Capítulo 26

Christian miraba con nervios su reloj de pulso. Su hijo no aparecía y el señor Romanov, estaba un poco atrasado. Ana lo observaba con una sonrisa adornando sus labios mientras él daba vueltas de un lado a otro con su ceño fruncido.

-Christian…

-¡No, Anastasia!-el hombre se detuvo y la miró-. ¡No me voy a calmar! Romanov no llega y tu hijo no sé dónde diablos anda metido.

-Gail dijo que lo había dejado en el Escala, esperando a Katrina-repuso Ana-. Debe estar con ella. Tal vez todavía no terminan de arreglar la biblioteca.

-O tal vez se pusieron a jugar a los enamorados y están follando como conejos-replicó furioso.

-¡Christian Grey!-exclamó enojada.

-Es mi hijo, Anastasia-replicó masajeándose la cabeza-. Si no aprovecha la oportunidad para concretar algo con la chica, es porque es demasiado tímido.

-Igual que yo-le recordó Ana.

Christian la miró y una sonrisa se dibujó en su rostro.

-Creo que solo por eso puedo perdonar al muchacho y darle algunos minutos para que llegue, antes de perder la calma y empezar a acosarlo por teléfono-dijo encogiéndose de hombros.

Ana iba a decir algo pero un ligero toque en la puerta de la oficina la interrumpió.

-Adelante-autorizó Christian.

-Señor Grey, el señor Romanov y sus hijos han llegado-le informó Gail.

-Ya vamos a recibirlos, Gail. Gracias-le dijo Ana-. Hazlos pasar a la sala.

-Claro, señora Grey.

La mujer se fue y Christian se acercó a Ana.

-¿Cómo estoy, nena?-preguntó.

-Como todo un hombre de negocios-respondió ella y enredó su brazo en el de él.

-Vamos, preciosa.

Ambos se encaminaron hacia la sala donde Sergei Romanov los esperaba.

-Buenas noches, Sergei-le saludó Christian y se le acercó para darle la mano.

-Christian-respondió el hombre con un marcado acento ruso-. Es un placer volverlo a ver.

-El placer es mío-señaló a Ana-. Ella es mi esposa. La señora Anastasia Grey.

-Mucho gusto en conocerla, señora Grey-repuso el hombre-. Su esposo me ha hablado maravillas de usted.

-El gusto es mío, señor Romanov-sonrió Anastasia-. Espero que tengamos una velada agradable.

-Igual yo-respondió Sergei y se volvió para llamar a sus hijos. Los dos muchacho se son Bastián y Yelena, mis dos hijos menores, los mellizos.

-Mucho gusto conocerlos, muchachos-les saludó Christian-. ¿Y sus otros dos hijos? Me había dicho que tenía cuatro hijos.

-Bueno-se encogió de hombros-. Andreiv está con su novia y Katrina y fue al apartamento de un amigo suyo porque iba disque a organizarle la biblioteca.

Christian y Ana se quedaron estáticos. Decidieron fingir sorpresa. Christian ya conocía de nombre a los hijos de Sergei y sabía a que Katrina se refería.

-¿Katrina?-preguntó Christian, haciéndose el indiferente-¿Su hija se llama Katrina?

-Desde luego-se encogió de hombros-. Llevo meses sin verla. Apenas hemos cruzado palabra por teléfono y solo sé que ha conseguido trabajo en una prestigiosa editorial de Seattle. Espero que venga esta noche para que me cuente cual es esa editorial y conozca a su hijo, Christian.

-Si claro-aceptó Christian algo turbado- El problema es que mi hijo tampoco ha llegado y no sé cuánto tiempo tarde.

En ese momento, la puerta de la casa se abrió y por esta entraron, Ted cogido de la mano de Katrina y cargando a Ian con el otro brazo. Los dos muchachos se detuvieron en seco frente a sus respectivos padres y los hermanos de Katrina.

-Hola, Ted-le saludó Christian mirándolo fijamente-. Ya era hora de que llegaras-miró a Katrina-. Hola, Katrina.

-Buenas noches, señor Grey-respondió al saludo y soltó a Ted para acercarse a su padre.

-Hola, papá-saludó Ted, bajando a Ian-. Hola, mamá.

Anastasia lo miró y negó con la cabeza de manera reprobadora. Ted desvió su mirada hacia Katrina que se encontraba al lado de su padre con cara de susto.

-Así que este el famoso Theodore-dijo Sergei con una sonrisa en la cara. Una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

-Ted, te presentó a mi padre, el señor Sergei Romanov-dijo Katrina con un poco de temor.

-Buenas noches, señor Romanov-le saludó Ted, tendiéndole la mano pero Sergei no la aceptó.

-Pasemos al comedor-dijo Ana para aliviar un poco la tensión del momento-. Gail hizo una cena especial esta noche para celebrar no solo el posible negocio entre las dos firmas sino el cumpleaños de Ted.

Katrina miró a Ted. Vio que su novio pasaba del pálido al blanco cadáver.

Christian y Sergei solo asintieron con la cabeza y se adentraron un poco, seguidos por Bastián y Yelena. Anastasia cogió a Ian de la mano y se acercó a su hijo.

-Lo que hiciste no tiene nombre, Theodore Raymond Grey-le dijo enojada.

-Si lo tiene, mamá-replicó mirándola.

-No comiences con tus jueguitos tontos, Theodore. Esto es muy serio. Tu papá necesita concretar ese negocio y no voy a permitir que lo eches a perder por andarte comportando como un casanova incontrolable con la hija del socio de Christian.

Y se fue. Ted se quedó estático en medio del salón con solo Katrina haciéndole compañía. La chica se le acercó.

-¿Estás bien?-le preguntó cogiéndole la mano.

-Solo un poco tenso-repuso con calma-. Tu padre no respondió al apretón de manos.

-Solo tengo que hablar con él-dijo ella abrazándolo. Sonrió al sentir que Ted la abrazaba automáticamente-. Las cosas van a estar bien.

-Eres mi fuerza, preciosa.

-¿Por qué no me dijiste que hoy es tu cumpleaños?-preguntó mirándolo.

-Solo lo olvide-encogió sus elegantes hombros-. Lo bueno es que he pasado el mejor cumpleaños de mi vida. Hacía tiempo que no experimentaba una felicidad tan grande por volverme un año más viejo.

-No te volviste más viejo-replicó sonrojada-. En mi opinión, te hiciste más guapo.

Ted se soltó a reí y se inclinó para besarla pero Phoebe interrumpió el momento.

-Será mejor que vengan ahora-dijo en voz alta para llamar la atención de los tórtolos-. Papá está furioso, mamá ni se diga y el señor Romanov parece no estar disfrutando de lo que está pasando entre ustedes.

-Lo que pasa entre nosotros no es malo-replicó Ted, cogiendo la mano de mis padres y el señor Romanov no se lo hayan tomado bien no es nuestra culpa.

-De todas formas mi papá quería que conociera a Ted-repuso Katrina, mirando al muchacho. Ted también la miró-, y por una feliz coincidencia nos enamoramos.

-Ustedes son muy cursis-replicó Phoebe poniendo cara de asco.

-Cuando te enamores, vas a entendernos-dijo Ted sonriendo.

-Vengan a la cena-les ordenó-. No quiero que papá la convierta en un campo de batalla.

Los muchachos se acercaron al comedor. No se soltaron de la mano ni siquiera cuando el padre de Katrina los miraba con el ceño fruncido. Se sentaron juntos, al lado de Ian que luchaba, como siempre, con su comida.

-Tranquilo, Ian-le dijo Ted sonriendo-. La comida no tiene la culpa.

-Es que tengo hambre y la carne no se quiere dejar cortar-replicó frunciendo su pequeño ceño.

-Ya te la corto, pequeño gruñón-le respondió.

Los adultos observaron la curiosa escena. Christian sonrió por primera vez en la noche. Ana meneó la cabeza y se concentró en comer pero se mantenía seria. Los hermanos de Katrina hacían comentarios entre ellos pero se quedaron en silencio cuando su hermana mayor los fulminó con la mirada. Sin embargo, Sergei parecía no estar contento con la situación.

-Esta deliciosa la cena-comentó mirando a Anastasia.

-Muchas gracias, señor Romanov-repuso ella-, pero esta comida no es obra de mis manos.

-¿Entonces a quien debo agradecer?

-A la señora Taylor-respondió Christian-. Es el ama de llaves y ha estado conmigo desde que yo era soltero.

-Toda una vida-susurró Ana-. Vio crecer a nuestros tres hijos y ahora acompaña a Ted en su nueva vida.

Ted levantó la mirada y observó a todos. Su azulada mirada chocó con la de su mamá.

-Una vida en la que ahora incluyo a Katrina-comentó cogiendo la mano de la chica-. Si tienen algún problema, díganlo ahora.

Sergei no lo soportó.

-¡Ya basta, niño!-exclamó poniéndose en pie y tirando la servilleta.

-A mi hijo no le hable así-Christian se levantó y lo miró fijamente-. Soy yo quien debería estar enojado por la elección de Ted y estar haciendo todo lo posible por desairar a Katrina.

-Mi hija no es una cualquiera que se anda revolcando con el primero que se le cruza por el camino, al contrario de su hijo.

-¡ESO ES PASADO!-gritó Ted levantándose furioso. Katrina se levantó a su lado y lo cogió del brazo-. Ahora mi presente es esta mujer que está cogiéndome del brazo para detenerme e impedir que pierda el control.

-Creo que el negocio deberá dejarse para otro día-repuso Sergei mirando a Christian-. Nuestros hijos son más importantes, señor Grey.

-Mi estudio está a su disposición-dijo Christian, tenso.

-Quiero hablar con mi hija en privado, primero-dijo Sergei-. ¿Podría guiarnos, Christian?

-Desde luego.

Christian se dirigió hacia un pasillo con Sergei detrás de él. Katrina apretó el brazo de Ted para que la mirara.

-Todo va a estar bien, nena-dijo el muchacho sonriendo-. Ve a hablar con tu papá.

Katrina sonrió y siguió a los hombres que la estaban esperando.

-¿Eres el novio de mi hermana?-preguntó Bastián un poco incómodo-. Es claro que a papá no le agradas.

-Deja en paz a mi hermano-gruñó Phoebe mirando mal a Bastián.

Ted movió la cabeza y levantó a Ian en sus brazos.

-¿Sigues hambriento, pequeño?-le preguntó con suavidad.

-No Teddy-se pasó una servilleta por los labios para quitarse el bigote que se había hecho con el jugo que le habían servido-. Quisiera ver las caricaturas.

-Te llevaré a mi habitación-miró a todos-. Permiso.

Ted se fue y se encerró en su habitación con el pequeño Ian. Puso el canal de las caricaturas y observaron juntos. Sus risas eran iguales y hacían los mismos gestos cuando veían algo sorprendente en la televisión. Estuvieron media hora mirando hasta que Ian se quedó dormido y Ted comenzó a acariciarlo mientras le daba un tierno beso en su frentecita.

-Te prometo que voy a ser un buen papá para ti-susurró al oído del niño-. Vas a ser feliz, Ian. Katrina, tú y yo, seremos una familia. No dejaré que algo malo les pase o que algo les falte. Ustedes dos son mi fuerza y si los pierdo mi vida no tendría sentido-dejó otro beso en la frente del pequeño-. Descansa, chiquitín.

Ted se levantó y se quedó estático al ver a su madre frente a él.

-Eso fue hermoso, Teddy-dijo Ana con los ojos llenos de lágrimas.

-He cambiado, mamá-repuso el muchacho-. Katrina es el amor de mi vida y quiero que de una vez por todas dejen de pensar que le voy a hacer daño.

-Te acostaste con ella, ¿verdad?-lo miró con fijeza. Azul contra azul.

-Sí-respondió bajando la cabeza-. Katrina era virgen.

-Hasta en eso nos parecemos.

Ted y Ana fijaron su mirada en la puerta y vieron a Christian, recostado en el marco con un semblante muy tranquilo.

-Katrina y su padre están hablando en mi estudio-continuó al ver que ni su esposa ni su hijo decían algo-. Tienen una algo acalorada conversación-miró a su hijo-. No puedo juzgarte, Ted. Solo hiciste lo que tu corazón y tus desorbitados sentidos te indicaron-miró a su esposa-. Me pasó igual cuando conocí a tu madre.

-Con la diferencia que a ella la veías como una sumisa-replicó Ted enfadado.

-Ted-Ana se paró frente a él-. El niño está durmiendo y no queremos que se despierte. No hables tan fuerte, por favor.

-Es que me da rabia que mi padre no haya sido capaz de defenderme-gruñó dejándose caer en una silla.

-Sergei tiene derecho a estar enojado y a no aprobar su relación-replicó Christian, arrodillándose frente a él-. Carajo, Theodore. Te follaste a su hija y le quitaste la virginidad. Yo también estaría furioso si viene un desconocido y le hace eso a Phoebe.

-No creo que Sergei sepa que desvirgue a su hija-comentó Ted con una sonrisa en el rostro.

-Un padre si ve esas cosas, Ted-le aseguró Christian-. Y supongo que si fuera Phoebe quien estuviera en esa situación, ya te habrías encargado de romperle la cara a su novio.

-Solo si el imbécil lo hizo por aprovecharse de mi hermanita-frunció el ceño-. Cosa que yo no hago con Katrina. Yo la amo y la quiero a mi lado por el resto de la vida.

-¿Entonces tienes claro que ella debe ser la única de ahora en adelante y que no posaras tus ojos en otras aunque tengan buenas tetas y un culo deliciosamente acariciable?-preguntó Christian con su conocido sentido negro del humor.

-Por supuesto-respondió el muchacho sin dudarlo-. ¿Tú vas a aceptarla aunque sea nieta de Elena?-preguntó.

-Ya te dije que si-replicó el hombre irritado-. Es tu felicidad lo que me importa. Escogiste a Katrina. Fin de la discusión.

Ted se levantó y les dio un abrazo a sus padres.

-Ahora iré a enfrentarme con mi suegro-dijo en son de broma sin soltar los brazos de su madre.

-Sergei Romanov no es un mal hombre-comentó Christian mirándolos-. Solo se preocupa por su hija.

-Lo sé y lo entiendo-sonrió y se acercó a la puerta-. Por favor, vigilen a Ian mientras estoy lejos.

-Estará bien con nosotros-repuso Ana.

-Gracias, mamá-y se fue.

Anastasia miró a su marido con el ceño fruncido.

-¿Le molesta algo, señora Grey?-preguntó Christian en tono divertido.

-Solo me molesta las palabras soeces que uso en presencia de nuestro hijo-respondió ella, acercándosele.

-Nuestro hijo ya no es un niño y estoy seguro que ha de haber escuchado cosas peores-replicó Christian sonriendo.

-Lo único que espero es que nuestro hijo no use esas palabras frente a nuestro nieto-dijo ella, señalando a Ian.

-Ahora es nuestro nieto-comentó Christian pasándole un dedo por los labios-. Me alegra que se lo esté tomando tan a pecho, señora Grey.

-Tiene un hijo muy testarudo que pretende hacer de este jovencito parte de la familia entonces debo acostumbrarme a la idea, señor Grey.

-Me parece muy bien que piense de esa manera-ronroneó cariñoso-. No querrá desilusionar a su hijo.

-Un hijo tan volátil como su padre-reflexionó-. Estoy segura de que no quiero hacerlo.

-Un punto bien hecho como siempre, señora Grey-admitió Christian.

-Ya deja de jugar, Christian-replicó empujándolo-. No vamos a besarnos y mucho menos dejaré que me toques. El niño no tiene que ver estas cosas.

Christian se echó a reír y abrazó a Anastasia con todas sus fuerzas. Hijos, nietos, una vida. Esa mujer le había regalado una verdadera y feliz vida. Ambos se sobresaltaron cuando escucharon entrar a Ted.

-¿Que pasó muchacho?-preguntó Christian sin soltar a Ana.

-Creo que mejor espero acá-respondió Ted-. No quiero interrumpir a Katrina y a su padre. En otra ocasión hablaré con él.

-De acuerdo.

Los tres se sentaron en la cama y comenzaron a recordar cosas del pasado. Ted se reía con las curiosas experiencias relatas por su padre y por ver a su mamá sonrojarse cada vez que su esposo decía algo vergonzoso. Fue un rato agradable que se interrumpió por el toque sutil de la puerta.