiga era de cumplir en parte sus anhelos. Uno iba por la vida renunciando a las esperanzas, conformándose con lo esencial. –Por cierto, igual te necesitará pronto, está embarazada de Sindri. –La norn y Svadilfari charlaron sobre ello pero Loki apenas y escuchaba.

–¿Qué pasa? –Preguntó la norn. –Te quedaste muy ensimismado –le pasó más vino para animarlo.

–He decidido irme de Asgard –les contó Loki. –Aceptaré el nombramiento como istyar. –Svadilfari le sonrió encantado pero a Karnilla pareció no sentarle bien la noticia.

–¿Y tu hijo?

–Quiero llevarlo conmigo, por lo menos hasta que deba iniciarse en las vías del combate.

–¿Thor está de acuerdo con esto? –Loki rodó los ojos.

–Dijo que sí al hecho de que me vaya, lo de Hërin aún no se lo digo. El desamor no es motivo de repudio, pero esta es mi forma de poner distancia entre nosotros. –La bruja miró de reojo a Svadilfari. Tal como ella esperaba, el elfo oscuro se adelantó.

–Quisiera ir contigo.

–¿A Svartálfheim? ¿A qué pongan tu cabeza en una pica?

–Mi padre lleva años en ese reino, estoy seguro, sin que nadie lo detecte. Yo podría emularlo, podría vivir en el puerto de Bain y estar cerca de ti. –Se volvió hacia Karnilla. –Tú igual deberías venir con nosotros. Si pides permiso a su dueño de dejar Asgard para continuar tu educación en magia seguro consciente. Te debe mucho. –Para su sorpresa Loki asintió como si aquella idea fuera una maravilla.

–Ustedes hagan lo que quieran, yo no me iré. Sé bien lo que deseo y eso es ser hechicera real, entrenar doulas en Asgard, cuidar de mi invernadero.

–¿Y casarte con Hjörtur? –La interrumpió Svadilfari. –¿Gobernar Nornheim?

–Sí –repuso ella con calma. –Quiero casarme con Hjörtur y ser reina. Mi destino está hecho.

–Antes decías otras cosas. –Loki alzó una mano interrumpiendo a Svadilfari.

–¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo es que renunciaste a tus sueños? –Preguntó el ojiverde.

–Pregúntaselo a Thor.

–Te lo pregunto a ti.

–Lo haces cuando surge algo más importante –respondió la norn resueltamente.

Se hacía tarde y empezaba a llover. Svadilfari se despidió. Loki había enviado a un paje a buscar el libro de arquitectura élfico y escogió ese momento para dárselo.

–En agradecimiento por tu apoyo –le dijo poniéndoselo en las manos. El elfo oscuro lo hojeó intrigado. –Es Vilwarin y Enya. No sé si recuerdes, pero una vez…

–Estábamos en lo alto de las ruinas del muro de Bor y me contaste sobre Valaskialf, me dijiste que lo construyó Svipal durante el reinado de Odín. –Lo interrumpió Svadilfari. –Yo te hablé de Rondeslottet y de Enya.

–Pensaste que nunca llegarías a ver ninguno de los dos, pero aquí está Enya ante tus ojos. –Svadilfari se mostró profundamente honrado. Le acarició el rostro a Loki y finalmente se retiró.

El aesir iba a hacer lo mismo pero su amiga no lo dejó.

–No le des esperanzas donde no las hay. Aun si te fueras lo que él propone de acompañarte es una locura. Tú no lo amas, no le des a entender otra cosa con tus atenciones pues tampoco te harás cargo del sufrimiento que padezca.

–Que yo sepa Svadilfari es dueño de sí mismo, él decide lo que hace. –Karnilla suavizó su gesto.

–Tienes razón –eligió dejar correr el asunto. –Bebe conmigo. ¿Te conté que me carteo con Lady Niriel? Nuestra amistad se reavivó gracias a ti. –Loki se quedó más tiempo.

Karnilla le reveló que solía escribirse con regularidad con Hjörtur aunque no se decían gran cosa, estaban seguros de que Hanne leía cada palabra que ponían por escrito. Igual mantenía contacto con Hagen y con Stánic, el viejo consejero que vivía en Nornheim. Éste último siempre le contaba de las constantes riñas de los clanes. Adalster de Alfheim igual le mandaba ocasionales cartas, para felicitarla en el día de su nombre o simplemente para saludarse.

Loki se carteaba con Lord Aldor y con Belfrast; intercambiaban libros con regularidad. Hanne le escribía para darle consejos constantemente y Helle le enviaba paquetes de golosinas y consejos para los niños. Skadi le mandaba mensajes crípticos deseándole bienestar. Cuando acaecieron los funestos sucesos de la corte, la reina Eyriander y Finduilas, cada una por separado le habían mandado misivas pidiendo perdón por la deslealtad de Eredlindon y de Lara; y deseándole que aquel amargo trance jamás volviera a repetirse.

Siguieron bebiendo y charlando. Loki llegó a sus habitaciones en la madrugada. Seguía lloviendo y reparó en ello con lucidez a pesar del vino.

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Los tres guerreros y Sif fueron vaciando sus vasos al mismo ritmo que Thor, como si hubiera sido una orden. Molestaron a Hogun, rieron los viejos chistes de Fandral, hicieron coro en las anécdotas de antaño de Volstagg, se metieron con Thor y veneraron a Sif. Desgranaron sus años mozos, rememoraron batallas, doncellas y sucesos. Todo ello entre deliciosa comida y vino que parecía no acabarse.

Fandral se quejó de que hubiese pasado dos años hechizado sin que ninguno de sus amigos más cercanos se diera cuenta.

-¡Estaba a punto de casarme! –Les dijo a modo de reprimenda. -¡Casarme! No puedo creer que eso no les haya hecho recelar.

-Pensamos que estabas sentando cabeza finalmente –dijo Volstagg. Fandral seguía indignado con todos, menos con Thor, obviamente.

La noche se les escurrió entre los dedos hasta altas horas de la madrugada. Thor estaba demasiado alicaído para seguir las canciones entonadas por sus amigos, pero brindó con ellos al final de cada una de ellas. A pesar de que reía tanto como ellos se notaba su tristeza. El suave rumor de la lluvia llegaba hasta sus estancias.

Volstagg se acomodó en el sofá, cerró los ojos diciendo que iba a descansar unos instantes y se quedó dormido con suaves ronquidos. Hogun y Fandral se quedaron en sus sillas, el primero murmuraba algo dormido, algo inteligible; y Fandral había terminado con la cara sobre la mesa, sosteniendo la última galleta que quedaba. Una vez Sif le había dicho a Loki que los tres guerreros eran amigos de Thor porque compartían diferentes gustos con él: Volstagg el amor a la comida, con Hogun el ardor de la guerra, con Fandral el placer de la conquista de doncellas y con Sif, la pasión por los gestos heroicos y una gran resistencia para el vino.

Sólo ellos dos quedaban en pie. Sif jugó con el vaso vacío en sus manos, miró a su amigo, el cual le prestaba tanta atención a la mesa que pareciera hubiera descubierto el sentido de la vida en ella. Apretó un puño.

–No estoy de acuerdo –le soltó de pronto arrastrando un poco las palabras, captó la atención de Thor. –Loki no debería irse a Svartálfheim. Haría bien en recordar sus deberes, nadie dijo que uno se desposa con un rey por amor; se hace por deber y eso es todo. Que ustedes dos se enamorasen fue inesperado y sin duda fue glorioso, pero ahora, aunque ese vínculo se haya extinguido no pueden pensar en separarse pues no son como el resto de los aesir.

El dios del trueno se acomodó lo mejor que pudo en su asiento, estaba sorprendido por el arrebato de Sif. Ella volvió a servirse, su amiga tenía una especie de punto de equilibrio donde por más que bebiera y bebiera no caía inconsciente pero tampoco podía moverse de su sitio. Al contemplarla tuvo la certeza de que había alcanzado ese estado. Por su parte, procesaba todo lo que ella le decía pero no podría prometer que lo recordaría todo con claridad al día siguiente.

–Seguiremos siendo esposos. Un rey o su consorte no puede dejar al otro, ¿qué tipo de ejemplo seríamos? Pero ya no me quiere Sif, desea hacer su vida lejos, y yo no voy a impedírselo.

–Cuando tomabas esa poción lo habrías hecho, esa, la que dijiste que… –Sif lo pensó –despertaba al Thor malvado y así. Loki es un cabronazo y todos lo sabemos. ¿Quiere ser istyar? Tú querías ser un héroe más que un rey. Y sin embargo aquí estás. Deber y honor, Thor. –Él sonrió muy a su pesar.

–No todos creemos en esa religión –pues para Sif, "deber y honor" era un dogma, y para Thor también. –Mi versión malvada no fue muy honorable ni cumplió sus deberes con él…

–¿De qué hablas? Esto que has hecho, abolir esa absurda ley de Bor, ocultar que Amora era hechicera, darle un título oficial a Karnilla; sé que son las acciones de un rey que es capaz de ver a los hombres por sí mismos pero también, es obvio que te mueve el afecto que le tienes a Loki. –Estaba segura de que los otros concejales se dieron cuenta, es más, hasta en el pueblo sabrían el porqué, así que no dudaba que Loki también lo supiera. –Si es tan frío como para no conmoverse por tu esfuerzo entonces no se merece tales demostraciones de afecto.

–Sif…

–¡Deja de defenderlo! Loki ha de tener excelentes argumentos en tu contra y no necesita que tú los repitas. –Thor se quedó callado. –Admítelo, no quieres que se vaya.

–Lo admito. Es su forma de enviarme a pasear a los infiernos. Pero… hay un problema, no quiero obligarlo a estar conmigo, para eso me tomo poción despierta–sombra y lo someto a mi voluntad; pero no quiero… Quiero… –Se quedó en blanco.

–¿Qué te quiera por sí mismo? ¿Qué le nazca de su negro corazón estar a tu lado? ¿Qué te perdone y olvide? Estás jodido amigo.

–¿Jodido? ¿Habrá cura para eso?

–Dejar de echarte la culpa de todo para empezar. El amor debe ser recíproco o no es amor, si él se cree que por lo que hiciste, coaccionado de maneras impensables, que habrían hecho sucumbir fácilmente a cualquiera, entonces tiene el derecho de despreciarte, está sumamente equivocado. Si te sacrificará en el altar de su orgullo es un imbécil y tú lo serías igual si lo permites. –El dios del trueno alcanzó la jofaina de vino y les sirvió a ambos. –Si quieres yo hablaré con él –dijo Sif e hizo amago de desenvainar su espada para descubrir que no la llevaba encima.

–No –esa conversación sólo podía terminar mal. –Pero te agradezco por indignarte por mí.

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Fue Valdis el que le contó a Loki, que Thor se había puesto una cogorza en compañía de los tres guerreros y Sif. De pasó le narró que a Volstagg hubo que llevarlo hasta su hogar fuera de palacio, a Fandral hubo que remolcarlo hasta su cama y Thor había llegado por su propio pie hasta sus alcobas, pero apenas. Loki se preguntó si el dios del trueno faltaría al desayuno con sus hijos.

A Loki le gustaba llegar al comedor con el tiempo justo para no tener que estar a solas con Thor ni ante las miradas de Frigga. Empujó la puerta pero alcanzó a escuchar una conversación que lo detuvo en seco. Thor charlaba con Frigga.

–No sé qué acción tomar, madre. Quiero acercarme a él pero a la vez temo lastimarlo –decía Thor en tono serio. ¿Estaba hablando de él? –Nunca me dejan estar a solas con él, siempre está la ama de llaves, o Leidolf o hasta Idûnne, y resulta que después de una hora estando en su compañía es la hora del baño, de la siesta o que tiene alguna lección pendiente. Puedo imponerme para hacer lo que desee, pero temo asustarlo si lo hago. –No, definitivamente la conversación era sobre el bastardo de Thor. –Estoy seguro de que Leidolf lo golpea pero aunque se lo pregunté una vez, él lo negó todo de inmediato. Más, no me fío. Estamos hablando de un niño al que han instruido a su corta edad a reverenciarme y saludarme de maneras oficiales, adiestrarlo a callar tal cosa debe ser fácil.

Empujó un poco más la puerta. Thor calló.

–Buenos días hijo –lo saludó Frigga.

Él hizo un gesto con la cabeza, que era a la vez respuesta para Frigga como saludo para el dios del trueno. Se sentó en su sitio, miró de reojo al rubio. Estaba ojeroso pero no parecía estar pasando una cruda, se preguntó si Karnilla y sus pociones tendrían algo que ver.

Sus hijos no tardaron en llegar. Hërin ya no insistía en quedarse sentado en sus piernas, se quedaba en su silla pidiéndole galletas a Loki y que le quitara la cáscara a sus uvas. Nari empezó a jugar con su avena, removiéndola de un lado a otro.

–¿Qué haces pequeña princesa? –Le preguntó Thor.

–Estoy cocinando –dijo Nari y le extendió la cuchara para darle de comer al dios del trueno, que accedió a hacer de su bebé. –Ahí va, el dakar, el dakar… –balbuceaba la pequeña riéndose cada vez que atinaba a la boca de su padre.

–¡Papá! –Le gritó Hërin para que le prestara atención pues Loki se había perdido en un pensamiento de lo absolutamente ridículo que Thor se veía. –Quiero galletas de mi Helle –le insistió. Su prima vanir había empezado a enviarle dulces y postres a través de la correspondencia oficial con Sveyn.

–Ya no hay, ayer te las terminaste todas –le recordó Loki. Hërin hizo un puchero. –Le diremos que envíe más.

–¿Mañana? –Insistió el niño. Loki había descubierto que su hijo comprendía muy bien el significado del día siguiente, pues difícilmente olvidaba las promesas que se le hacían.

–Mejor en tres días. –Hërin frunció el ceño pero aceptó las fresas que su abuela le tendía para distraerlo.

Cuando terminó el desayuno. Fuya se llevó a Nari para bañarla. La pequeña se despidió de sus dos padres con un beso en la mejilla, a veces pasaba que no los veía durante el resto del día. Loki envió a Ásta por delante y se quedó a Hërin consigo. Thor y Frigga se levantaron casi a la vez de la mesa, cada uno con intenciones de dedicarse a sus propios asuntos.

–Thor –lo llamó Loki deteniéndolo. Frigga intercambió una mirada rápida con su hijo, y se despidió de ambos con un beso para dejarlos a solas. El aludido no tomó asiento de vuelta, se quedó justo donde estaba con Hërin de pie a su lado. –¿De qué estatura es tu hijo? –Le preguntó. La cuestión tomó desprevenido a Thor.

–Es pequeño –respondió no sin recelo. Le señaló arriba de su rodilla.

–Cuando aquel que te ataca es más grande que tú y desea intimidarte y humillarte aprovecha su altura para hacerlo –le explicó. –Si quieres saber si le pegan, lo único que tienes que hacer es esto. –Levantó el brazo como si fuera a golpear a Hërin, su hijo lo miró a la expectativa desde su corta estatura pero no hubo el mínimo atisbo de temor en él. –Si Magni reconoce este gesto, tendrás la certeza de que ese Leidolf lo abofetea con frecuencia.

Thor lo miró de manera penetrante. No le preguntó cómo sabía eso, ni tampoco hizo ningún comentario respecto a la niñez de Loki.

–Gracias por el consejo –le dijo Thor. Loki miró al dios del trueno.

–Golpea a Leidolf –lo alentó con el mismo tono gélido con el que lo había azuzado a destruir a los traidores. La voz con la que le pedía destruir a sus enemigos. –Pégale con el dorso de la mano, como seguro lo hace con tu hijo, así aprenderá… –Hërin lo haló de la ropa y Loki se agachó a tomar a su hijo en brazos. –Así aprenderá… –no se despidió al salir.

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Lúne le reprendió, dijo que traer a un posible esbirro de Muspellheim a Enya no era lo más sabio que había hecho pero Eyvindur fue tajante. Su tío ya antes había dicho que no había nada que Eyvindur le negase a Hagen y esta vez fue más claro:

–Influye en ti, cada vez resulta más claro, temo lo que pueda pasar si sucumbes a tu afecto por él. Piénsalo, ¿es conveniente? –Eyvindur lo había dejado hablando solo. Tenía suficiente confusión dentro de sí como para escuchar todo eso. Su padre, Larus, igual se lo había advertido "no es conveniente que elijas a Hagen" le había dicho. Pero ya no estaba para decirle que hacer, ni para ordenarle alejarse del norn.

Tuvo que cenar con Lara, con su madre y con el nuevo embajador aesir que Thor le enviaba; pero en cuanto pudo dijo que se sentía indispuesto y se retiró.

Su viaje a Asgard era un hecho, apenas había enviado la petición a Thor, pero era seguro que accedería a recibirlo. Sabía que su madre estaba disponiendo hermosos regalos para los reyes, la reina madre y los pequeños príncipes. Lúne ya le estaba preparando por escrito peticiones que le haría a Thor y discursos para los nobles aesir. Había dispuesto que su tío se quedaría como regente pero aun así había preparado los pormenores del viaje. Y por último, el lord consejero le aseguró que Telenma estaría cerca de Asgard para que en cuanto tuviera la autorización de Thor de aprehender a todos los elfos oscuros, pudiera descender con parte de su flota.

Hagen parecía que lo acechaba pues en cuanto cerró la puerta tras de sí, él se anunció. Eyvindur lo dejó pasar. El norn iba ataviado de negro, vestido a la manera élfica. Estaba diferente de cómo se habían encontrado en Barad Eithel, llevaba la barba recortada cuidadosamente, el cabello acicalado y su porte era tan regio que le recordó en el acto a Eyvindur que aunque ya no lo fuera, había nacido príncipe.

–Traje el tesoro que recaudé –le dijo mostrándole un cofre de gran tamaño que cargaba con facilidad. Eyvindur le indicó donde ponerlo.

Revisaron el contenido. Había armas, anillos, ballestas, piedras preciosas que habían estado incrustadas en armaduras, yelmos y cotas de malla. Todo había sido trabajado con ese arte casi secreto de los enanos. Eran piezas invaluables.

–¿Qué harás con esto? –Quiso saber Eyvindur. –Nada es de tu medida como para que lo uses.

–Lo sé, voy a venderlo –le dijo Hagen. –Los enanos jamás comprarían de vuelta algo que les fue arrebatado pero confió en hallar coleccionistas, herreros que busquen emular la técnica o fundir el acero que es de excelente calidad; le daré el mismo destino al oro de los anillos, creo que esa es su joya favorita, fue lo que más junté. Las piedras las dejaré tal como están, hay topacios, amatistas, zafiros y algunos diamantes pequeños que se verán hermosos engarzados en una diadema.

–¿Diadema? –Eyvindur estaba muy intrigado.

–Una diadema para que la luzca una hermosa doncella en el día de su boda. –El elfo se tensó casi imperceptiblemente. –Estoy tratando de reunir una dote para Héroïque –aclaró. –No pienses mal.

–No lo hice –mintió Eyvindur pero se le notó. Hagen se hincó ante él y le tomó las manos.

–¿Pensaste en mis palabras? –Apenas y había podido hacer otra cosa. –Sé que me dirás que no, y sé que lo harás para protegerte a ti mismo, pues temes lo que pueda hacer contigo. Temes enamorarte de mí y que te dé el plantón, pero no soy la misma persona que antes conociste. Así que hagámoslo, dime que no para que yo pueda contradecirte a besos.

–No estés tan seguro de lo que siento. –Hagen le sonrió con inocencia y se estiró para besarlo. Eyvindur sintió que el corazón le daba un bote dentro de su pecho. Inhaló profundo mientras se besaban, para seguir y seguir hasta quedarse sin aire. La barba de Hagen le picaba la barbilla, el dragón lo abrazó y lo inclinó hacia él para hacer más profunda la caricia.

Por Urd, había olvidado lo mucho que le gustaban los besos de Hagen, lo bien que se sentían sus labios contras los suyos, su lengua explorando su boca sin pudor y el calor de su cuerpo al tenerlo tan cerca suyo. El beso se les agotó y Hagen le sujetó las manos a Eyvindur aun hincado delante de él.

–No –le dijo Eyvindur.

–Puedo lograrlo.

–¿Qué cosa? –Preguntó el elfo sintiendo que se perdió de algo.

–Puedo darte cosas que no le haya dado a nadie más. Puedo inventarme caricias sólo para ti y darte besos que sean sólo tuyos. –Era la respuesta a ese viejo reproche, en el que Eyvindur le había recriminado que no quería caricias ensayadas y besos desgastados. No se imaginó que le hubiera hecho tanta mella a Hagen con sus palabras.

–No –era su respuesta final y la dijo contra los labios de Hagen que volvían a por otro beso. –No –repitió entre mordidas suaves.

–Dime que sí.

–Si accediera y no estoy diciendo que vaya a hacerlo –razonó Eyvindur mientras Hagen le besaba las manos con devoción –tendríamos que ocultarnos. Lúne en particular busca motivos para demostrarme que elegirte sería la peor decisión posible.

–Probar que se equivoca sería un placer. Puedo ser discreto delante de los demás pero no me pidas el mismo doblez cuando estemos a solas. Jamás te avergonzaría, al menos deliberadamente, y jamás saldría una palabra de mi boca.

–Belegaer nos vio en Barad Eithel.

–Él es prudente, ahora que, si lo deseas puedo bajar a su habitación y matarlo. –Eyvindur se separó de Hagen alarmado. El dragón se carcajeó de lo lindo. Se sentó junto al rey. Pasó su mano sobre la de Eyvindur suavemente, lentamente hasta entrelazar sus dedos; y luego lo rodeó por la cintura, en su mirada había un deseo: iba a apoderarse poco a poco de su elfo. Eyvindur se encogió un poco logrando que sus cabellos cayeran sobre su rostro pues Hagen había escogido acomodarse del lado que tenía marcado. El norn le apartó con suavidad el cabello rozándole las cicatrices. Se fue acercando hasta que sus mejillas se rozaron y ese contacto casi imperceptible hizo sonreír al rey, giró el rostro despacio, sus bocas se tocaron pero no intercambiaban ningún beso. –Te amo –le susurró Hagen, sus labios sobre los del elfo. –¿Me dejas amarte?

–Sí –dijo Eyvindur no pudiendo resistirse más. Hagen se prendó de su boca con voluptuosas caricias que enrojecieron los labios del elfo. Lo soltó un momento para alzar la barbilla y frotarse contra aquella hermosa boca terminando de colorearla. –Me gusta tu barba –le confesó Eyvindur. Hagen se mostró más ufano que el día que Eyvindur lo felicitó por derrotar a los mercenarios en combate singular. El norn le soltó los botones superiores de la túnica para dejarle al descubierto el cuello y poder sentirlo con sus labios. Apretaba a Eyvindur contra sí mientras le saboreaba la piel lentamente. –Espera te lo pido –le dijo Eyvindur apartándose un poco. Hagen lo dejó ir a regañadientes pero en cambio volvió a tomar sus manos. –Aún no.

–¿Por qué no? ¿No me deseas? –Eyvindur sintió un tirón en la entrepierna.

–Sí, por supuesto que sí –respondió y Hagen se encogió de hombros como diciendo, "pues eso es todo". Volvió sobre sus pasos, o mejor dicho sobre sus besos. Eyvindur reunió dominio de sí mismo antes de hacer otro intento. –Aún no –repitió mordiéndole los labios a Hagen, enredando sus dedos en la oscura cabellera de su amado. –En Asgard –atinó a decir. –Lejos de todo.

Hicieron una pausa abrazados.

–En Asgard –repitió Hagen con tono de promesa. –¿Serás mío? –Eyvindur asintió. –Si no hay remedio. Pero olvidas algo, aún no me haz dicho que me amas. –El elfo se rió. –Igual lo pospondrás hasta que estemos en Asgard, ¿qué es ese sitio? ¿La tierra del amor? –Eyvindur se reía de buen grado sin soltar a Hagen.

–Amado mío, por ti mi corazón suspira.

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Thor estaba en su despacho. Había visitado a Magni esa mañana. Había seguido el consejo de Loki. Aún se sentía consternado al rememorar la cara de su hijo cuando pensó que lo golpearía. Magni había apretado los ojos y la mandíbula, sin embargo también se había erguido dispuesto a recibir el golpe; y sólo después de varios segundos, al comprender que no le iba a pegar, los había abierto nuevamente.

El vigía de ese día era el ama de llaves que se había sorprendido también por el ademán de Thor. Le ordenó que llamara a Leidolf porque quería hablar con él, y en cuanto la mujer se perdió de vista, se agachó frente a Magni para asegurarle que no le iba a pegar, y lo envío a bañarse. Cuando tuvo enfrente al hermano de Lilja, Thor no se pudo contener y le propinó un golpe con el dorso de la mano. Lo hizo tan rápido y tan fuerte, que le rompió la boca y lo lanzó hacia atrás. Pero quizás aquel golpe no sería lo único que tendría que hacer.

Hallgeir entró apartándolo de sus pensamientos. Le tendió su correspondencia oficial y le recordó las citas agendadas aquel día. Se iba a ver con el embajador élfico y luego con el de Jötunheim, del cual nunca recordaba su nombre completo y había empezado a llamarlo Njor. El cuál había accedido a enseñarle a hablar jötun. Thor lo iba a hacer por el puro placer de poder responderle a Skadi en su idioma. Y en la tarde, agendó con Karnilla y Velaryon con los cuáles tenía un proyecto que quería empezar.

Su secretario anunció a Dimrost. El embajador le hizo una reverencia. Era más joven y dado a las sonrisas que su antecesor.

–Su majestad. He venido a hacerle la petición de que reciba a mi amado rey Eyvindur en el reino dorado. –Thor dejó su correspondencia a un lado para mirarlo ¿qué Eyvindur quería ir a Asgard? –Si bien su presencia es de índole político con temas trascendentales tanto para Svartálfheim como para la ciudad dorada, también desea honrar la amistad que desde jóvenes se guardan. Acudirá con un pequeño séquito, tengo una lista formal con los que arribarán con mi alteza, entre ellos, la reina madre Eyriander.

–Será un honor para mí y mi pueblo recibir su visita –aceptó –¿sabes si tiene un asunto en particular?

–No su alteza –le dijo. Pero Thor, quien se había leído los dietarios de Eredlindon durante sus largas noches de insomnio sin Loki, supo de inmediato que le mentía. No importaba, para eso tenía su propio embajador en Svartálfheim, ya se enteraría que asuntos llevaban a Eyvindur, aparte de saludarlo, a su reino. –Arribarán en dos semanas –e informó la fecha y hora en la que se transportarían mediante su observatorio.

Le dejo la petición formal que Lúne había enviado con los nombres de quienes acudirían a Asgard. Aparte de la reina madre, estaba Hagen quien no era de extrañar y la hija de Lord Teros. Pajes, sirvientes y una escolta, aunque por la cantidad en la que iban, le hicieron pensar que se iba a quedar un tiempo y no unos días como Hrafn había hecho en su momento.

La clase con Njor fue productiva, aprendió a insultar de maneras muy elaboradas en jötun y terminó bebiendo un poco de blindhet con el embajador para demostrarle que soportaba unas copas. Comió con Vilda y con su madre, esperando que eso le bajara el alcohol en sangre que estaba acumulando rápidamente y logró despejarse para su reunión con la hechicera real y su concejal.

Hallgeir se sentó a su lado para ir tomando notas. Karnilla y Velaryon se veían serios en sus respectivos asientos.

–He meditado mucho sobre esto y he decidido que quiero crear una academia de hechiceros en Asgard –les dijo. Lejos de verlo horrorizados, lo observaron con genuino interés. Se lo había dicho en broma a la bruja norn pero mientras más lo pensó Thor, más le gustó la idea. –Hasta ahora siempre nos hemos mostrado negativos con respecto a la magia, por el recuerdo de Cul, pero después de tantos años, no es necesario continuar honrando el temor que provocó. Los hechiceros de Asgard sólo reciben la educación bélica que aquí se imparte y si desean aprender de seidh deben marchar a Nornheim y a Svartálfheim. No deseo que se tengan que ir, en especial porque si hacen uso indebido de su seidh o aprenden magia oscura, es algo que no conocemos sino hasta que lo padecemos –y estaba pensando precisamente en Amora. Jamás supo cuántos talentos tenía la rubia, no se los había confesado a Ragnheidur. –Además pienso que sería útil que hubiera más pocionistas y doulas –miró a Karnilla, era su forma de decir: "más cómo tú".

–¿Y dónde sería establecida esta academia? –Preguntó Velaryon.

–Junto al invernadero. –Era lógico, estaba en los lindes de la ciudad, había espacio para construirlo y además, si los nuevos hechiceros de Asgard debían saber de pociones, lo más fácil es que también se encargaran del invernadero.

–Podríamos emular el modelo de los elfos de luz –meditó Karnilla.

Thor asintió.

–Recibiremos una visita de la corte élfica, le pediré a Eyvindur que traiga a uno de sus istyar para que ayude en la estructuración de esta nueva academia. Mientras, ordenaré a nuestro arquitecto real que empiece a hacer los planos para la edificación –y aunque sí se refería a Svadilfari, en realidad hablaría con su segundo al mando, Tulk. Él no trataba con el amigo de Loki.

–Ya lo tenías casi todo planeado –le dijo Karnilla.

–Sí, lo estuve considerando desde hace semanas. Puedo iniciar la construcción de la academia sin necesidad del consentimiento del concejo. Intentaré no entrar en una confrontación duradera con ellos acerca de su aceptación. –Había aprendido su lección de lo sucedido con los alfh. –Pienso que tengo tu apoyo en esto Velaryon.

–Por supuesto, majestad –respondió de inmediato el maestre.

El rey asintió satisfecho por ello, pues sabía que él se encargaría del resto de la academia. En cuanto a su concejo podría aprovechar la ausencia de Ragnheidur que seguro se opondría. Hablaría con Sif, quien pensaba no se negaría, y ella haría que Sula estuviera a su favor. Dregni y Hagbard eran hombres razonables. Y Loki, era un hechicero, así que esperaba no le llevara la contraria.

Iba a decirles algo más cuando Heimdall habló a través de Hugin.

–Thor, un drakar se ha desplomado sobre la planicie de Ida –le informó –no lo pude ver sino hasta que fue visible en nuestro espacio. Debe ser de elfos oscuros. –Thor se puso en pie de golpe, y al mirar por el ventanal, divisó la columna de humo que se elevaba desde el sitio del percance. Velaryon y Karnilla se pusieron en pie también para ver. –Geirolf ha salido ya con einheriar hacia la zona, han ido a averiguar que ha pasado.

Thor miró a su maestre y a la hechicera real.

–Un drakar de elfos oscuros se ha desplomado, seguramente hay heridos. Velaryon moviliza a tus maestres, que acudan en su ayuda. Karnilla ¿puedes acompañarlo? –La norn asintió y ambos salieron presurosos. Thor miró a Hallgeir –infórmale a Loki.

Seguía siendo el gobernador de Asgard.

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El aroma del drakar quemándose inundó rápidamente la ciudad. Thor acudió una hora después de los sucesos montado en Tanngrisner hasta el sitio de la catástrofe. Había varios curiosos que eran detenidos por einheriar, quienes tenían órdenes de no permitir que extraños se acercaran sin autorización.

Velaryon y sus maestres, junto con Karnilla, habían improvisado pabellones para los heridos y otro para los muertos. Thor divisó a Loki cerca de ellos, había llegado mucho antes que él. A su lado estaba Svadilfari, el ojiverde lo miró de soslayo pero no se le acercó. Los maestres de Velaryon movilizaban con cuidado a los heridos. Había einheriar peinando el área. El dios del trueno siguió su camino hasta el armatoste que antes había sido un drakar, el choque contra Asgard había destrozado gran parte de la popa pero se percibía en la estructura que había sido atacado antes de eso. Geirolf corrió de inmediato hasta él.

–Mi rey –le hizo una reverencia.

Thor estaba seguro de que ya le habría dado un informe a Loki acerca del número de heridos, del de sobrevivientes y muertos. Miró su ciudad, el drakar se había desplomado muy cerca y si el capitán del mismo la esquivó a propósito, significaba que fue buen navegante.

–Quiero hablar con alguien que tenga el mínimo de autoridad entre la tripulación –le dijo a Geirolf. Porque Thor presentía que el capitán estaba muerto.

Geirolf lo llevó hasta uno de los pabellones de heridos. Había una veintena de elfos oscuros que exhibían quemaduras, heridas que sangraban, y cuerpos destrozados. El sonido de agonía y el olor antiséptico no sorprendió al rey. Estaba habituado por su experiencia en la guerra. Notó que la mayoría de los pacientes en ese sitio eran mujeres y niños. Karnilla laboraba con hábiles manos suturando junto con Velaryon. Geirolf se acercó a una mujer de largos cabellos negros tendida sobre una camilla. Loki le había dicho a Velaryon que transportara a los que estuvieran más graves hasta las casas de curación y ya habían empezado con ello. Un maestre estaba con aquella elfa oscura dándole a beber algo para el dolor. Sostenía el brazo derecho contra su cuerpo, sus huesos sobresalían de la carne. Varias vendas envolvían su torso aunque ya se habían manchado del rojo de la sangre. Tenía la mirada fría de quién no puede creer lo que estaba sucediéndole. El maestre se apartó para que conversaran pero le advirtió a Thor que el medicamento que le había dado embotaba su juicio. Aún así Thor quería dialogar con ella.

–Soy Thor Odínson, el rey de Asgard –se presentó. Ella fijó sus ojos de esclerótica negra con especial interés, inclinó la cabeza en señal de respeto. –Dime, ¿quiénes son ustedes?

Ella tragó saliva antes de responderle.

–Somos la flota de Válk, tres naves la conformaban. Somos artistas itinerantes y comerciantes de arte. Vinimos varias veces a Høstblót y solíamos actuar en las cortes de Gerenot y Giselher cuando estaban con vida; veníamos de Alfheim donde Starkag nos permite trabajar varias veces al año. Nunca cometimos delito alguno, íbamos con dirección a Vanaheim esperando que los gemelos nos permitieran descender –le contó con voz monocorde.

Thor presentía que estaba a punto de escuchar una historia similar a la que Svadilfari ya le había contado en el pasado.

–¿Qué fue lo que sucedió?

La mujer apretó su puño izquierdo, con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

–¡Telenma! –Soltó. Los ojos se le humedecieron y lloró amargamente, Thor no la cortó en su dolor. Aguardó hasta que ella se limpió las lágrimas y pudo hablar de nuevo –nos encontró y nos abordó. ¡Le transmitimos que no teníamos armas ni buscábamos conflictos! Pero aun así nos atacó, derribó al primer drakar mientras intentábamos evadirla. Mi hermano era el capitán de la flota, él dijo: Thor y Loki son benefactores de los elfos oscuros, si llegamos a Asgard estaremos a salvo. –Y dicho eso lo miró aprensivamente. –Casi nos volatizó en medio del espacio pero mi hermano logró entrar en su reino, y… no pudo controlar la nave, así que no le quedó más que intentar estrellarla de forma en que nos salvara. –Ella se calló, apretó los ojos y su cuerpo tembló por los violentos recuerdos de lo que acababa de vivir.

La elfa se cubrió los ojos con su mano.

–¿Cómo te llamas? –Le preguntó Thor. Ella le dijo que era Vanima. –Tu hermano no estaba equivocado, están a salvo en Asgard.

Pero Vanima no parecía aliviada por ese hecho. Thor se puso en pie sin poder prometerle que las cosas se solucionarían o que ya estaba todo bien, no era dado a infundir ánimos donde sabía que no los había. Dejó pasar a los maestres que se llevaron a Vanima al interior de la ciudad y él se quedó mirando a su alrededor. Artistas itinerantes y comerciantes, pensó que la caza de los elfos oscuros estaba yendo demasiado lejos; y justo pensaba decirle eso a Eyvindur.

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–Dispondré que te entreguen a los muertos para que los honren según las costumbres que ustedes tengan. Hay cincuenta sobrevivientes, treinta y cuatro en las casas de curación –le dijo Loki a Svadilfari.

–Lo haremos a la manera aesir, pues usualmente los dejamos flotar en el espacio. Cremarlos será lo mejor. –El capitán se veía preocupado por estos recientes acontecimientos. –Telenma es cada vez más osada –parecía que meditaba en voz alta. –Si hubiera una forma de detenerla, su flota es cada vez más grande, tiene cincuenta drakares, son como cinco mil soldados a su disposición, es imposible huir así.

–Mi señor, el rey –anunció Ari de prisa, pero cuando lo dijo era porque ya tenía a Thor parado detrás de él.

El elfo oscuro se puso de pie, la llegada de Thor indicaba que su audiencia había terminado. Le hizo una reverencia al dios del trueno y le agradeció su compasión para con su raza antes de marcharse. Loki notó que Thor no le dirigió ni una sola mirada envenenada a Svadilfari, en verdad parecía tenerlo superado.

–Ari, déjanos –dijo Loki y el secretario así lo hizo. –¿Qué necesitas de mí, mi rey? –Inquirió Loki dejándose caer en su sillón. Los dos olían a humo.

–Loki, ¿cuántos elfos oscuros hay en Asgard? –Ambos se miraron como calibrando sus palabras. –Le prohibí a Svadilfari introducirlos de contrabando como venía haciendo pero intuyo que no ha cumplido esas órdenes, entre otras que le he dado. –Cómo prohibirle poner pie en su palacio.

–La última vez que los hice censar eran mil cuatrocientos, pero él no los convoca, llegan por su propio pie, la noticia de tu tolerancia hacia ellos ha corrido de nave en nave y créeme que tienen modo de comunicarse unos con otros bastante eficientes.

–¿Mi tolerancia? Eres tú quien siempre los ha favorecido. –Loki lo miró rapaz, si iba a decir que había favorecido a uno solo de ellos, mejor se lo calló.

–De ese número, varios han nacido en Asgard. Las condiciones parecen idóneas en este momento para que empiecen una familia. Le he dejado en claro a Svadilfari y a Tulk, que eso no los convierte en ciudadanos así sean alumbrados en el mismísimo Valaskialf. Sin embargo, aprovechando tu interés en ellos, quiero contarte que hay un problema. –Loki hizo una pausa; –Aryante está embarazada –el nombre no le dijo nada a Thor hasta que lo asoció con cierto mote que esa elfa cargaba.

–¿Aryante rompe–cráneos? –Sif le habló de ella.

–La misma, el padre de su hijo es Sindri. –Un nuevo aesir, el capitán de los hired. –Así que dime, el hijo que tendrá, ¿será elfo oscuro o as?

–Mierda –su ley de ciudadanía de los alfh no consideraba ese tipo de situaciones. Entre el drakar estrellado, saber que los elfos seguían tomando Asgard como destino seguro y que una de ellos esperase un hijo de dudosa ciudadanía; Thor vio venir un dolor de cabeza.

Loki asintió como si hubiera cumplido su labor.

–Eyvindur me ha anunciado que vendrá a Asgard aduciendo importantísimos e impostergables asuntos políticos. Intuyo que querrá hablar de los elfos oscuros. Cuando estuve en su reino me contó de cierto trato que hizo contigo a cambio de las enseñanzas de Lord Aldor.

–Ah, ese trato.

–Entregarle a Svadilfari y a su madre, reunir a los elfos aquí en Asgard para que sea fácil cazarlos. ¿En verdad cumplirás tales promesas?

–Yo sí, pero tú no lo harás. –Loki sonrió cínicamente y cuando lo hizo se le formaron unas seductoras arrugas junto al rabillo de los ojos. –Tú decepcionarás a Eyvindur, seguramente se le pasará pronto, además de que no puede permitirse enemistarse contigo por unos cuantos proscritos. Ni que estuviésemos ocultando a Hrimthurs.

–No tienes empacho en pedirme que proteja a tu amigo. –Loki se encogió de hombros y habló con sarcasmo.

–Oh Eyvindur, tú sabes que yo deseo honrar mi palabra pero no puedo autorizar que Telenma descienda en Asgard. Cómo seguramente haz oído Thor y yo tuvimos un grave desencuentro hace poco y me temo que no presta la misma atención a mis peticiones que antes. Se conduce con base en lo que le dicta el honor. Me horroriza faltar a mi promesa si hubiera algo más que pudiera hacer para resarcirte sólo pídelo y si está en mis manos, sólo en las mías, te lo daré.

–Espero que te pida dejarte patear el trasero por Hagen –el cinismo de Loki no lo provocaba, hasta lo encontraba entretenido.

–Ojalá, con lo débil que Hagen es ante un rostro hermoso; no sería mucho castigo. –Thor bufó y procuró concentrarse en lo que hablaban.

–Entonces, ¿qué hacemos con los elfos oscuros? Si los expulso de Asgard morirán pues es seguro que Telenma los aguarda cerca de nuestro reino; y hoy empeñé mi palabra de que no serían lastimados.

–Destiérralos a un sitio seguro, mándalos a Jötunheim o a Nornheim.

–¿Te parecen sitios seguros? –Ni siquiera hubo que meditarlo.

–No –dijeron al unísono.

–Ya se te ocurrirá algo –dijo Loki indicándole la puerta a Thor.

–¿No vas a aconsejarme? Tú iniciaste este problema. –Loki lo miró con frialdad.

–Pásalos a cuchillo a todos. –El dios del trueno se horrorizó. –¿Ves? No te parecen bien ninguno de mis consejos, de cualquier modo te recuerdo que pronto me iré a Svartálfheim, a diferencia mía, pienso que Eyvindur no tergiversará su promesa de aceptarme como istyar.

–¿Me estás diciendo que esto ya no es de tu incumbencia? –Thor bufó y se puso de pie. Ya se iba cuando Loki volvió a hablarle.

–Antes te di otro consejo, acerca de tu hijo, no sé si atendiste a lo que te dije.

–Lo hice, sí –una chispa de complicidad surgió entre ellos. –Comprobé que Leidolf sí lo golpea –le contó Thor. La boca de Loki se tensó. –Le partí la cara –añadió el dios del trueno.

–Me hubiera gustado verte hacer eso –se le salió a Loki; las únicas palabras sinceras que había dicho durante esa reunión.

–Cuando quieras –repuso Thor pero el momento había pasado. Loki agarró nuevos documentos y Thor lo dejó estar. Tenía muchos problemas que cavilar.

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Héroïque fue anunciada por Ari, el cual tomó asiento cerca de su rey para fungir como escriba. La pequeña norn, que ya no era tan pequeña se acomodó el cabello castaño que le caía suavemente en ondas.

–Tú dirás –al inicio empezaba sus conversaciones con el consorte real desplegando un montón de fórmulas de cortesía, pero como a veces se veían en la necesidad de hablar uno con el otro varias veces al día, escogieron saltarse el ceremonial para finiquitar asuntos rápidamente. –¿Tendremos nuevos invitados?

–Sí –dijo Loki. –Héroïque, cuando te concedí el organizar la vida cortesana, te dejé en claro que era algo meramente transitorio, esperaríamos a que Vilda –alguien aesir y de mayor rango– se familiarizara con ese cargo para poder depositarlo en sus manos. Pues bien, el momento de que dimitas ha llegado.

–¿Por qué? ¿Acaso te he enfadado con mi modo de proceder? Pensé que encontrabas satisfactoria la labor que he realizado –ella se puso a enumerar –la bienvenida de los nuevos embajadores, la visita de la reina Skadi, el banquete en honor de los concejales y la recepción de las nuevas damas de la corte. He hecho lo mejor posible, quizás me falta experiencia pero he procurado satisfacer tus expectativas y que yo sepa nadie se ha quejado. ¿Es por Vilda? ¿Ella te ha dicho que desea derrocarme? –Héroïque se enfadó como si la prima de Thor la hubiera traicionado en plena guerra.

Loki le hizo un ademán a Ari de que les sirviera vino. La menor se tranquilizó al tomar la copa.

–Vilda no pidió nada, pero tenemos un evento de gran magnitud en puerta. Eyvindur y parte de su corte, vendrán a Asgard y su estadía deberá desbordar opulencia. –Loki se dio cuenta de que Héroïque estaba dando palmaditas emocionadas.

–No pensarás poner a Vilda a cargo, la pobre no está mínimamente interesada en lo que yo hago. Te lo imploro, déjame ser tu mano derecha en todo. Ya puedo imaginarlo, la belleza de Eyvindur, el halo eterno de los elfos, la apostura de Hagen.

–¿Apostura?

–Será memorable. Confía en mí, no los decepcionaré ni a Thor ni a ti. –La norn tenía razón en que Vilda parecía poco interesada, en todo caso preferiría apoyarse en su madre Frigga, que en una jovencita descocada. Pero ella ya estaba tomando pergamino y preguntándole cuando llegarían, ya le estaba diciendo que agendaría de inmediato con la tesorera Sula para saber de qué presupuesto disponían. Empezaba a imaginarse el banquete de inauguración. –Tus hijos deberán estar al menos un momento, deben presentar sus saludos. Hërin se vería fantástico engalanado en armadura ceremonial hecha a su medida, como heredero al trono que es será un gran detalle y parte de esta corte magnifica que deseas mostrar. –Se le había pasado por completo pensar en su hijo.

Loki lo pensaba aún muy pequeño, mejor mandarlo a hacer la siesta y a jugar, no ha recibir a reyes. Pero Hërin tenía cada vez más conciencia de quienes eran sus padres.

–Veo que tienes claros mis deseos, sea pues, me ayudarás pero si algo falla…

–No será así –dijo ella con confianza.

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Svadilfari presenció la cremación de los muertos de la flota de Válk, el hermano de Vanima. Les habían permitido celebrarlas en la misma casa de silencio donde los aesir solían llevar a sus difuntos que no habían visto el final de sus vidas en batalla y que por lo tanto no se habían ganado despedirse navegando sobre el mar. Aryante no estaba pues tenía las incomodidades propias de su estado, Bjarni tampoco los acompañaba impedida por su salud delicada. En cambio Vanima estaba de pie a su lado. Había salido de las casas de curación recientemente con un brazo roto y algo desnutrida, otros sobrevivientes no tenían tanta suerte, seguían recluidos en manos de los aesir, pero Svadilfari confiaba en Karnilla, en que ella velaría que estuvieran bien cuidados.

Volvieron a la zona de la ciudad donde vivían. Svadilfari nunca dejó la posada donde había echado raíces desde que llegase a Asgard, aunque el resto de los inquilinos, todos elfos oscuros, iban y venían.

–Lamento tu dolor –le dijo Svadilfari a Vanima cuando llegaron a su hogar. Ella se quedaría en el mismo sitio.

Se conocían de antes. Ella comerciaba piezas de arte, había sido muy buena en ello. Su hermano presentaba actos de magia y acrobacia para entretener a nobles y plebeyos. Ella le ayudaba en ocasiones. Ambos habían sido grandes admiradores del trabajo de Hrimthurs y lo honraban con regalos y devoción cada vez que sus drakares se cruzaban.

Svadilfari le indicó su habitación, tenía algo del brebaje que Karnilla le daba a su madre para reanimarla; decidió compartirle a Vanima. Le sirvió un vaso y se lo tendió. Ella se sentó sobre su cama pues había muy pocos muebles en ese cuarto. Bebió la poción sin preguntar siquiera lo que era.

–Se han ido y yo sigo aquí –dijo, –no le encuentro sentido. –Svadilfari había sentido algo similar cuando la flota de cinco mil elfos de su padre fue destruida.

–Deberás encontrarlo por ti misma –Vanima parecía frágil, estaba en los huesos y su mirada apagada anunciaba que quizás sucumbiría a un corazón roto o al suicidio.

Nulka entró de golpe. Igual conocía a la joven elfa. La abrazó y le dio sus condolencias, luego se disculpó porque al que en realidad buscaba era a Svadilfari.

–Hay anuncios pegados en algunas tabernas y en la plaza principal. –Le dijo mostrándole un cartel que había arrancado.

–Te he dicho que no te aventures en la ciudad, si te descubren nos pones en peligro a todos.

–Lo lamento mi señor, pero es difícil resistirse a explorar cuando el enemigo tiene la guardia baja. –Le daba trato de su superior a Svadilfari desde que supo que era descendiente de Malekith.

El capitán alisó el pergamino. Se anunciaba un desfile inaugural para dar la bienvenida al rey de los elfos y parte de su corte en la ciudad dorada. Se invitaba a los ciudadanos a acudir. Svadilfari no entendió porque Nulka estaba tan entusiasmado con esa noticia. Vanima le quitó el anuncio de las manos.

–Vendrá aquí –dijo ella. –El rey elfo vendrá.

–Se pondrá a nuestro alcance –dijo Nulka contento. Parecía estar fraguando algo.

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CONTINUARÁ…